Arte egipcio

 

Debemos indicar, en primer lugar, que la mayoría de los especialistas entienden que el arte, en el sentido actual de la palabra, no existía en el antiguo Egipto. El arte tenía un sentido secundario para el egipcio similar al de “pericia en la ejecución”, referido a la habilidad del autor en crear objetos materiales con herramientas. En ese contexto, el arte egipcio alcanza un alto nivel. El dominio que el artista egipcio ha demostrado en el trabajo sobre todo tipo de material, muchos de ellos difíciles de procesar, pocas veces ha sido igualado por otras culturas del mundo antiguo, ni superado en otras épocas.

 

El arte egipcio es muy fácil de identificar por cualquier espectador, esa es una de sus cualidades más sobresalientes. El principal tema de este arte es el hombre y sus numerosas actividades en un ambiente egipcio. Con pocas excepciones, el arte egipcio refleja un aspecto ideal del mundo natural, en el que seres humanos serenos y afortunados actúan de manera racional.

 

Al tratar de representar los objetos tridimensionales sobre una superficie plana el arte egipcio evitaba la solución que a este problema ofrece la perspectiva, que de todos los pueblos de la antigüedad, sólo los griegos lo lograron en el siglo V a.C. La visión carente de perspectiva situaba al artista egipcio en armonía con un mundo cuya existencia conocía. El uso de formas simbólicas en el arte egipcio está íntimamente asociado con una característica de la cultura egipcia, que es la utilización de jeroglíficos dentro de un sistema de escritura que no tiene paralelo exacto en otras civilizaciones . Podría decirse que los jeroglíficos egipcios son las formas de escritura más bellas que jamás se han ideado, lo que indujo a los egipcios a conservarlos, sobre todo para inscripciones monumentales, a lo largo de toda la historia faraónica. El acierto de los egipcios alidear un corpus de signos que mostraban figuras humanas o animales en reposo o en acción, en una variedad de posturas clara e inmediatamente reconocibles, frustró los deseos de experimentación de sucesivas generaciones de artistas. Una vez que el escriba había aprendido a dibujar toda la gama de signos ideográficos con la habilidad debida, ya era, por este solo hecho, un verdadero artista .

 

El arte egipcio refleja el conservadurismo de la artesanía hereditaria en muchos de sus aspectos técnicos. Los procedimientos seguían siendo siglo tras siglo los mismos con pocos cambios, excepto la sustitución de las herramientas de cobre por las de bronce en el Imperio Nuevo, y la introducción, seguramente en el período saíta (dinastía XXVI), del hierro.

 

Escultura, materiales y técnicas

 

El material por excelencia en el Imperio Antiguo, y que nunca perdió popularidad durante la historia egipcia, fue la piedra caliza, pues era fácil de cortar. La caliza, arenisca, yeso, esteatita, serpentina y otras piedras blandas se podían trabajar con las mismas herramientas que usaban los carpinteros, las cuales eran escoplos de cobre, taladros, sierras y azuelas. Las piedras duras, como el granito, basalto, diorita, cuarcita, roca arenisca gris, alabastro y caliza endurecida,  tenían que ser trabajadas con distintos métodos, sobre todo encendiendo fuegos dentro de cercos de adobe, mojando la piedra calentada y golpeando las superficies quebrantadas con bolas de dolerita, con mazos de pedernal o con guijarros duros. El trabajo se remataba puliendo la superficie con estregaderas de cuarcita y terminando la operación con polvo de cuarzo muy fino a modo de raspador .

 

En ocasiones, los fuertes golpes que recibían las estatuas de piedra cuando estaban siendo esculpidas les causaba daños. Entonces, en vez de desecharlas, las arreglaban uniendo las partes rotas con clavijas de madera o metal.

 

También se usaba mucho la madera en escultura y en los relieves que decoraban paneles, puertas, etc. .. La madera se trabajaba con azuela y escoplo, mientras que la sierra y el hacha se usaban para cortar . Las maderas naturales de Egipto, como la acacia y el sicomoro, eran demasiado firosas y nudosas y estaban demasiado retorcidas para el trabajo en ebanistería fina, de modo que los mejores ejemplos egipcios en el arte de la ebanistería se ven en maderas importadas, como las coníferas del Líbano o el ébano del África tropical.

 

Casi toda la escultura en piedra blanda o madera se cubría con una fina capa de yeso, para luego pintarla con colores fuertes o con pan de oro. Las estatuas de maderas finas, como el ébano o el boj, solían dejarse sin añadidos. Los objetos de piedra  dura, como el granito, el basalto y la cuarcita, se coloreban o doraban a veces, pero generalmente sólo en ciertas partes, como los labios y los ojos, o para representar joyas, cinturones y tocados.

 

En la II dinastía ya tenemos alusiones a estatuas de cobre, pero del Imperio Antiguo han sobrevivido pocas. Un buen ejemplo, aunque muy corroído, es una estatua de tamaño superior al natural del faraón Pepi I , de la VI dinastía. Hasta el Imperio Medio, con la introducción del bronce, no encontramos estatuas de metal vaciadas utilizando el método de la cera perdida, que consiste en moldear el objeto con cera de abeja, practicar en él bebederos y cubrirlo con una finísima capa de arcilla semilíquida. Una vez que esta capa se ha secado y endurecido, se calienta en un brasero, de modo que la cera se consume y deja una impresión hueca en la arcilla recalentada hasta convertirse en terracota. Entonces se vierte metal fundido de un crisol por los canalillos, con lo que se produce una copia exacta del modelo original. Finalmente, se rompía el molde, se quitaba el metal sobrante y se pulía la figura. Así, con la técnica de la cera perdida, se vaciaban estatuas de oro, plata y bronce macizo. En el Imperio Nuevo, si no antes, se vaciaban estatuas mayores en bronce en torno de un núcleo de arcilla que se conservaba en su interior sostenido sobre pequeños soportes de cobre.

 

Los escultores también esculpían en relieve, generalmente en piedra caliza blanda o, desde el Imperio Medio, en piedra arenisca. Otras piedras más duras como alabastro, granito, cuarcita, etc. se utilizaban también para relieves, sobre todo en sarcófagos y templos. Las paredes se forraban de finos bloques de piedra caliza o arenisca y se reducía a una superficie uniforme por medio de azuelas y mazos. También se hará uso, para asegurar la uniformidad de la piedra, de “varas de deshuesar”, es decir, un juego de tres varas de idéntica longitud de las que dos estaban unidas por una cuerda en su extremo superior, mientras la tercera se movía a lo largo de la cuerda para indicar las partes ásperas o desiguales. Los fallos y las junturas se rellenaban con yeso, y se pntaban para igualar el color donde fuese necesario. Posteriormente, se frotaba todo para conseguir una superficie homogénea.

