El valor de Internet durante el conflicto en Irak

 

 

Dr. Koldobika Meso Ayerdi ©

Profesor titular de la UPV/EHU - Bilbao

 

Resumen

En el presente artículo trataremos de comprobar el valor de la Red en el conflicto en Irak. Si la II Guerra Mundial fue la guerra de la radio; si Vietnam, la de la televisión; y si la anterior Guerra del Golfo, propiedad de la CNN; la guerra de Irak pasará a la historia como la primera en que Internet se ha convertido en la fuente de información más rápida. Asimismo, los grupos contra la globalización también han sabido aprovechar las nuevas tecnologías para mostrar su disconformidad con este conflicto bélico.

 

Palabras clave

Internet, Weblogs, Warblogs, E-movilización, ciberataques, guerra cibernética

 

Introducción

Tal y como nos afirma Paul Virilo (1989), “hace tiempo que las nuevas generaciones comprenden con dificultad lo que leen, porque son incapaces de representárselo, dicen los profesores... Para ellas, las palabras han terminado por no formar imágenes, puesto que, según los fotógrafos, los cineastas del cine mudo, los propagandistas y publicistas de principios de siglo, las imágenes, al ser percibidas con gran rapidez deberían reemplazar a las palabras: hoy, ya no tienen nada que reemplazar y los analfabetos y disléxicos de la mirada no dejan de multiplicarse”. Para el arquitecto y filósofo francés, “el combate principal se libra en el campo de la mirada”, y se está desarrollando a través de una pluralidad de estrellas mediáticas o audiencias entusiastas de un reality show, cuyo guión se improvisa sobre la marcha y en el que cada imagen contiene una pluralidad de significados.

Tal y como recoge Daniel Innerarity en la edición del diario “El Correo” (Bilbao) del 14 de abril de 2003, “en esta guerra –en referencia a la guerra de Irak- las imágenes tienen algo especial y además contamos con la posibilidad de compararlas con las de la primera guerra del Golfo”.

Si la II Guerra Mundial fue la guerra de la radio; si Vietnam, la de la televisión; si la anterior Guerra del Golfo, propiedad de la CNN –la cadena televisiva fue la primera que transmitió un conflicto bélico en vivo, vía satélite-; la Guerra de Irak pasará a la historia como la primera en que Internet se ha convertido en la fuente de información más rápida, superando incluso a las cadenas de televisión y de radio. Según manifiesta José Luis Orihuela, profesor de la Universidad de Navarra y subdirector del Laboratorio de Comunicación Multimedia del citado centro, “la guerra que ha estallado puede significar para Internet lo que la guerra del Golfo supuso para la cadena de noticias CNN hace una década. En la Red, la opinión pública internacional podrá confrontar las versiones de los grandes medios, las versiones de los contendientes y las versiones de las fuentes independientes” (www.unav.es/noticias/textos/110403-03.html). Dean Wright, editor jefe de MSNBC,va un poco más allá y afirma que “ésta bien podría ser conocida como la guerra de Internet”.

El valor de la Red en esta guerra quedó demostrado por un hito cibernético: la palabra “guerra” superó a términos “sexo”, “Britney” y “Viaje” que venían siendo favoritos como en la lista de conceptos más buscados, tal y como destacó uno de los principales proveedores de servicios de Internet en Inglaterra, Freeserve. Este dato, que no pasaría de ser anecdótico en cualquier otra circunstancia, era fiel reflejo del protagonismo que estaba cobrando Internet como vía de información, emergiendo como una de las fuentes fundamentales de las noticias de última hora durante los grandes eventos como era el caso del conflicto bélico en Irak.

El índice Buzz de Yahoo (buzz.yahoo.com/overall), que hace un seguimiento de la información más demandada en los buscadores, no dejó lugar a dudas en ese mismo sentido. De los diez términos más buscados la semana del 17 al 23 de marzo, el primero fue “Iraq”. Además, “Bush” y “Sadam Hussein” entraron en la lista. Los internautas dejaron de buscar música y personajes famosos, para centrarse en la evolución del conflicto. La búsqueda de términos relacionados con la guerra en Yahoo creció de forma espectacular. El día 25 de marzo, en plenos combates, seis de las diez consultas más habituales estaban relacionadas con la guerra.

Tal y como recoge Igor Galo (www.noticiasdenavarra.com/canales/internet/guerra.php) la palabra más demandada siguió siendo “Iraq”, mientras que la segunda ese día era “Iraq TV”, en la que los internautas esperaban poder ver las imágenes de los primeros prisioneros de guerra estadounidenses. “Prisioners of War” era el quinto término más solicitado en el popular Yahoo, con un crecimiento del 25.000  respecto del día anterior. Estás imágenes, que ya habían sido emitidas por las principales cadenas de los EEUU, llegaron a la audiencia a través de Internet confirmándose que, en la era de la WWW, un control total de los medios de comunicación es impensable, ya que cualquier internauta es capaz de publicar un sitio web.

Los datos ofrecidos por el índice Lycos 50 confirmaron también los ofrecidos por Yahoo y que demostraban que el seguimiento de la guerra por la Red era un hecho. La lista semanal de Lycos, para la semana que finalizó el 22 de marzo, colocó los términos “War on Iraq” y “Sadam Hussein” en los puestos 2 y 4 respectivamente de su Top 10. Este interés creció a medida que se incrementaron los combates entre el ejército de EEUU y la guerrilla iraquí en el sur del país, hasta acaparar prácticamente todos los puestos del Top 25 el domingo 23.

Según publicó la edición digital de BBC News, el estallido del conflicto bélico en el Golfo Pérsico generó que cada vez fueran más los usuarios que acudieran a la Red en busca de noticias, hasta el punto que muchos sitios web vieron duplicada o incluso triplicada su audiencia desde que se iniciase el ataque sobre Irak. Los internautas estadounidenses, por ejemplo, manifestaron reservas sobre la capacidad crítica de los corresponsales norteamericanos, lo que generó un tráfico creciente hacia fuentes internacionales de información en busca de perspectivas más equilibradas, al tiempo que crecían la importancia de las fuentes no convencionales, muy especialmente los weblogs.

Así, cuando estalló la Guerra del Golfo en 1991 Internet todavía no había madurado y fue la red de cable el medio dominante como fuente de información para mucha gente. El anteriormente citado Innerarity afirma que “la primera Guerra del Golfo fue escenificada en la televisión como realidad virtual, como un videojuego. Pretendió aparecer como una guerra sin víctimas, en la que los pilotos se movían en el espacio imaginario determinado por la percepción de los instrumentos tecnológicos. Eran imágenes abstractas de una guerra bajo la prohibición de que hubiera nada que indicara una presencia humana. Los comentaristas la calificaron como una guerra televisiva aséptica, con una metáfora que no podía ser más apropiada. Las imágenes eran parte de un escenario que sugería que la guerra era sólo una operación quirúrgica”.

Desde entonces, y especialmente tras el 11-S, el medio telemático cobró especial protagonismo hasta el punto que se convirtió en una fuente clave de acceso a noticias y comunicaciones.

Pero es que además, en esta ocasión, tanto los medios de comunicación como los internautas tuvieron una ventaja: los periodistas destacados en la zona –por mencionar unas cifras y a modo de ejemplo, en Vietnam no llegó a haber más de 500 reporteros frente a los casi 3.000 de esta última guerra-, y que en ocasiones estaban en primera línea de fuego, contaban con ordenadores portátiles conectados por satélite, cámaras de fotografía digital, videoteléfonos –que se convirtió en la mejor arma de los reporteros-, etcétera; en suma, aparatos que les posibilitaban enviar sus crónicas y sus fotos desde la misma línea del frente y en tiempo real.

Primera reflexión: el que un periodista esté en primera línea de fuego es algo nuevo, propio de nuestro tiempo, que es el tiempo de Internet y de la televisión y de la noticia convertida en imagen directa. Ello ha contribuido a mostrarnos la realidad de un guerra, lejos de las imágenes engañosas y propagandísticas de otros conflictos bélicos. Innerarity lo explica: “La figura del periodista que informa en tiempo real ha alimentado la ilusión de que la historia es algo que se puede divisar de un vistazo y tocar con las manos. La guerra ha sido presenciada y vivida con la sensación del presente absoluto y las imágenes del ‘teatro de operaciones’ han mostrado carne y sangre en vez de radiografías. Las imágenes han sustituido la simulación por el directo. En ellas se sugería que no había la menor diferencia entre el acontecimiento y la información, pero tampoco con su percepción”.

Toda esa nueva tecnología que mencionamos permitió a los reporteros multimedia enviar imagen, texto y sonido desde el frente, y en tiempo real, para ser posteriormente utilizadas tanto para la televisión como en línea. Y ello hacía creer que el verdadero problema de esta guerra era que parecía durar mucho más de la cuenta sólo porque era retransmitida por los diferentes medios en formato de información continua.

Antonio Papell afirma en el diario El Correo del 9 de abril, refiriéndose a la presencia de los casi 3.000 periodistas en el conflicto de Irak:: “Contribuye a que la comunidad internacional interiorice plenamente la terrible confrontación, disuade a los contendientes de cometer extralimitaciones que serían inevitablemente conocidas por la opinión pública, confiere, en fin, realidad a la tragedia”. Para algunos, tal y como lo demuestra la editorial de El País  del 10 de abril, “el acceso a imágenes reales del horror incide en el centro del debate sobre la legitimidad de esta guerra, sobre la proporción entre el mal que se pretendía evitar y los sufrimientos ocasionados”.

