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Muestra en Boquitas Pintadas
 

En el espacio de arte curado por el crítico y profesor de Historia del Arte, Lic. Julio Sánchez, exponen Diego Ranea y Mauro Giacone
Nuevamente sorprende la muestra de dos artistas en el espacio de arte del Hotel "Pop" Boquitas Pintadas, del Barrio de Monserrat. Una de las muestras es de fotografías de Diego Ranea, quien fotografía "aguas". La otra es una instalación de Mauro Giacone, relacionada con el agua, pero la que corre por las cañerías. En las camas "hacen el amor una canilla-macho y un resumidero hembra". Una de las camas directamente está instalada en una habitación del singular hotel. La otra, en un pasillo. Esta instalación podría incluirse dentro del llamado arte contextual,que hace una crítica del negocio del arte y de sus instituciones, revela estructuras de poder y pregunta por la función política de los mecanismos de distribución y de las formas de exposición. Acerca de las fotografías de Diego Ranea, el profesor y crítico de arte Julio Sánchez dice: "Imágenes del Tirreno, del Egeo, del Caribe y otros tantos mares que Diego Ranea visitó y registró. Todos tienen aguas distintas: más o menos claras, más o menos tibias. Más o menos profundas; más agitadas, menos transparente. Aguas dulces o saladas, son aguas al fin. El agua es la misma, no importa en que latitud se ubique. Más allá de las riquísimas connotaciones simbólicas que tiene el agua -y que el mismo Ranea se ha preocupado por investigar- esta serie de mares nos da la oportunidad de abordar la cuestión de lo Uno y lo Múltiple, desde el ojo cordial de un artista. Lo Uno se manifiesta en lo Múltiple. En términos más cotidianos y algo metafórico: los colores del arco iris son la expresión de la unidad de la luz. En todo lo que vemos subyace una unidad última y Ranea nos hace ver que cada uno de los mares que fotografió (y a la vez todo aquello que puede ser fotografiado) tiene un nombre diferente, pero en esencia, son lo Mismo. En muchas religiones, particularmente las orientales, existe una conciencia de unidad e interrelación mutua entre las cosas y los sucesos. Los fenómenos (etimológicamente: “lo que aparece”) son manifestaciones de una Unidad. El hombre suele ver las cosas y los sucesos como unidades independientes, pero esto es sólo una ilusión (maia, para los hindúes, bonno para los budistas). Sólo mediante un estado mental equilibrado se puede experimentar la unidad del universo. A finales del siglo XX, los físicos cuánticos llegaron a las mismas conclusiones. Los componentes de la materia y sus fenómenos básicos están todos interconectados, no pueden entenderse como entidades aisladas sino como partes integrantes del todo. El científico David Bohm afirmó: “Llegamos a un nuevo concepto de inquebrantable totalidad, que niega la idea clásica del análisis del mundo en partes separadas e independientes. La realidad fundamental es la inseparable interrelación cuántica de todo el universo y las partes que parecen funcionar de un modo relativamente independientes son simplemente formas contingente y particulares dentro de todo ese conjunto” (On the intuitive understanding of nonlocality as implied by quantum theory, 1975). En otras palabras, el universo estaría interrelacionado por una especie de telaraña cósmica. Y existe un hilo unificador. Quizá en este contexto pueda entenderse esta bella afirmación budista: el aleteo de una mariposa provoca un huracán. Todo es Uno. Sólo el espíritu puede participar de esta Unidad (participation mystique). La razón, en cambio, con sur afán taxonómico no hace más que dividir y jerarquizar la realidad. Ranea recorrió partes de este mundo y encontró una unidad en la diversidad. No importa con que idioma se los designe, no importa cuan caro sea el acceso a esa playa; los mares tienen locaciones distintas, temperaturas desiguales, pero en el fondo, tienen el mismo agua. A la razón y a la mística, Ranea agrega el arte. El recorte de cada foto es tan aleatorio como el nombre de cada mar. Desde una imagen casi monocroma, desde una mirada precisa en un lugar y un tiempo que ya no es, Ranea muestra una parte y recuerda a la vez que existe un todo. Con una economía de recursos comparable a un haiku, Ranea capta un presente que es eterno. Pero todavía falta una última unidad. La del observador con lo observado. Es imposible que el artista no se compenetre con su objetivo. Estas fotos no están tomadas desde la mera observación. También aquí hubo una participation mystique. Decía Chuan Tzu: “Mi conexión con el cuerpo y sus partes está disuelta. Diciendo adiós a mi conocimiento, llego a ser uno con el Gran Omnipresente”. Cuando Ranea fotografía el agua, Ranea es agua. Y si es agua, es Todo. Mas allá de la imagen calma o enérgica, en estas fotos existe la oportunidad de cruzar un umbral: podemos atravesar la belleza sublime del agua para darnos cuenta que el hombre es agua, que no hay distancia entre el hombre y la naturaleza, y que todos somos parte de la Gran Unidad." Se incluyen más fotografías de la muestra en "Sección fotos".
 
 
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