AYUDANDO A ORGANIZAR EL PENSAMIENTO INFANTIL:

LOS MAPAS PRECONCEPTUALES

 

Rosario Mérida Serrano*

 

La consideración de que el niño y la niña de Educación Infantil aún no pueden utilizar estrategias de aprendizaje para aprender a aprender, es un tópico que hemos de erradicar de las creencias y de las prácticas educati­vas que se desarrollan en esta etapa. Presentamos una nueva estrategia de aprendizaje denominada mapas preconceptuales, abordando su proceso de enseñanza-aprendizaje en un aula concreta y mostrando sus aplicaciones a nivel personal y de grupo.

"Nos tienen encallados: una autoesti­ma inhibida, la confianza en uno mismo disminuida... Todas estas marcas, inconscientes, impresas desde la infancia, nos han creado miedos ocultos e imágenes fugaces de incapacidad. Normalmente, no reconocemos en público estos senti­mientos, pero con mucha frecuencia bajo la superficie de la conciencia suele haber ligeras pero obsesivas dudas sobre uno mismo que reducen nuestra capacidad natural de aprender." (HUNT, 1997: 38)

Para comenzar: el contexto social del aprendizaje infantil

 

Las características del entorno sociocultural en el que se desenvuelve la infancia del recién estrenado siglo XXI, nos hace cuestionarnos a los docentes de esta etapa el papel que ha de asumir la escuela en su desarro­llo personal y social. Teniendo en cuenta que nos hallamos en la socie­dad de la información (CASTELLS, 1997, 1998), caracterizada por el desarrollo exponencial de las nuevas tecnologías, hemos de pensar que nuestra labor como profesionales de una institución, encargada tradicional­mente de la transmisión de conoci­mientos, resultará caduca y obsoleta en un breve espacio de tiempo.

Siguiendo las aportaciones de MCCARTHY (1991) el contexto social en el que se desenvuelve la infancia actualmente se caracteriza por: (1) eclosión de la información; (2) cambio del espacio conceptual; (3) unificación planetaria mediante redes de comuni­cación informática y (4) transforma­ción cultural influenciada por la pre­sión económica del libre mercado. Todo este escenario social genera una hiperestimulación informativa que difícilmente puede ser procesada, comprendida e interpretada por los sujetos que la manejan. De este modo se produce la paradoja de que en la sociedad de la información es donde se construye menos conocimiento (EMERICK, 1998). Por ello resulta prio­ritario repensar las experiencias de aprendizaje que estamos ofertando en las aulas infantiles.

Comparto las aportaciones que la comunidad científica viene mostrándo­nos, desde hace algunas décadas, sobre la importancia no de la reten­ción mecánica de contenidos, sino de potenciar la capacidad de aprender que poseemos las personas (NISBET y SHUCKMISTH, 1987; MONEREO, 1991, 1994, 1998; ONTORIA y OTROS, 1997, 1999). Por tanto, hemos de establecer como metas de aprendizaje básicas la transformación de la información en conocimiento, la consecución de aprendizajes compresivos, el flexibili­zar las formas de aprender y el cen­trarnos en el desarrollo integral de la persona como base del aprendizaje.

¿Pueden aprender estrategias los niños y niñas de educación infan­til?: algunos referentes teóricos

 

Hasta este momento he esbozado unas pinceladas del panorama social que nos rodea, pero además las prácticas de enseñanza-aprendizaje están influenciadas por la cultura académica dominante. Es decir, las situaciones concretas de aula responden a las creencias, ideas y valores que proyectan los responsables de cada institución escolar (PÉREZ GOMEZ, 1998) y que se corresponden con sus teorías implícitas (Mª JOSÉ RODRIGO, 1997). En este sentido, hemos de tener en cuenta, que la formación del profesorado que actualmente ejerce la profesión se centra más en el desarrollo de las capacidades de observación, expe­rimentación y socialización de su alumnado que en las capacidades de reflexión, pensamiento autónomo y desarrollo de estrategias metacogniti­vas. Por ello, aún siendo una de las etapas en las que más innovaciones se practican, éstas se relacionan priorita­riamente con el enfoque metodológi­co global y activo, en lugar de cen­trarse en el trabajo sobre técnicas y estrategias para aprender a aprender.

