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Cuentos, relatos, poemas
 

Cuentos y relatos de:

Cecilia Vetti (Argentina)
Alan Miranda (Brasil)
David Sánchez Juliao (Colombia)
Cecilia Vetti LA MUDANZA © Cecilia Vetti Al subir al taxi no nos miramos. La gringa tenía los labios apretados y los ojos secos. Yo me volví una vez más para verla: la casa de mi infancia, la puerta que mi hermano Bocha cerraba de un portazo cuando mamá lo retaba. No hay ningún vecino para despedirnos. Es como si todo el barrio estuviera dormido. El camión avanza más adelante. Parece cosa de magia que en ese camión pueda caber toda nuestra vida. Al cruzar la calle se ladeó para un costado, quizás es el peso de la heladera, que a buena y a antigua no le gana nadie. Fue una de las primeras en llegar al país. Cuando todavía esperábamos la voz del hielero y esos cubitos helados y transparentes eran como de milagro. Después de muchos años, el patrón me la regaló. Yo no podía creerlo. Por fin una bebida bien fresca. Hace calor aquí, estas ventanillas no alcanzan para darnos aire. Hace calor. Lo que más sobresale, es el aparador de la vieja. Con sus pequeñas flores cinceladas en los bordes. La vitrina seguro que se opacó de tanta bronca por quedarse sin cristalería. El tiempo inexorable la llenó de manchas oscuras. No tiene ni una sola rayadura. La vieja lo cuidó tanto, que se murió casi sin usarlo. Se pasaba las horas repasando los muebles, como si con eso pudiera recobrar algo. La vieja realmente se enfermó de miedo. El golpeteo de las botas en la casa le vació el pensamiento. Después, nada fue igual. Buscar al Bocha todos los días con el padre Aurelio. Siempre las mismas contestaciones: No está registrado. Paradero desconocido. La Cruz Roja, la Cruz Blanca, y todas las cruces del mundo. Cuando la vieja preguntaba, ella, que siempre habló susurrando; el que tenía más galones le respondía: “No escucho, No escucho” Con esas voces monótonas y frías que a uno le serruchaban la vida. Entonces, el padre Aurelio la agarraba del brazo y salían a la calle. “Que cosa, que un hombre tan grande como el Bocha, un muchacho tan bueno y maestro, haya desaparecido así nomás” repetía la vieja. Y me lo decía a mí, que nunca me atreví a buscarlo. Primero fue maestro, después sociólogo. Podía haber sido mecánico, carpintero, cualquier cosa. Pero no, él quería arreglar el mundo mientras yo la yugaba día a día, matando vacas en el frigorífico. Siempre me pareció que las vacas sabían que las iba a matar. Me miraban con los ojos fijos, como esperando algo. ¿ Como habrá sido la mirada del Bocha? Un día, la vieja volvió con las manos vacías, se fue hundiendo en su sillón y se largó a morir. Cuando gastó todas sus lágrimas, le quedó la añoranza, y después, ni siquiera eso. Se fue secando de a poco, como esos árboles que ya son puro tronco. Cuando la vieja murió, en el ochenta y tres, la calle reventaba de bombos y gritos. Ya ni siquiera recuerdo quienes tocaban el bombo. Otro bache como ése, y los muebles se quedan en la calle. Ellos también pueden querer escapar a su nuevo destino. El tarro azul salió volando y fue a pegar contra el empedrado. Otra vez un trabajo del Bocha pegando sobre los adoquines. Ese tarro está tan viejo que no vale la pena bajar para agarrarlo. También, la gringa tuvo que traer la cama del Adrián, con lo pesada que es. Realmente es una buena cama, aunque ahora el Adrián no se tire en ella. Es como recostarse sobre una ilusión, y van... Qué extraño, el tiempo de mi hijo se me borra, como si nunca hubiese vivido en mi casa. La culpa fue de la gringa que quiso que estudiara. Yo tuve que deslomarme para darle el gusto. Y bueno, al fin y al cabo, el pibe fue siempre un alumno brillante. Después, el sueño quedó reducido a un marco en la pared: Ingeniero Industrial. El hombre del