Usos de la socioinformática

Las tecnologías avanzadas de información v su aplicación en las sociedades subdesarrolladas

 

Horacio H. Godoy

 

La distinción básica entre el desarrollo de las tecnologías de la información y las funciones socia­les de la información, la comunicación y la decisión permite comprender el síndrome del uso subdesarrollado de aquellas tecnologías avanzadas, y nos pone en camino de superarlo.

 

1. LA REVOLUCIÓN CIENTIFICO­       TECNOLOGICA Y EL MUNDO SUBDESARROLLADO: FALSAS CONTRADICCIONES

 

Existe una aparente contra­dicción entre las exigencias y las posibilidades de las tecnologías avanzadas de información, comunicación y decisión (TAICD), y las sociedades subdesarrolla­das (SSD). Parecería que las SSD deben re­signarse a ser meras usuarias ‑y malas usuarias‑ de las TAICD porque carecen de las condiciones mínimas para que éstas TAICD puedan aplicarse correctamente y rendir al máximo todas sus enormes posibi­lidades. El problema aparece cuando los vendedores de las TAICD deciden ganar los mercados potenciales de las SSD y ofre­cen sus productos, cargados de propagan­da penetrante y creando expectativas que en gran parte se ven frustradas a muy corto plazo.

Hay un ritmo de expansión muy acelera­do en las tecnologías avanzadas, frente a una inquietante lentitud en los procesos so­cioeconómicos y culturales de las socieda­des subdesarrolladas. Las TAICD generan un efecto de deslumbramiento y atraen con mucha fuerza a los sectores más altos de las SSD. Da la impresión de que estos sectores creen superar las limitaciones sociocultura­les del subdesarrollo mediante la adquisi­ción de las TAICD, aunque la tasa de su uti­lización sea prácticamente insignificante. Y parecen ignorar que «una institución obso­leta que adquiere computadoras, resulta una institución obsoleta con computadoras» (H. H. Godoy, 1988).

Aparece el concepto de capacidad de ab­sorción de las SSD con respecto a las TAICD. Este concepto es tomado de la cien­cia económica, cuando descubrió que las SSD carecían de capacidad de absorción de los recursos financieros, y, en consecuen­cia, el proceso de desarrollo debía conside­rar estos aspectos como necesarios, pero no suficientes, para el despegue y la acele­ración del desarrollo. Había otros factores no económicos que condicionaban el desa­rrollo económico y social de las SSD.

Del mismo modo, las SSD necesitan de las TAICD, pero su correcta aplicación ‑y en consecuencia, su máximo rendimiento ­dependerá de la capacidad de absorción de las SSD con relación a las TAICD. Y la capa­cidad de absorción de las tecnologías avan­zadas depende de factores no tecnológicos, sino socioculturales. Ésta es una de las con­clusiones a las que llegó la investigación in­terdisciplinaria que realicé en el Uruguay, en un proyecto de cooperación técnica del PIVUD (H. Godoy, 1981).

He señalado en otros trabajos que en las SSD ‑y gracias a los promotores apresura­dos en imponer las TAICD sin importarles la tasa de aplicabilidad, los rendimientos efec­tivos y las relaciones costo‑beneficio‑ nos encontramos con la siguiente situación:

 

‑ Electrónica sin electricidad: se preten­de expandir la tecnología electrónica y todas sus aplicaciones sin cuidar de modo especial la producción, la trans­misión y la extensión de las áreas de los servicios de electricidad.

‑ Informática sin información: «primero los equipos y después veremos» pa­rece ser el principio vendedor. Al pri­mer amago de interés en adquirir una computadora o instalar un sistema, llueven los vendedores a ofrecer solu­ciones fáciles a los problemas de fon­do y estímulos de toda clase para ase­gurar la compra. No interesa si el usuario tiene conocimiento y concien­cia clara sobre lo que significan las TAICD. En las SSD no hay cultura de la información que es conditio sirve qua non para que las TAIGD presten todo su potencial tecnológico al servicio del desarrollo de las funciones sociales de información, comunicación y decisión.

‑ Comunicaciones sin teléfonos: muchos países subdesarrollados no han re­suelto aún el problema de las comuni­caciones telefónicas, particularmente las comunicaciones dentro de esos países. Las variaciones de la incomuni­cación telefónica alcanzan niveles in­sospechados. Podría escribirse un in­teresante tratado sobre las posibilida­des socioculturales de la incomu­nicación telefónica. Estas dificultades técnicas empiezan a transformarse en la mejor excusa para toda clase de in­cumplimientos y faltas. Las dificultades en las comunicaciones se transforman en un enorme pretexto sociocultural para cubrir el deterioro de formas más civilizadas de comportamiento.

