Entrevista con...
COMUNIDADES DE INVESTIGACION:
UNA
TRAYECTORIA PROFESIONAL
J. Lino Barrio Valencia*
Durante más
de un cuarto de siglo, los esfuerzos para la reforma educativa han estado
bloqueados en una discusión estéril entre los que defendían una forma
'progresiva' de educación centrada en el niño, y aquellos que pedían la vuelta
a un currículo más estructurado dirigido por el profesor, que destacaba el
conocimiento básico y las destrezas. Sin embargo, la teoría
socioconstructivista de Vygotski ofrece una salida a este impasse, con su
reconocimiento de que la continuidad cultural y la creatividad individual son
facetas complementarias e interdependientes de toda actividad, y por tanto de
las trayectorias de aprendizaje de los que participan en ellas. En vez de la
enseñanza transmisiva tradicional por un lado, o del aprendizaje por
descubrimiento no estructurado por otro, su teoría resalta la importancia de la
co-construcción del conocimiento hecha por los participantes más y menos
maduros implicados conjuntamente en una actividad. También contempla la
mediación semiótica como el principal medio de ayuda a los menos maduros para
que se apropien de los recursos existentes en la cultura. Con tal ayuda, los
utilizan y transforman al mismo tiempo para la solución de los problemas que
ellos consideran importantes. En lugar de un individualismo competitivo, su
teoría propone una comunidad colaborativa en la que, con el profesor como
líder, todos los participantes aprenden con y por los otros al implicarse
juntos en una investigación dialógica...
Halliday ha
tenido también una importante influencia. Su enfoque funcional al lenguaje
apoya mi convicción de que la explicación del desarrollo del lenguaje tiene que
hallarse en el estudio de la interacción conversacional... A pesar de sus
diferentes orientaciones (Halliday y Vygotski) siempre me ha parecido que sus
ideas son teóricamente compatibles y complementarias. En los últimos años he
intentado explotar esta complementariedad para investigar mejor el discurso
del aprendizaje y la enseñanza en la escuela...
Desde mi
perspectiva sociocultural en desarrollo ninguna de esas formas de investigación
[hechas desde un punto de vista externo al aula] parecen apropiadas. En primer
lugar, no consiguen reconocer que para hacer aportaciones a un cambio que lleve
a un genuino desarrollo de la comprensión a todos los implicados, la
investigación educativa necesita crear un entorno colaborativo. En ese entorno,
tanto los profesores que trabajan en las aulas como los investigadores
universitarios se embarcan en investigaciones contextualizadas, que surgen de
la práctica real. En segundo lugar los enfoques tradicionales no reservan
ningún espacio dentro del diseño de investigación para que puedan emerger
nuevas formas de aprendizaje y enseñanza. Esto puede suceder cuando los
profesores, trabajando con colegas informados y que les apoyan, exploran lo que
ellos y sus estudiantes podrían conseguir..." Wells, G. (1999) Dialogic
Inquiry. Towards a Sociocultural Practice and Theory of Education. Cambridge:
Cambridge Univ. Press. (Introduction). Estas ideas pueden servir de
presentación a Gordon Wells, profesor del Ontario Institute for Studies in
Education (0ISE) de la Universidad de Toronto. Su pimera aportación importante
fue la investigación que dirigió sobre el lenguaje en el hogar y en la escuela
(el estudio de Bristol). Con una perspectiva psicolingüística y
sociolingüística, llevó a cabo un estudio longitudinal sobre el desarrollo del
lenguaje cuyos resultados siguen teniendo hoy valor y reconocimiento. Su
comparación entre el contexto del hogar y de la escuela ha aportado también
interesantes y controvertidos datos. Fruto de esta investigación es el libro
traducido en nuestra lengua: Aprender a leer y a escribir (Laia, Barcelona
1988). A partir de ahí y coincidiendo con su traslado a Toronto, cambió su
orientación hacia una investigación más enraizada en los problemas de la
escuela (Changing Schools from Within, 1994; Dialogic Inquiry, 1999; Text, Talk
and Inquiry, 2000) que culminó en el proyecto DICEP (Developing Inquiring
Communities in Education Project) en el que sigue colaborando con profesores de
distintos niveles educativos. El estudio del discurso es una de sus
preocupaciones, que proviene, como señala en la anterior cita, de su formación
lingüística (Halliday), y se engrana con su apuesta por la teoría sociocultural
(Vygotski) y por la teoría de la actividad (Leontiev). En España ha publicado
también: I) La lengua en clase: alfabetización
y charla
colaborativa. En M. Siguán (coord.): Lengua del alumno, lengua de la escuela.
Barcelona: ICE Univ. Barcelona, 1990, pp. 57-87. 2) Profesores e investigación
(Teachers and Research). In A. Alvarez (Ed.) ¿Qué pasa cotidianamente en la
escuela? Madrid: Cultura y Educación, 1996, pp. 25-29. 3) De la adivinación a
la predicción: discurso progresivo en la enseñanza y el aprendizaje de la
ciencia. In C. Col¡ and D. Edwards (Eds.) Enseñanza, aprendizaje y
discurso en el aula. Madrid: Fundación Infancia y Aprendizaje, 1996, pp. 75-98.
4) Aprendizaje y enseñanza en la zona de desarrollo próximo (Teaching and
learning in the zone of proximal development). In A. Alvarez (Ed.) Hacia un
curriculum cultural: La vigencia de Vygotski en la educación. Madrid: Fundación
Infancia y Aprendizaje, 1997, pp. 55-76 (with B. Galbraith and M.A. Van
Tassell).
* Profesor del Dpto. de Didáctica de la Lengua y la Literatura,
Universidad de Valladolid. (E-mail: jlbdlyleuva.es). Traducido
por Paloma Castro.
