Educación , cultura y formación de valores en el contexto actual

AUTORA:    M Sc Mirna Riol Hernández

CORREO ELECTRÓNICO:   mirna@rect.unica.cu

INSTITUCIÓN EDUCATIVA:  Departamento de Extensión Universitaria (Ciego de Ávila, Cuba)

RESUMEN:

La educación tiene la misión de permitir a todos sin excepción fructificar sus talentos y sus capacidades de creación.  Se precisa  entonces revalorar los aspectos éticos y culturales de la educación . El desarrollo  del hombre y el conjunto de relaciones sociales que se han originado a su alrededor han caracterizado los componentes cognoscitivos y culturales que  se han atesorado  a partir de la actividad transformadora y creadora del ser humano  a través del devenir histórico y social. En este contexto, producto de intereses sociales, cultura y educación han establecido nexos que se remontan a la esencia propia de la existencia humana, pues  ambos llevan en sí la misión  de formar los rasgos más valiosos de la espiritualidad del hombre, al influir sobre sus sentimientos y pensamientos . Ambas dimensiones resultan los vehículos idóneos a través de los cuales se  ha transmitido las principales  ideas y logros humanos desde los más remotos tiempos.

 

AUTORA:    M Sc Mirna Riol Hernández

CORREO ELECTRÓNICO:   mirna@rect.unica.cu

INSTITUCIÓN EDUCATIVA:  Departamento de Extensión Universitaria (Ciego de Ávila, Cuba)

 

 

En el  Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo ( UNESCO, 1995)  se expresa  " El desarrollo del siglo XXI será cultural o no será ".
Un análisis profundo de las implicaciones  conceptuales y prácticas de este presupuesto   se revela hoy como una necesidad para toda la sociedad contemporánea.
La primera definición que se establece  a partir de dicho análisis es que el desarrollo , entendido en su verdadera esencia, deberá  ser  asumido como desarrollo humano, rebasando tendencias reduccionistas que sólo miren al desarrollo entendido en indicadores económicos.
Esta dimensión humana del desarrollo deberá  integrar como componentes vitales de su alcance a las posibilidades de la educación y la cultura  en función  del mejoramiento  humano.
Los vínculos entre educación y cultura pueden ser abordados desde diferentes puntos de vista y siempre será posible descubrir  sugerentes  nexos e interconexiones. En su sentido más abarcador puede afirmarse  que la educación es un transvase de cultura  como transmisión del legado acumulado.
El primer punto de contacto entre cultura y educación  ha de buscarse en el sujeto activo de ambos: el ser humano que es el único ser educable y cultural La transmisión de  cultura es una de las funciones del proceso educativo, la transmisión de cultura  no es toda la educación pero si es parte de ella . Cultura  y educación fomentan el progreso, el cambio  y el desarrollo , máxime en etapas de aceleración histórica, Ambas son prospectivas.
La educación tiene la misión de permitir a todos sin excepción fructificar sus talentos y sus capacidades de creación.  Se precisa  entonces revalorar los aspectos éticos y culturales de la educación .
El desarrollo  del hombre y el conjunto de relaciones sociales que se han originado a su alrededor han caracterizado los componentes cognoscitivos y culturales que  se han atesorado  a partir de la actividad transformadora y creadora del ser humano  a través del devenir histórico y social.

En este contexto, producto de intereses sociales, cultura y educación han establecido nexos que se remontan a la esencia propia de la existencia humana, pues  ambos llevan en sí la misión  de formar los rasgos más valiosos de la espiritualidad del hombre, al influir sobre sus sentimientos y pensamientos . Ambas dimensiones resultan los vehículos idóneos a través de los cuales se  ha transmitido las principales  ideas y logros humanos desde los más remotos tiempos.