Evidentemente, estas facilidades a la información constituyeron un arma de doble filo para los gobiernos que apoyaron la guerra. Si todos ellos confiaban en que una guerra “corta y limpia” mitigaría el rechazo de buena parte de sus opiniones públicas al conflicto, era claro que el acceso de las audiencias a la descarnada realidad –incluida la muerte de quienes la narran- a través de los diferentes medios destruía cualquier posibilidad de minimizar el impacto mediático, de relativizar la trascendencia del horror, “de pasar de puntillas por un drama que la propia globalización y las tecnologías sorprendentes de la sociedad de la información nos sitúan constantemente en el comedor de nuestras propias casas”, sentencia Papell.

Ahora bien, John Arquilla, especialista de las guerra de redes, declaró en mayo de 2002 en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Berkeley: “El problema no es la falta de información, sino el manejo de la misma”. En este sentido, las fuentes estadounidenses reconocen que la guerra del Vietnam la perdieron por ‘culpa’ de la televisión. Al parecer, los estrategas americanos de aquel tiempo no calcularon el alcance real de la pequeña pantalla y las crudas imágenes retransmitidas desde el país asiático hicieron mella en la creciente oposición de la opinión pública de EEUU. Este debió ser uno de los muchos detonantes de su derrota.

Sin embargo, mucho cambiaron las cosas desde que en 1968 EEUU decidiera tomar partido en la guerra de Vietnam y muchas fueron las fuentes informativas a las que debieron hacer frente los aliados y partidarios de la invasión de Irak. Estaba claro que la información existía en Irak, pero de manera fragmentada. Por un lado, se encontraba la cadena Al Jazeera, que recibió amenazas tanto desde las instituciones norteamericanas como en la propia Red. Pero había otro aspecto que, a juicio de los analistas bélicos, podía tener especial relevancia en la resolución de este conflicto. Se trataba de la llamada ciberguerra. En Internet proliferaron las fuentes de información, alternativas y ‘oficiales’, que mostraron lo que medios convencionales podían esconder.

El problema esencial radicaba, fundamentalmente, en el hecho que determinados medios (CNN, etcétera) y determinados gobiernos (el estadounidense e incluso el español, lanzado a una especie de ‘cruzada virtual’, con la intención de controlar aún más y tomar la medida a los contenidos en la Red; también el británico, a cuyo primer ministro no le gustaba cómo salía la guerra a través de los medios) seguían concibiendo la información como una propiedad, como algo que había que controlar, guardar para sí y no compartir. De ahí el concepto de “guarded openness”, apertura restringida. Sin embargo, pronto se alzaron voces que auguraban que Internet podría convertirse en la pieza clave para la derrota de las tropas ‘aliadas’; una sugerencia para que el aparato de defensa de EEUU empezara a ser más abierto.

Y al parecer, el gobierno norteamericano captó el mensaje. El objetivo era minimizar la destrucción y la muerte de civiles, para tranquilizar a la opinión pública, y aterrorizar a los combatientes iraquíes, con la esperanza de lograr una rendición rápida. Era ahí donde los periodistas tenían una función que desempeñar. Lucian Truscott, escritor licenciado en West Point, publicó un artículo de opinión en el New York Times, recogido por Francis Pisani en Ciberp@ís de 3 de abril en el cual escribía: “En Irak, la administración de Bush (...) ha convertido a los medios en un arma de guerra; mediante la información, logra atormentar e intimidar a los líderes militares iraquíes”. Al no obstaculizar el acceso a las informaciones e imágenes difundidas por la televisión norteamericana (y a través de los diferentes medios, añadiría yo), enviaban un mensaje “sencillo y directo: ríndanse. La oposición no tiene esperanza. Si no nos creen, sólo miren la televisión”.

El gobierno español., por su parte, continuaba inmerso en su particular ciberguerra desde el inicio de la invasión iraquí. Al tiempo que la página web del PP era objeto de una ‘sentada digital’, el secretario general de este partido, Javier Arenas, anunciaba que llevaría a los tribunales la página web noalaguerra.org, por publicar las fotos y nombres de sus diputados en el Congreso español bajo el epígrafe de “asesinos”.

 

Se movilizan los medios en Internet

Son muchos los corresponsales de guerra que afirman que la parte más sencilla de su trabajo es escribir la crónica. Luego viene lo complicado: conseguir que llegue a tiempo, y a ser posible con imágenes, a la redacción o sede de la televisión para la que trabajan.

Ese sistema de incorporar reporteros a las unidades militares puesto en marcha en Irak llevó el periodismo de guerra a nuevas alturas y fue una oportunidad para mostrar las cosas con una inmediatez que nunca antes estuvo disponible; ciertamente no en el conflicto del Golfo en 1991, una guerra que estuvo sujeta a una cierta censura militar –el Pentágono controló el flujo de información-. En aquella ocasión, los periodistas desplazados a la zona del conflicto vivieron el día a día de una guerra en frentes distintos y en condiciones diferentes, pero siempre bajo la censura de quien controlaba la zona pisándoles los talones.

En este último conflicto, las diferentes páginas web de los medios de comunicación prepararon una extensa recopilación de gráficos interactivos, mapas y documentación que permitió a los lectores encontrar toda la información necesaria para seguir a minuto el conflicto. A este respecto, Mitch Gelman, uno de los máximos responsables de CNN.com, aseguraba, según recoge Olalla Cernuda en navegante.com del 20 de marzo, que se podía combinar la velocidad de la televisión y la capacidad de profundidad de los medios escritos, “y eso seguro que marcará un antes y un después en cómo se cubre informativamente un conflicto bélico a partir de ahora”.

La prueba se vivió desde el mismo instante en que se inició el conflicto. Apenas unos segundos después de que el primer teletipo diera la noticia de que las sirenas antiaéreas sonaban en Bagdad, las principales páginas web informativas de todo el mundo ponían en marcha su maquinaria para informar del comienzo de la guerra en Irak. En España, la edición en línea del diario El Mundo, por ejemplo, puso en marcha un despliegue humano y técnico para poder llevar a sus lectores toda la información sobre lo que acontece en Irak, Kuwait, EEUU y Europa, con informaciones complementadas con gráficos interactivos, galerías fotográficas, vídeos, etcétera. Algo parecido ocurrió con la edición digital de El País, en la que, a propósito de la guerra de Irak, una de las aportaciones propias del sitio era la galería multimedia con varios archivos de tecnología flash. En esos archivos se visualizaban los aspectos tecnológicos de esa guerra, en particular el armamento utilizado por el ejército norteamericano. Uno de los archivos multimedia explicaba los movimientos y acciones bélicas de los primeros días del conflicto. Asimismo, además del seguimiento minuto a minuto de los episodios de la guerra, la edición digital de El País, organizó una cronología dedicada concretamente a la guerra que se inició el mismo día 20 de marzo.

También minutos después de que los primeros misiles comenzaran a caer sobre Bagdad, el sitio web de la CNN cambió su página de inicio a un formato mucho más reducido –menos cargado- para posibilitar una mejor navegación ante la más que previsible avalancha de visitantes. Así, sólo las informaciones relacionadas con la guerra en Irak tenían cabida en la portada de la cadena estadounidense, en donde ‘debutaron’ los mapas tridimensionales para ver el avance de las tropas y los aviones y armas empleadas.

Otras páginas web como la de The Guardian, Libération o El Corriere della Sera, también aligeraron considerablemente sus portadas para dar un mayor peso a la información de última hora sobre el conflicto en Irak. La BBC, además de transmisiones en 43 lenguas, incluyó una sección en la que sus distintos reporteros destacados en la zona cubrían la información de la guerra con sus impresiones personales. Así, sus lectores podían saber que Hilary Anderson, que estaba con las tropas estadounidenses en el desierto kuwaití, acababa de recibir la noticia de que tenía que ir todo el día con la máscara de gas puesta, o cómo se estaba viviendo la guerra a bordo del portaviones Ark Royal, donde se encontraba Mathew Price. Éste era un sistema que también empleaba la cadena televisiva estadounidense Fox, que posibilitaba a sus lectores ponerse en contacto directamente con su corresponsal Greg Kelly. Esta experiencia fue utilizada también por MSNBC.com, que permitía que los miembros de sus salas de chat pudieran hacer preguntas a los corresponsales. También el Saint Petesburg Times posibilitó a su corresponsal John Pendygraft disponer de una página personal a través de la que este ‘periodista total’ enviaba fotos, crónicas radiofónicas y le quedaba tiempo para su particular cuaderno. Daba una visión diferente de la guerra. Si se quería algo más impersonal, la primera presentadora virtual Ananova ofrecía noticias del conflicto desde Londres.

Por lo general, las principales cadenas de televisión de EEUU suelen cobrar para que los cibernautas con acceso a banda ancha de alta velocidad puedan ver los contenidos de sus páginas web. Sin embargo, en el caso de la guerra de Irak dejaron todo abierto sin cobrar nada. La ‘jugada’ no les salió nada mal, ya que en esa oportunidad lograron atraer millones de visitas a sus sitios, y una mayor audiencia les posibilitó cobrar mayores tarifas de publicidad.

