FREINET: SU CONTEXTO Y SU PENSAMIENTO

José González Monteagudo

 

Freinet es un personaje complejo y polifacético. Se trata de un maestro de la enseñanza primaria, pero también de uno de los renovadores escolares más relevantes de todos los tiempos. Su obra está dirigida sobre todo a la mejora de la práctica y tiene un componente fundamentalmente empírico e intuitivo, pero a la vez supone un intento tenaz por configurar en los niveles teórico y metodológico una propuesta pedagógica moderna y abier­ta a nuevos desarrollos. El itinerario de Freinet no ha sido fácil, pero nos muestra las posibilidades que se nos abren en el campo de la renovación escolar. Aquí se plantean algunos de los momentos claves de la pedagogía de Freinet. Sin embargo, ningún comentario puede sustituir la lectura directa de los textos del pedagogo francés.

 

INTRODUCCIÓN.

 

El 15 de octubre de 1996 se cumplen cien años del nacimiento de Freinet; y el 8 de octubre se cumplen los treinta años de su desaparición. Cien años, treinta años: parece que queda todo tan lejos. Han cambiado tantas cosas en las dos últimas décadas (y me refie­ro tanto en el plano mundial como específicamente en el contexto espa­ñol) que volver la vista más atrás resulta algo difícil. Y sin embargo, con Freinet no sucede esto. Su figura resulta enormemente actual. Y lo va a seguir siendo durante bastante tiem­po, aunque la escolástica instalada no reconozca el legado freinetiano y viva­mos una situación de progresivo conservadurismo social y pedagógico.

El impulso renovador de la peda­gogía Freinet ha vivido mejores momentos que los actuales. En el período de la transición democrática, el legado de Freinet era un patrimo­nio activo enseñado y aprendido, transmitido y recreado. En los últimos años, su figura y, sobre todo, lo que ella representa (es decir: la capacidad de transformar la escuela, la renuncia de los docentes a asumir un mero papel de agentes de la reproducción social, la mano tendida a los demás para trabajar juntos en proyectos comunes, la negación de las inercias y de las tradiciones autoritarias, la exi­gencia de una escuela participativa y motivadora, etc.) han sufrido un evi­dente retroceso. En estos tiempos se han impuesto otros modelos pedagó­gicos. Algunos de ellos se acercan bastante a las propuestas freinetianas, pero están sobrados de conceptos y faltos de praxis. El discurso pedagógi­co es ahora más riguroso y complejo que hace algunos años, pero también más abstracto y formalista. Las expe­riencias y las “voces” de los maestros suelen estar ausentes de las publica­ciones que tratan sobre la escuela y de la propia formación permanente. Esto no afecta sólo a la pedagogía Freinet. También se refiere a otros modelos pedagógicos renovadores y progresistas producidos a partir de la experiencia pedagógica personal y colectiva (por ejemplo, Neill y Maka­renko). Es curioso constatar que un libro reciente y muy documentado de Gimeno y Pérez Gómez titulado Comprender y transformar la enseñanza (Ed. Morata) no contenga en la bibliografía final ninguna referen­cia sobre Freinet y, en general, sobre experiencias pedagógicas. Jaume Car­bonell, al comentar el libro, ha llama­do la atención sobre este hecho, que supone dejar de lado las aportaciones procedentes de la renovación escolar.

Freinet representa un caso extra­ño dentro de los personajes pedagó­gicos de nuestro siglo. Y ello por varios motivos:

‑ en primer lugar, por la unión tan estrecha que se da en su trayectoria entre la teoría y la práctica. Freinet es un maestro, y sigue siéndolo a todo lo largo de su carrera. La praxis esco­lar cotidiana iniciada en los años 20 le acompaña durante más de cuatro décadas. Pero a la vez es un maestro que lee de manera, inmoderada, que escribe vorazmente (unas 50.000 páginas en total) y que trata de articu­lar una propuesta pedagógica de amplia proyección teórica y didáctica, dirigida fundamentalmente a sus cole­gas y explícitamente alejada del mun­dillo universitario, al que contemplaba con enorme recelo.

