El templo en Egipto

 

Los antiguos egipcios construían en piedra sus templos, pues entendían que ésta podría durar hasta la eternidad, como los dioses. Casas y palacios, en cambio, se erigían en materiales perecederos como el adobe, cañas y madera.

 

Cuando hablamos de los templos egipcios no debemos imaginar que en ellos se reunían los feligreses de igual modo que sucede en las iglesias o mezquitas. Todo lo contrario. En los templos egipcios la entrada era muy restringida, de modo que en ellos sólo podían entrar los sacerdotes o personas que trabajaran allí. Y en algunos ámbitos del templo, como el sancta sanctorum donde reposaba la imagen del dios, muy pocos eran los que tenían acceso. Únicamente el faraón, el sumo sacerdote o el sacerdote lector encargado de realizar los ritos más complejos tenían potestad para visitar al dios.

 

Podemos encontrar dos tipos de templos, principalmente:

 

Templo del dios

 

Un tipo de templo es el dedicado a uno o varios dioses, es la “casa del dios” (per netjer), donde los egipcios creían que la divinidad vivía. Dado que es la casa del dios y los dioses son sus “habitantes”, podemos apreciar como en los relieves estos siempre se orientan mirando hacia la salida del templo, al contrario que las figuras de los faraones, dioses acompañantes y sacerdotes que, como “visitantes”, se orientan siempre en sentido contrario a los dioses.  

Los templos solían estar situados en la orilla este del Nilo, pues es por ese lado por donde nace el Sol y, por tanto, el lugar en el que habitan los vivientes. Este tipo de templos sufrían restauraciones, ampliaciones y modificaciones a lo largo de cientos e incluso miles de años, pues, al menos en los principales, todo faraón quería aportar dejar constancia de su obra durante su reinado. Por eso, en los grandes templos podemos leer nombres de faraones de muy diversas épocas.

 

La estructura del templo  representa, en realidad, el origen del orden respecto al caos, y la cosmovisión egipcia. Un punto en común que tienen la mayoría de las cosmogonías egipcias es la creencia de que el primer elemento visible de la creación fue la colina primordial que emergió de las oscuras e inertes aguas del nun u océano primordial, que representaba el caos. En un momento el halcón sagrado apareció volando y se posó sobre un junco que había en la colina. La sacralidad del lugar fue entonces definida por medio de un muro, con lo que de ese modo se dispuso el primer templo de Egipto según la mitología. Por ello, la colina primordial era simbólicamente elevada en los templos egipcios más antiguos. Así ocurre en el arcaico templo de Nekhen, donde un enorme acopio de tierra y arena dentro del témenos o espacio sagrado debía simular la colina primigenia.

 

Del mismo modo, la arquitectura de los templos reflejaba en la decoración  de sus columnas plantiformes, lotiformes o papiriformes y en los zócalos de las paredes en las que los relieves representaban el ambiente propio de un cañaveral o de las marismas, la naturaleza pantanosa de la colina primordial, tal y como la decoración estrellada del techo quería simular el ámbito celeste. Así mismo, tampoco es una casualidad que según se avanza por el eje principal del templo en dirección a la parte más sagrada nos encontremos con que el nivel del suelo vaya ascendiendo progresivamente, del mismo modo que el techo es cada vez más bajo, pues simbólicamente esta característica arquitectónica representa el ascenso desde los bordes de la colina primordial hasta su cumbre que, realmente, se halla más cercana al cielo. Esta cumbre es la naos del sancta sanctorum, el lugar donde reposa el dios.  El períbolos o muro que rodea todo el templo y define su témenos representa, de manera más evidente a partir de la época ptolemaica, las aguas del nun. En esa época dicho muro se construye con ladrillos de adobe, en hiladas cóncavas y convexas, que otorgan al muro el aspecto de las ondas de las aguas.  Simbólicamente esto quiere demostrar que hasta dicho muro llega el caos del nun, pero que a partir de ahí ya viene el orden del cosmos, el orden y pureza del templo.

