TANTEANDO

 

"PALABRAS JUNTAS PERO NO

REVUELTAS"

 

Regina Olmos Delgado, Salvador Álvaro García, Jesús Palop Martínez

 

En nuestro trabajo diario en la escuela la manipulación de los objetos de estudio se ha convertido en una técnica omnipresente.

 

¿Quién concibe ahora el estudio de las plantas, los animales, el barrio, la prensa o los comics sin que los chi­cos y chicas tengan delante y manejen y manipulen estos objetos de estudio? En el campo más concreto del lenguaje, todos los trabajos relaciona­dos con la expresividad y la creación giran en torno a la misma máxima: Hay que manipular (tradúzcase aquí manipular por cualquier verbo que sig­nifique acción).

 

A medida que los procesos cog­nitivos van adquiriendo mayor grado de complejidad, el aprendizaje va co­brando una mayor abstracción. Esto ocurre también en el lenguaje que, en los primeros años es fundamentalmen­te un hecho expresivo y comunicativo; poco a poco comenzamos una refle­xión sobre la lengua que parte en prin­cipio de los propios textos del alumno, pero que nos lleva a abordar otros tex­tos comunicativos a medida que los procesos madurativos se hacen más complejos.

 

Partiendo de este planteamiento es como el taller entró en el estudio de la gramática: la gramática será, pues, la parte de nuestro trabajo que se dedi­que a investigar sobre los mensajes que emitimos y recibimos, ya sean ora­les o escritos, analizando cuáles son sus elementos, qué valor, qué identi­dad tienen dentro del total del mensaje, y qué relación guardan entre sí.

 

El objetivo prioritario de este trabajo es aprender a clasificar. Más allá de las identificación gramatical, lo que se ha intentado es llegar a crear un método de clasificación que tenga va­lor como método.

 

Quede claro que entendemos que sólo estamos tratando un aspecto de la gramática y que dejamos por ahora fuera de este trabajo el aspecto de la relación entre las palabras (sin­taxis).

 

¿Cómo se plantea el trabajo en el aula?

 

El primer paso consiste en la ob­servación de los mensajes y los textos realizados por los chicos y chicas de la clase. Se trata de llegar a la conclusión de que todas las palabras no tienen el mismo valor dentro del mensaje sino que hay palabras cuya aportación a la comprensión del mismo es mayor que el de otras.

 

Dicho de otra forma: hay pala­bras cuya carga semántica es mayor y son las que soportan el mensaje, mien­tras que otras son meros ayudantes en la correcta construcción del mismo: sirven para engranar, articular y flexi­bilizar el mensaje (N. Chomsky habla de palabras-mensaje y palabras­-función).

 

Actividad introductoria

 

Una actividad que se puede re­alizar para llegar a esta conclusión es la elaboración colectiva de un telegra­ma en la clase.

 

Se pide a los chicos y chicas que hagan un telegrama comunicando, por ejemplo, el regreso de un viaje, una partida, o cualquier otra cosa que se les ocurra. Elegimos uno de los telegra­mas (preferiblemente aquel que se pa­rezca menos a un telegrama típico) y explicamos, si es necesario, que los telegramas se pagan por palabras y que ese telegrama hay que reducirlo por­que es muy caro. Lo escribimos en la pizarra y vamos reduciendo su exten­sión a base de tachar (no borrar) aque­llas palabras que son prescindibles pa­ra la comprensión del mensaje. El re­sultado será, sin duda, un mensaje compuesto exclusivamente por nom­bres, adjetivos, verbos, adverbios (¿y pronombres?).

 

Esta actividad nos dará pie para introducir el concepto de "valor de las palabras" según la función de éstas dentro del mensaje. Bastará con leer, en el orden en que han quedado, las palabras "salvadas" del mensaje para ver que éstas tienen sentido, por cuan­to transmiten información, aunque el mensaje quede "raro", inarticulado. Por el contrario, las palabras tachadas, aunque sean leídas por su orden, care­cen de todo sentido, no transmiten información alguna. Esto nos permiti­rá a partir de aquí, hablar de dos clases de palabras:

 

"PALABRAS QUE DICEN": Son las primeras, las de clase I, las que transmiten más información.