‑ en segundo lugar, porque se trata de una persona comprometida política, sindical e ideológicamente. Representa la antítesis del profesional desimplicado y reconcentrado en su propio discurso. Freinet perteneció al Partido Comunista Francés (hasta su expulsión en los años 50) y militó en las causas sociales más variadas: la lucha antifascista, el sindicalismo de clase, la mejora de la situación de la infancia, las iniciativas a favor del aumento de la calidad de la enseñanza (entre otras cuestiones, lanzó la cam­paña de 25 alumnos por clase)

‑ en tercer lugar, inicia un proyec­to educativo de carácter cooperativo, que entiende tanto la formación docente como la propia enseñanza desde un enfoque grupal. Superar la perspectiva individualista es difícil, pero Freinet mostró algunas claves para poder hacerlo.

La figura de Freinet sorprende por muchas razones. Freinet es un autodidacta y un heterodoxo, que siguió sus propios caminos. Se mantu­vo alejado de la Administración y del estamento universitario. A lo largo de su vida supo evolucionar en función de los tiempos cambiantes y de las sucesivas transformaciones del pano­rama educativo. Aunque algunos han criticado su supuesto dogmatismo de los últimos años, otros preferimos lla­mar la atención sobre su constante actitud de aprender de todo y de todos. De hecho, en los últimos años de su vida incorporó, adaptándolas al marco general de su pedagogía vitalis­ta y profundamente motivadora, las novedades de la enseñanza programa­da. Cuando murió, preparaba un estu­dio sobre las aportaciones educativas de Carl Rogers y de la psicología de los grupos. Fue un observador atento, curioso y sagaz de la evolución peda­gógica europea y americana. Además, era un creador nato: como escritor, pues escribía con un estilo impecable, sencillo, pero con una gran capacidad de comunicación; como didacta, al crear y adaptar una gran cantidad de material pedagógico escrito, audiovi­sual y de experimentación; como pen­sador, porque razonaba según sus personales criterios, alejado de las estrecheces de las escuelas de pensa­miento y de las rigideces de la vida académica universitaria, lastrada por los requisitos de la cientificidad y por la necesidad de someterse a la tradi­ción establecida. Freinet poseía tam­bién una gran capacidad de comunica­ción con los niños; se sentía cómodo observando a los niños y trabajando con ellos. Era un apasionado de su trabajo. Volver la mirada hacia la pedagogía de Freinet es siempre un ejercicio saludable. Hoy este ejercicio puede dar tantos frutos como lo hizo en el pasado.

 

LA TRAYECTORIA VITAL.

 

Freinet nació en 1896 en una aldea de los Alpes Marítimos del sur de Fran­cia. Sus orígenes son rurales. De este ambiente extrae el pedagogo galo muchas de sus imágenes pedagógicas. Freinet fue herido en un pulmón en la Primera Guerra Mundial. Pasó cuatro años intentando recuperarse de esta herida y, después, las secuelas de este percance le acompañaron a lo largo de la vida.

En 1920 comenzó su etapa como maestro en un pequeño pueblo, con niños de entre seis y ocho años. A partir de sus propias limitaciones para poder hablar de manera continuada durante largo tiempo se planteó algu­nos cambios en la dinámica del aula. “En vez de dormitar frente a un texto de lectura ‑escribe Freinet‑después de la clase de mediodía salíamos al campo que bordeaba la aldea. No examinábamos ya escolarmente a nuestro alrede­dor la flor o el insecto, la piedra o el río. Lo sentíamos con todo nuestro ser, no sólo objetiva­mente, sino con toda nuestra natural sensibilidad”.

Freinet inicia una formación peda­gógica y cultural de marcado signo autodidacta. Lee a los autores marxis­tas, a los clásicos de la pedagogía (Rabelais, Montaigne, Rousseau, Pes­talozzi) y a los psicólogos y pedago­gos del momento. Viaja a Alemania y Rusia.