‑ Finalmente, redes sin terminales ni ba­ses de datos propias.‑ la instalación de redes, o la adaptación de las redes te­lefónicas para la transmisión de datos, llega a los países subdesarrollados an­tes de que éstos puedan disponer de bases de datos propias y de una verdadera demanda de información para su aplicación en el proceso de la toma de decisiones.

 

Generalmente, las empresas de teleco­municaciones en los países subdesarrolla­dos son monopolios de carácter público, muy ineficaces y con toda la arrogancia del poder burocrático. Y son estas empresas públicas las que presentan los primeros obstáculos al desarrollo de las nuevas tec­nologías de información, comunicación y decisión, bajo el amparo de un pretendi­do derecho de defensa de la soberanía nacional.

El cuadro de situación que acaba de pre­sentarse es suficiente para mostrar uno de los aspectos más visibles del subdesarrollo en la era de la información. Pero las SSD son algo mucho más complejo que esto. El subdesarrollo no da tregua. Y esto es así porque se trata de un sistema complejo y de muy alta coherencia interna.

El subdesarrollo es un sistema, y un siste­ma muy riguroso, compuesto por elemen­tos subdesarrollados, ligados por relacio­nes subdesarrolladas, que forman un todo subdesarrollado, que es distinto y superior a la suma de las partes subdesarrolladas. El subdesarrollo es un sistema de autoalimen­tación y de fortalecimiento del propio siste­ma subdesarrollado, en forma espontánea y permanente.

El subdesarrollo es mucho más complejo que lo que hasta ahora se ha pensado. Y tie­ne como una inercia o fuerza interior que lo marca de manera muy completa y profun­da. Por eso he acuñado la expresión que dice «el subdesarrollo no da tregua», por­que aparece dónde, cómo y cuándo uno menos lo espera. Existe una verdadera cul­tura del subdesarrollo con las características propias de actitudes subdesarrolladas, valo­res del subdesarrollo como tal e instituciones subdesarrolladas. Entre otras, cabe señalar como actitudes típicas del subdesarrollo el resentimiento generalizado, aun en casos de opulencia material; el complejo de infe­rioridad; alto nivel de irracionalidad y, muy particularmente, una especial cultura de la ignorancia.

Todos estos aspectos fueron debidamen­te conocidos y explotados en grado diverso por las llamadas potencias coloniales en África, Asia y América Latina. Y el subdesa­rrollo ‑dos tercios de la humanidad‑ es el testimonio vergonzante de la incapacidad y/o el egoísmo ‑o las dos cosas‑ de los dirigentes del mundo ‑especialmente las superpotencias y las potencias‑ para crear un orden mundial más justo y más digno para todos los seres humanos que habita­mos el planeta.

Este cuadro tétrico que dejo esbozado, podría inducir a pensar que es utópico cual­quier intento de relacionar en forma sisté­mica a las TAICD con las SSD. Aparente­mente, como dijimos, el discurso teórico de las TAICD es incompatible, por su propia naturaleza, con el discurso teórico de las SSD.

Cuando algún país subdesarrollado adoptó una política nacional para la indus­trialización de las computadoras persona­les, creó un verdadero enfrentamiento con algunas de las multinacionales más podero­sas del mundo.

La declaración de la reserva del mercado nacional para las computadoras personales de fabricación nacional hizo creer a algunos observadores que en ese país se estaba produciendo un cambio en la concepción política y en el desarrollo de la informática. Nada de eso. El cambio ‑aunque impor­tante‑ fue de una política de mercado libre a una política desarrollista. Pero desde el punto de vista del desarrollo social no hubo ningún cambio. La política nacionalista no tuvo por objetivo el fortalecimiento de las funciones sociales de información, comuni­cación y decisión, para dar un fuerte impul­so a nuevas fuentes de trabajo, a crear nue­vas empresas y una mejora en la educa­ción, en la administración de la salud, ni en la capacidad de producción de los sectores más necesitados.

El modelo cultural de la nueva política in­formática fue igual al modelo cultural de la política anterior. ¿No existirá, en conse­cuencia, un abismo infranqueable ‑teórico y epistemológico‑ entre las TAICD y las SSD? ¿Hay alguna posibilidad de reducir el gap actual entre la sociedad posindustrial, cuyo nombre es sociedad de información, y las sociedades subdesarrolladas? Si esta brecha en creciente expansión no se con­trola y no se reduce, las diferencias entre países ricos en información y países pobres en información pueden llegar a extremos incontrolables.

La sociedad de información está basada, fundamentalmente, en el desarrollo armóni­co de las tecnologías avanzadas de informa­ción, comunicación y decisión, y de las fun­ciones sociales de información, comunica­ción y decisión, a las que las TAICD sirven y fortalecen. Esta distinción esencial entre las tecnologías avanzadas de información, co­municación y decisión y las funciones socia­les de información, comunicación y deci­sión es uno de los fundamentos de la socioinformática o socialware (H. H. Godoy, 1988),

Las sociedades subdesarrolladas, en cambio, son sociedades cuyas funciones sociales de información, comunicación y decisión son subdesarrolladas y, por ello, las TAICD resbalan por encima de las fun­ciones sociales, sin penetrarlas, ni transfor­marlas, ni fortalecerlas.

