Periodismo de precisión en España

Una panorámica de casos prácticos

 

José Luis Dader

 

Frente a la ausencia de un impulso coordinado de empresas y profesionales, el periodismo de precisión va creciendo gradualmente en España. Se precisa, sin embargo, de una mayor metodología y de programas de rastreo informático.

 

La expresión periodismo de pre­cisión todavía suscita en Espa­ña la perplejidad general. Al es­cuchar por primera vez, la ma­yoría tiende a interpretarla co­mo una grandilocuente forma 16 de referirse a cualquier perio­dismo de calidad. Otros la asocian de inme­diato con el periodismo de investigación por pura similitud fonética y no porque sean cons­cientes de la complementariedad de ambas perspectivas. Otros, en fin, más cínicos, recu­rren de inmediato al chiste de la contradicción terminológica ‑aquello de que juntar preci­sión y periodismo es como un pirómano con­tratado de guarda forestal‑, y consideran que tal propuesta en las Facultades de Ciencias de la Información debe ser un rótulo hueco más, para justificar burocráticamente algún que otro despacho.

No obstante, a pesar del nulo reconocimien­to que denotan tales reacciones personalmen­te comprobadas, puede decirse, sin embar­go, que el periodismo de precisión viene practicándose en España desde hace unos años de forma gradualmente creciente. Nuestro pe­riodismo de precisión es, eso sí, irregular y disperso, practicado a título individual y con escaso respaldo del resto de la redacción; a menudo carente del apoyo colectivo y la inte­gración entre diferentes secciones de la empresa periodística, y muy deficitario desde el punto de vista de la formación metodológica. Aun así existe, como intentaré mostrar de in­mediato en este artículo; y tal vez sólo le falte tomar conciencia de su propia realidad para agrupar a sus desperdigados practicantes y estimularles al perfeccionamiento de su instrumental metodológico y de su profundi­dad de análisis.

El primer caso ante el que personalmente tomé conciencia del surgimiento del periodis­mo de precisión español fue el reportaje de los periodistas Xavier Vidal‑Folch y Alex Rodrí­guez, titulado “Tener y no tener”, publicado en las páginas dominicales del diario El País, el 29 de marzo de 1987. Se trataba de un trabajo de tres páginas sobre las cifras de la pobreza en España, en el que, con independencia del carácter de meros relatores que asumían los firmantes, están ya presentes las característi­cas más genuinas de esta modalidad periodís­tica:

 

A) Se abordan las cifras de un problema social de larga y lenta evolución.

B) El protagonista de la información no es una persona concreta ni un hecho aisla­do, sino la descripción general de un pro­blema social.

C) El enfoque es ajeno a la inmediatez de la rabiosa actualidad.

D) La importancia que se concede al tema se traduce en una descripción extensa, sin ceñirse al tópico de que los temas sociales anónimos no pueden atraer la atención del público general de un diario de gran difusión.

E) Lo sustantivo del reportaje es la cuantificación numérica del problema ana­lizado. Y

F)          ‑y para mí lo más importante‑, hay ya un incipiente reconocimiento de que las ci­fras por sí solas no valen nada si no se tiene en cuenta el método de su obtención.

 

En este sentido, aunque apenas hay una dis­cusión técnica acerca de los métodos de cuantificación de la pobreza en España, se ofrece al menos una descripción de cómo cada equipo de investigadores sociales ha realiza­do sus cálculos, llegando cada uno, en conse­cuencia, a una estimación diferente de la mag­nitud estudiada. Otra característica digna de resaltar es que los periodistas, conscientes de la escasa apelatividad natural de un reportaje plagado de cifras, han ido intercalando dos técnicas periodísticas para hacerlo más atra­yente. Un tipo de párrafos corresponden a la perspectiva cuantitativa, mientras que los res­tantes intercalan historias personalizadas con­forme a la tradición clásica del llamado nuevo periodismo. Se obtiene así un híbrido de per­sonificación novelada y estricta cuantificación que elimina las limitaciones particulares de cada una de las dos opciones: si el nuevo periodismo resulta atrayente pero distor­sionados de la representatividad de los suce­sos aislados, el periodismo de precisión, frío y disuasor por su complejidad técnica, aporta por el contrario el rigor de la representatividad real del problema abordado.