Es una realidad innegable que el contexto socio-económico , político y cultural de la sociedad contemporánea está caracterizado por una crisis de la civilización que se manifiesta en una crisis de ética, de cultura. Esto implica que la formación de valores no siga siendo un tema más para debatir sino que se convierta en una tarea de primer orden a cumplimentar a través de la práctica pedagógica. Facilitar el proceso de aprendizaje y el desarrollo integral, abarcando todas las dimensiones humanas y la promoción de la afirmación de la vida  en todas sus formas, es el eje central de la educación, para ello es necesario atender el proceso de formación de valores que promueve y fomente la clarificación de los mismos.
El desarrollo integral no es posible si no se incluyen los valores. Educar es contribuir  a la formación del hombre en su integridad., y este proceso  no puede llevarse a cabo sin conciencia que lleve siempre al reconocimiento de que la formación de  valores está  detrás de toda acción humana .

En la Declaración   del Congreso Internacional  Pedagogía 2001, celebrado en
febrero del 2001, en la Habana, entre los principales requerimientos para el
logro de una  educación  de calidad para todos, se precisó la necesidad de :

· Focalizar la educación en valores como el núcleo central en la formación de la personalidad de los estudiantes , para lo cual la institución docente debe afianzar , cada vez más , los valores de la lengua materna , la cultura, , la historia, la literatura y la identidad nacionales

· Trazar estrategias que orienten la labor educativa con basamentos científicos y en las que la institución docente se convierta en el centro cultural más importante de la comunidad, que se abra e interactúe con ella , promoviendo una participación activa.

A partir de estos retos,  es imprescindible ahondar en la interrelación existentes entre estos tres importantes aspectos : educación , cultura y formación de valores .
La cultura no es solamente el espacio de la literatura y las bellas artes.
Existen muchas definiciones  conceptuales en relación con la cultura . Pero se precisa asumir un concepto que de forma esencial integre importantes aspectos . Una definición generalizadora que facilita este enfoque resulta asumir la cultura como conjunto de valores, conocimientos, experiencias , creencias , conocimientos, maneras  de hacer,  actitudes  y aspiraciones de los pueblos en una época determinada, vistas en una interfluencia creciente.
La cultura comprende todos los campos de la mente  y de la imaginación,
desde las disciplinas más matemáticas a la poesía.
La cultura y la  educación son factores de enraizamiento  social, y vistas desde el ángulo del desarrollo, ambas se presentan como esencialmente complementarias.
 Los valores no pueden  trabajarse en abstracto, no son elementos que se añaden o agregan al Proceso Docente Educativo, sino que el trabajo con la formación  de valores debe ser la esencia  misma del  proceso,  en el que se preste especial atención a las relaciones internas entre los diferentes componentes, donde  la concepción  didáctica de  cada una de ellos  tribute positivamente  desde una perspectiva  sistémica y coherente a  la formación de valores. 
A partir de este presupuesto se puede establecer que una renovación curricular  no debe  abarcar sólo las acciones eminentemente instructivas, ni ubicar a los  planes y programas en el centro de dicha renovación  sino a la persona y su proceso de desarrollo, logrando  que  el currículum facilite y promueva  las múltiples posibilidades de  la mente humana, donde la formación de valores como núcleo esencial, permita lograr la formación integral como máxima aspiración del  proceso educativo.
Todo esto implica que las propuestas curriculares deban ser  concebidas desde perspectivas enriquecedoras, esenciales, complejas,  donde  se integren sistémica y armónicamente  las intenciones  educativas del profesor y los intereses organizados de los estudiantes. En estas propuestas, será de vital importancia asumir, desde el currículum,   la participación y el compromiso  del estudiante   en   su propio proceso de formación, como premisa indispensable para  que la educación sea un auténtico proceso de desarrollo  integral de los educandos, donde el logro de adecuadas
orientaciones de valor constituye  una condición de primera necesidad.
Esta aspiración no se logrará con la inserción  de cursos o  asignaturas de forma aislada  que sólo conseguirían recargar al currículum de elementos y presupuestos que quedarían a nivel teórico o declaratorio. No se alcanzarían los resultados esperados sin un vínculo sistémico e integrador  entre todas las acciones  y elementos  que integran la propuesta curricular.

Encontrar vías para influir positivamente en esta formación se convierte en una necesidad social. Estos jóvenes con una formación insuficiente no estarán preparados  cabalmente para enfrentar el reto de convertirse  en los agentes dinamizadores del devenir actual.