Toronto en Setiembre es una ciudad viva, bulliciosa, con la temperatura amable del verano en retirada acariciando la exultante mezcla de colores, razas, religiones y lenguas que adorna sus calles. Entre el perfil agudo de los rascacielos del Downtown culminado con la CN Tower, las olas verdes que ocultan las extensas áreas residenciales, y la paz dulce del lago Ontario, Toronto se afirma como ciudad pujante abierta al futuro. Con luces y sombras, claro. Luces como la convivencia pacífica entre tal variedad de gentes, como la ordenación urbana que rehúye los ghettos, como la abundancia de centros escolares, ejemplo de una preocupación social por la enseñanza que lleva consigo la consideración que se tiene a la profesión de maestro. Sombras como la cada vez mayor presión sobre los centros escolares que sienten como una amenaza un currículo centralizado y el control estandarizado de la eficacia docente; sombras en un gobierno que muchos tildan abiertamente de fascista y que camina por la senda del conservadurismo extremo... en la que es, probablemente, la ciudad más abierta del mundo.
Esas luces y sombras se
ven también desde el piso décimo del enorme edificio que alberga el Ontario
Institute for Studies in Education (OISE), uno de los institutos de
investigación educativa de mayor prestigio mundial. Su situación limítrofe con
el campus universitario -en el corazón de la ciudad, bella metáfora- indica su
reciente incorporación a la Universidad de Toronto (UT), lo que ha generado no
pocos problemas de organización y personales. Estos tiempos revueltos no
impiden que se siga trabajando con intensidad. Los profesores llegan de las
recién terminadas vacaciones, se saludan por los pasillos, charlan un rato,
ríen, se encierran en sus despachos. Uno de ellos, alto, delgado, siempre
elegante con su pelo plateado gobernando sus movimientos rápidos, es Gordon
Wells. Su acento británico conjuga perfectamente con su pipa, imagen tópica
pero que ya sólo humea -signo de los tiempos- en sitios recónditos, o en el
exterior de la entrada del edificio.
Su enorme amabilidad es
sólo uno de los rasgos que le convierten en algo especial. Hay otro que le
define más profundamente: tras años de investigación en proyectos de grandes
dimensiones, ha orientado su tarea profesional hacia la investigación educativa
vinculada a las aulas -más oscura, menos remunerada, menos aplaudida-. El
itinerario que le llevó desde el famoso proyecto de Bristol, cuyos resultados
más importantes recogió en un libro -The Meaning Makerstraducido al español y
lamentablemente agotado hace tiempo -Aprender a leer y a escribir-, hasta
Dialogic Inquiry que acaba de ver la luz, es una ruta profesional y personal
-redundanciade la que podemos aprender mucho.
El proyecto de Bristol es
el mayor estudio longitudinal hecho sobre el desarrollo del lenguaje infantil,
a partir de una muestra representativa de la población. Además, tiene un gran
interés sociolingüístico y educativo, por cuanto los datos obtenidos se
contrastan con las teorías sociolingüísticas en torno a la relación entre
lenguaje y origen social, y porque el seguimiento de la muestra se prolongó
hasta bien avanzada la escolaridad (diez años de edad). Entre sus aportaciones
hay que destacar la comparación entre el medio familiar y el escolar como
contextos para el desarrollo lingüístico, la relevancia concedida al lenguaje
escrito como factor explicativo de la relación entre medio social y éxito
escolar, y las consecuencias educativas que de todo ello se derivan.
Cuando preparaba la
presentación pública de los resultados obtenidos en tal proyecto, Gordon Wells
profundizó en el estudio de las ideas de Vygostki. Su interés por el autor
ruso siguió acrecentándose, hasta convertirse en uno de los principales impulsores
de la perspectiva sociocultural en el análisis de los problemas que plantea la
enseñanza y el aprendizaje en los ámbitos educativos. Dentro de esta
perspectiva, su investigación reciente tiene un marcado carácter educativo,
tanto por su tema preferido, el análisis del discurso en las aulas, como por
ser una investigación hecha en colaboración con los profesores, lo que ha
cristalizado en el proyecto DICEP (Desarrollo de Comunidades de Investigación
Educativa) que integra a profesores de distintos niveles educativos unidos en
un mismo afán investigador. En el seno de esta comunidad han estudiado, por
ejemplo, la utilización del lenguaje como herramienta para el desarrollo del
conocimiento científico en contextos escolares, o la importancia de los distintos
tipos de discurso en el aula.
La perspectiva
sociocultural, el interés por el lenguaje, la investigación-acción
colaborativa, son tres facetas de sus recientes contribuciones que atrajeron
mi atención y que creo pueden ser de interés para el lector preocupado por los
problemas educativos.
Accedió con generosidad a
responder a mis preguntas de una manera más formal de la que en otras ocasiones
usábamos. Mi interés principal era que nos ofreciera su punto de vista sobre su
trayectoria profesional -nadie mejor que él mismo para subrayar las claves de
su fecunda e influyente trayectoria-, sobre algunas ideas controvertidas acerca
de la comunicación en las aulas, y sobre las dificultades que había encontrado
en su intento de construir comunidades de investigación educativa.
- Han pasado ya 20 años desde el Proyecto de
Bristol. Revisiones actuales sobre los estudios en torno al lenguaje, han
valorado muy positivamente el trabajo emanado de tal proyecto. Desde tu punto
de vista personal, como director del mismo, ¿qué crees que podemos aprender de
él hoy día -y de The Meaning makers, el libro traducido al español? ¿Qué ideas
continúan siendo útiles hoy para entender las relaciones complejas entre el
desarrollo del lenguaje la influencia familiar y la escuela?
- Cuando llegué a Toronto
dejé mi trabajo sobre el desarrollo del lenguaje en los niños aunque sin
abandonar mi interés por él. Por lo que sé, no ha habido otro estudio a gran
escala sobre el desarrollo del lenguaje de los niños como el que hicimos en
Bristol, por eso dudo de que haya nuevas evidencias para añadir a aquel
trabajo. Creo que hubo en él varios puntos que fueron realmente importantes.
