El futuro de la televisión por cable

Experiencias y potencialidades en Europa

 

Jean Luc Iwens

 

La experiencia de países fuertemente cableados en Europa anticipa la evolución del consumo televisivo. La segunda generación de redes implica transformaciones profundas en la oferta y la demanda de programas y servicios y la creación de nuevos mercados.

 

Por definición, el consumo, sea de un bien material o un servi­cio, es condicionado ‑entre otros factores‑por la oferta. En efecto, no hay que confundir las necesidades ‑la demanda es una traducción en términos monetarios de las necesidades‑ y el consumo, que representa el punto de encuentro entre la demanda y la oferta. Estas diferencias son tam­bién válidas en materia de bienes culturales y, por tanto, de programas de televisión.

Luego, la oferta de programas por ondas hertzianas se enfrenta al problema de la esca­sez de ondas (1), lo que lleva al desarrollo de nuevas soluciones tecnológicas basadas en las redes de cable y satélite.

En este texto, nos limitaremos al tema de las redes de cable al presentar, en primer lugar, un resumen de la situación del cable en Euro­pa y en Bélgica, el país más cableado del mundo y que, por lo tanto, presenta un ejem­plo interesante, y analizar después las conse­cuencias sobre el consumo televisivo global, su reparto entre programas nacionales y ex­tranjeros, programas temáticos y locales, así como las perspectivas de consumo de nuevos servicios sobre las redes de cable.

 

LA SITUACIÓN DEL CABLE EN EUROPA

 

A la vista del cuadro 1 es necesario señalar las diferencias que se encuentran entre los países de Europa del norte y los de Europa del sur (España, Grecia, Italia, Portugal), don­de las redes de cable son prácticamente inexistentes.

En realidad, se pueden distinguir cuatro ti­pos de países europeos con respecto a la si­tuación de las redes de cable. El primero está constituido por los países que tienen un índice de penetración (número de abonados/número de hogares) superior al 75 por ciento: Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo, donde las redes fueron instaladas desde los años 60 y de las cuales una parte importante ya está amortizada. El segundo grupo incluye a los países con índices de penetración comprendidos entre el 22 y el 45 por ciento. Se trata de Dinamarca, Irlanda y Alemania (que ha desarrollado un ambicioso plan de instalación de cable duran­te los últimos años). El tercer grupo está cons­tituido por Francia y Gran Bretaña, que todavía no disponen de muchas conexiones, pero que han definido planes de implantación, todavía sin concretar por razones técnicas, económi­cas y políticas, y con experiencias localizadas. Por último, el cuarto grupo ya mencionado comprende los países donde no hay redes (no se pueden considerar los vídeos comunitarios de España como redes de cable, según la definición clásica) ni planificación real para instalarlas.

 

 

CUADRO 1

LAS REDES DE CABLE EN LOS PAÍSES DE LA CE Y ESTADOS UNIDOS

Países

Población

Número de

hogares

Número de

abonados

índice de

penetración (%)

Alemania

Bélgica

Dinamarca

España

Francia

Gran Bretaña

Grecia

Irlanda

Italia

Luxemburgo

Países Bajos

Portugal

61

9,9

5,1

38,4

55,2

56,6

9,9

3,6

57

0,36

14,4

10

25,7

3,5

2,2

9,5

19,5

20,6

2,9

0,9

17,5

0,13

5,3

2,8

9,8

3,2

0,5

0,6*

0,85

0,51

0

0,4

ns**

0,10

4,3

0

38,1

92

22,7

6,3

4,4

2,5

0

44,4

ns**

77

82

0

CEE

321,5

110,2

20,26

18,4

EEUU

        240

 93,5

          59,5

            63,6

Fuentes: La televisión europea del año 2000; Informe del Grupo de Prospectiva de la Televisión Europea

Fundesco, Madrid, 1989; datos actualizados con diversos periódicos (INFcable, Intemational Cable, Cable

Satellite).

* Estimación incluyendo los vídeos comunitarios.

** Casi inexistente.

 

 

 

En definitiva, se puede destacar que existe sin duda una tendencia a potenciar el desarro­llo de las redes de cable en la mayor parte de los países europeos, para responder así a la demanda creciente de imágenes por parte de los consumidores y mejorar la calidad de trans­misión de las señales audiovisuales (elimina­ción de una gran parte de los ruidos y otros elementos perturbadores ocasionados por la difusión hertziana y supresión de los proble­mas de cobertura, sobre todo en las zonas de sombra causadas por la orografía). Los frenos que se encuentran en algunos países vienen determinados en gran parte por las costosas inversiones necesarias.

 

LA SITUACIÓN EN BÉLGICA

 

La primera red de cable fue instalada, en Bélgica, a principios de los años 60, en la ciu­dad de Namur, con el fin de resolver el pro­blema de recepción de las ondas hertzianas en el valle del Mosa. Poco después, numero­sas ciudades, que no tenían los mismos pro­blemas de recepción, instalaron tales redes: Bruselas, Lieja, Gante, etc. En estos casos, el éxito no dependía sólo de las mejores condi­ciones de recepción, sino también del hecho de que las empresas de teledistribución insta­laron una serie de transmisoras hertzianas para ofrecer a sus abonados los programas de las cadenas francesas, a partir de 1967, y de la cadena luxemburguesa, a partir de 1970 (2).