"PALABRAS QUE HACEN": Son las segundas, las de clase 2. Co­mienzan llamándose "Palabras que di­cen poco o nada" y cuando se plantea el problema: ¿Y si no dicen nada, por qué no eliminarlas? se cae en la cuenta de que no dicen, pero hacen algo: ayu­dan a articular el mensaje para que éste sea más flexible, "suene" mejor.

 

MAQUINA Nº 1

 

Comenzamos, con este criterio, a clasificar palabras de distintos men­sajes. Pero, para facilitar el trabajo, vamos a utilizar una máquina que nos ayudará a clasificar las palabras. Re­sulta recomendable, como elemento motivador, darle a la máquina un nom­bre.

 

* En los primeros ejercicios con la máquina hay que dejar una tercera alternativa para aquellas palabras que ofrezcan una especial dificultad.

 

Este podría ser un ejemplo de las actividades a plantear:

 

"Clasifica las palabras de este texto colocándolas en el depósito de la máquina que corresponda".

 

MAQUINA Nº 2

 

Después de practicar suficiente­mente con la máquina N° 1 planteamos el paso siguiente:

 

Ya sabemos clasificar las pala­bras de un texto en dos categorías:

 

- Palabras que dicen.

- Palabras que hacen.

 

Pero aún es posible distinguir entre las PALABRAS QUE DICEN, distintos tipos de informaciones. Para ello utilizaremos todo ese montón de palabras que hemos ido almacenando, en los ejercicios anteriores, dentro del apartado 1 de la máquina y las agrupa­remos según el tipo de información que nos aportan.

 

La pregunta a la que el alumno debe contestarse es: "Si son palabras que dicen, ¿qué dicen?". Así, "pirata" se asociará a "coche" y a "mañana"; "verde" se asociará con "tranquilo" y "llegaron" con "saldré".

 

Para contestar a la pregunta "¿Qué dicen?" intentaremos, en grupo, elaborar una definición que cubra a cada grupo de palabras. Es importante que las primeras definiciones sean del alumno; luego llegará el momento de acotarlas ya que suelen ser, por lo ge­neral, demasiado ambiguas para una categoría gramatical.

 

A modo de ejemplo, estas son algunas definiciones que podemos en­contrar:

 

- Son palabras que dicen lo que pasa (Verbos).

- Dicen dónde pasan las cosas (Adverbios).

- Estas palabras dicen lo que son las cosas (Nombres).

- Estas palabras dicen cómo son las cosas (Adjetivos).

 

Como se puede ver, son correc­tas en esencia, pero no acotan lo sufi­ciente. Sin embargo, por razones de efectividad, necesitamos que sean de­finiciones lo más simples posible. He aquí las definiciones definitivas que nos quedan:

 

NOMBRES. Las palabras que dicen el nombre de las personas, ani­males o cosas (Más adelante añadire­mos a la lista sensaciones y sentimien­tos aunque sin hacerlo explícito en las máquinas).

 

ADJETIVOS. Las () que dicen cómo son las personas, animales o co­sas.

VERBOS. Las () que dicen lo que hacen o lo que les sucede a las personas, animales o cosas.

ADVERBIOS. Las que dicen cómo, cuándo o dónde sucede lo que cuenta el verbo, o lo aumentan o lo disminuyen, o lo afirman o lo niegan. Es importante hacer hincapié aquí en que los nombres de las catego­rías aparecerán sólo después de haber sido nombradas dichas categorías por su definición durante algún tiempo.

 

EL PROBLEMA DE LOS PRO­NOMBRES

 

Los pronombres nos han plan­teado un serio problema a la hora de ubicarlos en la máquina. Por un lado es evidente que son palabras con la suficiente carga se­mántica como para situarlas dentro de las PALABRAS QUE DICEN, es de­cir, palabras de la clase 1. Nótese, sin embargo, que, salvo en el caso de los pronombres personales que son perso­nas del verbo (Yo, tú, él, ella, nosotros, nosotras, vosotros, vosotras, ellos, ellas) es difícil localizar ese valor in­formativo a primera vista.

