Familia y Proyecto de Futuro…

 

Prof. Mª Carmen Aguilar Ramos

Dpto. Métodos de Investigación e Innovación Educativa.

Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga. (España).

E-mail. mcaguilar@uma.es

 

1. Introducción.

 

En la sociedad actual, la vida se desenvuelve en el aquí y ahora, sin pensar en el futuro más próximo ni planificar a largo plazo. Este rasgo se manifiesta en diferentes momentos cruciales, como por ejemplo, formar una familia.  Antaño, los novios proyectaban su vida en el lema: “hasta que la muerte nos separe”, la vida en común se proyectaba en una continuidad y estabilidad.

 

Sin embargo, actualmente, las parejas no se plantean proyectos de futuro en esta línea de continuidad y estabilidad, en parte porque se encuentran inmersos en una sociedad fluctuante, cambiante, pragmática y, sin una perspectiva de empleo segura, en muchos casos, por la disolución de perfiles laborales obsoletos que generan desempleo, y, en otros, por los nuevos perfiles que surgen, y para los que no están preparados. 

 

Pero, por otra parte, la situación laboral, también, produce bajas por depresión, no por el trabajo en sí, sino porque puede contribuir a gestarla estos factores de riesgo: fatiga psíquica y física, pérdida de identidad y de interés por lo que se hace, y sentimiento de inutilidad (Díaz, M. 2000).

 

Estos factores influyen para pensar que es mejor no hacer planes, porque  no pueden predecir el porvenir, y menos aún cuánto durará su unión... de modo que, la planificación del número de  hijos, el tipo de educación que se les va a dar, quién atenderá sus necesidades, etc., asuntos todos ellos de gran importancia, queda relegado a un segundo plano. En otros casos, las parejas, posponen durante varios años, hasta que adquieren un cierto nivel de estabilidad económica, el nacimiento de su primer hijo.

 

En este contexto, los tradicionales modelos de familia y roles con los que se identificaban sus miembros, no sirven. Aunque, tampoco tienen muy claros los que necesitan para enfrentarse a la difícil tarea de educar a sus hijos, en una sociedad tan compleja como la nuestra, y en la que resulta difícil discriminar lo esencial de lo secundario. Por lo tanto, la familia se encuentran en busca de una nueva identidad, y esta situación se refleja en la falta de proyección de futuro con respecto sus hijos, al no tener conciencia del papel que juega en su desarrollo. 

 

La experiencia que se presenta en este trabajo, está  diseñada en dos partes, teórica y práctica, y muestra las necesidades de los niños de proyectos de futuro en la familia..

 

 

2.      MARCO TEÓRICO.

 

 

El estudio de  la familia, como sistema social, en estos último tiempos se sustenta en el marco ecológico y sistémico, como nuevo paradigma de conocimiento. Este enfoque, como señala Quintero Velásquez, A.M.(1997), permite introducir el supuesto básico para la perspectiva holística: interrelación individuo-familia-sociedad. Donde los procesos individuales, familiares y socio-culturales están conectados de manera interdependiente y multicausal, influyéndose dinámica y permanentemente.

 

Desde esta concepción, la familia es una unidad humana, un sistema íntimo de convivencia en el que se establecen unas relaciones recíprocas de comunicación y atención, que por una parte, la definen, y por otra, satisfacen las necesidades biológicas, afectivas, cognitivas y sociales de sus integrantes. Se considera como el espacio vital del desarrollo humano, caracterizada por la calidad e intensidad de sus relaciones y afectos,  que garantiza su continuidad, y es generadora de la identidad personal y el desarrollo psi-cosocial de sus miembros, adaptándose a la sociedad para asegurar la continuidad de su cultura.

 

De forma que en la construcción y elaboración de la identidad interviene el adulto respondiendo y adaptando sus respuestas a las necesidades del niño. Pero, la identidad no está definitivamente acabada, sino que evoluciona bajo los efectos de su grupo social, padres, iguales, otros adultos, instituciones, etc.

 

Esta construcción de la identidad es un proceso complejo, conflictivo, contradictorio y, también, multidimensional al tomar en cuenta  las diferentes dimensiones,  afectivas, cognitivas y sociales, que constituyen la personalidad del individuo. Pero, ¿cuáles son las necesidades del niño susceptibles de fundamentar una identidad sólida y creativa?. (Pourtois y Desmet, 1.997). En un primer momento, las necesidades de índole afectiva, y son atendidas a través del sentido de pertenencia y  aceptación que el niño experimenta.