Durante los años 70, el cable se extendió progresivamente en todas las zonas urbanas, y esta extensión se aceleró aún más desde 1973, después de la introducción de la televi­sión en color utilizando dos normas diferentes: SECAM, para las televisiones francesas, y PAL, para las otras. Las empresas de teledistribución aprovecharon este problema de compatibili­dad en su propio favor, dado que los abona­dos podían utilizar un aparato clásico mono­standard, mucho menos caro (‑30.000 ptas.) que los bi‑standard, ya que los operadores de redes realizaban, ellos mismos, la conversión más arriba (3).

A principios de los años 80, las redes se extendieron a zonas rurales (4) para cubrir, desde 1985, el 90 por ciento del mercado po­tencial. Ahora, entre los 589 municipios de Bélgica, sólo ocho no disponen de redes de cable.

 

CUADRO 2

NÚMERO DE ABONADOS E ÍNDICE DE

PENETRACIÓN EN BÉLGICA

Año

Número de

abonados

Indice de

penetración (*)

1972

1975

1980

1985

1990

1991

120.710

1.063.831

2.259.718

2.877.752

3.369.604

3.451.124

             5%

41%

77%

96%

99%

99%

Fuentes: Informes RTT (1972-1985);

Informes anuales de ALETELEDIS (1990, 1991).

(*) Las diferencias de datos en comparación con el

cuadro 1 vienen de que, en el primer caso, se ha

tenido en cuenta el número total de televisores y, en el segundo, de los hogares con al menos una televisión.

 

EL CONSUMO TELEVISIVO GLOBAL

 

¿Tiene esta divergencia de situación entre los países europeos en materia de redes de cable unas consecuencias fundamentales so­bre el consumo televisivo global? El cuadro 3 nos enseña la duración media de escucha se­manal en diversos países y se puede ver que, si hay diferencias, estas últimas no dependen, obviamente, de la existencia o inexistencia de redes de cable.

 

CUADRO 3

DURACIÓN MEDIA DE ESCUCHA SEMANAL (HORAS)  EN DIVERSOS PAÍSES EUROPEOS

Gran Bretaña             254

Bélgica                      250

Italia                         240

Francia                      225

España                      223

Alemania                   167

              Países Bajos              146

Fuentes: MERGE, El observatorio del audiovisualEn Europa, BIPE, París, 1991.

 

Dentro de los siete países considerados, Gran Bretaña, que tiene un índice de penetra­ción del cable bastante bajo, tiene el mayor índice de duración media de escucha, pero casi igual que el de Bélgica, donde las redes de cable están muy desarrolladas. Por otra parte, Países Bajos se sitúa en el último lugar cuando su situación en materia de cable es muy parecida a la de Bélgica. Es decir, que el consumo televisivo global parece ser depen­diente de otros factores, sobre todo culturales (5), y no de las infraestructuras de cable.

La evolución del mismo índice durante el período de expansión de las redes de cable en Bélgica demuestra, de otra manera, este hecho.

 

CUADRO 4

EVOLUCIÓN DE LA DURACIÓN MEDIA DE ESCUCHA SEMANAL EN BÉLGICA

Duración media de escucha semanal

(horas)

1973

243

1983

234

1988

I 249

1991

250

Fuentes: Encuesta permanente de la RTBF 1, informes de 1973, 1983, 1988, 1991.

 

Se puede ver que la duración de escucha no ha evolucionado de modo significativo desde 1973, es decir, antes de la época de expansión del cable en este país: sólo ha crecido en menos de un 3 por ciento entre 1973 y 1991 y, además, había bajado de 3,7 por ciento duran­te los diez primeros años, correspondiendo a la fase de expansión del cable la más fuerte. Todo esto parece confirmar que existe un lími­te máximo de la duración de escucha y que los espectadores no quieren gastar más tiempo delante de la pantalla (6).

Las modificaciones que se pueden observar se refieren, entonces, no al consumo televisivo global, sino más bien al reparto entre los di­versos tipos de programas y las diversas ca­denas a las cuales se puede tener acceso.

 

 

EL REPARTO DEL CONSUMO ENTRE LAS CADENAS

NACIONALES Y EXTRANJERAS

 

Fuera del aumento de la calidad de recep­ción, sobre todo en ciertas zonas, la principal ventaja de las redes de cable se sitúa en la multiplicación de las cadenas accesibles. En Bélgica, la mayor parte de las redes dan acce­so a 15‑27 cadenas diferentes (7), En efecto, cada empresa de teledistribución puede adap­tar su oferta a la demanda, en la medida en que ofrezca las siete cadenas nacionales. Esta oferta ha evolucionado durante los últimos años gracias a la modernización de las redes. Así, en la parte francófona, el número medio de programas distribuidos era de 12, en 1984, de 17 en 1986 y de 24 en 1991 (8).