El tema es de tal gravedad para las socie­dades subdesarrolladas ‑que representan a más de los dos tercios de la humanidad‑, que bien vale la pena plantearse el proble­ma de las posibles relaciones sistémicas entre las TAICD y los procesos de desarro­llo, en base al fortalecimiento de las funcio­nes sociales de información, comunicación y decisión.

Este trabajo sostiene la siguiente tesis central: en el campo de la epistemología científica existe una concepción teórica puente que puede permitir el estableci­miento de una relación profunda entre las ciencias duras y las ciencias sociales. Este puente es la cibernética.

En el ámbito de la experiencia social con­creta, la tesis sostiene que este puente epis­temológico puede justificar la construcción de un puente operativo, y canalizar el es­fuerzo conjunto de las ciencias duras y las ciencias sociales, para analizar y resolver temas y problemas sociales, económicos y culturales, particularmente del mundo sub­desarrollado. El tránsito desde la cibernéti­ca, como concepción científica y tecnológi­ca de punta, hacia la socioinformática o socialware, como enfoque especial teórico y práctico hacia el mundo en desarrollo, pue­de realizarse a través de la sociocibernética (E. Laszlo, 1972); la soziotechnologie (J. Ree­se y otros, 1982) y los enfoques interdisciplinarios aplicados a las relaciones sistémi­cas entre las TAICD y las SSD (H. H. Godoy, 1985 y 1987).

 

2. LA SOCIEDAD DE INFORMACIÓN COMO NUEVA REALIDAD Y EL MUNDO SUBDESARROLLADO: LA BÚSQUEDA DE NUEVOS ENFOQUES TEÓRICOS

 

La formación acelerada de una sociedad de información ‑de escala mundial y teleinformátizada es el fenómeno global ca­racterístico de nuestro tiempo, que surge impulsado por la revolución científico‑tec­nológica. Esta sociedad de información, en pleno surgimiento y estructuración, tiene, según nuestras investigaciones, doce carac­terísticas fundamentales.

Estas doce características han sido selec­cionadas con base en los estudios globales existentes, y son lo que en prospectiva se denominan tendencias portadoras de futuro. La llamada sociedad posindustrial, que se­ñaló en su momento un período de transi­ción muy concreto, ha evolucionado hacia una forma más compleja de sociedad de al­cance o escala mundial, y de mayor grado de integración interna. Las doce notas que se mencionan a continuación intentan pre­sentar una síntesis de lo que se estaría ges­tando como sociedad de información en es­cala mundial.

 

2.1. El proceso de mundialización o unificación del mundo sin fronteras

 

La humanidad entera asiste ‑por razo­nes suficientemente claras, y ya analizadas por los especialistas en el estudio de las re­laciones internacionales‑ a un intenso pro­ceso de mundialización de los grandes te­mas y problemas contemporáneos. La lucha contra el narcotráfico es sólo una muestra de ello. El conjunto de esos temas y proble­mas se denomina problemática mundial o, según el Club de Roma, la World Problematique.

Entre otros, pueden señalarse los siguien­tes grandes temas/problemas: la paz en la era nuclear, la lucha contra la extrema po­breza en el mundo, la protección del medio ambiente en el planeta, la vigencia plena de los derechos humanos, el flujo de datos transfronteras y el acceso libre a las bases de datos internacionales, conteniendo infor­mación sobre temas relacionados con la sa­lud, la alimentación, la vivienda, el vestido y la educación.

 

2.2.    Las tendencias transnacionales (TTN) y los actores transnacionales (ATN)

 

En este proceso de mundialización, el centro de gravedad de los grandes aconte­cimientos está pasando de los estados na­cionales a tendencias transnacionales (TTN) y actores transnacionales (ATN), como las empresas transnacionales; los partidos polí­ticos transnacionales ‑comunistas, socialis­tas, demócratas cristianos y socialdemócra­tas‑, las organizaciones sindicales transna­cionales, los grupos de investigadores científicos, las asociaciones deportivas mundiales ‑fútbol, boxeo, tenis, balonces­to, automóviles de carrera‑,instituciones religiosas, organizaciones no gubernamen­tales como el Club de Roma y la Comisión Trilateral, organizaciones terroristas, orga­nizaciones de narcotraficantes y otras for­mas del crimen mundial.

Estos ATN se organizan y actúan en el mundo sin fronteras como su escenario na­tural y utilizando los recursos financieros y técnicos, disponibles (H. H. Godoy, 1976, 1982, 1986 y 1987).