 

 

 

La práctica con la máquina Nº 1 nos demostró que los chicos y chicas desviaban los pronombres hacia el apartado de la clase 2. Fue por eso que decidimos no incluirlos en un primer paso dentro de la categoría 1 para re­solver su inclusión, como luego se ve­rá en la máquina N° 3.

 

La máquina N° 2 queda, pues, así:

 

 

Y comenzamos a practicar con esta segunda máquina al igual que lo hicimos con la primera. Ahora, al en­frentarnos con un texto obtenemos cinco categorías: NOMBRES, ADJE­TIVOS, VERBOS, ADVERBIOS, Y PALABRAS QUE HACEN.

 

MAQUINA Nº 3

 

Consiste, básicamente, en repe­tir el proceso seguido en el paso ante­rior. El problema se plantea cuando reparamos en la naturaleza de las pa­labras con las que tratamos. Se trata del grupo de las PALABRAS QUE HACEN, y no resulta fácil a los chicos y chicas responder ahora  -como lo hi­cieron antes- a la pregunta ¿Qué ha­cen?.

 

Afortunadamente, a estas alturas del trabajo los chicos y chicas ya se han familiarizado con la dinámica y llegan con cierta facilidad a esta pri­mera clasificación:

 

"Hay unas palabras que van de­lante de los nombres y en concordan­cia con ellos" (determinantes).

 

"Hay otras palabras que sirven para unir palabras" (preposiciones y conjunciones).

 

Ahora es cuando surge el proble­ma de los pronombres. Dependiendo de nuestra capacidad para conducir a los chicos y chicas, podremos hacer que lleguen a la definición: "Son pala­bras que llevan escondido un nombre de persona, animal o cosa". Inmedia­tamente surge la cuestión: "Si llevan escondido un nombre, son tan impor­tantes como los nombres; entonces, ¿Por qué no están en el lado de las PALABRAS QUE DICEN?". Así es como llegamos a la solución que se puede ver en la máquina N° 3.

 

Pero, volviendo a las definicio­nes de Determinantes, Preposiciones y Conjunciones, aún nos queda acotar éstas. Con los determinantes no hay mucho problema. Quedaría así:

 

DETERMINANTES = Las que acompañan a los nombres. Casi siem­pre van delante de ellos (y en concor­dancia).

 

En cuanto a las preposiciones y conjunciones, la definición original es demasiado amplia y podría recogerse bajo el epígrafe común de NEXOS, ya que la distinción entre ambas es difícil porque está basada en una diferencia sintáctica.

 

En la máquina N° 3 se puede ver como queda resuelto. Se hizo así para, manteniendo la definición original, se­parar las preposiciones de las conjun­ciones. La línea de puntos que separa a ambas quiere significar precisamen­te una especie de "subcategoría". Nó­tese que esto se ha podido hacer gra­cias a que las preposiciones son pocas y fáciles de memorizar.

 

Esta sería la Máquina N° 3: (Ver página siguiente)

 

Y ahora, a practicar. Tenemos, pues, y de forma ya definitiva, las si­guientes categorías:

 

NOMBRES

ADJETIVOS

VERBOS

ADVERBIOS

DETERMINANTES

 

 

PREPOSICIONES

NEXOS

CONJUNCIONES

PRONOMBRES

 

LAS MAQUINAS PARCIALES

 

Hasta aquí podríamos hablar de un primer estadio en el trabajo. Esto es así porque habríamos logrado clasifi­car las palabras según su categoría gra­matical. Pero aún se puede -y se debe - ir más lejos: cada una de estas ocho categorías admite clasificaciones in­ternas.

