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Cuentos, relatos y poemas
 

Fernando Sorrentino, Angel Balzarino, Luis Buero, Leticia Vigil, Giorgio Chiarati, Almandrade, J.Geraldo Neres,
Fernando Luis Pérez Poza, Juan Planas Bennásar y Carlos Barbarito
Cuentos Una broma pesada © Fernando Sorrentino Esta mañana, cuando sonó el timbre del recreo largo, yo me quedé en el aula, pues debía terminar una tarea que había dejado incompleta. Para tramar alguna maldad en secreto, también se quedaron Beveretti y Campitelli, que se parecían en cuatro cosas: los dos eran altos, despeinados, rubios y traviesos. Jugueteaban con una cosa negra y desordenada. Era una araña enorme, gorda y peluda, pero no verdadera, sino una araña de goma, de esas que se venden para gastar bromas. Con sonrisas de perfidia, Beveretti y Campitelli colocaron la araña dentro del estuche de los anteojos de la señorita Mónica. La maestra era una mujer muy flaca y muy angulosa, con aspecto de desdichada. Yo le tenía mucha lástima, pues había oído contar que no se había casado por cuidar a su mamá paralítica, quien pasaba la vida en silla de ruedas. Aunque, de todos modos, ¿quién querría casarse con una mujer tan fea y tan miope como la señorita Mónica? Pero, sea como fuere, yo no quería perderme el instante en que la señorita Mónica tropezase con la falsa araña. De regreso en el aula, la señorita Mónica se sentó frente a su escritorio y, mirándonos a nosotros, extendió mecánicamente —como siempre lo hacía— la mano izquierda para buscar sus anteojos. Al tocar, junto con los cristales, el cuerpo de la araña, tuvo que girar la cabeza para ver qué diablos era aquello. Su expresión fue de enorme sorpresa: —¡Oh! —exclamó—. ¡Una araña! ¡Mi plato preferido! Y, sin calarse los anteojos, se llevó la araña a la boca y se puso a cortarle, con afiladas y exactas dentelladas, las patas, que fue tragando con voracidad. Así comió las ocho extremidades, los pedipalpos y los quelíceros. En seguida, aquellos afilados dientes blancos, que cercenaban a modo de guillotinas, se hincaron con precisión metálica en el abdomen y el cefalotórax. En éxtasis de placer, con los ojos elevados hacia el cielo raso, la señorita Mónica fue masticando y tragando ciegamente la goma dura e indigesta. Y comía con tantas, con tantas ganas, que ni Beveretti ni Campitelli ni yo, ni nadie, nos atrevimos a desilusionarla, y por eso no le avisamos que, en lugar de una deliciosa araña de verdad, sólo se había comido una insípida araña de juguete. Sobre el autor: Fernando Sorrentino nació en Buenos Aires en noviembre de 1942. Es profesor en Letras y escritor. ---------------------------------------- "CONCIERTO PARA VIOLIN Y ORQUESTA OP. 61" de Ángel Balzarino Primero fue un dolor indefinido en el pecho; después, un cosquilleo en el fondo de la garganta; por último, el estallido de una tos seca y perentoria. Entonces permaneció inmóvil, hundido en el asiento como si fuera una barrera protectora, paseando los ojos en torno, tímidamente y con temor, a la búsqueda de algún signo de alarma o reconvención en los demás; pero, al parecer, no habían reparado en eso, pues todos se encontraban cómodamente arrellanados en sus butacas, la mirada clavada en el escenario, los rostros imperturbables, denotando una profunda concentración en cada nota del concierto. El alivio no se prolongó demasiado. Cuando de nuevo se vio sacudido por una furiosa catarata, percibió detrás de él una voz malhumorada ordenándole silencio. Se limitó a realizar un gesto con la mano en señal de disculpa y luego, en una denodada lucha contra el tiempo, comprendió que debía hacer algo antes