 

FALLOS, DE SENSIBILIDAD PERIODISTICA

 

El número de reportajes más o menos ex­tensos sobre datos demográficos y estadísti­cas sociológicas sobre distintos aspectos de la realidad social española no ha dejado de cre­cer desde entonces y, muestra de ello, son las recientes informaciones sobre el mismo tema de la pobreza en El País, Diario 16 y ABC (26­-III93). Con respecto al anterior ejemplo, se ha producido un notorio avance en cuanto al tratamiento gráfico de la información, si bien resulta un tipo de información más convencio­nal, por cuanto los periodistas se han limitado a reproducir acríticamente ‑con mayor o me­nor destacamiento periodístico‑, las cifras su­ministradas en una rueda de prensa por una fuente oficial. Hago en consecuencia un inciso para decir que la mayor parte del periodismo de precisión que se viene practicando en Es­paña pertenece al tipo que podríamos llamar pasivo, ya que se limita a dar noticia de los estudios sociológicos que otros hacen, aun­que el hecho de considerar ya como noticia relevante y con tratamiento minucioso tales informaciones es un avance positivo.

En la evolución hacia una mayor sensibili­dad por las investigaciones sociales hay que señalar, no obstante, el punto de retroceso que ha significado la actitud general adoptada por los periodistas españoles durante el año 1991, con ocasión de la realización y posterior presentación del Censo General de Población. En circunstancias parecidas los periodistas norteamericanos han realizado un descomu­nal despliegue, continuando así una trayecto­ria claramente iniciada al menos ya con el Censo de 1970. Ello se traduce allí en la dedi­cación, no sólo de infinidad de primeras pági­nas y extensos cuadernillos internos para dar a conocer la fotografía decenal de los datos cuantitativos más relevantes de su sociedad, sino que además los propios periodistas ad­quieren las grabaciones informáticas realiza­das por la Oficina del Censo y realizan ellos mismos sus propios análisis estadísticos obte­niendo correlaciones de variables tal vez no advertidas por la Administración.

En el caso español, sin embargo, nuestros periodistas no sólo han omitido tal trabajo de elaboración personal ‑lo que podría justificar­se por su inferior equipamiento estadístico y las limitaciones de accesibilidad informática existentes. Más grave es que, en primer lugar, la trascendencia del tema les pasó desaperci­bida, limitándose en un primer momento a cubrir protocolariamente una rueda de prensa de presentación de la campaña del censo, a cargo del Director del Instituto Nacional de Estadística, que luego fue reducida a unos cuantos párrafos en los pocos diarios que in­formaron al respecto, centrándose además en las declaraciones sobre la actualidad política del Ministro de Economía, presente en el acto (cfr., por ejemplo, El País, Expansión, Diario 16, El Mundo y El Sol, de 20‑II‑1991). Por si fuera poco, el tema sólo volvió al candelero periodístico cuando algunos políticos de la oposición hicieron de las clásicas preguntas sobre el número de hijos habidos ‑para la elaboración de las tasas de natalidad, fecundi­dad, etc.,‑ un tema de crispación social sobre supuesta intromisión en la intimidad de las mujeres. Lejos de asumir una postura de clari­ficación técnica y científica, buena parte de nuevos periodistas se limitaron a reproducir con simpatía tan cavernícolas actitudes, contri­buyendo así, como se confirmaría más tarde en otras noticias de prensa, a que ciertos sec­tores de la población se negaran a rellenar los cuestionarios o realizaran falseamientos de los mismos, repitiendo, ante los encuestadores que llamaban a las casas, los eslóganes escu­chados en los medios sobre supuestas incons­titucionalidades de esas preguntas íntimas.

Los mismos medios que, en general, dieron una cobertura unilateral a tales alegaciones, pasaron por alto la oportunidad de hacer una revisión técnica y critica de los cuestionarios y métodos de recolección de datos del Censo, por ejemplo en preguntas que por su formulación sí que falseaban objetivamente la realidad social. Esos mismos medios, a su vez, destacaron ampliamente, meses más tarde, las dudas y polémicas suscitadas entre los espe­cialistas ante los resultados, al plantearse la duda de si la insumisión censal alentada por algunos sectores no habría provocado el cen­so de menor fiabilidad de las últimas décadas.