 

Sobre esta superficie preparada, se extendía después una retícula apretando una cuerda empapada en pintura y estirada a intervalos verticales y horizontales. Sobre esta retícula, los dibujantes trazaban figuras y objetos, ateniéndose a escalas que tomaban de diseños de papiros ilustrados de los que ninguno se conserva, aunque nos han quedado algunas tablas que ilustran este hecho

 

Se aplicaba una cuadrícula igual a cada cara del bloque de madera del que se iba a tallar una estatua, a fin de que ésta tuviera perfil diestro y siniestro, y vista frontal, posterior y superior, que el albañil luego unificaba , añadiendo después el dibujante principal los otros detalles según iba avanzando la obra. En las obras en relieve, los canteros especializados trabajaban con cinceles y estragaderas en cuanto se completaba y aprobaba el diseño del contorno.

 

El relieve era de dos clases: bajorrelieve, que requería rebajar toda la superficie, dejando las figuras e inscripciones sobresaliendo del fondo . Primero se realizaba un diseño previo y la corrección de éste, después se rebajaba la base en torno a las figuras y los jeroglíficos y después se modelaban los detalles, se alisaba y se pintaba. En el huecorrelieve, en cambio, los contornos están profundamente cortados en la superficie, y el tema moldeado dentro de esos contornos, cortándose o grabándose también las inscripciones. En general, el bajorrelieve se usaba  en obras de gran calidad, y se observa sobre todo en las paredes interiores, donde la iluminación es difusa. El huecorrelieve se solía reservar para los muros exteriores sometidos a fuerte luz solar, pero también en piedras duras donde el rebajado de toda la superficie resultaría una tarea muy penosa. Una derivación del huecorrelieve consiste en  rebajar el fondo o superficie solamente en torno de los contornos de los temas esculpidos, volviendo gradualmente a igualarse la superficie del relieve con la del resto de la piedra, lo que da por reultado una especie de bajorrelieve híbrido en el que se extrae menos piedra de la superficie de la obra.

 

Además del esculpido en relieve, se da una tercera clase de representación lineal, sobre todo en los períodos más antiguos, cuando encontramos verdaderos grabados en piedra, madera y marfil.

 

Los relieves solían pintarse, pero donde no era posible hacer relieves, por ejemplo en tumbas excavadas en una roca de mala calidad, lo que se hacía era aplicar una gruesa capa de paja y barro, para homogeneizar la superficie, y sobre ésta una capa de yeso. Una vez hecho esto, se aplicaba una cuadrícula para calcular las escalas de las figuras representadas según el cánon egipcio. Los dibujantes realizaban los contornos de las figuras y a continuación los pintores las pintaban con vivos colores. Después, los dibujantes volvían a actuar repasando los contornos, generalmente con pintura pardo rojiza oscura, pero a veces con un negro muy fuerte.

 

A comienzos de la dinastía XVIII el fondo solía pintarse de color gris, u ocasionalmente amarillo, color preferido como fondo en las tumbas de la dinastía XX. El amarillo, rojo y los ocres pardo son pigmentos de tierra que han cambiado poco de tono con el paso de los años. El negro solía hacerse con hollín. El verde se obtenía mezclando azul con amarillo ocre, o con sales de cobre. El azul era un color difícil de fabricar, pero solía obtener del tetrasilicato de cobre y calcio, que produce el llamado “azul egipcio”. El vehículo era siempre una cola soluble en agua, y la pintura egipcia es, por consiguiente, una forma de temple de cola.

 

La matización cromática en la pintura egipcia es muy rara. En general, los colores escogidos imitan los del objeto representado. Sin embargo, los tonos de la piel se representaban de manera convencional: la piel del hombre egipcio se pintaba de pardo rojizo, mientras que la de la mujer era de un ocre claro. Nubios y negros solían aparecer negros, los asiáticos de un color amarillo claro, y los egeos como los egipcios.

 

Arte predinástico y protodinástico

 

Durante el predinástico destacan las pinturas sobre cerámicas, que representan tanto motivos geométricos como figurados, y las paletas.

 

En la época Badariense (segunda mitad del V milenio a.C.), se inventó en Egipto el horno de alfarero, por lo que el artesano badariense pudo cocer sus objetos de cerámica de manera muy sobresaliente. La decoración consistía en zonas de colores contrastados, marrón o roja la parte inferior y ennegrecida al humo la parte inferior. Algunas cerámicas se decoraban con ondas haciendo incisiones con un peine. Y por medio del bruñido tanto los colores rojo como el negro adquirían un brillo casi metálico.

 

Con el marfil, los egipcios del badariense hacían agujas, punzones, peines y cucharas, o incluso pequeñas figurillas . Las paletas se hacían en pizarra. Al comienzo, estas paletas eran rectangulares y servían para moler las pinturas de maquillaje. No obstante, con el tiempo fueron desarrollándose tomando formas diversas.

 

Durante el período Nagada I (primera mitad del IV milenio a.C.), los alfareros demostraron un completo dominio de su técnica. Tenemos cerámigas, negras, rojas o de ambos colores con ornamentación en blancoamarillo y gran variedad de formas.

 

Se hace entonces evidente la destreza de los que trabajan la piedra, principalmente calcita blanda (alabastro), pues era el material más fácil de trabajar. Las formas cilíndricas dejaron de ser un problema cuando aprendieron a vaciar la piedra con diorita y esmeril.

 

Entre los objetos utilitarios hay que citar las hachas, las puntas de flecha, hojas de puñal, etc., labrados en piedras duras. En marfil destacan los peines e incluso algunas figuritas .

 

Con el período Nagada II se observa que los egipcios ya mantienen contactos regulares con el mundo exterior y la civilización egipcia da muestras de un mayor refinamiento. Los egipcios de este período utilizaban una arcilla distinta, que una vez cocida tenía un tono gris amarillo. Los recipientes decorados, de diversos tamaños y en general redondos, presentan un gran interés para el estudio de los orígenes del arte egipcio , pues en su ornamentación aparecen algunos de los elementos que pronto se fijarían en las convenciones. Uno de los motivos favoritos es el de los animales: así vemos desfiles de íbices, antílopes, avestruces y flamencos, con frecuencia alineados sin superponerse, aunque casi nunca se apoyan en una línea de base  horizontal. También se representan barcos y, más importante aún, ahora aparecen representaciones de personas . También aparecen cerámicas con formas de animales o con animales en su borde .

 

Los que trabajaban la piedra, no contentos con trabajar sólo la calcita blanda, pasaron a dedicarse a las piedras más duras y difíciles, como la diorita y el granito, y también el basalto, brecha, serpentina, pizarra, mármol y caliza. Estas obras eran tan seductoras que los pintores imitaron sus efectos marmóreos en sus cerámicas. También, conmayor originalidad, se hicieron vasijas zoomorfas. Se siguieron haciendo paletas para cosméticos, dándoles la forma de pájaros, peces, mamíferos, etc. Las delicadas cucharas de hueso o marfil completaban el ajuar cosmético de los egipcios. El sílex se trabaja muy bien para realizar las hojas de los cuchillos de carácter ceremonial.

