Nuevas tecnologías de televisión Construcción de una Europa audiovisual

 

Giuseppe Richeri

 

El problema más relevante actualmente es si la Europa occidental está dispuesta a apostar realmente por un espacio audiovisual común. Las actitudes de conquista o de espera pueden hacer imposible ese objetivo.

 

El organigrama y el orden ins­titucional de la televisión en muchos países del Este europeo, va a presentar todavía amplios márgenes de oscilación antes de que IZ llegue a alcanzar un orden estable. Por ello, me ha parecido de poca uti­lidad el intentar trazar un panorama actualiza­do de las iniciativas que se están llevando a cabo, porque transcurridos unos meses podría quedar totalmente obsoleto. Realizan­do una rápida comparación entre los elemen­tos objetivos que obtuve hace casi un año en Moscú, con ocasión de un encuentro europeo Este‑Oeste sobre temas de comunicación, y las noticias más recientes publicadas por la prensa especializada (Scrrn Digest, Cable & Satellite, NewMedia Markets, etc.), resulta que la situación se ha modificado notablemente, tanto en cuanto a las normas, como en medios e iniciativas. Lo que en un cierto grado ha per­manecido es la existencia de algunos elemen­tos, que permiten encuadrar mejor las posibi­lidades de desarrollo de nuevos medios de transmisión televisiva, como el cable y el saté­lite, dentro de la perspectiva de un nuevo espacio televisivo europeo.

Quisiera comenzar por la dimensión y por el tipo de mercado televisivo del Este europeo, pasar, posteriormente, a la tipología, mencionando algún ejemplo de iniciativa que se está llevando a cabo en el campo de las nuevas tecnologías de televisión, y finalmente abor­dar los problemas, los límites y los riesgos presentes en la forma de operar de las empre­sas occidentales respecto a la construcción de un espacio televisivo europeo equilibrado.

 

UN GRAN MERCADO, FRAGMENTADO Y POBRE

 

Para establecer las dimensiones y las princi­pales características cuantitativas del merca­do, en el que las nuevas tecnologías se están difundiendo, sólo son necesarios algunos datos. En conjunto, los países del Este euro­peo (ex URSS, Polonia, Checoslovaquia, Hun­gría, Rumanía, Bulgaria), suman casi 400 millones de habitantes, con aproximadamente 120 millones de familias con televisor. Se trata de un gran mercado, aunque fragmentado en distintas áreas lingüísticas, que de momento es pobre, o sea que es un mercado que puede remunerar los productos audiovisuales a un nivel mucho más bajo que el resto de Europa: basta comprobar que por los derechos para la emisión de una película estadounidense pagan como máximo ocho mil dólares, y por el episodio de un telefilme como máximo tres mil dólares.

Las nuevas tecnologías se encuentran en la actualidad en fase de despegue, las perspec­tivas de crecimiento en un breve período evi­dencian, sin embargo, una situación que sigue a gran distancia a la alcanzada por Europa occidental. En total, las redes de tele­visión por cable en el Este europeo son ofi­cialmente 800, pero se trata de sistemas comunitarios (Community Vídeo Antenna) muy atrasados desde el punto de vista técni­co, con capacidad para transmitir mediante dos a seis canales. Las conexiones al cable eran en 1990 de aproximadamente 4 millo­nes, y deberían duplicarse antes de 1995. La recepción directa por satélite se encuentra también en sus comienzos. Las familias que contaban con antena parabólica en 1990 eran unas 300 mil, con la perspectiva de duplicar­se antes del año 1995. Solamente en el sector del vídeo doméstico, se contabilizan más de 8 millones de aparatos, existe una clara viabili­dad para un relanzamiento del mercado.

En general, existe una fuerte demanda potencial de nuevos canales y de nuevos pro­gramas televisivos, que ya no están vincula­dos a la burocracia estatal, capaces de ofre­cer un amplio abanico de programas que proceden de países occidentales que, junto a otros de origen local, sepan representar de forma adecuada la cultura y la identidad de cada uno de los países. Sin embargo, esta situación queda condicionada por la econo­mía y por la legislación de los países del Este europeo.