 

Como se aprecia la dimensión afectiva del hombre representa un ámbito en el que la satisfacción de sus necesidades remiten a la dimensión de continuidad inter-generacional, familiar y social, porque el hombre para crecer y desarrollarse de forma armónica y equilibrada necesita sentirse vinculado, aceptado y formando parte de un proyecto parental. Proyecto que elaboran los padres respecto a su hijo o hija, y se refiere al conjunto de representaciones que se hacen sobre su futuro, así como lo que están dispuestos a hacer para que lo alcancen..

 

De modo, que este proyecto será posible si el niño esta afiliado a un grupo, y su primera afiliación es la que le vincula a su familia, constituyendo un fenómeno importante en su desarrollo individual. Esta afiliación se produce gracias al vínculo de apego, se organiza desde los primeros momentos de la vida y se desarrolla progresivamente, gracias a la presencia de acontecimientos familiares ritualizados, apoyándose sobre mecanismos de imitación, que suponen el fundamento de la identificación.

 

 Así pues, el proyecto parental pone en juego componentes psicológicos –conscientes e inconscientes- y sociológicos, incorporándose a la genealogía, porque condensa en él, no sólo los proyectos del grupo familiar, sino también los de las generaciones precedentes. (Ibid, 1.997).

 

En definitiva, el origen del sentido de identidad del niño se fundamenta en el sentido de pertenencia a una familia, formando parte de su proyecto de futuro, y en la que influyen los valores emergentes de la sociedad en la que está inmersa, y actualmente, se caracteriza por un excesivo sentido de libertad individual y  búsqueda de satisfacciones inmediatas. Como indica, Moral Pérez, M.E. (1998, pp 38),  en la escala axiológica de nuestra sociedad encontramos frente a los valores personales, la primacía de realidades más materiales como:

 

Consumismo: Feroz engranaje en el que estamos sumidos, dónde todo vale para conseguir la felicidad, una felicidad muy precaria que no satisface y lleva a seguir ansiando tener cada vez más y mejor, olvidando el ser más y mejor trascendiendo al propio yo. La familia, como núcleo de la sociedad, acepta y promueve el consumismo en el ámbito social, olvidando las relaciones implícitas en los vínculos familiares.

 

Aparentar: Las fachadas que ocultan la auténtica personalidad de cada uno ponen de manifiesto el “tanto tienes, tanto vales. En definitiva, la falta de autenticidad en las relaciones sociales e interpersonales.

 

Sentimiento de amor alterado y turbado por la difundida cultura del placer: Refleja el llamado pensamiento débil que lleva a reducir todo a simple diversidad, que es un rasgo de la filosofía y cultura postmoderna en que nos encontramos donde se acepta una pluralidad cultural sin analizar los factores que componen una ética no reducida exclusivamente al ámbito individual, sino que abarque también la dimensión social. La individualidad pasa por encima del bien común.

 

Pero, no podemos quedarnos en la mera crítica, sino que se han de proponer estrategias para potenciar valores como la participación, la cooperación, la tolerancia, etc., que impulsen prácticas educativas en la familia que construyan vínculos cotidianos, en un clima afectivo de comunicación de dónde surja un entretejido de seguridad y confianza personal basado en la ayuda mutua y aceptación de las diferencias, para favorecer los proyectos individuales y familiares, fundamentados en el ser más que en el tener.

3.      MARCO PRÁCTICO.

 

La experiencia, enmarcada en el paradigma humanístico, cualitativo, interaccionista y ecológico.

 

3.1 Objetivos:

·        ¿Cuáles son las necesidades de proyección de los niños?.

·        ¿Qué proyectos de futuro se plantean los padres  sobre sus hijos?.

·        ¿Cuáles son las pautas educativas de los padres?.

 

3.2.  Población

Han participado 221 alumnos, 57 familias, de cuatro centros de distintos niveles socioculturales. El estudio de los distintos niveles socioculturales se ha hecho por medio de los datos sociodemográficos aportados por el Área social del Ayuntamiento de Málaga (CIMA, 1996), representado cuatro niveles: CN1 Bajo, CN2 Medio, CN3, Medio alto, CN4 Alto..