Quizás imbuidos por una concep­ción piagetiana del desarrollo, en edu­cación infantil el tratamiento de herramientas para construir nuevos conocimientos se ha considerado un tema demasiado complejo, que debe­ría abordarse en etapas posteriores, al no poseer el niño o la niña madu­rez aún, y por tanto capacidad sufi­ciente, para afrontar esos aprendiza­jes. De este modo, se entiende que el aprendizaje siempre sigue al desarro­llo, sin embargo desde la teoría socio­cultural se parte de que:

"El desarrollo del niño nunca sigue al aprendizaje escolar del mismo modo que la sombra sigue al objeto que la proyecta. En realidad, entre el apren­dizaje y los procesos evolutivos, hay relaciones muy complejas que no se circunscriben a una relación hipotéti­ca" (KOZULIN, 1994: 91)

 

* Profesora de la Universidad de Córdoba.

Por tanto, el referente psicopeda­gógico en el que se enmarca la pro­puesta de aprendizaje que presento más adelante es la teoría de la asimila­ción de AUSUBEL y OTROS ( 1983), la teoría sobre educación de NOVAK (1988, 1995 y 1998) y la teoría socio­cultural de VYGOTSKY ( 1977), seleccio­nando explícitamente el concepto de Zona de Desarrollo Próximo como espacio de mediación en el que se sitúa la maestra para ayudar a perfec­cionar las capacidades en potencia de los discentes, hasta transformarlas en capacidades reales. Igualmente nos interesa la organización conceptual de la mente infantil que nos presenta este autor.

De los mapas conceptuales a los preconceptuales, algunos ajustes necesarios

 

A partir de los trabajos y experiencias desarrolladas por otros auto­res y autoras MÉRIDA SERRANO (1991 y 1996); ONTORIA y OTROS (1997); PÉREZ, FALGAS, NADAL y VALENTI (1992); PÉREZ CABANI (1999) y FALGAS ISERN (1999) voy diseñando una pro­puesta didáctica que me permita ade­cuar la técnica de mapas conceptuales al momento madurativo del alumnado de Infantil, concretamente al nivel de cinco años. Apoyándome en el con­cepto de mapas conceptuales que nos sugieren NOVAK y GOWIN (1988) como estrategias para relacionar sig­nificativamente relaciones entre con­ceptos en forma de proposiciones, delimito los tres elementos funda­mentales que poseen los mapas: (1) conceptos, entendidos como las imáge­nes mentales que provocan en noso­tros las palabras o signos con los que expresamos regularidades; (2) pala­bras-enlace, que son los nexos que sir­ven para unir los conceptos y señalar el tipo de relación existente entre ambos y (3) niveles de jerarquización, que alude a la organización inclusiva de los conceptos que integran el mapa, de tal forma que los conceptos más generales deben situarse en la parte superior del mapa, y los con­ceptos progresivamente más específi­cos y menos inclusivos aparecen en la parte inferior.

Mientras que los mapas concep­tuales están integrados por concep­tos, normalmente representados por una palabra escrita (signo), el alumna­do de educación infantil aún opera a nivel cognitivo con preconceptos, con­siderados como imágenes mentales de carácter idiosincrásico, con atribu­ciones de significado personal, depen­diendo de las experiencias vitales de cada sujeto. Por tanto, la forma más adecuada de representación gráfica de sus significados personales es el sím­bolo o dibujo en lugar de la palabra. Respecto a las palabras-enlace, que en los mapas conceptuales aparecen representados mediante nexos escri­tos, en nuestro caso los sustituiremos por conectivos orales. Y finalmente los niveles de jerarquización, cuyo número no está acotado en los mapas conceptuales, en nuestro caso comenzamos reduciendo su uso a tres niveles hasta que consigan domi­nar el proceso de inclusión progresi­va. Además codificamos cada nivel con un color diferente (1º: rojo; 2º; amarillo y 3º: azul) y le asignamos su ordinal correspondiente (1°, 2°, 3º...) con el fin de guiar la secuencia de jerarquización entre los distintos pre­conceptos.

Los mapas preconceptuales: un proceso de aprendizaje secuencial

El trabajo se desarrolla durante quince sesiones, que con una periodi­cidad semanal, se prolonga a lo largo de un curso escolar. De todas ellas, nueve están dedicadas al trabajo indi­vidual y seis a la elaboración de mapas preconceptuales consensuados por grupos. Nos situamos en un aula de Educación Infantil de cinco años, per­teneciente a un contexto rural, cuyo alumnado no tenía experiencias pre­vias en este campo.