 

2.3.    Las TM y las tecnologías avanzadas de información comunicación y decisión (TAICD)

 

Las tendencias transnacionales (TTN) son la viga maestra del nuevo orden mundial emergente, y se asientan en las tecnologías avanzadas de información, comunicación y decisión (TAICD). El sistema mundial es ya una gigantesca red network de usos múlti­ples, que ha transformado al mundo en una aldea global, según la terminología de Marshall McLuhan (1962).

El sistema mundial está trazado: las TTN justifican la existencia de las redes de trans­misión de datos para su mejor utilización por los ATN, y las tecnologías se desarro­llan más y más para servir mejor a los RIN, fortaleciendo las tendencias transnacionales o mundiales. Es un gigantesco sistema de autoalimentación que crece y se desarrolla vertiginosamente, exigiendo la reconver­sión acelerada y el aggiornamento del dere­cho internacional, de los organismos inter­nacionales y de la política internacional.

Asistimos ‑entre azorados y esperanza­dos‑ a la transición crítica del sistema in­ternacional hacia un sistema mundial.

 

2.4. El universo tecnológico de las TAICD

 

El universo tecnológico de las TAICD está integrado por las tecnologías de computa­ción, comunicación y control (C4), aplicadas a la información y a los procesos de trans­misión de voz, sonidos, imágenes y datos, y a la transferencia de dinero y el manejo de armas nucleares intercontinentales y naves espaciales.

Este complejo y multifacético universo tecnológico es el verdadero motor de la re­volución científico‑tecnológica.

El universo tecnológico, con toda su com­plejidad y su capacidad de crecimiento ex­ponencial, tiene que ser analizado desde dos perspectivas principales: una, el desa­rrollo de las TAICD ‑y el de toda la revolu­ción científico‑tecnológica‑, es un proceso socioeconómico‑cultural y, como tal, debe ser estudiado y evaluado por las ciencias sociales interdisciplinadas; dos, por ello mismo, por ser un proceso social de carac­terísticas complejas, presenta una intensa y permanente interacción entre las diferentes disciplinas tecnológicas que se retroalimen­tan entre sí.

Éste es el proceso de convergencia de las tecnologías que ha dado lugar a las re­des o cadenas de tecnologías relacionadas para cumplir fines múltiples en la informa­ción, la comunicación y la decisión. C a la cuarta, sobre 1 al cuadrado (C4/ I2), según la fórmula acuñada por Herman Kahn (1982).

 

2.5.   El tamaño relativo del mundo es igual a Tiempo real + (TR = tr)

 

La revolución científico‑tecnológica ha producido un doble efecto de transforma­ción profunda que da origen a un nuevo or­den mundial: en primer lugar, ha reducido el tamaño relativo del mundo, alterando, en forma radical, el significado humano de las distancias geográficas.

Si comprendemos que el tamaño relativo del mundo (TR) es igual a la distancia (D) dividida por la velocidad (V) ‑(TR = = D/V)‑, debemos admitir que cuando V es igual a la velocidad de la luz (300.000 km. por segundo), el tamaño relativo del mundo (TR) es igual a lo que se denomina tiempo real (tr). Este pensamiento se expre­sa en una simple fórmula representativa de uno de los aspectos más revolucionarios de nuestro tiempo;

TR = tr

 

2.6. El shock del futuro

 

El segundo cambio revolucionario apare­ce como una característica de nuestro tiem­po, definido y analizado en forma brillante por Alvin Tofier en su mundialmente famo­so libro El shock del futuro, 1970, y se refie­re a la naturaleza del cambio que vive la humanidad.

Toffler define nuestro tiempo de turbulen­cia e inestabilidad como el shock que pro­duce el futuro que llegó antes de lo que no­sotros esperábamos. Pero hay que agregar que no es sólo la anticipación con que nos llega el futuro, sino el tipo de futuro que nos llega, y de qué manera se hace presente.

El universo tecnológico referido anterior­mente, complementado con las revolucio­nes en la ciencia y la tecnología nuclear, y en la ciencia y la tecnología biológica, son la base tecnológica del futuro que se hace presente, la base del «shock del futuro».

 

2.7. El cambio del cambio (C3)

 

La manera en que el futuro se hace pre­sente es a través del proceso de cambio, más precisamente, de la naturaleza del pro­ceso de cambio.

Los análisis contemporáneos sobre la na­turaleza del cambio que vive la humanidad en la era científico‑tecnológica se funda­mentan en las contribuciones de la ciencia de la inestabilidad o la ciencia del cambio. (Ilya Prigogine 1979, 1980, 1988); la ciencia y la praxis de la complejidad (Universidad de las Naciones Unidas, 1985), y otros apor­tes en el campo de la epistemología científi­ca (Eric Jantsch, 1975, 1976, 1980 y 1981). Cabe mencionar también las obras de Alvin Toffler (1981, 1990).