El primero fue que contradijimos la opinión común entre los profesores que
creían que un tercio de los niños que llegaban a la escuela, en torno a los
cinco años de edad, realmente no tenían ningún lenguaje. Muchos profesores me
decían entonces eso, que muchos niños llegaban a la escuela sin lenguaje. Lo
que el estudio nos manifestó fue simplemente que eso no era cierto. El
problema era otro. El problema se producía porque como los profesores esperaban
que los niños no tuvieran lenguaje, se comportaban como si no lo tuvieran, y
entonces los niños permanecían mudos, en silencio. Esto se advierte muy
claramente en la comparación entre la conversación de Rosy y su madre, y de
Rosy con dos profesores [ejemplo que se reproduce en Aprender a leer y a
escribir]. En definitiva, es la forma en la que los profesores interactúan
con los niños lo que les permite o no mostrar lo que pueden hacer. Creo que
esta es todavía una aportación muy importante del estudio. En Norteamérica hay
una creencia similar sobre los niños que proceden de hogares en los que no se
habla inglés. Muchas veces se entiende que no tienen lenguaje si no hablan el
inglés que necesitan en las clases. Hay una tendencia a infravalorar el
lenguaje del hogar si no es inglés. Esto significa que aunque estos niños aporten
su conocimiento y su experiencia a la clase, se sienten menos competentes de
lo que deberían sentirse. Una de las formas en la que dos profesores trataron
de superar este problema está expuesto en un capítulo del libro Cambiar las
escuelas desde dentro. Lo que hicieron fue llevar al aula a gente bilingüe y
cuando el profesor leía un cuento en inglés a toda la clase, los niños cuya
primera lengua no era inglés, primero discutían el cuento en su propio idioma
con la persona bilingüe, y después decidían en grupo cómo dirían algo en inglés
sobre el cuento. Así pudieron usar ambos idiomas para ayudar a los niños a dar
sentido a lo que estaba pasando en el aula. Creo que hay muchas formas en las
que los profesores pueden dar un mayor valor a lo que los niños aportan a la
escuela, y eso me parece que es una conclusión del estudio de Bristol que sigue
teniendo actualidad. Los niños no son seres sin experiencia, sin información
para compartir, y los profesores pueden encontrar un estilo de interacción que
valore lo que ellos aportan. El segundo hallazgo importante del estudio de
Bristol que creo que todavía tiene vigencia es la muy simple cuestión de que
cada uno de nosotros aprendemos más eficazmente cuando estamos interesados
realmente en el tema. En las grabaciones que hicimos en los hogares, se
manifestaba con claridad que los niños que aprendieron a hablar antes fueron
aquellos que habían mantenido muchas conversaciones en las que sus padres y
otros adultos atendían a aquello sobre lo que querían hablar, y les ayudaban a
desarrollar sus ideas. Este es otro rasgo en el que las escuelas no eran tan
buenas como los hogares. Allí, lo normal era que los profesores decidieran los
temas sobre los que hablar y sólo aceptaban lo que ellos creían que era
relevante. Creo que si queremos ayudar a los niños a aprender, en ambos sentidos,
aprender el lenguaje y aprender a través del lenguaje, tenemos que tomar en
serio el dicho de 'empezar donde están los niños', escuchar lo que tienen que
decir y ayudarles a establecer sus propias conexiones con los objetivos que
marca el currículo, antes que limitarnos a marcar tales objetivos y hacer que
los niños encajen en ellos.
El tercer hallazgo más notable del estudio de Bristol se refiere a la importancia que para los niños tiene el conocimiento del lenguaje escrito antes de acceder a la escuela. Este conocimiento se lograba a través de la lectura de cuentos, de las listas para la compra, en fin, a través de todas las formas en las que el lenguaje escrito ocupa un lugar en la vida del hogar. Así, cuando los niños llegaban a la escuela sentían la seguridad de que conocían algo sobre los modos en los que el lenguaje escrito podría ser usado. Recuerdo, por ejemplo, a una niña de una escuela urbana en Bristol en la que había muchos niños que tenían dificultades para aprender a leer. Un día se me acercó con un libro, un libro muy sencillo, y lentamente me leyó algunas palabras y me dijo: 'Mira, puedo leer'. Y porque tenía confianza en que podía leer, progresó mucho. Cuando los profesores dicen: 'Tú aún no puedes leer', los niños aprenden que es algo difícil de hacer y pierden la confianza. Incluso aquellos niños que no han tenido mucha experiencia con el lenguaje escrito en sus casas, pueden recibir en la clase el apoyo y el ánimo que necesitan, si se les hace ver que ya son lectores y escritores a su manera. Creo que si se tienen en cuenta sus intentos de escribir de distintas maneras se les ayuda también a cobrar confianza en sí mismos. En fin, estos son algunas aportaciones importantes del estudio de Bristol que me parece que todavía son valiosas.
- Hablando de The Meaning
Makers (Aprender a leer y a escribir), recuerdo una afirmación que se encuentra
en el libro en la que dices: 'Para ningún niño, la experiencia lingüística en
el aula fue más productiva que en casa' -p.110-. Creo que es una idea que
resulta muy dura cuando la lee un profesor. A partir de tu experiencia desde
aquellos años, ¿crees que esta afirmación continúa siendo aceptable?
- Dudaría en
decir que esto es completamente cierto, pero no me sorprendería si lo fuera. Lo
que lo hace tan sorprendente es que responde al seguimiento que hicimos a una
muestra de 32 niños procedentes de clases bajas unos, otros de clases medias.
Se daba entre ellos una gran variedad en el desarrollo del lenguaje. Era, pues,
una muestra realmente representativa de la población. Cuando comparamos las
observaciones hechas en los hogares y en las escuelas, fue verdad que para
cada uno de ellos su casa fue mejor que la escuela. A no ser que las cosas
hayan cambiado mucho, imagino que en muchas clases todavía es esta la
situación. Muchos profesores son también padres; pues bien, cuando están en
casa con sus hijos se comportan natural y espontáneamente, y son excelentes
compañeros de conversación. Pero cuando asumen el papel del profesor, cuando
los padres se convierten en profesores, olvidan lo que saben sobre cómo hablar
con los niños y adoptan un estilo totalmente diferente. Esto es debido probablemente
a las diferentes relaciones y roles que se desempeñan y a que en el hogar sólo
tienen uno o dos niños mientras que en el
aula tienen a 30. En cualquier caso, si ellos pudieran ser más dialogantes,
conversar más, creo que proporcionarían en la clase un entorno mucho más rico.