de que sobreviniera el próximo ataque de tos. Ya no era suficiente el pañuelo, ni esperar la ayuda del impetuoso tronar de la orquesta. Sin duda lo mejor era retirarse de la sala; pero el hecho de levantarse, cruzar entre las numerosas piernas extendidas, convertirse en una figura que obstaculizara la visión del escenario, lo hizo desistir de inmediato. La certeza de hallarse apresado en el asiento resultaba una experiencia inédita, que de pronto lo sumió en un estado de intranquilidad, angustia y hasta miedo; por eso, poco a poco, fue perdiendo toda atención en el desarrollo del concierto y solamente quedó pendiente de la ineludible invasión de la tos. Y cuando por fin ocurrió, como único acto de defensa, se inclinó hacia adelante mordiendo el pañuelo. Permaneció así, el rostro apoyado en las rodillas, procurando atenuar cualquier sonido, hasta que la convulsión de su pecho fue desplazada por una dosis de malestar y agotamiento. -Señor, sírvase uno. Levantó la cabeza, algo sorprendido por el ruido del papel rasgado con cierta violencia y la voz de la mujer, suave y cordial. Observó el rostro sonriente, la mano tendida, el tentador paquete de caramelos. -Tiene la garganta muy seca. Un caramelo lo aliviará. Pruebe. -Vamos, amigo -intervino el hombre que estaba sentado a su lado-. La señorita tiene razón. No puede seguir así toda la noche. -Está bien -debió admitir que podía ser una buena solución; con cuidado, tratando de evitar el estridente roce del papel, tomó un caramelo-. Gracias. -¿Me permite, señorita? -exclamó un joven sentado en la butaca de atrás, interponiéndose entre la mujer y él-. Yo también siento una molestia en la garganta. El cigarrillo, sabe. -Por supuesto. Sírvase. Y usted, ¿gusta uno? Amablemente dispuesta, ella se dio vuelta y ofreció el paquete de caramelos a las otras personas, que enseguida se mostraron ávidas y jubilosas, como si hubieran descubierto la fuente de una nueva y fasci-nante diversión. -Oh, es usted muy atenta. -¡Qué suerte! Yo me olvidé de comprar. -De chocolate, como me gustan a mí. Gracias, señorita. No pudo comprender, creyó debatirse en un sueño absurdo y tumultuoso. De repente, el inusitado esfuerzo que había realizado durante largos minutos para ahogar la tos, se tornaba completamente estéril, sin ningún sentido ante la algarabía que fue creciendo más y más. Ya nadie pareció preocuparse por guardar silencio. Como en una especie de contagio colectivo, los accesos de tos, sin disimulo, surgieron en diversos puntos. Numerosos paquetes de caramelos se abrieron con impaciencia; el rumor de las voces, chillonas y confusas, empezó a cubrir el ámbito. Sintió el deseo de protestar, de exigir una cuota de mesura y decoro. Pero, al dirigir la mirada hacia el escenario, supo que ya era tarde e inútil. La orquesta había dejado de tocar. Los músicos, inmóviles, sostenían los instrumentos en una postura ausente. Le costó aceptar que hubiera concluido el concierto y atribuyó semejante actitud a una muestra de fastidio y reprobación. No obstante, todo adquirió un carácter fantásticamente increíble al observar que el director se hallaba de frente a la platea, con un aire algo desafiante, como si quisiera ejercer un dominio absoluto. Porque fijamente erguido, el rostro grave y absorto, la mano derecha esgrimiendo la batuta con asombrosa habilidad, trató de imponer el ritmo adecuado al concierto de toses, papeles destrozados y charla bulliciosa que colmaba poderosamente la sala. Angel Balzarino es escritor, vive en Rafaela, Provincia de Santa Fe. República Argentina. ---------------------------------------- GRACIAS TIO KUKI !!! © Luis BUERO ¡Qué hacés Totito! Gritaba feliz mi tío cada vez que me veía, y tarareaba el tango El Ciruja. Es la única persona a la que jamás escuché decir una “mala” palabra. Se llamaba Santiago, pero desde chiquito lo bauticé el tío Kuki. Era como Roberto Escalada de La Familia Falcón, o como Ricardo Darín en Mi Cuñado, el hermano solterón de mamá que vivía con la familia y que luego se casó tardíamente y no tuvo hijos. Pero el diablo le dio sobrinos. Su vida estaba llena de pequeñas cosas fulgurantes, de anécdotas que dilataban mis pupilas, porque yo no veneraba a los próceres: lo admiraba a él. Mi tío era un adolescente adulto que, peinado a la gomina, de día tocaba el bandoneón en el vestíbulo de casa, y de noche se convertía en el pianista de la orquesta de Alberto Rufino, cuando era muy joven . Era el “sobrestante” al que la empresa constructora más antigua del país había nombrado “gerente”. Era el que tenía tiempo para sus novias y también para hamacar mi cuna mientras almorzaba; el que me invitaba cuando era chico a pasear de copiloto en su antiguo Packard 42 negro, o en su poderosa moto de 500 cm3 de cilindrada con sidecar, pese a la negativa inútil de mi madre. Yo aprendí a gambetear mirándolo imitar en broma a Pedernera, y la primera vez que pesqué una mojarrita fue en la Costanera con una caña liviana que me había regalado él. Con su Siam 62 me llevó a ver a Piazzolla en un teatro, el día que estrenó la ópera tanguera María de Buenos Aires, y me enseñó a tocar Lo Que Vendrá en el piano, la única razón válida que hallé para aprender música. Era un enamorado de los documentales de guerra, de la revista Selecciones, de los caramelos ácidos Sugus. Tenía una novia en Olivos, llamada Delia, a la que veía todos los sábados por la noche, previo colocarse el saco blanco y medio litro de 0ld Spice. Cuando cumplí los dieciséis me sorprendió con un Wincofón y un long play de Pedro y Pablo, y la tarde que me separé de mi primera novia, Beatriz, el único que se dio cuenta fue él, sólo de verme “la trucha”. “Sos un piatrún, chichipío” me decía, al abrazarme. Él trajo a casa el primer televisor del barrio, y mis balbuceos de recién nacido quedaron para siempre grabados en su “Geloso” de grandes carreteles. A veces fue mi padre, en otras el hermano mayor que escondía viejas revistas “prohibidas” en su mesa de luz, en las que las fotos pornográficas eran de mujeres con el torso desnudo. Pero un día el tío creció, maduró, envejeció. Ya no imitaba la risa de Hugo Guerrero Marthineitz, sino la voz del médico dándole la mala noticia. Carcinoma escamoso de pulmón se titulaba la sentencia para aquel hombre más bueno que la bondad, cuyo único sueño del pibe era llegar vivo al nuevo siglo. Y lo logró. Hoy el tío Kuki ya no está más, se fue en silencio, silbando con ese silbido tanguero que le salía de un agujerito entre los labios, como si la boca quisiera recrear ese cigarrillo que le habían prohibido fumar. Su honestidad es un silencio que duele. Ya nadie me dirá : ¡qué hacés Totito! Haciéndome sentir que la barba del hombre malo que representa la vida, es de utilería. Porque el tío Kuki se ha ido, si, está tocando Adios Nonino para los ángeles, que asombrados, deben haberse reunido a su alrededor para aprender el sentido de la eterna melancolía. Sobre el autor: Luis Buero es escritor y guionista. ---------------------------------------- ¿Y si rompo la norma? (Buenos Aires) Leticia Vigil Asia es el desconcierto, el miedo, el olor, los colores, la multitud, los gritos en sonidos nunca antes escuchados... La India y especialmente New Dheli es la contradicción. Al llegar al aeropuerto, un