 

I) Motivación

 

Como en cualquier proceso de aprendizaje la implicación de los aprendices resulta un requisito imprescindible para conseguir una adecuada implicación en la tarea, y por tanto, alcanzar aprendizajes ver­daderamente significativos y funciona­les. Partimos de la presentación de la técnica como una manera nueva de dibujar que nos permitiría expresar nuestros conocimientos de forma rápida y simplificada. Iniciamos la sesión realizando una analogía con los mapas de carreteras, realizando semejanzas entre nuestros precon­ceptos y las distintas poblaciones que aparecen en los mapas, las carreteras son nuestras líneas y palabras-enlace, por último el tamaño distinto de las letras de cada población (en función de su número de habitantes) nos sirve para diferenciar, no por tamaño, sino por ubicación en los mapas precon­ceptuales los preconceptos más gene­rales de los más específicos. Aunque se trata de una motivación extrínseca inducida por el adulto, conseguimos la curiosidad e implicación inmediata del alumnado, cuya viveza intelectual es muy acusada en estas edades.

A continuación elaboramos un mapa sobre "El cuerpo humano", de forma conjunta entre toda la clase y la maestra quien, mediante interroga­ción guiada, va extrayendo los conoci­mientos que el alumnado posee sobre el tema seleccionado, que previamen­te ha sido trabajado en el aula. Ella pregunta constantemente al alumnado ¿Cómo podemos representar el cuerpo­ humano?, ¿Qué podemos decir de la cabeza?, ¿Para qué nos sirven las manos?... De este modo resulta un proceso de elaboración compartido entre los discentes y la maestra. Así se confecciona un mapa en el encera­do , integrado sólo por dos niveles de jerarquización, el cual debe de realizar el alumnado indivi­dualmente.

Como podemos comprobar,  en la primera sesión se pro­ducen, aún teniendo el modelo de referencia en el encerado, algunos desajustes entre los niveles de jerar­quización y las palabras-enlace utiliza­das. Ello nos sugiere la necesidad de repetir los aspectos formales de la técnica de mapas, en las sesiones pos­teriores de trabajo, y de incidir en el proceso correcto de interpretación y lectura de los mismos.

2) Los mapas individuales: aprendizaje de los elementos formales de la técnica

La segunda fase de trabajo se cen­tra en la elaboración de mapas indivi­duales por parte del alumnado. Hasta este momento los niños y niñas muestran muy pocas aportaciones personales en sus trabajos, existien­do una escasa heterogeneidad entre los mismos, ya que se limitan a repro­ducir el esquema de referencia exis­tente en la pizarra. Debemos superar la mecanización de la técnica, consi­derada como un procedimiento en el que realizan un esquema rígido y homogéneo, rellenan las elipses en las que han de incluir sus preconceptos como exigencia de la tarea, no existe una selección de las dimensiones más importantes de la realidad a describir, el gráfico no se corresponde con sus esquemas de pensamiento y, como consecuencia, se subordinan los conocimientos disponibles a las exi­gencias formales de la técnica. Una ejemplificación de la situación descrita la podemos encontrar en el mapa sobre los animales reali­zado por una niña en la segunda sesión, observamos el pro­ceso de elaboración y descubrimos que la niña comienza realizando sobre el folio un esquema, integrado por un círculo rojo y tres círculos amarillos vacíos, así como los ordinales que le corresponden a ambos niveles. A continuación va adecuando sus pensa­mientos a los espacios disponibles y deja otras ideas que también posee sobre los animales, porque no tiene dónde reflejarlas. Por consiguiente es un mapa mecanizado que subyuga el contenido a las exigencias formales de la técnica. Es decir, es una fase donde el alumnado está más centrado en la forma que en el fondo.

3) De los mapas individuales a los mapas personales: de la reproducción a la construcción

En esta fase, la iniciativa del propio alumnado es la que nos sugiere una nueva forma de realizar los mapas, que consiste en lo que denomino forma "ramificado" o elaboración ver­tical de cada uno de los brazos que componen el mapa. Los niños y niñas comienzan a darse cuenta de que es más fácil para el alumnado comenzar por un brazo del mapa e incluir en él todo lo que saben, para posterior­mente continuar con el siguiente, y así sucesivamente hasta concluir. Esta forma de realizar los mapas favorece su comprensión y clarifica el proceso de diferenciación progresiva, que se muestra como la dimensión más com­pleja de la tarea. Siguiendo este nuevo procedimiento de elaboración van construyendo mapas más completos, organizados y comprensivos en cada sesión, incluyendo más niveles de jerarquización, como podemos apre­ciar.

