Revista Candidus No.17 - Septiembre/Octubre 2001

 

Solveig Villegas Zerlín

ELEMENTOS HISTORICOS DE UN RINCON DE LA COSTA VENEZOLANA VISTOS A TRAVES DE LA NOVELA “CUMBOTO” DE RAMON DIAZ SANCHEZ

Cumboto, es sólo una porción de la extensísima costa de Venezuela, más no por ello deja de albergar cientos de elementos vivientes y latentes en ella aún a través de los siglos. Ramón Díaz Sánchez devela, lenta y claramente a lo largo de su obra “Cumboto” el pasado de esta región, el impacto que en ella ocasionó el proceso de colonización -que como parte del nuevo mundo le alcanzaría- la llegada de los negros a esta tierra luego de haber huído de sus captores blancos y, con el pasar del tiempo, su participación en las luchas internas de independencia del país que los acogió. Esta novela se recrea en la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX. La gran hacienda de explotación de cocos, los amos blancos y sus trabajadores negros son sus principales actantes desde el principio hasta el fin. Es importante destacar, que la hacienda El Rincón ubicada en Borburata sirvió de marco e inspiración para que Díaz Sánchez contextualizara su obra y creara la historia. En este “cuento de siete leguas”, el autor más que narrar, pinta con admirable detalle un rincón de la costa venezolana, reverenciando la sinfonía de colores que encierra su belleza natural y describiendo la actitud que ante ella adoptan quienes la habitan.

            Así, se hilvana una historia, surcada a su vez de muchas historias. Y es que en la región de Cumboto convergen dos mundos completamente diferentes: el del blanco hacendado, terrateniente y amo, descollante entre todos los estratos sociales de un país mellado por las guerras, que gracias a su vastedad y riquezas le ofrece todo lo que necesita y mucho más.

            Blancos criollos y extranjeros se adueñan de la tierra, viven de ella, la dominan y la gobiernan. El otro mundo pertenece al negro: refugiado y recibido por estas costas antes que el blanco, no obstante, es el último en el estrato social. El negro africano es quien provee al blanco de la riqueza de la tierra, porque el negro es la tierra misma. Sometido al blanco primero bajo el peso de la esclavitud, con el paso del tiempo pasa a ser su trabajador a cambio de simple salario, vida y protección. Su mundo es radicalmente distinto al de su patrón.

            Resulta una realidad casi totalmente desprovista de intelectualidades. En contraste, la sensorialidad es el gran relieve de su vida. Lo espiritual, el fetichismo, junto a una emotividad inusitada son factores traídos del continente africano, que crecen y se enriquecen en este al que ha hecho su hogar. No existe límites para su fe, en contraposición con la del blanco, dado que se bifurca en dos perfiles: la creencia divina cristiana junto a la pagana. La primera adoptada al vivir bajo el yugo del blanco, condición sine qua non para sobrevivir; la segunda se asienta en la profundidad de sus raíces étnicas, primitivas, trocando el otrora politeísmo por un conjunto de subdivinidades, fetiches y supersticiones. Ambos perfiles constituyen la visión cosmogónica del negro.

            En tal forma, detrás del sometimiento de vivir una existencia al margen, el negro se expresa a través del golpeteo del tambor, de las danzas en noches interminables, del jugar a los cocos “echar los cocos”, del contar historias y de mil maneras sencillas e imaginativas. El universo del negro con sus narraciones y parloteos es infinito. La tierra, sus colores, sus aromas y todo cuanto en ella existe le es conocido y se confunde con sus propias texturas. Es por ello que el mundo del blanco, comedido, disciplinado y dominador intenta alzarse sobre éste inútilmente, sin poder contenerlo. Nuestra historia está narrada a través de los ojos de un negro: Natividad, que, siendo servidor leal de la gran hacienda de la región tiene acceso a ambos mundos. Al del negro por provenir de allí y posteriormente volver a él; al del blanco por criarse dentro, desarrollando una gran afinidad con su atmósfera y su gente.

