Ensayo sobre "Valores y poder en el tercer entorno"
Título: Hacia la democratización del tercer entorno: reflexiones acerca del gobierno democrático y los valores en el segundo y tercer entorno.
AUTOR:
Fco. Javier Valera Bernal. Profesor de Geografía e Historia. Especialista
Universitario en Comunicación y Educación
PAÍS: España
EMAIL: fvab0001@encina.pntic.mec.es
RESUMEN:
El ensayo presenta una serie de reflexiones acerca de las vinculaciones entre el segundo y el tercer entorno, desde la óptica del poder y de los valores, y tiene como hilo conductor el estudio del municipio como célula social desde la que se conexionan ambos
Autor: Francisco Javier Valera Bernal. Profesor de Geografía e Historia. Especialista Universitario en Comunicación y Educación.
"Hay que civilizar el tercer entorno, pensarlo como ciudad, como ayuntamiento de redes, no como Estado..., hay que democratizarlo y humanizarlo". Estas respuestas de Javier Echeverría a las preguntas de Luis Ángel Fernández en enredando.com, me llevan a realizar una reflexión acerca de las vinculaciones existentes entre el segundo y el tercer entorno, máxime cuando el mismo autor plantea en su obra, "Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno", la cuestión sobre la "urbanización" del espacio telemático. A este respecto, llega a comentar en la misma entrevista que, "cabe pensar en ello siguiendo modelos del segundo entorno".
Desde una perspectiva de poder, hacer la transición desde el "neofeudalismo"[1][1] del tercer entorno, con ejemplos muy claros en los que los usuarios hemos cambiado de "señores", hacia un gobierno democrático, es una tarea que se irá dilatando en el tiempo, y durante esa fase de transición, las referencias seguirán siendo los poderes correspondientes en el segundo entorno.
En este sentido, la institución municipal del segundo entorno podría situarse como un referente válido para establecer posibles conexiones para esa urbanización del tercer entorno, sobre todo si pensamos en que, a nivel municipal, existen estructuras espaciales con unas características propias dentro del conjunto: los barrios y los distritos. Echeverría se refiere, para su modelo de Telépolis, al ámbito medieval: "Propongo organizarlo a la forma medieval y que cada calle tenga su propia forma de urbanización". Es, desde mi modesto punto de vista, un planteamiento de tipo gremial pero pensado para la actualidad como estructura reticular; por ello creo que sería algo similar a un barrio o distrito municipal.
Quisiera establecer una relación entre lo que sería el gobierno municipal en el segundo entorno y su posible proyección hacia el tercer entorno, singularmente al planteamiento urbanístico de Telépolis. Para llegar a esto debemos partir de una serie de valores y en este sentido voy a utilizar un artículo de Arles Caruso sobre "El Municipio hacia el s. XXI", (publicado en www.rim.unam.mx) y titulado "Buen gobierno y ética. Democratizando el poder y la ciudad"[2][2].
Los objetivos son:
q Establecer vínculos entre segundo y tercer entorno desde una perspectiva global.
q Buscar similitudes posibles de cara al periodo de transición hacia la democratización del tercer entorno.
q Plantear las diferencias contextuales que se observan y/o son inherentes a ese entorno.
q Buscar valores vinculados al gobierno municipal que puedan "transmitirse" al gobierno de la ciudad del tercer entorno y que supongan compromisos éticos desde los que cimentar su base social.