futuro, mi Adrián, llenándose de niebla y de idioma extranjero. Y entonces, para qué tanta oración a la bandera, tanto, “Si, juro”. La gringa siempre nos hacía parar cuando tocaban el himno, y después, a la primera de cambio: “Chau Adrián, andáte, este país no sirve”. Y ¿qué le van a dar allá?: unos cuantos verdes, un poco de confort y mucha nostalgia. Quizá un día vuelva, con un chico criado en un país extraño, sin abuelos, sin tango, sin mate, sin: “Alta en el cielo un águila guerrera”. La culpa la tuvo la gringa que quiso que estudiara. Tuvimos que dejar la casa porque hacía agua por todos los costados. Las piezas eran un lodazal en los días de lluvia. Hasta teníamos miedo de ahogarnos, ahí, los dos solos. Quise ser un verdadero capitán y fui el último en salir. Las pobres macetas se quedaron mirándome con sus hojas secas. Casi me volvería a buscar el tarro azul. Pero para qué, si en esta avenida ya estará muerto. Mejor, un recuerdo menos. La gringa consiguió una portería en el barrio norte. Tan lejos de Barracas. Seguro que en esas calles no habrá barras del café, ni música de tango. En un barrio finoli, un tango está demás. Seguro que es un departamento interno, de esos que uno tiene que salir a la calle para saber si hay sol. Cuando le pregunté, no quiso contestarme. Sin una ventana a la calle y sin el patio no creo que pueda aguantar. La gringa es capaz de poner el patio en el balcón para ilusionarse. Ella siempre se las arregla para fantasear. Este camión no creo que llegue, y menos con esa gran cama bamboleándose. Y bueno, una cama como ésa, no importa que se rompa. Si total, en esa cama ya no caben más sueños. Allí el alma se partió de golpe y dijo basta, qué joder. Se fue la juventud, y la gringa parece una extraña y yo cada día pensando más en la vieja. Estas autopistas lo cambiaron todo, los barrios las vieron crecer desde un costado; enmohecidos y ausentes. El Adrián dice que en el país del norte nadie nos conoce. Que nos perdimos en el agujero de ozono, dice. De puro ignorantes, porque yo sé muchas cosas de ellos. El Bocha siempre se las arreglaba para enseñarme algo. Mejor que no nos conozcan, total, nosotros siempre fuimos los primeros. Me lo dijo la maestra de segundo grado: “Chicos, la Argentina es uno de los primeros países del mundo”. Qué cosa, eso nunca se me pudo borrar. Y seguro que en el próximo campeonato mundial vamos a salir campeones. Porque tenemos al mejor jugador, casi un santo que adoran en Nápoles. Ahora ya no importa, con quién voy a salir a festejar si el Adrián está lejos. Hace frío, por la numeración falta poco para llegar. Hay una plaza cerca, tan parecida a la otra. Las plazas siempre se parecen. Tal vez, hasta me pueda jugar un partido de bochas. Suerte que va haciéndose la noche. Hasta tengo ganas de agarrarle una mano a la gringa. Como antes. Pero no, un macho no hace eso. Los machos no lloran, ni se bajan del taxi para buscar tarros azules. Parece que la gringa sí está llorando. Será porque allá quedó la biblioteca del Adrián, con todos esos libros humedecidos. El sucesor del padre Aurelio seguro que va ir a buscarla. O será por la maceta grande, con ese helecho que nunca se atreve a secarse definitivamente. Tiene las manos hinchadas, la alianza le aprieta. Creo que ya no podrá sacársela. Ya llegamos, siento el aire del río. El camión se detiene. La gringa me mira asintiendo. Le tomo la mano fuerte, como si fuera la primera vez. Mejor que está oscuro, así nadie podrá curiosear la vida que traemos en el camión. © Cecilia Vetti Sobre la autora: Cecilia Vetti nació en el Barrio de Boedo, Ciudad de Buenos Aires. Sus cuentos han sido premiados en distintos concursos literarios de la Argentina. El cuento “La mudanza” ha sido publicado en el libro “La soga del