MAPAS MENTALES Y ESTRATEGIAS DE EXPLOTACIÓN DEL TERRITORIO HUMANO

 

ANTONIO P. MUÑOZ‑CAMIÓN

 

La cartografía mental, como formalización rigurosa de las representaciones subjetivas del espacio, tiene importantes aplicaciones. La Teoria de la Comunicación aporta así nuevos elementos a las concepciones sobre el espacio.

 

El concepto mapa mental comienza a ser un punto teórico de confluencia entre diversas disciplinas que plantean el estudio del espacio y de su representación cognitiva subjetiva por parte de los individuos en sus relaciones con una cultura determinada. La cartografía mental es una técnica que permite formalizar los resultados de las actividades cognitivas organizadas, mediante las cuales percibimos, recordamos y tratamos las informaciones referentes al entorno espacial.

Asimismo, la cartografía mental permite describir, con técnicas formales especializadas, las acciones derivadas de dichas representaciones; si los procedimientos proyectivos de investigación, como señalaré más adelante, pueden llegar a establecer cuál es el mapa mental que tiene una persona sobre un territorio dado, la cartografía mental tiene por misión realizar el tratamiento de los mapas de todos los individuos estudiados y establecer un atlas mental que constituya una media, como las medias estadísticas, de la forma que el conjunto de los individuos tiene de concebir ese territorio. Sin embargo, solamente con el concurso de la Teoría de la Comunicación es posible, como se verá a continuación, llevar a cabo un estudio sobre las representaciones que los individuos construyen sobre los diversos territorios.

Una anécdota bastará para ilustrar la naturaleza de estas acciones, que son cotidianas y repetitivas, tanto como la elección de recorridos en las grandes ciudades, la identificación de los más cortos o de los que se piensa son más cortos, etc. Se trata de la frustrada caballerosidad del recluta Manrique. A Manrique lo habían enviado a cumplir el período de campamento militar a un pueblo de notables dimensiones cercano a Madrid. Manrique apenas había salido de su aldea en las tierras altas de las montañas entre Asturias y León. A la mitad de su campamento, recibió una visita de la novia y de su hermana. Después de pasar los tres toda la tarde juntos y de contar a las dos chicas todas y cada una de las peripecias acontecidas en los primeros y siempre tristes días de mili, Manrique les propone, antes de volver a su cotidiana realidad y como buen caballero y aprendiz de anfitrión, dar el último paseo, acompañándolas a la pensión en donde éstas se habían hospedado. Y aquí se planteó el cruel desenlace, no demasiado poético, de la tarde.

Después de mirar angustiosamente a su alrededor intentando encontrar el lugar que tan cerca se adivinabs, mientras una de las chicas se quedaba muda, la otra le dijo a Manrique con nervisiosismo: “No sé, No sé. Ya no sé ir al hotel desde aquí. Creo que nos hemos perdido. Todo parece igual. Si quieres acompañarnos tendremos  que empezar el recorrido desde el primcipio y seguro que nos orientaremos; llévanos a la estación del tren”. Pero lo peor de todo fue la respuesta de Manrique, quien todavía más compungido y a pesar de saber que no debía estar muy lejos la pensión, les tuvo que responder: “Dios mío, la única forma de llegar a la estación que conozco es desde el cuartel. Si queréis que os lleve a la estación, vamos corriendo al cuartel". Pero cuando se dieron cuenta del problema ya era demasiado tarde para resolverlo.

 

LOS MAPAS MENTALES NO COINCIDEN NUNCA CON LOS GEOGRÁFICOS

 

Es evidente que el mapa mental de Manrique sobre el lugar en donde estaba haciendo su mili no era muy completo y las dos chicas carecían prácticamente del mismo. De la misma manera, la mayor parte de la población tiene una representación del espacio "itinerante" en términos de A. Leroi‑Gourhan más que "irradiante"; es decir, generada a partir de recorridos sobre el territorio y en menor medida a partir de la concepción global de la superficie territorial. Son precisamente las acciones cotidianas las que conforman un tipo de imagen del entorno de la cual se derivan los denominados mapas a los que cada individuo concreto recurre en un momento determinado.

Estos mapas son representaciones del mundo como todas las demás y contribuyen a conformar y consolidar la cosmovisión de una cultura; son modelos que sustituyen al entorno e incluso a los modelos que describen convencionalmente el entorno, como son los mapas de los geógrafos o los planos de los arquitectos. Sin embargo, en ningún caso mantienen un isomorfismo con respecto a esos otros modelos que dan cuenta igualmente del territorio con una pretensión objetivadora, como los citados.