Sólo algunos artículos de colaboradores ex­ternos y apenas alguna referencia aislada de algún periodista lograron reflejar en torno a esta polémica el punto de vista de la relevancia científica y sociopolítica del censo, como los del sociólogo Amando de Miguel (“La insu­misión censal”, Diario 16, 7‑III‑91); el grupo de demógrafos significados en torno a Joaquín Leguina (J.A. Fernández/L. Garrido y J. Leguina; “Una obligación razonable”, El País, 13‑IV‑91) y el Dr. General de Estadísticas Demográficas del INE (José Aranda, “Una sombra planea sobre el censo”, Expansión, 16‑II‑91 ).

Otro capítulo, cuando menos claroscuro en la reciente historia del periodismo de preci­sión en España, lo constituye el tratamiento de las encuestas electorales. A pesar del constan­te bombardeo de datos y comentarios sobre sondeos de opinión que la prensa española viene desplegando en los últimos quince años, como mínimo, puede decirse que, en general, los periodistas españoles suelen ser recepto­res pasivos de un material sociológico que les fascina pero que en absoluto son capaces de interpretar y juzgar técnicamente. Hoy en día no hay medio que se precie que no encargue una o varias encuestas electorales en época de elecciones. Algunos periódicos y emisoras mantienen una cooperación continuada con el mismo instituto de sondeos a lo largo de años. Algún grupo periodístico tiene incluso en su propio tejido de empresas la propiedad de alguno de los más reputados institutos de son­deos y, aunque durante un período muy corto, un periódico de máxima circulación llegó a contar en sus filas, con cargo de subdirector, con un investigador social para dirigir sus pro­pias encuestas.

Pues bien, a pesar de todas esas circunstan­cias, el tratamiento que los datos de las en­cuestas reciben en nuestros medios es sesgado, sacado de su contexto, con despre­cio manifiesto de los límites de representa­tividad que las propias fichas técnicas publi­cadas revelan y cayendo en una actitud de publicitarios que pretenden vender la rotunda bondad de su producto, en lugar de mante­nerse en el papel de informadores que anali­zan imparcialmente la exactitud o deficiencia de un conjunto de datos. Al objeto de no con­cretar esta crítica en un medio aislado, cuando se trata de un cáncer generalizado que malinforma al conjunto de la opinión pública, me limitaré a señalar ‑sin mostrar ningún ejem­plo concreto‑, que buena parte de los bailes de porcentajes y escaños, al que asistimos en plena campaña, sobre los pronósticos de las últimas elecciones, se explican simplemente por las horquillas de fluctuación que permiten los márgenes de error y probabilidad de esos mismos sondeos. Lo cual nunca es tenido en cuenta por nuestros periodistas que en lugar de analizar ese aspecto se enfrascan en laberínticas explicaciones sobre supuestas oscilaciones temblequeantes de la intención de voto.

 

ABUNDANCIA DE EJEMPLOS POSITIVOS

 

Pero aunque tal vez haya dedicado ya de­masiado tiempo a los aspectos retardatarios de nuestro periodismo de precisión, estaba y está en mi ánimo dedicar el mayor espacio posible de este texto a presentar auténticos pasos adelante de nuevos profesionales en este terreno.

Por ello, el trabajo también sobre datos censales de Inmaculada Mardones (“La mejor y la peor de las provincias”, El País, ll‑IV‑93) representa una nota de aliento, por el espacio dedicado, la evidencia de elaboración propia y el asombro que la periodista confiesa a sus lectores respecto a la cantidad de noticias sor­prendentes que puede encerrar el aparente­mente frío mundo de las estadísticas. En ese sentido también, la trayectoria de La Voz de Galicia, mantenida a diario en la primera pági­na de su periódico, en una clara imitación de la tendencia inaugurada en Estados Unidos por el USA Today, revela que la sensibilidad por la cuantificación estadística de las realidades so­ciales empieza a ser valorada como asunto de prioridad periodística en algunos de nuestros medios. Aunque, en general, los recuadros de La Voz de Galicia se explican más por la fiebre del diseño gráfico que por el auténtico trata­miento estadístico, contribuyen a generar ese nuevo clima. La reproducción de estadísticas elaboradas por otros, y sin entrar en ningún tipo de revisión metodológica, es como mu­cho lo que antes he llamado periodismo de precisión pasivo. Pero en cualquier caso signi­fica ya una evidencia de una primera fase al­canzada.