tiempo”. ------------------------------------------------------------------------------------- Alan O. Miranda JACIRAou aranha de estimação Acho que todo mundo já viu isso. Você está andando na rua,às vezes, até sem saber que existe e, do nada, alguém grita:· Um rato! O bicho acaba de sair da casa de alguém ou de um bueiro. Aí começa. · Um rato! Pega! Mata! Aleija! Corre! Todo mundo começa a correr atrás do roedor, ou correr dele, que é grande e já tá despelando de velho, aí alguém consegue o chute esperado e o bicho voa, outro pega o porrete, mete no bicho, vem mais um com álcool, joga e faz a fogueira. Tá lá o churrasco de rato em plena calçada. Há variantes. Às vezes, não se queima o infeliz. Ou então ele consegue escapar. Mas sempre há um alvoroço. E como há. Me irrita muito isso. O povo coloca nesses bichinhos todos os seus traumas. Sempre que posso evito essas barbaridades. Uma vez estava na sala com a amada assistindo um lobotomizante programa de TV, quando ela viu Jacira.· AHHHH! · Que foi? · Ali! · Ah, é a Jacira. Qué que tem? · É uma aranha! · Sim. É linda, né? Estranho você só tela visto agora. Ela está naquela posição há três dias esperando uma barata passar. É isso que vocês leram mesmo. Uma barata. Jacira é grande o suficiente para comer uma barata das grandes. De patas esticadas ela é do tamanho de minha mão. Mas tem a textura de um mirim. Conhecem mirim? Uma coisa linda.·Como linda? Como linda? Tá maluco? Vou pica-lhe a sandália nela! · Heim? Mas não vai mesmo!Aí o pau comeu. Minha mãe não matou Jacira! Por que você vai matar Jacira?· Por que é uma aranha! · E...? · Ela pica! · Você conhece alguém que já foi picado por uma aranha? · . .. Mesmo assim! · Não. Peraí...Falei do exemplo do rato. Contei a história toda. Falei calminho, calminho.· E o que é que tem o rato com o fato de você ter uma aranha de estimação gigante chamada Jacira? Muita coisa. Pensem comigo. Você é uma criança bem novinha, certo? E acaba de lagar o barro. · Largar o barro? · É. Defecar. E vai pegar na sua obra. Qué que mamãe fala?· Não coma cocô que o rato te pega! · Não pega na tomada que a barata te pega! · Olha a aranha! Olha o Rato! Olha essas coisas pequenas todas de que morremos de medo! Pronto. Depois de um tempo é muito simples. Quando o rato passa por você na rua aquilo é tudo, menos um rato. É seu medo, seu terror, sua fúria pela vida e mais umas coisinhas que só uma terapiazinha poderia definir melhor. Quando falo as minhas teorias ela sempre me olha com pena. ·Então, minha filha, não me venha querer matar a minha aranha só por que você ver nela uma versão arquétipica de seus monstros internos. Ela, a Jacira, não tem nada a ver com os seus problemas! Ela está ali há três dias esperando uma barata passar e só vai sair dali quando conseguir o que a sua espécie faz a milhões de anos para sobreviver, que é comer uma enorme e suculenta... · Mas ela pica! · Não pica... não existe aranha que consiga picar um homem na Bahia, nem a Jacira... ·Pica! · Não pica... · Pica. · Vá a merda! Deixe a minha aranha em paz e pronto. Merda!Quando os argumentos não funcionam – e não tinham mesmo como funcionar, pois a amada estava desesperada – a ignorância é uma arma bem vida. Ânimos serenados,todo mundo de cara fechada,aos poucos, Jacira foi sendo esquecida, a lobotomia televisiva nos tomou conta e ,quando já estávamos quase convencidos de comprar um dos produtos do comercial...· AHHHH! · De novo? Você já conhece Jacira...! · Olhe!Jacira estava com a barata se debatendo entre as presas. Outro grito.