 

Una vez pasado este recinto, las dos torres del pilono de entrada, que recuerdan la forma del jeroglífico  akhet “horizonte”, simulan el horizonte por el que el disco solar amanece cada día, rejuveneciendo y confirmando la permanencia del orden creado sobre el caos. De igual modo, el par de obeliscos que preceden al primer pilono, como en el caso del templo de Luxor, pueden hacer referencia a los dos horizontes, pues en ocasiones eran dedicados al dios solar matutino o vespertino. En la fachada de los pilonos   se suele representar, incluso en la época meroítica, el exterminio de los enemigos por parte del faraón. Ésto simboliza la lucha del orden contra el caos, pues tiene un claro sentido apotropaico, dejando claro que esta lucha debe tener lugar fuera y no dentro del templo. Además de la fachada de los pilonos, también en los muros exteriores del templo propiamente dicho también solían representarse escenas de carácter bélico, para mostrar al faraón como el gran benefactor que elimina a los enemigos del país, es decir, el que impone el orden sobre el caos.  Un último detalle, dentro de esta simbología, son las gárgolas con forma de león. El agua de lluvia podía interpretarse como el agua del caos, por lo que el león protector la expulsa al exterior del templo.

              

Así pues, en la estructura del templo egipcio encontramos principalmente cuatro partes que debemos vincular directamente a la forma del cosmos. El muro del templo, representativo de las aguas caóticas del nun; las dos torres del pilono de entrada como equivalente al horizonte por donde nace el Sol; las salas columnadas del templo con columnas palmiformes, lotiformes o papiriformes, que recrean el ambiente de la marisma y cañaveral de la colina primigenia y, finalmente, la naos del sancta sanctorum, el lugar más sagrado del templo que recreaba la propia colina.

 

El templo más antiguo que se conoce en Egipto es el que se descubrió en Hieracónpolis, una antiquísima ciudad situada al sur de Tebas. Éste se ha fechado en el período Naqada II, es decir, hacia 3300 a.C., pero fue construido con materiales perecederos. Las primeras construcciones en piedra se remontan al Imperio Antiguo, y en lugares como Heliópolis y Menfis, debían haber en esta época grandes templos que hoy ya no existen.

De hecho, los templos más imponentes que han llegado a nuestros días son los del Imperio Nuevo y los de la Época Ptolemaica, de los que podemos ver algunos ejemplos.

 

 

Templo protodinástico de Hieracónpolis  

 

Este templo es conocido por los egiptólogos como localidad Hk 29A. Podría tratarse de un recinto ceremonial. En el centro hay un patio oval pavimentado, alrededor del cual se alzó un muro para proteger ese espacio sagrado. Los agujeros de poste que se han hallado durante las excavaciones han servido para determinar la posición de algunas construcciones situadas en la parte exterior del muro, la puerta de entrada y el templo.

 

En el lado oeste del patio, por ejemplo, se han encontrado grandes agujeros de poste que por sus dimensiones hacen suponer que allí se insertaron troncos enteros de árboles, es decir, en el lugar se erigió una construcción de gran tamaño, el templo propiamente dicho. Todas las estructuras fueron construidas con madera y esteras.

 

Durante el período anterior al advenimiento de la dinastía I (hacia 3100 a.C.), Hieracónpolis (Nekhen, en egipcio) había sido la capital de un pujante reino independiente que poco a poco se fue haciendo con el control de todo el Alto Egipto. El templo se fecha precisamente en esa época, en el período Naqada II.

 

 

Templo de Karnak

 

El templo de Karnak, en la antigua Tebas, es en realidad un complejo de templos relacionados entre sí. El mayor desarrollo de este complejo se dio durante el Imperio Nuevo , pues el dios Amón tebano se convirtió entonces en el más importante de Egipto. Sin embargo, la historia arquitectónica de Karnak se desarrolló durante más de dos mil años, por lo que en este lugar podemos encontrar los nombres de faraones desde el Imperio Medio hasta la época romana.

 

En la antigua Tebas era adorada, principalmente, una tríada de dioses: el dios Amón, su esposa la diosa Mut, y el hijo de ambos, el dios Khonsu. Estas divinidades tenían templos propios en Karnak.  

 

Desde el muelle que unía el Nilo con este espacio sagrado a través de un canal, se seguía por un camino flanqueado de esfinges , hasta llegar al primer gran portal del templo, el del primer pilono. A continuación se abría un amplio patio en el que se erigieron en época de Seti II (din. XIX)  y Ramsés III (din. XX) templos construidos para las barcas sagradas  de la tríada tebana (Amón, Mut y Khonsu).