 

Comenzamos ahora la construc­ción de máquinas parciales dentro de la máquina. El orden de trabajo que nosotros sugerimos, partiendo del re­sultado de nuestra experiencia, sigue esta progresión:

 

1. Nombres.

2. Adjetivos.

3. Determinantes.

4. Verbos.

5. Adverbios.

6. Pronombres.

7. Nexos. Preposiciones y con­junciones, por ese orden.

 

La razón de esta elección es que el nombre es la palabra más fácil de identificar. El adjetivo guarda con él relaciones de concordancia y además cobra su sentido semántico (no olvide­mos que éste es el criterio de clasifica­ción), por su acción sobre aquél. En cuanto a la posición de los determinan­tes en tercer lugar, se debe obviamente a su relación de concordancia con am­bos y a que con ellos se completa un sintagma nominal sencillo. El verbo aparece cuando ya tenemos el sintag­ma nominal y va lógicamente seguido de aquellas palabras que actúan direc­tamente sobre su significado, los ad­verbios. En cuanto a los pronombres, y por razones ya explicadas anterior­mente, se les reserva este penúltimo lugar, siempre después de los determi­nantes para evitar la confusión de am­bos (parece innecesario recordar que a veces el acento diacrítico es la única diferencia formal entre un determinan­te y un pronombre). Preposiciones y conjunciones ocupan el último lugar porque su contenido semántico es mí­nimo y su estudio requiere la adquisi­ción previa de destrezas que, a estas alturas, ya estarán conseguidas.

 

Volviendo a la elaboración de las máquinas parciales, es importante destacar dos diferencias fundamenta­les en esta parte del trabajo.

 

Por un lado en este bloque se requiere una mayor aportación teóri­ca del profesor para llegar a las má­quinas.

 

En segundo lugar, al trabajar dentro de las distintas categorías gra­maticales se abordan procesos cogni­tivos distintos a los meramente clasifi­catorios, como son la contextualiza­ción  (a través de la relación de las palabras con las que la preceden o siguen o a través de los cambios o trasposiciones de las mismas) y la identificación.

 

Para esta parte del trabajo hemos preparado una serie de fichas, de nú­mero variable según el tipo de palabra que trabajemos, pero que responden siempre a esta progresión:

 

1. Ficha(s) inductiva.- Con su realización se pretende que los chicos y chicas hagan una aproximación in­ductiva a los aspectos que vamos a trabajar.

2. Ficha(s) de Información.-En ella se refleja, sistematizada, toda la información sobre esa palabra, sus ca­racterísticas y su clasificación.

3. Máquina parcial.- Recoge, en forma de máquina, las subclasificacio­nes de la palabra en cuestión.

4. Ficha(s) de contextualiza­ción.- Las palabras objeto de estudio son "sacadas" del texto en la ficha y el alumno debe ubicarlas en su lugar ayu­dándose del contexto (concordancia y significación fundamentalmente). Una aclaración antes de continuar: hasta aquí no se ha planteado aún la identificación de esas palabras, de mo­do que estas cuatro fichas tienen la intención de dar información (de ma­nera obvia en el caso de las fichas 2 y 3).

5. Ficha(s) de identificación, lo­calización y clasificación.- Ahora se plantea el texto sin "ayudas" y el alum­no debe localizar las palabras solicita­das y, haciéndolas pasar a través de la máquina, clasificarlas.

6. Ficha(s) de cambio, modifica­ción y trasposición.- El alumno debe localizar las palabras buscadas y susti­tuirlas, cambiarlas o transformarlas mediante cambios morfológicos, se­mánticos o léxicos.

 

Para ver más claramente este de­sarrollo mostramos a continuación una serie completa de fichas, las dedicadas a los ADJETIVOS.

 

ARABIA

 

La tierra de los grandes de­siertos de arenas calientes bajo un cielo claro y abrasador.

Tierra sedienta, de arenales tostados.

En el horizonte se mueven los dromedarios de las caravanas co­mo una fila de pequeños triángu­los.

Donde acaba el mar de are­na, sigue la tierra de matorrales desecados.

A veces aparece el oasis con la sombra acogedora de las palme­ras, la fragancia de los árboles olo­rosos y la promesa del agua mila­grosamente fresca.

La tierra costera rodea al de­sierto con una zona estrecha don­de hay antiguas ciudades, bos­ques de palmeras y sicomoros, y la planta del áloe y el árbol de la mirra.