Hoy en día, la oferta habitual se compone de:

 

-         Cuatro cadenas públicas nacionales: RTBF 1 y TELE 21 (en francés), BRT 1 y TV 2(en flamenco);

-         dos cadenas privadas nacionales: RTL‑TVI (en francés) y VTM (en flamenco);

-         una cadena de pago: CANAL PLUS Bel­gique (en la parte francófona) o FILMNET (en la parte flamenca);

-         tres cadenas francesas: TF1, A2 y FR3;

-         tres cadenas holandesas: NED 1, 2 y 3;

-         tres cadenas alemanas: ARD, ZDF y WDR 1;

-         dos cadenas británicas: BBC 1 y 2;

-         una cadena española: TVE Internacional;

-         una cadena italiana: RAI 1;

-         cuatro cadenas transfronteras: CNN, Super Channel, MTV y Eurosport.

 

En algunos casos, una de estas cadenas pue­de ser reemplazada por otra, según la deman­da: por ejemplo, una cadena alemana por una turca, en zonas donde existe una inmigración turca importante. Además, los teledistribuidores (como se llaman en Bélgica) son obligados a reservar un canal para una cadena local, don­de existe, por supuesto.

A pesar de esta oferta televisiva bastante diversificada, el consumo todavía se concen­tra sobre pocas cadenas, sobre todo en rela­ción con el idioma. Como hemos visto antes, las redes de cable dan acceso, en la parte francófona, a siete cadenas en francés que monopolizan alrededor del 95 por ciento de la audiencia global.

Primera lección: el cable favorece claramente la penetración de cadenas extranjeras en el mercado belga (9) (cuadro S), pero casi exclusivamente a favor de cadenas en idioma francés (10). En realidad, nos encontramos aquí en una situación bastante específica de un pequeño país que comparte la misma lengua que un potente vecino. En Alemania, conside­rando sólo los abonados a redes de cable, la audiencia de las cadenas públicas y privadas nacionales (ARD, ZDF, las regionales, RTL Plus, SAT‑1 (11), Tele 5 y Pro 7) supera el 90 por ciento (12) (frente al 63 por ciento en el caso belga).

 

CUADRO 5

REPARTO DE LA AUDIENCIA ENTRE LAS

DIVERSAS CADENAS EN LA BÉLGICA

FRANCÓFONA

Cadenas

1981

1983

1985

1987

1989

RTBF 1

TELE 21

RTL-TVI

(Nacionales

TF1

A2

FR3

(Francesas

Otras

44,52

5,82

18,69

69,03

8,85

9,74

7,61

26,20

4,76

47,83

6,75

19,06

73,64

6,26

9,99

7,33

23,58

2,78

49,95

5,16

19,24

74,35

8,42

9,01

4,82

22,25

3,40

40,42

3,25

13,69

57,36

16,75

13,82

7,52

38,09

4,55

44,09

4,47

14,93

63,49)

14,24

11,67

5,39

31,30)

5,19

Fuentes: Encuesta permanente RTBF 1.

 

Al contrario, las cadenas transfrontera toda­vía tienen una audiencia muy débil: en efecto, hay que tener en cuenta que, dentro del 5 por ciento de audiencia en Bélgica para las otras cadenas no francófonas están también inclui­das las flamencas y extranjeras. Se puede ver en el cuadro 6 que en muy pocas ocasiones las cadenas transfrontera consiguen obtener una cuota de mercado superior al uno por ciento.

 

CUADRO 6

CUOTA DE MERCADO DE ALGUNAS CADENAS TRANSFRONTERA EN EUROPA

Cadena

Ale.

Bél.

Din.

Irl.

Hol.

Ru.

CNN

MTV

Screensport

Sky Channel

Sup.Channel

0,1

0,1

-

0,3

0,2

0,0

0,6

-

0,5

0,3

0,1

1,0

-

1,6

2,1

0,0

0,3

0,5

7,0

1,9

-

0,5

-

2,1

1,2

0,1

1,4

1,0

8,2

0,8

Fuentes: Research Services Ltd.; Encuesta PETAR (Pan

European Television Audience Research).

 

 

Dado que, actualmente, las cadenas trans­frontera difunden sus emisiones en inglés, no es sorprendente que sólo tengan éxito en paí­ses anglófonos (Reino Unido e Irlanda) o que poseen una larga tradición de conocimiento de idiomas extranjeros (Dinamarca). Esta si­tuación de audiencia bastante débil repercute, obviamente, sobre la salud financiera de las cadenas transfronteras: las pérdidas sumaban, en 1990, los 242 millones de dólares para Sky Television, 44 para Super Channel, 25 para Kindernet, 11 para MTV, etc. (13). En realidad, sólo las cadenas deportivas (Screensport y Eurosport) parecen en mejor posición, sin duda porque utilizan el multilingüísmo para su difu­sión.

En resumen, el tema del consumo de pro­gramas extranjeros tiene que ser analizado esencialmente en relación a su idioma de difu­sión. Ese es el elemento determinante. Pero, es cierto que las redes de cable ofrecen más posibilidades, sobre todo para países peque­ños que comparten la misma lengua con otros vecinos.

 

LAS CADENAS TEMÁTICAS

 

Existen diversos tipos de televisiones temá­ticas:

 

- Las transfrontera transmitidas por satélites de contribución (que necesitan una antena de recepción de gran tamaño): Intelsat, Eutelsat, Télécom, Kopernicus.