            El ambiente en el que se desarrolla la novela tiene como escenario principal a la hacienda “Cumboto” así nombrada por el autor dentro del relato. No obstante, existe un lugar que constituye el centro de las dos dimensiones de la narración: la casa blanca. Es allí, en la imponente y serena morada de los señores blancos donde comienza la voz de “Natividad” a susurrar la trama, describiendo su vida entre dos aguas. Los espacios de esta inmensa casa giran y se muestran al lector sumiéndole en el sopor colonial de su mobiliario, sus pisos eternamente brillantes, sus corredores, sus escaleras y su silencio jamás perturbado. Asimismo, esta mansión encierra la luz entre sus paredes blancas: fuera de ellas las sombras, el misterio del mundo indómito del negro parece ser apenas surcado contadas veces por los rayos del sol que se cuelan entre las copas de los árboles de la tundra. Una vez más, elementos contrapuestos: luz y oscuridad se yerguen para delinear las vidas del amo y el trabajador. La casa blanca, albergue de la luz de la civilización y la rigidez de personajes cuyas vidas persiguen mantener una postura europeizada en medio de una tierra en la que impera la naturaleza salvaje y umbría que todo lo alcanza, palpitando incluso en la piel oscura y brillante del negro.

            Así entonces, el primero de los referentes históricos que llamaremos formales dentro de la narración, es la delimitación de las zonas cercanas a la región de Cumboto durante la colonización. Luego, el autor alude a la fundación de la compañía Guipuzcoana y sus objetivos en el país, dadas las riquezas de éste. Sin embargo, tales ideas desembocan en la verdadera intención del autor: establecer los momentos y razones de la llegada de los negros a las costas venezolanas. Díaz Sánchez remite a una realidad primera a partir del choque de dos mundos, posteriormente la colonización y el comienzo de la explotación por la Guipuzcoana, pero no deja de dar relevancia al hecho de la primacía de la presencia negra en el lugar antes que nadie. He allí el sentido de pertenencia de los negros a estas tierras costeñas, que halla su justificación en haber sido los primeros, lo que explica la naturaleza de sus raíces socio-históricas.

            “Antes de que existiera Puerto Cabello la población más próxima a estos pasajes era la Borburata, situada a la orilla del mar, entre la sabana de Santa Lucía y la playa que llaman de Gañango. Era un pueblo laborioso, pero condenado por el destino a vivir poco tiempo. Cuando Lope de Aguirre invadió el país, sus habitantes lo abandonaron y reinó una casi completa soledad en estos contornos. Algún tiempo después se formó la compañía Guipuzcoana, una empresa capitalista creada en España para explotar las riquezas agrícolas de Venezuela (...) Generalmente se cree que la gente de Borburata y la gente de la Guipuzcoana fueron los primeros pobladores, pero esto es un error: antes que ellos habían venido los negros (...) eran esclavos africanos escapados de los depósitos que los negreros europeos poseían en Las Antillas” “Cumboto” pp. 9-10. 

El segundo referente histórico formal que hace Díaz Sánchez nos remite a otro momento de la realidad venezolana, en el año 1874 época de la guerra federal venezolana, tiempo de revolución, desórdenes y desidia. A la cabeza de la nación el general Antonio Guzmán Blanco y su afición e interés por los ferrocarriles y las conexiones posibles que mediante estos podían establecerse. Estos hechos sirven de antecedente al autor para entretejer su historia.

            “Acababa de triunfar uno de esos desórdenes que aquí llaman revoluciones y la palabra federación servía para justificar cuantos disparates son capaces de concebir los locos de este país (...) era un maniático de los ferrocarriles y andaba de un lado a otro hablando de ellos. En realidad, dijo, el proyecto de un ferrocarril entre el puerto y las principales poblaciones del interior, existía ya, formalizado por un grupo de capitalistas porteños” “Cumboto” pp. 35-36.

            En esta obra, el autor alude constantemente a la guerra, la guerra en 1814, en 1830, en 1870, siempre la guerra. Por su temperamento recio y su naturaleza luchadora, el negro está indisolublemente unido a ella, en todos sus momentos, en cada batalla y bajo el mando de los distintos generales patriotas. Su constante es la búsqueda de una libertad definitiva, de un bienestar que a veces pudo resultarle inalcanzable. Durante el proceso de las diversas guerras, el negro se topa con una realidad aún más violenta y fiera, que con ello, le brinda la oportunidad de tomar repetida venganza contra el blanco. En las batallas, formando parte del bando patriota y bajo el mando de Páez o de Zamora pudo tomar venganza en nombre de la patria y del suyo propio- en contra del blanco peninsular, oponente y opresor, el español que una vez secuestró a sus antepasados en su África natal, aquel que le hizo esclavo y le asesinó innumerables veces.

            Ahora, en esta nueva tierra, lo enfrenta como americano. Pero, así también, el negro cobra venganza entre batallas, durante el sitiar de las ciudades y sus conquistas, en medio de los saqueos, esta vez contra los blancos criollos -aunque hijos de extranjeros, venezolanos también- robando sus casas, violando su gente, quemando sus propiedades.

