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Telos / Número 22
 Sociología, autoridad y metacomunicación
Enrique Gil Calvo 
 Este duodécimo congreso mundial de Sociología es el primero que se ce­lebra bajo el síndrome del fracaso del marxismo, cuya absoluta derrota polí­tica no puede dejar de tener inevitables repercusiones en la teoría sociológica, al ser Marx el primer inspirador del pa­radigma metodológico que reconoce el concepto de relaciones sociales como objeto central de estudio. Simbólica­mente, la primera sesión del primer simposio se titula «Emergencia y desa­fío de los modelos de elección racional en el estudio de la conducta». Pues es aquí, en efecto, donde parece detectar­se la presencia del eterno enemigo: el individualismo metodológico. A este respecto, hay que reconocer que la teo­ría sociológica se ha revelado incapaz, durante los últimos 30 años (1967 fue el último año de buena cosecha, con apor­taciones resonantes de Parsons, Watz­lawick, Buckley o Berger y Luckmann), de descubrir nada nuevo. Y mientras tanto, a partir de la escuela de Chica­go (Gary Becker, fundamentalmente, y su enfoque económico del comporta­miento humano) ha tenido lugar la revo­lución neoclásica, cuyos análisis mi­croeconómicos han extendido sus mo­delos utilitaristas hasta invadir y coloni­zar, con imperialismo metodológico, los campos antes reservados en exclusiva a la aplicación de los modelos socioló­gicos: desde los sistemas políticos (pu­blic choice) y los movimientos sociales (movilización de recursos) hasta la nup­cialidad, la fecundidad o la participa­ción laboral (nueva economía doméstica y capital humano) pasando por la ac­ción colectiva y la interacción estraté­gica (teorías de juegos, dilema del go­rrón y dilema del prisionero). Cabe, pues, alarmarse: la rendición de la teo­ría sociológica, ante el avance de su enemigo el individualismo metodológi­co, parece más grave que la del socia­lismo ante el liberalismo. Ahora bien, la cosa venía ya de lejos. Al fin y al cabo, la ofensiva actual de la microeconomía neoclásica es directa­mente heredera del clásico paradigma de la economía política inspirada por el racionalismo individualista británico: Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill son inconcebibles sin John Locke y David Hume. Pues bien, es contra este paradigma metodológico contra el que se institucionalizó explíci­tamente la teoría sociológica a partir de sus tres padres fundadores: Marx, Dürkheim y Weber. No sólo la sociolo­gía surge ideológicamente como reac­ción romántica contra los efectos socia­les modernizadores de la revolución ca­pitalista e industrial, sino que su argu­mentación metodológica pretende pro­bar que las formas sociales del compor­tamiento humano no pueden ser redu­cidas al cálculo racional con que los in­dividuos persiguen su propio interés. Así pues, este fin de siglo que vivimos parece sometido al mismo tipo de de­bate intelectual que animó el fin de si­glo pasado
 
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