 

3.3.  Recogida y análisis de datos.

Los conceptos tratados se han definido operacionalmente, como indicadores que guían el proceso de recogida de los datos. La necesidad de proyección se ubica dentro de la dimensión afectiva, que está representada por tres indicadores: necesidades de vinculación, aceptación y proyección

 

A los alumnos se les ha pasado el cuestionario de las Nueve Necesidades de Pourtois y Desmet. La aplicación de esta prueba, a los niños y niñas de los intervalos de 5-7 años, ha sido individualmente, y a los de 10-12 años, por grupos.

 

Los padres han sido entrevistados por medio de entrevistas semiestructuradas, cuya duración fue de una hora aproximadamente.  Las conversaciones han girado en torno cuestiones relacionadas con:

·        ¿Fue un hijo o hija deseado?

·        ¿Qué circunstancias rodearon su nacimiento?.

·        ¿Quién atiende a su llamada de atención ante una necesidad?

·        ¿Cuáles son las respuestas que dan a sus pequeñas realizaciones para reconocer lo que hacen?

·        ¿Qué proyectos tienen sobre futuro de sus hijos?.

 

Con estas preguntas se ha tratado de obtener información significativa sobre sus proyectos de futuro con respecto a  sus hijos, y también sus pautas educativas. Para ello se ha hecho un análisis de contenido de la entrevistas, y se ha relacionado con los resultados aportados por los niños en los cuestionarios.

 

3.4. Variables estudiadas:

·        Necesidad de Proyecto de futuro

·        Edad:

·        Intervalo de 5-7 años

·        Intervalo de 10-12 años

·        Sexo

·        Masculino

·        Femenino

·        Nivel socio económico y cultural

·        Bajo. Medio. Medio alto. Alto

·        Prácticas educativas de los padres

 

3.4.  Tablas de Resultados Cuestionario Alumnos

 

Los resultados que se presentan muestran en porcentajes las respuestas de los niños a la dimensión afectiva, representada por los indicadores: vinculación, aceptación y proyección.

 

 

 

Edad.

·        Intervalo de 5-7 años.Como se puede observar, los niños y niñas presentan la puntuación más alta en la necesidad de proyección.

·        Intervalo de 10-12 años. La necesidad de proyección, también alcanza la puntuación más alta, en este intervalo, salvo en el CN1, dónde los niños de quinto de primaria, puntúan más alto en la de aceptación, aunque la diferencia es muy poco significativa con la de proyección.

Sexo.

·        En esta variable no se aprecian diferencias entre los niños y niñas, excepto los niños de CN1, que presentan la puntuación más alta en la de aceptación.

Nivel socio económico y cultural

·        En cuanto a esta variable, no se aprecian diferencias que se puedan atribuir a los niveles socioeconómicos y culturales del ambiente dónde se desarrollan los niños, ya que en todos las puntuaciones son altas.

 

 

3.5.  Resultados de las entrevistas con padres.

 

El proceso seguido ha sido analizar el contenido de las respuestas, en función de los indicadores referidos a las necesidades afectivas  de vinculación, aceptación y proyección, y hallar los porcentajes en los dos intervalos de edad.

 

Niño deseado.

·        Los resultados muestran que en el intervalo de 5-7 años un 78% de niños son deseados, y en el de 10-12 años, un 76%. Aunque un porcentaje muy elevado de niños es deseado, hay más de un 20% que no lo es, y esto puede conllevar problemas afectivos.

Respuestas a la demanda.

·         En el intervalo de 5-7 años, el 65% de las madres responden a los niños cuando reclaman ser atendidos en sus necesidades y el 24% de los padres, y en el intervalo de 10-12 años, el 50% de las madres y el 31% de los padres. Los padres son justificados por el hecho de estar trabajando y encontrarse fuera de casa para no responder a las demandas, pero no ocurre así con las madres. En el intervalo de 5-7 años hay un 22% de padres y madres que atienden a sus hijos indistintamente, y en el de 10-12 años, el 19%.

Reconocimiento a sus acciones o producciones.

·         En el intervalo de 5-7 años, los padres y madres manifiestan responder con afecto y verbalmente un 92%, y en el intervalo de 10-12 años, el 88%. Con premios materiales sólo reconoce hacerlo así el 16% de los padres, en el intervalo de 5-7 años y el 19% en el de 10-12 años.Algunos no consideran necesario tanto reconocimiento, puesto que hay cosas que hay que  hacer por obligación.