· Eu odeio insetos!! · Se você se referiu a Jacira, ela não é inseto, ela é aracnídeo. Mas a barata é. · Agora eu mato! E lá vai eu de novo... (C)Alan, o Miranda. O autor: Alan Miranda é ator e professor de teatro. Atualmente está em cartaz com a comédia musical "Isto É Bom Demais!", é coordenador do Projeto Ato de 4, na Escola de Teatro da UFBA e estudante de Artes Cênicas da mesma. ------------------------------------------------------------------------------------ David Sánchez Juliao A L M A C O S A R I O ZAPATO ZAPATA Zapato Zapata fue un zapatito que un lunes cualquiera decidió fugarse de la zapatería y salir a predicar de vitrina en vitrina, de almacén en almacén, de fábrica en fábrica, de taller en taller, pidiendo a zapatos, chanclas, sandalias, zuecos, pantuflas, tenis y botas que se fugaran como él de la vida ciudadana y se fueran al monte o a la clandestinidad urbana, no con el propósito de crear nuevos focos guerrilleros ni mucho menos con la intención de hacer la revolución, sino con el sólo objeto de que la gente, por fin, ante la ausencia de calzado, se viera forzada a poner los pies en la tierra. ENTRE LÁPICES En una fábrica de lápices para la exportación, dos lápices conversaban un día: -- ¿Y por qué fabrican aquellos colegas sin borrador? -- Es que esos van para la América Latina. -- ¿Y eso qué es? -- Una tierra lejana en donde nadie reconoce errores. PARO CARDÍACO Los corazones del mundo (todos) decidieron un día entrar en huelga. Habían sentido que estaban siendo usados para manifestar sentimientos contrarios a la bondad de la naturaleza humana. Fue así como en una asamblea general ordinaria de la A.M.C. –Asociación Mundial de Corazones-- se decretó un paro cardíaco general. Fue el fin del mundo, acontecido de la manera más insólita y menos esperada. La gente fue cayendo al suelo en sus casas, en las calles y en todas partes. Y no hubo temblor de tierra, ni fuegos extraplanetarios, ni inundaciones, ni voladura de torres, ni catástrofes de ningún tipo. El mundo se acabó por donde más se sentía la maldad. YA ERA TIEMPO Nadie en la relojería pudo entender, ni mucho menos justificar, que las aspiraciones de aquel relojito humilde fueran las de llegar a ser reloj despertador, y las de aprender alpinismo, para así subirse al pico más alto de Los Andes, poner la alarma a las seis de la mañana y campanear, campanear y campanear, hasta que todo el Continente despertara de su sueño. CAUSA ULTIMA Un revólver Colt-45 agarró un día una pistola, se la llevó a la sien y se metió un tiro. Lo hizo por decepción amorosa: no había podido conseguir el amor de una 32-corto. Como sucede con el alma de todo suicida, sus balas no fueron al cielo ni al infierno sino que quedaron penando para siempre en un eterno errar por el mundo. DON MOLINO DE LA MANCHA En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivió un molino de esos de aspa de maderos, harina antigua y lúgubre interior. Un día comentó a su molino vecino: -- Mirad, señor, vienen allí caminando hacia nos... un par de bultos de trigo. -- ¡Que no son bultos de trigo, tontarrón –exclamó el vecino--. Que son un caballero andante y su escudero! -- Que son dos bultos de trigo, os digo. Los estoy viendo con mis propias ventanillas. -- A vos, señor --volvió a hablar el primer molino--, os ha empezado a afectar tanta lectura ALÓ... ALÓ !! Un día un teléfono llamó por teléfono a otro teléfono. --Oye --le dijo-- me gustaría que discutiéramos sobre el problema del cruce de líneas, la interceptación de nuestros diálogos, la hosquedad de las operadoras y otras cosas de menor importancia, como eso del terrorismo y el... -- !No seas ingenuo! --le interrumpió el otro-- !Cómo se nota tu inexperiencia en estos asuntos! ¿Cuántas veces te he dicho que estas cosas no son para comentarlas por teléfono sino personalmente! NOTICIA Erase una ciudad iluminada por luces de neón, faros de automóviles, avisos comerciales, calcomanías fosforescentes y señales de tráfico. Por ella, perdido entre callejones, deambulaba en las noches el fantasma de una triste lamparita de petróleo. -- Es una lámpara ciega --señalaban diarios y