Empleo y tecnologías de la información en España Las ocasiones perdidas

 

Luis Apala

 

Las tecnologías de la información han producido escasos efectos sobre la creación de empleo en España. Pero el déficit de técnicos especializados continúa siendo importante.

 

INTRODUCCIÓN

 

Existen escasas dudas sobre el papel clave de las tecno­logías de la información en la configuración de los pro­cesos económicos y socia­les. En relación a la esfera económica, la acelerada adopción de procesos de automatización, junto a la difusión cada vez mayor de la in­formática como medio de producción, uni­do al desarrollo de servicios y equipos de telecomunicación ajustados a las demandas cada vez más sofisticadas del sistema pro­ductivo, están alterando las posiciones com­petitivas de las economías nacionales. No resulta extraño, por tanto, en una sociedad cada vez más mediatizada por lo económi­co, contemplar cómo este fenómeno tecno­lógico puede incidir en nuestros comporta­mientos cotidianos.

Ante esta progresiva difusión, nos encon­tramos con una gama amplia de posturas ideológicas. Algunas acusan cierto sesgo vi­sionario sobre la bondad de sus efectos po­tenciales; en el otro extremo, otros vuelven a retomar las amenazas derivadas de lo que interpretan como una nueva ola de positi­vismo tecnocrático; en medio de ambas quedan posturas más moderadas y prag­máticas.

Sin embargo, en contra de lo que debería esperarse de un debate tan abierto, existe escasa evidencia hasta el momento sobre los efectos provocados por las TI, y más concretamente sobre el tema que pretende abordar este artículo: las relaciones entre las NTI y el empleo.

 

DIFICULTADES PARA ESTIMAR LA INCIDENCIA DE LAS TI SOBRE EL EMPLEO

 

Dentro de los distintos efectos provoca­dos por la difusión de las TI, posiblemente los cambios sobre el nivel y la estructura del empleo sea el tema más controvertido. De hecho, desde los dos extremos han apa­recido distintas estimaciones; desde las exageradamente optimistas sobre la crea­ción potencial de puestos de trabajo, hasta otras en las que se han sobrevalorado los efectos negativos de desplazamiento de empleo.

Indudablemente, la capacidad para pre­ver los cambios que las NTI han de provo­car sobre el empleo está condicionada por un grado enorme de incertidumbre. Los efectos derivados de su adopción se ven condicionados por factores tales como su imprevisible velocidad de innovación, las diferentes estructuras industriales, múltiples factores sociales, políticos, culturales, etc.

A esos problemas hay que sumarles los originados por las dificultades existentes a la hora de aislar de modo preciso los efec­tos sobre el empleo de cada una de las áreas tecnológicas. La tendencia hacia la in­tegración de éstas hace que resulte más complejo el poder realizar una valoración rigurosa.

Un último factor que hay que tener pre­sente es el contexto económico de los úl­timos años. La situación de prolongada recesión económica experimentada en el período reciente afectó a los distintos mer­cados de trabajo de forma virulenta. Se ge­neralizaron los procesos de destrucción de empleo, constatándose la consolidación de núcleos de desempleo estructural. Este fe­nómeno, que afectó especialmente a Euro­pa, mostró en España sus efectos más dra­máticos, atravesando todavía enormes dificultades para crear puestos de trabajo estables. En este marco de referencia resul­ta especialmente complicado establecer al­gún tipo de conexión entre los efectos con­cretos de las tecnologías de la información y el nivel de empleo, afectado por múltiples factores de índole estructural, institucional, educativa, etc.

Todas estas dificultades hacen que las es­timaciones que han pretendido abordar el tema se distingan por su heterogeneidad. La dispersión metodológica (1) existente di­ficulta el realizar conclusiones inequívocas, aunque parece existir una tendencia gene­ral a un desplazamiento del empleo, alte­rándose la estructura ocupacional.

Ante todo esto, al hablar de nuestro país, nuestro objetivo va a ser realizar una apro­ximación real a la evolución del empleo bá­sicamente desde los sectores productores, intentando adoptar una perspectiva des­criptiva, que contribuya a objetivizar el de­bate.