- Las transfrontera difundidas por satélites de difusión (para la recepción con antenas pequeñas ‑40‑80 cm): Astra, BSkyB, TDF, TV‑SAT, Olympus).

- Las ‑todavía nacionales‑ difundidas única­mente sobre las redes de cable.

 

En efecto, no existen cadenas temáticas hertzianas: las televisiones de pago, tales como Canal Plus, Filmnet, TV 1000, Tele Piu, etc., no son consideradas realmente temáticas aun si su programación está focalizada sobre el cine.

Luego, sólo las segundas de la lista anterior son accesibles sin conexión a una red de cable.

A pesar de esto, las cadenas temáticas son mucho más numerosas en países que no tie­nen un índice de penetración del cable impor­tante: Francia y Gran Bretaña. Entre estos dos países la diferencia reside en el hecho de que hay más de dos millones de antenas de recep­ción directa en el segundo y menos de cien mil en el primero (14). Por tanto, como se puede ver en el cuadro 7, existen muchas (relativamente) cadenas temáticas en Francia.

 

 

 

CUADRO 7

CADENAS TEMÁTICAS ACCESIBLES SOBRE LAS REDES DE CABLE EN FRANCIA

Programas

Temática

Idioma

De pago

Por satélite (*)

Canal Infos

Canal J

Canal Jimmy

Canal Santé

CNN

Eurosport

 

Eurostep

Planéte

Euromusique

Ciné-Cinéma

Ciné-Cinéfil

información

infantil

20-40 años

salud

información

deportes

 

educativo

documental

música

cine

cine

Fr.

Fr.

Fr.

Fr.

In.

Al./Fr./

In./Hol.

multi

Fr.

Fr.

Fr.

Fr.

no

 

no

no

cont.

cont.

cont.

cont.

cont.

dif.

 

dif.

no

no

Fuentes: INF Câble, 7 de noviembre de 1991 y Figaro Economie, 17 de febrero de 1992.

(*) Cont.: satélite de contribución.

Dif.: satélite de difusión.

 

 

 

Una situación muy parecida se encuentra en el Reino Unido, con la existencia de cadenas temáticas tales como: Sky Movies, The Movie Channel, Screensport, MTV, Lifestyle, Kin­dernet, etc.

¿Cómo se puede explicar esta situación tan paradójica? En realidad, como hemos visto en el párrafo anterior sobre el ejemplo de Bélgi­ca, las redes europeas de cable se han exten­dido, en primer lugar, en países pequeños (Países Bajos, Suiza, Irlanda, Suecia, Dinamar­ca, Noruega), sobre todo con el fin de retrans­mitir los programas de televisión de sus veci­nos. Pero, en los países culturalmente dominantes, se encuentran menos espectadores multilingües y la gente está menos interesada por los productos culturales extranjeros (15). Por lo tanto, el desarrollo de las redes en estos últimos países corresponde a una segunda etapa (generación) del cable. En este campo, parece interesante recordar rápidamente la evolución en Estados Unidos (16).

Una doble evolución técnica y sociológica impulsó desde hace unos quince años el cre­cimiento del cable en este país. Esta evolución se refiere al consumo de productos culturales: la reducción de los costes de producción televisiva y la capacidad técnica de dirigirse hacia audiencias diferenciadas han respondi­do al deseo creciente del espectador de tener acceso a programas en relación con sus gus­tos particulares o su voluntad de distracción. Las razones de este fenómeno son bastante conocidas: la multiplicación de los estilos de vida se traduce en intereses por dominios muy diversos, como lo demuestra la proliferación de revistas especializadas o la diversidad que se encuentra en la vida asociativa (en el depor­te, el teatro, los hobbies, etc.).

Para responder a esta fragmentación de las audiencias, los operadores de televisión, los grupos multimedia, así como otras empresas, han desarrollado programas muy diversos y focalizados a temas muy particulares. En este contexto, han nacido cadenas deportivas (ESPN), de información (CNN), meteorológi­cas (The Wheather Report), musicales (MTV), de cine (HBO, Showtime, The Disney Channel), etc. El problema para estas cadenas era atraer una audiencia máxima. Evidentemente, mien­tras más se centra un programa en un dominio particular, más debe tener un amplio mercado potencial con el fin de rentabilizar sus costes de producción. Es la definición de lo que los norteamericanos llaman narrowcasting en con­tradicción con el broadcasting

 

CUADRO 8

PERSPECTIVAS FINANCIERAS PARA LAS CADENAS FRANCESAS DE CINE (EN MILLONES DE FF)

 

1992

1994

1996

1998

CINE-CINEMA

Resultado anual

Result. acumulado

 

-43,6

-77,0

 

-23,6

-138,9

 

-9,2

-139,8

 

+32,7

-130,5

CINE-CINEFIL

Resultado anual

Result. acumulado

 

-45,6

-64,7

 

-29,7

-137,3

 

-8,3

-165,2

 

+10,5

-155,2

Fuentes: Telescoop, núm. 232, 19 de febrero de 1992.

Sin embargo, la difusión de estos programas se vio enfrentada al problema de la escasez de frecuencias hertzianas. Fue HBO (Honre Box Office, subsidiario de Time Warner) la pri­mera que solucionó el problema, al alimentar las cabezas de red por medio del satélite. Todas las demás cadenas nacidas en esta épo­ca siguieron los pasos de HBO, y el mercado del cable se desarrolló muy rápidamente, pues el único modo para captar estos programas era abonarse al cable (17).