De cualquier modo, en este conflicto, ni las cadenas de televisión ni el medio millar de periodistas insertados por el Pentágono en el frente ofrecían la amplitud de criterio que podía encontrarse en la Red. Tal y como recoge Javier del Pino en el diario El País del día 3 de abril, “la tecnología de transmisión de datos en banda ancha sitúa a cualquier internauta en el epicentro de una sala virtual de control en la que puede escoger entre ruedas de prensa, cámaras fijas sobre Bagdad, charlas, debates, etcétera. Múltiples fuentes informativas que le ofrecen una visión medianamente completa”.

Internet demostró tener un valor audiovisual añadido porque posibilitaba contemplar imágenes y grabaciones que las televisiones censuraban por su contenido gráfico o antipatriótico. Internet ofrecía ángulos informativos inéditos con ‘diarios de guerra’ de los reporteros o foros de debate inmediato.

 

Incremento del tráfico

Nada más iniciarse los bombardeos, las páginas web informativas de todo el mundo experimentaron un aumento espectacular del tráfico. Así, en nuestro país, el caso más significativo es el de elmundo.es, que multiplicó por tres el número de páginas servidas, una cifra muy similar a la que vivieron en esos momentos los sitios de Yahoo, la CNN o la MSNBC.

 

Visitas totales a medios españoles

 

Diciembre 2002

Enero 2003

Febrero 2003

El Mundo

16.487.169

19.191.803

20.188.474

Abc

2.669.491

2.610.880

2.367.624

La Vanguardia

2.595.776

2.491.849

-

Diario Vasco

400.100

414.752

350.734

Efe

537.162

563.232

541.646

El Correo Digital

806.937

720.652

784.634

El Periódico

1.231.053

1.216.827

-

A3TV

1.868.296

1.043.079

944.424

RTVE

639.758

648.391

590.530

Telecinco

2.240.223

1.970.887

874.086

Fuente: OJD. Elaboración propia.

 

Por lo que se refiere, aunque sea brevemente, a la audiencia de las cadenas de televisión digital, CNN+ batió sus record de cuota de pantalla (8%) con la cobertura de la guerra de Irak, hasta convertirse en líderes de los canales de información continua. Una media de 350.000 abonados conectaron a diario con la emisora desde la madrugada del 20 de marzo, al vencer el ultimátum lanzado por Geroge Bush contra Sadam Huseim. CNN+ superó en dos ocasiones (26 de marzo y 8 de abril) al resto de ofertas de la plataforma digital.

Según datos de Sofres, en el mes de marzo, CNN+ registró su record histórico, con una cuota del 5,12% de la audiencia de Canal Satélite Digital, superando incluso las cifras registradas en 2001, tras los atentados del 11 de septiembre. Y desde el comienzo de la guerra hasta el 9 de abril, la media se elevó hasta el 8%. El 26 de marzo, jornada en la que un bombardeo de las tropas estadounidenses sobre un mercado de Bagdad acabó con la vida de 15 civiles, y el 8 de abril, día del asesinato del cámara José Couso, CNN+ se colocó como líder de audiencia dentro de CSD, con el 11,3% y el 12% de share, respectivamente.

La cadena dedicó una atención constante al desarrollo de la actualidad, no sólo en el escenario del conflicto (apoyada por la cobertura en directo suministrada por CNN Internacional y Al Jazeera, de los que tiene derechos exclusivos), sino también con el seguimiento de las comparecencias de los máximos responsables políticos y militares en EEUU, Reino Unido y, sobre todo, España.

Convertido en un canal prácticamente monográfico desde la noche del 19 al 20 de marzo, CNN+ recibía información puntual de los corresponsales en las fronteras de Jordania, Kuwait y Turquía y del equipo de la cadena en la central de CNN en Atlanta. Ofrecía asimismo una completa revista de prensa con selección de noticias aparecidas en los principales diarios y cadenas de televisión del mundo.

Esta labor informativa tuvo su proyección puntual en Canal Plus y en los portales http://www.plus.es/ y www.elpais.es, a través de imágenes y documentación. Hasta un total de 300.000 vídeos (por encima de cualquier otro portal español), según se informó desde el diario El País, se descargaron los internautas españoles de plus.es en la primera semana del conflicto, y la emisión en directo por el canal de información continua de los primeros ataques fue seguida a través de esta página de Internet por 125.000 personas. Unos resultados, según datos de tráfico en streaming de la empresa Akamai, que superaban en picos de audiencia a las principales marcas informativas de EEUU.

Mientras tanto, las autoridades se apresuraban a mandar mensajes de tranquilidad afirmando que la ofensiva dirigida por EEUU contra Irak no había incidido sobre la Red de redes. No obstante, sí se ha sabido de la presencia de virus puestos en circulación por hackers, aunque, en ocasiones, se desligaron del conflicto.

Hasta el mismísimo EEUU siente que su punto débil es su propia red electrónica. En febrero, el gobierno norteamericano remitió al Congreso su informe sobre la Seguridad Nacional en el Ciberespacio. En el mismo se dice que el aislacionismo geográfico ayuda a EEUU a eludir cualquier invasión física. Sin embargo, en el ciberespacio las fronteras nacionales tienen poco significado, por lo que sus vulnerabilidades están abiertas a cualquiera y en cualquier lugar con suficiente capacidad para explotarlas.

 

Frente abierto en Internet

Tres de las cuatro páginas web iraquíes más importantes dejaron de estar operativos después de las primeras acciones militares sobre el país, presuntamente por un ataque informático norteamericano, según detectó el Observatorio Español de Internet.

Las páginas afectadas eran agencias de noticias y de los ministerios de Cultura e Información del gobierno de Sadam Husein. Según la organización, EEUU perpetró un ataque informático, a través de un grupo de piratas, paralelo a las operaciones militares con el objetivo de dejar inoperativos los principales servidores iraquíes.

El Observatorio Español de Internet ya advirtió sobre un posible ataque masivo de los sistemas informáticos y de Internet entre Irak y EEUU con el objetivo de manipular y controlar los contenidos de la Red de ambos países y de inutilizar los servidores correspondientes.

Se trataba, según el Observatorio, de la primera netwar o ciberguerra de la historia de Internet desde sus inicios, paralela a los movimientos militares de ambos lados.

Desde los atentados terroristas del 11 de septiembre en Nueva York, EEUU comenzó a aplicar el programa informático “Carnivor” para “espiar todo el correo electrónico mundial”, a través de un filtro de vigilancia, “con lo que se preseleccionan los correos electrónicos a una velocidad vertiginosa”.

El objetivo del “Carnivor” era controlar el contenido seleccionando palabras claves como “armamento”, “Sadam” o “Irak”. No cabe la menor duda de que nos encontramos ante una de las mayores vulneraciones de los derechos de los usuarios que fue detectada en Internet desde que EEUU descubrió que las células de Al Qaeda utilizaban este medio para comunicarse.

Aunque esta infoguerra no tiene consecuencias para el usuario habitual de Internet, un ataque informático masivo puede inutilizar servidores de empresas eléctricas o de entidades bancarias con facilidad, con lo que se produciría el caos.

 

Los weblogs, los más solicitados

Personales, temáticos, institucionales, mediáticos, etcétera. Los weblogs, mezcla de bitácoras, páginas personales y foros de debate, ya superan el medio millón. En unos pocos años, se han masificado hasta convertirse en una nueva tendencia que invade Internet y “marcha camino a ser una manía global”, explican desde Clarín.com. Hartos de las crónicas parciales de los periodistas de uno y otro bando, los weblogs publicados por residentes en Bagdad, analistas, exiliados o los propios soldados se convirtieron en las páginas más solicitadas, recibiendo un auténtico aluvión de visitas. En ocasiones batieron a periódicos y televisiones con un despliegue especial para la guerra. Era tal su éxito, que a medida que avanzaba el conflicto, estos diarios personales se saturaban; por los relatos de sus autores, por los mensajes que recibían cada día, y por la curiosidad de los internautas del mundo que entraban a visitarlos cada día.

Para Koldo Meso, “los weblogs podemos definirlos como una página personal con textos, fotografías y enlaces. Casi todos funcionan como diarios íntimos abiertos a la comunidad internauta y, en la mayor parte de ellos, se puede participar o contrastar opiniones”.

José Luis Orihuela los define en Infonomia.com como “sitios web estructurados originalmente como diarios personales, basados en enlaces, noticias y opiniones que se actualizan de modo regular, escritos con un estilo informal y subjetivo. Los bloguers, que constituyen una comunidad fuertemente autorreferencial, tienden a pensar que sólo se leen entre ellos, aunque lo cierto es que las bitácoras se han convertido en un sistema de alerta temprana, no sólo para los medios tradicionales, sino también para otros sectores empresariales, comenzando por la industria informática, lógicamente”.

Desde el anteriormente mencionado Clarín.com aportan otra definición: “Creados por mortales y celebridades, por periodistas generalistas y técnicos súper especializados; informales y solemnes, abiertos o focalizados, abarcan los temas más variados y ofrecen una visión de la realidad que nada se parece a la de los sitios dominantes de la Red. Con fines catárticos o, simplemente, con el mero objetivo de exhibir o compartir conocimientos, sensaciones y gustos personales, los weblogs explotan la creciente participación de los usuarios para retroalimentarse, tejer otras redes y crear nuevas comunidades; puntos clave de la conformación de la Internet que viene”.