El árabe del desierto es seco, fuerte y de tez morena del sol. Va­liente y generoso, resistente a las mayores privaciones, vive en tribus nómadas sin otra riqueza que sus rebaños de camellos, sus caballos de pura raza y las telas y oros de lejanos países.

En las noches llenas de estre­llas descansa el árabe a la puerta de las tiendas contando viejas le­yendas ricas de imaginación y de ingenio.

El pueblo árabe, cuyo orgullo no consintió nunca sufrir el yugo de pueblos extraños, extendió su do­minio, en pasadas épocas, por di­ferentes países del globo, llenando una misión importantísima en la historia del mundo.

 

Herminio Almendros

 

CUESTIONES:

 

1. Lee atentamente el texto.

2. Habrás observado que hay al­gunas palabras subrayadas. Esas pala­bras nos dan información sobre otras palabras que están próximas a ellas. Así, por ejemplo, grandes se refiere a desiertos.

3. Escribe las palabras subraya­das junto a su pareja como en este ejemplo: grandes desiertos.

4. Explica qué tipo de informa­ción nos proporcionan esas palabras subrayadas.

 

INFORMACION SOBRE EL AD­JETIVO

 

Hemos dicho que el adjetivo es la palabra que nos dice cómo son las personas, los animales, las cosas, etc. Ahora vamos a estudiar algunas de sus características:

 

1. El adjetivo concuerda en gé­nero y número con el nombre al que acompaña. (cielo claro, tierra sedien­ta, pequeños triángulos, antiguas ciu­dades). Aunque también encontramos algunos que tienen un único género (Hombre/s valiente/s - Mujer/es va­liente/s). Encuentra tú algún otro.

 

2. El adjetivo puede ir tanto delante como detrás del nombre al que califica.

 

Algunos adjetivos cambian su forma según la posición que ocupen (un mal resultado = un resultado ma­lo). Busca tú algún otro igual.

 

A veces, incluso, cambia el sig­nificado si el adjetivo va delante (una pobre chica diferente una chica pobre). Hay más como éste. Búscalos.

 

3. El adjetivo admite tres gra­dos de intensidad, dependiendo del valor de la información que nos pro­porciona:

 

3.1. Grado positivo.- Es el adje­tivo, solo. (Una misión importante)

3.2. Grado comparativo. ­Comparo la cualidad con la de otra cosa

 

3.2.1. (Superior) De supe­rioridad.

(Una misión más importante que...)

3.2.2. (Igual) De igualdad.

(Una misión tan importante co­mo ...)

3.2.3. (Inferior) De inferioridad. (Una misión menos importante que...).

 

3.3. Grado superlativo.- Es la máxima intensidad. Se consigue cam­biando la forma de la palabra, median­te el sufijo -ísimo/a (Una misión im­portantísima), que a veces, en algu­nas palabras, es -érrimo (libre-libérri­mo, acre-acérrimo, etc.).

 

4. El adjetivo se puede matizar de otras maneras

 

4.1. Mediante adverbios:

 

bastante tranquilo, poco tranqui­lo, enormemente tranquilo

 

4.2. Mediante sufijos aumentati­vos, diminutivos o despectivos que au­mentan (una mujer grandota) disminu­yen (un hombre delgadito) o dan un matiz de desprecio (un perro flacu­cho).

 

¡  jardinillos,

  plazoletas,

fuente

donde el agua sueña,

donde el agua

resbala en la piedra!...

 

Las hojas de un verde,

casi

de la acacia, el viento

de septiembre besa,

y se lleva algunas

                   

jugando entre el polvo

de la tierra.

doncellita,

que el cántaro llenas de agua

tú, al verme, no llevas

a los  bucles

de tu cabellera,

distraídamente,

la mano

ni, luego, en el

cristal te contemplas...