 

La tumba 100 de Hierakónpolis es de un grandísimo interés para la historia del arte, pues uno de sus muros interiores está decorado con pinturas murales. Aun cuando la decoración del muro ocupa siempre la totalidad de la superficie, sin registros, el espacio se ha dividido por la parte inferior mediante una fina línea roja, doblada por otra gruesa y negra, procedimiento que encontraremos en épocas más tardías. El fondo es amarillo y las figuras se pintaron en rojo, negro y blanco. En la zona central hay unos barcos, y entre éstos unos rebaños así como figuras humanas que combaten entre sí o con animales.

 

Los pintores probaron con una técnica diferente en Gebelein, localidad cercana a Hieracónpolis. Por primera vez en la historia se utilizó como soporte de la pintura un trozo de tela.

 

Cuando llegamos al período Nagada III y protodinástico, el desarrollo del arte egipcio aún se hace más evidente.

 

La paleta ceremonial más famosa, cercana ya al comienzo de la I dinastía, es la del faraón Narmer. Ésta conmemora una victoria sobre enemigos humanos, y lo más destacable es que muestra ya, en lo más temprano de la ciilización egipcia, las características esenciales del arte faraónico. El campo en forma de escudo se divide en registros, lo cual es un modo de organizar el espacio disponible según las exigencias de un concepto intelectual. El reverso muestra a Narmer con la corona blanca, que pronto sería el tocado emblemático del rey del Alto Egipto. Narmer golpea con una maza a un enemigo, una imagen que simbilizara la victoria del orden sobre el caos y que se repetirá hasta el final de la civilización faraónica. Al faraón sigue su lavador de pies, mostrado a menor escala y sobre una línea de registro distinto. En el anverso, en el registro inferior, Narmer en forma de toro destruye una fortaleza enemiga y pisotea a su jefe. En el registro medio, dos animales fantásticos entrelazados muestran la maestría del escultor. Encima, otro registro muestra a Narmer con la corona del Bajo Egipto, siguiendo a una serie de portaestandartes que pasan revista a enemigos decapitados. Arriba, del mismo modo que en el anverso, la paleta está decorada con dos cabezas de la diosa Hathor en forma de vaca y, en el centro, el nombre de Narmer. La paleta de Narmer mide 66 cm de alto.

 

Una paleta ceremonial descubierta también en Hieracónpolis es la llamada “paleta de los perros” . En las dos caras dos perros unen sus patas en el lugar exacto, en el anverso de la paleta, donde está la cavidad destinada a guardar los afeites. Debajo, el caos se ordena mediante dos grupos complementarios de animales simétricos.

 

Desde el punto de vista de la técnica, deben relacionarse con las paletas ceremoniales las mazas ceremoniales. Las más famosas son las de Narmer y el rey Escorpión. El rey Escorpión era uno de los predecesores de Narmer que reinaron antes de la unificación de todo Egipto. La maza del rey Escorpión, que lleva la corona del Alto Egipto, es piriforme y está dividida en registros horizontales. En los dos superiores hay filas de figuras, mientras que en el inferior las figuras están dispersas. El faraón se ocupa de una labor pacífica: excava un canal para que el agua inunde los campos.

 

Las empuñaduras de algunos puñales, realizadas en marfil, se decoraron con motivos grabados e incisos. El ejemplo más espectacular, hoy en el Louvre, es el puñal de Gebel el-Arak . En una de las caras, un personaje con aspecto mesopotámico está situado entre dos leones. En la otra cara figura una escena de batalla, terrestre y naval, que opone a dos grupos diferenciados. Da la impresión de que esta pieza conmemoraba un suceso histórico de gran importancia, que habría ocurrido en el período inmediatamente anterior al inicio de la I dinastía.

 

La escultura de bulto redondo existía desde el período predinástico, pero a pequeña escala. El descubrimiento en Coptos de dos estatuas acéfalas del dios Min , de más de 4 metros de altura, causó por ello una gran sorpresa. En ellas encontramos las características del arte predinástico tardío. También encontramos cierto número de pequeñas estatuas realizadas en marfil.

 

Arte del período Arcaico

 

La estatuaria de la II dinastía ofrece un panorama completo del nivel que por entonces habían alcanzado los escultores, como la figura del faraón Khasekhemui . Los animales, tan frecuentes en las paletas, tuvieron también sus representaciones de bulto redondo, bien como objetos portátiles, bien a una escala mayor. También el relieve comienza a desarrollar los modelos, aún con el estilo arcaico, que seguirán durante la historia del arte egipcio.

 

Los tallistas de marfil alcanzaron un alto grado de perfección desde la dinastía I, y eso se comprueba en los tableros de juegos conservados, sus fichas , pequeñas figuras, partes de muebles , etc. Precisamente, el arte de la talla en madera, hueso o marfil, que hunde sus raíces en la era prehistórica, alcanza aquí su máximo esplendor. Cada objeto destinado al uso cotidiano fue ejecutado con tal minuciosidad que constituía una pequeña joya, a la vez que atributo del refinado estilo de vida de la clase superior del nuevo estado.

 

La cerámica sigue siendo importante, pero los trabajadores de la piedra ahora adquieren más importancia, pues son capaces de imitar formas cerámicas en piedras duras.

 

Arte del Imperio Antiguo (III – VI dinastías)

 

La estatuaria de la III dinastía está representada por la estatua del rey Djeser (Zoser) descubierta in situ en el serdab del lado norte de su pirámide escalonada en Saqqara. Restos de pigmentos indican que originalmente estaba pintada con vivos colores: el rostro, las manos y los pies en rojo, la vestidura blanca, la peluca y la barba postiza en negro. El tocado que lleva sobre la peluca tiene un listado de delicada factura. El faraón descansa sobre un tono cuadrado. Una mano descansa sobre la rodilla, y la otra se apoya en su pecho. La imagen transmite la idea de un soberano poderoso y decidido. El hieratismo de esta estatua, típico en el arte faraónico, se observa también en otras estatuas de bulto redondo de esta época, como la de la princesa Redyi . Su postura es erguida, con una mano sobre el muslo y otra sobre el pecho. Se considera carcaterístico e las obras de la época de la III dinastía que el rostro sea vivo y con rasgos individuales, mientras que el cuerpo todavía da la impresión de una cierta rigidez.