 

EL IMPACTO DE LAS NTI SOBRE EL EMPLEO

 

Antes de analizar la evolución directa del empleo en los sectores productores, con­viene trazar un marco analítico global. Esto nos permitirá identificar algunas de las va­riables que van a condicionar la relación entre la adopción de las TI y la evolución del empleo.

A la hora de evaluar los efectos inducidos por la adopción de las TI sobre el nivel y la estructura del empleo, cabe considerar una doble vertiente: por un lado, nos encontra­mos con el impacto directo sobre el em­pleo, y por otro, los derivados de las altera­ciones producidas sobre los equilibrios macroeconómicos, que lógicamente reper­cutirán sobre el empleo.

El efecto combinado de ambas vertientes vendrá mediatizado por toda una serie de elementos, entre los que destacan la pro­ductividad, la demanda, el comercio inter­nacional o el nivel de cualificación de los trabajadores.

La ola de innovaciones que ha presidido la evolución de la industria de tecnologías de la información en los últimos años, ha abierto la posibilidad de obtención de nota­bles ganancias de productividad en prácti­camente todas las parcelas de actividad económica.

En relación a la industria, la generaliza­ción del cambio tecnológico basado en la microelectrónica constituye uno de los pila­res potenciales de crecimiento para los próximos años. La aplicación en el aparato productivo de tecnologías tales como la au­tomatización industrial, el diseño, la fabrica­ción y pruebas asistidas por ordenador, la robótica o la informática, han abierto la po­sibilidad de dar un salto importante hacia mayores ganancias de productividad.

En el sector terciario, históricamente mu­cho menos expuesto a la competencia inter­nacional que el sector industrial, el manteni­miento de niveles de productividad reduci­dos ha sido constante. La adopción de las TI puede alterar esta relación, sobre todo en un horizonte determinado por la obligatoriedad de emprender procesos de liberali­zación en el sector, unido a la apertura de un entorno mucho más competitivo.

La aparición de nuevos servicios telemá­ticos, el desarrollo del software o la ofimáti­ca (2) pueden ayudar a resolver uno de los problemas históricos en el sector, como es la necesidad de contacto personal entre productor y consumidor. Esta comunicación se ve facilitada enormemente por el desa­rrollo de las redes de distribución, merced a la utilización de bancos de datos o imá­genes.

Sin embargo, a pesar de este potencial, no disponemos de garantías para afirmar que las posibilidades ofrecidas por estos nuevos equipos y servicios sean aprove­chadas al máximo.

El efecto más elemental que define la re­lación entre esta ganancia generalizada de productividad y el nivel de empleo es el ahorro de trabajo. El interrogante habitual es el grado en que la reactivación económi­ca, que impulsa el nuevo proceso de pro­ducción, puede compensar con la creación de nuevos puestos de trabajo el desplaza­miento previo de mano de obra. El alcance de este efecto de compensación va a estar mediatizado en cada país por su estructura industrial y el resto de factores a los que hi­cimos alusión.

La elasticidad de la demanda a los cam­bios sobre precios y costes inducidos por el cambio tecnológico basado en TI va a ser clave en la posible estimulación de empleo. La adopción de innovaciones en el proceso productivo va a permitir una caída en los costes de producción, que trasladada a los precios del producto puede activar su de­manda, dinamizándose de esta forma la contratación de empleo.

Las condiciones para que el proceso inte­ractivo de creación de empleo funcione son, sin embargo, muy restrictivas (3). En primer lugar, el punto de partida necesario ‑trasladar las caídas de costes a los pre­cios‑ depende del grado de flexibilidad de los mercados. Es necesario también que los consumidores reaccionen elevando sus compras y, por último, será necesario que en el seno de las empresas productoras, el aumento de la demanda se traduzca en una mayor demanda de trabajadores que pue­da compensar la demanda de nuevos equi­pos y servicios de TI, si se quiere evitar un proceso acumulativo de carácter negativo sobre el empleo.