El tercer entorno está modificando formas sociales que se han desarrollado en los otros dos y de alguna manera tiene que recibir parte de esta herencia. Arles Caruso dice que "ser buen gobierno municipal viene a significar políticas públicas... dirigidas a un modelo de ciudad o espacio municipal rural". El entorno urbano es, ante todo, cultural y social y en él se han venido constituyendo muy diversas formas de poder, formas que han ido evolucionando y han generado dinámicas sociales, dejando su impronta y su huella, no sólo en las estructuras urbanísticas, sino también en la propia idiosincrasia de la ciudadanía. Esos "municipios", muchos de los cuales son urbanos, han sido la raíz en la que se han ido generando unos valores que pueden muy bien extrapolarse a un posible municipio del tercer entorno. ¿Podemos, pues, plantearnos un municipio en el tercer entorno a partir de un municipio pensado y de futuro en el segundo entorno? Creo que si analizamos las tendencias y la búsqueda de valores para ese municipio futuro, podemos encontrarnos con un punto de partida más ético, desde el cual montar las estrategias de conformación del nuevo espacio en el tercer entorno. Porque una característica del gobierno es la de reorganizar las áreas existentes, pero también la de incorporar nuevas áreas. ¿Podrían ser estas nuevas áreas, espacios sectoriales en los que predomine un tipo de actividad? Esas zonas, llamadas por Echeverría "telecalles", se diseñan como zonas especializadas -"la de los militares, la de los comerciantes, la de los banqueros, el gran mercado"[3][3], y desde el planteamiento que propongo tendrían su equiparación con estas nuevas áreas del municipio del segundo entorno.
Desde ese segundo entorno, un municipio debería ordenarse como constructor del hábitat, ya que éste es responsable del espacio territorial y de las condiciones de vida que ofrece a sus habitantes, y en este sentido, un buen gobierno municipal debe cumplir responsabilidades usando instrumentos tales como el "Plan de Ordenamiento Territorial, que yo llamaría en el tercer entorno "Plan Zonal de Ordenamiento de Actividades". Tendría como base la organización de las áreas y el desarrollo sostenible de las mismas de acuerdo a principios de respeto, solidaridad y equidad. Este Plan, en el tercer entorno, ofrecería un marco de referencia para insertar leyes que regulasen, no sólo las actividades públicas de la zona, sino también las privadas e íntimas.
Un municipio actúa sobre una compleja red de relaciones que se establecen entre los habitantes y entre los diferentes grupos sociales que lo habitan. Por lo tanto, debe constituirse como un espacio de interacción social, al igual que en el tercer entorno si aplicamos el principio de civilidad.
¿Quiénes son los actores del proceso interactivo que debe generarse en el tercer entorno? Creo que la respuesta está en nosotros mismos. En el segundo entorno hablaríamos de actores locales -no olvidemos el concepto de territorialidad en este entorno-, mientras en el tercero haríamos referencia a los actores universales. Este planteamiento es importante desde mi punto de vista porque pone la base de poder en el ciudadano y no en quienes están por encima -"en el aire", ahora, en el tercer entorno. Este sería el punto de partida, el ciudadano, que es libre en un municipio democrático, porque en la concepción del buen gobierno está la idea de "compartir competencias con el ciudadano..., involucrando a la población en los ámbitos de decisión" (Caruso[4][4]).
¿Y los límites? ¿Dónde están? El tercer entorno y su ciudad, Telépolis (Echeverría), diferencian espacios públicos, privados e íntimos. Ya he comentado anteriormente la regulación que podría ejecutarse desde el Plan Zonal de Ordenamiento de Actividades. Los planes de gobierno municipales en el segundo entorno deben ser claros y sólidos a la hora de determinar cómo, a través de políticas y recursos, puede asegurarse a "todos, sin excepciones" el acceso a mejoras en los servicios, que deben ser de calidad. Pero además añadiría que, desde un punto de vista tributario, no puede ser lo mismo lo público que lo privado. Los espacios llamados privados e íntimos en el tercer entorno deben tener sus derechos pero, lógicamente, los ciudadanos que los usen deben responsabilizarse de sus acciones dentro de esos ámbitos y, por supuesto, deben