revistas, y periodistas de radio y televisión--. Es una lámpara ciega --insistían--, pues dice buscar a un hombre y no ve a todos los que andamos por las calles. TELECONTAGIO Un grupo de televisores que jamás había visto televisión se sentó un día en la sala de un amigo a mirar un programa en la pantalla de un colega de 24 pulgadas. Tomando conciencia de cuanto habían hecho a la Humanidad, fue un anciano PHILIPS holandés de patitas y con alma aún en blanco y negro, quien convenció a los compactos jóvenes japoneses de colores, alta resolución y control remoto... que bebieran la pócima de cicuta que habría de redimirlos en la muerte del imperdonable atentado contra el diálogo socrático. LÓGICO Hubo una vez un poeta que se acercó a un olmo a pedirle peras, y el olmo se las dio. Pero dejó claro que había hecho aquello para que el mundo entero supiera que la lógica botánica daba sus ramas a torcer ante una sola lógica: la lógica poética. ASILO Ayer en la tarde un semáforo se asiló en la embajada de un país amigo. La policía secreta había empezado a perseguirlo porque a partir de un mediodía se le dio por romper las convenciones y marcar el siga con rojo y el alto con verde. El país amigo, democrático también, decidió favorecerlo con el asilo político porque, a pesar de todo, el semáforo rebelde seguía pensando que la precaución se marcaba con amarillo. NUMISMUNDO Las monedas y los billetes de un coleccionista leyeron una vez a escondidas el prólogo de un manual de numismática en el cual se hablaba de un planeta en donde los hombres no usaban el dinero para comprar cosas; sino que, siendo monedas y billetes los reyes de la Creación, eran ellas y ellos quienes usaban a hombres y mujeres para echárselos al bolsillo y utilizarlos como unidades de cambio. LA MANZANA Una manzana que había sido expulsada de su casa por podrida, empezó a rodar tierra y encontró con el paso de los días que no estaba tan descompuesta como otros decían, sino madura, y que ese, el de ser roja, tierna y dulce era el estado natural de las manzanas; y que a partir de él, ella podía realizarse en la función de satisfacer y alimentar a la Humanidad. "Claro --pensó una noche, con madurez--, hasta mi propia especie ha caído en las garras del aforismo y las trampas del sofisma". INSTANTÁNEA Una cámara KODAK americana se echó al hombro un día una MINOLTA japonesa y salió a la calle a tomar fotografías. Extrañada observó que, luego de revelar el rollo, la gente aparecía en las fotos con los ojos angulados. "¿Y a qué se debe esto tan extraño –se preguntó--, será que en esta parte del mundo no miramos la realidad con ojos propios?". PLÁ$TICO Una noche, los VISA, una familia de tarjetas de crédito, decidieron salir a cenar a un restaurante. Al pedir la cuenta, papá VISA sacó del bolsillo una billetera en la que cargada hombrecitos, e intentó pagar con ellos. -- Ah, ah, ni hombrecitos ni mujercitas --aseveró el mesero--. Únicamente efectivo. -- ¡Pero... siempre los han recibido! –insistió papá VISA. -- Sí. Antes –acotó el mesero--. Últimamente la máquina los rechaza porque salen sin fondos, y con cierta falla en la banda magnética. AUTOTEXTO Un día, en la triste soledad de una biblioteca pública, un libro decidió abrir sus páginas, sentarse, encender una lámpara y leerse a sí mismo. Aprendió mucho, pues se trataba de un libro sobre los medios de comunicación en la era actual, entre los cuales, ellos, libros, eran de poco uso. De modo que el libro tuvo tiempo para releerse, subrayarse y analizarse, de la misma manera que tuvo tiempo para hacer lo propio con el resto de libros de la biblioteca. Tan sabio llegó a ser, que pronto fue ascendido a enciclopedia y pudo entender que, claro, vivía en un mundo de analfabetas en el cual los libros eran las únicas personas que leían cosas importantes y a