En los años veinte surgen de manera sucesiva las principales técni­cas Freinet: el texto libre, la imprenta escolar, la correspondencia interesco­lar y el fichero escolar cooperativo. En 1926, Freinet y Elise se casan e ini­cian una colaboración que se prolon­gará durante cuatro décadas (Elise Freinet murió en 1983). Freinet escri­be su primer libro, dedicado a la exposición de la técnicas de la imprenta escolar. A partir de ese momento, inicia la constitución de un movimiento pedagógico de maestros centrado en la experimentación y difusión de las nuevas técnicas educa­tivas (la CEL: Cooperativa de la Enseñanza Laica).

Durante los años treinta, la pro­puesta freinetiana se consolidó y extendió. La CEL celebraba anual­mente sus congresos, editaba revistas educativas y diverso material pedagó­gico, y promovía diferentes activida­des en el ámbito de la formación de los maestros.

Freinet se tropezó con el rechazo de los sectores más conservadores de St. Paul de Vence (su segundo destino en la enseñanza pública) y como con­secuencia de una serie de arbitrarie­dades fue trasladado forzosamente. Tanto él como su mujer, también maestra, se negaron a aceptar el cam­bio forzoso de localidad. Ambos dimi­tieron de la enseñanza pública. A par­tir de ese momento, Freinet se plan­teó la necesidad de crear una escuela propia, que habría de ser, dice Frei­net, “el laboratorio pedagógico de nuestra cooperativa, el embrión de la nueva sociedad educativa”. No deja de ser una paradoja que uno de los mayores defensores de la escuela pública en nuestro siglo se haya visto obligado a trabajar en una escuela privada. De todas formas, esta escuela fue un cen­tro atípico. A pesar de ser privada, su vocación era decididamente pública.

Durante los años treinta, el movi­miento Freinet tuvo una participación muy directa en la militancia antifascis­ta y en el desarrollo de iniciativas de izquierdas para garantizar una ense­ñanza de calidad. Freinet viajó mucho en estos años, pronunciando confe­rencias tanto en Francia como en algunos otros países. Estas actividades aumentaron la influencia de las técni­cas Freinet, que comenzaron a ser aplicadas en Bélgica, España y Suiza y, posteriormente, en un mayor número de países.

En la Segunda Guerra Mundial, el movimiento Freinet fue desmantela­do. Freinet ingresó en un campo de concentración, en el cual permaneció retenido año y medio. Allí preparó sus obras de madurez. Al ser libera­do, formó parte de la Resistencia. En 1945, volvió a Vence y encontró su escuela y los almacenes de la CEL saqueados. Es la hora de la reconstitución del movimiento, que pronto iniciará su andadura. En 1947 abre sus puertas de nuevo la Escuela Freinet de Vence. En los años 50 y 60, el movimiento Freinet vuelve a consoli­darse como una fuerza pedagógica importante. La influencia internacional de Freinet se extiende. Durante los últimos años de su vida, Freinet siguió dedicado a la adaptación de nuevas técnicas educativas, atento a las últi­mas tendencias psicopedagógicas.

El ICEM (Instituto Cooperativo de la Escuela Moderna) continuó el trabajo propuesto por Freinet, aun­que Elise se alejó del movimiento. Su fidelidad a Freinet le impidió recono­cer la necesidad de evolucionar. La obra de Freinet fue traducida a las lenguas más importantes. Los grupos de inspiración freinetiana se desarro­llaron en muchos países, sobre todo de Europa, África y América hispana.

 

UN PENSAMIENTO PARA UNA PRACTICA.

 

Freinet no piensa simplemente ideas; piensa la práctica. Y para él pensar la práctica supone buscar las claves inte­lectuales que permitan mejorarla.

