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Estás aquí:  Inicio >>   Entrevistas- noticias culturales-histórico >>  La era del hidrógeno, un nuevo desafío
 
La era del hidrógeno, un nuevo desafío
 

El nuevo libro del autor de "El fin del trabajo" compara el acceso a la nueva fuente de energía provista por el hidrógeno con el acceso a internet.
La era del hidrógeno, un nuevo desafío. (Buenos Aires) Quadernsdigitals/ARCHIVOS DEL SUR Araceli Otamendi Jeremy Rifkin compara el acceso a la nueva fuente de energía provista por el hidrógeno con el acceso a internet Jeremy Rifkin, autor de “La era del acceso” y “El fin del trabajo” ha escrito ahora “La era del hidrógeno” publicada por editorial Paidós. Nos estamos acercando al punto crítico de la era de los combustibles fósiles, dice Rifkin, tanto que algunos de los principales geólogos actuales pronostican que la caída de la producción de aquéllos podría ocurrir a finales de la primera década del siglo. También, los países productores no pertenecientes a la OPEP se está acercando ya al límite de su producción y consecuentemente la mayor de las reservas restantes quedaría en los países de Oriente Medio, signados por la inestablilidad política. El autor señala el nacimiento de un nuevo régimen energético capaz de reconstruir nuestra civilización con bases radicalmente nuevas. Y compara el acceso a esta fuente de energía con el acceso a internet. Rifkin examina entonces cómo se fue eliminando desde el inicio de Internet, la vieja jerarquía centralizada de los medios de comunicación de masas en los que la comunicación circulaba en una única dirección hacia los consumidores individuales pasivos. Internet implicó que los usuarios pudieran mantener entre sí relaciones individuales y colectivas. Esto significa, dice Rifkin, que cualquier persona puede tener acceso literalmente a cualquier otra persona que se encuentre en la red. La arquitectura de la red, confiere a las personas un mayor control potencial sobre la información que reciben y envían. Sin embargo, el autor de “La era del hidrógeno” señala cómo los intereses de grandes compañías no han cejado en sus esfuerzos para que la World Wide Web dejara de ser un canal abierto al libre flujo de la comunicación y la información para convertirse en un dominio privado en el que la conexión, el acceso y la recepción y el envío de información fueran pagos. Algo así ocurrió con Napster, cuando los gigantes de la música ganaron en los tribunales las demandas judiciales en las que argumentaban que la música estaba protegida por un copyright y que debía pagarse por su uso. También los activistas del ciberespacio han batallado para defender el libre acceso e intercambio de la información contra los intereses comerciales que promueven la privatización y mercantilización del ciberespacio. Prueba de ello es el sistema operativa Linux, llamado “movimiento del código fuente abierto” donde los programadores comparten su trabajo con todo el mundo y animan a los demás usuarios a resolver colectivamente los problemas y crear un código nuevo. Linux afirma tener entre 10 y 20 millones de usuarios y es el sistema operativo que crece más rápidamente. En una red distribuida, en la que todo el mundo es a la vez un consumidor y un productor potencial de contenidos, y en la que todos los usuarios tienen acceso al conjunto de la red – que pronto integrará a uno de cada seis habitantes de la Tierra- sólo se puede esperar una escalada del conflicto entre aquellos que defienden la libre circulación de la información y los intereses comerciales que pretenden imponer algún tipo de gravamen. Rifkin piensa que un conflicto similar puede ocurrir en relación con la red energética del hidrógeno y estima que debería considerarse un recurso gratuito o compartido, accesible para todos. A lo largo del libro El autor introduce al lector en los fundamentos de su teoría. El hidrógeno, dice, es el elemento más ligero, más básico y más ubicuo del universo. Cuando se utiliza como forma de energía, se convierte en el “combustible eterno”. Nunca se termina y como no contiene ni un solo átomo de carbono, no emite dióxido de carbono. El hidrógeno se encuentra repartido en todo el planeta: en el agua, en los combustibles fósiles y en los seres vivos. Sin embargo, es raro que aparezca en estado libre en la naturaleza, sino que tiene que ser extraido de fuentes naturales. En los próximos años, Rifkin pronostica que la revolución de la informática y las telecomunicaciones se fusionarán con la nueva revolución de la economía del hidrógeno y esto supone una reestructuración de los fundamentos de las relaciones humanas del los siglos XXI y XXII. El autor también prevé, que con las características del hidrógeno, que se puede encontrar en todas partes, el nuevo régimen energético será verdaderamente democrático, tal vez el primero de la historia. Ya se están comercializando pilas de combustible alimentadas con hidrógeno capaces de generar potencia, luz y calor, preparadas para ser instaladas en factorías, oficinas, edificios comerciales, hogares, coches, autobuses y camiones. La posibilidad de que el usuario disponga de una pequeña planta de energía propia – llamada generación distribuida- amenza la posición de dominio que han disfrutado durante largo tiempo las plantas energéticas centralizadas surgidas durante la era de los combustibles fósiles. La red energética mundial del hidrógeno – hydrogen energy web, HEW – será la próxima revolución tecnológica, comercial y social de la historia. Sin embargo, Rifkin duda de que esto sea posible. Así como ocurrió con la Web, dice, donde se impusieron las grandes compañías, para controlarla, lo mismo puede ocurrir con la red energética del hidrógeno. Todo dependerá, dice el autor de cómo sea utilizada en los primeros estadios de su desarrollo.
 
 
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