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Kikirikí / Número 46
 Experiencias democráticas
Francesco Tonucci 
 Francesco Tonucci nos presenta una interesante propuesta para democrati­zar las instituciones educativas advirtiéndonos de los peligros que conlleva copiar modelos adultos y de la necesidad de armarse de paciencia y tran­quilidad en la construcción de ~ un nuevo modelo de centro organizado democráticamente en el que los alumnos y alumnas del mismo sean parti­cipantes activos. “... si queremos salvar la ciudad, no podemos esperar hacerlo sólo los adul­tos...” Las ciudades, sobre todo, estos últimos decenios, han perdido el sig­nificado original de lugares de encuen­tro e intercambio, de ayuda mutua y de solidaridad. La especulación urba­nística ha vaciado los centros históri­cos llegando a crear periferias inmen­sas e inhumanas. La carencia de pro­gramación económica ha evacuado ciudades y pueblos y han llenado las periferias de personas sin raíces, atra­ídas por el sueño de un puesto de trabajo en una fábrica. El malestar que causa la ciudad al ciudadano llega a ser un grave proble­ma para los gobernantes, que necesi­tan de su consenso y voto; sin embar­go, recompensan esta desazón con servicios tales como: transportes públicos, cada día más rápidos, que pretenden disminuir la distancia y los servicios que se prestan a la infancia y a la tercera edad, que pretenden compensar la imposibilidad de convi­vencia entre las distintas genera­ciones. En fin, los adultos están de acuer­do en algo: se vive mal pero se dispo­nen de más ayudas, poder y comodi­dad. Sin embargo a este acuerdo han llegado sólo los adultos. La ciudad ha elegido como parámetro un adulto, hombre y trabajador; mientras que no tienen en cuenta a los que no son adultos, a los que no son hombres y a los que no son trabajadores. Si quere­mos salvar la ciudad, no podemos esperar a hacerlo sólo los adultos. Tenemos que acabar con esta lógica perversa y cambiar este parámetro. Precisamente el proyecto la ciudad infantil propone que el niño asuma como parámetro de valoración y cambio a la ciudad. Esto significa que el gobierno debe cambiar su perspec­tiva para poder llegar hasta el niño, y que no sean olvidados; es decir, signi­fica aceptar la diferencia que el niño trae consigo con respecto a los demás ciudadanos.
 
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