aeropuerto todavía del Tercer mundo, sucio, incómodo comencé a sentir todas esas sensaciones que me pusieron en un alerta que duró los quince días que estuve allá. Los motivos del viaje no son los interesantes en este momento, si no cómo me llegó a mi edad todo esto tan especial, tan distinto . Sentí que todo lo que había vivido hasta ese momento, la brevedad, la cordura, la seguridad, la justicia, la rebeldía carecían de sentido en ese mundo, en ese otro mundo. Cuando pasaron los días traté de absorber en ése poco tiempo todo lo que la India me podía brindar. Me despojaría de mi carácter de “señora de” y trataría de aprehender algo de las vacas paseando en la calle, los mendigos que viven en esas chocitas de telas, puestas en cualquier lado , que según me contaron, nacen, viven, se reproducen y mueren en el mismo lugar ,de esas mujercitas vestidas con sedas maravillosas y saris que se venderían a precios exuberantes en la Quinta Avenida de New York. Después de Ghandi no están oficialmente reconocidas las “castas”, los famosos intocables que eran la clase más miserable de la India, pero en la realidad sí existen y es casi imposible que una persona de esas condición pueda alcanzar a estudiar o a cambiar en algo su posición a través de toda su vida. Pero aparte de las mil y unas curiosidades hay algo en la India que impregna y que produce extrañeza. Un antes y un después, un creer, mientras uno camina por sus calles o se mete en sus mercados increíbles , en la “old delhi” o en sus plazas dentro de las cuales existen crematorios populares en la que se inmolan los cadáveres con leña común, en sus templos de dioses y más dioses imposibles de reconocer o distinguir. Allí cualquier cosa es posible, un secuestro, una violación ,un desaparecer para siempre y nunca ser encontrado por nadie al ritmo de una música melodiosa y triste y después en medio de todo eso un cibercafé, a lo indio claro, pero con computadoras modernas o supertelevisiones a colores y escuchar a un ministro indio diciendo las mismas cosas que diría un ministro del mundo occidental y cristiano. La “mano” de casi doscientos años de los ingleses se encuentra por todos lados. En casas suntuosas. En barrios de jardines perfectos, en letreros en la lengua de Shakespeare, pero el espíritu milenario no se ha dejado cambiar con la bandera del progreso, ni del capitalismo ni del comunismo. Creo que la India sigue siendo la india de millones de años que Ghandi llegó a penetrar con sus absurdos calzones que sólo allá se comprenden. Alguien bastante sabio dijo que si uno estaba un día en la India podía escribir un libro, si uno estaba un año podía escribir un artículo y si uno estaba diez años le sobraría una hoja. Yo estuve apenas quince días pero sólo me atrevo a respirar muy hondo este mundo desconocido y magnético. Sobre la autora: Leticia Vigil nació en Montevideo, es argentina. Ha publicado varios libros, enre ellos “Para mantener a su fulana”, “Magnolias blancas en patio colorado”, “Buenas maneras”, “No hay poeta en la bolsa de valores”, “Patio de los cuatro muros”. Abogada y escritora, madre de 8 hijos y abuela de 10 nietos. Hija y nieta de escritores reconocidos, Constancio Vigil y Constancio C. Vigil. Su amplia visión del mundo y su vida viajera la convierten en una escritora distinta. ---------------------------------------- Poemas Giorgio Chiarati, Roma-Italia Cipolle Siam cipolle da sbucciare ci vestiam a seconda delle occasioni: visi di plastica incastonati in circostanze mondane intrisi di marmellata putrida di false buone maniere. Siam barbabietole d’assaggiare: ci addolciamo solo con persone che ci san