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Kikirikí / Número 55-56
 La participación es un árbol. Padres y madres, desde la ciudadanía, hacen la escuela
Miguel Ángel Santos Guerra 
 Los padres y madres pueden y deben desempeñar un papel clave en los pro­cesos formativos de las jóvenes generaciones, de ahí la relevancia para que las instituciones educativas no obvien ni manipulen su auténtica y real parti­cipación para que ésta no quede en una simple parodia o pantomima. Fomentar la participación de los padres y madres, concederles la voz y la posibilidad de cuestionar la gestión de los centros facilita el desarrollo y la mejora de éstos y la de sus miembros. Utilizaré para el desarrollo del tema la metáfora del árbol. Dice JOSÉ SARA­MAGO (1998) que “la metáfora es siem­pre la mejor forma de explicar los cosas”. Las metáforas, en efecto, per­miten comprender la realidad. Ilumi­nan convenientemente algunos lados de las cosas, aunque dejan ensombre­cidos otros. MORGAN (1986) hizo un excelente estudio de las organizacio­nes a través de metáforas en su obra “Images of Organization”. He elegido la metáfora del árbol porque es un ser vivo en constante crecimiento. El árbol, además, crece hacia arriba y hacia abajo. Las raíces se hacen más fuertes, más extensas y más profun­das. Las ramas se van haciendo más frondosas y los frutos más abundan­tes y sabrosos. No está hecho el árbol de una vez por todas, de una vez para siempre, como sucede con la participación (SANTOS GUERRA, 1994). “La cultura de la participación no se improvisa”, decía en aquel trabajo. Su crecimiento es lento y constante. No hay milagros que conviertan la semilla de la participación en un árbol frondoso que da sombra y que pro­duce frutos
 
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