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Se estrenó en el Teatro Colón
 

La Ópera "Maldoror" de Leo Masliah está basada en los cantos primero, segundo y tercero de "Los cantos de Maldoror" de Lautrémont y fue compuesta con el apoyo del Fondo Nacional de Música (FONAM) y del Fondo Capital, de la ciudad de Montevideo, Uruguay. La Dirección está a cargo de Santiago Chotsourian y la Régie de Leo Masliah.
(Buenos Aires) Con gran concurrencia de público se estrenó el domingo 22 de junio la ópera "Maldoror" de Leo Masliah en el Teatro Colón de Buenos Aires, está basada en los cantos primero, segundo y tercero de Lautrémont, Según palabras del compositor y régisseur uruguayo Leo Masliah: "Maldoror se presenta como un hombre cuya maduración supuso el descubrimiento y la afirmación de su propia maldad, constituida en la niñez a partir del contacto con el mundo, y que no es sino el reflejo de la maldad inherente a la sociedad humana y a su creador. Incapaz de reír, Maldoror se cortó la cara buscando imprimirle la expresión de una sonrisa, pero la operación fue infructuosa. Un insecto (es bicho de luz, cuya doble simbología consagra, como en Blake, el matrimonio del cielo y el infierno), ofrece a Maldoror la posibilidad de una dudosa redención, mediante el acto de ejecutar con una espada a la cautiva Prostitución; pero Maldoror opta por ejecutar al captor. Prostitución, liberada, se interna en el mar, cuyas profundidades albergan monstruos, que son los únicos (además de Maldoror) capaces de comprenderla ("). Maldoror decide erigirse en ministro del mal, y su sola cercanía impregna de discordia y desesperación los ámbitos donde, si reina la paz, esto es debido únicamente a no haberse revelado en ellos todavía el impulso destructor. Después de disolver la apacible velada de un núcleo familiar (y al propio núcleo), Maldoror traba amistad con un enterrador, a quien ayuda en su trabajo, motivado él mismo por buscar sosiego bajo tierra; esto no podrá ocurrir, pues los muertos, en ese cementerio, no descansan: no hay escape posible. La corrupción del cuerpo, además, es el sentido de la vida misma. Maldoror quiere abreviar ese trámite a una bella mujer que lo sigue. La belleza no es vista por él más que como materia prima necesaria para efectivizar la degradación. Maldoror instruye a un niño sobre la necesidad de prepararse físicamente para delinquir sin ser atrapado; el crimen sólo está prohibido para los débiles: en el mundo real, los fuertes imponen su ley y se eximen a sí mismos de cumplirla. Quienesno reconocen este orden, instituidos por Dios, son dementes y deben ser recluidos, pero un hermafrodita que es conducido a un asilo para insanos convence a sus captores de que existe un poder superior al de la irracional arbitrariedad divina:es el poder de las matemáticas, que subyace a todas las cosas, incluyendo al dios que creó al hombre para mortificarlo. Maldoror, siendo sordo en su niñez, tuvo una visión en la que el mundo era una fuente, de la que el creador se servía para su beneplácito. La voz humana surgió ante Maldoror como un desgarrador grito, capaz de franquear su hipoacusia, y como expresión del "dolor más punzante". Un barco naufraga, y Maldoror, desde la costa, tratará de asegurarse de que no haya sobrevivientes. Los tiburones colaboran en esto, pero también entre los depredadores reina la injusticia: una tiburona rezagada se ve impedida de acceder a su parte del festín. Maldoror acudirá en su socorro y los dos se perderán en las profundidades, abstrayéndose al orden social, un orden cuya criatura más representativa es el piojo, que habrá de proliferar hasta dominar el mundo. Unos pescadores extraerán del mar la cabeza de la Conciencia, cuya estéril prédica fue ahogada por Maldoror. Un grupo de niños apedrea a una mujer que perdió la razón luego de que Maldoror atacara a su progenie. Todas estas maldades que Maldoror propaga y sufre a la vez, desafiando a la hipocresía del mundo, como plantándose frente a la humanidad para decir: "¿veis lo que hago?" ¡Esto es lo que hacéis también vosotros, y no os atrevéis a reconocer!". son finalmente endilgadas a Dios, como último responsable, en un Juicio Final donde los papeles se invierten; la humanidad será el fiscal. y el creador el acusado." (") En el "Tratado de las Religiones", Mircea Eliade muestra que todos los sistemas míticos conocidos coordinan la configuración del mundo tal cual es, con la victoria de un dios creador (u organizador) sobre un monstruo marino asociado al caos primordial.
 
 
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