 

Tras el segundo pilono del templo , de cien metros de anchura, se abre una de las salas hipóstilas (de columnas) más grandes del mundo, la gran sala hipóstila de Karnak . Fue comenzada a construir por Seti I y acabada por su hijo Ramsés II entre 1290 y 1260 a.C. En la parte central tiene un pasillo de doce columnas de casi 22 metros de altura, flanqueado a ambos lados por un total 122 columnas de 13 metros de altura, dispuestas en hileras de nueve columnas, contabilizando 134 columnas toda la sala, creando un auténtico bosque de papiros de piedra en una superficie de 5.500m2 . Las columnas grandes representan en su capitel papiros abiertos, y las pequeñas papiros cerrados. Esto forma parte de la simbología del templo, pues debido a la diferencia de altura los laterales de las columnas grandes se flanquearon con ventanales de piedra calada   , de modo que estas columnas eran iluminadas y, por lo tanto, el papiro debía abrirse como en la naturaleza. En cambio, el resto de columnas, por hallarse en un ambiente más sombrío, no podían sino representar papiros cerrados. Grandes arquitrabes descansaban sobre los ábacos cuadrados de las columnas, de modo que se creaba así un sólido soporte sobre el que poner las vigas que cerraban toda la techumbre.

 

Siguiendo el eje principal, se pasan una sucesión de pilonos erigidos durante los reinados de Amenhetep III (el tercero), Tutmosis I (cuarto y quinto) y Tutmosis III, algunos precedidos por imponentes obeliscos monolíticos de Tutmosis I y Hatshepsut, de 22 y 30 metros de altura, respectivamente.    

 

La parte más antigua del templo, del Imperio Medio, es la que viene más allá del quinto pilono, pero de ella apenas se han conservado restos. Aún más hacia el este, Tutmosis III inició otra serie de construcciones, como la sala de ceremonias y el llamado “jardín botánico”    . Este eje Este-Oeste, es el que conformó la parte principal del templo de Amón en Karnak,  insertado en un espacio sagrado conformado por multitud de templos y recintos sacros ampliados y modificados durante siglos de historia.

 

A finales del siglo XVIII, la expedición napoleónica que recorrió Egipto, realizó numerosos dibujos  y planos de Karnak de gran calidad. En ellas podemos ver en qué condiciones se encontraba el templo hace ya más de dos siglos.

 

 

Templo de Luxor

 

El de Luxor es otro de los templos más conocidos de la antigua Tebas .  Fue comenzado a construir por Amenhetep III en la dinastía XVIII, hacia 1370 a.C., y a él se deben las partes más interiores y sagradas así como un patio porticado y una avenida columnada. Posteriormente, Tutankhamón y Horemheb terminaron esta avenida, y ya en la dinastía XIX, Ramsés II añadió un primer patio porticado en el que se integró un pequeño tamplo para las barcas, de Tutmosis III y Hatshepsut, y el pilono de entrada.

 

La fachada del templo   , el pilono obra de Ramsés II hacia 1250 a.C., estaba precedida por dos estatuas colosales sedentes del faraón  y otras cuatro estantes, así como por dos obeliscos. En el siglo XIX, cuando aún no se habían efectuado excavaciones en el lugar y Luxor se hallaba semisepultado en la arena,   uno de estos obeliscos fue arrancado del lugar y transportado a París, donde ahora se sitúa cerca de la torre Eiffel .

 

El primer patio porticado , obra de Ramsés II, está rodeado de cierto número de estatuas estantes en los intercolumnios, algunas de las cuales fueron usurpadas por Ramsés de Amenhetep III . El patio tiene una longitud de 57 metros y una anchura de 51 metros. También aquí, precediendo la avenida columnada podemos hallar dos estatuas colosales de Ramsés II . En la avenida columnada, de dos hileras de siete columnas , iniciada por Amenhetep III podemos ver preciosas columnas papiriformes talladas en piedra arenisca y de 21 metros de altura, y en los muros laterales escanas de la fiesta de Opet realizadas durante el reinado de Tutankhamón . hacia 1330 a.C.

 

Tras la avenida columnada, se llega a un gran patio rodeado de columnas fasciculadas de capiteles papiriformes cerrados . En el patio porticado de Amenhetep III fueron halladas en 1989 un conjunto de 26 estatuas de excelente factura en una favissa o fosa, lo cual ha permitido conocer más datos sobre cómo era el templo en tiempos antiguos.