Por un lado, los recursos públicos y priva­dos no tienen la posibilidad de acometer por sí mismos las enormes inversiones necesarias para crear la infraestructura de difusión y de distribución televisiva mediante cable o saté­lite, como máximo pueden ofrecer joint ventu­res dirigido por grupos occidentales. Por otro, los medios económicos de las familias y las inversiones publicitarias no ofrecen, ni ahora ni a medio plazo, los recursos suficientes para garantizar la rentabilidad en un período de tiempo aceptable de las enormes inversiones necesarias. Las empresas occidentales que, a pesar de la situación, han comenzado a inver­tir en países como Polonia, Checoslovaquia o Hungría para ir ocupando posiciones que podrían ser fructíferas a medio plazo, son conscientes de que se trata de una situación de riesgo con unas perspectivas bastante inciertas. La situación política y legislativa de muchos países sigue estando en plena evolu­ción, es muy difícil prever los plazos necesa­rios para alcanzar el equilibrio económico de la empresa. Faltan los medios y el ambiente adecuado para que funcionen los sistemas de mercado.

En estas condiciones, algunos grandes pro­tagonistas de la televisión europea, como el grupo Fininvest, tras grandes iniciativas hacia el Este de Europa, han dado marcha atrás y están abandonando y congelando las posicio­nes y los proyectos de inversión en espera de tiempos mejores, que ofrezcan una cierta seguridad respecto a las perspectivas de mercado y a las reglas de juego.

A continuación, vamos a contemplar una situación concreta para poner en evidencia los elementos y las iniciativas que se están lle­vando a cabo. En Hungría, donde hay cerca de 500.000 viviendas conectadas a una de las múltiples redes de distribución por cable, Time Warner y el cable‑operador United International Holdings (UIH), han decidido intervenir en joint ventures y mediante socie­dades con socios locales para relanzar técni­camente 15 de las mayores redes húngaras, así como para proporcionar programación. El sector está controlado por el Departamento de Transporte, Comunicaciones y Construc­ciones (DTTC), uno de los tres departamentos que en 1989 ha sustituido al Ministerio de Correos y Telecomunicaciones. Su cometido es, fundamentalmente, el de desarrollar una supervisión técnica de las instalaciones, ade­más de garantizar que las concesiones efec­tuadas por las autoridades locales sean con­forme a las normas, como, por ejemplo, impe­dir que los extranjeros posean más del 50 por ciento de una red. Pero en realidad, se trata de normas bastante flexibles, si pensamos que en 1990 la sociedad estadounidense Chase Enterprise ha logrado adquirir, no sin suscitar grandes protestas, el 85 por ciento de Kabel TV, la red privada por cable más importante de Hungría. La iniciativa de Time Warner y de UITH ha ralentizado, sin embar­go, sus nuevos proyectos de expansión y de modernización de Kabel TV, en los que esta­ban previstas inversiones equivalentes a 200.000 millones de dólares.

Por otra parte, la Chase Enterprises no sólo se ha comprometido con Hungría, también tiene previsto solicitar concesiones e instalar redes de televisión por cable en Checoslovaquia y en Polonia. En Hungría se está en espe­ra de una nueva reglamentación de la televi­sión por cable, que debería atribuir mayor poder a las autoridades locales para adminis­trar esas concesiones, y que debería estable­cer normas más concretas respecto a la publi­cidad y a las formas de abonarse. Otro pro­blema que queda por resolver todavía, visto el vacío legislativo, es el del copyright. La nueva ley debería regular, asimismo, la situa­ción en este campo, puesto que actualmente los canales televisivos vía satélite tipo RTL Plus, Sat 1, Lifestyle, Super Channel y Euros­port son recibidos y redistribuídos por cable, sin ningún acuerdo previo. Pero aunque en el caso de la televisión por cable el copyright se puede regular, la situación es más difícil en el caso de la recepción directa por satélite, que en Hungría ya implica a más de 70 mil vivien­das, y el número tiende a aumentar rápida­mente desde el momento en que, por ejem­plo, para recibir los programas de Astra es suficiente con una antena que cuesta alrede­dor de 600 dólares.

Hungría presenta una situación que no difie­re del resto de los países del Este europeo: en este campo aparecen proyectos, acuerdos y el inicio de algunas iniciativas, sobre todo, de grandes sociedades estadounidenses, que se apoyan en otras locales ante la incertidumbre actual de las normas que siguen siendo ines­tables.

En vez de exponer otros ejemplos concre­tos, creo que puede ser más oportuno refle­xionar sobre la situación general que en sínte­sis acabo de plantear.