Además de estos factores, existen otros de carácter exógeno, como el comercio in­ternacional, que como ya dijimos puede afectar a la relación entre adopción de TI y el empleo. Cabe hablar de un doble sentido al evaluar esta incidencia del sector exte­rior: por un lado, el impacto diferente entre un sistema productivo con un desarrollo tecnológico‑industrial endógeno, y otro en el que el acceso a las TI se realiza principal­mente gracias al acceso a los mercados ex­teriores; y por otro, las presiones competiti­vas originadas por el desarrollo del comer­cio exterior pueden tener un efecto potencialmente perjudicial para el empleo, debido a la obligación de reducir costes y mejorar la productividad, sobre todo en los sectores tradicionalmente protegidos.

En relación a la primera influencia, el he­cho de que la oferta exterior en equipos y servicios de TI supla las carencias de la oferta nacional, elimina parte del impacto de una de las fuentes directas de genera­ción de empleo, mientras que los efectos in­directos permanecen inalterados. La indus­tria española constituye un ejemplo repre­sentativo, con un nivel de producción que no llega a cubrir la mitad de la demanda, siendo preocupante contemplar cómo esta tendencia no sólo no se invierte, sino que se va agudizando.

Respecto a la segunda influencia, las pro­fundas transformaciones que han caracteri­zado la evolución reciente de la economía mundial, con una orientación clara hacia la globalización, cuestionan algunos de los modelos que han pretendido evaluar el im­pacto de las TI sobre el empleo bajo el su­puesto de economías cerradas.

Este factor es especialmente relevante en las industrias de tecnologías de la informa­ción, con la aparición de nuevas condicio­nes de competencia, debido por un lado a la irrupción de países cuyas condiciones laborales les permiten competir con costes laborales inferiores, y por otro, también se debe al nuevo marco de liberalización y desregularización, especialmente en el sec­tor de telecomunicaciones. La combinación de ambas condiciones provoca la necesi­dad de reajustar los costes salariales y de obtener mayores ganancias de productivi­dad, constituyendo ambos elementos una fuente de desplazamiento de empleo.

Sin embargo, proyectando el análisis rea­lizado por Fox (4) sobre las telecomunica­ciones, para el resto de las TI, las decisio­nes de empleo relacionadas con el comer­cio exterior van a ser diferentes según sea el producto más o menos complejo. La competencia agresiva de las naciones con costes laborales más bajos, en un principio afectará más a la gama inferior del merca­do. Las alternativas serán o importar este tipo de productos o incrementar la produc­tividad apostando por la automatización de los procesos, implicando ambas opciones pérdidas de puestos de trabajo. Evidente­mente, este proceso afectará de forma más negativa a los trabajadores menos cualifica­dos, mientras que se incrementa la deman­da de personal cualificado en los productos y servicios más avanzados.

Este último aspecto introduce el cuarto elemento al que hacíamos referencia al principio del epígrafe. La posible dinamiza­ción del empleo, originada por el creci­miento suscitado por la adopción de las TI, se somete a la restricción que imponen las mayores exigencias de cualificación. Simul­táneamente a la destrucción de puestos de trabajo, se crean nuevas ocupaciones ca­racterizadas por un nivel de cualificación elevado (5).

En la medida en que el sistema de forma­ción de cada país pueda responder a las nuevas exigencias, existirán o no desequili­brios entre la demanda y la oferta de este tipo de profesionales. Por tanto, se ven implicados todos los agentes que intervienen en el proceso de difusión (Administración, Universidad, Empresas, etc.). El nivel medio educativo del país condiciona decisivamen­te el grado de adaptación de la oferta de trabajo. Por otro lado, el gasto de las em­presas en formación constituye cada vez más una garantía de competitividad.