Las universidades de hoy, cada vez más, se han dado cuenta de la importancia
del proceso de formación integral de las nuevas generaciones. Por lo que las
instituciones educativas, insertas en una dinámica global y globalizante,
están abriendo perspectivas hacia una relevante educación que abarque todos
los aspectos  de la personalidad y potencialidades humanas: el intelectual,
el laboral, el estético, el ético y con una visión armónica  de la cultura.
En este sentido, la preocupación por la formación de valores es algo
evidente. La necesidad de la formación de valores constituye un problema de
amplia connotación en la comunidad iberoamericana, lo que se manifiesta en
la gran cantidad de publicaciones sobre el tema.
Constantemente se realizan gran cantidad de conferencias, talleres,
encuentros, seminarios, etcétera, con relación a este tema. Pero es cierto
que se aprecian aún muchas disquisiciones teóricas  y formales que no
siempre brindan luces y estrategias prácticas para enfrentar estos retos.
Durante mucho tiempo, particularmente a partir del siglo pasado, se descuidó
este aspecto. Los grandes avances de la ciencia y la tecnología hicieron que
el centro de la educación fuera la transferencia de la información. Se ofreció una educación científica, preferentemente informativa, que descuidó el aspecto de la formación espiritual del hombre.

Esta situación no ha cambiado mucho. La gran mayoría de los programaseducativos actuales dan gran importancia a la formación científica y tecnológica, pero descuidan peligrosamente otras áreas del conocimiento, que también son muy importantes. En este tema  están inmersas las más variadas fuerzas espirituales, desde la Iglesia hasta los medios de comunicación, pasando por gobiernos, partidos políticos, escuelas, sectas y congregaciones.
En términos generales, se observa que los fundamentos teóricos para la formación de valores se han desarrollado mucho menos que los propios de la  formación del intelecto. De hecho, el fundamento propiamente pedagógico de los procesos de formación de valores, carece en no pocas oportunidades de las bases evaluativas suficientes que permitan asegurar que quienes han sido  educados en este tipo de procesos hayan resultado mejor formados que otros.
Es muy conveniente desarrollar de forma experimental procesos que permitan
ir descubriendo formas metodológicas que favorezcan la apropiación crítica y
autónoma de valores. Porque, si bien finalmente los valores son definidos en
el ámbito personal, el proceso para llegar a la definición es necesariamente
social e involucra análisis, reflexión, planteamientos de alternativas,
revisión de consecuencias, procesos que sólo adquieren la riqueza necesaria
cuando se realizan en un contexto de discusión respetuosa y diálogo
constructivo con los padres y con el maestro.
La necesidad de sistematizar y evaluar las experiencias ya existentes en
este terreno es de primordial importancia. La ausencia de evaluaciones y
sistematizaciones de experiencias muy ricas es quizás una de las principales
diferencias a subsanar .
A estos elementos se añade el hecho de que tampoco se ha valorado en su
justa medida, las posibilidades que ofrece la dimensión de extensión
universitaria para la formación de valores en los estudiantes, pues esta
importante función de la Universidad, se ha minimizado en relación con la
dimensión curricular.
Con estos presupuestos teóricos se define a la  formación de valores como un
proceso complejo y multifacético por la  diversidad de enfoques que exige:
filosófico, psicológico, sociológico, pedagógico, axiológico, cultural e
ideológico.
Existen muchas definiciones sobre el concepto valor pero una síntesis de
estas permite asumir a los valores  como  componentes de la estructura de la
personalidad que ejercen la función de regulador socialmente significativo
de la conducta y las actitudes hacia el mundo circundante, en el interior
del sujeto cognoscente tanto en las estructuras cognoscitivas, en el plano
intelectual y afectivo de convicciones que se realizan en la praxis social
A partir de un acercamiento a esta problemática  se coincide con las
definiciones que ha conceptualizado José Ramón Fabelo y que contempla los
siguientes aspectos:
Valor :  ( desde la dimensión filosófica): Se define como una compleja
formación de la personalidad, contenida no sólo en la estructura cognitiva
sino en los procesos de la vida social, cultural y en la concepción del
mundo del hombre que existe en  la realidad, como parte de la conciencia
social y en  estrecha correspondencia y dependencia  del tipo de sociedad en
el que se forman los jóvenes.
Desde la dimensión sicológica los valores son un reflejo y expresión de
relaciones verdaderas y reales que constituyen reguladores importantes en la
vida de los hombres