jugar dentro del campo de la ética para todo el conjunto social del municipio. No olvidemos que gobernar bien supone que existan en el segundo entorno, programas y políticas orientadas a la equidad y a la justicia, porque el objetivo prioritario del municipio bien gobernado, tanto en el segundo como en el tercer entorno, son los ciudadanos. Aquí, según Caruso, se establece una disyuntiva ética: ¿pensamos la ciudad como estructura vacía o como base y servicio de quienes la habitan? Actualmente creo que dentro del segundo entorno hay diversidad de ejemplos municipales que ponen sobre el tapete la impronta política de sus gobernantes, dejándose atisbar los principios éticos por los que se rigen, si es que los tienen. Entendiendo que exista esta diversidad de modelos, aunque todos con la "etiqueta de democráticos", no cabe duda que la diferencia con el tercer entorno es evidente porque aquí el poder no se toca ni se ve, está en el aire. Echeverría habla de neofeudalismo en el tercer entorno y pone ejemplos muy claros. En la entrevista que cito al principio, responde a la pregunta sobre los rasgos del feudalismo diciendo que, "no somos propietarios de nuestros instrumentos de trabajo o de entretenimiento -por eso uso la expresión aparcero del aire". Este término es clarificador al respecto, pues la aparcería -desarrollada sobre todo en el ámbito agrícola, supone una especie de contrato en el que ambas partes obtienen beneficios en función de lo que cada uno haya puesto al principio del proceso. Y, claro está, en este sistema, quien pone es quien controla más y proporcionalmente es el que más renta saca. El ejemplo en el tercer entorno está claro: cuando el usuario que dispone de página web inserta publicidad en la misma porque será recompensado por el número de visitas, está estableciendo un contrato en el que se convierte en arrendatario, y en este mundo neofeudal es explotado. El feudo era latifundista y tenía límites territoriales, pero en el tercer entorno no existen esos límites y los feudos son espacios normalmente abiertos porque, según Echeverría, "los señores del aire, luchan por el dominio de las redes, por la información y por los usuarios". De lo que se trata en este sistema es de incrementar la población del feudo, de incrementar la audiencia. Se busca el poder económico y el de la información.
Para estructurar el municipio de forma que responda al ciudadano, debe fomentarse el valor de la eficiencia. Para Caruso, "la eficacia es una obligación ética de las autoridades municipales, pero la eficacia y la eficiencia sin la ética que coloca al ciudadano en el centro de la acción de gobierno, puede ser una palabra vacía". La ética no puede ni debe ser un adorno de los buenos gobiernos, sino su esencia. El tercer entorno tiene en su base un soporte: el de la libertad de pensamiento, de creencia y de expresión, pero aun así, ¿existe la ética en las actuaciones dentro del tercer entorno? Hemos comentado que el objetivo prioritario en las relaciones municipales en el segundo y tercer entorno es el ciudadano, por lo tanto, éste, en su relación con los demás miembros del municipio, debe establecer modelos de comportamiento ético. El fomento de la empatía y su práctica habitual es un valor en sí misma porque, a partir de ella, nos proyecta hacia otros valores como puede ser el de la solidaridad. Si yo trasvaso mi propio yo al otro y me pongo en su lugar, puedo razonar mejor mi propia decisión al dialogar con él. Esto, que puede resultar obvio en las relaciones interpersonales, no parece que hoy se fomente demasiado en la escuela y tampoco en la sociedad. Por lo tanto, desde esta relación dialógica persona-persona, si llegamos a la extrapolación social de la misma, entenderemos la dificultad en las relaciones directas dentro de la sociedad y del municipio en el segundo entorno. Si esto es así en este entorno, en el tercero hay "cosas" que no son reales, con las que dialogamos a través de chat y con las que establecemos contacto por correo electrónico. ¿Establecemos aquí una ética dialógica o perdemos el carácter de obligación moral al eliminarse el contacto directo? Pilar Llácer[5][1] dice que "nuestra instalación frente al otro, del que solo nos llega su identidad electrónica, sus palabras, y en un futuro no muy lejano, su imagen a tiempo real, no tiene imprevistos".
