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Estás aquí:  Inicio >>   Entrevistas- noticias culturales-histórico >>  Entrevista a la pintora Susy Dembo, por Viviana Iriart, desde Caracas-Venezuela
 
Entrevista a la pintora Susy Dembo, por Viviana Iriart, desde Caracas-Venezuela
 

Susy Dembo, artista venezolana nacida en Viena, es parte de esa pequeña constelación de estrellas de las artes plásticas que ha trascendido las fronteras de Venezuela, recibiendo reconocimentos. Su segunda exposición individual, en 1966, se realizó en Madrid y a partir de ese momento su arte no ha dejado de recorrer el mundo: exposiciones en París, New York, Washington, Berlín, Viena, Roma, Tel Aviv, El Cairo, Puerto Rico, Rio de Janeiro, Bogotá, Cali, Polonia, Inglaterra, Yugoslavia, Suiza... y por supuesto Venezuela.
A los cinco años Susy Dembo tuvo que dejar su país natal, Austria, debido al auge del nazismo, que le quitó su patria y su nacionalidad. Llegó entonces a Bolivia, país que ama porque le devolvió su condición humana. Allí vivió hasta la adolescencia, cuando se radicó en Venezuela y se integró tan plentamente que, escuchándola hablar, es imposible pensar que no es caraqueña. Esa capacidad que tiene para asimilar acentos y culturas se refleja en su obra y en su vida. En Susy no se ve el drama que le partió la infancia; ella es alegre, inquieta, curiosa. Su obra tiene también estas cualidades, unidas a un toque de magia y misterio.

(Caracas- Venezuela) Viviana Iriart

 

"Y de alguna manera cuando tú vuelves al lugar donde has nacido, hay algo, un olor, un sentido, aunque haya sido malo el Holocausto, que hace que tú sientas que perteneces a ese sitio. Recordaba cosas buenas y malas, pero me gustaba la ciudad"

 

Susy Dembo, artista venezolana nacida en Viena, es parte de esa pequeña constelación de estrellas de las artes plásticas que ha trascendido las fronteras de Venezuela, recibiendo reconocimentos. Su segunda exposición individual, en 1966, se realizó en Madrid y a partir de ese momento su arte no ha dejado de recorrer el mundo: exposiciones en París, New York, Washington,  Berlín, Viena, Roma, Tel Aviv, El Cairo, Puerto Rico, Rio de Janeiro, Bogotá, Cali, Polonia, Inglaterra, Yugoslavia, Suiza... y por supuesto Venezuela.

A los cinco años Susy Dembo tuvo que dejar su país natal, Austria, debido al auge del nazismo, que le quitó su patria y su nacionalidad.  Llegó entonces a Bolivia, país que ama porque le devolvió su condición humana. Allí vivió hasta la adolescencia, cuando se radicó en Venezuela y se integró tan plentamente que, escuchándola hablar, es imposible pensar que no es caraqueña. Esa capacidad que tiene para asimilar acentos y culturas se refleja en su obra y en su vida. En Susy no se ve el drama que le partió la infancia; ella es alegre, inquieta, curiosa. Su obra tiene también estas cualidades, unidas a un toque de magia y misterio.

Susy Dembo se inicia en la pintura en 1960. Dos años más tarde incursiona en el esmalte. En 1972 comienza a realizar grabados y en 1988 incursiona en el vidrio. Su obra, sin embargo, es una unidad, y quizá el secreto sea  que todo lo hace con la misma pasión y el mismo talento.

En su taller de Prados del Este en Caracas,  tomando té del Tibet y comiendo exquisitos quesos venezolanos, charlamos una mañana de sol bajo la mirada atenta de sus últimos cuadros.

 

-          Susy ¿cómo fueron tus inicios?

-          Yo empecé pintando piedras en el mar, como todas las locas, en el club Puerto Azul. Las piedras eran muy bellas pero a la vez un poco rupestres, así que busqué un taller de esmaltes y encontré el de Francisco Porras, allí estudiaba cuando tenía plata y cuando no, estudiaba en el Taller Libre de Arte. Fui una buena esmaltista y mis esmaltes gustaron muchísimo. Pero después la inquietud me llevó, en el año 1971, a estudiar grabado en la Universidad Simón Bolívar y con la Nena Palacios. También estudié con Luis Chacón y muchos años más tarde con Candido Millán aprendí la técnica del vidrio. Pero el grabado tomó prácticamente quince años de mi vida.

-          ¿Estudiando o realizandolos?

-          Ambas cosas, porque tú no puedes hacer grabados sin estudiar, porque es una técnica química perfecta. Si tú quieres una limpieza absoluta y perfección, que me costó mucho adquirirla,  tienes que hacerlo como Dios manda, con una prensa,  con una mesa de grabado, con todos los utensilios, agua para remojar en una bañera, papel secante y todo lo demás. Eso toma mucho tiempo.