La situación en Europa es, sin embargo, muy diferente. En los países que ya tienen una ‑relativamente‑ larga historia en materia de redes de cable, no son las televisiones temáti­cas las que han provocado el desarrollo y, por otra parte, los países que ahora quieren lan­zarse a este mercado se ven confrontados a la competencia de los satélites de difusión direc­ta (así como de otros equipos domésticos: magnetoscopios, videodiscos, etc.). Además, las cadenas temáticas no tienen las mismas oportunidades en Europa que en Estados Uni­dos, en razón de la fragmentación lingüística de los países europeos. Evidentemente, es más difícil rentabilizar un programa temático sobre un mercado potencial de 50 ó 60 millo­nes de habitantes, en el mejor de los casos, en comparación con el de 230 millones de EEUU Eso explica que actualmente, en Europa, la mayor parte de las cadenas temáticas accesi­bles sobre el cable o por satélite de difusión que tienen éxito son cadenas anglófonas, por­que el idioma inglés es el denominador co­mún entre las diversas audiencias nacionales.

Al contrario, las televisiones temáticas en francés que, hoy en día (18), están presentes únicamente sobre el cable, encuentran mu­chos problemas financieros.

 

 

En términos de consumo, la conclusión pa­rece clara: a nivel europeo, nivel mínimo para una rentabilización suficiente, la audiencia de las cadenas temáticas sobre las redes de ca­ble sigue siendo marginal. En el futuro, si se extienden las redes de cable en los grandes países europeos y si se resuelve el problema de la difusión multilingüe (tal y como es el caso de Eurosport), este consumo tendría que subir, porque las redes de cable continúan siendo el medio mejor para este tipo de difu­sión.

 

LAS TELEVISIONES LOCALES

 

La situación de las televisiones locales sobre las redes de cable es muy similar a la de las cadenas temáticas. Por eso, no vamos a exten­dernos sobre este tema.

En los países con alto índice de penetración del cable, hay muchas menos televisiones lo­cales que en Italia (+/‑ 600) o España (19) (+/­100), por ejemplo, donde las redes son casi inexistentes. Al contrario, en Bélgica sólo exis­ten 10 cadenas locales (20), todas exclusiva­mente accesibles por cable (sin difusión hertziana) y nunca más de una en la misma zona de difusión. En Francia, entre los 140 canales autorizados en el país entero, sólo 16 proponen una programación local (21) y se estima que se necesita un mercado potencial mínimo de 30.000 abonados para rentabilizar una cadena local sin subvenciones públicas.

Todo eso para decir que, aun si las redes de cable parecen ser un medio privilegiado para la difusión de televisiones locales, no es el caso hoy en día y la audiencia de tales cade­nas sobre el cable supera raramente el dos o tres por ciento.

 

EL CONSUMO TELEVISIVO ACTUAL SOBRE LAS REDES DE CABLE: RESUMEN

 

Antes de analizar las perspectivas en mate­ria de consumo televisivo sobre las redes de cable, proponemos un resumen de la situa­ción actual.

 

1) La existencia o inexistencia de redes de cable no tiene una influencia fundamental sobre el consumo televisivo global (la du­ración media de escucha). Parece haber un límite máximo de este consumo que puede variar de un país a otro, pero esen­cialmente en relación con factores socia­les y culturales.

2) Con respecto al reparto del consumo en­tre programas nacionales y extranjeros, hay que diferenciar entre la situación en los países pequeños y en los grandes (por supuesto, sólo hablamos de los países con redes de cable). Los primeros (Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Irlanda, Dina­marca, Suiza, etc.) ya tienen una larga tra­dición en cuanto a tales redes, que fueron instaladas, sobre todo, para captar las emi­siones de sus vecinos. Eso ha tenido unas consecuencias bastante importantes so­bre el consumo televisivo, esencialmente cuando estos países comparten el mismo idioma con vecinos culturalmente domi­nantes (Irlanda con el Reino Unido, Bélgi­ca con Francia o Países Bajos, Suiza con Alemania o Francia o Italia, etc.). Aun en otros casos (Países Bajos, Dinamarca (22)), las consecuencias no son marginales por­que los países pequeños practican más el multilingüismo que los grandes.

En estos últimos, donde, de todas mane­ras, las redes de cable están menos desa­rrolladas (sólo Alemania tiene un índice de penetración del cable superior al 35 por ciento), la penetración en términos de audiencia, de televisiones generalistas extranjeras se mantiene bastante débil.

3) Más que las infraestructuras, es la lengua de difusión lo que condiciona el desarro­llo del consumo de programas temáticos. Paradójicamente, estos últimos son más numerosos en países con pocas redes (Gran Bretaña y Francia) que en países bien equipados. Esto se debe a razones estratégicas: en este caso, las cadenas te­máticas fueron creadas, particularmente en Francia, con el fin de favorecer el desa­rrollo del cable (al contrario de lo que pasó en Estados Unidos).

4) Al mismo tiempo, la existencia o inexis­tencia de redes de cable no parece tener una influencia destacable sobre el consu­mo de programas de televisiones locales.

