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AULA de Innovación Educativa / Aula Material
Aula nº 30: Tenemos un tesoro en clase [23-08-2003]
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  María Carmen Díez Navarro
 
ISSN :1132-0699
«Cuando yo tenía cuatro o cinco años, mis tías de Valencia me regalaron un cofrecito forrado de terciopelo rojo, completamente abarrotado de perlas, anillos, pulseras de bisutería, y de toda clase de pendientes relucientes y preciosísimos. También había botones de cristal, de nácar, de seda..., trozos de cadenas variadas, llaves diminutas

«de oro y de plata», y una cajita negra, con la tapa de flores, «enroscable», llena de pequeñas piedras para engarzar... «¡Auténticas!», según me dijo mi tía Horten

con bastante empaque. Había rubíes, amatistas, aguamarinas, coral, marfil, y hasta dos diamantes. ¡Eso sí que era un tesoro! ¡Qué regalo tan perfecto!.

Lo extendía sobre mi cama para mirarlo y remirarlo.

Me lo colocaba encima por donde buenamente podía... y me creía, de todas todas, que era «la reina de los mares »... Lo tocaba, lo enseñaba (con grandes precauciones, claro), lo soñaba,... lo adoraba. ¡Cuántos juegos, cuánta imaginación, cuánto de bueno me vino en ese cofrecillo!

Algo así me volvió a pasar cuando descubrí los cromos, las calcomanías, los recortables, los libros, los retales de tela, que me daba una modista vecina... Me entusiasmaba muchísimo con cada una de estas cosas, que tanto placer lograban proporcionarme. Creo, de verdad, que aquellas primeras colecciones que yo cargaba de pasión, me abrieron para siempre el gusto por la belleza.

Me parece que es esto por lo que en mi clase siempre hay lugar para «los tesoros», sean del tipo que sean. Este año, sin ir más lejos, tenemos siete pulseras en «la caja del tesoro», unas cuantas piedras «que brillan», un conejo de porcelana con «destellos» dorados, una diadema de purpurina, lentejuelas... y un montón de papeles de caramelo

de colores. Cuando los niños extienden estas cosas en la mesa, y se las prueban, las miran, las ordenan, las acarician..., me siento tan cerca de ellos...»Me he permitido introducir así este trabajo, porque entiendo que muchas de las cosas que hacemos los maestros con niñas y niños de Educación Infantil parten de vivencias muy nuestras, que habría que rescatar del olvido, y traerlas a la escuela para volverlas a disfrutar, en

compañía de los niños.

Y ésta es básicamente mi propuesta. Vamos tantas veces en busca de magníficas fuentes metodológicas, intentando encontrar las palabras para correctísimas programaciones «reformadas», que nos dejamos a un lado, sin darnos casi cuenta, «lo nuestro», y esto también forma parte del quehacer educativo, o al menos así lo veo yo.
 
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