La revolución científico‑tecnológica ha cambiado la naturaleza del cambio. Ha cambiado la escala espacial o geográfica de los cambios (C”); ha cambiado la veloci­dad y el ritmo de los cambios (C2); y espe­cialmente, ha cambiado el contenido y el método de los conocimientos que producen el cambio y, en consecuencia, ha cambiado el conocimiento de las cosas y de los pro­cesos que cambian (C3). El mundo de Herá­clito se hace notar con un vigor creciente.

 

2.8. Un nuevo orden de magnitud

 

El cambio que debemos enfrentar al fina­lizar el siglo xx es de un nuevo orden de magnitud ‑espacio‑temporal y de conoci­mientos‑ que no puede ser comprendido por lo que se denomina el conocimiento convencional. El conocimiento convencional está:

 

‑ desubicado con respecto a la nueva escala espacial.

‑ desfasado con relación a la veloci­dad de los cambios;

‑ desbordado por la explosión de los nuevos conocimientos.

 

Las nuevas dimensiones espacio‑tempo­rales de la realidad se miden en nuestros días, según su tamaño ‑macro y micro‑ y según la velocidad. La realidad más peque­ña se mide en nanómetros, y el instante más fugaz se mide en nanosegundos, que repre­sentan la milmillonésima parte de un metro y la milmillonésima parte de un segundo, respectivamente. Es decir, para hacerlo más gráfico l/1.000.000.000. (K. E. Drexler, 1986, y R. A. Jenláns, 1986).

La dimensión más pequeña medida por la ciencia de nuestros días es de 10‑15 cm; y la dimensión más grande ‑el universo me­dido hasta el momento‑ es de 1,5 x 106 metros, que escrita en números corrientes significa:

 

1.500.000.000.000.000.000.000.000.000 m.

 

La velocidad más fugaz que se ha logra­do medir es igual a 3 x 10‑24 seg. (E. Janstch, 1980).

 

1/10.000.000.000.000.000.000.000 seg.

 

La astronomía contemporánea nos habla de cientos de millones de sistemas solares en nuestra galaxia ‑la Vía Láctea‑, y de miles de millones de galaxias en el universo (Stephen W. Hawldng, 1988).

Se ha realizado la siguiente reflexión so­bre lo que Max Scheler llamaría la «Posi­ción del hombre en el cosmos», aunque con otro sentido, válida para cada una de las personas que viven en nuestro planeta:

Cada uno de nosotros es igual a:

 

-       1/5.000.000.000 de personas que habitan la tierra, por

-       1/100.000.000 de sistemas solares de nuestra galaxia, por

-       1 / 100.000.000.000 de galaxias en el universo conocido hasta ahora.

 

Estas cantidades nos dan una idea aproxi­mada de nuestra significación numérica en el cosmos: cada uno de nosotros sería igual a 1/5‑28

La reflexión inspirada en el filósofo ale­mán, se complementa con otra: desde este orden de magnitud que nos sepulta en ce­ros ‑desde esta nanopequeñez‑; sin em­bargo, cada uno de esos individuos/perso­na, que somos nosotros, es capaz de per­cibir esta dimensión y es capaz, también, de pensar sobre su significación para cada uno de los nosotros y para la humanidad entera.

2.9. La fuerza de la ignorancia y la nueva educación en la sociedad de información

 

Una densa nube de ignorancia, conoci­mientos obsoletos, incapacidad educada, incompetencias calificadas y errores asumi­dos cubre la mayor parte de los conoci­mientos convencionales. Nuestra mente es prisionera silenciosa de formas obsoletas de pensar sobre temas de tanta trascenden­cia como la naturaleza de la materia, la vida, el ser humano, la sociedad, el universo, el espacio, el tiempo y el conocimiento Q. Fou­rastié, 1966; H. H. Godoy, 1988).

La percepción de la ignorancia ‑de la propia ignorancia‑ es el primer paso hacia la docta ignorancia, que consiste en saber que no se sabe (Sócrates, Nicolás de Cusa). A partir de esta toma de conciencia, puede ingresarse ‑con gran humildad, pero con bases muy firmes‑ a la reflexión sobre las nuevas dimensiones de la realidad en la era científico‑tecnológica.

El que no sabe que ignora, ignora la infi­nidad de cosas que no sabe. Y la ignorancia tiene un poder de aniquilación de todo lo que no sabe. Lo que no se conoce es como si no existiera. La ignorancia es una violen­cia sorda, callada, que en cualquier instante puede generar la máxima violencia.

La explosión del conocimiento científico­/tecnológico genera un crecimiento propor­cional de la ignorancia. La desproporción astronómica entre conocimiento científico/­tecnológico e ignorancia generalizada va creando un sistema global de muy graves diferencias. Y el único poder que existe so­bre el conocimiento reservado y exclusivo es el conocimiento abierto y compartido.

