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Poemas, cuentos, novela
 

Se incluye en esta edición un poema del poeta brasilero Luiz Alberto Machado,un cuento de Laura de Rokha (chileno-argentina-venezolana) y un cuento de Margarita Lancellotti (argentina). También un fragmento de "El caballero de la aguja" novela de Cristia
Canto Verde Luiz Alberto Machado* Satisface recordar, compañeros, la vida, Para los ojos de todas las mañanas No permitiendo al hedor de las frases Para vender el día a la oscuridad; Satisface recordar, compañeros, la tierra, Donde pisan los pies de todo los colores, razas y creencias; El río de todas las canoas, de todos los peces, De todas las cascadas que silban a las personas Otro sentido de vida; El sol, la manifestación real de la propia existencia. Satisface recordar, compañeros, El soplo de todos los vientos, Los bosques de todas las flores, El patio trasero de todo las infancias, De todos los prados, todos los campos, Todas las selvas donde habitan el animal salvaje y domado; Las aguas de todos los mares, Todos los pantanos, lagos y estanques; Satisface recordar, sobretodo, El derecho de vivir y permitir vivir. © Luiz Alberto Machado. Direitos reservados. * Luiz Alberto Machado, escritor, poeta e compositor musical brasileiro. Tem vários livros publicados e escreve para jornais, revistas, alternativos e sitios da Internet do Brasil e do exterior. É editor do Guia de Poesia e do Boletim Nascente. Páginas Internet: www.abarata.com.br/sites/luizalbertomachado & www.alvoradinha.art.br Guia de Poesia: www.sobresites.com/poesia/index.htm Boletim Nascente: www.abarata.com.br/nascente.asp ---------------------------------------- DEL LIBRO “¡QUÉ PERRA VIDA! Una docena de cuentos perrunos” Laura de Rokha ¡QUE VIDA DE PERROS! Yo soy Kronos. No sé si mi nombre se escribe así, pero bueno, de cualquier manera así me parece mucho más interesante. Soy muy lindo, de raza fina, el pelo que me cubre es color caramelo subido y brilla estupendamente. Vivo en una hermosa casa de siete niveles, yo me recorro los siete, lo domino todo, subo y bajo las escaleras, y en ellas mis pasos se hacen humanos a lo largo y ancho del día. Y es por esta razón que me mantengo en línea, grácil y esbelto... Por esta razón y porque se les ha ocurrido que debo comer una sola vez por día. Yo no sé de donde cuernos sacaron esta nefasta idea, que a la fuerza debo acatar, aunque me muera de hambre. He perdido un poco de peso y se me advierten algunas costillas, me gusta estar delgado, ¡pero no tanto...! Todos creen y se comenta que soy medio tonto... ja, ja, ja. ¡No me hagan reír! Ellos no saben que yo soy un súper-perro, y que a la manera de Clark Kent, simulo estupidez para pasar inadvertido. Y en cuanto llega la noche, me pongo mis alas de águila y me lanzo por los aires. - ¿Hay algún animal mitológico, que sea un perro alado? ¿No? Bueno, no importa, pues yo sueño que las tengo y vuelo, recorro la ciudad y me desplazo al campo apenas debajo de las nubes, lo abarco y admiro todo, miro y me deleito con el paisaje que poseo desde arriba. - Pero hay cosas que me emperran....Me da bronca cuando me echan afuera y cierran la puerta, no señor, eso no está bien, deben dejarla entreabierta, para que yo pueda salir o no, y entrar según mi deseo. Pero cuando la cierran desconsideradamente, no me queda sino impostar la voz, cosa que afortunadamente domino, y lanzar aullidos lastimeros, mientras acaricio los vidrios de la puerta lateral, teatral y dramáticamente. Los vecinos no lo soportan y me gritan por las ventanas y enseguida alguien viene a abrirme. Me gustaría que alguna vez me llevaran a pasear... Pero comprendo que esta es una utópica idea. Yo soy un perro tamaño baño y si me pusieran en la parte de atrás del auto, ahí no entraría nadie más. Así es que me conformo y me encantan mis paseitos vespertinos. No me importa mayormente quién me lleve, con tal de salir. Salto de gusto y me voy corriendo, claro, siempre doy vueltas a una distancia prudencial. En cuantito vislumbro que vamos a pegar la vuelta, patitas para que os quiero, corro un trecho largo y empiezo mi juego, me hago el boludo y me escondo, ji, ji, ji. -¡Kronos! ¡Kronos! –escucho, pero aquí me hago el desentendido, también para alargar un poquito más el paseo. Recién cuando veo que se vuelven y su voz se me figura afligida... hago mi aparición, como si tal cosa. Debo confesar, que