El desajuste entre oferta y demanda de profesionales cualificados provoca transfor­maciones en el mercado de trabajo. El re­sultado evidente es la tensión salarial y la rotación continua de este tipo de personal. De esta forma se intensifica la tendencia in­herente a la difusión de las TI hacia la seg­mentación del mercado, con la polarización de la estructura ocupacional (6), de tal modo que la participación de personal téc­nico es cada vez mayor, mientras se produ­ce una progresiva desaparición de las ocu­paciones manuales.

 

EL EMPLEO EN LOS SECTORES PRODUCTORES DE TI EN ESPAÑA

 

Los efectos más visibles provocados por las TI sobre el empleo son los que hemos denominado directos. Entendemos como tales aquellos que afectan básicamente a la producción de bienes y servicios de TI. A partir del marco analítico trazado, podemos contemplar cuál ha sido la realidad reciente española.

 

a) Cambios en el nivel de empleo

 

En los cuadros y gráficos elaborados se puede apreciar la tendencia del empleo en el sector productor en la última década. No parece que los sectores productores de tecnologías de la información constituyan una fuente dinámica de creación de empleo, ya que éste se mantiene prácticamen­te al mismo nivel que al comienzo de la dé­cada. Si bien pueden distinguirse dos sub­períodos. En la primera parte de la década, la nota más significativa es la atonía de la demanda, con un intenso proceso de des­trucción de empleo. A partir de 1986, la ten­dencia se invierte, creciendo el empleo a un ritmo notable. La recuperación se produ­ce antes que en el caso del total de la indus­tria, y responde al tirón de la producción. Sin embargo, el empleo en estos sectores todavía sigue representando un porcentaje muy reducido respecto al total de la indus­tria (apenas supera el 2 por ciento).

La excesiva agregación de los datos difi­culta el poder precisar cómo ha contribuido cada una de las áreas a la evolución del em­pleo total en la producción de las TI. Con las cifras de que disponemos, podemos com­probar que tanto las empresas del sector de electrónica de consumo como las de componentes electrónicos, redimensiona­ron sus plantillas en los primeros años de la pasada década. En la industria telemática la nota más destacada es el ritmo de creci­miento mucho más intenso que ha adquiri­do en los últimos años.

Sumando a la cifra del sector productos, el empleo en servicios de telecomunicacio­nes y servicios informáticos (cuadro 3) ob­tenemos el empleo total en producción di­recta de bienes y servicios de tecnologías de la información.

La tendencia general es similar a la que acabamos de constatar del sector produc­tor contemplado de forma aislada: pérdida de empleo en los primeros 80, invirtiéndose moderadamente la tendencia a partir de esa fecha. Comparando esta cifra con los totales de ocupación para toda la economía española, es difícil afirmar que el sector de TI constituya un motor de creación de em­pleo en nuestro país, manteniéndose cons­tante su participación sobre el empleo total en un nivel muy reducido (sobre el 1,1 por ciento del total).

Las dificultades para crear empleo alre­dedor de estas áreas no es un fenómeno que afecte únicamente a nuestro país, sino que se trata de una realidad generalizada, en el entorno comunitario. En la mayoría de los países europeos se han producido re­ducciones en el nivel de empleo, tanto en las empresas productoras como en las prin­cipales compañías nacionales de servicios de telecomunicación. En Francia, entre 1984 y 1988, France Télécom redujo su plantilla en 10.000 empleados, mientras que la industria de equipos de telecomunicación había perdido 24.000 trabajadores entre 1977 y 1984 (7). La industria de equipos belga experimentó una pérdida de empleo del 37 por ciento entre 1980 y 1988. El resto de países comunitarios se vio afectado de forma similar. Lo peculiar del caso español es que parte de un nivel de empleo más bajo, alejado de la media comunitaria.

Sintetizando podemos afirmar que la cre­ación de empleo directa, originada por la producción de bienes y servicios de TI, ha sido muy reducida. Es la consecuencia lógi­ca de la ausencia de un tejido tecnológico/­industrial alrededor de las tecnologías de la información en nuestro país.

