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Memorias de la arcilla vieja, María Cristina da Fonseca
 

“Durante siete noches seguidas tuve un mismo sueño: me quedaba quieta, sentada sobre el suelo y mil libélulas de oro venían a posarse sobre mi cuerpo y alzándome por los aires me llevaban lejos.

De esta manera supe: mi libertad existía en alguna parte (dormida habíala yo visto). Y recordando como nuestros cazadores dibujaban el animal que deseaban atrapar, me dije a mí misma: “Si en arcilla hago a mis hermanas las mariposas, si trazo su vuelo, vendrán hasta aquí y escaparé entre sus alas”.

Memorias de la arcilla vieja

María Cristina da Fonseca

Ediciones Dolmen

53 páginas

 

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

 

Como Libertad, la escritura es sólo un momento dice Roland Barthes. Pero ese momento es uno de los más explícitos de la Historia, ya que la Historia es siempre y ante todo una elección y los límites de esa elección.

“Memorias de la arcilla vieja” de la escritora chilena María Cristina da Fonseca es un relato en primera persona escrito con una inolvidable prosa poética.

 Al leer el libro se oye la voz de una mujer aborigen del continente americano. La autora ha elegido la época de la conquista de la América hispana para narrar una historia. Ha elegido, tal como dice Barthes, también los límites de esa elección.

La voz va recordando su historia ligada a la tierra que habita. El tema de la conquista de América aparece así narrado desde el punto de vista de una “india”.  Las leyendas del continente americano son muchisimas. La autora de este libro se hace eco de las voces de estas leyendas y les da forma en “Memorias de la arcilla vieja”, como si de la misma manera estuviera modelando esa arcilla de la que habla en el libro.

Al escritor no le está dado elegir su escritura en una especie de arsenal intemporal de formas literarias, dice Barhtes. Bajo la presión de la Historia y de la Tradición se establecen las posibles escrituras de un escritor dado; hay una Historia de la Escritura; pero esa Historia es doble: en el momento en que la Historia  general propone – o impone – una nueva problemática de lenguaje literario, la escritura permanece todavía llena del recuerdo de sus usos anteriores, pues el lenguaje nunca es inocente: las palabras tienen una memoria segunda que se prolonga misteriosamente en medio de las significaciones nuevas. La escritura, sigue diciendo Barthes, es precisamente ese compromiso entre una libertad y un recuerdo, es esa libertad recordante que sólo es libertad en el gesto de elección, no ya en su duración.

La escritora chilena ha elegido la voz de una mujer aborigen, luego metamorfosis y finalmente arcilla y recuerdo, para elaborar un personaje que se identifica con los primeros pobladores del continente americano. No es en el único libro que María Cristina da Fonseca se ocupa de estos temas. Lo viene haciendo también con otras de sus obras donde la realidad y la fantasía se mezclan y lo real maravilloso aparece. Para usar las palabras de Alejo Carpentier: “todo resulta maravilloso en una historia imposible de situar en Europa, y que es tan real, sin embargo, como cualquier suceso ejemplar de los consignados, para pedagógica edificación, en los manuales escolares. ¿Pero qué es la historia de América toda sino una crónica de lo real-maravilloso?

 

 

 

“Desde esa vez las mujeres de la tierra siguieron labrando el rostro estático de mi hermano muerto. Pero una mañana al alba, cuando repentinamente comenzó a teñirse de rosado el firmamento (señal de que en algún lugar de la sabana una tigra estaba pariendo), sintieron el impulso de moldear sus propios cuerpos e hicieron una figura de pie, con una ranura alargada entre las piernas para indicar el sitio donde anida la humedad de la vida. Lunas más tarde, una de ellas se dibujó a sí misma en el momento de dar a luz una hija”.

 

“Durante siete noches seguidas tuve un mismo sueño: me quedaba quieta, sentada sobre el suelo y mil libélulas de oro venían a posarse sobre mi cuerpo y alzándome por los aires me llevaban lejos.

 

De esta manera supe: mi libertad existía en alguna parte (dormida habíala yo visto). Y recordando como nuestros cazadores dibujaban el animal que deseaban atrapar, me dije a mí misma: “Si en arcilla hago a mis hermanas las mariposas, si trazo su vuelo, vendrán hasta aquí y escaparé entre sus alas”.

 

Bibliografía:

 

Alejo Carpentier, El reino de este mundo, Editorial Quetzal

Roland Barthes, El grado cero de la escritura- Seguido de  Nuevos Ensayos críticos,  Siglo Veintiuno Editores

 

© Araceli Otamendi- Todos los derechos reservados

 
 
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  Copyright 2003 Quaderns Digitals Todos los derechos reservados ISSN 1575-9393
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