¿LAS IDEAS Y LA PRÁCTICA FREINETIANA ESTÁN MORIBUNDAS? Algunas reflexiones sobre su aportación a la escuela de hoy

Francisco Imbemón

 

A finales del siglo XX casi todos los mitos se ponen en cuarentena. El avance de las ideas posmodernistas, la relativización de los hechos sociales, el mercantilismo y el pragmatismo social hacen, por supuesto entre otras cosas, que nada perdure, que todo se cuestione, que se ponga en entredi­cho todo lo que se creía bueno, útil o moderno. Cuánto más hijo de la época eres más te cuestionas todo, más te haces crítico del pasado. Rom­per sin preocuparse de qué tipo de pegamento utilizarás posteriormente sería una metáfora que podríamos aplicar a ese fenómeno social.

En nuestro campo no podría ser menos sino más, ya que siempre hemos de demostrar una cierta altura para salir de ese complejo anodino que envuelve la cultura profesional educativa. la muestra tanto de posmodernos como de nuevos críticos que han aparecido desde las catacumbas del con­ductismo, de las más profundas letrinas ideológicas de la Universidad y de la Administración nos lo demuestran. El lenguaje simbólico se hace común provocando una confusión que como toda falsedad e hipocresía, un día u otro, se hace no creíble pero mientras tanto se ha de soportar.

¿Y cómo no se iba a poner a Freinet, su pedagogía y su movimiento en cuestión?

 

FREINET COMO PERSONA, MUCHOS AÑOS DESPUÉS

 

Freinet no sólo escribió, diseño y practicó viejas y nuevas técnicas peda­gógicas sino que creó un “negocio”. Era una persona emprendedora, ambiciosa e inteligente. Esa amalgama de características le comportó muchos problemas con la oficialidad (ello siempre se explica en sus biogra­fías), pero también con sus “camara­das cooperativistas” (se explica menos). Una muestra de ésto último es el artículo de Colom y Santandreu (Educación y Sociedad, 10, 1992) sobre la ruptura del movimiento en 1961 (que Freinet nunca aceptó como ruptura sino como abandono) y que dió origen a lo que se ha llamado la Pedagogía Institucional. A pesar de su discurso de querer “humanizar la escuela” no lo consiguió en su Movi­miento. Freinet nunca fue un experto en relaciones humanas con sus com­pañeros y quizá su pasado lo había ido marcando en ese querer sobresalir como líder único. Lo que es cierto es que a partir de ese momento el Movi­miento Freinet entra en una crisis que ya no abandonará nunca más porque las circunstancias posteriores (socia­les y educativas) facilitarán el mante­ner y ahondar en esa crisis.

Pero no me toca a mi analizar esa parte del lobo humano que aparece en Freinet ni su ingente capacidad para generar proyectos ligados a cuestiones económicas, sino analizar su aportación pedagógica desde el punto de la validez y la actualidad. Pero ello no es posible si no me introduzco en el contexto de la Peda­gogía Freinet: de su persona, de su obra y del movimiento que generó.

La primera constatación es que Freinet es un maestro de escuela. Ello tienen mucha importancia cuando los progenitores pedagógicos de la Escue­la Nueva son, predominantemente, médicos y biólogos. Ya es sintomático que las aportaciones más relevantes pedagógicamente de la escuela de hoy día la hayan hecho médicos, biólogos y psicólogos. Freinet es una honrosa excepción y por ello se le ha de valo­rar y situar en su justo sitio en el limbo de las aportaciones educativas del siglo XX.

El hecho de que Freinet sea maes­tro comporta una serie de caracterís­ticas a su aportación. Habla de la práctica de la escuela desde la escue­la, utiliza un determinado lenguaje y se impregna de metáforas. Cierto que la lectura de Freinet, hoy día, para aquellos que no lo sitúan en su con­texto, es una lectura extraña, a veces simple y en ciertos momentos de autocomplacencia del autor hablando de su pedagogía. Pero en la época que Freinet escribía su ingente.obra, sus ideas y su lenguaje, preñado de metáforas bucólicas pero también revolu­cionarias, hacía mella.

Hoy día, el profesorado, conta­minado por tantos años de

tecnicismo, puede hasta son­reir con ciertos parágrafos bucólicos e idílicos de la obra freinetiana, pero la mayoría de contenidos de sus textos continúan siendo totalmente válidos, algunos hasta vergonzosamente válidos al final de siglo. Actualmente, que nos lle­namos la boca y los pape­les sobre la importancia de reflexionar sobre la prácti­ca para mejorarla y, a veces, para esa reflexión, nos ponemos como debe­res leer textos que se hacen incomprensibles desde la óptica de la realidad del día a día, del “por favor más bajo” o “siéntate”, nos olvida­mos de textos elementales pero directos y potentes. La lectura de las obras de Freinet pueden apor­tarnos ese aire fresco que superando lo carrinclón (producto de la persona y su circunstancia) nos den pistas de mejora y de una reflexión real sobre lo qué y para qué se hace y debería hacerse.