Su sencillez para crearlos, su gratuidad, su capacidad de personalización y, sobre todo, porque constituyen la nueva tendencia que sopla en la Red, los weblogs se han convertido, además, en una nueva herramienta de expresión. Su éxito radica en que son páginas sin ningún tipo de jerarquía que hacen su aportación para ordenar la vorágine de Internet. Se trata de la combinación de varios recursos disponibles en Internet: tiene algo de buscador, ya que nos recomienda enlaces; se parece al correo electrónico, por el estilo informal en el que está escrito; es un foro de opinión, porque los usuarios hacen comentarios y colaboran; y tiene algo de comunidad virtual, ya que un weblog recomienda a otro.

De las búsquedas que realizaron los internautas en los buscadores durante el conflicto en Irak, se concluye que éstos deseaban completar la información de los medios convencionales con informaciones ‘independientes’ o personales. El recurso de los weblogs fue uno de los descubrimientos de la guerra informativa. Esta herramienta aportó sus contenidos al flujo informativo sobre la guerra en Internet.

Dejando a un lado el debate sobre si la principal fuente de información en la Guerra en Irak estuvo o no en Internet, cualquier que haya seguido el conflicto a través de la Red pudo constatar que los periódicos, las radios y las cadenas de televisión de todo el mundo dedicaban tiempo y esfuerzo a actualizar constantemente sus páginas web con noticias, opiniones, rumores y propagandas. En ese maremagno, algunas personas dedicaron sus esfuerzos en ‘bucear’ en toda esa información y mostrar a sus lectores lo más destacado e interesante, con enlaces a sus fuentes, así como sus propias opiniones al respecto. Surgieron así los warblogs –una de las nuevas palabras que se inventan a diario-, mezcla entre guerra y blog. Tal y como se recoge en la página de CNN en español, “esta II Guerra del Golfo es el primer gran conflicto en el que Internet está presente de manera absolutamente importante. Los periodistas transmiten crónicas con webcams, los medios de comunicación actualizan al minuto sus portales en la Red y, además, disponemos de una interesante novedad: los warblogs, es decir, los weblogs dedicados a la guerra, algunos de ellos realizados desde el interior de Irak”.

Luis Ángel Fernández Hermana señala en una de sus editoriales en en.red.ando que los warblogs son “otro consejo de redacción más, de los varios millones que existen en la Red, donde los propios usuarios toman la decisión sobre los contenidos que desean, los buscan, los solicitan, los leen, se autoeducan, son educados y, después, actúan según sus respectivos criterios”.

Cientos de miles de internautas han convertido a este nuevo medio de comunicación en su principal parapeto, frente a la invasión mediática que se les avecinaba a medida que el conflicto iba evolucionando. Los weblogs que tenían como objetivo principal desentrañar y aclarar las claves –si es que las había- del momento histórico que nos estaba tocando vivir echaban humo, tal y como recuerda el ya citado Fernández Hermana.

Muchos de ellos estaban dirigidos y administrados por gente que conectaba con otras redes para obtener información diferente a la que se podía conseguir a través de los medios convencionales; otros actuaban como especie de muro de las lamentaciones en los que la gente reflejaba su rabia, decepción y entablaba relación con otras personas que se encontraban en la misma situación. “El resultado invariablemente es la apertura hacia otras avenidas informativas donde los sentimientos encuentran un armazón que les permite envolver de otra manera al mundo plano y embotellado de los medios de comunicación tradicionales”, apunta Fernández Hermana.

Cuando eran pocos los periodistas que se aventuraban a entrar en la maltrecha ciudad de Bagdad para relatar cómo vivían la tragedia sus ciudadanos, páginas como la de Salam Pax –un internauta que aseguraba vivir en la capital iraquí y cuya página fue considerada por la revista Forbes como una de las cinco mejores-abundaban en detalles sobre la vida cotidiana y el estado de ánimo general de la población. El acceso a dear-raed.blogspot.com cautivó a decenas de miles de visitantes que seguían a diario lo expresado por este arquitecto de 29 años.

Hasta hace bien poco bajo el control de locos por la informática o de internautas con demasiado tiempo libre, los weblogs se convirtieron en esta guerra en una alternativa real a las crónicas de los periodistas, a los que muchos consideraban demasiado “insertados” en uno u otro bando –sobre todo en el norteamericano o inglés-.

Cada vez eran más los lectores estadounidenses los que acudían a las ediciones en Internet de periódicos de otros países anglosajones para complementar la información sobre lo que realmente estaba ocurriendo en Irak. En este sentido, y tal y como aseguraba la revista Wired, cuando el jueves 20 de marzo se inició la guerra, periódicos como el británico The Guardian doblaron su audiencia en la Red.

En este contexto, no es de extrañar que los weblogs se convirtieran en la otra gran alternativa. Entre los bloggers, como se llama a los autores de estas páginas, había soldados, exiliados iraquíes, analistas, parlamentarios y también algún que otro periodista, como Chris Allbritton, antiguo reportero del New York Daily News y de la agencia de noticias Associated Press. Su weblog “Back to Irak” –también entre las cinco mejores según Forbes-, era un experimento en periodismo independiente que recibía unas 15.000 visitas diarias, según aseguraba su autor.

Entre las páginas web de militares destacaban las de “Smash” (www.It.smash.us), el pseudónimo de un soldado estadounidense que narraba a diario sus aventuras en el desierto iraquí, o la de Will, un joven reservista del Ejército de EEUU que escribía desde www.roba.net/will.

Hay weblogs enteramente pacifistas, como la de “NoWarBlog”, que declaró al presidente George W. Bush criminal de guerra, o a favor de la acción militar, como el de la revista New Republic, con su boletín a cargo del exiliado iraquí Kanan Makiya. Había también hasta weblogs de parlamentarios, como era el caso del británico Tom Watson.

Algunos corresponsales también mantuvieron su propio blog. Kevin Sites, enviado por la CNN al norte de Irak, ofrecía una mirada alternativa a la penuria de su trabajo que no incluía en sus crónicas, pero la cadena le pidió que suspendiera su diario. Todavía puede consultarse en www.kevinsites.net.

Los corresponsales tradicionales se toparon así con un competidor peligroso. Se trataba del periodista independiente, o periodista por libre, que buscaba la noticia, que corría a verificarla y que desmentía las informaciones oficiales que llegaban al corresponsal de las grandes cabeceras en su asiento de los centros de prensa. Todo esto, junto con las nuevas tecnologías, proporcionaba otro tipo de información, y la aparición de la crónica en directo, que pudo ciertamente contribuir a inflacionar y complicar el panorama, pero que también ofrecía nuevos datos y posibilitaba una valoración crítica inmediata de los hechos.

Se trataba de un nuevo tipo de información que era un proceso de búsqueda continua de nuevos datos y de nuevas interpretaciones “que ayuden a liberarse del cinismo sarcástico de tantas declaraciones políticas”, escribe Santiago Fernández Ardanaz, en la edición de El Correo, del 6 de abril.

Todos estos weblogs tenían en común la capacidad de saber adaptarse a la rápida velocidad a la que estaban sucediendo los acontecimientos, y el hecho de que la información que ofrecían estaba sin filtrar. Ello no equivale a decir que fueran imparciales, pero al menos el internauta sabía de dónde procedían los sesgos.

Retomemos por un instante algunos de los elementos claves de un weblog destacados por Vincent Fournier para comprender un poco mejor las características de esta nueva herramienta:

            -Gran facilidad de creación y mantenimiento.

            -La subjetividad, desde los sitios consagrados enteramente a la vida y ego de sus creadores, hasta los weblogs de información, mucho más neutros, pero donde la edición del contenido, así como la selección de los vínculos, dependen igualmente de la personalidad de su creador.

            -La regularidad de la puesta al día, así como su longevidad, que depende de la ‘resistencia’ de su creador.

            -El poder de los vínculos hipertexto. Posibilita la recuperación de informaciones que ya no son del todo actuales pero siguen siendo relevantes.

            -El espíritu comunitario y la interacción. Los weblogs constituyen comunidades muy vivas y muy unidas. Introducen vínculos hacia páginas web semejantes, creando un poderoso efecto multiplicador.

Pero los weblogs no constituyeron las únicas páginas que daban información alternativa sobre la guerra. Una emisora de radio clandestina (www.clandestineradio.com) diseminaba “propaganda, periodismo, diplomacia y espionaje de guerra” desde 1996 a través de enlaces con emisoras de radio de países en conflicto, como Irak, Colombia y las ex repúblicas soviéticas.

Su cobertura de la guerra en Irak hacía énfasis en la campaña de operaciones psicológicas y mediáticas multimillonarias que emprendió EEUU contra el régimen de Sadam Hussein. Su contenido, en audio y texto, procedía de estaciones de radio ‘oscuras’ operadas por disidentes, agencias de inteligencia, medios de comunicación asociados y oficinas de propaganda gubernamentales de diversos países. La financiación, ubicación y, en muchos casos, las organizaciones que patrocinaban estas emisoras de radio eran también secretas.

