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Telos / Número 19
 El desequilibrio informativo ya no es una cuestión externa
Raquel Salinas 
 Las redes y agencias creadas en América Latina componen un modelo único frente al desequi­librio informativo. Pero su existencia no ha supuesto un cambio en la situación informativa de la región. Las agencias de noticias tienen una función peculiar: su nego­cio es describir el mundo. Ellas definen los límites y ca­tegorías de la información pú­blica sobre los asuntos mun­diales. Y al definir la realidad, también definen los límites de la acción colec­tiva. Por esta razón, en la década del setenta ‑época de la gran lucha por un “nuevo orden informativo internacional, NOII”‑ muchos paí­ses del Tercer Mundo decidieron crear sus propias agencias y formaron redes para co­nectarlas. El eje de este empeño era que los países pobres ya no querían mirar el mundo ‑ni ser interpretados‑ a través de datos y enfo­ques producidos por fuentes ajenas, como las agencias de noticias de los países ricos. En América Latina esto condujo a tres expe­riencias: a) CANA, Caribbean News Agency, formada en 1976 por medios privados y públi­cos del Caribe; b) ASIN, Acción de Sistemas In­formativos Nacionales, formado en 1979 por diez gobiernos de América Latina; y c) ALASEI, Agencia Latinoamericana de Servicios Especia­les de Información, formada con apoyo de UNESCO y del Sistema Económico Latinoameri­cano, que comenzó a operar en 1984 (1). Estos sistemas fueron el único resultado con­creto de los innumerables debates sobre el NOII, y por ello merecen al menos una revisión rápida. Pero más allá del interés histórico hay otro motivo. Hoy, cuando las redes propias ya existen, es más claro que nunca que el dese­quilibrio informativo no es sólo ni principalmen­te un problema externo.
 
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