 

A finales de la III dinastía o comenzos de la IV dinastía, también se utilizó la caliza para labrar las efigies sedentes de Rahetep y Nefret , una obra maestra del momento. Los colores están intactos y nos dan una idea del aspecto que debían tener muchas otras esculturas de caliza. Son casi a tamaño natural. Nefret está envuelta en una túnica ceñida, la mano izquierda oculta y la deracha entre el pecho y el codo. En Rahetep, en cambio, los miebros están ligeramente separados del cuerpo y del asiento. Se marcan con claridad los músculos del brazo, y los dedos aprietan un objeto cilíndrico. Los rostros de ambos están tratados de un modo tan individualizado  que es casi obligado considerarlos como retratos. El uso de cristal de roca para los ojos dan a éstos una viveza tan real que otorgan vida a la estatua.

 

En el relieve, la pirámide escalonada de Djeser (Zoser)  nos ofrece los mejores ejemplos de la III dinastía .  Los mejores ejemplos de relieves en monumentos privados proceden, en cambio, de la mastaba de Hesira , supervisor de escribas, médico y dentista que vivió durante el reinado de Djeser. Los muros de las salas superiores de su tumba estaban decorados con pinturas que representaban escenas agrícolas, pero en el muro occidental del corredor interior se abrieron once nichos en los que se fijaron unos grandes paneles verticales de madera. Los paneles se habían recubierto con una capa de yeso y se habían pintado, lo que hacía difícil ditinguirlos de los relieves tallados en la piedra.

 

En un caso único, hay una estatua que puede considerarse arquitectónica. Nos referimos, obviamente, a la Esfinge de Gizah , de la época de Khafra (Kefrén), IV dinastía. La esfinge se concibió a partir de una masa de roca local que se hallaba en la meseta; labrándola  y añadiéndole bloques de piedra se le dio la apariencia de un león con cabeza de faraón, con su tocado real y su barba postiza, originalmente pintados. La tarea era gigantesca y el reultado asombrosamente bueno. En la esfinge se combinan fuerza y realeza.

 

También abundan los retratos en bulto redondo de Khafra y Menkaura (Kefrén y Micerinos). La estatua de tamaño natural de Khafra en diorita que se conserva intacta en el Museo de El Cairo, sigue siendo la obra maestra de la escultura del Imperio Antiguo, tanto por la destreza de la labor cuanto porque materializa el concepto de soberanía en el Egipto antiguo. El faraón está sentado en un trono de leones protegido por Horus, y las dos figuras están vinculadas porque el faraón reinante es la encarnación de la divinidad. La estatua se halló en el templo del valle de Khafra.

 

En el templo de Menkaura se deenterraron numerosas estatuas del faraón, solo o acompañado . De Menkaura sobresalen las tríadas . Parece que el plan era realizar 42 grupos estatuarios del faraón, flanqueado por la diosa Hathor a un lado y por una divinidad que personificara uno de los 42 nomos de Egipto en el otro, formando tríadas en pizarra, más pequeñas que el tamaño natural. Las figuras están de pie sobre un pedestal y parecen salir de la ancha lsa que les respalda. Por eso dan la impresión de ser altorrelieve, pero los egipcios no conocían esa técnica. Son más bien bultos adosados a un pilar dorsal.

 

Dentro de la estatuaria privada de esta época destaca el busto de Ankh-haf  , en caliza, de 50,6 cm de alto y procedente de Gizah. Aquí tenemos un retraro de un individuo, y aunque sea de nivel artesanal superior, debemos relacionarla con una serie de piezas conocidas como “cabezas de repuesto” , que se suelen calificar de retratos y que servían para que el “alma” del difunto reconociera a su dueño. Otra estatua de gran calidad es la perteneciente a Hemiunu , el arquitécto de la pirámide de Khufu (Keops). Ésta es de tamaño natural y se labró en un bloque de caliza de 156 cm de altura.

 

Debemos destacar un buen número de conjuntos escultóricos en los que se muestra a los esposos sólos o con sus hijos, generalmente en actitudes cariñosas. Así, podemos citar la estatua de Memi y su esposa Sabu , la dama Khentetka y su hijo (que da fe de su corta edad no sólo mostrandose en una escala muy inferior sino también por tener un dedo en la boca y coleta lateral) , de la IV dinastía, o la familia de una mujer llamada Pepi, de la V dinastía . Algunas incluso muestran rasgos particulares de algún individuo, sabiamente camuflados por el escultor, como el caso del enano Seneb y su familia, de la VI dinastía, o escenas de la vida cotidiana.

 

Las esculturas de bulto redondo, no pertenecientes a la realeza, alcanzan su apogeo durante la V dinastía. De la IV y V dinastía tenemos algunos ejemplos de estatuas de escribas de gran calidad artística. Las más famosas son las del museo del Louvre y la del museo de El Cairo .   El escriba se muestra sentado, con las piernas cruzadas. Sobre el faldellín sostiene un papiro parcialmente enrrollado, sostenido por su mano izquierda. Con la derecha debía sostener originalmente un junco para escribir. Los ojos incrustados, hechos de cristal de roca, dan vida a sus miradas.

 

Las estatuas de particulares podían ser de piedra o madera. La pequeña estatua de madera de un hombre llamado Kaaper , más conocida hoy como Sheik el-Beled, es un ejemplo excelente de este tipo de piezas. Está representado como un hombre joven, y pleno de autoridad, con la vara en la mano. Nada escapa a la mirada de sus ojos incrustados. Otras estatuas de madera siguen el mismo modelo que hemos visto en piedra, mostrando esposos. También en madera, a partir del  Imperio Antiguo empiezan a aparecer pequeñas estatuillas policromadas que representan a artesanos, trabajadores, etc. . Este tipo de estatuillas será más común durante el Imperio Medio.

 

Dentro de la estatuaria real de la V dinastía, encontramos piezas de bella factura como la de Userkaf . El monarca se muestra solo, acompañado, de pie, sentado y también empiezan a ser abundantes las estatuas genuflexas, es decir, aquellas en las que el individuo se muestra de rodillas, como este ejemplo de Pepi I .

 

El relieve se desarrolla ampliamente durante el Imperio Antiguo, especialmente a partir de la IV dinastía. Son muchas las mastabas de particulares decoradas con relieves pintados en sus cámaras interiores. Podemos citar algunos ejemplos en los que se ve al difunto delante de una mesa de ofrendas . Los más interesantes, no obstante, son los que presentan escenas de la vida cotidiana.

 

En la pintura, debemos referirnos a una de las obras maestras de esta época, las “ocas de Meidum” . Hoy en el Museo de El Cairo, formaban parte de una escena mucho mayor que evocaba la vida en las riberas del río. La capilla de la que formaban parte pertenecía a la dama Itet, casada con Nefermaat, un hijo de Snefru.

 

También el trabajo en metal se desarrolló notablemente en esta época. Algunas piezas dan muestra de la pericia de los artesanos egipcios, como en la cabeza de oro del dios Horus, hallada en Hieracónpolis. La cabeza pesa 635 gramos y se le incrustaron ojos de obsidiana.