Entre los pedagogos a los que Freinet admiraba destaca ante todo Pestalozzi, con el cual sentía una fuer­te identificación. El proyecto de Frei­net es parecido al de Pestalózzi: “Todo aquello de lo que hablo, lo he visto ‑escribe Pestalozzi‑. Y he hecho una gran parte de lo que aconsejo. He renunciado a los placeres de la vida para con­sagrarme a mi ensayo de educa­ción del pueblo; y he aprendido a conocer su verdadera situación y los medios de cambiarlas... como tal vez nadie lo ha hecho”. Estas palabras de Pestalozzi las podría haber subscrito fácilmente Freinet. En ellas no falta ni siquiera ese tono heroico (me refiero a la renuncia “a los placeres de la vida”) que reclaman para sí los grandes creadores, dedica­dos en cuerpo y alma al desarrollo de sus invenciones.

Freinet asumió no sólo las ideas de las grandes renovadores clásicos, sino, y sobre todo, las propuestas de los autores de la Escuela Nueva. Estudió con atención las obras de Decroly, Montessori, Férriére, Claparede, Dewey, Cousinet y muchos otros. Su mirada curiosa se dirigió también a la pedagogía rusa y a los métodos norteamericanos que seguí­an la influencia de Dewey. En general, las obras que leía y las experiencias que conocía constituían un poderoso estímulo para adaptar y reformular sus técnicas.

Para Freinet, los métodos son diferentes de las técnicas. Los prime­ros constituyen un conjunto pautado y cerrado de estrategias pedagógicas. En cambio, las técnicas tienen un carácter provisional, abierto y evoluti­vo. Freinet quiere que sus propuestas se sitúen en el nivel de las técnicas, y no en el de los métodos (entre los cuales incluye el enfoque de Montes­sori).

Freinet acepta las ideas básicas de la Escuela Activa, pero rechaza el idealismo y el pedagogismo de la edu­cación nueva. Para el maestro impre­sor, uno de los errores de las pro­puestas activas consiste en mantener una visión narcisista e individualista del niño. Freinet (como Makarenko o Wallon) se sitúa en un ámbito más social. El problema educativo no puede entenderse cabalmente si sólo contemplamos las claves pedagógicas del mismo. Por eso, hay que ubicarlo en los ámbitos sociales, políticos y económicos.

Otro rasgo destacable de Freinet es su propuesta de un movimiento pedagógico de base, fundamentado en la investigación colectiva de los mejo­res procedimientos escolares. A esto, precisamente, llamaba Freinet peda­gogía experimental. Según Freinet, los miembros de la Escuela Nueva “lanzaron al viento la benéfica semilla de la educación liberada, pero no eran ellos los que traba­jaban la tierra donde había de germinar la simiente”. Como maestro, Freinet siente que la educa­ción nueva le aporta relativamente poco, puesto que se trata de pro­puestas pedagógicas realizadas en unas condiciones muy diferentes de las que existen en los medios popula­res. De todas formas, Freinet toma una gran cantidad de ideas de los pedagogos activistas, particularmente de Decroly.

Freinet se siente profundamente marxista. “Si la escuela se perfecciona ‑escribe‑, es porque el naciente capitalismo necesita un material humano educado, bien dispuesto para servirle”. Freinet asimila las enseñanzas de los clásicos marxistas (sobre todo, Marx, Engels y Lenin). En su juventud, recibe el impacto de la revolución rusa, que conoce de manera directa en un viaje a Rusia de 1925, en una época en que los ideales igualitarios y el fervor revolucionarios están muy presentes. Freinet también se siente muy influido por el pensamiento del socialismo utópico del siglo XIX.

En el plano psicológico, Freinet aspiraba a crear una propuesta origi­nal, derivada de las aportaciones de Claparede, Pavlov, Freud y los auto­res conductuales. Para fundamentar sus concepciones sobre el aprendizaje del niño, recurre a la noción del tan­teo experimental.