¿No son vigentes hoy día todas las invariantes pedagógicas? o ¿la educación popular? o ¿consejos a los maestros jóvenes? o ¿cualquier de los textos de la Biblioteca del Maestro?, por cierto no reeditada y desapareci­da. O los textos más teóricos de Frei­net, la mayoría editados hace tiempo en editoriales latinoamericanas.

Seguramente, si en los seminarios, cursos, grupos de trabajo, formación en centros, repartiéramos algunos de esos textos para su análisis, muchos se encontrarían con la sorpresa de que muchas de las aportaciones actuales de psicólogos y pedagogos, ya estaban insinuadas o escritas por Freinet, con otro lenguaje pero con el mismo contenido de fondo. La dife­rencia es que cuando el discurso del cambio se hace oficial aparece como nuevo y reluciente, como que provie­ne de ciertos sectores que lo acaban de descubrir y lo aportan a la “masa ignorante”. En educación la polisemia del lenguaje nos confunde y algunos siempre lo han deseado así.

No voy a citar textos de la obra más teórica de Freinet, sería inter­minable el descubrir en sus pági­nas la psicología genética, la diversidad, la motivación, el constructivismo, el aprendizaje significativo, la importancia de la experiencia, el papel activó del alumnado... bueno, todo aquello que hoy día impregna el discurso edu­cativo.

Cierto y no lo podemos negar que Freinet es un apasiona­do de las técnicas y es ahí donde realmente aporta y se luce. Y esto ha servido para ciertos argu­mentos de puristas de que su obra teórica no es consistente (ano será que es la obra de un maestro?). La pregunta siempre ha sido consistente para quién? Por supuesto, no para aquellos que se creen con el derecho de aportar a la pedagogía su propia consistencia extraída de las bibliotecas o bases de datos mejor dotadas.

Recuerdo hace un poco más de veinte años, cuando la mayoría de los maestros y las maestras que hoy día están en los centros estu­diaban sus carreras, que Freinet en los estudios de Magisterio y Pedagogía era un “maldito”. La pedagogía de este país lo había olvidado (seguramen­te su afiliación política era más impor­tante que su aportación pedagógica). Su lectura, cuando se hacía (en esa época fue cuando aparecieron algunas de sus obras en editoriales de aquí) se hacía en el curso paralelo, fuera de las aulas, que era en dónde se aprendía a ser maestro o maestra “diferente”. A muchos, esas lecturas nos dieron una manera de entender la escuela y la educación que nos permitió sobrevi­vir y alentar cambios que ahora ya son, más o menos, cotidianos. En ese pasado de lecturas paralelas, existe un reconocimiento a la obra de Freinet como aportación a cierta resistencia que posteriormente se vió necesaria para algunas conquistas educativas.

En esa época, la incipiente ACIES (Asociación para la correspondencia e imprenta escolar), la llegada de italia­nos del MCE a las escuelas de verano y a las librerías, las nuevas revistas pedagógicas y la recuperación de la historia del nacimiento en nuestras tierras del Movimiento Freinet fueron abriendo una luz y forjando unas ideas, en ese largo y oscuro túnel de la educación de este país que es nece­sario no olvidar en los tiempos veni­deros.

En nuestro contexto, Freinet representaba todo aquello por lo que valía la pena luchar en la escuela y eso ya es suficiente para superar su visión económica y su narcisismo (que ade­más desconocíamos imbuídos por el mito). Freinet marcó, consciente o inconscientemente a muchos de los maestros y maestros de hoy día.

 

FREINET PEDAGOGO O LA VIGENCIA DE LAS TÉCNICAS

 

Siempre me ha interesado la aporta­ción de Freinet cuando argumenta que él no aportó un método sino unas técnicas, dejando muy claro y repetitivo que prefiere llamar técnicas porque su aportación no es una cons­trucción teórica e ideal, sino una téc­nica de trabajo nueva que nace, se experimenta y evoluciona en el marco de las clases. Quizá por esos tres últi­mos factores aún siguen vigentes las técnicas Freinet.

Hagamos un esfuerzo fácil de ima­ginación. Saquemos de todas las aulas lo siguiente: el periódico, el texto libre, el dibujo libre, los ficheros, la biblioteca de clase, los murales, las conferencias, la cooperación, los complejos de interés, los planes de trabajo, las fichas autocorrectivas, la asamblea... Quizá algunas tareas educativas usuales en muchas clases no lleven ese nombre pero se basan en sus mismos principios. Es posible que nos faltarían muchas cosas para tirar adelante en el aula la actividad diaria. Si además extrajésemos de la práctica educativa la aportación de Decroly y Montessori, entonces, nos quedarían grandes teorías, grandes principios, nuevas aplicaciones como los temas transversales; mucha psicología (sobre todo hoy día) y un gran pro­blema: el quehacer de cada día.