 

Arte del Imperio Medio

 

De la dinastía XI se ha descubierto una estatua de Mentuhetep II que conserva perfectamente los colores . Mide 1,83 metros de altura y está realizada en caliza. El faraón, tocado con la corana del Bajo Egipto está sentado  en un trono cúbico, con los brazos cruzados sobre el pecho. Va vestido con la prenda que se utilizaba durante la fiesta sed, que oficialmente se realizaba por pimera vez a los treinta años de reinado y que servía para regenerar la vigorosidad y fuerza del faraón. Los pies de la estatua parecen desproporcionados. Este estilo se observa en otras estatuas de la misma época .

 

Por otra parte, debe señalarse que el canon de proporciones que había sido uniformizado durante el Imperio Antiguo, desde el Primer Período Intermedio comenzó a perderse, de modo que podemos hallar algunas obras toscas, como la estela de Mentini y Hapi, procedente de Akhmin . Sin embargo, eso no impide que durante el Primer Período Intermedio (época entre el Imperio Antiguo y Medio), también encontremos ejemplos de pinturas de buena calidad.. En este caso, vemos omo el animal está claramente caracterizado con una parca línea que demarca su silueta y una distribución clara del color. Con la perspectiva del desplegado, al observador se le hace presente de forma inequívoca que el asno lleva dos cestos de mimbre sobre el lomo. El que cuelga del lado oculto a la vista se pliega hacia arriba como una pieza de un recortable.

 

La recuperación de este canon sería una de las realizaciones más importantes de comienzos del Imperio Medio. Durante la dinastía XI, no sólo encontramos estatuas como las de Mentuhetep II. En el relieve encontramos magníficos ejemplos bien proporcionados, por ejemplo, los que podemos ver en el sarcófago de Aschait, de la época de Mentuhetep II,  o más tarde, en los relieves de la capilla blanca de Sesostris I

 

Los sarcófagos, de igual modo que en el Imperio Antiguo, siguen siendo rectangulares, aunque profusamente decorados con textos y viñetas. No obstante, tenemos bonitos ejemplos de máscaras funerarias, realizadas con lino estucado y pintado.

 

Uno de los hallazgos arqueológicos más sorprendentes, en referencia a la dinastía XI, son las estatuillas de madera encontradas en la tumba de Meketra (TT 280), en Tebas oeste. Aquí podemos ver, por ejemplo, una instructiva maqueta en la que se muestra al propio Meketra siguiendo la contabilización del ganado . Ante él, están apaleando a un pastor que no ha cumplido con su trabajo. Otra figura, muestra a una mujer como portadora de ofrendas. Lleva un vestido ceñido con una malla de perlas tubulares de color rojo y turquesa. También tenemos maquetas que representan escenas de pesca con red . Ésta no es, sin embargo, la única tumba en la que han aparecido este tipo de maquetas, pues en realidad hay muchas más. En la tumba de Mesehti, en Asyut, tenemos, por ejemplo, una maqueta que representa una compañía de lanceros egipcios, de sólo 6 cm de altura.

 

La estatuaria de la dinastía XII vuelve a adquirir una calidad que parece haberse perdido durante los períodos inemediatos. Durante el reinado de Sesostris III aparecen vigorosas representaciones del monarca. Son un reflejo del estilo tebano de la época que muestra el mismo pesimismo que se lee en la literatura de la época. Todos los rasgos faciales del soberano están desprendidos hacia abajo. Podrían sugerir también que el faraón, más alla de su forma divina e imperturbable (como los ejemplos del Imperio Antiguo) ahora también padece el cansancio del gobierno. . Este tipo de retrato, en el que se muestra como el rey envejece, también tuvo continuidad durante el reinado posterior, el de Amenemhat III. Podemos citar un ejemplo en metal, uno de los pocos que han sobrevivido a la codicia de los ladrones . Uno de los ejemplos más tempranos de una estatuilla fundida en hueco es la estatua erguida de un funcionario de la dinastía XII, una obra maestra del trabajo en cobre. La calidad del trabajo en metal no sólo se observa en la estatuaria sino también en la joyería y demás objetos de tocador. Estos elementos, además, se enriquecen con incrustaciones en diversos tipos de piedra, lo que les da más vistosidad y demuestran la pericia de los artesanos egipcios. . Otras estatuas de bella factura fueron realizadas íntegramente en fayenza.

 

La estatuaria privada también tiene ejemplos de gran valor artístico, como la figura de Sobekemsaf, de la dinastía XIII. . Este gobernador tebano se muestra obeso, dando un paso al frente, y su estatua es de un tamaño muy superio al habitual en la esfera privada. Ello indica la importancia de este hombre, que era hermano de la esposa principal de un rey de la dinastía XIII.

 

El peinado de moda femenino, se distingue perfectamente en esta época en algunas estatuas, como la de la reina Nofret. Concretamente, lleva la peluca hathórica y, también, según el gusto de ese tiempo, un vestido ceñido.

 

Un tipo de estatua muy característico del Imperio Medio (y, posteriormente también, del Imperio Nuevo), son las llamadas “estatuas cubo”, realizadas sobre un bloque cúbico de piedra.

 

En madera también se han conservado interesantes ejemplos de estatuas. En el Museo de El Cairo se conserva una de Sesostris I en madera de cedro. Sigue el antiguo convencionalismo de representar la figura masculina con la pierna izquierda avanzada.. De la dinastía XIII uno de los mejores ejemplos es la estatua del ka del rey Hor, hallada dentro de una capilla también tallada en madera.

 

Para adornar sus tumbas los particulares acudían más a la pintura que al relieve. Las tumbas de Beni Hasan son las que, para la dinastía XII, muestran los mejores ejemplos de pintura, siguiendo las líneas generales que definen la pintura privada de la dinastía XI. Sobre todo vemos escenas de la vida cotidiana o de la naturaleza , lo que las hace particularmente atractivas.

 

Es poco lo que se conserva de la pintura funeraria tebana del Imperio Medio. Antefoqer, visir durante el reinado de Amenemhat I, hizo construir la tumba para su madre Senet. Ésta presenta una amplia gama de temas. Aquí se muestran mujeres cociendo pan, sacando la masa de grandes recipientes altos y llenando con ella moldes cónicos de barro. Aunque las proporciones de las figuras son adecuadas, con sus movimientos angulosos y sus colores apagados irradian algo de rigidez y simplicidad.

 

Arte del Imperio Nuevo

 

Dinastía XVIII

 

Durante el Imperio Nuevo se incrementó la producción de escultura real para decorar los templos. Los pilares osiríacos, las esfinges y los colosos sedentes o de pie encontraron acomodo en los edificios, adosados a los muros, pilares, etc. Junto a ellos, otras estatuas más pequeñas, en actitudes diversas, se depositaban en diferentes partes del templo con un sentido ceremonial concreto.