 

LA CONSTRUCCIÓN EUROPEA

 

El problema que, en la situación actual, adquiere más relevancia lo constituyen las tendencias y las intenciones de los países de Europa occidental hacia los del Este, por­que, ¿se quiere realmente intentar construir un único espacio audiovisual en el que inte­grar a todos los países europeos, o se aban­donan los países del Este para que sean con­quistados por sociedades norteamericanas o japonesas que ya están mostrando su inte­rés por este mercado?. El problema no es sólo tomar la decisión de intervenir de forma sistemática, es también decidir asumiendo un compromiso.

Lo más torpe y peligroso para conseguir la construcción de la casa común europea , es considerar a los países del Este como tierra de conquista donde situarse esperando el momento propicio para hacer buenos nego­cios, vendiendo posiblemente material sobrante, stocksalmacenados o productos que en occidente consideramos obsoletos, tal y como ya ha sucedido en el sector editorial y de los aparatos de vídeo doméstico. Esta pos­tura de rapiña, evidentemente no nos llevaría a obtener los resultados idóneos necesarios para llevar a cabo la estrategia dirigida a construir la gran Europa.

Una segunda postura, más interesante, es la de poner a punto iniciativas y proyectos desti­nados a realizar con ellos determinadas activi­dades para sus propios mercados, para sus televisiones, para sus consumidores. Es éste un camino viable desde el momento en que en varios países del Este como Checoslovaquia, Hungría, Polonia y Rusia existe una larga tra­dición de producción audiovisual que ha alcanzado excelentes cotas en distintos géne­ros, como la ficción cinematográfica, docu­mentales científicos y de ciencias naturales, dibujos animados y otros programas infanti­les. Todo ello, significa que ya existe tanto la infraestructura para la producción (los estu­dios), como los técnicos para que ésta funcio­ne, y el personal creativo y artístico. En este caso, la intervención supondría, por una parte introducir, junto a unos recursos financieros importantes, determinados criterios de pro­ducción y de organización que permitan que estos países incrementen la oferta interna de programas, y por otra, desarrollar el sector de la televisión comercial de una forma equili­brada. De hecho, conviene tener en cuenta que, dada la tradición de consumo cultural de calidad, una invasión masiva de series extran­jeras podría generar un gran rechazo en estos países. Ya desde hace tiempo se ha puesto en evidencia una clara demanda no sólo de pro­ductos audiovisuales occidentales, sino tam­bién de productos audiovisuales de origen local.

Una tercera postura a adoptar respecto a los países del Este, que parece ser la más intere­sante desde la perspectiva de la casa  común, es el estar dispuesto a realizar intercambios con estos países, o sea, generar flujos de pro­ductos y de personas (directores, actores, etc.) entre el Este y el Oeste de Europa. Esto supone, dicho de otra forma, mirar a los paí­ses del Este europeo, no sólo como consumi­dores potenciales de productos occidentales o como posible mercado en vías de explota­ción, sino como lugares donde existen recur­sos técnicos y profesionales capaces de per­tenecer al circuito de producción que alimen­ta las televisiones occidentales y que contri­buye al reforzamiento de la industria audiovi­sual europea en todo su conjunto. En este últi­mo caso, contemplamos la perspectiva más difícil, la que requiere más tiempo, pero que se presenta como la única de la que pueden derivarse reales ventajas económicas y cultu­rales, tanto para los países del Este como para los del Oeste, por lo tanto ventajas para toda Europa.

Cabe incluso una cuarta postura que es necesario contemplar y que a mí me parece la más peligrosa: la de esperar y ver qué es lo que sucede para aprovechar mejores oportu­nidades que las actuales. En este caso, se tra­taría de dejar el campo libre a empresarios con intereses exclusivamente económicos, ajenos totalmente a los objetivos de tipo euro­peo. Creo que es un riesgo que ya se está corriendo y que podría perjudicar definitiva­mente cualquier proyecto de estrategia común de las empresas y de los países euro­peos en la casa común europea.

Dicho de otra forma, se trata de intervenir en los países del Este con iniciativas económicas y de producción tendentes a utilizar las estructuras y los medios existentes, y a inte­grar las características artísticas y culturales de cada uno de los países. Se trata de una estrategia a largo plazo que, además de poder proporcionar resultados económicos para las empresas occidentales que intervie­nen, crearía toda una red de profesionales y de empresarios locales, única condición para garantizar el crecimiento de los distintos mer­cados nacionales, y garantizaría, además, el respeto por las distintas culturas locales.

 

Traducción: Pilar Puente