Si somos capaces de desarrollar esos principios éticos en nuestro comportamiento como ciudadanos, en nuestras relaciones sociales y en aquellas que realicemos con el otro ciudadano dentro del tercer entorno, estaremos poniendo las bases de una democracia en el mismo. Por ahora, yo me conformaría con que hubiese una potenciación de la cooperación dentro del tercer entorno, aunque en palabras de Pilar Llácer[6][2], "es difícil que se establezca confianza en un entorno en que la gente no puede estar segura de la identidad de la gente con que se comunica". Esta idea entronca claramente con el principio de la pluralidad de identidades para el tercer entorno, por el cual una misma persona física o jurídica puede tener diversas identidades, en función de las actividades que realice o de su propio decurso vital. En este sentido cabe hablar de la responsabilidad en la relación dentro de este entorno, porque "la responsabilidad es mayor cuando tiene rostro" (P. Llácer[7][3]). Ser responsable significa partir de principios éticos personales, porque lo que hacemos en nuestra vida real debe responder a ellos. Yo iría aún más allá para argumentar lo comentado: cuando dialogamos en Internet y vemos en la ventana de un chat que otra persona contesta a un mensaje nuestro, reaccionamos de alguna manera a ese estímulo, es decir, se genera una interacción que pone en movimiento nuestros sentidos y nos emociona. Si la respuesta nos gusta o nos disgusta, nuestras reacciones varían. Si hemos sido correctos con nuestro mensaje y recibimos una contestación que no responde al sentido del nuestro, inmediatamente tendemos a reaccionar y lo hacemos con emoción. Esto supone que, además, influye en nosotros otros condicionantes, porque todo mensaje que llega a través de Internet, Intranet, videoconferencia, etc, mueve emociones y lo importante sería precisar la clase de emoción y el tipo de activación que logra en el cerebro emocional. En el tercer entorno, todo este conjunto de elementos comunicacionales que llegan en fracciones de minutos están complementados por fuerzas de gran intensidad: la velocidad de transmisión e información, que hace que se genere un conflicto entre el mensaje y la capacidad de procesar información del sistema psíquico.
Siguiendo el hilo conductor del ensayo y volviendo hacia el buen gobierno, cabe decir que éste debe ser honesto y eficiente, no debiendo improvisar sus acciones, sólo proponer, escuchar y decidir. Porque un buen gobierno municipal no administra el hoy, gobierna a través de políticas que "piensa y decide", desde hoy hacia el futuro. Es decir, se estructura como espacio social nuevo que trata de "humanizar" las relaciones entre los miembros de la sociedad que lo componen. Humanizar este ámbito del segundo entorno significa también humanizar el mismo ámbito en el tercero durante esa fase de transición antes reseñada, por la cual las referencias de poder que se tengan en el tercer entorno deberán ser las del segundo. En esa fase transicional, todo lo que se haga en favor de la civilización, democratización y humanización en el segundo entorno, repercutirá en el mismo sentido en el tercero. Y humanizar el tercer entorno significa, entre otras cosas, pensarlo, investigando por ejemplo su historia, su estructura, sus precedentes; pensar el municipio en el segundo entorno significa articularlo adecuadamente, crear una cultura de gobierno para el pueblo. Y cuando hablamos de articularlo estamos introduciendo estrategias de organización -por ejemplo, cómo diferenciar actividades dentro del mismo, porque el municipio del tercer entorno se organizaría en diversos tipos: espacios públicos con telecalles y teleplazas para el desarrollo de actividades financieras, educativas... Esto habrá que organizarlo, pero teniendo en cuenta que el buen gobierno no existe sin acciones orientadas a asegurar oportunidades de incremento de la calidad de vida de sus habitantes, porque el municipio no sólo hace calles en el segundo entorno y diseñaría la telecalles en el tercero, sino que fomenta la mejora de vida de "todos los ciudadanos". Esa calidad de vida debe ser la adecuada para todos, por lo que se deben diseñar estrategias de superación de la pobreza y de las diferencia sociales dentro de su ámbito. Los derechos humanos deben ser respetados en todos los entornos y para que pueda hablarse de un buen gobierno en el tercer entorno, debemos crear leyes básicas que los contemplen, lo que Echeverría llama "Constitución de Telépolis". Una constitución es dada por los ciudadanos y no por los mandatarios (emperadores, reyes...); la diferencia estriba en que la ciudadanía del segundo entorno no es tal en el tercero, sino súbdita de los señores, de los "señores del aire" (Echeverría).