Y desde la dimensión pedagógica se tiene  en cuenta   su formación como
parte de la educación, como conocimiento y como producto del reconocimiento
de su significación que se transforma en sentido personal y se manifiesta
como conducta.
( JR. Fabelo, 1989: 231)
El proceso de formación de valores contiene la relación individuo -
sociedad, donde  tiene lugar  el proceso de sucesión de generaciones y a su
vez cada generación asimila viejos valores, los hace suyos, crea nuevos
valores, producto de las circunstancias y los consolida  formando parte del
patrimonio social.
De esta forma, el proceso de formación de valores de forma abreviada puede
definirse  como un proceso esencialmente educativo, complejo, dinámico y
multifactorial en el que deben tenerse en cuenta los diferentes elementos
del sistema de influencias educativas en el proceso de formación  y
desarrollo  de la personalidad (S. García, 1997:4 )
La enseñanza de los valores abarca tanto el conocimiento como los
sentimientos, las cualidades, motivaciones e intereses.  En este proceso son
importantes las posibilidades que ofrecen el  diálogo, el intercambio de
ideas, la reflexión conjunta, al posibilitar que las ideas sean
interiorizadas y asimiladas en el logro de una mayor sensibilidad que les
permite asimilar los grandes problemas  morales  del mundo contemporáneo. Es
evidente que los valores que no son asimilados consecuentemente  se
convierten en  letra muerta, en simple apariencia o pose.
Los valores no se imponen, se transmiten dentro de un clima  de libertad
humana. No basta con instruir, sino que  ha de madurar el escolar  para
poder  deliberar, juzgar, criticar, sólo aunando deliberación e instrucción
puede fomentar la escuela los valores.
Son conocidos diferentes métodos  para lograr la implicación del sujeto en
el proceso de formación de valores. Se destacan  los métodos problémicos, el
trabajo independiente, el autocontrol y la autoevaluación, la vinculación de
los contenidos con la vida,  y la creación de tareas docentes integradoras
de implicación personal, entendiendo por tal a aquellas tareas en que se
modelan no sólo problemas o ejercicios que exigen la aplicación de
conocimientos hábitos y habilidades, sino que también suponen la toma de
posición en cuanto a problemas éticos relacionados con la vida presente o
futura del sujeto.
A esto se añade  el diálogo y el debate en grupos, la exaltación de modelos
positivos y la crítica de los negativos, la elaboración de metas y
compromisos individuales y colectivos y en general la dirección de la
opinión grupal y el ejercicio de la crítica y la autocrítica.
De modo general las actividades dirigidas a la formación de valores reúnen
algunas características esenciales, tales como ser emotivas e
intelectualmente retadoras, si es que se pretende implicar al sujeto. Deben
ser amenas, atractivas evitando el tedio y el aburrimiento. Siempre que sea
posible propiciarán la cooperación a partir de  la actuación grupal, pero
con responsabilidad individual.
Es conveniente destacar la existencia  de situaciones que obstaculizan este
proceso, tal es el caso de los discursos esquemáticos y reiterativos, la
arbitrariedad, la superposición de mensajes y la falta de compromiso
Con esta lógica, se le confiere una importante misión a la cultura en la
contribución por sus vías específicas a la reflexión ética que se necesita,
al afianzamiento de  valores, a promover el enriquecimiento espiritual
imprescindible. ( A. Prieto: 1999, 21). Esto corrobora el fundamento de que
para  llegar al mejoramiento moral y humano se precisa no sólo se necesita
excelencia profesional  sino una formación cultural íntegra.
Se asume la cultura como aquellas maneras que se van acumulando en
determinados grupos humanos y que envuelven sus percepciones, sus
relaciones, sus maneras de reaccionar más características, como campo de
tradición y de cambio al mismo tiempo, síntesis del modo de vivir, de las
costumbres, las circunstancias en que vive la gente y ante las cuales
reacciona.    La cultura es esencialmente una experiencia humana.
Se puede  resumir esta interrelación expresando que  la cultura es, ante
todo, síntesis y  transmisión de valores o, planteado en similar
perspectiva, los valores sobre los  que se sustenta la vida, son culturales.
Estos presupuestos cobran hoy día especial significación, pues se precisa
oponer a los discursos  hegemónicos y asimiladores,  un sistema valorativo
que tenga como base la ética, la cultura.