La dependencia del exterior, con el cons­tante recurso a los mercados exteriores, ac­túa como tapón en uno de los conductos de creación de empleo. El panorama se en­sombrece más al contemplar las tendencias por subsectores, ya que el crecimiento de las importaciones es especialmente veloz en el sector productor de equipos de tele­comunicaciones, que tradicionalmente cu­bría prácticamente toda la demanda con producción nacional, tratándose del sub­sector con mayor número de trabajadores.

Respecto a la producción nacional, con­trasta poderosamente el nivel tan reducido de empleo que se ha creado, aun con el ti­rón que se produce en las tasas de creci­miento, muy por encima de las correspon­dientes al total nacional (8).

 

b) Cambios en la estructura del empleo

 

Aparte de los efectos sobre el volumen de empleo, la mayoría de los estudios también han prestado atención a la incidencia de la introducción de las TI sobre la compo­sición de la población trabajadora.

Como ya anunciamos más arriba, la ten­dencia generalizada es que los requeri­mientos de personal cualificado sean cada vez mayores, mientras se produce un desplazamiento progresivo de los trabajadores manuales.

En el caso español, y en relación al sector productor de bienes y servicios de TI, pare­ce constatarse dicha tendencia. En el sector productor de equipos, la suma de titulados superiores y medios pasa de representar el 17 por ciento del total en 1986 al 22 por ciento en 1989, mientras que el porcentaje de obreros se reduce del 52 por ciento al 45 por ciento en el mismo período. En el caso de los servicios de telecomunicacio­nes disponemos de una trayectoria tempo­ral más amplia, evolucionando el peso del total de titulados desde el 5,4 por ciento de 1980 al 13,8 por ciento de 1989. En los ser­vicios informáticos el cambio es aún más ra­dical, pasando los titulados de representar el 53,5 por ciento en 1983 al 74,1 por ciento de 1988.

Esta creciente demanda de personal cua­lificado en TI constituye un tema clave en la creación de un tejido tecnológico‑industrial en nuestro país. Si no existe la suficiente disponibilidad de recursos humanos, difícilmente se alcanzará un desarrollo tecnológi­co adecuado.

En nuestro país se han venido discutien­do en los últimos años las limitaciones que impone sobre la consolidación de este teji­do el desfase existente entre oferta y de­manda de profesionales cualificados en es­tas áreas. Parece constatarse una insatisfac­ción generalizada en gran parte de usuarios y productores a la hora de cubrir sus exi­gencias, tanto cuantitativas como cualitati­vas de personal técnico. Esta necesidad se acentúa en un momento en que la produc­ción crece a tasas muy altas, como acaba­mos de ver.

La preocupación suscitada por el tema ha originado la aparición de distintas estima­ciones que han tratado de evaluar cuáles serán los requerimientos de este tipo de personal para los próximos años (9).

En esta línea se sitúa nuestro estudio (10), con una encuesta a 101 empresas productoras que nos permite conocer más detalla­damente varios aspectos relativos a los per­files tanto del personal actual como las pre­visiones de contratación por parte de las empresas. Las exigencias de cualificación son cada vez mayores, sobre todo en soft­ware y hardware, creciendo con mucho ma­yor dinamismo el empleo de personal titula­do que el empleo total.

Los datos relativos a la edad del personal nos dan una idea clara de esta necesidad, ocupando el personal con menos de 35 años el 41 por ciento del personal total. Las empresas se disputan los titulados incluso antes de finalizar la carrera, lo que conduce a una incorporación contractual masiva al mercado de trabajo de personal joven con escasa o nula experiencia. Esta afirmación queda reforzada analizando los datos refe­rentes a la procedencia del personal titula­do, que nos permiten observar que el 70 por ciento de estas incorporaciones se pro­ducen como primer empleo.

Además de estos datos cualitativos, he­mos intentado estimar la incorporación pre­visible de titulados superiores y medios du­rante los próximos años. El procedimiento ha sido aplicar el porcentaje de incorpora­ción de titulados previsto por las empresas de la encuesta para el período 1990‑94 de forma constante (sobre el 9 por ciento), so­bre los datos actuales de empleo propor­cionados por ANIEL. La posible fiabilidad de los datos queda reforzada por el con­traste positivo con otros estudios, destacan­do la similitud con la tasa de incorporación que ofrecía Adamicro (10 por ciento). Los resultados, referidos únicamente a empre­sas productoras (11), son los que aparecen en el cuadro 4.