La educación cobra un nuevo sentido. Trasciende los patrones de la educación convencional que padece una crisis final, sin posibilidades de salvación. Un nuevo concepto de educación se está abriendo camino en la sociedad de información. Ya no es sólo la escuela ‑que debe repensar­se desde sus propios fundamentos‑, sino la sociedad entera la que va transformándo­se en una sociedad de enseñanza‑aprendi­zaje‑enseñanza.

Las fuentes de conocimiento deben ser proporcionadas a las fuentes de información, ya que el conocimiento no es otra cosa que información organizada. En caso con­trario, asistiríamos a una sociedad con infor­mación sobre los temas y problemas, pero sin conocimiento.

Uno de los problemas de nuestro tiempo es que, en las escuelas, los alumnos tienen información sobre ciertos temas, informa­ción que toman de la sociedad misma, y los maestros no tienen los conocimientos ade­cuados para explicarlos, comprenderlos y valorarlos.

La educación en su nuevo significado y alcance, como actividad libre, abierta, per­manente, con énfasis en el aprendizaje, y no en la enseñanza, y sostenida en las tecnolo­gías avanzadas de información, comunica­ción y decisión, es la viga maestra de la emergente sociedad de información.

 

2.10. El surgimiento de un nuevo paradigma científico

 

Para pensar sobre la nueva realidad hay que seguir las grandes líneas de formación de un nuevo paradigma científico que nos permita incorporar sistémicamente la nueva dimensión espacio‑temporal‑cognitiva de nuestro tiempo.

Se han propuesto ciertos rasgos genera­les del nuevo paradigma, indicando desde diversas perspectivas los elementos con­ceptuales básicos que debe tener para ayu­dar a la inteligencia humana a liberarse de las ideas y concepciones obsoletas, y, al mismo tiempo, para construir nuevos enfo­ques y teorías que ayuden a captar, perci­bir, describir, explicarle y comprender en sus últimas proyecciones la nueva realidad que nos toca vivir al finalizar el siglo xx (Thomas S. Kuhn, 1972; Eric Janstch, 1980; D. R. Hofstadter, 1979).

Entre otras aproximaciones, se ha pro­puesto considerar los siguientes compo­nentes del nuevo paradigma:

 

-       Holístico y sistémico: la realidad exis­tente ‑en todos sus órdenes‑ debe ser considerada como un todo y enfo­cada desde el punto de vista de la Te­oría General de Sistemas (TGS). El mecanicismo de la causalidad lineal ya no alcanza para describir y expli­car los complejos procesos de cambio mencionados en 2.7 y 2.8.

-       Contextual y ecológico: todo sistema, especialmente los sistemas abiertos, no sólo vive y se desarrolla en un con­texto ambiental, sino que depende de él para su propia existencia y perfec­cionamiento.

-       Escalas múltiples: el contexto puede estar inserto en escalas diversas, ‑personal, familiar, grupal, local, na­cional, regional, mundial‑, cuyas interrelaciones son muy evidentes en los grandes sistemas que se vinculan con los valores supremos de la huma­nidad: la paz verdadera, la calidad de vida, la seguridad personal, étnica y social; el bienestar económico, y la participación en la producción y el disfrute de los bienes culturales y téc­nicos de la civilización.

-       Interdisciplinario: la investigación so­bre los componentes y las relaciones que caracterizan un sistema corres­ponde, por definición, a diversas disci­plinas sistémica y epistemológicamen­te relacionadas.

-       Evolucionario: todo sistema está en permanente función de autorregula­ción de sí y de autoadaptación al me­dio, y desde su estado de desequili­brio apunta hacia cambios en forma permanente. Este transformismo es evolucionario, y no evolucionista, en el sentido darwiniano.

-       Prospectivo: la variable tiempo/veloci­dad/ritmo exige una consideración es­pecial desde el punto de vista del comportamiento probable del sistema, y de su evolución hacia futuros posi­bles y deseables.

 

2.11. El análisis comparativo y el síndrome USTeD: El uso subdesarrollado de las tecnologías desarrolladas

 

Las ciencias sociales responden a un pa­radigma científico anterior a la revolución científico‑tecnológica, y están en un duro y difícil proceso de integración con el otro hemisferio del campo científico, las ciencias físico‑matemáticas, a través de enfoques in­terdisciplinarios.

Los más sofisticados enfoques de la inter­disciplinariedad de la ciencia utilizan los aportes de la Teoría General de Sistemas (TGS) y de la epistemología científica, basa­dos en las reflexiones epistemológicas mo­dernas sobre la biología molecular, la me­cánica cuántica, la física de partículas y la astrofísica. Estos dos enfoques generales expresan su potencialidad de intercomuni­cación de las ciencias a través de los mode­los basados en la cibernética. (E. Janstch, 1. Prigogine, F. Capra, E. Laszlo, H. Matura­na y F. Varela, K. Boulding, y otros.)