 

 

LOS NUEVOS SERVICIOSY LAS PERSPECTIVAS DE CONSUMO

 

El pago por consumo

 

No hemos hablado, hasta ahora, de la televi­sión por abono, la forma más conocida de la televisión de pago, porque la presencia de redes de cable no cambia fundamentalmente el consumo de tales programas que se pue­den transmitir sin problemas por ondas hertzianas, por satélite o sobre las redes de cable. Pero la televisión por abono no es la única forma de televisión de pago, ya que existen, sobre todo en Estados Unidos, fórmu­las de pagar por ver (pay per view, p‑p‑v), sistema por el cual los consumidores sólo pa­gan por el programa que quieren ver, por medio de un contador, y no por la programa­ción completa de un canal.

Aun si se puede imaginar un desarrollo del p‑p‑v por ondas, es cierto que la instalación de tales sistemas es mucho más fácil, en términos técnicos y de gestión, sobre las redes de ca­ble. En efecto, el concepto p‑p‑v necesita una capacidad suficiente de canales con el fin de ofrecer una amplia variedad de programas (23) pero también posibilidades de inter­actividad para la selección (y la facturación) de los programas particulares.

En Europa sólo existen, actualmente, expe­riencias de p‑p‑v (24), pero, en Estados Uni­dos, este mercado está desarrollándose muy rápidamente: 255 millones de dólares en 1990, 430 millones en 1991, y las previsiones cuen­tan con más de mil millones en el año 1997.

Con respecto al consumo, parece interesan­te señalar que mientras que, al principio, se preveía un reparto del 80 por ciento en favor de las películas frente al 20 por ciento en favor de los acontecimientos (manifestaciones de­portivas, conciertos, etc.), en realidad, este reparto es del 40 por ciento para las primeras y el 60 por ciento para los segundos (25).

Es cierto que en caso de desarrollo de tales sistemas de p‑p‑v en Europa, serían un com­petidor peligroso para las televisiones de pago clásicas así como para el sector del vídeo.

 

La radio de pago

 

Cuando se habla de difusión por redes de cable, se habla, casi exclusivamente de trans­misión de programas de televisión. Pero estas redes son perfectamente capaces de transmi­tir también programas de radio (26). Así, por ejemplo, las redes de la sociedad belga ALE­TELEDIS difunden 24 programas de radio (27): cuatro nacionales en francés, tres en flamenco y uno en alemán (que es el tercer idioma ofi­cial de Bélgica), dos locales, dos de música continua, cinco franceses, tres holandeses, dos alemanes y dos luxemburgueses. Pero, hay que reconocer que este servicio no ha logra­do un éxito real y que muchos de los abona­dos de las redes conectan sólo su aparato de televisión y no el de radio.

Sin embargo, varios radiodifusores europeos prevén que la radio de pago combinada con la difusión numérica (Digital Audio Broadcasting, DAB) podría resolver el problema de la finan­ciación de una nueva generación de emisoras especialistas (28) (parecidas a las cadenas te­máticas). En efecto, la financiación de estacio­nes de radio se hace, actualmente, por la pu­blicidad o los presupuestos públicos (nacio­nales, regionales o locales). Pero los recursos públicos están cada vez en peor estado (29) y se estima que la publicidad no podrá crecer, al menos al mismo ritmo que durante los años 80. Por eso, hay que encontrar nuevos modos de financiación (30) y la radio numérica de pago, con una calidad de sonido similar a la del disco compacto, podría ser una de las soluciones.

 

Programas de formación y enseñanza asistida por ordenador

 

Una de las posibilidades técnicas ofrecidas por las redes de cable es la difusión de imágenes fijas acompañadas (o no) de un comenta­rio sonoro (31). En efecto, durante la transmi­sión de una imagen de televisión, la señal trans­mite 50 imágenes de media por segundo; pero se puede transmitir, al mismo tiempo y sobre el mismo canal, un gran número de imágenes fijas que necesitan menos definición y pueden corresponder a varios programas. Las imáge­nes sucesivas de un mismo programa pueden ser memorizadas en los aparatos de abona­dos para una utilización posterior.

Este servicio, que funciona de la misma ma­nera que el teletexto, pero con imágenes y sonido, y que necesita un adaptador particular para la selección de un programa y la memo­rización de las imágenes, puede dirigirse al público general de los abonados o sólo a cier­tas categorías para el perfeccionamiento pro­fesional o la formación de públicos diversi­ficados.

 

Los servicios interactivos

 

Las redes de teledistribución son, en princi­pio, unidireccionales, pero se puede técnica­mente instalar una vía de regreso que permite la transmisión de informaciones desde los abo­nados (o cualquier punto de la red) hasta la cabeza de red. La vía de regreso hace la red de teledistribución bidireccional (32), es de­cir, permite la circulación de las informaciones en ambas direcciones. Sin embargo, esta téc­nica sólo permite un tráfico intenso desde las cabezas de redes hasta los abonados y un tráfico mucho menos denso en la dirección contraria.