Ante este impulso de la demanda, cabe preguntarse lógicamente cuál ha sido la respuesta de la oferta. Se trata de un fenó­meno de difícil cuantificación, puesto que a la oferta tradicional, es decir, la resultante de los centros universitarios, hay que su­marle la oferta nueva, originada por las exi­gencias de actualización y reciclaje. Ésta se concreta en la aparición de posibilidades de formación en centros privados o públi­cos que no guardan relación alguna con la Universidad (INEM, administraciones loca­les, organizaciones empresariales, sindica­les, academias privadas, etc.). Esta multipli­cidad de centros de formación facilita la re­conversión de titulados en otras materias hacia tareas relacionadas con las tecnolo­gías de la información.

Por las dificultades de medición inheren­tes a este último fenómeno, vamos a cen­trarnos únicamente en la oferta académica. Todavía siguen vigentes gran parte de las conclusiones del estudio realizado por Fun­desco en 1986 sobre la formación de técni­cos e investigadores en tecnologías de la información. Según este estudio, existía un importante déficit de titulados para poder cubrir la demanda (la oferta para 1985‑88 se cifraba en 14.996 titulados, incluyendo ti­tulados superiores y de grado medio).

Ante este desajuste se han producido las reacciones de los distintos agentes (Univer­sidad, Administración y empresas) (12). La primera reacción de la Universidad ha sido la apertura de nuevos centros y la reforma de los planes de estudio. El propio desarro­llo de la innovación en estas áreas, cada vez más veloz y complejo, resultando difícil la toma de opciones entre especialización y formación básica, unido a la tradicional es­casez de recursos financieros que garanti­cen la formación adecuada, limitan el alcan­ce de estas medidas.

La Administración, por su parte, parece tomar conciencia del problema de desajus­tes en la estructura ocupacional, que ame­naza a la competitividad de las empresas del sector. En los últimos años se han instru­mentado distintos planes y programas para incentivar a empresarios y estudiantes (INTE, COMETT, Plan Nacional de Forma­ción e Inserción Profesional, etc.). Sin em­bargo, a la vista de los medios financieros destinados a estos programas y los resulta­dos obtenidos, no existen muchas perspec­tivas de cambio.

En último lugar, las empresas han hecho constar su preocupación por el tema. Su dependencia de los técnicos y la restringida oferta de éstos ha provocado fuertes tensio­nes al alza en los salarios, con un grado de rotación del personal favorablemente afectado muy elevado, consecuencia lógica de la que hablábamos cuando trazábamos el marco teórico. La encuesta nos permite constatar que las empresas del sector han optado por aumentar el presupuesto desti­nado al gasto en formación. Esto es espe­cialmente llamativo en los sectores más afectados por la necesidad de técnicos, como es el caso de la informática. La nece­sidad acuciante de personal con la suficien­te cualificación también se ve reflejada a través de dos hechos: en primer lugar, cada vez es mayor el porcentaje de gasto en for­mación que se realiza fuera de la empresa, aumentando progresivamente la oferta de centros de este tipo, y en segundo lugar, también llama la atención la incipiente con­tratación de titulados de nacionalidad ex­tranjera.

 

CONCLUSIÓN

 

Las tecnologías de la información no han producido cambios radicales en el empleo, como consecuencia del retraso relativo de nuestro país en su difusión, a pesar del no­table dinamismo de los últimos años.

El hecho de no haber articulado un tejido tecnológico‑industrial de carácter nacional alrededor de ellas, parece que ha tenido al­gunas consecuencias sobre el nivel y la composición del empleo.

El acceso a estas tecnologías se ha reali­zado básicamente vía importación y de for­ma desordenada. De este modo, se estran­gula una parte importante del crecimiento potencial de empleo en el sector producto de equipos mientras que permanecen los efectos indirectos de desplazamiento de la fuerza de trabajo.