Las bases epistemológicas de la ciberné­tica la hacen compatible con enfoques sisté­micos de la sociedad, como organización basada en las funciones sociales de infor­mación, de comunicación y de decisión, y como procesos dinámicos e inestables en cada una de esas funciones sociales.

Esta compatibilidad de los dos hemisfe­rios de la ciencia ‑por llamarle de algún modo gráfico‑ se hace posible a través de los modelos cibernéticos, con las debidas traducciones y ajustes de ciertos conceptos cibernéticos afectados por las rigideces de algunas concepciones de los sistemas ce­rrados (N. Wiener, 1948, 1961; L. von Berta­lanfy, 1968; E. Laszlo, 1972).

Estos nuevos enfoques, aplicados a las sociedades subdesarrolladas, muestran as­pectos de subdesarrollo no suficientemente investigados por las ciencias sociales, con­ceptual y epistemológicamente anteriores a la revolución científico‑tecnológica aplicada a funciones típicamente sociales como la in­formación, la comunicación y la decisión, pilares fundamentales de la organización social.

Estos enfoques han permitido diferenciar entre las funciones sistémicas básicas de una sociedad subdesarrollada, limitadas a las funciones vitales, sociobiológicas‑cultu­rales de supervivencia, y las funciones so­cioculturales de información, comunicación y decisión en otros niveles de organización y de funcionamiento. En virtud de estas fun­ciones primarias, encontramos sociedades en niveles de desarrollo bajísimo ‑los lla­mados por la jerga internacional de las Na­ciones Unidas LDC (Least Developed Countries), países menos desarrollados, son sólo un ejemplo de esta categoría de niveles de desarrollo‑. Lo cierto es que estas socie­dades existen desde hace siglos, no mue­ren, permanecen en el tiempo, y a pesar de todas sus limitaciones, expresan una enor­me potencia biológica y social, pero no despegan y no resuelven los problemas bá­sicos de vivienda, salud, alimentación, vesti­do y educación.

Para relacionar sistémicamente las cien­cias duras» con las ciencias sociales interdisciplinadas, se propone utilizar el Análisis Comparativo de Sistemas ACS, que permite conceptualizar y definir a las TAICD como un sistema en constante proceso de cam­bio, y a las sociedades subdesarrolladas SSD, también, como un sistema en proceso de cambio permanente. La escala, el tempo (tirning) y el contenido de ambos sistemas es diferente.

Su relación mecánica produce un extraño resultado que ha sido definido como el sín­drome USTeD: Uso Subdesarrollado de las Tecnologías Desarrolladas (H. H. Godoy, 1985, 1987).

En virtud del síndrome USTeD, la poten­cia tecnológica de las TAICD queda reduci­da a las limitaciones del subdesarrollo y a la ignorancia de los usuarios. El síndrome USTeD está muy bien repartido en el mun­do, pero es obvio que afecta más grave­mente a las SSD.

 

2.12. La sociedad de información o sociedad telematizada

 

1. Concepto general: la sociedad de in­formación se caracteriza porque sus funcio­nes sociales de información, comunicación y decisión se ven fortalecidas y desarrolla­das ‑en escala mundial y en tiempo real ­por las tecnologías avanzadas de informa­ción, comunicación y decisión (TAICD).

La infraestructura de las TAICD sirve a las funciones sociales mencionadas, transfor­mando las actividades claves de la socie­dad como la producción, la educación, la organización social, la política, el gobierno y la administración.

 

2. La sociedad de información es un sistema complejo que presenta las siguientes características fundamentales:

 

a) Los elementos del sistema social ‑las personas, la familia, las comunidades bási­cas, las organizaciones intermedias, las so­ciedades y las empresas de producción, las instituciones educativas, los partidos políti­cos, y las instituciones militares y religio­sas‑ tienen conciencia clara ‑tienen cultu­ra‑ de lo que es y lo que significan la infor­mación, la comunicación de la información y la decisión tomada en base a la informa­ción, como funciones sociales en la nueva realidad mundial, transformada radicalmen­te por las tecnologías avanzadas de infor­mación, comunicación y decisión (TAICD).

b) Las relaciones que vinculan a los ele­mentos del sistema social se expresan a tra­vés de los infinitos canales de comunicación por los que circula toda clase de informa­ción, para que los elementos de la sociedad ‑y la sociedad como tal‑ puedan tomar sus múltiples decisiones, y de la mejor ma­nera posible, adaptada a las nuevas escalas espaciales, a los nuevos ritmos de la histo­ria humana y a los nuevos conocimientos científico‑tecnológicos.