- ¿No se encontró ningún 'buen ejemplo' en las aulas?
- No diría que nunca encontramos ninguno... Recuerda que lo que
hicimos fue grabar a lo largo de la mañana. Hicimos un muestreo de la
experiencia del niño durante el mismo tiempo en los dos medios - hogar y
clase-, de modo que si pones los dos frente a frente, incluso si el niño
hubiera mantenido una conversación interesante durante dos minutos con el
profesor, el resto del tiempo grabado probablemente fueron situaciones no muy
estimulantes. En el hogar, sin embargo, podrían haber sido 20 minutos de
conversación interesante en el mismo período de tiempo grabado. Lo más
llamativo fue la frecuencia con la que los niños preguntaban en casa y
recibían respuestas que eran más o menos satisfactorias, y qué rápidamente
aprendían a no preguntar en el aula. La razón era que el papel que desempeñan
los profesores les hacía estar siempre muy ocupados y no les apetecía que los
niños hicieran preguntas.
-
Otro tema sobre el que se preocupan los profesores cuando les leo aquella
cita, es que no creen que la calidad del habla en las clases sea peor que en el
hogar, y sin embargo en los datos del proyecto de Bristol es algo que se pone
de manifiesto.
- Ya. El único modo de explicar esto es invitar a los profesores que
se graben, aunque no vayan a las casas de los niños para comparar...
Simplemente si ellos graban, digamos unos diez minutos al comienzo de la
mañana, otros diez minutos después de media hora, y después lo transcriben,
creo que quizás comiencen a ver exactamente lo que quiero decir con eso.
- Después del proyecto de Bristol, te
trasladaste a OISE, y, como señalas en alguna publicación, cambió la dirección
de tu investigación y de tus intereses personales. ¿A qué se debieron tales
cambios, y cuál fue su dirección?
-
Cuando llegué a OISE, me encontré en el departamento de Currículo con la
esperanza de dar cursos sobre lenguaje y el lenguaje escrito en el currículo.
Hasta entonces el foco de mis trabajos había sido el desarrollo del lenguaje
en el período preescolar, y también el aprendizaje del lenguaje. En OISE, sin
embargo, se prestaba especial atención a la utilización del lenguaje para
aprender a través del currículo. Esto fue un cambio importante. El segundo
cambio fue que en Bristol mi meta estaba en los niños, mientras que en OISE
tuve un contacto mucho mayor con los profesores, de modo que necesité pensar en
la perspectiva de los profesores más de lo que hasta entonces había hecho. Yo
había tomado la perspectiva de los niños en Bristol, me interesaba la
experiencia que le permitía al niño aprender el lenguaje en el hogar y en la
escuela. Ahora, el foco de mi interés en
DISE, es la tarea de los profesores y cuáles son los modos en los que pueden
tener más éxito con sus responsabilidades. Pero el cambio más importante sucedió
de un modo gradual... Al terminar el proyecto de Bristol, visité personalmente
a cada una de las familias que participaron en él durante varios meses. Fui a
darles las gracias y a llevarles algún regalito para los niños. Muchas veces
los padres me contaron lo valioso que les había resultado simplemente poner la
cinta y escuchar la conversación en la que habían participado. Yo había
insistido a los que habían colaborado en el trabajo visitando los hogares, que
nunca debían evaluar o hacer comentarios sobre la conversación. Sólo deberían
hablar sobre lo que había pasado, y nunca deberían decir si había sido un buen
o mal modo de conversar. Pues bien, incluso sin eso, los padres se habían
escuchado a ellos mismos y por lo menos algunos de ellos habían visto cosas
que, en consecuencia, desearon cambiar. A partir de aquí pensé, si yo hubiera
adoptado una estrategia distinta y hubiera puesto las cintas a los padres
llamándoles la atención hacia los aspectos buenos de lo que estaban haciendo,
la investigación podría además haber servido como una forma de desarrollo para
los padres.
Entonces pensé en las observaciones que
había hecho en las clases. Yo había estado presente en muchas grabaciones,
pero intentando siempre no participar. Si los niños me miraban, esquivaba el
contacto. Nunca hablé con los profesores sobre lo que estaba pasando, por
miedo a contaminar los datos. El resultado de esto fue que nunca aprendí lo que
los profesores y los niños pensaban sobre aquello que estaban haciendo. Yo
interpreté lo que estaba pasando desde mis propias creencias; di mi versión,
nunca escuché lo que los profesores pensaban. Y esto fue una gran pérdida
porque, como llegué a convencerme después, los investigadores no tienen el derecho
de decidir lo que está pasando en el aula. Son visitantes que no participan en
la historia de la comunidad, y es arrogante, creo, es creerse como un dios, si
decidimos lo que es bueno y lo que es malo. El momento clave se produjo cuando
ya llevaba en Toronto un par de años, y estaba implicado en un estudio en el
que se hacía un seguimiento de 72 niños de diferentes procedencias
etnolingüísticas. Al comienzo del segundo año de este proyecto, los niños
cambiaron al siguiente ciclo educativo y por lo tanto cambiaron de profesores.
Tuve que persuadir a los nuevos profesores para que nos permitieran continuar
con la investigación en sus clases. Una de las profesoras se negó. No quería
participar, así que tuve que hablar con ella para que me explicara sus motivos,
y ciertamente los escuché. Había estado en un congreso en el que yo había dado
una conferencia. Había puesto una cinta tomada del estudio de Bristol e hice
algún comentario evaluativo sobre el profesor que se escuchaba en la grabación.