 

El caso de la reina Hatshepsut plantea un problema iconográfico, pues quería ser representada con los rasgos de un soberano varón. Esto significa, en primer lugar, que tenía que llevar uno de los símbolos reales, la barba postiza. Debía también vestir el faldellín corto, con el resto del cuerpo desnudo, como un faraón. Así, bajo los faldones del tocado real aparecen mínimas sugerencias de sus curvas femeninas, pero si exceptuamos el modelado del rostro, el cuerpo podría pasar por el de un hombre. La cara es delicada y femenina.

 

Durante el reinado de Hatshepsut, y de manera excepcional, un hombre no perteneciente a la realeza gozó de altos privilegios. Se trata de Senenmut. Una de las estatuas más conocidas de este personaje es la estatua cubo en la que aparece con la hija de Hatshepsut, la princesa Neferura.

 

Las estatuas de Tutmosis III muestran un cierto parecido facial con las de Hatshepsut, sobre todo cuando se conserva la nariz. Los rasgos del faraón son más masculino y el cuerpo más musculado. Vemos a un soberano ideal, que desempeña su papel a la perfección.

 

Durante el reinado de Tutmosis III éste encargó una imagen de su madre, que era de sangre no real, ya que se trataba de una concubina de Tutmosis II. Pero al convertirse en la madre del faraón cambió su condición y se convirtió en la reina Isis. Su estatua lleva el ureus (cobra) real incrustado en una diadema de pan de oro. La forma del cuerpo de la reina se aleja del de las estatuas de Hatshepsut, pues las curvas son más pronunciadas y los hombros tan estrechos que desaparecen en la espesa peluca.

 

Son muchas las estatuas y figuritas que se realizaron durante los 25 años de reinado de Amenhetep II. Este faraón fue célebre por su fuerza física y ese aspecto se refleja en sus estatuas. Los escultores subrayan la musculatura de sus brazos, así como el pecho amplio y bien desarrollado. Se le representa con rostro juvenil, y en la boca presenta la llamada “sonrisa tutmósida”.

 

El prolongado reinado de Amenhetep III es uno de los períodos más importantes para la historia del arte egipcio . En la fase final de su reinada el modelo egipcio comenzó a cambiar, hallando su máximo ya durante el reinado de Amenhetep IV – Akhenatón. De esta época proceden algunas estatuillas de la reina Tiye, esposa de Amenhetep III, en las que se muestran unos rasgos que parecen indicar el carácter de esta poderosa mujer

 

Dentro de la escultura privada de este período, encontramos ejemplos de muy diversas calidades. Se repiten los ejemplos de figuras solas o en compañía. El dominio de la piedra es excelente, lo que permitió que los escultores egipcios se atreviesen no sólo con caliza, sino también con granito y cualquier otra piedra dura.

 

En madera, podemos citar no sólo esculturas de bulto redondo sino también el trabajo realizado sobre ataúdes y máscaras funerarias . El mobiliario de la época también es muy vistoso y de gran calidad y originalidad.

 

El relieve está muy extendido en esta época, principalmente en templos, tumbas y estelas. Buenos ejemplos se localizan en el templo funerario de Hatshepsut en Deir el-Bahari. Los más interesantes son los que muestran la expedición al país de Punt, lugar de donde los egipcios extraían mirra , incienso, animales exóticos y maderas como el ébano. Estos relieves tienen un buen acabado , y destaca la precisión con la que fue representada la reina de aquel lugar , de rasgos africanos. Bajo Amenhetep III encontramos un elevado número de ejemplos de buena factura en los que es muy fácil reconocer el rostro de este faraón.

 

En el ámbito de las tumbas reales, la pintura cambió su estilo a principios de la dinastía XVIII. En la tumba de Tutmosis III, por ejemplo, podemos apreciar el esquematismo de las figuras . Posteriormente, en cambio, la pintura vuelve al estilo más característico del antiguo Egipto, siguiendo el cánon de proporciones propio de este período. La pintura privada alcanzará en el Imperio Nuevo su máximo apogeo, principalmente en la decoración de las tumbas. En la dinastía XVIII destacan las pinturas de las tumbas de Ramose, de Sennefer, y de Nebamón e Ipuky. No obstante, también encontramos bellos ejemplos de pintura sobre otros soportes, como el papiro .

 

Dentro de la dinastía XVIII y en la historia del arte egipcio en general, la época de Amarna constituye un período sin parangón. El arte conservador egipcio encuentra en este momento la oportunidad de liberarse de cánones y tradiciones establecidas. Se crea un estilo muy original, a veces grotesco, que hace muy fácil de distinguir los trabajos realizados en esta época.

 

Las estatuas muestran al faraón con un rostro exageradamente alargado , los labios carnosos y expresivos, los ojos oblicuos y estrechos, y el mentón muy pronunciado, prolongado por la barba postiza. También destaca en el estilo de este momento el cariñoso tratamiento de la familia real, algo de lo que no podemos encontrar ejemplos tan claros y directos en otras épocas

 

Por fortuna, a principios del siglo XX se halló el taller del escultor Tutmosis, escultor encargado de realizar las obras para la familia real. Gracias a este descubrimiento se han encontrado numerosos modelos de cabezas , y el más famoso busto del antiguo Egipto, el de la reina Nefertiti

 

En el relieve es donde mejor podemos ver la actitud especialmente cariñosa en la que semuestran los miembros de la familia real . El mero hecho de encontrar al rey, la reina, y sus hijas juntos ya es algo excepcional, menos en la época de Amarna. También podemos encontrar imágenes inusuales en otras épocas, como la de un princesa comiendo de manera apacible

 

Tras la muerte de Akhenatón y el breve reinado o corregencia de Smenkhkara, llegamos al reinado del joven Tutankhamón, hijo de Akhenatón. La influencia del período de Amarna aún se mantiene parcialmente en sus obras , aunque más suavizadas y conformes a la tradición egipcia. El descubriento de la tumba intacta de este monarca, permitió conocer mejor el arte de la época, especialmente el alto grado de finura y destreza alcanzado por los artesanos reales. Buen ejemplo son sus ataúdes , su famosa máscara funeraria , o su trono

 

Dinastía XIX

 

Los escultores de Seti I demostraron una gran destreza en la talla de sus obras. De Abidos procede una estatua de diorita porfídica dura que muestra la faraón genuflexo (de rodillas) con una tabla de ofrendas. El rostro del soberano tiene un sutil modelado.. Desgraciadamente no se han conservado muchas esculturas de su reinado, aunque observando la anterior debemos entender que tuvieron una gran calidad. Esta calidad se comprueba en sus relieves , y en la escultura privada realizada en esos años

 

