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Telos / Número 5
El miedo del periodista al neologismo [01-01-2000]
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  José Fernández Beaumont
 
ISSN :1575-9393
Determinadas secciones y medios de comunicación ven agravarse los peligros en cuanto a neologismos y tecnicismos importados. Los libros de estilo, la Academia en algunos casos y los Departamentos de Español de contados medios intentan hacer frente a esta avalancha.

Se acusa al profesional español de los medios de comunica­ción de ser el principal cau­sante del progresivo deterioro del idioma porque utiliza con excesiva frecuencia y sin mo­tivos fundados extranjerismos y voces foráneas en lugar de expresiones caste­llanas para referirse a algo o a alguien que ocu­pa un lugar digno de ser destacado en la actua­lidad. No se puede olvidar que el periodista tie­ne que vencer en esta tarea las dificultades propias de la urgencia, por una parte, y, por la otra, la falta de directrices claras por parte de los organismos teóricamente responsables de mantener la pureza del idioma. Para compensar estas carencias y peligros el redactor cuenta en su medio con manuales o libros de estilo y de­partamentos de edición que cumplen, entre otras, la función de registrar y adoptar nuevas palabras y expresiones.

"Yo me limitaría a pedir a los periodistas una preocupación por el idioma, una cultura básica; que lean, que vayan al teatro" (1). Este consejo elemental, ofrecido recientemente por Antonio Tovar, académico y excepcional estudioso de la lengua española, a quienes tienen la función y la obligación de codificar informaciones en bru­to para una audiencia masiva y heterogénea, y de hacerlo con la urgencia que requiere el tra­tamiento de la información de actualidad, no es suficiente.

Cuando el periodista español se sienta a re­dactar su información ante el teclado electróni­co y la pantalla del videoterminal de edición, o se dispone a dar forma coherente a un texto que será leído a los pocos minutos ante un mi­crófono o ante una cámara de televisión, adopta siempre una postura "de prevención" ante la amenazante invasión de nuevas palabras o de nuevas expresiones, la mayor parte de ellas ex­tranjeras, que sabe que, inevitablemente, se le vienen encima.

Naturalmente la cantidad y contenido de es­tas nuevas voces estará en función de la sec­ción específica del medio en que trabaje. La in­formación internacional, económica, científica y cultural y, en gran medida, la deportiva, serán las áreas más propicias para enfrentarse a esta experiencia de registrar, acuñar y relanzar ex­presiones en principio ajenas al propio idioma. A otras secciones como política, regiones, local y también cultura, les tocará lidiar más frecuen­temente con otros problemas derivados de la utilización del lenguaje en la propia comunidad lingüística (cabe hacer aquí una primera refe­rencia a los problemas que produce la adapta­ción al castellano de expresiones y nombres de idiomas autonómicos). Pero lo que se puede considerar como neologismo o extranjerismo como invasión de palabras del exterior se sitúa casi en su totalidad en las secciones citadas en primer lugar.
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