conciencia. Pronto, convenció a sus colegas de que abandonaran las bibliotecas y se fueran a los parques de diversión, a los cines, a las calles, a los estadios deportivos, a los restaurantes de comida rápida, a los supermercados, a los centros comerciales, a las emisoras de radio, a las salas de belleza, a las playas y a las salas de televisión con el propósito de leer a la gente. "Hay tanto que aprender de ellos" –concluyeron– "que no habíamos caído en la cuenta de que el mundo es una enorme biblioteca –y se preguntaron—: "¿Por qué será que nos tenían encerrados?" –, a lo que un anciano Tratado de Ética respondió--: "Es que lo que se encierra es siempre lo peligroso". UVAS VERDES "Quiso una zorra hambrienta, al ver colgando de una parra hermosos racimos de uva, atraparlos con su boca..." (Esopo) , pero el más inteligente racimo pensó: -- Qué tonto fue Esopo y qué tonta ha sido la Humanidad, y hasta qué tontos han sido los propios racimos temerosos. !Ignorantes: las zorras no comen uvas! LA HORA Las campanas de la torre empezaron a tocar a rebato y por su cuenta. La gente entonces se congregó en la plaza, frente a la iglesia, y preguntó a las campanas: -- ¿A qué se debe tanto alboroto? Las campanas respondieron: -- A que ya es la hora. -- ¿La hora de qué? -- Ah, ese es problema de ustedes. Nosotras nos encargamos sólo de dar la hora, ¡pero ya es la hora! LA BALANZA (I) Los jueces del Tribunal entraron un día a la Gran Sala y encontraron la Balanza de la Justicia un tanto cargada a la izquierda. La Balanza fue procesada, condenada y ejecutada. LA BALANZA (II) Los jueces del Tribunal entraron un día a la Gran Sala y encontraron la Balanza de la Justicia un tanto cargada a la derecha. La Balanza fue exaltada y elevada a dignidades objeto de emblema de la Patria. Al año... estaba peculando. LA BALANZA (III) Los jueces del Tribunal entraron un día a la Gran Sala y encontraron la Balanza de la Justicia en justo balance: perfectamente centrada. Se dictó contra ella entonces un auto de detención preventiva. Al año... se le permitió regresar a sus labores pero bajo fianza y libertad condicional. LENGUAS DE FUEGO (Al Trojatón) Una vez, el fuego acabó con una hermosa colección de discos. La gente, lógico, se puso triste, muy triste. En cambio, un viejo y sabio Long Playing, que llevaba la música grabada en el alma, los tranquilizó: --No se aflijan --les dijo--: lo que ardió fue el acetato. La música contenida en los discos sigue viva y está ensayando en el cielo, que es el lugar adonde van las notas cuando mueren o se olvidan. Así que muy pronto, cuando las están escuchando o bailando, esas notas descenderán sobre ustedes en forma de lenguas de fuego... a poseerlos como espíritus santos. ABRELATAS Hubo una vez un abreletas que se casó con una feminista del subdesarrollo. NOCIÓN Un espejo se miró a otro espejo y, reproduciéndose al infinito, ambos tuvieron por fin noción de la Eternidad. Hasta que otro espejo los usó a ambos para peinarse. (c) David Sánchez Juliao Sobre el autor: David Sánchez Juliao, colombiano, con formación en literatura, comunicaciones y sociología, ha publicado novelas, cuentos, fábulas y testimonios con prestigiosas editoriales de Colombia y otros países. Ha sido tres veces premio nacional de cuento y una de libro de cuentos, lo mismo que Premio de Novela Plaza y Janés con Pero sigo siendo el rey. De esta novela, como de otras de sus obras, se ha hecho una versión para televisión difundida ampliamente en muchas lenguas. Sánchez Juliao ha sido traducido a varios idiomas y ha residido, por razones académicas y diplomáticas, en varios continentes. Recientemente obtuvo el Premio Internacional Dulcinea 2000 otorgado por la Asociación Cervantina de Barcelona. dsjuliao@latino.net.co
 
 
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