Las estatuas que salieron de los talleres reales durante el reinado de Ramsés II eclipsan a cualquier otra forma artística por el enorme tamaño de muchas de ellas (algunas de más de 22 metros en una pieza) y por su elevado número y variedad . En la fachada del templo mayor de Abu Simbel podemos ver cuatro colosos excavados en la roca, con una altura de 20 metros. En bulto redondo encontramos colosos en Menfis y Tebas, principalmente, pero sabemos que habían también en otros lugares, como Piramsés. Del templo funerario de Ramsés II procede parte de un coloso, actualmente conservado en el Museo Británico

 

Otra estatua, produce una impresión del soberano totalmente distinta. Es de tamaño ligeramente superior al natural y está tallada en un brillante granito negro que representa al faraón sentado y con la corona khepresh, la corona azul. A sus pies, en una escala muy inferior, están su esposa Nefertari y uno de sus hijos, Amonhirkhepeshef. Desde el punto de vista técnico es una estatua perfecta. En cualquier caso, esta obra desprende mucha más humanidad que la de los colosos. Otras estatuas de Ramsés II le muestran acompañado por divinidades El relieve sigue el estilo anterior, con una talla de muy buena calidad incluso aún cuando la roca no ofrecía buenas condiciones de trabajo, como en Abu Simbel

 

De Merenptah, sucesor de Ramsés II, no se han hallado demasiadas esculturas, y los ejemplos que tenemos no parecen estar a la altura de los de su padre. Un nuevo apogeo en el arte de la talla en bulto redondo se alcanzará, sin embargo, poco después, bajo el reinado de Seti II.

 

En las tumbas reales de la dinastía XIX se observan cambios perceptibles. El fondo azulado con el que se pintaban las paredes desde época de Horemheb, permanecerá aún durante el reinado de Ramsés I , pero después éste se abandonará dando preferencia al amarillo. En tumbas como las de Merenptah y Siptah , podemos observar, además, relieves pintados de buena calidad.

 

Las tumbas son los lugares donde encontramos los mejores ejemplos de pintura. Los colores conservados en la tumba de Nefertari son tan vivos que parecen haber sido plasmados hace unos días , aunque tienen más de 3250 años de antigüedad. Característico de esta época, en el dibujo de las caras, son los dos pliegues marcados en el cuello y en la comisura de los labios

 

Pero más que en las tumbas reales, es en las privadas donde se encuentran las escenas más coloristas y llamativas, como vemos en las tumbas de Senedjem y Pashedu . Es usual que en las tumbas de los notables aparezcan, además, nichos en los que se muestra la imagen del difunto, su mujer y su madre.

 

Dinastía XX

 

Los relieves del templo de Ramsés III en Medinet Habu son de buena calidad, y en parte aún conservan sus colores originales. La obra maestra indiscutible es un relieve situado detrás del ala sur del pilono del templo, adyacente al palacio real. Aquí aparece Ramsés III montando un carro, armado con una lanza, pues está cazando toros en la marisma. Dos ya han muerto pero un tercero huye con una lanza clavada. El contexto de la acción es tan poco frecuente como los participantes. El cañaveral no se presta sólo como fondo, al estilo usual, sino que aquí toma parte activa de la escena ocultando parcialmente los animales.  

 

En otros relieves de carácter bélico, se muestra el caos y desorden de la batalla , que simboliza el mal frente al orden personificado en el propio faraón. Hasta el final de la época ramésida encontraremos buenos ejemplos de relieves, en tumbas y en templos. De época de Ramsés IX han sobrevivido algunos en el templo de Karnak . En éste, de manera inusual, se muestran Ramsés IX y el sumo sacerdote de Amón tebano Amenhetep a la misma escala. Probablemente aquí tengamos que ver la creciente influencia y poder que acapararon los sumos sacerdotes, que en unos decenios llegarán incluso a utilizar el título real.

 

Aún en la dinastía XX hallamos buenos ejemplos en el campo de la escultura. En la escultura real se evidencia que el faraón sigue mostrándose idealizado y joven . También la escultura privada ofrece obras notables, como las estatuas del sumo sacerdote de Amón Ramsésnakht, de la época de Ramsés IV a Ramsés IX

 

La pintura en las tumbas reales se propaga por todos sus corredores y salas. En esta dinastía, además, los textos serán más variados. Algunos ostraca (trozos de cerámica o piedra donde se realizaban bocetos) muestran escenas que después podían plasmarse en las tumbas o templos    Ramsés III se muestra como un faraón noble, con la nariz ligeramente arqueada y pequeños labios . Las tumbas de algunos de sus hijos muestran tendencias menos sobrias.

 

Arte del Tercer Período Intermedio (dinastías XXI-XXV)

 

Como todos los llamados “períodos intermedios”, es decir, aquellas épocas en la historia de Egipto situadas entre los “imperios” o tiempos de máximo apogeo, se suele considerar también al Tercer Período Intermedio como una época oscura y decadente. Sin embargo, y aunque es cierto que no encontramos el mismo número de obras que nos ha legado el Imperio Nuevo, es evidente que el arte de este período no es en absoluto decadente.

 

En el ámbito de la escultura, baste mencionar una estatua cubo de Nimlot , hijo de Sheshonq I, o un fragmento de estatua de Osorkón I hallado en Biblos. Más calidad muestran si cabe los relieves de Osorkón I y Osorkón II hallados en Bubastis. Más tardíamente, en las postrimerías de la dinastía XXII, a mediados del siglo VIII a.C., comenzaremos a observar un nuevo estilo arcaizante que buscará sus parelelos en el Imperio Antiguo. Un buen ejemplo es la plaqueta con relieve del rey Iuput II . El monarca se muestra al estilo de los antiguos reyes de hacía cerca de dos mil años, con anchos hombros, piernas muy robustas y, en definitiva, un estilo muy arcaico.

 

La aportación más importante de estas dinastías hay que buscarla en el trabajo de los metales. Conservamos varias imágenes de culto, como un grupo que representa a Isis, Osiris y Horus . Este grupo, de sólo 9 cm de altura, se describe como un colgante. Los miembros alargados y la forma de representar los torsos, como si estuvieran formados por segmentos, rvelan que no es una obra de un escultor de la dinastía XVIII, aunque la pieza se inspire en el estilo de aquella época. De Siamón, de la dinastía XXI, tenemos una pequeña esfinge de bronce , y otra estatuilla en bronce negro de Osorkón II, de sólo 14 cm de altura que reflejan el arte del metal en esta época. De finales de la dinastía XXII podemos citar también el ejemplo de una estatuilla del rey Pimay . Pero, sin duda, la obra maestra de este período es la estatuilla de la divina adoratriz Karomama, de la dinastía XII Podemos decir, incluso, que se trata de una de las obras maestras más singulares de todo el arte egipcio. Las delicadas facciones, juveniles al tiempo que introspectivas, como también los esbeltos miembros, están modelados al estilo idealizado de ese período, bajo la inspiración de antiguos modelos de la e´poca tutmósida,y expresan la perfección de la gracia femenina en el sentir egipcio. Por casualidad, se conserva el nombre del escultor que hizo esta estatua. Se llamaba Ahtefnakht, nombre que debería ser honrado entre los más altos artistas de la antigüedad. Si observamos en detalle la estatua es cuando podemos valorar mejor la calidad del trabajo aplicado en ella.