Pero nuestro periodismo aporta también ca­sos muy interesantes de periodismo de preci­sión activo, esto es, de análisis estadísticos o de investigación en bases de datos en las que los profesionales son quienes han imaginado y desarrollado el proyecto:

El reportaje de tres capítulos realizado por Carlos Gómez (“Las Cortes y el mundo eco­nómico”, El País, 23‑25/IV/1988), apunta sin duda hacia las características más genuinas del periodismo de cruce de ficheros en inves­tigación sobre bases de datos. Aunque se trata de un trabajo carente del apoyo informático, limitado en cuanto al número de ficheros rele­vantes cruzados y dudoso en su perspectiva porque prácticamente sólo los diputados de una tendencia ideológica han sido detectados en sus conexiones económicas, puede verse en él todo un programa a seguir para el desa­rrollo del Database Journalism español. Así, hay dos características que me gustaría resal­tar aquí: en primer lugar, que es un reportaje que aporta la rareza de, !una ficha técnica!, es decir, que es consciente de que su contenido vale lo que valga el método y por lo tanto, todo el trabajo descansa en la credibilidad de la transparencia de un método que cualquier otra persona podría seguir para alcanzar el mismo e inapelable resultado. En segundo lugar, que demuestra cómo algunas de las noticias más interesantes sobre hipotéticas connivencias político‑económicas no necesitan del espiona­je con linternas, la sustracción de fotocopias o la seducción de alguna secretaria o secretario. Basta con analizar montones de datos públicos recogidos en anuarios que se pueden adquirir en cualquier librería o que las propias empre­sas regalan a sus accionistas, pero que nadie se tomaba antes la molestia de analizar y cote­jar.

Otra buena prueba de este tipo de investiga­ción estadístico‑informática la aportan Juan Carlos Escudier y Pedro de Tena en dos tra­bajos realizados para el diario El Mundo sobre uno de los temas de clientelismo electoral más mencionados en los últimos años de la reali­dad española y nunca suficientemente demos­trado. Me refiero a la supuesta conexión entre el subsidio agrario o plan de empleo rural de Andalucía y Extremadura y el voto mayoritario al PSOE en dichas zonas (Juan Carlos Escudier y Pedro de Tena, “En los pueblos donde hay más subsidio agrario el voto al PSOE es supe­rior al resto de Andalucía”, El Mundo, 26‑XII­90, e ¡bid., “El PSOE obtuvo apoyos electora­les más altos en los pueblos extremeños más subsidiados”, El Mundo, 8‑V‑1991): cruzando los datos del INEM sobre dicho subsidio agra­rio con los datos también oficiales de los resul­tados electorales en las mismas localidades donde se da mayor concentración de perso­nas subsidiadas, estos periodistas llegaban a la conclusión de que existía una coincidencia demostrada entre la tendencia mayoritaria so­cialista y la recepción mayoritaria de subsidio agrario en las localidades analizadas.

Razones de espacio impiden en este texto un análisis pormenorizado de este caso, de gran interés para ver cómo no basta cruzar unas cifras con otras si no hay una concepción metodológica rigurosa, con aplicación de test estadísticos concretos que desgraciadamente han faltado en este estudio. Me limitaré en ese sentido a decir que, frente a la aparente rotundidad del hallazgo periodístico aquí re­flejado, no ha existido control estadístico sobre terceras variables que podrían ser la au­téntica causa de los resultados. Así, por ejem­plo, no se ha mantenido constante la variable hábitat y, al no ser iguales las condiciones sociopolíticas de las pequeñas poblaciones que las del resto de las regiones estudiadas o las de las capitales de provincia, podría ocurrir que este factor explicara estadísticamente me­jor los resultados. En consecuencia habría que haber comparado resultados electorales de pueblos con alto porcentaje de subsidio con resultados electorales de pueblos de menor o inexistente subsidio y mismas condiciones de hábitat. Aún así, podemos comprobar de nue­vo que el futuro del periodismo de precisión en España tiene también a partir de este ejem­plo, otra ruta señalizada.