Tú miras al aire

de la tarde

mientras de agua

el cántaro llenas

 

Antonio Machado

 

ADJETIVOS FUGADOS

 

Linda

muda

negras

bella

clara

amarillas

verdes

transparente

negros

claras

verdinosa

morena

mustio

secas

limpio

blanco

 

CUESTIONES:

 

1. Coloca los adjetivos fugados de la lista de la derecha en el lugar que deben ocupar dentro del texto.

CUESTIONES:

1. Localiza los adjetivos que hay en el texto.

2. Sustitúyelos por un sinóni­mo -si es posible- y si no encuentras un sinónimo, pon otro adjetivo que no desvirtúe excesivamente el sen­tido original del texto.

 

El túnel que lee los sentimientos

 

Entré en un gran cilindro tumbado en el suelo. Era algo así como un trozo de una de esas tuberías gigantes en las que cabe perfectamente una persona de pie. Estaba vacío, nadie podía ocultarse allí. Apenas estuve dentro, advertí que una masa gaseosa inundaba el tubo. Parecía una nube blanca que hubiese entrado en el túnel.       

Tan pronto como aquel extraño vapor llegó a rozarme, pasó del blanco al amarillo. Esto me sorprendió bastante y, como si fuese una reacción automática, el gas se puso de color naranja. Aunque la visibilidad no era muy buena, pude darme cuenta de que allí no existían proyectores ni trucos de ninguna clase que produjesen las variaciones de color. La única iluminación del conducto era luz natural que entraba por unas claraboyas.    

Creo que me asusté un poco. Al ocurrir esto, el vapor que me envolvía cambió al rojo.

Podía respirar perfecta­mente, no me faltaba el oxígeno ni experimentaba ninguna molestia, lo cual me tranquilizó mu­cho. Sincrónicamente, la atmósfera del tubo pasó al verde sua­ve. Entonces, no sé por qué, me vino a la memoria la delicada situación provocada por Buenaventura Mestres. Instantánea­mente, el gas cobró unos tintes morados muy desagradables ...

Estaba claro. Aquella masa gaseosa traducía en colores los estados de ánimo y los sentimientos de la persona que entra­ra en contacto con ella. Para ver hasta dónde llegaba la capaci­dad cromática del túnel, me con­centré para provocarme senti­mientos diversos: amor, sole­dad, odio, alegría, tristeza y mu­chos otros. Y cada vez, el gas respondió con un color distinto, afín a cada cambio. Cuando le ofrecí sentimientos mezclados, daba una combinación de colo­res; cuando los cambios anímicos eran leves, variaba la mati­zación del color. Era sensible a la más mínima mudanza del pensamiento.      

 

"Los escenarios fantásticos" Juan Manuel Gisbert

 

CUESTIONES:

 

1. Localiza y subraya todos los adjetivos que encuentres en el texto.

2. Clasifícalos según su grado, su género y su número. Para ello, utiliza la máquina.

 

 

LA CARRETILLA

 

En el arroyo grande, que la lluvia había dilatado hasta la viña, nos encontramos, atascada, una vieja carretilla, perdida toda bajo su carga de hierba y de naranjas. Una niña, rota y sucia, lloraba sobre una rueda, queriendo ayudar con el empuje de su pechillo en flor al borricuelo, más pequeño ¡ay! y más flaco que Platero. Y el borriquillo se despechaba contra el viento, intentando, inútilmente, arrancar del fango la carreta, al grito sollozante de la chiquilla. Era vano su esfuerzo, como el de los niños valientes, como el vuelo de esas brisas cansadas del verano que se caen, en un desmayo, entre las flores.

Acaricié a Platero y, como pude, lo enganché a la carretilla, delante del borrico miserable. Le obligué, entonces, con un cariñoso imperio, y Platero, de un tirón, sacó carretilla y rudo del atolladero, y les subió la cuesta.

¡Qué sonreír el de la chiquilla! Fue como si el sol de la tarde, que se quebraba, al ponerse entre las nubes de agua, en amarillos cristales, le encendiese una aurora tras sus tiznadas lágrimas.

Con su llorosa alegría, me ofreció dos escogidas naranjas, finas, pesadas, redondas. Las tomé, agradecido, y le di una al borriquillo débil, como dulce consuelo; otra a Platero, como premio áureo.