raffinare apprezzare nell’intimo dell’anima la nostra dolcezza d’animo Gentile, pura essenza d’anima vagabonda con l’unico faro l’Amore. Siam chiusi in scatole nelle nostre: ossessioni – afflizioni paranoie – Turbamenti manie – dolori amori virtuali - patimenti interiori paturnie di esseri fragili, cattiveria gratuita... Non mi chiedo, da folle, il Perché scontato… Cerco di vivere essendo me stesso: malestro nella mia inquietudine libero come albatro Sobre el autor: Giorgio Chiarati nació y vive en Roma, Italia. El poema Cipolle ha ganado un premio Literario internacional de Poesia que tie P.L.I. "Victor Hugo" Premio Speciale Selezione - Diploma y Medaglia dorata. Parte II J. Geraldo Neres en la acuarela gritos dilaceran girasoles ávido día un rumbo autor/poeta: J. Geraldo Neres Traducción: Rafael Roldan PARTE II J. Geraldo Neres n’aquarela gritos dilaceram girassóis ávido dia um rumo autor/poeta: J. Geraldo Neres Carmesí J. Geraldo Neres estrella marina acuario de viento gota tejedera suspensa (ojos-tempestad) quimera del seno lunar contorno virgen orvallo piedra de fuego pulsa en la acuarela-vientre génesis autor/poeta: J. Geraldo Neres Traducción: Rafael Roldan CARMIM J. Geraldo Neres estrela marinha aquário de vento gota tecelã suspensa (olhos-tempestade) quimera do seio lunar contorno virgem orvalho pedra de fogo lateja na aquarela-ventre gênesis autor/poeta: J. Geraldo Neres ---------------------------------------- Almandrade (Brasil) NATAL Uma voz nua canta o sentimento conversa de natal a solidão nos contempla somos habitados pela música da noite. -------------------------- NOITE DE NATAL Atrás da canção uma grande lua a estrela da festa sinos da madrugada que ninguém mais escuta despertam lembranças distantes. ------------------------ UMA FOTO DO NATAL No ar a coreografia de uma flauta antigas velas ainda acesas velhas ceias em preto e branco esperando a madrugada e a festa ... O natal se arrasta Lentamente. ---------------------------------------- Yo sé que estás ahì Fernando Luis Pérez Poza Yo sé que estás ahí, atrapada en el vértigo que desnuda al miedo, corazón de fuego que no se aviene a vivir sin jaula, amazona de honduras que no existen. Estás ahí. Entre dunas que humean soledad y recuerdos que congelan las venas, escuchando trompetas de silencio, como si el tiempo fuera un reloj parado y el mundo aún permaneciera quieto sobre el eje invisible de un andamio. Estás ahí, anclada en una taquicardia lenta de ánfora cineraria, derrochando féretros de angustia y sepulcros de tristeza, viendo discurrir la vida desde el ojo tuerto de un ciprés enfermo. Estás tan dentro del crepúsculo que todo te parece noche y las sombras te miran con la herrumbre ciega de una vieja calavera. Es tanta la feria de amargura que te roe por dentro los huesos que ya no quedan sótanos vacíos, en el interior del tuétano, para esconder las penas y ahogar la voz de los espectros. Pero no pienses que siempre será así, con hielos que atraviesan la tarde y pájaros sin alas que no cantan. Algún día saldrá el sol para ti con su risa bordada de amarillo infinito y el verso azul de un horizonte nuevo prendido en el ojal de la solapa. Noviembre 2002©Fernando Luis Pérez Poza Pontevedra. España. ---------------------------------------- Poema Juan Planas Bennásar Quizá lleve unos días cadáver, y sólo una complicada autopsia pueda determinar en qué lugar del mundo dejé mi corazón y en qué otro lugar bien distante el osario aterido que lo sostenía. ¿Entre qué rocas instalé mi adiós definitivo a las conjugaciones temporales? ¿Dónde negué tres veces la sombra ecuestre, pétrea, pacificadora de tu sonrisa? ¿En