En lo que respecta a la estructura del em­pleo, la industria española se ve afectada por un problema inherente a la difusión de las tecnologías de la información, como es la elevada elasticidad de la demanda de personal cualificado respecto al incremento en su consumo. Al no existir la capacidad de respuesta suficiente, pese al esfuerzo desarrollado en los últimos años, se ha ge­nerado un importante déficit de técnicos.

La combinación de estos elementos, limi­taciones en la creación de empleo y dificul­tades para cubrir los nuevos puestos de tra­bajo demandados, mientras se reducen progresivamente las tareas manuales y se acentúa la dependencia tecnológica, exige una actuación decidida y realista por parte de la administración, pasando a ocupar en ella la formación ocupacional un lugar prioritario.

 

NOTAS

 

(1) Kaplinsky agrupa los estudios realizados en ocho grupos: estudios a nivel de procesos, a nivel de centros de trabajo, a nivel de empresa, a nivel de industria, a nivel regional, estudios sectoriales, estudios macroeconómicos nacionales y estudios a metanivel. Los estudios a nivel micro reflejan mayores pérdidas de trabajo que las que resultan de, :os estudios a nivel macro. Véase Kaplinsky, R. (1989), Microelectrónica y empleo(2) Se puede ver una estimación de los efectos de estos nuevos servicios sobre el empleo en Meunier, F. (1986), «The effecfs of the new communication media on employment». Information Economics and Policy, núm. 2 págs. 195‑209.

(3) Véase Howell, D. R. (1985), «The future employment impacts of industrial robots». Technological Forecasting and Social Change, núm. 28, págs, 297‑310.

(4) Fox, J. (1990), «Employment, international trade and worker displacement in telecommunications equipment». Telematics and Informatics, núm. 1, págs. 43‑52.

(5) Para situar las relaciones entre crecimiento, cambio tecnológico y la creciente demanda de profesionales, en un plano general, véase Bezdek, R. H., y Jones, J. D. (1990), «Economic growth, technological change and employment requirements for scientists and engineers». Technological Forecasting and Social Change, núm. 38, págs. 375‑391.

(6) En esta línea, encontramos los esfuerzos empíricos más sólidos en el análisis de las tablas input‑output, realizadas entre otros por: Leontief, W., y Duchin F. (1986), The future impact or automation on workers. Oxford University Press, Nueva York; Howell, D. R. (1985): «The future employment impacts oí industrial robots». Technological Forecasting and Social Change, núm. 28, págs, 297‑310, y más recientemente, McCurdy, T. H. (1989), «Some potential job displacements associated with computer‑based automation in Canada», Technological Forecasting and Social Change, núm. 35, págs. 299‑317.

(7) Tomado de Comisión de las Comunidades Europeas (1990), «Employment and social aspects of electronic media and advanced telecommunications services». Social Europe, suplemento 4.

(8) Construyendo índices de producción con base en 1981, tenemos que para el total de la industria el índice correspondiente a 1989 es 121,2, mientras que para el sector productor de TI el indice para ese mismo año se eleva al 201,7.

(9) El estudio pionero fue el realizado por Castells y otros en 1985 en su conocido informe para el Gabinete de Presidencia del Gobierno: Nuevas tecnologías, economía y sociedad en España. Alianza Editorial. A raíz de dicha publicación aparecieron distintos estudios, destacando entre ellos los siguientes: NTP (1986): Demanda de ingenieros de telecomunicación para el quinquenio 1985‑1990. Mimeo; Fundesco (1986): Formación de técnicos e investigadores en tecnologías de la información. Ed. Fundesco; Adamicro (1988): Demanda de profesionales en nuevas tecnologías de la información; Buesa, M; Molero, J., y Fernández, J. (1989): «Innovación tecnológica y requerimientos de fuerza de trabajo altamente cualificada en Españia». Documento de Trabajo, núm. 8.911. Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Complutense.