Este tipo de emisoras han jugado un papel muy importante en conflictos militares y políticos desde la segunda guerra mundial, llegando incluso a provocar caídas de gobierno y el rendimiento de soldados enemigos. En ocasiones, estas emisoras han transmitido desde cuevas, búnker, etcétera, y han sido calificadas de espías y sus señales intervenidas.

Por lo que respecta a su empleo en la guerra de Irak, cuando se iniciaron los bombardeos aéreos sobre Bagdad, la programación de la Radio Estatal Iraquí fue reemplazada durante tres horas por un mensaje propagandístico estadounidense en el que se venía a decir: “Hemos comenzado a bombardear las instalaciones del régimen iraquí. Este es el día que hemos estado esperando. El ataque a Irak ha comenzado”. Esta emisora también reportó que la emisora de radio oficial Sawt al-Jamahiriyah anunció el día del ataque que “este es nuestro día, saldremos victoriosos y moriremos como fieles mártires en defensa de nuestro gran Irak”. El sitio también conectaba a las radios clandestinas de la oposición iraquí y a Radio Irak Libre.

Otro portal que también seguía los acontecimientos en Irak era www.defensetech.org, creado por Noah Shachtman, un periodista que ha escrito sobre defensa y tecnología para medios como New York Times y New York Post.

La filosofía de la página web era que “la tecnología está modelando cómo se protegen las fronteras, cómo se libran las guerras y cómo se atrapa al enemigo”. Entre otros contenidos, ofrecía noticias, análisis y vínculos a seguridad y terrorismo.

El analista de tecnología militar John Pike también ofrecía una oferta interesante en su página web www.globalsecurity.org. Con sede en Washington, buscaba “disminuir la dependencia en las armas nucleares y el riesgo de su utilización, tanto por los países con capacidad nuclear como por los que quieren adquirirla”. Pike trabajaba por mejorar las capacidades de inteligencia estadounidenses para responder a nuevas amenazas, pero reduciendo la necesidad de recurrir al uso de la fuerza.

 

E-movilización

Los grupos contra la globalización fueron los que mejor supieron aprovechar las nuevas tecnologías para mostrar su disconformidad con la guerra de Irak. Sólo porque existe una herramienta como Internet se entiende que pocas horas después del inicio del conflicto, universitarios de Barcelona se concentraran en determinadas calles, que vecinos de San Francisco colapsaran gran parte del centro de su ciudad a la vez que incorporaban imágenes en vivo de protestas a páginas antibélicas en la Red o que docenas de teléfonos celulares zumbaran en China con mensajes de consulta para decidir dónde efectuar protestas antibélicas.

En todo el mundo, la tecnología moderna facilitaba a los activistas a reaccionar espontánea y colectivamente a la guerra, como una prueba de que esa tecnología ha revolucionado la desobediencia civil, tal y como llegan a afirmar Daniel Bennett y Pam Fielding (2000).

Prácticamente en todo el mundo se pusieron en marcha páginas web contra la guerra que coordinaban sus acciones, sus boicoteos, sus cartas de protesta a sus respectivos gobiernos, etcétera. Las listas de correo convirtieron en personal y secreta las citas y los lugares de las protestas, que con la ayuda de teléfonos móviles y los SMS daban una agilidad nunca vistas hasta el momento. Asimismo, las redes proporcionaban la oportunidad de que infinidad de personas en cualquier ciudad, con ideas afines, entraran en contacto y pudieran asociarse para así crear grupos de presión. Se trata de la e-movilización.

Armados con teléfonos e Internet, los movimientos contra la guerra se movieron con rapidez y una efectividad desconocida hasta ahora. En Barcelona, por ejemplo, cientos de estudiantes se despertaron el jueves 20 de marzo con un mensaje en su móvil: la guerra había estallado y había que concentrarse en tal sitio y a tal hora. Colapsaron la ciudad y sus accesos.

Así, es importante destacar el valor de Internet como medio de participación de los ciudadanos que comienzan a unirse para optimizar sus formas de actuación. La Red no se presenta sólo como una vía de información, sino como una forma de organizar, mucho más fácilmente, a personas con intereses comunes, a un precio mínimo y en un tiempo record. Se trata de una vía doble, que multiplica exponencialmente los resultados, las personas pueden buscar y ser encontradas.

Este medio, con sus características de gratuidad, simultaneidad y multiplicidad es un gran instrumento para las campañas internaciones. Campañas como la denominada ‘Ropa Limpia’ (opera en el mundo a través de www.cleanclothes.org), que solicitaba en su página web “el envío de correos electrónicos de protestas a las compañías Nike y Adidas por las condiciones laborales que soportan sus trabajadores en las fábricas asiáticas y latinoamericanas”. Aparte del envío de mensajes de correo electrónico, también organizó una recogida de zapatillas deportivas de las citadas compañías para remitirlas a las oficinas, junto al envío de postales. En España se recogieron unos 400 pares de zapatillas y se mandaron más de 10.000 postales.

Además de campañas que emplean Internet como forma casi exclusiva de presión, han sido muchos los grupos que han aprovechado este canal de comunicación como forma de agilizar sus acciones. Por ejemplo, la red ciudadana por la abolición de la Deuda Externa, organizó una consulta popular que hizo coincidir con las elecciones generales del 12 de marzo, y que utilizó Internet como forma de expresión. A través del correo electrónico, que contenía las preguntas de la consulta y el ruego de ser reenviado a otras tres personas, los organizadores de la campaña insistían en la importancia de presionar sobre los poderes públicos. La campaña enviaba un mensaje en el que junto a una información básica e impactante (“La Deuda Externa mantiene en la extrema pobreza a 84 países y a más de 1.000 millones de personas”), se informaba de la realización de la consulta social paralela a las elecciones generales, y se solicitaba la participación que, como decía el correo electrónico, “es de justicia”.

Retomando el conflicto en Irak, Internet y el teléfono móvil se han convertido en armas inmejorables para unas organizaciones formadas por voluntariado que quitan horas de su tiempo. En Liberinfo, una agencia de noticias de los movimientos sociales, por ejemplo, se facilitaba información de las acciones en contra de la guerra que se estaban llevando a cabo en Barcelona. En www.manifestacionvirtual.com se daba la oportunidad a los internautas de manifestarse virtualmente, opinar o solidarizarse con otros movimientos ya organizados. La Plataforma “Aturem la Guerra” inició una campaña a través de la Red en la que se insistía a todos los usuarios del correo electrónico incluir el logo de la organización en todos los mensajes.

 

Coordinación global

La coordinación jugó también un papel importante entre los movimientos antiguerras, con calendarios conjuntos de actividades. El día 27 de marzo se convocó un apagón contra la guerra; el 30 de ese mismo mes, una marcha hacia las bases militares de Rota, Morón y Zaragoza; a principios de abril, una consulta popular europea con votaciones en centenares de ciudades; etcétera.

La movilización tocaba a todos los frentes: el electoral, recordando la postura del PP; el económico, iniciando boicoteos a productos norteamericanos; el de los videojuegos, promoviendo una campaña para regalar a George W. Bush una Play Station 2 con la que pudiera entretenerse con videojuegos bélicos y no hiciera la guerra de verdad; el religioso, pidiendo la excomunión del presidente del gobierno, José María Aznar; el universitario, coordinado actividades contra la guerra; el de las artes, montando espacios de material literario, artístico, etcétera contra el conflicto bélico; y el legal, impulsando una denuncia colectiva que tuviera la suficiente fuerza y señalara a los responsables de las agresiones: gobernantes, policías, etcétera que se pudieron extralimitar en sus funciones.

Act Against War (www.actagainstwar.com) preparó una querella contra la ciudad de San Francisco por la detención de 1.500 manifestantes. Además, desde su página web daba instrucciones a los detenidos: “Si no te han grabado en vídeo, la policía tiene que probar que estabas cortando el tráfico, y no en la acera”. El recurso a la ley, también fue arma de las páginas web españolas, que difundían formularios de denuncias contra el presidente Aznar.

La idea de montar un campamento frente a la Delegación del Gobierno en Barcelona circuló, como muchas otras, por los foros, listas de correo y sitios de Internet. Dicho y hecho. El 20 de marzo se montó el campamento; luego vino la página web que Marta Pahissa se encargó de crear. Un día después de que cayeran las primeras bombas sobre Bagdad salía a la Red www.pangea.org/acampada, “la forma más rápida de acceder a nuestra información”. Evolució, una empresa que crea productos multimedia, instaló una webcam con vistas al campamento. En la página, las imágenes se actualizaban cada minuto.

Mariona Vivar y sus compañeros también pensaron en la necesidad de organizar el caos de convocatorias, manifestaciones y actividades que surgían en las asambleas de estudiantes de la Autónoma de Barcelona, ya que cada facultad establecía su propio calendario de acciones y resultaba difícil enterarse de todo. Así, en la Facultad de Periodismo decidieron ordenar el caos. El resultado fue un diario de cuatro páginas y el sitio www.quecorrilaveu.org. Se colgó el 24 de marzo y en cuatro días ya recibía más de 2.000 visitas. Los contenidos se elaboraban para ambos soportes, pero la ventaja de Internet es que no había límites de espacio.