Por ejemplo, los límites de los países y de las regiones aparecen imprecisos en los citados mapas mentales; las zonas fronterizas suelen especificarse de forma incorrecta. Con respecto a España, en un trabajo que he realizado recientemente ("Canes mentales", E.H.E.S.S. París. 1987), pude descubrir que muchos franceses definen Galicia como tierra portuguesa y, sin embargo, la zona equivalente del sur de Portugal creen que es española; así mismo, y con respecto a las distancias mentales, unos tienden a aproximar Madrid a París, situándola en Soria y otros la alejan, llevándola hasta Jaén, más o menos, en un intento de aproximarla a la Costa del Sol, que es el lugar que conocen preferencialmente y valoran en nuestro país. De manera inversa, ciudades como Bonn o Londres, con las que los franceses siempre han mantenido una relación ambivalente, tienden a alejarlas mentalmente más de París de lo que geográficamente se encuentran.

En efecto, los mapas mentales se caracterizan por no ser completos, con respecto a su objeto de referencia ni, desde luego, ser exactos. Están construidos sobre la base de informaciones a propósito de la direccionalidad y con el objeto de dimensionar y posibilitar la apropiación primero, cognitiva, y luego, ejecutiva de los contextos en los que se llevan a cabo las actividades más cotidianas. Al igual que sucede en el reino animal, el ser humano, salvo en las culturas trashumantes, establece y define formalmente determinados lugares concretos que sirven como puntos de referencia de las relaciones espaciales que lo vinculan con el exterior.

Estas actividades tienen un origen y desarrollo cognitivo diferente en función de la edad del individuo, de su idiosincrasia y experiencias personales, del sexo, de la raza, religión, lugar de residencia, etc. En resumen, el mapa mental de cada individuo es único; las variaciones en la representación espacial de unos y otros individuos se pone de manifiesto en las deformaciones introducidas por cada individuo o grupo, en los "agujeros negros" no representados, por desconocidos o por ignorados, y en el cambio de escala introducido sobre las representaciones coincidentes entre sí.

Los mapas mentales cambian constantemente, influidos, por una parte, por las intervenciones de la cultura en las relaciones entre grupoentorno y por otra, por la mediación que llevan a cabo los medios de comunicación de masas. Es difícil deslindar entre sí ambos procedimientos, porque lo único que permiten por ahora las técnicas de cartografía mental es identificar y objetivar el mapa mental final medio que resulta operativo para el comportamiento cotidiano de una población dada, sin llegar a conocer cuál es su procedencia; esta será precisamente una de las tareas de la Teoría de la Comunicación y la Antropología.

 

LAS REPRESENTACIONES DEL ESPACIO ESTÁN MEDIADAS

 

Puede afirmarse que la representación del entorno de la mayor parte de los individuos procede tan sólo en una ínfima parte de su experimentación directa, es decir, de la relación inmediata con dicho entorno y sin embargo sí se basa en mayor medida sobre la información que proporcionan los medios de comunicación de masas, así como de otras instituciones tales como la enseñanza, la literatura, etc., es decir, en informaciones generalmente estereotipadas que, frecuentemente, se recurren a sí mismas en la construcción de las imágenes sobre el entorno y en la atribución de valores abstractos.

En las culturas apartadas y cerradas geográficamente, son los viajeros y los misioneros los que describen el mundo exterior, provocando así imágenes a propósito de realidades ajenas que sus indígenas nunca llegarán a conocer. En la actualidad son los medios abstractos, como la radio o la literatura y especialmente los ¡cónicos, como la fotografía, cine y televisión, los que se encargan de crear y consolidar las imágenes mentales del entorno. En general, cuanto más amplia y distante es la extensión de territorio sobre el que se comunica más redundante y homogénea se vuelve la información; sin embargo, cuanto más próxima y local, más matices diferenciadores se introducen en la misma.

Por lo tanto, cuando se comunica acerca de grupos lejanos distintos del propio, se tiende a estereotipar, a generalizar y a repetir informaciones anteriores; este proceso es un tanto peligroso, en la medida en que tiende a discriminar e identificar correctamente los diversos elementos con los que se define el territorio en el ámbito local y a reducir, sin embargo, a la vaguedad y a la generalidad toda la información sobre territorios ajenos.

