Revista Candidus No.15 - Mayo/Junio 2001

 

Morelys Sánchez

 

LA EVALUACION DEL PPP

 

Una de las innovaciones más significativas de la Reforma Educativa ha sido indudablemente el Proyecto Pedagógico de Plantel, ya que su pretensión es ubicar a las escuelas en un escenario de participación, que responda a las demandas de cambio y a la realidad social, económica y cultural del país.

            En sus inicios fue definido por Cárdenas (1995) en el Plan de Acción, como un conjunto de acciones planificadas por los docentes, directivos y miembros de la comunidad educativa; orientadas a fortalecer los aciertos de la escuela y a resolver los principales problemas pedagógicos. Concepción, que aún tiene vigencia, por cuanto el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (2001) en los Aspectos Propositivos del Proyecto Educativo Nacional (PEN), reconoce que el éxito de La Reforma y de la aplicación del Currículo, depende del compromiso y la implicación de los actores escolares, sugiriendo una “Asamblea Educativa Permanente” donde la observación, investigación y evaluación sean utilizadas como estrategias para la concreción de la “Democracia Escolar”.

            Como puede verse, en los planteamientos de finales del siglo XX, como en los del nuevo milenio se promueve la participación, la asunción de responsabilidades y compromisos, el sentido de pertenencia y pertinencia, el consenso, la búsqueda de soluciones, la autogestión y sobre todo el abordaje de procesos evaluativos e investigativos que permitan el reconocimiento y valoración de la institución escolar, en cada uno de sus aspectos.

            Desde esta perspectiva, se requiere fomentar una cultura evaluativa que permita a los actores escolares, la reflexión valorativa y sistemática del quehacer pedagógico y destierre por completo la concepción que se tiene de la evaluación como proceso cuyo fin es enjuiciar, fiscalizar o asignar connotaciones socialmente negativas.

            En este sentido, la evaluación en los Proyectos Pedagógicos de Plantel, se constituye en un instrumento de ayuda, toda vez que pone de relieve ¿qué está ocurriendo y por qué?, y aporta información útil sobre los avances, las deficiencias y las necesidades; con el objeto de tomar decisiones que permitan la reorientación del proyecto e impulsen su mejoramiento.

            No obstante, la evaluación del PPP, como proceso sistemático, debe ser sometida a una planificación previa, en la que se consideren aspectos como los definidos por Ruiz (1998)

*          Fase de Planificación:

            Debido a que el objetivo de esta fase es la realización del Plan de Evaluación del Proyecto Pedagógico de Plantel, hay que considerar lo siguiente:

Se inicia con la definición de la finalidad de la evaluación, luego la selección del modelo de evaluación (Stufflebeam, Shinkfield, Rotger, Casanova, entre otros) que se asumirá, a partir de la cual se determina el tipo de evaluación (diagnóstica, de proceso o final). Seguidamente se definen los agentes evaluadores: interna, externa o mixta (autoevaluación, heteroevaluación o coevaluación) se refiere en este caso a quién o quiènes participan y/o administran la evaluación.

            Posteriormente se consideran los aspectos y/o actores escolares, que se evaluarán (organizativo, pedagógico, social, clima escolar, la comunidad educativa, los docentes, el personal directivo o todo en su conjunto) de esta manera se definen las dimensiones que orientan la realización de los indicadores que permitirán la redacción de los itemes que conformarán el o los instrumentos que se utilizará para la recolección de la información.

  En esta fase además, se preven los mecanismos de discusión y elaboración de conclusiones, así como también la temporalización de las diferentes fases y la asignación de responsabilidades.

*          Fase de Ejecución:

            La finalidad de esta fase es recoger la información. Del rigor con que se ejecute, depende la fiabilidad y veracidad de la información.

*          Fase de Elaboración y Divulgación del informe Final:

            En esta fase se elaboran las conclusiones y las recomendaciones, en función de la finalidad de la evaluación y de los objetivos perseguidos por el Proyecto Pedagógico de Plantel. Se analizan los logros, las debilidades y fortalezas encontradas. De manera, que sus recomendaciones sean pertinentes y útiles para la toma de decisiones.

             Estas cuatro fases son recomendables, independientemente del enfoque: cualitativo y/o cuantitativo, que se asuma en la evaluación. Ellas constituyen en su conjunto, un proceso sistemático y organizado que permite controlar la ejecución de cada fase, abriendo la posibilidad de realizar con mayor facilidad la metaevaluación.

            Ahora bien, antes de elegir el enfoque, se ha de tener en cuenta que el PPP es un documento vivo, es la concreción y expresión de una realidad ideada por un colectivo; lo que le asigna tal complejidad que sus variables no pueden aislarse, por el simple hecho de utilizar tal o cual enfoque. Por tanto, si lo que verdaderamente interesa es el estudio del PPP o de su equivalente “La Escuela” en todos sus aspectos, entonces, ambos enfoques serán necesarios.

            Para finalizar, se señala que los Proyectos Pedagógicos de Plantel como instrumentos que orientan la acción educativa a largo plazo, que permiten un trabajo ordenado y secuenciado, como carta de presentación de lo que es considerada la instancia de concreción de todas las Políticas Educativas del País: La Escuela; exigen que no solo los actores escolares y las comunidades educativas desarrollen una cultura evaluativa sino, también, los entes gubernamentales que tienen en sus manos, en mayor proporción, el compromiso de mejorar la Calidad de la Educación en el País.

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