de cualquier manera soy muy feliz. La hermosa pareja que tengo por dueños me ama aun creyendo que soy idiota. Y el bello doncel, el muchachito de la casa, también me quiere y a veces juega conmigo, claro, eso en el caso de que esté de buen humor... Yo soy muy sociable y me gusta mucho la gente. La joda es que paso muchas horas solo. A la simpática niña que ayuda en la casa ni la cuento, va y viene sin parar, a veces la sigo, pero me resulta cansador y sin gracia y desisto de la idea. Por ahí, hay otro personaje, parece que apareció esporádicamente, cierto es que está más tiempo en la casa, pero aquí entre nos, creo que la pobre está media chalada, siempre escribiendo y escuchando la radio, pero la mina me cae bien, no es de andar haciendo cariños o cosas por el estilo, pero jamás me trata mal y a veces me mira sonriente y me dice: -Y tú, ¿qué haces, Kronos? Lo que me remata de gusto, son las tardes en que se sientan a escuchar música y charlar... ¡Hogar, dulce hogar! Yo, deleitoso comienzo lentamente a hacer una espiral con mi cuerpo y lo acomodo enterito en la alfombra roja que hay en medio de la sala, es rica y se calienta apenas yo me acuesto y cubro su tejido con toda mi humanidad. Una alfombrita igual hay en la habitación de abajo, la de ella. A veces, solícito y cariñoso me espiralizo, por sobre la alfombrita de marras, para hacerle compañía, pero de pronto escucho el fastidioso -¡Fuera Kronos! -, al que generalmente hago caso omiso, porque si les diera bola, siempre, siempre, siempre estaría afuera, y no hay derecho. ¡No! ¡Puaj! Lo que más rabia me da y que me perdonen, es cuando me pica una pulguita indiscreta, y por ende, verbigracia, pues me rasco... ¡y con placer! - ¡No te rasques, Krono! ¿Habrase visto algo más absurdo? ¿Quién no se rasca si le pica? Y confiesen... ¿No es delicioso? Por más que se enfurezcan, yo me rasco y me rascaré. ¡Qué embromar! Muchos son los días aburridos. No viene nadie. Subo y bajo las escaleras con mis humanizadas pisadas y espero ansioso la noche, pues aunque esté espiralado sobre la alfombrita roja de que les hablé, en cuantito me duerma, surcaré los aires convertido en perro cóndor. He de confesar un poco compungido que alguna que otra diablura me mando a veces. Y es cuando se han descuidado con algún manjar y ha quedado a mis expensas, yo, ni corto ni perezoso, he hecho acopio de él y me lo he zampado sin más ni más. Poco después me ha venido el cargo de conciencia y el dolor en el lomo del zapatazo que me han propinado, ¡y con justa razón! Pero, por más que sepa que lo tengo bien merecido, no deja de dolerme, ¡qué caray! ¡Otra...! Se enojan porque cuando viene alguien yo lo huelo... como si fuera una gran novedad que nosotros los perros nos olemos para conocernos, para identificarnos, y bueno, son costumbres, culturas diferentes, y yo hago lo mismo con las personas, y me parece normal... ¿O no? Algo que me tiene mal, y pienso que es seguramente por eso que ando medio neurótico... es por la falta de amor... ¡Ay sí! ¿Quién puede vivir sin amor? Es que a decir verdad mis vecinas perrunas dejan harto que desear, digo para mí, y sobre todo para mi estructura física, casi todas diminutas, emperifolladas y un tanto ridículas. Me coquetean como locas, pero ustedes comprenderán, que sería absoluta y materialmente imposible intentar siquiera, cualquier tipo de acercamiento... ¡Ejem, ejem! Espero que mi buena suerte me ampare y se mude a este hermoso barrio una perra como la gente, ¡bah! como la gente digo y lo que quiero decir es que reúna las condiciones y medidas mínimas y necesarias para ser mi pareja. Yo no soy nada pretencioso, ¡pero háganme la caridad!.... Hay cosas que saltan a la vista y son obvias por demás. Y ya charlé demasiado. Les conté mi vida y milagros. Me voy, me espera mi alfombrita roja, espiralizar mi cuerpo, y al fin con mis dos mágicas alas, tener al mundo desde arriba, a mi disposición. Sobre la autora: Laura de Rokha Escritora chilena-argentina-venezolana. La hija del mítico poeta chileno Laura de Rokha es una hija del continente americano. Nació en Chile, vivió más de treinta años en Argentina y lleva más de dos décadas en Venezuela. Por eso en su literatura confluyen armoniosamente palabras de distintos países. Escritora de cuentos, novelas y teatro, ha publicado los libros de cuentos “Casimirio Cauteloso y Encuentro con lo vivido” (Editorial Multitud, Caracas, 1986) y “¡Qué perra vida! Una docena de cuentos perrunos” (Editorial Multitud, Caracas, 2001). Su dramaturgia infantil para títeres le ha valido dos premios internacionales. Laura, además de escribir, es una “hacedora” de títeres: tiene el mérito de haberlos convertido en obras de arte y exhibido en exposiciones en Caracas, Maracaibo, Valencia y Washington. Artistas de la talla de Eugenio Zanetti, Antonio Canales, Marcel Marceau, Susana Rinaldi, entre muchos otros, tienen títeres de Laura, que se especializa en reproducir cuadros y fotos de Frida Kahlo en títeres. ---------------------------------------- Translúcido destino Margarita Lancellotti Desorientado en el tiempo, navegando en la inmensidad de un océano, mi barca balancea en la bonanza del mar acunándome un lejano incierto y un destino oculto, la boda placentera y monótona de mis días, fortuita calesita de los sueños. Un torbellino inclemente me condujo a un túnel inmerso en cataratas de agua, luchaba desesperadamente, desarraigado, dolido, me escuché llorar, una voz pujante vociferaba. -Resiste muchacho. -Fuerza. Al despertar me hallaba acorralado en una celda cristalina condensado en la impotencia. -¿Cuánto tiempo permanecería en esa madriguera? Espié en derredor, conformábamos un grupo fatigado, la experiencia análoga nos fortalecía en la apacible celda, contiguo una rubia impresionante esquivó mi fulminante mirada con soberbia y desagrado; me incorporé lo poco que me permitía mi situación y seguí su mirada que se detenía en un patético gordo; negándolo, hermanado por lo común de nuestros días, le tenía bronca, ¿por qué su miraba se plasmaba en él en discordancia a su indiferencia? ¡Al diablo con la rubia!, a la izquierda de mi ataúd enrejado, una morocha me sonreía resignada y compasiva, le devolví una tierna mirada, ¿dónde estábamos?, escuché gemidos, el miedo recorrió mi cuerpo, el gordo aturdía con sus alaridos, la dulce princesa perfumaba el espacio. Succionando el pulgar, esperé el desenlace. Un gigante uniformado me trasladó por un sendero luminoso, unos ruidos desconocidos me conducían al final. Muy juntos, corriendo la misma suerte, la enigmática rubia. El camino se bifurcó. Entré en la cámara, era el fin de mi vida. Ignoraba el porqué de mi estadía, desconocía todo, sumiéndome en la perplejidad. Unos brazos se extendieron y una dulce voz me acarició diciendo. -¡Hijo mío!. -¡Vida mía, no tiembles bebé! -Habitaste nueve meses en mi panza, te quiero, besos, besos, besos.¡ Qué lindo eres mi cariño! -Soy tu mamá. -No tiembles pequeño, aprenderás a peregrinar el difícil camino de la vida.-Siempre estaré a tu lado cuando me necesites. Había llegado a destino, aferrado a la teta cobijado en las frazadas de la ternura, me quedé dormido.... Sobre la autora: Margarita Lancellotti nació y vive en Buenos Aires. Sus poemas han sido publicados en antologías. Ha recibido una mención distinguida en el V Concurso de cuento y poesía del Ministerio de la poesía de Floresta. ---------------------------------------- El caballero de la aguja, de Cristian Biosca (fragmento de la novela) “Zonna Trotasendas miró a su profesora de matemáticas. Hacía rato que hablaba, pero su voz era en sus oídos un murmullo lejano, como el zumbido de las abejas en primavera. Seguramente todos aquéllos números eran muy importantes, o al menos eso decían los mayores, pero él jamás había visto a ninguno de ellos utilizar aquellos complicados teoremas. Zonna prefería viajar con su imaginación, recorrer los Reinos y vivir aventuras, a escuchar absurdas explicaciones sobre un tal número “e”. Para un número era un nombre original, pero desentrañar sus misterios resultaba agotador. Sus padres le tenían terminantemente prohibido hablar de aventuras. Cuando para su duodécimo paso de las estaciones, pidió como regalo una cantimplora y un machete, su madre Modda, casi perdió el conocimiento. Su padre, por su parte, balbuceó incoherencias sobre él, que llevaba no sé qué en la sangre y que era algo de los genes que se saltan una generación. La siguiente herida que se hizo fue fruto de un atento análisis, más si Tosco, su padre, tenía razón, Zonna no vio que su sangre llevase nada fuera de lo normal. De haber tenido genes saltando estaba seguro de que los habría visto. Las únicas clases que podrían atraer la atención de Zonna eran Geografía, Ciencias Naturales y su preferida, Monstruos Comunes. Se había leído el libro de