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Telos / Número 10
 Dimensión y comunicación
Robert Escarpit 
 No hay comunicación sin interac­ción. Cuando se telefonea, no se conside­ra establecida la comunicación hasta que al ¡Oiga! del llamante se reciba la contes­tación ¡Diga!. Es característico que en castellano se usen en ambos casos formas imperativas. Se trata de crear un efecto sobre el corresponsal. Toda comunicación supone tal inten­ción de provocar una reacción de parte del interlocutor, de influir sobre él. No siempre se puede percibir la reacción, pero, por lo menos, es necesario imagi­narla. De eso se puede deducir que la comu­nicación máxima es la que se produce cuando los interlocutores están presentes y se hablan de cara a cara. Y es más efectiva la comunicación cuando es iguali­taria, es decir, que los comunicantes tie­nen una posibilidad igual de influencia sobre el otro o los otros. Claro es que tal igualdad no se realiza nunca perfectamente, pero es evidente también que disminuye a medida que au­menta el número de los interlocutores Se puede demostrar matemáticamente que una comunicación razonablemente igualitaria es imposible si el número de los comunicantes sobrepasa los 12. Es un hecho que, en la historia, 12 es el número límite de los miembros que se aceptan en un grupo del cual se espera una capacidad de decisión consensual, es decir, en la cual la información proporcionada por cada uno de los participantes desempeña un papel más o menos igual a la que pro­viene de cualquier otro: los 12 Apóstoles, los 12 Caballeros de la Mesa Redonda, los 12 miembros de un jurado, los 12 sol­dados de un grupo de combate de infan­tería, los 12 “cabinet ministers” del go­bierno inglés, etc.
 
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