El repertorio de casos periodísticos españo­les que se podrían seguir citando es de una importante extensión y variedad temática, aun­que siempre con las constantes mencionadas de necesidad de una mayor profundidad y rigor metodológicos. En un rápido recorrido sólo voy a citar unos cuantos casos más de los que al menos me gustaría dejar constancia. Son entre otros, y sin ningún orden de priori­dades:

En el terreno político, el trabajo de F. Jiménez Santos y Miguel Angel Nieto en el desapareci­do El Sol sobre la cuantificación y distribución de todas las preguntas parlamentarias formu­ladas por los diputados del Congreso entre el 2 de enero y el 22 de septiembre de 1990 (autores citados, “Dudas en los escaños”, El Sol, 18‑XI‑1990); el trabajo de Fernando Lázaro en El Mundo sobre el perfil sociodemográfico de los diputados españoles elegidos en las elecciones de 1989 (autor citado, “El Parla­mento de la IV Legislatura”, El Mundo, 4‑XII­1989); o, en fin, el recientísimo análisis de Car­los Sánchez en El Mundo sobre la errática evolución de las cifras del censo electoral, comparadas con las del censo de población (autor citado, “El censo con el que se concurre a las elecciones generales refleja un exceso de 300.000 votantes”, El Mundo, 30‑IV‑93).

En el terreno económico, la comparación de Miguel Ángel Noceda en El País, sobre la evo­lución real del precio de la gasolina en los últimos veinte años en pesetas constantes, es decir, una vez descontado el peso de la infla­ción (autor citado, “En el Umbral de los veinte duros”, El País, 9‑XI‑92) y el análisis de la sección de “Madrid” del mismo periódico, sobre la comparación de los sueldos de los alcaldes de diferentes ciudades, en el que se demuestra que el Alcalde de Alcobendas ‑una población de unos 75.000 habitantes‑ gana prácticamente el mismo sueldo que el Alcalde de Barcelona, (El País, 29‑IX‑91).

En el terreno sanitario, los cruces de datos realizados por la administración y reflejados por El País, sobre determinado número de médicos, con dedicación exclusiva en el siste­ma público y detectados como ejercientes en clínicas privadas mediante el simple método de cotejar sus nombres con los listados facili­tados a sus clientes por las aseguradoras mé­dicas privadas José A. Hernández, El País, S‑V­92 y 24‑IX‑92).

En el terreno de la seguridad del tráfico, las posibilidades sólo apuntadas en un par de informaciones del desaparecido El Indepen­diente y El Mundo sobre un cruce de datos entre los vehículos siniestrados y los segmen­tos de la producción de automóviles en los que se da mayor siniestrabilidad (Ana Charro, “El Senado pide que se divulgue qué coches sufren más accidentes”, El Independiente, 2­X‑91, y Ana Sánchez, “Propuesto un estudio sobre las causas de los accidentes mortales”, El Mundo, 26‑VIII‑92).

Finalmente, en lo que podríamos llamar mo­saico variado de cuestiones sociopolíticas, el apunte de un desconocido FEGUBE en el des­aparecido El Independiente, sobre lo que po­dría ser un análisis de contenido demostrativo de la correlación entre los tipos de atentados terroristas y las diferentes situaciones del tiem­po climatológico (El Independiente, 18‑X‑91); la noticia de Carmen García Romero en ABC, acerca de cómo la propia policía aplica el rastreo informático sobre datos de los padro­nes municipales para localizar con éxito terro­ristas (autora citada, ABC, 21‑VI‑92); el estudio realizado por un particular, divulgado en el Congreso por un diputado y reproducido en El Mundo por el que se demuestra el errático número de días que el envío de una suscripción de una revista tarda en llegar, semana tras semana, a manos de su destinatario (Chano Montelongo, “Veintitrés días de promedio tar­da una revista enviada por correo desde Ma­drid a Castellón”, El Mundo, 28‑I‑92); o por último, el curioso e imaginativo trabajo de Ana Alfageme para El País en el que se apunta la supuesta mayor existencia de asesinatos en Madrid durante la primavera, frente al resto de las estaciones (autora citada, “Uno de cada tres asesinatos de los dos últimos años ocurrió en primavera”, El País, 4‑V‑92).