 

Platero y Yo Juan Ramón Jiniénez

 

 

 



Repitiendo el proceso completo con todas las palabras y en el orden anteriormente establecido hasta com­pletar las ocho categorías gramatica­les, tendremos la máquina completa.

 

 

LA ARQUITECTURA DE LA MA­QUINA

 

Refiriéndonos a la Máquina Completa, podemos distinguir dos re­cursos propiamente dichos, por cuanto se repiten a lo largo de la misma:

 

- Laberintos.

- Pasillos.

 

y una "solución especial" reser­vada a las preposiciones y cuya razón ya se explicó.

 

LOS LABERINTOS.- Llama­mos así a los pasillos encadenados que tienen forma de laberinto y por los cuales hay que pasar consecutivamen­te. El paso por un laberinto implica una elección por cada uno de los pasillos consecutivos que lo forman (caso típi­co sería el laberinto de los nombres), o la asignación de una característica de­signada en el pasillo (caso del laberin­to de los verbos).

 

A excepción de la clasificación de los nombres, todos los laberintos son verticales porque esta posición se ha reservado para la clasificación des­de un criterio morfológico. La posi­ción horizontal significa categoría se­mántica y de ahí viene la posición de laberinto horizontal en la máquina de los nombres.

 

LOS PASILLOS.- Siempre son horizontales e implican una elección alternativa. Se ha de pasar por uno u otro, nunca por más de uno. Como ya se dijo, la posición horizontal sig­nifica una clasificación de tipo semánti­co. Puede darse el caso de que un pasillo tenga pasillos dentro de sí (caso de los determinantes numerales, por ejemplo) con lo cual el mecanismo se repite.

 

El ejemplo más nítido de máqui­na de pasillos lo constituyen los adver­bios.

 

La combinación de pasillos y la­berintos (nótese que siempre van en ese orden) se debe a las distintas clasi­ficaciones, semánticas y morfológi­cas, de que pueden ser objeto las pala­bras. Hemos querido priorizar el crite­rio semántico sobre el morfológico ha­ciendo que aquél aparezca enunciado primero.

 

ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES

 

Hemos hablado de cuatro má­quinas distintas que van progresando en complejidad y a las cuales hemos ido denominando Máquina 1, 2, 3, y Máquina Completa.

 

El paso de una máquina a la si­guiente implica necesariamente el abandono de la anterior, ya que la nue­va recoge siempre el criterio de aque­lla.

 

El último paso consiste, pues, lógicamente, en abandonar la máquina completa y trabajar sin ninguna apoya­tura material, dando por sentado que la máquina (el proceso clasificador, en definitiva) ha quedado incorporada, ha sido asimilada por el alumno.

 

Pero antes de abandonarla, re­cordemos brevemente el proceso com­pleto de clasificación con esta máqui­na:

 

1. ¿Es una palabra que dice o que hace? - Paso a la sección 1 o a la sección 2.

2. ¿Qué hace? (Voy pasándola por las definiciones).

3. Localizado el tipo de palabra, la paso por los pasillos y/o laberintos "arrastrando" tras ella las distintas ca­tegorías tanto semánticas como mor­fológicas que le correspondan.

 

ALCANCE Y LIMITACIONES DE LA MAQUINA

 

Pretender que un recurso como el que aquí presentamos resuelva en todos sus extremos la complejísima tarea de la clasificación gramatical, es algo que ni siquiera se nos ha ocurrido pensar. Esperamos, sin embargo, que haya quedado claro con nuestra expo­sición, que el objetivo fundamental del trabajo es dotar al alumno de una serie de mecanismos que le ayuden a clasi­ficar. No seremos nosotros los que enumeremos aquí las carencias de la máquina, pero haberlas, haylas (no de­masiadas, y siempre casos extremos).

 

Una última cuestión: Aunque parezca innecesario, debemos insistir: en que nunca se ha de trabajar con palabras aisladas y fuera de contexto. A ser posible, los textos deben ser de los chicos y chicas.