-          Quince años dedicada al grabado, en donde obtuviste grandes reconocimientos. ¿Cómo fue tu tránsito hacia la pintura?

-          En realidad yo  siempre pintaba. Estudié con  Francisco y Pilar Aranda, mis profesores españoles, y entonces lo que yo pintaba era bodegones porque no tenía el conocimiento para hacer otra cosa. Ellos me dijeron que los bodegones no eran suficientes, que ellos me veían a mí la figura humana. Pero yo no quise incursionar en esa área, porque es muy difícil y yo no quería arriesgarme. Entonces seguí con el esmalte y los bodegones, paisajes del Avila.  Pero después me dediqué por completo al grabado y no pinté más ni tampoco seguí haciendo esmalte.

-          Te enamoraste del grabado.

-          Sí, porque es alquímico, es mágico y es oscuro y tú tienes que trabajar muy duro para tener una satisfacción y siempre es, para mí, muy misterioso. Es como trabajar en un taller en el Siglo XVI.

-          Pero volviste a la pintura haciendo unas espectaculares mujeres doradas, adornadas con piedras y otros elementos, que expusiste en 1995 en la Alianza Francesa de Caracas causando gran impacto. ¿De dónde surgen estas mujeres?

-          De un viaje que hice por Egipto en 1990. Antes de irme yo ya trabajaba con colores dorados, pero cuando estuve allí y vi las figuras planas, esas mujeres que miraban, esos faraones que observaban, quedé fascinada y  empecé a pintar esas mujeres. Egipto me inspiró, me dio el color, la parte frontal de la pintura, porque en Egipto las figuras se ponen de  medio lado y a mí me encantó eso, entonces compré allí las pinturas, las piedras  e hice no sólo cuadros sino también muchos grabados. Y en 1998 tuve la dicha de exponerlos en la Bienal de Grabado que se hizo en El Cairo.

-          Y leo en las reseñas que tuviste un gran éxito.

-          Sí, fue un momento muy emocionante de mi vida. Con las pinturas pasó lo mismo, porque nunca se había visto en Caracas un trabajo igual, no digo, por supuesto, que yo las inventé, que nadie había pintado algo así, pero estas mujeres salieron de adentro, no eran una copia de las figuras egipcias, sólo estaban inspiradas en ellas y cuando las enseñé la gente se quedó sorprendida, porque era una pintura diferente. Algunos de los cuadros tenían luz, que giraba cuando la prendías. Yo pensé que iba a vender mucho, pero no fue así, muy cordialmente me compró un cuadro el Embajador de Francia, el Agregado Cultural, el Director de la Alianza y  vendí dos o tres cuadros más. Así que me traje el resto de los cuadros a mi taller y el día que los terminé de embalar para guardarlos, me llamó una coleccionista y me compró la colección completa, quince cuadros, a la semana de haber clausurado la exposición.

-          Fue tu consagración como pintora, la exitosa grabadora también era una excepcional pintora.

-          Pero yo no me sentía segura de mi técnica. Esa seguridad la adquirí a partir de 1999, cuando por motivos de salud tuve  que permanecer en Nueva York durante siete semanas. Entonces conocí el taller de un profesor del MOMA, que alquila espacios para que los artistas trabajen, y ahí empecé a mejorar rápidamente con la pintura, yo veia como cada día estaba mejor y mejor porque pintaba con placer todos los días, ocho y diez horas. El ambiente allí es muy enriquecedor, hay muchos artistas, algunos muy reconocidos, y modelos desnudas. Desde entonces todos los años voy a Nueva York y pasó dos meses pintando en el taller. El profesor pasa por tu lado y de repente te hace algún comentario, tú lo acatas o no.

-          ¿En qué estás trabajando ahora?

-          En una serie nueva. Tengo doce o tres cuadros para la próxima exposición y esta serie me tiene muy entusiasmada.

-          ¿De dónde nace la inspiración?

-          Yo ando siempre por la calle con una libreta encima. Cuando algo me impresiona lo escribo y cuando llego a casa me pongo a pintar sobre esa impresión.

-          En 1995 realizaste tu primera exposición individual en Viena invitada por el gobierno austríaco, que también te devolvió la nacionalidad. ¿Cómo te sentiste exponiendo en tu país natal después de haber sido expulsada de allí por el nazismo?