La página www.universidadcontralaguerra.net empezó a finales de febrero, cuando la tensión internacional por el conflicto llegaba a su máximo apogeo. Tres profesores de la Universidad del País Vasco, Koldo Uncueta, Imanol Zubero y Pedro Luis Arias, montaron una página contra la guerra en la que, inicialmente, se recogieron más de 1.500 adhesiones de profesores, investigadores y PAS, y posteriormente se presentó a todas las universidades españolas para reunir en torno a la misma, al mayor número posible de pronunciamientos contra la intervención militar desatada sobre Irak. El manifiesto, que a principios de abril contaba ya con más de 16.500 firmas de apoyo, podía leerse en castellano, euskera, gallego y catalán.

Para la guerra era también el objetivo de www.nodo50.org. Un calendario de huelgas y manifestaciones contra la guerra, de charlas-debate y de conciertos llenaba esta página que desde 1996 proporciona servicios informáticos y comunicativos a personas, grupos y organizaciones; un servidor en el que confluyen voces antagonistas y alternativas desde un amplio espectro político; un centro de encuentro, difusión y contrainformación para los sin voz, disidentes, subversivos, utópicos y desencantados. A través del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe sirvió de soporte para que la Brigada Internacionalista contra la Guerra con presencia en Irak desde el 16 de febrero pudiera hacer llegar sus notas informativas desde el primer día de inicio del conflicto.

La Fundació per la Pau (www.fundacieperlapau.org) estrenó el 15 de enero un espacio web de información sobre la movilización contra la guerra de Irak. La mencionada página web, que se actualizaba y ampliaba regularmente, se dedicaba exclusivamente a la difusión de actividades a favor de la paz y en contra de la guerra, con información, documentación y enlaces diversos. El sitio albergaba también información de la Plataforma Aturem la Guerra, de la que formaba parte la Fundació. El notable incremento mensual de internautas  en la web les obligó a aumentar el ancho de banda de 200 MB a 10 GB.

Cultura contra la Guerra (www.culturacontralaguerra.org) reproducía en su página web imágenes tomadas en Madrid en las que un policía golpeaba a una mujer que pedía auxilio sanitario. En ese sitio se hacían preguntas y se daban respuestas interesantes:

 

n        ¿Condenó el gobierno de EEUU el uso iraquí de gas contra Irán? No.

n        ¿Cuánta gente gaseó Sadam en el pueblo kurdo de Halabja en 1988? 5.000 personas.

n        ¿Cuántos gobiernos occidentales condenaron ese acto entonces? Ninguno.

n        ¿Cuántos litros de agente naranja usó EEUU en Vietnam? Más de 35 millones.

n        ¿Cuántas resoluciones de la ONU ha incumplido Israel hasta 1992? Más de 65.

n        ¿Cuántas resoluciones de la ONU ha vetado EEUU entre 1972 y 1990? Más de 30.

n        ¿Cuántas cabezas nucleares tiene Irak? Ninguna.

n        ¿Y cuántas EEUU? Más de 10.000.

n        ¿Cuál ha sido el único país que ha empleado armas nucleares?: EEUU

 

De cualquier manera, también el gobierno de EEUU dio muestras de no relajarse. En paralelo a la preparación al asalto final a Bagdad, la administración Bush mantenía vivas mediante publicidad convencional y banners, la campaña para alertar a la ciudadanía norteamericana de eventuales ataques terroristas (e indirectamente justificar la guerra). El sitio web Ready.gov (www.ready.gov) era uno de los ejes de esta estrategia de ‘pánico oficial’. “Los terroristas están intentando conseguir armas biológicas, químicas, nucleares y radiológicas, y la amenaza de un ataque es muy real (...) Todos los americanos deben aprender a estar preparados para un ataque...”, se podía leer en esa página web, una completísima guía de adiestramiento a la población, y una muestra institucional de la paranoia existente en el país.

 

Ciberataques

Los usuarios, a favor y en contra de la guerra en Irak, también hicieron uso de Internet para dar a conocer sus posiciones con un método muy particular: los ciberataques. Así, innumerables activistas, ya sean los pacifistas o los belicistas, tuvieron la capacidad de atacar o inhabilitar los sitios de Internet del campo opuesto, dejando a su paso páginas dañadas o alteradas.

Zone-H, una firma de Estonia que vigila y registra los ataques de ciberpiratas, dio a conocer a finales del mes de marzo que desde que se inició la guerra de Irak se habían contabilizado más de 20.000 ataques a páginas web.

La víctima más notoria fue el sitio de Al Jazeera, la cadena de televisión por satélite de Qatar. Desde que lanzó una versión en inglés dedicada exclusivamente a la guerra en Irak, los ataques sufridos fueron constantes. Los piratas bombardearon el sitio con datos irrelevantes en un intento por impedir el tráfico legítimo y hacerlo inaccesible, una técnica conocida como ataque de “negación de servicio”. Asimismo, su portada también fue reemplazada, en otra de las ocasiones, por un mapa de EEUU con la bandera estadounidense como fondo y un texto que decía “Let Freedom Ring” (“Viva la libertad”). Los usuarios que intentaron entrar en su página web se encontraban con un mensaje que decía “Pirateado por la Patriota Milicia de Ciber-Fuerzas por la Libertad” “¡Dios bendiga a nuestras tropas!”.

Al Jazeera no fue la única. Páginas web en ambos lados de la guerra también fueron atacados, incluso algunos que no tenían una vinculación obvia con el conflicto. Así, cuando comenzaron a caer las primeras bombas en Bagdad, cientos de cibersitios de empresas, gobiernos y municipios estadounidenses y británicos, fueron alterados con mensajes antiguerra. Aparentemente, a las pocas horas, los ciberpiratas que apoyaban la guerra lanzaron una ofensiva contra cibersitios árabes.

Los ciberpiratas son difíciles de rastrear, lo que llevó a las víctimas a preguntarse si los crecientemente sofisticados ataques eran parte de una estrategia militar mayor. Pocos eran los que dudaban que la procedencia de algunos de estos ataques eran los gobiernos de los países enfrentados en el conflicto. Sin embargo, rápidamente se descartó la existencia de iniciativas de ciberataques patrocinados por esos gobiernos.

Tradicionalmente, estas actuaciones están vinculadas con grupos privados o individuos con un punto de vista particular para comunicarse, o con el intento de amordazar a sus oponentes. Pero no nos debemos sorprender. Tales formas de ciberactivismo o activismo, como se le conoce, no son nuevas. A lo largo de los últimos tiempos, la lista de potenciales víctimas no ha hecho más que ampliarse: bancos, redes de telecomunicaciones, centros financieros, cuerpos de seguridad del estado, medios de comunicación, páginas de partidos políticos, etcétera.

Según un estudio de IBM Global Security Análisis Lab, detrás del 90% de los ataques están hackers amateurs. Un 9,9% de los actos se podrían atribuir a hackers profesionales, contratados ad hoc y sólo un 0,1% a alguna banda criminal internacional o grupo terrorista. Las alteraciones de páginas web regularmente son vinculadas a un graffiti digital. Al colocarse en la web, el mensaje tiende a tener una exposición más amplia, pero se mantiene por un corto período de tiempo.

Lo más preocupante es cuando los ciberpiratas ganan acceso a un servidor de ordenadores detrás de una página web, que constituye el depósito central de los datos corporativos.

Un ataque más crudo pero efectivo es el anteriormente mencionado “negación de servicio”, que consiste en que los pitaras lanzan un ataque repentino a un sitio y lo saturan con datos sin sentido que ocasionan su cierre.

 

Guerra cibernética

Pero el caso de los ataques dirigidos contra objetivos bien distintos no es sólo patrimonio de los hackers. Según informó el 7 de febrero de 2003 The Washington Post, el presidente de EEUU, George Bush, firmó a mediados de 2002 una directiva secreta que, por primera vez, ordenaba el desarrollo de unas directrices para la guerra cibernética. Los atentados del 11 de septiembre constituyeron el detonante que animó al gobierno estadounidense a impulsar leyes para combatir la guerra cibernética, a presionar a los científicos para que tuvieran cuidado con el tipo de contenidos que colgaban en Internet y a retirar páginas que consideraba que no debían caer en manos de posibles enemigos, lo que causó importantes protestas entre la comunidad científica y los grupos de defensa de los derechos civiles.

Dos informes publicados a mediados de 2002, uno de Reporteros sin Fronteras y otro realizado conjuntamente por Privacy International y Electronic Privacy Information Cente, dejaban patente que el 11-S no sólo cayeron las Torres Gemelas sino también, entre otras cuestiones, un trozo de la libertad duramente conquistada en dura pugna durante muchos años. Internet no era inmune a los férreos controles llevados a cabo por los diferentes gobiernos con el fin de combatir los elementos que constituían una amenaza terrorista. Tal y como recoge Iñaki I. Rojo en Baquia.com, “Internet siempre ha supuesto una pesadilla para los gobiernos. Por un lado no pueden dejar de fomentar su desarrollo e implantación masiva para no quedar descabalgados de la Sociedad de la Información; por otro, la libertad y anonimato que corre por las redes se ven como una amenaza. Así, la obsesión por controlar lo incontrolable está en la agenda política de muchos países, lanzados a legislar para que no exista información que escape a sus garras”.

Esas directrices a las que hacíamos referencia determinarían bajo qué circunstancias EEUU lanzaría ciberataques contra redes informáticas enemigas, quién los autorizaría y qué objetivos serían considerados legítimos.