Entonces, la profesora de Toronto me dijo que habiendo oído lo que había hecho
con otros profesores, no quería implicarse en el estudio. Este fue un momento
crítico para mí, porque me di cuenta de que la situación en la que me que había
colocado como investigador era demasiado arrogante. En el futuro necesitaba
trabajar con los profesores y, si fuera posible, también con los niños, de modo
que lo que emergiera de la investigación no fuera sólo mi visión, sino que
partiera de un enfoque colaborativo. La otra cosa que no quise hacer más fue
quedarme en la descripción simple de lo que sucedía. En vez de eso, debería
usar las observaciones como base para la reflexión conjunta con el profesor, de
forma que él pudiera tomar sus propias decisiones sobre lo que podría querer
cambiar. Y este fue el comienzo de mi implicación con la investigación-acción.
- Sueles decir que tienes
un muy serio compromiso con la teoría sociocultural. Según tu punto de vista,
cuál es el principal elemento de la teoría sociocultural que nos permite
conseguir una mejor comprensión de los procesos de aprendizaje en la escuela?
- Intentaré
darte una respuesta... Lo primero es que la teoría sociocultural asume una
visión constructivista del aprendizaje. Aunque nunca lo manifestó con estas
palabras, es muy claro que Vygotski y los teóricos socioculturales, no aceptan
la idea de una simple transmisión de las prácticas y herramientas culturales a
la siguiente generación. Por supuesto, una afirmación muy importante de la
teoría sociocultural es que para aprender, a cualquier edad, es necesario
tener la oportunidad para apropiarse de las prácticas y herramientas
culturales usadas en actividades en las que se toma parte junto con otros. Pero
en la famosa ley general genética o de desarrollo formulada por Vygotski, se
añade que cualquier desarrollo pasa a través de dos estadios: primero se
produce entre la gente y es social, para convertirse después en individual,
intraindividual, pero, añade, esto no implica una simple copia sino una
transformación. Lo que yo entiendo por esto es que hay una transformación del
individuo, en la habilidad individual y en el potencial para participar en
nuevas actividades. Al mismo tiempo hay también algún grado de transformación
de las prácticas y de las herramientas, a medida que el individuo se apropia
de ellas. Aquí es donde podemos situar la visión constructivista. Vygotski siempre
arguye que necesitamos mirar a la historia del desarrollo, lo que incluye las
experiencias pasadas que aporta quien aprende a cada nueva experiencia de
aprendizaje, porque tales experiencias pasadas y la comprensión que ha sido
construida a partir de ellas significan que el modo en que quien aprende se
apropia de las nuevas prácticas, nuevas herramientas, nuevo conocimiento,
implica una transformación individual del nuevo material. Una parte de lo que
Vygotski nos dice es que cada individuo tiene una trayectoria única de
desarrollo, como consecuencia de sus experiencias particulares. Esto es un
hecho muy importante, porque si se adopta una visión constructivista del
aprendizaje, no se pueden sostener las prácticas de enseñanza que asumen que
cada profesor puede tratar a sus estudiantes como si fueran iguales y puede
transmitir cualquier contenido del currículo, en la creencia de que diciéndolo,
o escribiéndolo o mostrándolo a los estudiantes, estos alcanzarán el mismo
conocimiento nuevo. Desde la perspectiva constructivista este supuesto es
totalmente falso, y parece que tenemos que pensar en una forma diferente de
enseñanza y aprendizaje.
La segunda característica
fundamental de la teoría sociocultural que encuentro muy valiosa, es la forma
de entender lo que debe ser enseñado como un repertorio de recursos que, cuando
una persona se ha apropiado de él, extiende el potencial invididual para la
acción y le permite participar más eficazmente en la vida de la comunidad.
El tercer
punto sobre la actividad sociocultural es el concepto de actividad
colaborativa, conjunta, en la que los recién llegados se desarrollan como seres
humanos a través de su participación en el conjunto de prácticas activas
dentro de la comunidad, en la medida en que se apropian de los recursos
culturales disponibles y los transforman según sus identidades y propósitos.
Esto nos lleva al cuarto punto clave de la teoría sociocultural, la idea de
Vygotski de la zona de desarrollo próximo (ZPD). Este concepto fue el primero
que me interesó de la obra de Vygotski. Cuando estaba escribiendo Meaning
Makers, y otros libros sobre el proyecto de Bristol, necesitaba encontrar
alguna teoría general dentro de la que enmarcar lo que había descubierto sobre
lo que ayudaba a los niños a aprender. Al leer las ideas de Vygostki sobre la
ZDP, me di cuenta de que los niños que aprendían el lenguaje más eficazmente
eran aquellos que estaban asistidos, a través de la interacción y la
conversación con otros, en la construcción del significado siguiendo los
caminos que ellos querían. Esto significa que recibían ayuda en su ZDP. Y esto
es verdad para los niños en el hogar, y seguramente es verdad también para todo
el que aprende, a cualquier edad. La noción de trabajar con los estudiantes en
la ZDP es una contribución especialmente poderosa de la teoría sociocultural
y es algo que creo que no está presente en la idea piagetiana de
constructivismo. Todo esto, como sabes, me ha llevado a formular una visión
general de la clase como una comunidad de investigación en la que profesor y
estudiantes colaboran conjuntamente en la construcción de significados que
son importantes para ellos.
- Esto nos
lleva a la siguiente cuestión. Comunidad de investigación es un concepto y
también una práctica que varios autores están promoviendo en la actualidad
desde distintos campos, pero con una referencia común a Dewey. En tu práctica,
este concepto está vinculado a la investigación-acción. ¿Podrías explicarnos,
desde tu experiencia en el DICEP, cómo habéis abordado los problemas que
surgieron en el intento de construir esta comunidad?