Una gran mayoría de los individuos que habitan en cualquier país industrializado puede hablar durante horas e incluso describir con nitidez imágenes figurativas a propósito de territorios que jamás ha visto ni verá. Uno de los móviles del mercado que se dedica a la promoción turística de lugares concretos se basa precisamente en jugar con estas imágenes. Igualmente, estas informaciones, de carácter exclusivamente subjetivo, deberían también formar parte de los programas administrativos a partir de los cuales se planifica y se explota el espacio humano. Incluso la concepción de la generalmente difusa identidad local puede ser estudiada con técnicas de cartografía mental. Sería con toda probabilidad interesante, por ejemplo, conocer qué imagen tienen los habitantes de determinadas Comunidades Autonómicas españolas de su propia Comunidad; o la imagen que tienen de las demás. Es decir, en última instancia, saber en qué grado la imagen mental de un grupo humano coincide con la que definen las instituciones, e incluso con la que definen ese mismo grupo democráticamente en las urnas.

Los medios de comunicación de masas establecen formas de identidad con espacios determinados, a través de la asociación de los mismos con símbolos concretos. Somos capaces de reconocer un determinado país por la asociación con una estatua o un monumento; en todo mapa mental están incluidas estas imágenes concretas que actúan metonímicamente, es decir, mediante una parte se llega a reconstruir el todo (mediante la Cibeles evocamos y reconstruimos cognitivamente la ciudad de Madrid). Sin embargo, los mapas mentales incluyen también información procedente de otros estímulos, como son, fundamentalmente, los olores y los sonidos. Existen límites a la cantidad de información que podemos retener, que está en función de la forma de organizarla a nivel congnitivo.

Este tipo de información funciona como señalizador en muchas ocasiones. La orientación en las grandes ciudades recurre fundamentalmente al procedimiento de innovar o lo que es igual, de romper la redundancia, mediante el diseño arquitectónico, la publicidad, los monumentos, etc. De hecho, la mayor parte de las personas se orientan en las grandes ciudades a partir de los propios edificios o las características formales del urbanismo y si es por la noche, recurriendo, por ejemplo, a los anuncios luminosos. Sin embargo, la proliferación de estos sistemas indirectos de señalización en las grandes aglomeraciones urbanas, en la medida en la que son repetitivos, ha llevado a mostrar las carencias de los mismos y exige cada vez más rigor en los procedimientos de localización y de señalización.

Si se quiere llevar a cabo una correcta explotación del espacio, es necesario digitalizarlo, es decir, definir formalmente unidades discretas en el mismo y posibilitar la distinción entre las mismas; con ello se habrá dado el primer paso para el establecimiento de un lenguaje. La aproximación de la medida objetiva del mismo a la imagen subjetiva que una sociedad crea y consolida a lo largo de su historia vendrá dada tras haber roto con la concepción mística que se oculta tras toda representación analógica del mundo.

Para lograr este fin se exige el recuperar todos los procedimientos de comunicación que se refieran a dicho espacio, creando procedimientos de indicación tamto referidos al espacio de una dimensión (recorridos lineales que provocan una dimensión cognotiva itinerante del territorio, generalmente basadas en representaciones concretas) como de dos dimensiones (representación estática del territorio definida a partir de coordenadas y de naturaleza más abstracta).

 

EL ESTUDIO DE LOS MAPAS MENTALES

 

El tema de la percepción y representación del espacio ha sido abordado desde perspectivas tan diversas como la filosofía (G. Bachelard), la sociología (P. H. Chombart de Lauwe, H. Lefévre, M. Castells, S. Giner), la geografía (P. George, A. Frémont, C. Cauvin), la antropología cultural

(C. Lévi‑Strauss, A. Berque, A. Rapoport, J. L. García, C. Lisón, Fernández de Rota), la proxémica (E. T. Hall, E. Goffman), la psicología Q. Piaget,

H. Wallon, A. Moles, M. Argyle, R. Sommer), la arquitectura (K. Lynch,

Ph. Boudon, Ch. Alexander), la ekística (C. A. Doxiadis), la historia (Caro Baroja, F. Braudel, G. Duby), etc. Sin embargo no existen enfoques como el realizado desde la teoría de la comunicación (excepto el que J. Gracia plantea en su tesis doctoral, de inminente presentación, sobre los espacios cognitivos en el niño) que plantea globalmente y bajo la misma perspectiva teórica y metodológica los dos problemas siguientes:

a) ¿Cómo se percibe el espacio y cómo se representa cognitivamente por parte de una determinada población? b) ¿En qué manera han intervenido los procesos de comunicación en la génesis y consolidación de esa representación y cómo puede modificarse la misma?