Quizá sea excesivo lo comentado en el parágrafo anterior. Pretendía analizar que, a pesar del relativo olvi­do y la marginación, las técnicas Frei­net continúan siendo vigentes. Con una salvedad: su aplicación en la heterodoxia. La diferencia entre la aporta­ción freitiana de antes y de ahora es que su aplicación no puede ser orto­doxa (como siempre defendió Freinet con su espíritu de preservar el patri­monio común y el movimiento) sino heterodoxa. Hoy día ya nadie discute que toda práctica educativa es idiosin­crática por la cantidad de variables que intervienen en su proceso: el contexto, la diversidad del alumnado, la diversidad de padres y madres, de culturas, de edificios, de aulas, de per­sonas, de clima, de ideologías... ello hace que se ha de construir sobre la práctica con las técnicas adecuándolas a cada momento; haciéndoselas pro­pia, aunque incumpla lo más sagrado de los “textos” pedagógicos. La edu­cación no es una ciencia cierta y en esa constatación está la adaptación de las técnicas a las circunstancias. Ello no invalida las técnicas Freinet sino que las hace más potentes y válidas. Su sobrevivencia después de tantos años lo demuestra palpablemente.

¿Cuántos maestros y maestras uti­lizan, heterodoxamente, técnicas Frei­net sin saber de quién son? La mayo­ría de las técnicas freinet han pasado al patrimonio común de la educación y se confunden con lo usual, lo nor­mal, lo que se ha de hacer en la cultu­ra profesional.

Quizá la reflexión que me lleva el discurso anterior es a la interrogación ¿qué se ha aportado en los últimos cincuenta años a la práctica de las aulas? Seguramente nuevos nombres, nuevas terminologías, muchos errores (recordemos la etapa “cientifista” de programación, taxonomías, operativi­zación...), alguna que otra luz y mucha confusión por la crisis de los sistemas educativos, del asociacionismo, de la familia. Repensar la educación desde la óptica de las técnicas Freinet puede ser un buen ejercicio de salud mental, de revivir una escuela diferente en donde el alumnado es el protagonista, pero sin la retórica vacía de los teóri­cos, que pretenden enseñar a pescar a quien está en el río sin saber cómo montar una caña.

Las técnicas Freinet, adaptadas al contexto, a la realidad de hoy día, con ciertos pulimientos respecto al exce­sivo instrumentalismo, son válidas para mejorar la práctica educativa y para continuar interrogándose sobre el papel de la educación.

 

FREINET Y LOS CAMARADAS O LA CRISIS DEL MOVIMIENTO

 

Otra cosa muy diferente es cuando se pretende aglutinar a todos en algún sitio.

El asociacionismo hace tiempo que entró en crisis como no sea para cuestiones corporativas. Pasa en todos los campos no únicamente en el educativo. En el nuestro puede provocar mayor debilidad o vulnera­bilidad delante de los poderes públi­cos al ser una profesión controlada por ellos.

En épocas anteriores los maestros y maestras se adscribían a una deter­minada tendencia, había decrolynia­nos, montessorianos, piagetianos, de Barbiana... y freinetianos. Hoy día es difícil una adscripción única y si ésta existe es en la heterodoxia que comentábamos anteriormente y más por afinidad en las ideas que se defienden que en la práctica educativa que se realiza. Lo mismo pasa con las escuelas en donde ya es difícil encontrar centros catalogados con una determina tendencia. Y eso, según mi punto de vista, no es malo.

Pero ello hace que los movimien­tos se debiliten. Ya no es posible reproducir los debates, los encuen­tros y el compromiso de aquellos maestros de la República fundadores del Movimiento Freinet. Hoy día los compromisos son muchos y los comprometidos se comprometen en muchas cosas. Me decía no hace mucho un fundador del movimiento Freinet español que era difícil en los últimos años mantener reuniones de debate porque los implicados lo esta­ban en tantas cosas, que era difícil reunirse. Y eso al final se paga. El movimiento de reduce a unos pocos. Pasa aquí y en los diversos países en donde los movimientos fueron fuer­tes y tuvieron su importante espacio en la resistencia a la pedagogía oficial, cuando esa oficialidad era de una determinada opción ideológica.

Pero ello no invalida la aportación pedagógica, sino que obliga a ser ima­ginativos en las propuestas de adapta­ción y cambio y en la creación de estados de opinión sobre ciertos temas educativos. Quizá los movi­mientos irán desapareciendo por ina­nición pero, en el caso de Freinet, sus ideas y sus técnicas será muy difícil que desaparezcan porque ya son de todos. El peligro es su oficialidad y que le resten el sustrato ideológico. Ese es el reto de las técnicas Freinet, no su validez, que es indiscutible, no su vigencia, que no hace falta argu­mentarla sino darse una vuelta por los centros de infantil y primaria (Freinet siempre fue anecdótico en bachillera­to), sino su continuidad no únicamen­te como instrumentos técnicos sino como instrumentos de debate y mejora de la educación. Repensar constantemente en ello es la función de los que se reúnen bajo el paraguas del movimiento.

Como decía Freinet: “La Escuela moderna no es ni una capilla, ni un club más o menos cerrado, pero sí un chanier de donde saldrá lo que entre todos construiremos”. En continuar construyendo está el trabajo y en esa obra no podemos olvidar los cimien­tos que posee la aportación de Frei­net, olvidarlos no únicamente sería injusto sino imposible.