(10) Gamella, M.; De la Puerta, E.; Ayala, L., y Matías, C., bajo la dirección de Manuel Castells: La industria de tecnologías de la información (1985‑1990). Ed. Fundesco. Madrid, 1991.

(11) Los estudios citados constatan que las demandas de empresas de fuera del sector, prácticamente igualan las del propio sector productor.

(12) En Gamella y otros, op. cit., se recogen más detallada­mente las distintas posturas de los agentes, págs. 378‑380.

 

 

Anexos

 

CUADRO 1.

EVOLUCIÓN DEL EMPLEO EN LOS SECTORES PRODUCTORES

DE TECNOLOGIAS DE LA INFORMACIÓN

(miles de personas)

 

1982

1983

1984

1985

1986

1987

1988

1989

Empleo enTI (a)

59,12

55,27

53,98

53,75

55,16

55,53

58,43

60,25

Electrónica de consumo

11,63

8,42

6,81

6,62

7,09

7,18

7,25

7,31

Componentes

9,79

8,61

8,43

7,61

7,49

7,64

7,82

7,66

El. profesional

-

-

-

7,39

7,98

8,66

9,00

8,52

Telemática

-

-

-

32,28

32,60

32,05

34,37

36,77

TOTAL INDUSTRIA

2.815,90

2.750,10

2.681,30

2.589,00

2.631,90

2.746,20

2.803,90

2.898,00

(a)/(b) en % #

2,10

2,01

2,01

2,08

2,10

2,02

2,08

2,08

Phente: Memorias de ANIEL, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social: Bolettn de Estadisticas Laborales, núm. 71 (1990) y elaboración

 

CUADRO 2.

 

 

 

CRECIMIENTO DEL EMPLEO EN LOS SECTORES PRODUCTORES

 

DE TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN

 

 

(relaciones con Ia producción, el mercado y el empleo total)

 

 

 

1983

1984

1985

1986

1987

1988

1989

EmpleoenTI(a)

 

-6,50

-2,34

-0,42

2,62

0,66

5,23

3,11

Electrónica de consumo

 

-27,59

-19,18

-2,79

7,19

1,20

0,93

0,81

Componentes

 

-12,01

-2,15

-9,64

-1,60

1,99

2,29

-2,05

El. profesional

 

-

-

-

8,00

8,51

4,00

-5,41

Telemática

 

-

-

-

1,00

- 1,68

7,22

7,00

EMPLEOINDUSTRIA

 

-2,34

-2,50

-3,44

1,66

4,34

2,10

3,36

ProducciónTI

 

-6,02

9,66

10,92

9,37

11,99

17,70

16,44

Cons. aparente TI

 

3,46

14,91

8,87

9,86

17,57

19,34

17,20

Fuente: Memorias de ANIEL, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social: Boletín de Estadbshicas Laborales, núm.71

(1990) y

elaboración

propia.

 

 

 

 

 


CUADRO 3.

EVOLUCIÔN DEL EMPLEO TOTAL EN TECNOLOGfAS

DE LA INFORMACIÓN

 

 

1982

1986

1989

 

Empleo en TI

128.787

126.143

144.366

 

Sector productor

Servicios telecomunicación

Servicios informáticos

59.117

61.670

8.000

53.753

62.790

9.600

60.247

71.155

12.964

 

Empleo total

11.061.100

10.570.800

12.258.300

 

Empleo TI/ Empleo total

1,16 %

1,19 %

1,17 °/o

Fuente: ANIEL, Telefónica, Sedisi, ffDC, INE y elaboración propia.

 

 

CUADRO 4.

PREVISIÓN DE INCORPORACIÓN DE NUEVOS TITULADOS

 

1990

1991

1992

1993

1994

Componentes

199

226

256

292

331

El. profesional

315

350

389

432

481

El. consumo

62

66

70

74

80

Telemática HW

936

1.022

1.115

1.216

1.327

I. Software

961

1.088

1.232

1.394

1.579

TOTAL

2.473

2.752

3.062

3.408

3.798