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Mi país inventado, Isabel Allende
 

Podría pensarse, como dirían algunos psicólogos, que el libro de Allende trata de un duelo, por la pérdida de un lugar que se quiso mucho, donde se habitó, se amó, se rió, lloró, en definitiva, se vivió, tal vez, de donde nunca se fue del todo. También una frase de Heller podría sintetizar el nuevo libro de Allende: “Un hogar está más próximo a la lógica del corazón, el otro a la lógica de la razón”.

Mi país inventado, de Isabel Allende La autora chilena aborda nuevamente un tema autobiográfico (BuenosAires) Araceli Otamendi Cuando la filósofa Agnes Héller escribió ¿Dónde estamos en casa?Dijo: “El hábitat, la continuidad espacio temporal, la tribu y los dioses de la tribu, ellos, juntos, hacen un hogar premoderno. Este hogar es ahora conservado y ocasionalmente restaurado en el tercer hogar, el hogar vivo de la memoria. Ese es el hogar del “espíritu absoluto”, y aún podemos elegir habitar allí. En este hogar, podemos, dice Héller, estar en casa en todos los lugares y en todos los tiempos. ¿Dónde estamos en casa? Pregunta Héller y responde: Podemos estarlo en cualquier parte, esto es, en ninguna parte flotando libremente en el presente absoluto. La promiscuidad geográfica es una posibilidad abierta a todos, pero no podemos elegir nuestro tiempo. Más aún, sigue diciendo Heller, es eminentemente la experiencia de la contemporaneidad universal – que no ha sido causada aunque sí fácilmente diseminada por la telecomunicación – la que desencadena las ansias de conocer el mundo de la promiscuidad geográfica. Uno puede, después de todo, estar en casa en su hogar espacial, en el absoluto presente como su hogar temporal, en el reino del espíritu absoluto, esto es, en el tercer hogar, y también simultáneamente, en la cultura democrática de la constitución. Uno de los hogares puede llevarse en la espalda, a los otros uno desea retornar y el tercero nunca se ha dejado atrás. Esto, tan bien definido por la filósofa Agnes Heller es lo que ocurre en el nuevo libro de la chilena Isabel Allende. Sería muy largo de enumerar a qué me refiero cuando digo que “Mi país inventado” de la chilena Isabel Allende señala algunas verdades. Cada lector que se acerque a este libro, ya sea chileno, argentino o de la nacionalidad que fuere, sabrá reconocerlas. Si uno de los objetivos del escritor es justamente, demoler algunos prejuicios, la escritora chilena lo consigue. Este y “Paula”, el libro autobiográfico que Allende escribió a raíz de la enfermedad y muerte de su hija, es para mi uno de sus libros más logrados. Quise leer este libro sin los prejuicios que rodean, en general y últimamente a los libros de esta autora y también teniendo en cuenta el texto de Borges “La superticiosa ética del lector”, especialmente cuando dice: “La pasión del tema tratado manda en el escritor y eso es todo”. Allende escribe con pasión y eso tal vez sea importante, en una época, en que probablemente, la pasión esté apuntando hacia otros ámbitos que no son justamente la literatura o el arte. También Allende, como toda persona que se muda o cambia de casa, en este caso de país, ya que reside en los Estados Unidos, puede encontrar algunos defectos a su antigua casa, equiparables a todas esas cosas que se dicen cuando se llega a una casa nueva, recordando la anterior. Podría pensarse, como dirían algunos psicólogos, que el libro de Allende trata de un duelo, por la pérdida de un lugar que se quiso mucho, donde se habitó, se amó, se rió, lloró, en definitiva, se vivió, tal vez, de donde nunca se fue del todo. También una frase de Heller podría sintetizar el nuevo libro de Allende: “Un hogar está más próximo a la lógica del corazón, el otro a la lógica de la razón”. Editorial Sudamericana 221 páginas
 
 
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