Las relaciones dentro del sistema, organi­zadas en base a objetivos específicos de la sociedad, se realizan a través de las diver­sas funciones sociales: en el tema que anali­zamos las funciones sociales de informa­ción, comunicación y decisión, que constitu­yen la base de la organización social.

c) El sistema global constituido por los elementos y las relaciones mencionadas, sostenido por la infraestructura de las TAICD y por la cultura de la información es lo que se denomina sociedad de informa­ción (S. Nora y A. Minc, 1978; J. Martins, 1978; Fundesco, 1983; A. Mattelart y H. Sch­mucler, 1983; P. A. Mercier y otros, 1984; H. H. Godoy, 1988.)

d) A partir de las funciones sistémicas primarias de información, comunicación y decisión (FICD‑) sostenidas por las TAICD, la sociedad de información se ca­racteriza y perfecciona por la muy rápida expansión de los siguientes sectores:

 

‑ economía de la información

‑ educación de la información

‑ ciencia de la información

‑ tecnología de la información

‑ ecología de la información

‑ política de la información

‑ derecho de la información

‑ gobierno de la información

‑ administración de la información

‑ cultura de la información

‑ filosofía de la información

 

e) Cada uno de estos sectores de la so­ciedad de información ha sufrido una trans­formación profunda, porque todos los ele­mentos y relaciones que constituyen estos subsistemas han sido, a su vez, adaptados a las nuevas dimensiones de la funciones so­ciales, y han sido fortalecidos por las tecno­logías avanzadas de información, comuni­cación y decisión.

Así, por ejemplo, la economía de informa­ción representa la transformación profunda de la estructura de la economía tradicional, dando lugar preeminente al sector de los servicios, y dentro de ellos, a las activida­des relacionadas con la industria y el co­mercio de las TAICD. Dentro de este sector específico de la economía de la informa­ción, se han distinguido dos grupos o cate­gorías: el sector primario de información y el sector secundario de información.

El sector primario de la economía de in­formación está integrado por aquellas acti­vidades relacionadas con la producción, los procesos y la distribución de bienes y ser­vicios de información. Por ejemplo, los em­pleados administrativos, bibliotecarios, ana­listas de sistemas y otros similares.

Según los estudios realizados hace ya más de 20 años, el sector primario de la economía de información representaba el 25,1 por ciento del PIB de los Estados Uni­dos. Este sector incluye la fabricación de computadoras, telecomunicaciones, im­prentas, medios de comunicación de ma­sas, propaganda, contabilidad, educación, y parte de las actividades financieras y de se­guros.

El sector secundario de la economía de información incluye la contribución de los trabajadores de la información en las indus­trias comunes, no directamente dedicadas a la información.

En este caso, el sector primario produce bienes y servicios para el sector secunda­rio, y estas actividades representan un 21,1 por ciento del PIB. La conclusión del estudio que citamos es que el sector de la econo­mía de información representaba, en 1967, el 53 por ciento del PIB de los Estados Uni­dos (Marc Porat, 1977; J. Naisbitt, 1982).

Esta referencia a la economía de informa­ción es sólo un ejemplo de las transforma­ciones producidas en las distintas áreas de actividades sociales por la aplicación de las TAICD. Estudios posteriores a esa fecha, hasta 1981, muestran el crecimiento extra­ordinario del sector servicios o sector cua­ternario de la economía, básicamente cons­tituido por los dos sectores de la economía de información que dejo mencionados.

La sociedad de información es la ex­presión sistémica y total de las 12 caracte­rísticas descritas. Es el marco de referencia general para el estudio de las relaciones entre la ciencia y la tecnología, por una par­te, y la sociedad humana, por la otra, en los albores del siglo xx1.

Pero con una aclaración fundamental: este nuevo escenario mundial, en creciente y rápida expansión sobre el planeta, debe abrirse a las sociedades subdesarrolladas, y éstas, a su vez, deben prepararse para acceder a los niveles de la sociedad de in­formación.

Este trabajo sostiene, como tesis central, lo siguiente:

 

a) La tarea de relacionar sistémicamente las tecnologías avanzadas de información, comunicación y decisión (TAICD) con las sociedades subdesarrolladas es posible, aunque no será fácil; o, dicho de otro modo, la tarea es muy difícil, pero posible.

b) Las tendencias presentes sobre el tema van por mal camino y hay que rectifi­carlas con urgencia; el error en la orienta­ción de esta tendencia puede ocasionar ma­les irreparables a millones de seres huma­nos. Y este daño en escala es absoluta­mente innecesario, y puede y debe ser evi­tado.

c) La motivación profunda que puede decidir a poner en marcha un programa mundial de esta naturaleza ‑que se perci­be como necesario y como posible‑, tras­ciende los aspectos científico‑tecnológicos, políticos o ideológicos, para encontrar sus fundamentos en el orden moral y en el derecho natural. Una vez más, la sindéresis o principio fundamental de la ética en­cuentra su más absoluta justificación: «hacer el bien y evitar el mal» en la era tele­mática.

 

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