 

UN LARGO CAMINO POR RECORRER

 

Finalmente, quisiera indicar también cómo en algunos casos la sensibilidad más cercana al periodismo de precisión, en cualquiera de sus dos grandes bifurcaciones (cruce infor­mático de bases de datos y aplicaciones de métodos de investigación social como la en­cuesta, el análisis de contenido o el estudio experimental), se viene practicando por me­dios de comunicación especializados, a los que en la profesión periodística a veces se les concede escasa atención, por ir dirigidos a los miembros de asociaciones o colectivos parti­culares y por tratarse de informaciones bási­camente elaboradas por los especialistas de dichas asociaciones, provenientes de cualquier campo laboral y no necesariamente del perio­dístico. Me refiero a revistas como las de las asociaciones de consumidores, con especial referencia al caso de Compra Maestra y Dine­ro y Derechos, que semana tras semana practi­can análisis comparados de todo tipo de pro­ductos y servicios, mostrando en el menor de los casos la importancia de las comparaciones numéricas precisas sobre precios, desgloses de los mismos, etc., y en el mejor ‑respecto a lo que aquí nos ocupa‑, realizando auténticos trabajos de investigación social propia, me­diante encuestas, rastreo y cruce de datos socioeconómicos provenientes de múltiples fuentes o bancos de datos, etc.

Podría darse el caso, llegados a este punto, de que muchos de los lectores pensaran que el gran periodismo sigue y seguirá siendo el del relato social o político, la entrevista inquisitiva o la investigación con gabardina ante fuentes opacas. No se trata ni mucho me­nos de negar la vigencia y permanencia de esas otras líneas clásicas del periodismo. Pero, con independencia de lo que la acumulación de encuestas electorales demuestra por sí sola, sobre la importancia creciente de un periodis­mo capaz de tratar con rigor tales informacio­nes de máxima relevancia, la existencia para­lela del periodismo especializado de las re­vistas de consumo debe suscitar, al menos, una sombra de duda sobre si el gran periodis­mo no debiera imitar cada vez más a sus su­puestos hermanos menores.

Todavía cualquier experimentado redactor-­jefe de diarios de gran tirada podrá sonreírse paternalistamente si le dicen que alguno de sus chicos pretende meter en primera página un trabajo sobre los sesgos sistemáticos de los precios de una cadena de supermercados frente a los de otra. O las diferencias en los métodos de cálculo del índice de Precios al Consumo entre España y otros países de su entorno. Pero el respeto y audiencia del que gozan las publicaciones especializadas de este tipo, podría hacer reflexionar al respecto. Cuan­do se dice que el ciudadano está harto de política o de que la información periodística se concentre en un intercambio de mensajes de interés exclusivo para políticos y periodistas, habría que pensar si un sector importante de los que desertan de la audiencia periodística no volvería con más curiosidad y entusiasmo en el caso de encontrar más análisis de he­chos sociales y económicos que describen la realidad cotidiana de grandes grupos de perso­nas, aunque ninguno de ellos sea famoso ni esté implicado en nada catastrófico o extrava­gante.

Incluso en el caso, bien lógico por otra parte, de que sigamos interesados en el gran perio­dismo de actualidad política, buena parte de las nuevas herramientas metodológicas del periodismo de precisión sirven como algunos de los casos comentados apuntan, para hacer un periodismo de husmeadores de la basura (muckrakers) con los mismos objetivos del gé­nero y una eficacia, en cambio, mucho más aquilatada.

 

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