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Estás aquí:  Inicio >>   Entrevistas- noticias culturales-histórico >>  Entrevista a José Tcherkaski por Araceli Otamendi
 
Entrevista a José Tcherkaski por Araceli Otamendi
 

"Creo que al margen de las anécdotas que se puedan extraer del libro, “Conversaciones con mujeres de escritores” es por las personas entrevistadas, un testimonio cierto de los últimos veintiseis años o veintisiete años de la República Argentina, de la tragedia del “Proceso"..."

 

 

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

 

 

A raíz de la publicación del libro “Conversaciones con mujeres de escritores” editado por Biblos  entrevisté a su autor, José Tcherkaski. Durante el reportaje se aclararon varias cosas, entre ellas  que cada una de las mujeres entrevistadas con su historia y su personalidad conforma un universo propio y particular. Tcherkaski entrevistó a las mujeres de Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, Haroldo Conti, Héctor Oesterheld, Juan Carlos Onetti y Héctor Tizón.

José Tcherkaski nació en Buenos Aires. Es autor de “Toda esta ciudad”, “Conversaciones con Juan L. Ortiz”, “Canciones de amor y bronca”, “Grandes reportajes”, “El teatro de Jorge Lavelli”, “Atahualpa Yupanqui-Cuchi Leguizamón”, “Torrijos por Torrijos”, “A primera vista”, “Habla Copi: homosexualidad y creación”.

La entrevista se realizó en la casa de Tcherkaski, un departamento en la Ciudad de Buenos Aires,  luminoso y ordenado.

 

 

 

¿Cómo surgió la idea del libro “Conversaciones con mujeres de escritores”?

 

Surgió de casualidad, yo tenía un programa de radio que se llamaba “Juntapalabras” en Radio Cultura. Un día vino la mujer de Onetti y le hice una entrevista. La conocí a través de amigos comunes. La entrevista fue muy interesante, con mucha emoción, ella tiene una especie de devoción por Onetti y ahí me pareció que había una punta interesante para seguir caminando sobre esta idea. Luego me enteré, de casualidad, que vive la mujer de Roberto Arlt, que tiene más de noventa años, entonces averigüé que vive en un geriátrico por la calle Segurola y la fui a ver. 

 

¿Cómo fue la entrevista con la mujer de Arlt?

 

El encuentro fue muy simpático porque primero la llamé, dije de parte de José Tcherkaski y ella no sabría quién era yo.  Es una mujer muy coqueta, muy inteligente,  después de llamarla varias veces aceptó que la entrevistara y me dijo: “lo voy a aceptar que venga a verme pero cuando venga me tiene que traer una rosa”.  Entonces compré la rosa y fui a verla como si fuera un galán. Me recibió en el geriático donde vive, es una institución inglesa, parece un hotel de lujo. Ahí establecimos una relación muy simpática, entablamos un diálogo que a mí me gusta mucho, ella me parece una mujer muy atrayente, indudablemente la relación de ella con Arlt fue una relación de pasión, a ella le importaba un pepino la obra de él; no  es ninguna tonta, tiene muy buena formación.

 

Ella trabajaba en una editorial.

 

Sí, ella no es una desprevenida, lo que pasa es que Arlt y ella se amaban a su manera, era una pasión loca, un desenfreno.

 

Roberto Arlt dice en una carta que ha sido publicada  que la relación con su mujer Elizabeth era de besos y patadas

 

Se pegaban, sí, por razones puramente anecdóticas. Lo que ella relata en la entrevista me parece muy original, muy llamativo. A partir de estas entrevistas empecé a pensar en qué otras mujeres de escritores podría entrevistar y entrevisté  entonces a María Kodama, la mujer de Borges – Borges es inevitable -, con quien tuve un encuentro muy amable.

 

 

¿Cómo surgieron las otras entrevistas?

 

Después me encuentro con dos entrevistas inesperadas para mi, fundamentalmente con la entrevista de Elsa Sánchez, la mujer de Oesterheld.  Yo sabía de la tragedia, pero no sabía la magnitud: el marido, las cuatro hijas, dos yernos y dos nietos desaparecidos. Quedé absolutamente dado vuelta porque yo no fui a buscar esa historia, sabía de la desaparición de él, pero no sabía de la de tanta gente... Una desaparición es mucho pero tanta gente de una familia no me lo imaginaba. Y la otra fue la mujer de Conti. Es una hermosísima historia de amor la de Conti y Marta Scavac.

 

 ¿Qué cosa destacarías más de tu libro?

 

 Creo que  al margen de las anécdotas que se puedan extraer del libro, “Conversaciones....”  es  por las personas entrevistadas, un testimonio cierto de los últimos veintiseis años o veintisiete años de la República Argentina, de la tragedia del “Proceso”, con variables como puede ser la mujer de Arlt, o la mujer de Tizón, que es una mujer muy simpática, muy encantadora.