La crítica a la escuela tradicio­nal, o a lo que Freinet llama la esco­lástica, es uno de los argumentos más repetidos de los textos de Frei­net. La escolástica es lo contrario de la vida y se identifica con las concep­ciones tradicionales y caducas, con las posturas autoritarias y dogmáticas, y con el verbalismo. Freinet critica la situación en la que se encuentran tanto el niño como el educador en la escuela tradicional: “La escolástica nos ha preparado para hablar, explicar, demostrar; no nos ha entrenado en el trabajo, la observación, experimentación, realización. Ha cultivado en nosotros la actitud del profesor que interroga, controla, sancio­na”. Freinet abomina de las lecciones y de los libros de texto, las dos técni­cas básicas de la escuela tradicional. Los métodos tradicionales tienen un rendimiento deficiente y provocan enfermedades escolares, debidas a los métodos erróneos, algunas de ellas de carácter crónico.

 

UNA PEDAGOGÍA DIFERENTE PARA UNA ESCUELA DISTINTA.

 

Freinet recurre con frecuencia al con­cepto de naturaleza y de desarrollo natural. En este terreno, es un peda­gogo que confía en las virtudes del medio natural y que desconfía bastante de los progresos técnicos de nues­tro siglo.

Para Freinet, los individuos pose­en un potencial de vida: “Tomo la vida ‑dice‑ en su movimiento, sin prejuzgar de su origen ni de sus fines. El individuo es impulsado por su propia naturaleza a reco­rrer su ciclo normal de vida, a realizar su destino”. En este aspec­to, Freinet está influido por el vitalis­mo filosófico de H. Bergson. Pero el creador de la Escuela Moderna hace de este vitalismo naturalista un estilo de vida. Así, por ejemplo, fomentó las prácticas naturistas en su escuela de Vence, basadas en la higiene natural y en un programa dietético. En todas estas cuestiones, se nos revela el per­fil idealista, ascético y rigorista de Freinet, que desarrolló su labor bajo la consigna de una ética muy exigente.

La propuesta de la cooperación es la piedra angular de la pedagogía freinetiana. “La forma individualis­ta de los manuales escolares y de los instrumentos de trabajo estrictamente personales debe ceder poco a poco el lugar a la organización colectiva, de la que la cooperativa escolar será a la vez alma e instrumento”. La coo­peración es un principio que orienta el trabajo pedagógico en todos los sentidos y que se realiza necesaria­mente a través de una obra colectiva y de equipo. Desde esta óptica, la pedagogía no puede ser un a priori, por genial y lúcido que éste sea, sino “el resultado de un largo proce­so de experimentación realizado a lo largo de los años”. La actitud cooperativa implica también la apertu­ra hacia otras corrientes pedagógicas, que puedan enriquecer el trabajo educativo. La cooperación impregna tanto la vida del aula, en la cual el docente renuncia a una parte de su poder para compartirlos con los niños, como las actividades formativas de los maestros.

Otro de los argumentos impor­tantes de la pedagogía Freinet se refiere al trabajo o, mejor, al traba­jo‑juego. Con este doble concepto, Freinet resalta el carácter libre, crea­tivo y autogratificante del trabajo. Freinet critica la pedagogía del juego, en la cual éste se entiende como un sucedáneo de la actividad seria e importante. Para Freinet, juego y tra­bajo son dos funciones naturales de la especie humana, tendentes a satisfa­cer las necesidades vitales surgidas de la lucha por la existencia, aunque para el pedagogo francés el trabajo posee un componente social que no está tan presente en el juego.