En el primer brazo integra varios preconceptos relacionados entre sí, que dan lugar a la siguiente idea:

"En las granjas hay vacas que nos don leche, con la leche nos la podemos beber y con la leche también podemos hacer yogur. Las vacas comen paja y la paja sale del trigo".

Una vez que concluye la primera idea, comienza con un nuevo animal, en este caso la gallina:

"En las granjas hay gallinas, y las gallinas ponen huevos, los huevos si los incubas salen pollitos, si no se quedan huevos".

A continuación se centra en el tercer brazo, y así sucesivamente hasta concluir el mapa. Es un procedi­miento que les estructura su incipien­te capacidad de inclusión mental, ayu­dándoles a ir concretando progresiva­mente desde los preconceptos más generales hasta los más específicos, a relacionar un preconcepto con el inmediatamente anterior del que se deriva y a evitar realizar falsas asocia­ciones entre preconceptos situados en diferentes niveles de jerarquiza­ción. En esta etapa resulta significativa la autoconciencio de error que genera el uso inadecuado de la técnica. Si el alumnado incluye dentro de un brazo un preconcepto que no tiene relación con el anterior, de forma autónoma, se percata de que no puede seguir interpretando su mapa porque como el alumnado mismo apunta:

"Aquí no se puede leer, porque esto dice un pego"

Se trata de una dinámica de auto­corrección que favorece el trabajo autónomo y la adquisición de respon­sabilidad personal, sin tener que acu­dir a la supervisión del adulto como único referente evaluador.

4) De los mapas preconceptuales perso­nales a los mapas preconceptuales con­sensuados en pequeños grupos

Una vez que dominan y compren­den los aspectos formales de la técni­ca de mapas preconceptuales, a nivel personal, iniciamos una nueva fase de trabajo, centrándonos en la elabora­ción conjunta de un mapa por grupos de cuatros niños y niñas. En primer lugar han de realizar un mapa-borra­dor en un folio, en el que se recoge­rán los preconceptos aportados por todos/as los miembros del grupo, y posteriormente cada preconcepto se representará en mayores dimensio­nes, se coloreará y se recortará para formar parte de los llamados mapas-­murales, los cuales se representan en un soporte más grande (cartulina, papel continuo) y se utilizarán como elemento decorativo del aula.

Puesto que es la primera vez que el alumnado trabaja en pequeños gru­pos, hemos de organizar muy detalla­damente la actividad cooperativa para que se desarrolle de la forma más adecuada posible. Para contribuir a que cada grupo asuma y practique las normas de trabajo que se han acorda­do, la maestra decide nombrar a un coordinador o coordinadora la elec­ción, como las funciones de los coor­dinadores o coordinadoras, resultan dimensiones a trabajar en este momento, puesto que si no existe una óptima dinámica de trabajo en el seno del grupo, no se puede abordar la realización de una tarea colectiva. De este modo, y a lo largo de las seis sesiones de trabajo que desarrolla­mos, la evolución de los grupos pode­mos valorarla en tres dimensiones fundamentales: (I) practican una auto­gestión en la tarea de realización de un mapa-mural por grupos, es decir interiorizan y practican de forma autónoma las actividades secuenciadas que les conducen a la realización final de sus mapas, prescindiendo de la necesidad y dependencia del adulto; (2) el coordinador o coordinadora evoluciona en su forma de entender el rol, y por tanto, en su manera de comportarse, sustituyendo sus inicia­les actitudes autoritarias y de centrali­zación del poder, por otras encamina­das a potenciar la participación de todos los miembros del equipo y velar porque se lleve a cabo un repar­to equitativo de la tarea. (3) En tercer lugar la calidad de los mapas precon­ceptuales consensuados hemos de valorarla más desde la perspectiva de proceso que de producto. Es decir, educativamente resulta muy intere­sante analizar las prácticas discursivas que ponen en juego los niños y las niñas mientras trabajan en la elabora­ción conjunta del mapa. Los conflictos socio-cognitivos que se producen, los recursos argumentativos -persuasio­nes, coacciones, chantajes, simulacio­nes, invenciones, demostraciones...-, las habilidades sociales y actitudes que manifiestan -imposición, pasotismo, indiferencia, integración, segregación, dominación, sumisión, curiosidad, participación, ayuda...- son sólo algu­nas de las dimensiones que, desde mi punto de vista, se potencian con el uso de mapas preconceptuales con­sensuados. Sírvanos el siguiente pasaje de las intervenciones de los niños y las niñas para ejemplificar algunas de las ideas expuestas:

 

Texto extraído de la observación al grupo nº 2, en la sesión IIª, durante la elaboración del mapa "Los gusanos de seda":

Coordinador: "¿Qué más podemos poner?... Podemos poner que los gusanos se llaman de seda porque echan por el culo un hilito de seda

que después lo lían y son los capullos, pero que la gente luego le llama tela de seda. Un día me contó m¡ abuelo

que s¡ metes los capullos en agua muy caliente, pues que sale seda (se queda pensando, mostrando ciertas dudas sobre lo que acaba de

decir). Bueno ¡eso da igual!... ponemos que de los capullos se hace seda y ya está".

 

 

Uno de los niños del grupo aport el significado del nombre de los gusa nos de seda. Explica que el hilo de seda con el que se hacen los capullos posteriormente mediante un procedimiento que no sabe con exactitud, se convierte en una tela. Plantea ideas nuevas que el resto del grupo desconoce, e incita a sus compañeros y compañeras a que indaguen sobre el verdadero proceso de transformación que experimentan los capullos para convertirse en tela.

 

 

Texto extraído de la observación al grupo n° 2, en la sesión IIª, durante la elaboración del mapa "Los gusanos de seda":

Coordinador: "Po...

pregúntaselo a la seño o a tu hermano. ¡No!, ¡no!.,

Al hermano de la Mar¡!, que  un día lo v¡ yo cogiendo morea y tenía muchos gusanos"... ¡Ah!... po... también en el libro ése de los animales (se levanta y acude a la biblioteca de aula, para coger un libro sobre animales)

 

 

­ Respecto a la calidad de los mapas preconceptuales consensuados, observamos  que poseen un amplio número de preconceptos, e incluyen hasta cinco niveles de jerarquización, destacando la variedad de palabras-enlace que emplean para vincular un preconcepto con otro.

5) los mapas preconceptuales: un puen­te entre el conocimiento cotidiano y el conocimiento escolar

En este momento el alumnado domina tanto personal, como grupal­mente, la elaboración de mapas que versan sobre cualquier contenido curricular, es decir que se ha trabaja­do previamente en clase. Ahora nos interesa conocer si son capaces de realizar mapas preconceptuales sobre los contenidos que los niños y niñas han adquirido en experiencias perso­nales familiares, situadas fuera del contexto escolar. De este modo que­remos comprobar la capacidad de transferencia de los mapas, es decir la funcionalidad que poseen para ser aplicados fuera del contexto escolar en el que se aprenden. El mapa 5 nos garantiza la efectividad de la técnica en la organización de los contenidos experienciales de los niños y las niña.:

Puesto que el colegio donde se lleva a cabo la experiencia pertenece a un entorno rural, es relativamente frecuente que el alumnado acompa­ñado de algún familiar, visite y pasee por el campo. Estas experiencias les proporcionan unos conocimientos que pueden expresar adecuadamente mediante la técnica de mapas, al tiem­po que facilita no sólo su representa­ción, sino lo que es más importante, su reestructuración y organización, facilitando de este modo el tránsito desde preconcepciones personales y subjetivas hacia esquemas interpreta­tivos más objetivos y estructurados. De este modo, podemos afirmar que los mapas preconceptuales tienden un puente qué facilita el tránsito desde los conceptos vulgares a los conceptos científicos, observándose una evolución hacia conceptos más genéricos, ajustados y aceptados socialmente. En el siguiente pasaje podemos comprobar la diferencia entre el concepto de naranja que manifiesta una niña en la evaluación de ideas previas y el concepto posterior extraído de la interpretación de un mapa sobre la naranja:

 

Maestra: Dime lo que sepas de la naranja

Rosa: "Po... la naranja es reonda y tiene el color naranja... por eso se llama naranja. Y nos la comemos, y

pueden ser más gordas y más chicas... Algunas están mu fuertes y otras menos... ¡Uhmm..., a mí me gustan más las peras con caldito!