La utilización de la vía de regreso sobre las redes de cable se distingue de la telefonía porque:

‑ da lugar a una interactividad disimétrica en cuanto a la capacidad,

- permite al público en general, o una parte específica del mismo, tener acceso a las

  informaciones,

‑ no asegura el secreto de la transmisión de los mensajes.

 

En comparación con el videotexto, que utili­za la red telefónica, los servicios interactivos sobre las redes de cable tienen características propias. Las dos técnicas permiten explotar un stock casi ilimitado de páginas memorizadas en bancos de datos y responder inmediata­mente a la pregunta del usuario. Sin embargo, gracias a su ancho de banda, el cable puede transmitir unas informaciones más ricas que el videotexto: no sólo textos y gráficos, sino tam­bién imágenes. Al contrario, el videotexto dis­pone de una capacidad más fuerte de inter­cambio entre el abonado y los bancos de da­tos y ofrece la comunicación de persona a persona (mensajería). Lo que significa que las dos técnicas no son competitivas sino más bien complementarias (33).

Las utilizaciones potenciales de la vía de regreso sobre las redes de cable son numero­sas. Se pueden mencionar, entre otras:

 

‑ el teletexto bidireccional utilizando un ca­nal entero;

- la vigilancia por parte de la empresa de teledistribución de la calidad de

                 funcionamiento de la red;

‑ el control de otras redes de distribución (electricidad, agua, gas);

‑ la vigilancia, con sistemas de alarma, de edificios públicos o privados;

‑ la lectura a distancia de los contadores de electricidad, agua y gas;

‑ la compra de productos con catálogos vídeo;

- el sondeo del público con respecto a la calidad de los programas de televisión u otras

  preguntas;

‑ la participación en directo de los abona­dos en emisiones, debates, juegos;

- la comunicación entre un ordenador cen­tral (situado en la cabeza de red) y

  terminales de abonados para el acceso a servi­cios de tipo videotexto (bancos de

  datos, ciertos servicios telemáticos);

- la información y enseñanza, e incluso el control individualizado de las respuestas y

  ejercicios;

‑ etc.

 

Según los casos, estos diversos servicios podrían ser ofrecidos gratuitamente, es decir, pagados por los proveedores, o pagados por los usuarios, por abono o por conexión.

 

CONCLUSIÓN

 

La primera generación del cable en Europa se ha desarrollado en países pequeños o me­dianos, sobre todo con el fin de dar acceso a cadenas de países vecinos, en una época du­rante la cual no existía una oferta televisiva importante (antes de la liberalización de las ondas), ni siquiera la difusión directa por saté­lite. Esta primera fase no dio lugar a un cambio profundo desde el punto de vista del consu­mo, sino sólo a una diversificación de este consumo en relación con la multiplicación de las cadenas accesibles, cadenas que no pro­ponen una programación fundamentalmente diferente.

Sin embargo, la segunda generación podría procurar unos cambios mucho más profun­dos. Con la competencia cada vez mayor de las nuevas televisiones privadas (34) y por satélite, no es, al menos únicamente, un au­mento de la oferta televisiva clásica, lo que puede acarrear una extensión rápida del ca­ble en los grandes países. Por ello, se necesi­tará ofrecer nuevos servicios atractivos.

Como hemos visto anteriormente, muchos de ellos no tienen que ver con el dominio televisivo en sí mismo, ni siquiera audiovisual: los servicios de control y vigilancia, de com­pra a distancia, de comunicación con un orde­nador, etc., no son servicios audiovisuales, sino más bien de telecomunicación (punto a punto) y no de difusión.

En resumen, dos tipos de servicios audio­visuales podrían tener consecuencias impor­tantes sobre el consumo televisivo: el pago por ver, y más generalmente los servicios de pago por programa, y la televisión interactiva. Paradójicamente, estos servicios tienen con­secuencias totalmente divergentes.

En el primer caso, se trata de una indivi­dualización del consumo, dado que la función de programación no tiene sentido: es el pro­grama puntual el que presenta un interés y no la totalidad de la programación, ya que, a me­nudo, esta última se compone de redifusiones periódicas del mismo programa (una película, por ejemplo).

Por el contrario, la televisión interactiva se sitúa en el campo de la participación y no de la individualización.

Probablemente, uno u otro de estos servi­cios tendrán más éxito en función de los hábi­tos culturales de cada país así como de la moda (que, en este momento está más a favor de la individualización que de la participa­ción).

 

 

 

 

NOTAS

 

 

(1) Sobre todo cuando crece la competencia entre los servi­cios audiovisuales y los de telecomunicación (teléfonos móviles) en la utilización de las ondas. Cfr. José María Álvarez Monzoncillo, “Spectrum Allocation”; en J.M. Álvarez, J ‑L. Iwens, The Convergence of Telecommunications and Broadcasting in Spain, CCIS Research Project, Madrid, 1991.

(2) Chantal Deltenre Le cáble en Belgique; Guíde des Médias, Informatique et Technologies de l'information- Suppl. 2; Ministère de la Communauté Française de Belgique; Bruselas, 1989.

(3) Annuaire de l'audiovisuel, capitulo 7: Radio‑Télévision, l' équipement et le câble, Bruselas, 1991.

(4) Hay que tener en cuenta un elemento muy positivo (en este caso): Bélgica es un país bastante pequeño (30.000 km) con una densidad de población muy importante (> 320 habitantes por km ).