 

Pasado el patio se transcurre por una serie de estancias hipóstilas cada vez más oscuras, hasta llegar, dejando atrás el santuario de la barca construido por Alejandro Magno, al sancta sanctorum, el lugar donde se custodiaba la sagrada imagen del dios. La longitud total del templo, desde el pilono de Ramsés II, hasta el muro posterior es de 254 metros   .

 

En la parte más sagrada del templo de Luxor, obra de Amenhetep III, también quiso dejar constancia de su presencia el joven Alejandro Magno, y también por esta zona el emperador romano Diocleciano mandó estucar y decorar algunas paredes con escenas romanas. En aquella época el lugar se convirtió en una fortaleza militar, y de ahí viene el nombre de Luxor, pues en árabe fue conocido como El-Uqsor, es decir, “la fortaleza”.

 

 

Templo de Atón en Amarna

 

Así como los templos de Luxor y Karnak, y la mayoría de los templos egipcios, son fruto de una serie de construcciones y reformas llevadas a cabo por numerosos faraones a lo largo de distintas épocas, el templo de Atón en Amarna (y el resto de construcciones de este lugar) pertenece a una época muy concreta, el reinado de Akhenaton, a mediados de la dinastía XVIII.

 

Durante sus primeros años de reinado Akhenatón (1348-1335 a.C.) levantó algunos templos solares en Karnak . Pero, posteriormente, Akhenaton, llevó a cabo una serie de drásticas reformas, que llevaron al cierre de los principales templos egipcios, entre ellos el de Amón en Karnak. El dios principal y único de Akhenaton era ahora Atón, el disco solar. Sus nuevas ideas religiosas llevaron también a construir un tipo de templo sin paralelos hasta entonces. Se trata de templos abiertos al cielo, de modo que la luz del Sol, el dios por excelencia, inunde con su benefactora luz cada uno de los rincones del templo . El gran templo de Atón medía casi 200 metros de longitud, pero sólo unos 30 metros de anchura.

 

 

Templo de Edfú

 

Los templos de época ptolemaica y romana son, sin duda, los mejor conservados de Egipto. Fueron construidos en una época muy tardía, cuando hacía casi tres mil años que se había construido la primera pirámide. Sin embargo, a pesar de haber sido erigidos durante el dominio de la dinastía de origen macedonio o bajo los emperadores romanos, estos templos siguen el esquema oficial de la arquitectura templaria egipcia, por lo que nos sirven también como modelos de estudio.

 

El templo de Horus de Edfú fue construido entre 237 y 71 a.C., durante la época ptolomaica. Este templo estaba dedicado al dios halcón Horus    y resulta ser el mejor conservado de todo Egipto. El que dicho templo haya llegado hasta la actualidad en tan buen estado de conservación se debe a que desde su abandono fue colmatándose progresivamente de sedimentos que, al fín, resultaron ser sus mejores protectores. En dibujos del templo realizados antes de mediados del siglo XIX por el dibujante David Roberts se observa perfectamente cuál era su estado en aquellas fechas

 

En 1860 el arqueólogo francés Mariette libró al templo de las arenas y edificaciones posteriores que lo cubrían. El plano del templo muestra las características esenciales que definen el templo egipcio. Sus 137 metros de largo son precedidos por un pilono con un anchura de 79 metros y una altura de 36 (equivalente a un edificio de 12 pisos). Antes de llegar al pilono de entrada, existe otra construcción digna de mención. Se trata del llamado “mamisi” , construido durante el reinado de Ptolomeo IX Soter II. En este lugar es donde cada año se renovaba el misterio del nacimiento de Horus.

 

Según una inscripción hallada en el templo de Edfú, éste fue construido siguiendo las instrucciones de Imhotep, el arquitecto de la pirámide escalonada de Djeser, que había vivido 2500 años antes. Con esto, lo que los arquitectos del templo de Edú quisieron indicar era que este nuevo templo iba a constituir una obra perfecta.