- Creo que hay dos
niveles de problemas. El primero es que para que un aula llegue a ser una
comunidad de investigación, la mayor parte de los profesores necesitan reconsiderar
sus conceptos básicos sobre la función de la enseñanza, porque están
socializados en una visión transmisiva de la enseñanza. Necesitan cuestionarse
radicalmente el supuesto de que la enseñanza es esencialmente exponer y después
comprobar para estar seguro de que los estudiantes recuerdan aquello que se les
ha dicho. He encontrado que la mejor manera de conseguir que empiecen a pensar
sobre esto es que investiguen, con algún tipo de investigación-acción, sobre
algún aspecto de su práctica en la que estén interesados. A lo largo de los
años habré enseñado a no sé cuántos cientos de profesores en cursos cuyo
requisito principal era llevar a cabo alguna investigación práctica en sus
clases. Para la mayoría de los profesores, esto era una idea bastante extraña,
aunque ahora ya es más reconocible. Cuando empecé a hacerlo, nadie entendía lo
que yo quería decir. Me vino muy bien un artículo de J. Newman ('Aprender a
enseñar poniendo a prueba nuestras propias creencias') especialmente valioso
porque sugiere que la forma de empezar es abrirse a la sorpresa ante las cosas
que pasan en la clase. Así, lo único que pedí a mis estudiantes fue que
estuvieran alerta hacia las cosas que les sorprendieran y que comenzaran a
recoger evidencias desde esa actitud. Como mi interés es el lenguaje, les
recomendé que grabaran en audio lo que pasaba, y más recientemente también con
video, y que transcribieran después episodios de lo que habían grabado. No
les dije qué tenían que buscar, sólo que miraran cuidadosamente aquello que
estaba pasando. Casi siempre les llevó a verse diferentes de lo que ellos
esperaban encontrarse. Hay un ejemplo muy claro de esto en un artículo de Zoe
Donoahue, en la revista Orbit, donde describe cómo estaba intentando que los
niños discutieran y predijeran lo que iba a pasar a continuación en el relato que les estaba leyendo. Grabó la primera
discusión y se dio cuenta de lo dominante que había sido en la discusión y cómo
los niños siempre se dirigían a ella y nunca a otro compañero. Esto la llevó a
cambiar su práctica en el aula, y animó a los niños a que hablaran, a que
dialogaran entre ellos. Zoe no era una novata en este tipo de trabajos, pero
incluso alguien que ha estado haciendo investigación-acción e intentando promover
la investigación en el aula durante tres o cuatro años, encuentra que esta
técnica de grabar y transcribir es muy valiosa para iluminar la práctica
habitual y ver formas en las que debería cambiar, debería mejorar.
O sea, encontré que si deseas que las aulas se
conviertan en comunidades de investigación, no es una buena forma comenzar
diciendo a los profesores lo que tienen que hacer. De hecho, en general, creo
que decir a la gente lo que tienen que hacer no es una buena forma de conseguir
que cambien. Es mucho mejor invitarles a mirar a lo que está pasando en sus
aulas y entonces hablar con otros profesores sobre lo que hayan encontrado,
porque entonces ellos ven el cambio que desean hacer. No creo que se pueda
conseguir una auténtica comunidad de investigación en el aula, en la que los
estudiantes se sienten apoyados cuando siguen sus propias preguntas y
desarrollan respuestas a ellas, si el mismo profesor no está practicando
también el mismo tipo de investigación. El proyecto con el que he estado
trabajando en los últimos 8 o 10 años, DICEP,
tiene en su centro la noción de que la investigación necesita empapar todos los
niveles implicados: la clase, los profesores, los cursos en la universidad, y
las relaciones entre universitarios, profesores y alumnos. De este modo, cualquier
aspecto de lo que sucede está abierto a la pregunta y a la investigación. Creo
que cada uno de esos niveles apoya a los otros y se vuelve mucho más
sinergético, si existe tal palabra, cuando la investigación es la característica
de cada una de esas comunidades.
- ¿Y cuál puede ser el papel de la Universidad en esta idea?
- Me parece que puede desempeñar distintos papeles.
Uno es el que ya mencioné antes, es decir, incluir la investigación en los
cursos sobre todos los aspectos del currículo. Yo doy cursos a profesores en el
nivel de 'master', principalmente en temas relacionados con el lenguaje y el
lenguaje escrito; nos centramos a veces en el lenguaje oral, o en la
escritura, o en el lenguaje en otras áreas del currículo... Pero en todos mis
cursos pido a los estudiantes que lleven a cabo una investigación en sus clases
sobre el tema del curso. Creo que se podría hacer esto en cualquier curso que
se dé que tenga que ver con lo que pasa en las escuelas. Cuando doy cursos en
el verano, cuando los profesores no están en la escuela, en vez de aquello,
desarrollamos una investigación sobre algún tópico que les pueda resultar
interesante. Este último verano tuve un grupo de 20 educadores, alguno de los
cuales eran profesores, pero otros eran trabajadores de la salud, y ellos
pudieron experimentar lo que es implicarse en el aprendizaje por medio de la
investigación. Les propuse el tema del tiempo y les invité a identificar
algún aspecto de este amplio tópico que les apeteciera personalmente investigar
a lo largo del curso, y luego les animé a que formaran grupos sobre los temas
similares que iban a investigar. Al final del curso cada grupo hizo una presentación
de lo que habían conseguido. Estoy terminando de leer ahora los últimos
trabajos de estos estudiantes, y casi todos dicen que la exploración del tema
del tiempo fue enormemente interesante. Estaban encantados de haber tenido la
oportunidad de centrarse en el tema que habían elegido, y además entendieron
mejor lo que yo quería decir cuando hablaba de un enfoque investigador,
haciéndolo ellos mismos, y no simplemente por leer sobre lo que podría ser.
Esto es algo que se puede hacer en la Universidad. Podemos practicar lo que
predicamos, esto es, permitir a los profesores ser ellos mismos
investigadores. La segunda cosa que pueden hacer los profesores universitarios,
si quieren, es perseguir sus propios intereses investigadores en tanto que
tengan que ver con lo que pasa en las aulas, en colaboración con los profesores,
y así los profesores se convierten en co-investigadores con el investigador
universitario, sobre los temas que a ellos les interesen. Como sabes, el grupo
DICEP ha tenido un desarrollo interesante en esta dirección. Hallar formas para
hacer una investigación colaborativa nos llevó muchos años, probablemente seis
o siete. Teníamos que encontrar cómo yo podría perseguir mis intereses
investigadores sin imponerlos a los profesores, y cómo los profesores podrían
perseguir los suyos de modo que se beneficiaran de lo que yo estaba haciendo.