            Sobreprotección o autonomía.

·         Con relación a cuestiones sobre si consideran que se preocupan mucho por su hijo o hija, si tienen miedo a que les ocurra algo malo, etc., el 51% de los padres de los niños de 5-7años y el 50% de los de 10-12, se confiesan sobreprotectores.

 

Expectativas y proyectos sobre el futuro de los hijos.

·         Las respuestas de los padres han girado alrededor de las siguientes frases: “Que haga lo que quiera”, en el intervalo de edad, 5-7 años el 51% y en el de 10-12 años el 13%. Las respuestas: “No lo hemos pensado” y “Que estudie” se reparten en un mismo porcentaje: En el intervalo de 5-7 años, el 22%, y en el de 10-12 años, el 31%.

 

Las respuestas de los padres, muestran que, un elevado porcentaje delega en sus hijos la responsabilidad de perfilar su futuro. Esta actitud se confirma con la percepción de los niños, que presentan un porcentaje muy alto en esta necesidad.

 

4.      CONCLUSIONES

 

Con relación a las necesidades afectivas, los padres y madres de los niños de 5-7 años y los de 10-12, afirman que han sido hijos deseados, en un tanto por ciento bastante elevado.  Sin embargo, parece adecuado hacer una llamada de atención sobre más del 20% que no lo han sido, y reflexionar sobre la repercusión que tiene en su sentido de pertenencia y aceptación de su familia. Este hecho, puede explicar algunas de las conductas que se observan en las aulas, y pueden tener su origen en causas como ésta, puesto que el comportamiento de los padres que han tenido un hijo sin desearlo al que tienen con otro deseado, e influye en la crianza del hijo o la hija.

 

            Las madres siguen siendo las que más responden a las necesidades de los hijos, aún las que trabajan, lo que supone una sobrecarga para ella, así como un motivo de malestar por la falta de apoyo de su pareja, si bien, se observa un paulatino cambio, puesto que existe aproximadamente un 20% de padres y madres que atienden a sus hijos en función de las necesidades de éstos.

 

El nivel de sobreprotección, que han confesado los padres, está equiparado con el de los que consideran que se preocupan lo normal. La excesiva preocupación, miedo y temores sobre sus hijos, está en parte producida por los medios de comunicación que resaltan  noticias de violencia y asesinatos de menores, creando estados de ansiedad e inseguridad, que los padres trasladan a los hechos de la vida cotidiana, impidiendo que el niño tenga autonomía y vaya desarrollando habilidades y recursos personales para resolver problemas y enfrentarse de forma adecuada a sus dificultades diarias.

 

Respecto a  las perspectivas sobre el futuro de sus hijos, observamos los padres de los niños del intervalo de 5-7 años, manifiestan en un porcentaje mucho más elevado que hagan lo que quieran o lo que les guste, que los de 10-12 años, de lo que se puede deducir que los padres consideran que mientras que los niños son pequeños no es necesario ir perfilando su futuro.  Este hecho se relaciona con el cambio que se produce en los padres en su deseo de que los hijos estudien, y se puede relacionar con la edad, ya que se corresponde con los niños del intervalo de 10-12 años. Aunque también hay casi un tercio de padres que no se han planteado nada, en ambos intervalos.

 

Esta situación parece indicar que los padres no tienen conciencia que el futuro sus hijos se va planteando desde que son pequeños, con el tipo de educación que le proporcionan. En general, las respuestas de los padres sobre el futuro de sus hijos, están relacionadas con la necesidad de proyección detectada en los niños.

 

 

5. BIBLIOGRAFÍA.

 

-C.I.M.A. (1.996) Sociodemografía malagueña. Málaga. Ayuntamiento de Málaga.

-DÍAZ, M. (2000, mayo). Psiquiatría. Depresión. Salud. (pp. 8-12).

-MORAL PÉREZ, M.E. (1998, noviembre). Educación crítica frente a los medios: Una tarea urgente en la escuela y en la familia. Comunicad educativa. (254, pp. 36-41)

-POURTOIS, J.P. ET DESMET, H. (1.997) L´Education Postmoderne. París. Presses Universitaires de France.

-QUINTERO VELÁSQUEZ, A.M.(1997). Trabajo social y procesos familiares. Buenos Aires. Lumen/Humanitas.