Monstruos mucho antes de que fuera necesario y estaba deseando que la profesora llegase al tema de los dragones. Comentárselo a sus padres y provocarles un ataque fue todo uno. Su familia era bastante reticente a todo lo que tuviese que ver con riesgo, aunque éste fuese calculado matemáticamente. De esa forma habían terminado con cualquier interés que le pudiese quedar por las mates. Únicamente su abuela Plumablanca le comprendía. Como abuela era bastante buena e incluso tenía ciertas rarezas que a sus ojos la hacían encantadora. Esas rarezas atacaban los nervios de Modda y Tosco. No es frecuente tener una abuela que lanza los cuchillos de cocina con puntería asombrosa, que se salta los escalones de dos en dos o que sabe leer los posos de té, escribir en los de café y beberse los de licor de bellota. La abuela Plumablanca le animaba con sus sueños de aventuras, a escondidas de sus padres, por supuesto. Zonna había decidido ser aventurero. Sabía que debía callarse y no comentar con sus padres aquellas ideas, pero por algún motivo misterioso, su lengua parecía cobrar vida propia en ciertas ocasiones y de pronto se encontraba exponiendo planes a su madre, aunque ésta llevase desmayada un buen rato. Para colmo de todas las desgracias habían decidido mudarse. A Zonna le gustaba su casa. Era una morada sencilla, modesta pero digna. Ahora su padre quería irse a vivir a un área residencial, a una seta adosada. Ya era bastante difícil que seres de otras razas le tomasen en serio siendo un gnomo, pero si además les decía que vivía en una seta, se convertiría en el hazmerreír de todo el mundo. Las clases que le gustaban habían terminado y aquella tarde tenía dos seguidas de matemáticas. Zonna estaba seguro de que en alguna parte existía una ley que prohibía torturar a los gnomos jóvenes. Dos clases seguidas podían ser incluso peligrosas para aquellos menos curtidos. Aprovechando que la profesora estaba escribiendo en la pizarra, Zonna escapó por una de las ventanas. El aula estaba situada en un viejo roble cubierto de hiedra. Las ventanas eran aberturas circulares practicadas en el tronco para que entrase la luz y, según pensaba Zonna, para que saliese él. A pesar de sus escasos doce centícodos de altura, no necesitó más que un momento para estar en el suelo del bosque y alejarse de la escuela corriendo. El otoño estaba avanzando y las hojas ocres de los olmos alfombraban el suelo, barrido por un frío viento del Sur: Uno de sus pasatiempos preferidos consistía en tomar impulso y saltar con los pies juntos sobre una hoja. Si lo hacía correctamente podía deslizarse un buen trecho guardando el equilibrio. Su abuela le dijo una vez que era parecido a hacer surf, y aunque Zonna y el resto de los gnomos de La ´Thrae, no sabían lo que era el surf, desde entonces llamaron así a aquel juego. Más tarde intentó capturar a una ardilla, para montar un rato, pero se le escapó por los pelos. Los de la cola concretamente, que se quedaron entre los dedos del muchacho. Desde una rama baja, la ardilla le dedicó unos insultos enfurecidos con sus chillidos agudos.” ---------------------------------------- Cristian Biosca Rolland nació en Madrid en 1968. Ha publicado los libros -El Caballero de la Aguja,"Supervivencia","Espeleología", "Rafting,hidrospeed y piragua", "Descenso de Barrancos y Puenting", "Parapente y Ala Delta", "Submarinismo","Senderismo", "Orientación","Bicicleta de Montaña", "Montañismo" ,"Todo-terreno","Deportes naúticos" y "Gran enciclopedia de los Nudos". También, en la misma colección:"Vela" , "Deportes de invierno". Y tiene en preparación: nuevos títulos. También es periodista y ha colaborado con la Enciclopedia Escolar VOX (2000) y ha sido redactor de Europa Press (Informativos televisión y Ediciones). También ha sido reportero de Europa Press Televisión Programas, para "S.O.S Ciudadano" de Telecinco, Director de Producción y Marketing en TVerbo,canales 23 y 48 de televisión y Director y presentador del informativo Noticias TVerbo, en los canales 23 y 48 de televisión. Desde abril 1999 es encargado de la redacción y fotografía de los libros de deportes de aventura de la colección "Libros de Oro", para Edimat Libros. Colabora en varias revistas y dirige también la publicación El Barrio, El Mago, señor de los secretos, Imansal, entre otras publicaciones. http://perso.wanadoo.es/cristianbr
 
 
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