Configurar una nueva estructura de poder en el tercer entorno es cuestión de tiempo, aunque no sabemos cuanto; todo dependerá de los ciudadanos. Javier Echeverría, en la entrevista aludida en este ensayo, habla de que en el tercer entorno "se constituyen también comunas, como sucedió en el medievo", y cita como ejemplo la plataforma Linux. El entrevistador pregunta al escritor sobre la propiedad de los instrumentos de trabajo y sobre las tendencias de futuro, citando esta plataforma, enmarcada según Echeverría, dentro del movimiento de "software abierto". El autor responde que ve el futuro "como un movimiento de insurgencia de los ciudadanos".
Comuna, insurgencia, palabras que invitan a planteamientos ideológicos, pero que dejan ver el estado de la cuestión. Poder en el tercer entorno: ¿evolución o revolución?, ¿cuantificar el proceso de cambio o plantear un cambio cualitativo? ¿Pueden los "señores del aire" introducirse en la comuna? El problema de la constitución de Telépolis es, precisamente, "cómo organizar el gobierno de la comuna".
El municipio del segundo entorno deriva de instituciones estamentales que, poco a poco, fueran dando el poder al tercer estado. Ese tercer estado es el protagonista de las revoluciones y puede convertirse también en protagonista de una revolución dentro del tercer entorno. ¿Cuándo? No lo sabemos, pero cuando el ciudadano siente la democracia en su vida dentro del segundo entorno y se acostumbra a ella, es difícil que se habitúe a formas feudales. Por eso creo que la educación en los medios y en Internet en la escuela es la mejor manera de conseguir no sólo alfabetizar en los medios, sino también fomentar en el individuo -alumnos- un espíritu crítico acerca de los mismos. El objetivo debe ser formar al ciudadano para que llegue al tercer entorno con conductas éticas que generen nuevos discursos y pongan la semilla del cambio en las estructuras de poder.
En una democracia el poder emana del pueblo, pero, ¿hay igualdad social en el segundo entorno? Democratizar la gestión no es sólo dar participación, consultar y ser transparente: supone también democratizar la ciudad, los espacios, rompiendo la estratificación que divide la ciudad de hoy en varias ciudades, la de los ricos y la de los pobres. Se ha dicho que Internet, como herramienta de globalización, ha generado diferencias y ha separado más a los dos mundos, llegando a hablarse de países "inforricos e infopobres"[8][1]. Conformar, por tanto, zonas de actividad por telecalles, teleplazas, etc, es diversificar por materias, pero no socialmente. Puede que surjan barrios con una determinada lengua o cultura dentro del tercer entorno, pero siempre existirá una multiculturalidad y un plurilingüismo global en todos los sectores. Esto es lo ideal, forjar un sistema social equitativo y universalizar la ciudadanía del municipio del segundo y tercer entorno, mediante el avance de la práctica social y de la solidaridad.
Actitudes responsables de los gobiernos y de los ciudadanos no son estrategias, sino compromisos éticos, porque un buen gobierno democrático "respeta y desarrolla los derechos de todos, pero además consulta, abre e impulsa canales de participación, informa, responde a la ciudadanía, acepta y respeta el control y evalúa" (Caruso). Esta frase de Arles Caruso deja una interesante reflexión: el control del ciudadano con respecto al poder. El modelo que se construye cuando se "piensa" un municipio democrático debe contener los instrumentos para desarrollar esa participación ciudadana. Y en el tercer entorno esto debe ser básico si queremos construir unos buenos cimientos para el municipio o la ciudad. Hacer accesible este entorno significa que sus ciudadanos puedan ejercer el control sobre él, enriquecerlo con sus aportaciones, reforzando la interactividad, pluralizándolo e impidiendo toda forma monopolística de poder dentro de su seno, porque "la libertad de expresión y la democracia en general pueden prosperar en la era de Internet sólo si cada uno de nosotros realiza los sacrificios exigidos" (A. L. Shapiro[9][2]).