 

Leyendo  la entrevista a la mujer de Tizón, Flora Guzmán,  me pareció una entrevista aparte de las otras

 

Es que es una mujer aparte, es una mujer muy inteligente, es académica, trabaja en la Universidad de Jujuy. Pero claro es “la mujer de Tizón”, seguramente no es agradable para ella porque no le guste, pero  es la “mujer de”. Es una mujer muy bella.

 

¿Qué otra cosa dirías de tu libro?

 

Que debería leerse aparte de la anécdota. Las entrevistas son mi especialidad, en ellas siempre vas a encontrar un paisaje nuevo, para bien o para mal.

 

Hay algo que dice la escritora española Rosa Montero en su libro “La loca de la casa” en relación con las mujeres de los escritores. Ella dice que “las mujeres de los escritores son una añeja institución literaria”, las presenta como un “caso”, están las que contribuyen al éxito de la obra del marido pero también lo cercan, lo cuidan, manejan la prensa entre otras cosas.

 

No sé qué dice Rosa Montero. Puede ser que haya algo de cierto en eso, sinceramente es un tema que no domino, pero por lo menos, en estas seis mujeres que entrevisté, yo creo que la mujer de Arlt no cuidaba para nada en la relación la condición de escritor de Roberto Arlt. La relación era de pasión absoluta, se amaban y se odiaban. En cambio creo que María Kodama, la mujer de Borges fue una buena compañera, la que se enganchó con toda la locura que Borges le planteaba: viajar en globo, aprender árabe antes de morirse... seguramente cuidaba que no se lo invadiera demasiado.

 

¿Qué impresión te produjo María Kodama?

 

Es una mujer muy cuidadosa, muy respetuosa, muy tranquila. Creo que fue la compañera que Borges necesitó durante el tiempo que estuvo con ella. El relato que ella hace de Borges es muy lindo.

 

¿Y qué impresión te produjo la mujer de Haroldo Conti?

 

La mujer de Conti, fue una mujer absolutamente a disposición de él, era también como su secretaria. Lo mismo pasaba con la mujer de Onetti, pero de una manera mucho más terrible, no solamente era su secretaria sino que hacía todo lo que Onetti quería.

 

¿Cómo te parece qué era esa relación?

 

El amor que ella siente por Onetti ojalá me toque a mí diez minutos, es una cosa impresionante y no sé si eso es bueno. Primero, yo no juzgo a nadie, el relato que ella hace de cómo pasaba en limpio la obra de Onetti, él escribía a mano, no corregía absolutamente nada. Después está Elsa Sánchez, la mujer de Oesterheld, que colaboraba con él pero como un par, yo no creo que ella lo cuidara para que no lo vieran. Era como un matrimonio de una mujer de una formación de clase media, él era un artista, un intelectual, ella tenía su influencia como por ejemplo cuando había que elegir un dibujante ella se lo sugería ý él lo aceptaba. Ella fue más bien fue la esposa que cuidaba las hijas, la construcción de la familia hasta que ocurre el holocausto que todos conocemos. Y la mujer de Tizón no sé si está muy inquieta  por la obra de Tizón, yo creo que está más bien inquieta por ella, por supuesto que lo apoya a Tizón, es una relación de muchos años. En resumen yo no creo que haya una relación muy particular entre un pintor y su mujer, por ejemplo.

 

 

Sin embargo del libro surge que las mujeres entrevistadas ha tenido o tiene cada una su rol

 

 

 Yo creo que las relaciones particulares se dan entre dos personas que tienen vínculos particulares. En el caso de los escritores consagrados posiblemente la mujer tiene un rol si lo quiere ocupar.  Para darte un ejemplo no me imagino a la mujer de Ricardo Piglia llevándole la agenda. Y si querés otro caso, yo era muy amigo de Miguel Briante y nunca ví a la mujer de Briante organizándole la agenda. Sin embargo hay mujeres que sienten que tienen un legado mágico frente a  su marido o su compañero escritor pero yo creo que ese espacio se lo da el escritor, el artista. A mi me molestaría que mi mujer, si la tuviera, me manejara la agenda. Te doy otro caso, Mario Benedetti, que es un escritor conocido. Yo hice un cd con Benedetti y Favero, fui a Uruguay a entrevistarlo y la mujer de Benedetti no estaba. Por lo que vi, su mujer no le maneja la agenda. 

 

¿Y qué dirías de las mujeres de escritores que entrevistaste para tu libro?

 

En estos seis casos del libro, son muy particulares porque son seis escritores que marcan la literatura argentina y en gran medida la literatura latinoamericana. Por otra parte, yo no me imagino tampoco a Silvina Ocampo manejándole la agenda a Bioy Casares o a Bioy Casares manejándole la agenda a Silvina Ocampo. Tampoco me imagino a David Viñas con una mujer que le maneje la agenda.

 

¿Entrevistaste a Silvina Ocampo?

 

Cuando vivían los dos jamás daban entrevistas. Una de mis grandes frustraciones es que jamás pude entrevistar a Silvina Ocampo. Cuando ella muríó pude entrevistar a Bioy Casares, porque él estaba más abierto.

