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Telos / Número 19
 Integración: el cuento de nunca acabar
José María Pasquini Durán 
 Hay dos maneras de tratar este tema, igual que en el cuento del vaso ocupado hasta la mitad con agua. ¿Está semivacio o semilleno? No importa que se elija la respuesta optimista o pesimista, nadie puede negar que las nociones de integración y comunicación circulan jun­tas desde hace varias décadas y que más de una vez coincidieron en experiencias prácticas. Sería injusto atribuir la general debilidad de los resultados obtenidos a la flaqueza conceptual de las propuestas o al insuficiente ánimo de sus portadores. El número y la calidad de iniciativas, ener­gías y recursos empleados son prueba su­ficiente de la persistente voluntad de sos­tener y estabilizar la reunión de esas dos ideas motrices. Para no retroceder demasiado en el tiempo, hay que remitirse a los potentes argumentos utilizados durante los años se­senta y setenta para enjuiciar a los mono­polios informativos internacionales. Desde entonces se dice, en efecto, que la fun­ción comunicativa debía atender a tres objetivos básicos: 1) sostener y expandir las identidades culturales, 2) integrar los territorios y 3) favorecer los programas generales de desarrollo económico‑so­cial Basta una rápida revisión al ideario de la integración regional para percibir la igualdad de objetivos. Otra coincidencia se refiere a las de­mandas por una mayor horizontalidad de los flujos informativos para atender a la realidad histórico‑política de la región y respetar el principio de igualdad de oportunidades. La horizontalidad, por cierto, es un concepto irrenunciable de la integración, su principal virtud y su mayor desafío, porque a partir de elementos de­siguales debe construir un sistema armó­nico, equitativo, asentado, en definitiva, sobre aquel mismo principio de oportuni­dades iguales para todos. Hay que destacar, asimismo, que nin­gún sector particular puede reclamar el patrimonio exclusivo de esa volun­tad. La historia de los innumerables estudios y proyectos, así como de la más restringida cantidad de ejemplos concretos, comprueba que esos impul­sos se han manifestado mayoritariamen­te en el Estado, pero también aparecie­ron en la empresa privada o en empren­dimientos combinados, muchos de ellos con la cooperación y la solidaridad in­ternacionales proporcionada tanto por entidades privadas, estatales e intergu­bernamentales, como por agencias y fon­dos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
 
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