"No creo que este espacio pueda ser democratizado en varias décadas, dada la estructura de poder vigente" (Echeverría -entrevista). El autor es claro a la hora de afirmar esta tendencia, pero antes hemos hablado de la propiedad de los instrumentos de trabajo. "¿Quién controla qué?", se pregunta en su artículo Esther Dyrson[10][1], presidenta de Electronic Frontier Foundation. En los sistemas de producción existen los modos de producción: esclavista, feudal, capitalista. ¿Quién "detenta" el poder? ¿Quién tiene los medios de producción y cómo se generan las relaciones de producción en el tercer entorno? Esas relaciones implican una mano de obra que en el nuevo entorno está en casa -ciudadanos que teletrabajan. Su participación en el proceso productivo es importante porque generan riqueza con su trabajo, no obstante son "trabajadores explotados" por un poder "detentado" por los "monopolios del aire". Echeverría, para democratizar el tercer entorno, propone en la entrevista, "la constitución de dos cámaras según un esquema renacentista: una cámara de los lores y una de los comunes. En la de los comunes estarían los comuneros, gremios como los científicos, los médicos, los maestros..., gente fundamental para el desarrollo de Telépolis. En estas cámaras es donde se acordarían las regulaciones. Esto sería un paso hacia la democratización del tercer entorno".
El municipio debe plantarse en el siglo XXI desde la ética y el buen gobierno. Durante este siglo los seres humanos vivirán en los tres entornos. Las grandes cuestiones políticas, económicas, sociales y humanas tienen su lugar en los países, en las ciudades, en las casas y en los espacios naturales. Debemos tener presente la protección de todos estos espacios, porque si en ellos no podemos vivir, difícilmente lo podremos hacer en el tercer entorno. Los problemas de un municipio, el medio que nos rodea, lo cercano a nosotros, debe preocuparnos. En la medida en que seamos capaces de adquirir compromisos éticos en ellos, podremos integrarnos en un municipio del tercer entorno con garantías de formar parte de una sociedad más justa dentro de él.
Ética y gobierno, ética y tercer entorno. No habrá ética de gobierno si no hay en los gobernantes. Y no la habrá tampoco en sus planes y acciones concretas si no hay una priorización por los más necesitados, los excluidos y los discriminados. No vaya a ser que descuidemos esto en el primer y segundo entorno y lo arrastremos al tercero. Si queremos socializar unas nuevas perspectivas de trabajo en el tercer entorno, tenemos que ser coherentes primero en los otros dos, porque esos entornos aún necesitan ser democratizados y humanizados. ¿Humanizar el tercer entorno? Sí, pero humanizando antes el primero y el segundo; no vaya a ocurrir que seamos solidarios con un ciudadano de una telecalle y no con uno de mi pueblo o de mi ciudad. Por ello, insisto en los componentes éticos, porque el fomento de los valores en la persona siempre repercutirá en sus actuaciones en cualquiera de los tres entornos.
Quizás haya sido demasiado utópico, pero creo que la ilusión y los sueños forman parte del ser humano y es bueno que fluyan para dotar de algo de romanticismo al cambio que precisa el tercer entorno. El poder neofeudal debe ir dejando paso al democrático. ¿Cuándo ocurrirá? No lo sabemos, pero no cabe duda que, generando valores de compromiso ciudadano lo haremos posible entre todos.
Bibliografía:
- Dyson, E.: ¿Quién controla qué? Lecturas en el CD-Rom Recursos. UNED. NTEDU.
- Echeverría Ezponda, J. (1999): Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno. Barcelona. Destino.
- Llácer, P.: "Elementos para una tele-ética. El reconocimiento del otro en el ciberespacio" Cuadernos Ciberespacio y Sociedad, nº 3, p. 2. Marzo 1999.
- Marí Sáez, V. (1998): Tecnología y sociedad. Madrid. UNED.
- Shapiro, A. L.: ¿Es democrática la red? Lecturas en el CD-Rom Recursos. UNED. NTEDU.