 

Pasado el pilono nos encontramos con un amplio patio porticado en cuyo fondo se halla la fachada del pronaos , que da paso a la parte cubierta del templo. A partir de aquí, siguiendo el arquetipo egipcio, nos encontramos con estancias cada vez más pequeñas, hasta llegar a la sala más sagrada, la que contenía el naos donde reposaba la imagen del dios . Alrededor de la parte cubierta del templo se abría un pasillo de ronda a cielo descubierto , que como en el resto del templo tiene sus paredes completamente cubiertas de inscripciones jeroglíficas e iconografía.

 

 

Templo de Filae

 

El de Filae, dedicado a la diosa Isis (madre de Horus), es uno de los templos más famosos de Egipto. Originalmente estaba situado en la isla de Filae , una de las numerosas islitas de la primera catarata del Nilo, a la altura de la ciudad de Asuán. Y en este lugar los sacerdotes egipcios permanecieron hasta el año 535, hasta el reinado del emperador bizantino Justiniano. En ese año los últimos sacerdotes egipcios, que no eran sino las últimas personas capaces de leer los jeroglíficos, fueron asesinados por un grupo de cristianos radicales. De esta manera se cerró, precisamente en Filae, la última página de la cultura antigua egipcia, que desde hacía siglos ya sólo sobrevivía a duras penas gracias a la labor de unos pocos sacerdotes.

 

Entre 1972 y 1980 el templo de Filae fue desmontado, dado que con la construcción de la gran presa de Asuán, iba a permanecer sumergido. El templo fue reconstruido nuevamente en la isla de Agilkia , distante unos 500 metros del emplazamiento original.

 

El templo de Filae no presenta una estructura simétrica , probablemente debido a las condiciones topográficas de la isla donde se erigió y  a las numerosas fases constructivas, pues fue erigido durante la dinastía XXX, la época ptolemaica y la época romana.

 

Antes de acceder al templo propiamente dicho encontramos un pabellón de época de Nectanebo I, un templo del dios meroitico Aresnufi, Mandulis y un amplio pórtico .

 

El templo de Filae presenta un primer pilono de 18 metros de alto por 45 de anchura , decorado por el faraón Ptolomeo XII Neo Dionisio. A este pilono le sigue otro, el segundo , de 22 metros de alto y 32 de anchura. Este también fue decorado por Ptolomeo XII. Tras el segundo pilono se abre el pronaos o primera sala hipóstila, con diez columnas con capiteles florales polícromos. Aquí, en el siglo VI, en época del obispo Teodoro este espacio fue transformado en una iglesia cristiana copta .

 

 

Templo de Denderah

 

El templo de Denderah   está dedicado a la diosa Hathor y es la última de las grandes construcciones templarias realizadas en Egipto, habiendo sido construido parcialmente por los monarcas ptolemaicos y los emperadores romanos. En realidad, el complejo del templo contiene otros templos y pequeñas capillas, abarcando una superficie de 40000 metros cuadrados, es decir, el equivalente a unos ocho campos de fútbol.

 

El complejo posee un lago sagrado perfectamente conservado, así como el períbolos (muro que rodea el complejo de un templo y que define el témenos o espacio sagrado).

 

El templo de Hathor se situaba en el centro del complejo , y en durante se construcción, tal y como fue norma en muchos templos egipcios, se buscó que quedara alineado con alguna estrella o constelación importante . El templo propiamente dicho está compuesto por un recinto en el que se incluyen un patio abierto, una primera sala hipóstila de 18 columnas , una segunda sala hipóstila de 8 columnas rodeada de pequeñas estancias para almacenar y preparar ofrendas y una biblioteca. Siguiendo el mismo modelo que en Edfú, la siguiente sala es la dedicada a las ofrendas y, tras esta, un vestíbulo desde el que se accedía a otras salitas, como la más extrema, dedicada al Alto Egipto, o la primera a la izquierda que funcionaba como guardaropa ceremonial. En el centro, el sagrario.

 

Unas escaleras conducen a la terraza del templo, pues allí se realizaban también ceremonias religiosas, principalmente las relacionadas con los mitos de Osiris, el dios de los muertos. En una de las capillas vinculadas a esta divinidad es donde se halló el famoso “Zodíaco de Denderah”.

 

 

Templo funerario

 

Es aquel que era dedicado al culto del faraón difunto, un lugar en el que se le recordaba y se le realizaban, junto a otros dioses de carácter funerario como Osiris, ritos y ofrendas con tal de asegurar su existencia en el Más Allá. En contraposición a los templos del dios, los templos funerarios solían situarse en la orilla oeste del Nilo, que era por donde los egipcios veían que el Sol se ponía, es decir, el lugar de los muertos.