La primera de las preguntas exige una reflexión teórica sobre la formación de las representaciones de carácter analógico y la contribución a las mismas de la información complementaria codificada digitalmente. Por ejemplo, de las imágenes de los lugares y de los valores atribuidos a los mismos. Asimismo reclama todo un desarrollo de las técnicas de la cartografía que se aplicarán sobre mapas extraídos de las encuestas realizadas en la población estudiada, estableciendo, mediante técnicas de cartografía automática y de semiología gráfica el "mapa mental medio" que se le puede atribuir a la citada población.

Estos mapas serán formalizaciones rigurosas y permitirán prever los posibles comportamientos espaciales de la población, por ejemplo, en caso de catástrofes o de cualesquiera otras situaciones específicas. También servirán para la planificación del territorio; no hay que olvidar que los mapas mentales son representaciones cognitivas como las demás, de las cuales se distinguen especialmente por su naturaleza figurativa y simbólica y no conceptual y abstracta.

En la contestación a la segunda de las preguntas intervienen exclusivamente la teoría de la comunicación y las técnicas de análisis de la mediación (cfr, la obra de Martín Serrano). Un estudio de este tipo de representaciones debe incluir al menos los siguientes pasos:

 

* Una descripción objetiva del marco de referencia espacial, que vendrá dada en lenguaje cartográfico y fotográfico en su caso: esta descripción constituirá el referente formalizado.

* Una descripción subjetiva del mismo marco de referencia espacial, que vendrá igualmente presentado en lenguaje cartográfico, con el objeto de poder llevar a cabo comparaciones entre ambos.

* Un análisis de los elementos comunes frente a los específicos, es decir, de aquellos que se encuentran en la primera descripción y que aparecen en la segunda y de aquellos que no aparecen. También se explicitarán aquellos otros que aparecen en la descripción subjetiva y que no tienen correlato en la objetiva.

* Un análisis de los aspectos de la descripción subjetiva que han sido aprehendidos por los distintos individuos encuestados por medio de la experiencia directa, es decir, por conocimiento inmediato del espacio estudiado. Asimismo se exigirá una explicitación de la posición social, momento, edad, sexo, etc. desde la que se ha aprehendido el mismo.

* Un análisis de los aspectos de la descripción subjetiva que han sido aprehendidos por los mismos individuos sin experiencia directa, es decir, a través de diversas fuentes y por procedimientos comunicacionales. Habrá que explicitar cada mediador. Asimismo se establecerá el tipo de lenguaje digital o analógico utilizado por cada mediador, la difusión y el objetivo de su comunicación.

* Una identificación, mediante técnicas de análisis de contenido de las imágenes proporcionadas por el mediador acerca del citado espacio, con el objeto de descubrir qué aspectos no han sido objeto de referencia de dichas imágenes. Se señalará la redundancia en el uso de las citadas imágenes por parte del mediador. Se identificarán los recorridos espaciales que se derivan de estas imágenes y las magnitudes escalares de sus elementos componentes.

* Una identificación, mediante técnicas de análisis de contenido, de los valores difundidos y atribuidos a los citados espacios también por parte del mediador.

* Un análisis de la forma en que se articula el repertorio de imágenes disponibles sobre el determinado espacio con el repertorio de atribuciones sobre el mismo espacio.

*Una reconstrucción y comparación de los cuatros esquemas acerca del mismo espacio y que son el primer espacio denominado objetivo, el proporcionado por cada uno de los mediadores, el proporcionado por el conjunto de los mediadores superpuestos y el subjetivo, extraído de los tests proyectivos (eventualmente con la ayuda de escalas de diferencial semántico).

 

En la medida en la que se aborde el espacio desde esta perspectiva, de carácter subjetivo y no objetivo, será posible explicar las verdaderas razones, de naturaleza cultural, que operan a la hora de delimitar espacios significativos socialmente, de asignarles valor, de estereotiparlos, de ignorarlos, etc., por parte de unos grupos sociales u otros.

Estos fenómenos (de los que se derivan, por ejemplo, la especulación del suelo, los espacios de moda, etc.) dejarán de ser misteriosos y de explicarse a través de la intuición, para cobrar el estatus de verdaderos objetos de análisis de la ciencia social. Asimismo, su formalización permitirá llevar a cabo una correcta explotación del territorio, en la medida en la que el conocimiento que del mismo se tendrá podrá constituir un modelo isomórfico con respecto del modelo con el que operan afectivamente los individuos a la hora de organizar la acción social. Desde este punto de vista, los mediadores comunicativos están situados en el umbral que delimita aquello que puede considerarse espacio objetivo y la representación subjetiva del mismo, y el espacio en el que transcurren las acciones sociales llega a ser, casi, una construcción más de esos mismos mediadores.