un nido? ¿En un nicho? ¿En la burbuja frágil de unos versos? Quizá lleve unos días cadáver, alimentando a seres diminutos pero escalofriantes, que sacuden los últimos vestigios de mi memoria. Quizá mañana mismo, entre tus brazos resucite de nuevo; pero si no es así te ruego que cierres mis ojos con el cariño de costumbre. Sobre el autor: Juan Planas Bennásar Sobre sí mismo dice: “Naci en Mallorca (Islas Baleares - España),una isla como otra cualquiera, un universo cerrado que para sobrevivir necesita abrir sus puertas y comprender que existen otros mundos exteriores... En esas estoy. Hace ya demasiado tiempo publiqué Hipertelía, Editorial Biblioteca Atlántida, 1982,y Pasión Impresa, Editorial Devenir, 1984. Poemas míos fueron a parar a la Antología bilingüe Poètes d´Espagne, Poésie du Silence, en la colección Les Cahieurs Bleus, 1992. En la actualidad dirijo la Revista virtual Puertas Abiertas desde mi web La Web de Félix ( http://lawebdefelix.iespana.es ) ---------------------------------------- Nébula Carlos Barbarito La vida tan precaria: nunca presencia de la vida, sino nuestro eterno ruego al prójimo para que viva mientras nos morimos. Blanchot. ¿De qué noche es este rito? Carneados, puestos cada uno sobre una piedra distinta, atados a las piedras con la sangre todavía caliente, chorreando. El amor es aquí ajeno, todo deseo: gritan, se retuercen, hablan en lenguas, ven visiones. Entran al agua roja, su óxido y su espuma, al barro, al sexo abierto de la tierra y en el fondo, ningún mar, ninguna infancia. ¿De qué noche o día o relámpago o niño sin ojos empujado desnudo hacia las llamas? Cae el cielo sobre el mundo. La tierra invade las aguas. Se mezclan y confunden. Sobre el autor: Nació en Pergamino, Argentina, el 6 de febrero de 1955. Su obra comprende libros de poesía y de crítica de artes plásticas. En el primero de los géneros citados, publicó: Poesía quebrada; Teatro de lirios; Éxodos y trenes; Páginas del poeta flaco; Caballos y otros poemas; Parte de entrañas; Bestiario de amor; Viga bajo el agua; Meninas/Desnudo y la máscara; El peso de los días; La luz y alguna cosa; Desnuda materia. En crítica de artes plásticas editó: Acerca de las vanguardias, en Arte argentino siglo XX, y Roberto Aizenberg. Diálogos con Carlos Barbarito. Son varias las antologías que recogen su obra poética: Nacer en los 50; Four argentine Poets; Breve muestra de la poesía contemporánea del Río de la Plata; 70 poetas argentinos 1970-1994; Cinco poemas en homenaje, en: Cecilia Pozzi, La otra primavera; Poesía argentina año 2000. Entre las distinciones obtenidas por el autor figuran: Premio Fundación Alejandro González Gattone, Premio Fondo Nacional de las Artes, Premio Dodero de la Fundación Argentina para la Poesía, Premio Bienal de Crítica de Arte Jorge Feinsilber, Premio César Tiempo, Premio Raúl Gustavo Aguirre de SADE, Menciones de Honor Leopoldo Marechal y Carlos Alberto Débole, Gran Premio Libertad y Mención Plural de México. Figura en el Diccionario de autores argentinos; y en el Inventario Relacional de la Poesía en Lengua Española, editado en CD ROM Gran parte de su obra fue traducida al inglés por Brian Cole. Sus artículos, ensayos y demás textos fueron publicados en diarios, revistas y páginas web del país y de Chile, Uruguay, Brasil, Colombia, Venezuela, Costa Rica, Puerto Rico, México, Nicaragua, Estados Unidos, España, Suecia, Alemania e Italia. Su obra poética está traducida, en parte, al inglés (por Brian Cole) y en camino de serlo también al portugués y al griego (en esta última lengua por Yorgos Blanas).
 
 
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