Satélites de comunicación e intereses nacionales La experiencia mexicana

 

Javier Esteinou Madrid

 

La planificación, construcción y utilización del sistema mexicano de satélites muestran experimentalmente los problemas planteados al desarrollo nacional. Pero esta problemática trasciende también al conjunto de las tecnologías de la información.

 

I. PARA LA INTERPRETACIÓN DEL SISTEMA MORELOS DE SATÉLITES (SMS)

 

La elaboración de juicios definitivos en torno a fenómenos sociales requiere una etapa prolongada de observación con el fin de poder efectuar evaluaciones correctas sobre los mismos. Por ello, y considerando, por una parte, que el SMS es una realidad tecnológica que cuenta con un corto período de vida, y por otro, que ha surgido entre enormes contradicciones de planeación y notables ausencias de información oficial, resulta aventurado elaborar, en estos momentos, apreciaciones definitivas sobre el sentido y las repercusiones que dicha iniciativa tendrá sobre el modelo de desarrollo del país (*).

Sin embargo, aunque existen estas limitaciones es muy importante realizar evaluaciones

propias sobre los aspectos que se pueden conocer en esta fase preliminar de evolución del sistema, pues es en este primer embrión donde el fenómeno adquirirá las características básicas que mantendrá a lo largo de sus próximos nueve o catorce años de vida.

Entre los aspectos más relevantes que pensamos se deben tomar en cuenta, figuran, entre otros, los siguientes cinco elementos: un alumbramiento sin objetivos nacionales, la deficiente negociación del proyecto, la pérdida de soberanía y la dependencia política de la Nación, la incierta expansión de los servicios de telecomunicaciones, y el cuestionable desarrollo del país.

 

1. Un alumbramiento sin objetivos nacionales

 

A lo largo de varios años, la documentación oficial ha señalado reiteradamente que el Sistema Morelos de Satélites nace motivado por las necesidades de modernización informativa del país, por la conveniencia de extender los servicios de telecomunicaciones a todas las pequeñas comunidades, por la urgencia de descongestionar la Red Federal de Microondas, por la exigencia de unificar el te­rritorio nacional, por la demanda de desarro­llar la telefonía rural, por el aprovechamien­to del bajo costo de lanzamiento espacial, etc. Sin embargo, nosotros pensamos que, dentro de la difícil tarea que es encontrar los autén­ticos motivos que producen a las políticas pú­blicas, la verdadera razón por la cual nació el Sistema Morelos de Satélites fueron por las fuertes necesidades de expansión de la te­levisión comercial, en especial de la empre­sa Televisa; y posteriormente, se adecuaron a éste el aprovechamiento de otros servicios de telecomunicaciones nacionales, como son la telefonía rural y otros más.

Es decir, en primer término, ante la ausen­cia de una racional, coherente e integral po­lítica a medio y largo plazo de desarrollo cul­tural de las nuevas tecnologías de informa­ción, el Sistema Morelos de Satélites emer­gió siguiendo la misma tendencia de creci­miento de las telecomunicaciones tradiciona­les en la República Mexicana: en primera ins­tancia, fueron definidas y condicionadas por las necesidades comerciales privadas, y en segunda instancia, lo que no aprovechó el sec­tor mercantil se adaptó forzadamente a algu­nas exigencias de carácter social. De esta for­ma, observamos que, así como en 1968 la Red Federal de Microondas surgió motivada por la transmisión de los juegos Olímpicos del 68, y no por necesidades, por ejemplo, de telealfabetización rural, y así como la apresurada instalación de la antena Tulancingo III se ori­ginó en 1980 por las demandas de la empre­sa televisiva para utilizar la antena parabólica de once metros para las emisiones de la Red Univisión vía el satélite Galaxy I y no por pro­yectos, por ejemplo, de expansión de la tele­fonía urbana; así la instalación del Sistema Mo­relos de Satélites, antes llamado  «Iluicahua», responde, según versiones que circulan entre algunos funcionarios, al hecho de que la Cía. Televisa había anunciado en 1980 a las autori­dades gubernamentales su decisión de insta­lar un sistema propio de emisión por satélite, particularmente, para transmitir al mundo el Encuentro Mundial de Fútbol de 1986. Esto se vuelve verosímil si se tiene en cuenta que, an­tes del agregado constitucional al artículo 28, ninguna prescripción jurídica podía impedir el uso privado de satélites para la transmisión de señales televisivas (1).

La participación de la empresa Televisa en la elaboración de esta política de comunicación fue tan relevante y la confusión y debili­dad del Estado tan acentuada que, en primer lugar, en plena crisis económica del país, en lugar de diseñarse desde el inicio por el go­bierno la introducción de un satélite adecua­do que impulsara el crecimiento de la Repú­blica, como hubiera sido un satélite de per­cepción remota que beneficiaría directamen­te a la industria extractiva, a la agricultura y a las inversiones petroleras, se acordó la construcción de un satélite de difusión direc­ta, cuyo principal sector favorecido sería la televisión comercial privada (2).