Los templos funerarios evolucionarion a lo largo de la extensa historia del Egipto faraónico. Desde las primeras dinastías el templo funerario se relacionó con la tumba del difunto físicamente, de modo que, por ejemplo, en la época de las pirámides éste siempre se construía en el lado este de la pirámide (que no es sino la tumba del difunto). Sin embargo, esto cambiaría desde comienzos de la dinastía XVIII, cuando las tumbas de los reyes se excavaron en el Valle de los Reyes, en un lugar inhospito y alejado, casi secreto, al tiempo que los templos funerarios se erigían junto a la llanura fértil de la cuenca del Nilo, en la orilla oeste. Desde este momento, templo funerario y tumba quedaban físicamente separados e independientes.

 

Los templos funerarios tenían la misión de recordar y hacer revivir la energía vital del difunto, por lo que su propósito era permanecer operativos largo tiempo después de la muerte del personaje a quien habían sido dedicados. En egipcio, estos templos recibían el nombre de “casa de los millones de años”, pues teóricamente debían permanecer hasta la eternidad. Para que esto fuera posible, el faraón había creado previamente una fundación propietaria de tierras y bienes que debía asegurar las ofrendas diarias, los pagos a los sacerdotes, etc. Se conoce algunos templos funerarios que siguieron funcionando incluso cientos de años después de la muerte de su faraón.

 

 

Complejo funerario de Djeser en Saqqara

 

A pesar de su gran antigüedad, pues fue construido durante el reinado del faraón de la III dinastía Djeser (ca. 2667-2648 a.C.), hace más de 4650 años, este complejo   es uno de los más interesantes que ha llegado a nosotros.

 

Saqqara, situada a 20 km al sur de El Cairo, fue la principal necrópolis de Menfis (antigua capital egipcia) desde las primeras dinastías, por lo que Djeser no hizo sino continuar con esta tradición. Sin embargo, su arquitecto Imhotep ideó para su soberano una tumba fuera de lo cumún, una tumba con forma de pirámide escalonada. Sin embargo, tan interesante o más que la propia pirámide escalonada es el recinto funerario que la rodea.

 

El recinto está delimitado por un muro de 10,5 metros de altura y 1645 metros de longitud. La fachada de este recinto intenta reproducir la de los palacios reales de la época, con una sucesión de entrantes y salientes . Una vez dentro del complejo fueron recreadas en piedra construcciones que hasta entonces se habían hecho con troncos, cañas y argamasa. Así, podemos encontrar gran número de capillas y templetes macizos, sin más utilidad que la de recrear simbólicamente un ambiente ceremonial para el faraón difunto.

 

 

Templo funerario de Khafra en Giza

 

Los complejos piramidales, bien definidos a partir de la IV dinastía, estaban constituidos por varios elementos arquitectónicos: la pirámide, el templo funerario y el templo del valle . El templo funerario de Khafra (Kefrén) , a pesar de su lamentable estado de conservación , es uno de los más destacables ejemplos de templos funerarios del Imperio Antiguo. Éste, fue excavado en 1910 por Hölscher y Sieglin.

 

 

Templo de Hatshepsut en Deir el-Bahari

 

Los templos funerarios fueron evolucionando a lo largo de la historia de Egipto. Durante el Imperio Antiguo y Medio estos siempre estaban unido a la tumba, es decir, a la pirámide. Sin embargo, desde el Imperio Nuevo esto cambió, pues templo funerario y tumba se independizaron desvinculándose el uno del otro en el espacio.

 

De los templos funerarios de la dinastía XVIII el mejor conservado es el de la reina Hatshepsut. Este templo se halla enmarcado en el circo de Deir el-Bahari , en la orilla occidental de la antigua Tebas. El templo fue ideado por un arquitecto llamado Senenmut y presenta grandes innovaciones respecto a los templos de épocas anteriores.

 

El templo de Hatshepsut es famoso, entre otras cosas, por los relieves que recuerdan una expedición egipcia al País de Punt , una zona de la que los egipcios traían marfiles, ébano, monos, incienso y demás productos exóticos.