La educación que propone Freinet es una educación para el trabajo. Para ello, la escuela debe adoptar la forma del taller. En sus obras, Freinet plantea dos tipos de talleres. Los pri­meros estarían dedicados al trabajo manual de base, al cual se dirige el niño de manera espontánea (trabajo agrícola y cría de animales; herrería y carpintería; hilados, tejidos, costura, cocina y quehaceres domésticos; construcción, mecánica y comercio). El otro tipo de talleres tiene que ver con la actividad evolucionada, sociali­zada e intelectualizada (conocimientos y documentación; experimentación de todo tipo; creación, expresión y comunicación escritas; y creación y comunicación artísticas). “Concebi­mos ‑dice Freinet‑ nuestra refor­ma en tres estadios: I) LA EXPERIMENTACIÓN. Cuantas veces sea posible, experimenta­ción, que puede ser también observación, comparación, verifi­cación; 2) LA CREACIÓN que, partiendo de lo real, de conoci­mientos instintivos o formales surgidos de la experimentación consciente o inconsciente, se eleva, con el socorro de la imagi­nación, a una concepción indivi­dual del acontecer humano al cual sirve; 3) En fin, para comple­tar y apoyar la experimentación, LA DOCUMENTACIÓN, que es como una toma de conciencia de la experiencia consumada, en el tiempo o el espacio, por otros hombres, otras razas y otras generaciones”.

Según Freinet, el niño está dotado de una tendencia que le inclina a la exploración cada vez más organizada y sistemática del medio. Esta sed de conocimiento implica, como punto de partida, la desaparición del problema de la falta de motivación, ausente no por la naturaleza infantil, sino por los errores de la pedagogía escolástica, que somete al individuo en desarrollo a un ritual tedioso, monótono y carente de funcionalidad. En todo este proceso, la labor del educador es fundamental. Para Freinet, el maes­tro es el colaborador, el guía y el camarada que orienta el aprendizaje. El mejor docente no es el que sabe explicar mejor, sino “el que sabe organizar, animar y dirigir el tra­bajo” de manera más eficiente.

Freinet desarrolla sus técnicas educativas en el marco de este triple planteamiento general ya comentado antes de experimentación, creación y documentación. Las técnicas educati­vas son instrumentos, medios o vehí­culos, que se orientan a la consecu­ción de fines muy diferentes. Freinet reconoce la impregnación axiológica de las técnicas. Por eso, habla de téc­nicas liberadoras, a través de las cuales se transmiten valores educati­vos esenciales.

La relevancia de la organización técnica de la escuela es una conse­cuencia necesaria del progreso de nuestra época. Por eso, Freinet se muestra muy sensible a los problemas relacionados con el diseño de los espacios escolares y de los materiales curriculares de todo tipo. En este terreno fue un hábil creador y un pedagogo de una originalidad enorme.

En estas páginas he tratado de plantear algunas de las cuestiones importantes que se refieren al con­texto y al pensamiento freinetianos. He dejado de lado el comentario sobre las técnicas educativas. Por otra parte, tampoco he querido entrar en el debate sobre la actualidad de las propuestas freinetianas ni en la con­frontación del pensamiento de Freinet con los rasgos más recientes de nues­tro contexto social y pedagógico. Se trata de problemas importantes, que habría que plantear en otros momen­tos.

 

BIBLIOGRAFÍA.

 

GONZÁLEZ MONTEAGUDO, J.(1988). La pedagogía de Célestin Freinet. Con­texto, bases teóricas, influencia. Madrid: CIDE‑MEC (contiene una bibliografía de Frei­net y sobre Freinet). Cf. también mis artícu­los sobre Freinet publicados en Investiga­ción en la Escuela, números 6 y 7, de 1988 y 1989, respectivamente.

PETTINI, A.(1977). Célestin Freinet y sus técnicas. Salamanca: Sígueme.

PIATON, G.(1975). El pensamiento pedagógico de Célestin Freinet. Madrid: Marsiega.

Entre las obras de Freinet, destaco las siguientes: los libritos de la Biblioteca de la Escuela Moderna, La educación por el trabajo, Los métodos naturales (3 vols.), Parábolas para una pedagogía popular, Por una escuela del pueblo, La psicolo­gía sensitiva y la educación, Técnicas Freinet de la Escuela Moderna.

De su mujer, Elise Freinet, resulta muy útil la lectura de Nacimiento de una pedago­gía popular, La trayectoria de Célestin Freinet y L'école Freinet, réserve d'enfants (trad. cast. en Ed. Laia).