La orden, conocida como Directiva Presidencial 16 de Seguridad Nacional, y en cuya redacción participaron desde empresas hasta particulares, fue firmada por el máximo responsable estadounidense en julio de 2002, pero no se dio a conocer hasta poco antes de iniciarse en conflicto en Irak, cuando EEUU sopesaba la posibilidad de una guerra contra el régimen de Sadam Husseim.

Si bien EEUU nunca ha llevado a la práctica un ciberataque a gran escala, el Pentágono intensificó el desarrollo de armas cibernéticas que evitarían el uso de las bombas, poner en peligro la vida de los soldados y que serían capaces de desconectar radares e interrumpir los servicios informáticos y telefónicos.

De cualquier manera, fueron muchas los expertos del mundo de la industria y del gobierno, principalmente, los que mostraron sus reservas ante lo posibilidad de una guerra cibernética, ya que la gran dependencia de EEUU respecto de los ordenadores le hacía, asimismo, también vulnerable a un ataque de este tipo.

De hecho, la misma CIA avisó de la posibilidad de que la Red norteamericana fuera atacada por la organización Al-Qaida, así como extremistas suníes, Hezbollah y Aleph –anteriormente conocido como Aum Shinrikyo-.

El que fuera consejero presidencial, Richard A. Clarke, se pregunta en el mencionado artículo del The Washington Post: “Verdaderamente, ¿queremos legitimar este tipo de armas?”.

EEUU también intentó, aunque más tarde dio marcha atrás tras el escándalo montado, utilizar Internet a su favor de una forma que se podría calificar “poco ortodoxa”.

 

El caso de la Oficina de Influencia Estratégica

No hemos de olvidar que el Pentágono decidió que era válido hasta mentir, como medida para contrarrestar el número creciente de críticas y hostilidades que existieron con respecto a la guerra antiterrorista creada por el gobierno del presidente Bush después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Para ello, y como parte de una campaña destinada a mejorar la imagen estadounidense por esa guerra contra el terrorismo, el Pentágono puso en marcha la Oficina de Influencia Estratégica. Según un artículo que publicó el New York Times, la flamante oficina estaba planeando difundir información –“incluso información falsa”, aseguraba el documento de su fundación citado por el Times- entre las agencias y los medios de comunicación internacionales como parte de un esfuerzo destinado a influenciar a la opinión pública en el seno de países no sólo enemigos sino también de los considerado aliados.

Una de las funciones de esa nueva oficina sería la preparación de “campañas agresivas” para influir en la opinión pública mundial a favor de EEUU y sus acciones en el mundo a través de ‘noticias’ por medios extranjeros, propaganda por Internet y operaciones encubiertas.

El blanco principal serían los países islámicos árabes moderados, donde el descontento y malestar provocado por la guerra antiterrorista era cada vez mayor y, según el Pentágono, amenazaba con desestabilizar a toda la región. Pero la información, o mejor dicho, la desinformación, también estaría destinada a los países europeos, asiáticos y latinoamericanos aliados. Se trataría de una estrategia enmarcada en lo que se vino llamar “el otro frente de la lucha contra el terrorismo”: la guerra de la información.

En el pasado, EEUU realizó campañas de desinformación y operativos para desestabilizar gobiernos extranjeros como por ejemplo en Cuba y en Irak. En los años 80, equipos de operaciones sicológicas del ejército de EEUU participaron en la transmisión de programas de radio con mensajes contra los sandinistas en Nicaragua, y también brindaron capacitación en ‘relaciones públicas’ al ejército mexicano poco después de haber estallado la rebelión de la guerrilla zapatista en 1994. Pero en general, todo este tipo de técnicas fueron siempre usadas por la CIA –que llegó a invertir millones de dólares en operaciones encubiertas para ‘influir’ a los medios extranjeros, funcionarios y organizaciones no gubernamentales en el mundo- y en contra de países considerados como enemigos.

El gobierno de Bush intensificó lo que consideraba otro frente de su nueva guerra contra el “terrorismo”, estableciendo un “cuarto de guerra” dentro de la propia Casa Blanca para coordinar la difusión diaria del ‘mensaje’ del gobierno en lo nacional e internacional, además de la contratación de expertos en publicidad y relaciones públicas en el Departamento de Estado para “mejorar” este tipo de funciones, dijo el Times.

Sin embargo, muchas voces se alzaron en contra de esta iniciativa norteamericana, considerada “un desafío a la tradición política americana y que, sobre todo, representaría una derrota moral por parte de EEUU. Ya tienen la fuerza y la hegemonía mundial. Pero si no tienen credibilidad de poco les va a servir”, tal y como recoge Lluís Foix en La Vanguardia Digital el 22 de febrero de 2002.

Ahora bien, también para muchos críticos, el manejo de este tipo de ‘oficinas’ no debería sorprender a nadie ya que, por ejemplo, el manejo de la información oficial sobre el papel de EEUU en Afganistán era sólo parcialmente verídico, pues lo que parecía ser presentado como cierto un día, parecía ser menos cierto al siguiente. Para esos críticos, el problema no eran las mentiras obvias, pues finalmente pueden ser descubiertas, sino la distorsión de la información. Vale recordar que la guerra de EEUU contra España en 1898 empezó con la mentira deliberada delo hundimiento de un buque estadounidense, y que la intensificación de la guerra en Vietnam resultó de otra mentira deliberada sobre acontecimientos inventados en el golfo de Tonkin.

Finalmente, la Casa Blanca dio marcha atrás y decidió cerrar la Oficina de Influencia Estratégica. Pero cuidado. Tal y como recoge Leonardo Garnier Rímolo en el diario La Nación, “este no fue un cierre basado en ingenuos argumentos de moral pública, sino en un argumento eminentemente pragmático: la mentira, usada en las noticias oficiales emanadas de una oficina del Pentágono, podría dañar la credibilidad de las fuerzas armadas en su conjunto y podría engañar al propio público estadounidense”.

Cerrada la oficina y reafirmada oficialmente la noticia de que no se nos va a mentir en las noticias oficiales emanadas de las fuerzas armadas estadounidenses, las dudas persisten: ¿Seguirá existiendo la oficina? ¿Nos enfrentamos a una nueva cortina de humo y a un cambio de nombre para que inicie su labor, o tras el revuelo montado existe una firme voluntad para poner fin a estas actividades?

 

La guerra mediática

Tal y como afirma Carlos Barrera, “en toda guerra, como es conocido, el control de la información resulta un elemento clave para la victoria sobre el enemigo o los enemigos”. En este sentido, se trabaja cada minuto con las informaciones e imágenes que salen desde Irak y que se transmiten por las diferentes cadenas de televisión del mundo, de Internet y de la prensa por decantar a la opinión pública a favor de uno u otro bando. Y en ocasiones ello es tan importante como lograr una victoria en el campo de batalla.

Muchos expertos coincidían en que las fuerzas aliadas estaban perdiendo la batalla de la imagen frente a Sadam Hussein, quizá uno de los mejores maestros de la propaganda en el mundo. Aunque EEUU llevaba la iniciativa militar en el conflicto con Irak, las imágenes de mujeres y niños muertos en Bagdad por los bombardeos estadounidenses colocaban al gobierno iraquí por delante en la guerra de la propaganda y causaban un grave daño a EEUU, especialmente en el mundo árabe.

Sin embargo, también era cierto que EEUU no perdía la batalla de la opinión pública en su propio país, ya que más de un 60% de la población seguía apoyando a su presidente George W. Bush.

Para los expertos, uno de los errores en esta guerra era haber dejado que funcionara la televisión iraquí, que transmitió imágenes de soldados estadounidenses capturados, helicópteros derribados y víctimas civiles de los bombardeos. Al parecer, estas transmisiones respondían a tres objetivos: difundir imágenes negativas para EEUU; reafirmar a los iraquíes que Sadam Hussein controla la situación para evitar una rebelión interna; y enviar al mundo árabe el mensaje de una “resistencia heroica ante la potencia agresora”.

La propia oposición interna iraquí lo reconoció: “Sadam Hussein está ganando la batalla psicológica”, decía Kato Saadlla, portavoz en Washington del Frente Nacional Iraquí, grupo de exiliados que querían asumir parte activa en un nuevo Irak sin el presidente Hussein.

Otras reacciones negativas fueron culpa de las propias fuerzas aliadas, y muchos expertos estimaban que fue un error desde el punto de vista propagandístico cuando se vio por televisión a un soldado estadounidense, en el sur de Irak, bajar una bandera iraquí de un edificio público y reemplazarla por una de su país. Aunque la bandera estadounidense fue bajada después por orden de un superior, esa imagen dio la vuelta al mundo, dañando la política de EEUU de intentar persuadir de no ser una fuerza de ocupación, sino de “liberación”.

Obviamente también había quienes no estaban del todo convencidos de que EEUU estuviera perdiendo la guerra de la propaganda en el conflicto con Irak. Pero sí reconocían que cada día que pasaba era un triunfo propagandístico para Sadam, cuya intención parecía ser la de influir en los países árabes para forzar una negociación. Desde el Pentágono se entendía que la guerra se estaba desarrollando según lo previsto, y si se producía una impresión contraria era porque el masivo volumen de información en los medios y los entrecortados reportajes podían producir desorientación.

Al contrario de la guerra del Golfo de 1991, en la que la CNN tuvo casi el monopolio, en este último conflicto las cadenas de televisión árabes desempeñaban un papel importante para moldear la opinión pública mundial.