            No obstante, resulta innegable la fuerza de la población negra, que se ha mostrado asombrosamente resistente enfrentando las realidades socio-históricas a las que se ha visto sometida, desde la colonización hasta su posterior inserción en el proceso de independencia y en este caso, el establecimiento de la República venezolana, ya no como víctima sino como protagonista activo y de primer orden para su realización.

            En relación con esto, otro de los referentes históricos formales que apunta Díaz Sánchez en su obra es el siguiente:

            “Cuando el catire Zamora asaltó El Palito y derrotó ahí al bravo coronel Pinto, casi todos los que le acompañaban eran negros de este litoral: de Morón, Sanchón y Alpargatón (...) Todos estábamos pendientes de los jefes esperando que nos dijeran: “Saqueo libre, muchachos”. Saqueo libre quería decir entrar a las casas de los mantuanos -y de los que no eran mantuanos también- y arrasar con lo que encontráramos (...) En 1814 fue el general Ribas quien se apoderó de las tierras costeñas. Luego el general Mariño. Así pasaron más de diez años hasta que un día se presentó el general Páez y todo cambió (...) Fue necesario que vinieran otros generales -los hermanos Monagas- para que la libertad fuese un hecho cierto. “Todos ustedes son libres ahora” ¿No lo saben? Sí, libres como el aire, como los pájaros” “Cumboto” pp.54-59. 

            A través de la lectura de “Cumboto” es posible descubrir la cantidad de poblaciones que comenzaron siendo asentamientos negros. Entre tales podemos mencionar: Quizandal, Patanemo, Morón, San Felipe. De tal manera, la relación negro-blanco se inició violentamente, y aún el presente en muchos rincones no ha logrado conciliarla, màs, nuestro país y en especial la zona costera, debe en mucho su bagaje cultural y vida económica al trabajo y la lucha cotidiana de la población negra, desde el principio arraigada en ella.

            El autor sugiere, a lo largo de su historia, la unión de las dimensiones del blanco y el negro, aparentemente irreconciliables, como vía para el surgimiento de la nación. La caracterización exhaustiva de ambas, junto al hecho de que confluyen como principales protagonistas de la narración sirven al autor para, en un principio, establecer su contraposición y luego presentar la inevitable vinculación de las partes. Y es que el mestizaje como fusión ha aportado componentes que hacen de la sociedad actual un ente pluriforme: así entonces aquellas dimensiones en principio ajenas, fueron acercándose hasta hacerse una, auténtica e irrepetible.

            Resulta válido asumir también que, esta obra de Díaz Sánchez enfoca el apego de los blancos hacendados por las costumbres europeas como un elemento que, en forma progresiva, fue difuminándose, desvaneciéndose, ante el surgimiento necesario de una sociedad de tendencias, metas y valores centrados en su propia gestación.

            Abordar la obra “Cumboto” no sólo proporciona al lector una visión pormenorizada del estado de las costas venezolanas en sus orígenes, sino que le permite establecer conexiones y sopesar la importancia de conocer el pasado para comprender el presente. De igual manera, la naturaleza artística de la misma resulta en un soporte que la enriquece aún más como unidad que trasciende la referencia de la realidad hasta alcanzar lo estético.

            La relación existente entre la obra y el acontecer histórico de la costa venezolana, denota un profundo arraigo del pasado en la actualidad social, económica, cultural y religiosa; es válido asumir entonces, que la historia es un presente en constante transformación.

            Cumboto y sus zonas aledañas albergan fascinantes elementos en la memoria del pueblo, tales que son prueba fehaciente de sus raíces, su origen y asimismo, constituyen el escenario en cuyo marco la obra de Díaz Sánchez se extiende a los ojos del lector, vinculándole con el pasado y enriqueciendo el presente.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

Díaz S, Ramón. (1997) Cumboto. Cuento de siete leguas. Caracas, Venezuela: Editorial Panapo. 

Enciclopedia Salvat. Diccionario. (1972) Barcelona, España: Salvat Editores S.A.

Lowenthal, L.(1973) La Literatura y la Imagen del Hombre. Caracas: Ediciones de la U.C.V.

Solveig Villegas Zerlín

Estudiante 9no. semestre de la mención Lengua y Literatura. Facultad de Educación. Universidad de Carabobo.

www.revistacandidus.com
© Copyright 2000 CERINED, ONG