 

 

Si vamos al caso inverso hay escritoras como la norteamericana Erika Jong o Isabel Allende que agradecen tener un marido que les permite ser ellas mismas y las acompañan en su profesión.

 

En realidad  para alguien que sea escritor lo mejor que le puede pasar a un hombre o a una mujer es tener un compañero o compañera que realmente acompañe y eso también vale para  cualquier rubro.  En el caso de los escritores, que es un rubro muy inestable, muy narcisista, que tiene la tragedia y la benevolencia de la creación, tener un compañero o una compañera  que acompañe, que tenga paciencia, me parece un logro fantástico. Te doy un ejemplo, el mito de Sábato y su mujer Matilde. Indudablemente entre ellos había un código que hacía que uno acompañara al otro y que Matilde fuese el personaje que a Sábato le resultara fundamental. Ahora, ¿cuáles son los códigos? Uno no sabe.

 

Hace poco leí en el diario El País de España, un reportaje a un literato que tenía más de noventa años. El hombre estaba muy triste porque se  le había muerto la mujer con quien llevaba  más de sesenta de casado. El decía que para desarrollar una labor intelectual era necesario tener estabilidad sentimental.

 

No me parece, fijáte sino en la relación tormentosa de Scott Fitzgerald con su mujer Zelda,  creo que no hay una normativa de la vida. Si el escritor o la escritora tienen la suerte de tener un compañero o compañera que los acompañe y que sepa colocarse detrás  y que no interfiere en su trabajo es maravilloso.

 

 

También es ideal que no exista competencia.

 

La competencia se da en la medida de la claridad del rol de uno, si uno tiene claro lo que hace no compite. Lo que pasa es que hay una cosa que es muy argentina, donde si hay un señor o señora que trasciende, el que trasciende de los dos tiene que tener a alguien que trascienda  como compañero o compañera . El oficio de escribir es un oficio, es una tarea laboriosa, lleva mucho tiempo, tiene sus momentos de plenitud y sus momentos de desazón, es un oficio de solitarios. Uno se pasa muchas horas solo frente a la computadora, o como hacía Manucho Mujica Lainez, que escribía a mano en esos libros de actas, tenía una letras maravillosa.

 

¿Entrevistaste a Manuel Mujica Lainez?

 

No, lo conocí, lo vi en “La Nación”, escribía en esos libros grandes, de actas, con una letra fantástica. Volviendo al tema en que estábamos, si hay una buena “montura” en una pareja para acompañarse, fenómeno. Ahora, esas parejas que tienen a su mujer o a su marido y que terminan siendo sus representantes o sus agentes, ellos saben, han elegido ese camino, se sentirán cómodos. Onetti lo precisaba, necesitaba a una mujer como Doris, no es una tontería. Onetti era un tipo muy tímido, muy retraído, creo que también era un perverso. Un día él  decidió meterse en la cama durante catorce años. Yo dudo que estuviera en la cama todo ese tiempo, estaría en la casa. En la cama recibía.

 

Onetti fabricó  un mito.

 

Me resulta muy difícil pensar que un tipo esté catorce años en la cama.

 

Se dice eso, que estaba en la cama, durante tantos años.

 

 

Onetti estaba en la casa.  La mujer aceptó ese juego. Estamos hablando de Onetti, no es cualquier escritor. Seguramente cuando iba una visita Onetti estaba en la cama.  La mujer estaría fascinada con el personaje que era Onetti había creado, había amor, esa es la realidad. Como cuando Bioy Casares contaba que como era muy mujeriego, Bioy era un hombre con una pinta espectacular, Silvina Ocampo le decía: estoy tranquila porque vos vas a volver a mi porque me amás a mí”. Ojalá yo tuviera una mina que me dijera “vos vas a volver a mi”. Se trata de relaciones muy especiales, ellos son gente muy especial. En el libro “Conversaciones....” estamos hablando, salvo en el caso de Tizón a quien no conozco demasiado, de escritores y personas muy especiales, muy difíciles, muy entrañables, me imagino. Yo no sé si ese rol del que habla Rosa Montero, de la que nunca leí nada,  que vos mencionaste, es cierto. Posiblemente lo sea.

 

 

¿Qué fue lo que más te interesó cuando encaraste el trabajo de escribir este libro?

 

Hacer este libro me interesó desde otro lugar, me interesó  la mirada que  ellas tienen sobre la literatura de sus maridos o compañeros. Y lo que yo descubrí es que cada uno de esos señores  encontró estas compañeras, son mujeres valiosas. Ellos tuvieron la virtud de encontrar compañeras muy valiosas, en función de su valor como escritores y como personas, ellas  no son mujeres cualquiera. Esto es como el backstage de la literatura, como el entrecasa de la vida de un escritor sin entrar en las intimidades que no me interesan para nada. Ese es el objetivo de este libro.

 

 

 

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