-          Muy feliz. Yo soy judía y el gobierno de Austria decidió homenajear a artistas austríacos judíos que no habíamos pasado por campos de concentración, pero que habíamos tenido que dejar Austria. Fue una experiencia maravillosa, iba gente de las escuelas a preguntarme cómo hacía los grabados, me trataron muy bien y se vendió todo. Y de alguna manera cuando tú vuelves al lugar donde has nacido, hay algo, un olor, un sentido, aunque haya sido malo el Holocausto, que hace que tú sientas que perteneces a ese sitio. Recordaba cosas buenas y malas, pero me gustaba la ciudad. Ellos son esotéricos, la nueva generación es new age, es maravillosa, jovenes creativos y preocupados por los  derechos humanos,

-          Te reconciliaste con tu país de origen.

-          No puedo olvidar. Pero ya no me importa. Yo no tengo rabia. No olvido lo que me  hicieron pero me siento bien allá. Y ellos lo entienden, que no pueda olvidar. Me gusta la música, el arte, lo que hablan. Ahora,  cuando veo los campos de concentración no me gustan.

-          Viviste en Bolivia desde los siete a los catorce años, ¿qué recuerdas de aquella  epoca?

-          Fue bellísimo porque me imagino que es como vivir en el Tibet, aislados por la altura. Eramos muy pobres y quizá por eso apreciabamos tanto todo lo que Bolivia nos ofrecía, que era también un país muy pobre pero que tenía, como Venezuela, una belleza natural fuera de serie y un cambio de atmósfera impresionante. Había comida suficiente, había cine todas las semanas, pero si tú me preguntas cómo era mi ropa, yo te respondo que era humilde, pero mi casa era bella porque mi padre quería vivir bien. Allí comencé mi relación con los pintores, pero yo no pintaba,  bailaba zapateo americano y también bailaba con las cholas, me gustaba mucho la música indígena. Me iba con mi padre a la cima de la montaña con las indias y los indios, y a veces encontrabamos piezas arqueológicas, pero ellos no iban buscando eso, ellos iban en una búsqueda espiritual que entonces yo no entendía. Pero me gustaba mucho meterme en la casa de los indios y nunca hubo diferencia entre ellos y nosotros, que eramos rubiecitos y de ojos azules.

-          Susy, ¿no has pensado en hacer una fundación que lleve tu nombre para presevar tu obra?

-          No, eso le corresponderá a mis hijas, si quieren. Yo lo que quiero es donar mis cosas a una fundación, pero voy a esperar que pase la crisis venezolana, porque en las crisis una se vuelve muy sentimental y de repente entrega las cosas a personas que no saben recibirlas. Yo quiero donar todas las herramientas para hacer grabados, hornos de esmalte, hornos de vidrio, cuadros, material de trabajo, para los chicos y las chicas de Venezuela que no tienen dinero para comprarlos.

-          ¿Cómo te sientes en estos momentos de tu carrera artística?

-          Ahora siento que va a ser el mejor momento de mi vida. No es fácil pintar, pero mis cuadros están saliendo como churros y me encanta lo que hago, puedo pasarme horas aquí.

-          ¿Una obra tiene una tiempo determinado de creación?

-          Para mí no. Este (señala un cuadro)  me tomó tres semanas. Este otro (señala otro cuadro) me tomó cinco años y nunca lo terminé. Pero ayer le vi los ojos a la mujer y sentí que ahora  la puedo terminar. Termino un cuadro e inmediatamente comienzo otro. Pero no puedo pintar dos cuadros al mismo tiempo.

-          ¿Alguna vez imaginaste que ibas a recibir tanto reconocimiento por tu trabajo?

-          No. Yo lo hacía porque me encantaba pero nunca miraba hacia el futuro. Yo iba día a día. Hasta que se me presentó la oportunidad de hacer la primera exposición. A partir de ahí no paré. Me siento muy contenta con los reconocimientos y tengo una frase: premio es premio. No importa si es el primero o el tercero.

-          ¿Estás orgullosa de lo que lograste?

-          Siento que podría haber hecho más. Que debería trabajar más y es lo que estoy haciendo ahora. Ahora quiero aprender más de computación, a trabajar con Photo Shop para incorporarlo a  mis cuadros. También estoy estudiando mitología y alquimia.

-          Sigues ávida de conocimientos.

-          Siempre tengo interés por todo.

-          Es por eso que te mantienes tan joven.

-          Yo diría que esa es la única forma... de llegar bien a vieja.

-           

Susy Dembo se ríe y los ojitos le brillan como a una niña feliz, su rostro se ilumina como el de una adolescente. Entonces pienso que su alegría de vivir y sus ganas de seguir aprendiendo nunca le darán paso a la vejez. No, Susy, nunca serás vieja. Aunque tu paso sea más lento por la enfermedad, la vejez nunca llegará a ti. Seguirán llegando los años, eso sí, para alegría de todas y todos los que tenemos la dicha de conocerte.

 (c) Archivos del Sur/Viviana Iriart

Viviana Iriart es periodista y escritora argentina. Desde 1979 vive en Venezuela.

 
 
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