 

La maestría de los artístas de esta época se puede valorar también cuando vemos la calidad del acabado de algunos ataúdes, muy pintados y decorados en este período , o en el ataúd de plata o la máscara funeraria de Psusennes I o algunas piezas de joyería.

 

La dinastía XXV supondrá un cambio notable en el estilo artístico, pues quedará implantado el modo arcaizante que ya se anunciaba desde mediados del siglo VIII a.C. Quizás este arcaismo deba concebirse como un intento, por parte de los faraones kushitas de la dinastía XXV, de volver a los planos ideológicos y artísticos considerados más puros. Sin embargo, además de este estilo sobrio se añade un trabajo más vigoroso que delinea con realismo las facciones étnicas características de los cuchitas, de tipo más negroide.

 

Encontramos esculturas de estilo arcaico , y otras en las que, como decíamos, se evidencian los rasgos negroides de los kushitas . Sin embargo, en muchas otras estatuas no se pueden observar estos detalles, y bien podrían pasar casi como propias de otra época. Uno de los mejores ejemplos de la estatua kushita es precisamente la estatua de calcita de la divina adoratriz Amenirdis I No son demasiados los relieves que quedan en el ámbito real. En todo caso, los que han sobrevivido no son relieves profundos, aunque tienen calidad. Una manera de distinguir a los monarcas kushitas es saber que siempre llevan en la frente dos cobras, y no una como en el resto de las épocas.

 

Arte de la Baja Época (dinastías XXVI-XXX)

 

En la estatuaria de esta época resalta el perfecto pulido de las obras. Este detalle lo podemos apreciar bien en una estatua de Amasis , que además presenta la típica “sonrisa saíta”, otro rasgo que define el estilo de la época, y en otra estatua que representa a la diosa hipopótamo Tauseret . Durante la Baja Época en general fueron muy comunes las estatuas cubo , cuyos primeros ejemplos se remontan al Imperio Medio. La escultura privada de la dinastía XXVI es un adecuado canto del cisne a la larga historia del retrato egipcio que, pese a su idealización, hacía a veces caso omiso de las convenciones para poner de manifiesto el auténtico talento de los artesanos.

 

El trabajo en metal es muy abundante durante la dinastía XXVI. Contamos con ejemplos de diversa calidad, figuras de divinidades , figuras de animales , etc. A partir de esta época la producción de amuletos de metal es muy elevada, y en buena parte de los casos su calidad es baja, lo que permite un fácil trabajo por parte de los falsificadores.

 

Los mejores relieves de la dinastía XXVI se hallan, probablemente, en Tebas. Concretamente en algunas tumbas de la necrópolis de el-Asasif. En la tumba de Montuemhat el relieve es de gran calidad, y en algunos casos se ha podido comprobar que algunas escenas son copias directas de otras más antiguas. . El canon de proporciones cambió. Los 18 cuadros que en la cuadrícula definían las proporciones de las figuras del Imperio Nuevo, ahora se aumentaron a 21, como puede observarse en la imagen.

 

La técnica del pulido en la estatuaria seguirá observándose posteriormente. Así, de la dinastía XXVII podemos citar un fragmento hallado en Menfis . La dinastía XXVII corresponde a la época de la primera invasión persa de Egipto, por lo que en algunos casos concretos el arte egipcio se verá influenciado por algunos detalles de origen persa. Esto último se ve en las estatuas de los colaboradores persas, como la de Ptahhetep . En este caso, los collares que lleva al cuello, típicos de la corte persa, evidencian su estatus de colaborador. Sin embargo, los invasores persas no van a cambiar el arte o la cultura egipcia. Al contrario, sucumbirán ante la poderosa atracción y personalidad de ésta, y continuarán ejerciendo como garantes de la misma. Un buen ejemplo es el templo de Hibis, comenzado por Darío I. El templo es de tipo egipcio y está decorado con relieves egipcios, según la costumbre egipcia. Darío I se representó en ellos como faraón, y protagonizando escenas propias de un faraón

 

De esta época también conservamos algunos buenos ejemplos del arte con metal. El electrón, una aleación de oro y plata muy empleada en el antiguo Egipto, sirvió de base para crear esta pequeña estatua del dios Horus.

 

Tras la primera invasión persa, de 525 a 404 a.C., y antes de que se produjera la segunda invasión persa en 342 a.C., Egipto aún tendría oportunidad de ser gobernado por faraones locales durante las dinastías XXVIII-XXX. En el arte, sin embargo, con la dinastía XXX ya veremos unos cambios que anticiparán el estilo ptolemaico en algunos casos. Una de las obras maestras de la dinastía XXX es un fragmento de estatua conocida como la “cabeza verde”. La piedra se pulió tanto que brilla como si fuera metal, lo que hace resaltar hasta la más pequeña de las arrugas que indicó el escultor sobre las cejas, en torno a los ojos, de la nariz a la boca, bajo el mentón y en las orejas. La piel está caida bajo los ojos, pero la boca y la mandíbula son firmes.

 

Durante la dinastía XXX encontramos gran cantidad de estatuas estelóforas (personaje con estela) , naóforas (personaje con naos) y de animales Las estatuas de faraones de la dinastía XXX que han sobrevivido, muy pocas, muestran rasgos que anuncian lo que será el modo de representar durante la época ptolemaica. Las figuras se muestran más rechonchas, con papada .

 

Arte en la época ptolemaica

 

Durante la época ptolemaica, los reyes descendientes de Ptolomeo, general de Alejandro Magno que se instaló en Egipto como faraón, continuaron promocionando el arte y cultura egipcios, de igual modo que antes lo habían hecho los persas.

 

La escultura de los ptolomeos, en el estilo egipcio, suele representar a sus monarcas con cierta barriga y papada. Es un estilo inconfundible, alejado del idealismo del pasado. Esta característica la podemos ver, por ejemplo, en un fragmento de estatua perteneciente a Ptolomeo VIII. En la pintura, por otra parte, el canon de proporciones seguirá aproximadamente el establecido durante la época saíta, con una altura, para la figura, de 21 cuadros desde la base del pie hasta los ojos .

 

La presencia greco-macedonia primero y, después, la romana desde la caida de Cleopatra VII, harán que se vayan produciendo e introduciendo cambios notables en los estilos artísticos, aunque las costumbres funerarias prosigan sin grandes alteraciones. Como ejemplo de estos cambios, podemos mostrar un ejemplo de pintura de comienzos del siglo I d.C., ya con Egipto bajo dominio romano. Es un ejemplo magnífico de pintura egipcia hecha para quedar enmarcada sobre la cabeza de una momia, a modo de retrato.