 

Observamos cómo se trata de una preconcepción vinculada a signifi­cados experienciales y subjetivos. No posee la abstracción de los atributos de criterio de la naranja como repre­sentante de una clase de fruta. No detalla los elementos constitutivos más significativos de esa fruta, que la identifican y diferencian al mismo tiempo de otra clase. Comparemos este significado con la interpretación del mapa sobre "La naranja" .

Podemos comprobar cómo la niña, dentro de su grupo de trabajo, ha modificado su preconcepción ini­cial, enriqueciéndose con las aporta­ciones de sus compañeros/as y estructurando sus ideas en torno a un esquema organizado que recoge básicamente tres dimensiones, más objetivas y próximas al significado socialmente aceptado: externa (cás­cara), interna (gajos) y reproductiva (semilla).

6) Los mapas preconceptuales sobre temas transversales

 

Por último nos interesamos en comprobar si, además de contenidos curriculares y experienciales, el alum­nado puede realizar mapas sobre con­tenidos actitudinales. Para ello les sugerimos varios temas transversales y cada grupo selecciona el que más le interesa, mediante un procedimiento de votación. Entre los temas seleccio­nados figuran "La paz", "Los pobres", "Los niños y las niñas", "La guerra". En primer lugar establecen un debate en el que cada miembro expresa su opi­nión. Esta sesión de trabajo se mues­tra muy interesante, porque el nivel de discrepancia entre los distintos valores de los niños y niñas es muy acusado, puesto que sus referentes familiares son muy heterogéneos. De este modo el conflicto sociocognitivo es una constante, al igual que el esfuerzo que han de poner en juego para llegar a un consenso partiendo de posiciones muy dispares.

El mapa 7 refleja la influencia de los escenarios socioculturales (mass­media y familia) sobre las preconcep­ciones individuales del alumnado. El realismo de los dibujos, la familiaridad de conceptos como metralletas, cár­cel, disparos, aviones de combate, bombas... ponen de manifiesto que aunque no hayan tenido vivencias directas en contextos de guerra, sí poseen unos conocimientos, valores y actitudes al respecto sobre los que conviene intervenir a nivel educativo. Los mapas preconceptuales realizados grupalmente, se muestran como una herramienta valiosa para abordar la educación en valores.

Algunas conclusiones y sugeren­cias

Basándonos en el proceso de enseñanza-aprendizaje que hemos descrito, las conclusiones más impor­tantes que se pueden establecer a partir de esta investigación son: (I) La utilización de mapas preconcep­tuales favorece la adquisición de las capacidades socio-cognitivas establecidas en el currículum de esta etapa.

(2)Ayudan a desarrollar la capacidad de representar, de forma personal y creativa distintos aspectos de la realidad vivida o imaginada.

(3) Favorecen la utilización de un len­guaje verbal de forma cada vez más adecuada a las diferentes situacio­nes de comunicación, para com­prender y ser comprendido por los otros y regular la actividad indi­vidual y grupal.

(4)Facilitan las relaciones sociales, aprendiendo a articular progresiva­mente los intereses, aportaciones y puntos de vista propios con las de los/as demás.

(5) Potencian el desarrollo de unas relaciones afectivas satisfactorias, desarrollando actitudes de ayuda y colaboración mutua, y de respeto hacia las diferencias individuales.

(6) Contribuyen al desarrollo del pen­samiento conceptual, abstracto, categoríal y simbólico, facilitando la consecución de aprendizajes signi­ficativos alcanzados mediante rees­tructuración de sus esquemas de pensamiento iniciales por otros más ajustados.

(7) Movilizan la motivación intrínseca del alumnado, al sentirse protago­nistas de sus propios aprendizajes.

 

En definitiva, este trabajo sobre los mapas preconceptuales, al situarse en un terreno tan poco explorado y trabajado, nos muestra las inmensas posibilidades de desarrollo, aún por construir. El profundizar en otros contextos, abordar otras aplicaciones didácticas, aplicarlos en edades infe­riores dentro de la etapa, suponen sólo algunas sugerencias dentro del amplio horizonte que nos queda por explorar.

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