La promoción cultural  como mecanismo que permite establecer  una relación
directa entre  el producto  cultural y sus destinatarios,  rebasa las
funciones estéticas, cognoscitivas, comunicativas o recreativas para tocar
aspectos esenciales en el proceso de formación integral del hombre ya que
cumple  una importante función en el establecimiento  de principios
ideológicos  y morales  y en el enriquecimiento de su vida espiritual.
Si se  asumen  consecuentemente estas premisas, se comprende que  la
promoción cultural  no  será solamente  un encargo social de las
instituciones culturales. El concepto  de institución  cultural necesita
ampliarse  y  llegar a la conclusión de que donde quiera que exista un
centro educacional, un centro de investigaciones o  en cualquier contexto de
las relaciones sociales que establezca el hombre, la promoción cultural será
un agente dinamizador  alrededor del cual se establecerán interesantes
mecanismos de retroalimentación creadora.
El proceso educativo deberá  ocuparse de abrir la sensibilidad humana hacia
conductas éticas y estéticas que le permitan al hombre su mejoramiento y
verdadero desarrollo. El desarrollo del pensamiento, junto con la formación
de los valores y sentimientos, deben entenderse como una unidad, integrarse
y no contraponerse.
La Universidad deberá convertirse en un centro dinámico que contribuya a
hacer realidad el ideal de la educación permanente para todos en un proceso
que implique la democratización de la enseñanza hacia el logro de la
participación de toda la ciudadanía, en la misma medida que contribuya a
preservar el legado de las generaciones precedentes y a forjar el porvenir.
En este orden de preservación, adquiere especial relevancia el patrimonio
ético porque los valores que se leguen a las generaciones futuras serán los
cimientos de la sociedad del futuro.
 Se proyectará desde la Universidad un pujante movimiento ético que la
consolide como baluarte de los valores esenciales de la humanidad al
fomentar la participación activa de los ciudadanos en los debates sobre el
progreso social, cultural e intelectual, por lo que se precisa una nueva
visión de la educación superior que  brinde  respuestas a los problemas que
enfrenta la humanidad y a las necesidades  de la vida económica y cultural y
sea más pertinente en el contexto de los problemas específicos de cada
comunidad o entorno social.
En resumen , puede afirmarse que constituye un reto la  dinamización de las
condiciones favorables que posibilitan la creación de  un clima propicio a
la formación de valores, entre ellas se destacan:
· Centrar la educación en las necesidades del proceso de formación del
individuo en las diferentes etapas de su vida
· El respeto a la dignidad, amor y aceptación de la personalidad
individual
· El establecimiento de relaciones humanas de máxima comunicación
· Concebir la escuela como un lugar atractivo al mostrarse como la
principal institución  cultural de la comunidad.
· La promoción del pensamiento creador y las potencialidades máximas
del individuo.
· Desarrollo del pensamiento autocrítico
· Despojar a la enseñanza de posturas autoritarias   o repetitivas.
· Evitar la  inercia, el conformismo, la no participación.
· Respetar y amar  las tradiciones.
· Lograr que el propio contenido de la enseñanza tenga un valor
formador.


CONCLUSIONES
- La formación de valores es un proceso complejo y multifacético sin
el cual no se logra el desarrollo integral  por lo que  debe ser asumido
como el núcleo central en la formación de la personalidad de los
estudiantes.
- Trazar  estrategias que orienten la labor educativa con basamentos
científicos y en las que la institución docente se convierta en el centro
cultural más importante de la comunidad resulta de extraordinaria
importancia.
- En el contexto socio-político y cultural actual hay aprovechar las
posibilidades que la educación y la cultura brindan para la formación de
valores y su influencia en la formación integral de las nuevas generaciones.

 


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