(5) Ver Adolfo Castilla y José Antonio Díaz (ed.), Ocio, trabajo y nuevas tecnologías, Fundesco, Madrid, 1988.

(6) Pascale Leroy, “L' offre et la réception de la télévision francophone en Belgique”, Réseaux núm. 44/45, 1992.

(7) Se trata de las redes de 300 Mhz, pero ya existen algunas redes de 450 Mhz (+/‑ 40 canales), y proyectos para pasar a 750 Mhz (+/‑ 80 canales). (8) Informe de la RTT, 1984; Informe Intermixt, 1986; Informe RTD, 1991.

(9) A título de clarificación, el aumento de la cuota de mercado de TF1 que ha doblado entre 1985 y 1987 corresponde a la época de privatización de la primera televisión francesa, pero también a los esfuerzos de esta última para estar presente en el mercado publicitario belga, al difundir unos spots específicos.

(10) Se encuentra una situación muy parecida en la parte flamenca, pero, en este caso, las cadenas holandesas juegan el mismo papel que las cadenas francesas en la parte francófona.

(11) SAT‑1 es una asociación entre las cadenas alemanas, suizas y austríacas.

(12) New Media Market, 14 de marzo de 1992.

(13) Fuentes: CIT, citado en Television Business International, septiembre de 1991.

(14) Cable & Satellite Europe, enero de 1992.

(15) La aversión de los norteamericanos, pero también de los habitantes de grandes países europeos, frente al subtitulaje, si no al doblaje, en el campo del cine, es otro ejemplo.

(16) Alain Deneef, Le câble belge a la croisée des chemins, Solvay Business Review, ULB‑VUB, septiembre/noviembre de 1990.

(17) Hay que recordar que, en esta época, no existían satélites de difusión directa.

(18) Varias de ellas (Canal J, Canal Jimmy, Planéte, TV Sport Ciné‑Cinéfil y Euromusique) tendrían que ser transmitidas por el satélite Télécom 2B, pero este último es un satélite de contribu­ción (transmisión hasta las cabezas de redes) y no de difusión directa. Cfr. Liberation, 16 de marzo de 1992.

(19) Varias televisiones locales son difundidas sobre los videos comunitarios en España, pero, de una parte, pocas de ellas tienen capacidades reales de producción propia y, de otra parte, ya hemos dicho que no se pueden considerar los videos comunita­rios, en ,su forma actual, como verdaderas redes de cable. Ver: José M. Alvarez Monzoncillo y Jean‑Luc Iwens op. cit.

(20) De las cuales las más importantes son: Télé Sambre, Canal C, No Télé, Télé Bruxelles, Télé Liège. Cfr. Annuaire Audio‑visuel, 1991.

(21) Télé‑Toulouse, Télé‑Lyon‑Métropole, Télé 8 Mont Blanc, etc. Cfr. Correspondance de la Presse, 22 de mayo de 1991.

(22) Hay que tener en cuenta que el idioma danés es muy parecido al sueco y noruego.

(23) Por ejemplo, para poder ofrecer una multidifusión de la misma película variada en cada cuarto de hora. Cfr. La Lettre du SPES, núm. 16, marzo de 1990.

(24) Por ejemplo, en Países Bajos y Alemania (Variety, 13 de enero de 1992) o Francia (Les Echos, 4 de junio de 1992).

(25) EMBF&F, 17 de febrero de 1992.

(26) Se puede recordar también la experiencia del llamado hilo musical en Madrid y Barcelona. Ver: Enrique Bustamante (ed.), Telecomunicaciones y audiovisual en Europa, Fundesco, Madrid, 1991.

(27) Informe anual de ALETELEDIS, 1991.

(28) Broadcast, 31 de enero de 1992.

(29) Ver la situación de RTVE.

(30) Ver: B. Miége, P. Pajon, J.M. Salaün, L”industrialisátion de l’audio‑visuel, Aubier/Res Babel, París, 1986 y J.M. Alvarez Monzoncillo, J.‑L. Iwens, op. cit.

(31) Commission Consultative de 1”Audio‑visuel de la Communauté Française, Priorités d'application des nouvelles technologies sur le cáble, Bruselas.

(32) No hay que confundir los servicios realmente interactivos y la utilización de “un aparato similar a un decodificador y un nuevo mando a distancia, con lo cual el espectador podrá respon­der, apretando un determinado botón, a una serie de pregun­tas...” o tener acceso “a cuestiones referentes a la publicidad ‑como el concesionario más cercano para comprar el coche que acaba de aparecer en pantalla‑ o a la consulta de listines de teléfonos, entre otras” (El País, 15 de julio de 1992. A pesar del título del artículo (“La televisión interactiva llegara a España en otoño”), eso no tiene que ver con una verdadera interactividad: se trata de una mezcla entre la técnica del teletexto y sistemas de respuestas programados.

(33) Estudio de la Societé Régionale d'Investissement de Wallonie, Namur, 1990.

(34) Y regionales, en el caso de España. Ver: J ,M. Álvarez Monzoncillo, J.‑L. Iwens, op. cit. y Martin Even, L'Espagne et sa télévision, INA/Champ Vallon, París, 1989.