La qatarí Al Jazeera –a través de cuya página web se puede ver la televisión en directo gratuitamente-, Abu Dhabi TV y Al-Arabiya se encargaron de difundir al mundo las imágenes de los soldados estadounidenses muertos o capturados y, sobre todo, las de las víctimas de los bombardeos aliados sobre la capital. Muchas de esas imágenes no fueron vistas en EEUU, donde las cadenas y la prensa se impusieron una auto-censura en tiempos de guerra.

Criticada por Washington y Londres por sacar imágenes perturbadoras de Irak, la televisión Al Jazeera comunicó su intención de no censurar los horrores de la guerra. “Creemos que la audiencia tiene el derecho a ver todos los aspectos de la batalla”, llegó a afirmar Jihad Ballout, portavoz de la televisión. Los dirigentes de la cadena, que emite 24 horas en lengua árabe, debatieron con sumo cuidado la emisión de imágenes escabrosas que pudieran herir la sensibilidad de los espectadores, al tiempo que negaban tener alguna parcialidad política. “No servimos a ningún bando en especial, ni a ninguna ideología específica. Lo que hacemos es nuestro trabajo de la forma más profesional posible”.

El diario Times en un editorial salió en defensa de la cadena qatarí a la que reconoció como “la única televisión árabe en el mundo sin censura (...), una ventana útil a un mundo que durante demasiado tiempo ha sido totalmente extraño para nosotros”

 

La primera víctima, la verdad

Una agencia kuwatí fue la primera en dar la noticia, el jueves 20 de marzo, y todas las grandes agencias la difundieron pronto por todo el mundo, haciéndose eco de la misma no sólo los medios convencionales sino también Internet. Fuentes militares confirmaban la historia. La estratégica ciudad portuaria de Um Qars, al sur de Irak, había sido “ocupada y asegurada”. La información era buena, pero llegaba pronto. Concretamente, seis días antes de que se produjese. Un día después, desde Londres el almirante Michael Boyce insistía: “la ciudad está bajo control”. Donald Rumsfeld, el secretario de Estado de Defensa, lo confirmó contra toda evidencia: los periodistas en la zona y el gobierno iraquí señalaron que se estaba produciendo una dura resistencia. El domingo 23 la toma fue anunciada nueve veces por la BBC y en ninguna de ellas se produjo. El martes, el comandante de los Royal Marines, Jim Dutton, dijo que la ciudad estaba “abierta y segura”. Un día después, el ministro de Información iraquí, Mohamed Saïd Al Saf, negaba la toma, a pesar de las imágenes difundidas por todos los medios, incluido Internet, que mostraban a soldados británicos repartiendo comida entre la población.

Mark Damazer, subdirector de BBC News, admitió que la cadena había proporcionado información falsa, producto de errores, desde el comienzo de la guerra en Irak. El directivo reconoció que este tipo de situaciones “deja en el público la sensación de que está más desinformado de lo que piensa”. Damazer supo reconocer que la BBC cometió errores diariamente durante la primera semana del conflicto, pero negó que esos fallos hubieran sido consecuencia de un enfoque tendencioso a favor o en contra de la guerra.

La frase que el senador californiano Irma Jonhson pronunció en 1917, “la primera víctima de la guerra es la verdad”, se ha convertido en un tópico, pero no por ello es menos cierta. Aunque precisando un poco más la cuestión, cabría añadir que quien sufre es la información, especialmente la noticiosa cuando tiende a convertirse en instrumento de las partes en conflicto, y en cuanto a tal la información, deja de ser noticiosa (en sentido estricto) y se transforma en propaganda. Y es que toda verdad es poliédrica y a cada uno se le ofrece la cara que más le conviene.

En la guerra de las Malvinas y, posteriormente, en la primera guerra del Golfo, los corresponsales fueron alejados de los puntos de operaciones. Y fue precisamente, y sobre todo, en 1991, cuando esos errores se produjeron no por la falta de testigos que pudieran contar los hechos, sino por presión informativa, por la necesidad que había de llenar horas de programación siendo los primeros. Como habría de comentar el ex director de The Washington Post, Ben Bradlee, “el problema de esta guerra es que las cosas van a toda velocidad”.

En el conflicto de Irak, se autorizó a los periodistas a viajar con los soldados al frente, pero la información era de los militares. Así, la regla número uno decía: “La información sobre operaciones en curso no será emitida a menos que sea autorizada por el comandante al mando”. Regla número dos: “La fecha, hora o localización de las misiones y acciones militares, así como sus resultados, sólo serán publicados si son descritos en términos generales”.

Un cable del sábado 22 de marzo, haciéndose eco de la BBC señalaba que “las fuerzas aliadas han logrado el control de Basora”. El corresponsal de la cadena decía que al entrar en la ciudad, los soldados habían recibido una cálida bienvenida. La noche anterior, en el mismo frente, el Pentágono informaba de la rendición de la 51º división del ejército iraquí, formada por 8.000 hombres. Sin embargo, ni las rendiciones ni las bienvenidas, esperadas desde el principio de la guerra por los mandos aliados, se produjeron. De hecho, la división nunca se rindió; fue sólo un teniente iraquí que se hizo pasar por general para recibir un mejor trato. El Pentágono mordió el anzuelo y los medios detrás.

La denominada “niebla de la guerra” (fog of the war) continúa envolviendo muchas preguntas aún sin respuesta: ¿Resultó herido Sadam Husein en el primer ataque? ¿Cuántos prisioneros iraquíes se han rendido? ¿Cuántas bajas contabiliza el ejército iraquí?

“Pretender que la primera víctima de una guerra es la verdad no deja de ser un subterfugio para eludir la hiriente realidad: las víctimas son seres humanos con todo su entorno vital. Y siempre hay responsables, también humanos, de su muerte”, cita Ricardo Utrilla en El Correo del 9 de abril.

 

¿Testigos molestos?

La muerte de cinco periodistas en apenas veinticuatro horas durante la invasión de Irak –en 20 días fallecieron once informadores- centró buena parte de la atención de los medios de comunicación y de la población en relación a las últimas noticias que llegaban del frente. “Es el trágico tributo de un oficio a veces peligroso, de unos profesionales valientes que arriesgan su vida para contar como testigos de primera línea los horrores de una absurda contienda bélica declarada de forma unilateral, ilegal y masivamente rechazada por la opinión pública mundial, que condena sin paliativos a sus promotores”, se puede leer en la editorial del diario Deia, del 9 de abril.

Dejando de lado si se trata de una situación objetivamente injusta o no (todas las víctimas debieran tener un mismo protagonismo, sean periodistas o ciudadanos iraquíes), lo cierto es que la función del periodista, como ojos y oídos de la colectividad, que posibilita a millones de personas conocer lo que está aconteciendo en el campo de batalla, lo ha dotado de una especial protección teórica en convenciones y tratados, que pretenden, la mayor parte de las veces infructuosamente, regular algo de por sí tan difícil como la guerra –la Convención de Ginebra, en sus protocolos adicionales, no suscritos por EEUU, protege el trabajo de los informadores en zonas de conflicto-. Por eso, la agresión “deliberada”, como la definieron algunos medios de comunicación, a los periodistas es considerada de especial gravedad en cualquier contienda, puesto que con ella, además de atacar a las víctimas directas, se está, al mismo tiempo, cercenando el derecho a la libertad de información de millones de personas.

Fue precisamente esa “intencionalidad” lo que agravó el bombardeo de las tropas angloamericanas contra una oficina de la televisión Al Jazeera y contra el hotel Palestina, en el que se concentraba un nutrido grupo de corresponsales extranjeros. No se trataron de muertes accidentales, de periodistas alcanzados por una bala perdida mientras acompañaban a las tropas de uno u otro bando y que se vieron fatalmente atrapados en la contienda. El ataque a Al Jazeera en el que murió un periodista suyo no fue el primero durante el periodo que duró el conflicto de Irak. Más bien daba la impresión de que, como posteriormente denunció la Federación Internacional de Periodistas, las tropas angloamericanas consideraban “blancos legítimos” a los medios árabes que rompían el discurso homogéneo. Todas las fuentes coincidieron en señalar que el hotel Palestina era un objetivo perfectamente identificable y no resultaba creíble la versión que señalaba que un tanque fue hostigado desde el edificio.

Tal y como recoge Ángeles Espinosa en la edición de El País, del 9 de abril, “los periodistas se han convertido en testigos molestos para Washington”, algo compartido en muchas editoriales de diferentes medios. Así, en la del periódico Gara, de ese mismo día, se puede leer: “Que en una guerra que se dice haber emprendido ‘en nombre de la democracia’ se considere a los periodistas y a miles de civiles como objetivo militar define perfectamente la intención de los invasores”.

 

Bibliografía

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FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO DE LATINA EN BIBLIOGRAFÍAS:

Nombre del autor, 2003; título del texto, en Revista Latina de Comunicación Social, número 55, de abril-junio de 2003, La Laguna (Tenerife), en la siguiente dirección telemática (URL):

http://www.ull.es/publicaciones/latina/20035521meso.htm


Revista Latina de Comunicación Social

La Laguna (Tenerife) – abril-junio de 2003 - año 6º - número 55

D.L.: TF - 135 - 98 / ISSN: 1138 – 5820

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