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Telos / Número 25
 Recuperar el estudio del receptor
Enrique Guinsberg 
 Los años 80 han permitido comprender la importancia del receptor como sujeto del proceso comunicativo. Pero su estudio exige una dialéctica entre lo histórico‑social y lo subjetivo, sin las perspectivas unilaterales dominantes. Ya se está convirtiendo en un lugar común decir que la dé­cada recientemente termina­da pasará a la historia por la crisis y cambios producidos en prácticamente todos los mi( terrenos, que van desde los políticos, inesperados y espectaculares, en los países del campo llamado socialista, has­ta los teóricos en todos los campos de las ciencias sociales («crisis de los paradigmas», auge de un «post‑modernismo» tan difícil de conceptualizar, etc). ¿Puede sorprender en­tonces el cambio notorio que también comen­zó en el estudio de los medios masivos de di­fusión? (1). Existe amplia coincidencia en que en las décadas de los 60 y los 70 su centro preponderante estuvo en la denuncia de la manipu­lación de las masas y en el análisis ideológi­co de los mensajes, para pasarse luego a una etapa cientificista (donde se destacaba el estudio del discurso, el surgimiento de nue­vos medios tecnológicos, etc., con una impor­tante negación o desvalorización de lo histórico‑social) (2). Es a fines de los 80 que comienza a re‑comprenderse la importancia del receptor o de los receptores como suje­tos activo/s y no pasivo/s del proceso‑comu­nicativo, forma de estudio recién comenzada y que exige su desarrollo para incluir aspec­tos hasta ahora no considerados, o mínima­mente incorporados, para que se pueda lle­gar a una dialéctica que tenga en cuenta tan­to lo histórico‑social como lo subjetivo, sin las percepciones unilaterales hasta ahora domi­nantes.
 
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