Encontramos una forma de hacer esto, pero no estoy seguro si con otro grupo de
profesores habría sido exactamente lo mismo.
- Creo que hay ahora una fuerte
orientación conservadora en las decisiones políticas sobre educación -por
ejemplo, en UK, en USA, en Ontario...- claramente opuestas al pensamiento
'progresivo' sobre la educación de las últimas décadas. Esto supone un reto
para aquellos preocupados por conseguir un sistema educativo para una
sociedad democrática. ¿Cómo crees que los profesores - desde educación infantil
hasta la Universidad- pueden superar la contradicción entre la forma en la
que quieren 'enseñar' -los valores de libertad, responsabilidad, pensamiento
crítico, etc.-, y las presiones de las estructuras educativas y de la realidad
de nuestra sociedad?
- No es una pregunta difícil de contestar, aunque la respuesta es una tarea muy
difícil de llevar a cabo. Me parece que fue N. Postman quien escribió un libro
sobre la educación como actividad subversiva, y de alguna forma supongo que
esto es lo más importante de lo que tendría que decir... Creo que tenemos que
adoptar una perspectiva a largo plazo. Es verdad que no podemos practicar todo
lo que desearíamos en el momento presente. Hay limitaciones, pero esto sucede a
corto plazo. Creo que en un breve número de años podremos ver los resultados de
las reformas educativas de los años noventa, en los que han finalizado sus
estudios y en los graduados universitarios del año 2010 más o menos. Entonces
se reconocerá que los que han aprendido a resolver problemas, los que han sido
estudiantes con confianza en sí mismos, que no sólo tienen algún
conocimiento, sino que también saben cómo alcanzar el conocimiento que
necesitan y usarlo, no estarán entre ellos. El currículo no está consiguiendo
lo que los políticos creen que quieren o al menos dicen que quieren. Uno de los
problemas, por supuesto, es que se está produciendo un doble lenguaje: la
retórica es sobre un currículo fuertemente centralizado, con los valores de pensamiento
independiente, pensamiento crítico, colaboración y otros, con una firme base en
el conocimiento y en la comprensión. Todo esto es la retórica, pero en la
práctica la influencia del mundo de los negocios es extremadamente fuerte, y
aquellos no son en absoluto los valores que desean, ya que quieren trabajadores
ocupados en puestos de trabajo de bajo nivel tecnológico, y de este tipo son
las oportunidades laborales actuales. Es decir, sólo un pequeño porcentaje de
la población está implicada en profesiones de alto nivel con actividades muy
exigentes que requieren habilidades complejas. Al contrario, cada vez más, la
población al terminar sus estudios escolares encuentra trabajos muy poco
exigentes, en industrias de servicios y así, y los valores de pensamiento
crítico o acción independiente, no son realmente de mucha importancia para los
empresarios. Así pues, me parece que la retórica de las metas educativas no es
completamente honesta. El énfasis en el aprendizaje continuo está
esencialmente orientado hacia la adquisición de algunas habilidades nuevas
pero de bajo nivel, para que los trabajadores puedan ser desplazados cuando sea
necesario. No se trata de la realización personal. Una de las cosas que tenemos
que hacer es criticar los documentos que producen los gobiernos sobre lo que
creen que es la educación, y mostrar que no están siendo honestos, estrictamente
hablando. Hubo un artículo muy bueno el sábado pasado en el Toronto Star,
criticando al gobierno de Ontario por haber traicionado a los padres al
introducir este nuevo currículo, justificándolo con la retórica de que iba a
ser para el bien de los niños, mientras que de hecho la evidencia muestra que
la dirección que están tomando no es en el beneficio de los niños. Hay algo,
creo, de lo que tenemos que ser conscientes, y es que las decisiones actuales
que toma el gobierno, el estado, y las instituciones locales, tienen objetivos
políticos que no son democráticos, que no son igualitarios. Pero al mismo
tiempo me parece que en pocos años el fracaso del actual énfasis político en el
currículo llevará a una reevaluación de todo el sistema.
Creo también que el
creciente potencial de los recursos basados en los ordenadores está afectando
al camino que sigue la educación. Nos guste o no, cada vez más el aprendizaje
de los estudiantes vendrá de la exploración en Internet, y es obvio que esto
cambiará lo que sucede en las aulas. Cuando el profesor o el libro de texto no
sean ya más la única o la más interesante fuente de información, entonces se
producirá algún tipo de reevaluación. En conclusión, creo que tenemos que vivir
con la esperanza puesta a largo plazo, y esto significa que aunque los
profesores en este momento tengan pocos incentivos para ser investigadores, o para
intentar poner en práctica en sus clases un aprendizaje basado en la investigación,
deben recibir todo el apoyo que podamos encontrar, porque ellos serán los
líderes, ellos serán los únicos que podrán ayudar a otros profesores cuando
cambien los vientos hacia una mejor dirección. No viviré para verlo, pero
confío en que estos cambios se producirán.
- A propósito de esto, ¿qué sitio crees que ocupa DISE, aquí, en Ontario, en relación con los políticos? OISE es una de las más importantes instituciones en educación, y en general ha mantenido una orientación progresista. Por lo tanto, ¿cuál es la posición de OISE en la actual circunstancia política?