 

 

Templo de Ramsés II en Abu Simbel

 

El templo de Abu Simbel se encuentra a unos 300 km al sur de Asuán, es decir, a unos 300 km al sur de Elefantina, la ciudad que marcaba la frontera meridional del territorio egipcio propiamente dicho. El templo se halla, pues, en la antigua Nubia, una tierra que durante muchas fases de la historia de Egipto fue ocupada por los faraones, principalmente por las valiosas minas de oro que allí habían encontrado.

 

El templo de Abu Simbel tiene varios significados y propósitos y no debe ser considerado totalmente como un templo funerario. Por una parte, es una obra propagandística, pues situada en un emplazamiento tan al sur, no debía sino impresionar a los nubios y gentes que, desde el sur, se acercaran a Egipto. Por otra parte, es una obra dedicada al propio faraón divinizado, y, finalmente, sirve de objeto de culto para los principales dioses del panteón egipcio. Al contrario que los otros templos de este apartado, éste tiene características diferenciadoras claras, y no puede ser catalogado como un templo funerario en el pleno sentido, pues el propio de Ramsés II es el conocido como Rameseum, en Tebas oeste.

 

En 1817 el templo fue liberado en parte de las arenas que lo cubrían , haciendo accesible su interior. Sin embargo, un peligro mayor hizo que se tomaran medidas extremas para salvar el templo. La construcción de la gran presa de Asuán iba a provocar que el templo quedara permanentemente bajo las aguas del lago Nasser, por lo que un equipo internacional sufragó el desmantelamiento del templo en más de mil bloques y su reconstrucción en un emplazamiento situado 64 metros más arriba  y alejado del lugar original unos 260 metros. El nuevo emplazamiento se inauguró en 1968 y constituye una de las operaciones de salvamento más destacables de la historia.

 

El templo está plenamente excavado en la roca, no construido. La fachada, dominada por cuatro grandes colosos del faraón Ramsés II, da paso a una amplia sala en la que destacan unos pilares con la forma del dios Osiris . A continuación se accede a otra sala dedicada en cuyas paredes se plasma exclusivamente las ceremonias de ofrendas   a los dioses por parte del faraón y su esposa, Nefertari. Finalmente, en lo más sagrado de este hipogeo (templo excavado en la roca), fueron esculpidas cuatro estatuas que representan a Ramés II y otras tres divinidades. Un fenómeno astronómico, la iluminación de lo más profundo de esta sala del templo ocurre dos veces al año y debía celebrar una efeméride importante que actualmente desconocemos.

 

 

Templo de Ramsés III en Medinet Habu

 

Es el templo funerario mejor conservado de todos los construidos en Egipto, y dado que fue erigido durante la dinastía XX (Imperio Nuevo), hace más de 3100 años, puede ser considerado una joya del legado egipcio. Si observamos su planta o reconstrucción podremos percibir la complejidad de este tipo de construcciones.

 

Sobre el templo, una vez éste fue abandonado se desarrolló una población llamada Djeme. La acumulación de sedimentos y las casas que desde el Tercer Período Intermedio se construyeron encima aseguró la conservación del templo. En 1860 Mariette descubrió esta ciudad perdida y así es como comenzó el conocimiento que tenemos sobre el templo de Ramsés III. Las excavaciones continuaron de manera irregular hasta 1933. A pesar de las destrucciones ocurridas durante las excavaciones, en las que sólo importó llegar a los niveles más antiguos, el templo ofrece hoy un buen estado de conservación , y todas sus estructuras están claramente definidas. El templo de Ramsés III quiso seguir el modelo del de Ramsés II, conocido popularmente como el Rameseum.

 

El templo de Ramsés III, tras su muerte se convirtió en algo más que un templo funerario, pues fue sede de la administración tebana desde la dinastía XXI. Esto probablemente tenga relación con el hecho de que el templo de Medinet Habu era una auténtica fortaleza, precedida por varios lienzos de muralla   y un acceso a través de un canal.

 

El templo funerario de Ramsés III, como el de faraones anteriores como Ramsés II o Seti I, presenta un diseño iconográfico sistematizado. En los muros exteriores y en el primer patio   había lugar para las escenas bélicas, de igual modo que en los templos de las divinidades, pero en el interior del templo, pasado el primer patio, ya sólo había lugar para escenas rituales, de ofrendas, etc. donde se celebraba la relación del faraón con los dioses.