- Cuando se
fundó OISE en los años sesenta, y también durante los ochenta, no hay duda de
que los escritos y la investigación de los profesores de OISE tuvieron
bastante influencia en las ideas que mantuvo el gobierno de Ontario sobre la
educación. Podemos ver las conexiones concretas. Personalmente yo mismo solía
estar implicado en reuniones de trabajo en el ministerio cuando estaban
diseñando documentos sobre el currículo para las autoridades locales y los
profesores. Todo esto ha cambiado en los últimos años. Es evidente que el
gobierno actual no tiene ningún interés en las contribuciones que pudiéramos
hacer. Pero, como antes dije, los gobiernos cambian -y esto bien podría suceder
también ahora- por lo que no debemos deprimirnos demasiado con una visión a
corto plazo. La obligación de OISE es la investigación, la enseñanza y el
desarrollo profesional. Hay tres direcciones, pues, en las que continuaremos
teniendo influencia. A través de la investigación y la publicación de la
investigación podemos contribuir al diálogo entre la comunidad de
investigadores, y también dirigirnos a los políticos que estén dispuestos a
leer más allá de su estrecha especialización. Estoy seguro de que a lo largo
de los años los investigadores de DISE han contribuido muy sustancialmente al
desarrollo de prácticas innovadoras en educación. Nosotros seguiremos siendo el
sitio más importante para que los profesores continúen su propia formación
personal sobre educación a través de los programas de master y doctorado, que
además se están extendiendo internacionalmente porque tenemos aquí muchos
estudiantes de otros países. No quisiera rebajar la importancia del papel que
desempeñamos al proporcionar formación a los educadores, porque si hablamos de
subvertir la política del gobierno, cuanto
mayor sea el número de profesores de a pie que retan la política gubernamental
a través de su práctica y de su discurso, más fácil será que los valores en
los que creemos llegarán a ser importantes. Y en cuanto al trabajo de
desarrollo, muchos de nosotros estamos implicados en proyectos que se llevan a
cabo en escuelas y con profesores, en los que tratamos de compartir nuestra
exploración de formas de conseguir los valores en los que creemos, dentro del
marco del sistema político actual. Por lo tanto, no creo que haya cesado el
impacto de OISE.
- Tu último libro es Dialogic
Inquiry. ¿Cómo sitúas este libro en el panorama
completo de tu pensamiento teórico y de tu práctica profesional?
- Espero, quiero pensar, que es una culminación de
mi desarrollo personal tanto en cuanto al pensamiento como a la práctica, tras
una larga carrera de trabajo sobre el lenguaje y el aprendizaje, y más
recientemente sobre la enseñanza y la investigación. Los primeros capítulos del
libro suponen mi intento más reciente de clarificar mi forma de entender lo
que creo sobre el aprendizaje y la enseñanza, y el papel que el diálogo
desempeña en esto. Diálogo entendido no simplemente a través del lenguaje,
como he llegado a reconocer, sino también a través de otros modos de
interacción que incluyen la acción conjunta que implica el diálogo con otro,
así como el diálogo con uno mismo. La segunda parte del libro contiene algunos
ejemplos reales de investigación en el aula lograda a través de la
investigación colaborativa con mis colegas profesores, con lo que confío que
no sólo predico la investigación colaborativa sino que lo practico y lo
muestro. Una de las cosas por las que estoy más satisfecho de este libro es que
contiene un capítulo escrito por dos profesores y por mí mismo sobre nuestra
investigación colaborativa. Así, son también sus voces las que se oyen y no
sólo mi informe de la investigación colaborativa.
- ¿Es ese el significado que tiene colocar en primer
lugar del subtítulo 'práctica sociocultural' y después 'teoría'? ('Toward a sociocultural practice and theory of education')
- En efecto, fue una elección deliberada porque creo que en educación
se ha subrayado el trabajo de los investigadores que desarrollan la teoría y
que cuentan después a los profesores lo que dicha teoría aporta a su práctica.
Yo quiero resaltar que la teoría también se desarrolla desde la práctica, desde
la exploración de la práctica, por lo menos tanto como la práctica se puede
desarrollar desde la comprensión de la teoría. Se da una relación dialéctica
entre ambas, y quería dejar esto claro poniendo en primer lugar la práctica.
Valoro la práctica y el intento de mejorar la práctica como un medio de llegar
a entender la teoría, al menos tanto como lo contrario.
***
La
entrevista terminaba ya, aunque la conversación siguió fluyendo. Sobre su mesa
atiborrada de papeles había un paquete que me mostró. Eran las páginas de lo
que será un nuevo libro que pronto podremos leer. En él se recogen algunos de
los trabajos llevados a cabo por los profesores que colaboran en el DICEP,
bajo el sugerente título:'Habla, texto e investigación'. Y
para finalizar el retrato con otra muestra de su
incansable producción, me anunció la próxima aparición de una recopilación de
trabajos sobre las implicaciones de la teoría sociocultural para la educación.
Sin duda, una trayectoria profesional bien granada.
WELLS, G. (1981): Learning through Interaction.
(Language at Home and at School, Vol. l.) Cambridge: Cambridge University
Press.
WELLS, G. (1985): Language Development in the
Pre-school Years. (Language at Home and at School, Vol 2.) Cambridge: Cambridge
University Press.
WELLS, G. (1985): Language, Learning and Education.
Windsor, UK:NFER-Nelson.
WELLS, G. (1986): The Meaning Makers: Children learning
language and using language to learn. Portsmouth, NH: Heinemann Educational
Books. (Traducción española: Aprender a leer y a
escribir. Barcelona: Laia-Cuadernos de Pedagogía,
1988)
GUTFREUND, M., HARRISON, M. and WELLS, G. (1989): The Bristol Language Development
Scales. Windsor, UK: NFER-Nelson.
WELLS, G. and CHANG-WELLS, G.L. (1992): Constructing knowledge together: Classrooms as centers of
inquiry and literacy. Portsmouth, NH: Heinemann.
WELLS, G. et al. (1994): Changing schools from within:
Creating communities of inquiry. Toronto: DISE Press; Portsmouth, NH:
Heinemann.
WELLS, G. (1999): Dialogic inquiry: Toward a
sociocultural practice and theory of education. New York: Cambridge University
Press.
WELLS, G. (Ed.) (forthcoming): Talk, text and inquiry. New York:
Teachers College Press.
WELLS, G and CLAXTON, G. (Eds.) (forthcoming): Cultural historical
activity theory and education (tentative title). New York: Cambridge University
Press.