El significado político de esto era que <Te­levisa podría transmitir sin necesidad de trá­mites o subordinación formal ante la Secre­taría de Comunicaciones y Transportes, y sin límites geográficos o culturales que eventual­mente pudiera reclamar el Estado Mexicano. Dicho en otras palabras, dada la trayectoria de la industria de radio y televisión en Méxi­co y atendiendo a la cancelación de la Refor­ma Política en el área de la radiodifusión du­rante el gobierno del Presidente López Por­tillo, se puede afirmar que la instalación de un satélite de difusión directa significa una demostración fehaciente de la fuerza políti­ca de Televisa y la reafirmación de México como parte de la zona de influencia nortea­mericana en un momento de recomposición de fuerzas a nivel internacional y de afianza­miento creciente de la industria telemática como área estratégica de la economía mun­dial» (3).

Sin embargo, aunque tardíamente, el go­bierno nacional reaccionó de su sueño y en los últimos momentos transformó el proyecto para convertirlo de satélite directo a satélite doméstico.

En segundo lugar, contrariamente a los enormes esfuerzos de racionalización‑para la introducción tecnológica que efectuaron otros países latinoamericanos para construir sus bases espaciales de comunicación, el actual régimen reaceptó el forzado compromiso contraído por el régimen de gobierno anterior con la compañía Hughes Aircraft para construir un satélite de la serie HS‑376 de co­municación doméstica con 18 transpondedo­res en la banda C y cuatro en la banda Ku. Esto implicó que, sin ser el modelo técnico más conveniente para encarar las necesida­des de comunicación nacionales, una vez ad­quirido, ahora había que rellenarlo con ser­vicios, inventar usos, y, por ejemplo, justificar la necesidad de la banda de 108 megaher­cios (4).

Es decir, se hace caso omiso del testimo­nio que había ofrecido Colombia con el caso SATCOL, donde el Presidente Belisario Be­tancourt busca salidas alternativas y, junto con los países del Pacto Andino, decide construir el Satélite Condor compartiendo gastos y usos con las naciones de la región (5).

Sin embargo, el gobierno mexicano conti­nuó avanzando acríticamente en la concreti­zación de dicho proyecto que aún no era ne­cesario para el país. Esto debido a que < si consideramos los usos reales de los satélites de comunicación (no los enumerados por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes) son básicamente tres: televisión, telefonía y transmisión de datos. Este último uso no justi­fica la adquisición de un satélite nacional, lo segundo puede suplirse con fibra óptica y pa­ra la televisión habría que revisar con toda se­riedad las siguientes opciones: 1) Continuar rentando transportadores a Intelsat, organis­mo que tiende a bajar sus precios. 2) Colo­car un satélite latinoamericano en una posi­ción orbital mexicana (no norteamericana co­mo pretende Televisa para el Panamsat) y que los gobiernos de la región decidan su distribución, y 3) Darle fuerza a las televisio­nes regionales y locales explotando la ban­da UHF que no requiere de satélite de nin­gún género» (6).

De esta forma, «se compró el Sistema Mo­relos de Satélites sin tener más usuario segu­ro que la televisión privada; se eligió como fabricante a la compañía Hughes, con la que Televisa tenía relación desde principios de los años setenta, y se descartó la posibilidad de continuar alquilando traspondedores a In­telsat mientras el país encontraba la mejor op­ción de uso del satélite» (7).

Así, aflora el proyecto Morelos de Satélites, sin objetivos claros para el avance de la Na­ción como le corresponde a cualquier pro­yecto que se improvisa, salvo aquellos que correspondían a la expansión de la televisión comercial.

En tercer término, no obstante que el go­bierno pudo haber controlado la directriz to­tal de este proyecto estratégico para el de­sarrollo neurálgico del país, permitió que la empresa Televisa colaborara en la construc­ción de diversas estaciones terrenas, a cam­bio de que, a través de la cláusula 7a. del con­venio firmado el 5 de julio de 1982 entre el gobierno y dicha empresa el Estado, le otor­gara el derecho de preferencia de transmi­sión de señal, en caso de que en un momen­to dado sólo fuera posible conducir una ima­gen. De esta forma, el Estado cedió una vez más la rectoría cultural de la Nación a la em­presa audiovisual más fuerte del país.

En cuarto lugar, la influencia del consorcio privado sobre la concepción del proyecto sa­telital fue tal que no únicamente obtuvo el de­recho de preferencia en la conducción de se­ñales televisivas, sino que a través de la cláu­sula sexta incisos a y b del convenio firmado el 8 de octubre de 1980 entre dicha empresa y la SCT, logró que «el Estado descuente a Te­levisa conforme a los valores del avalúo lo que la empresa invirtió en las instalaciones de las estaciones terrenas. De esta forma, es­te consorcio obtuvo de manera regalada, la exclusividad o monopolio legal en la transmi­sión de sus señales de televisión» (8).

En síntesis, podemos afirmar que el Siste­ma Morelos de Satélites «no tuvo su origen en un proyecto estatal diseñado para reafirmar el dominio de la Nación sobre los medios en que se propagan las comunicaciones eléctri­cas y electrónicas, ni para fortalecer la inde­pendencia nacional o reducir la subordina­ción tecnológica como lo anuncia el Plan Nacional de Desarrollo 82‑86, sino que en esta decisión intervinieron factores de carácter trasnacional ubicados dentro y fuera de Mé­xico» (9). Es por ello que, aunque «la búsque­da de la rectoría estatal en materia de comu­nicación social llevó al Estado a hacerle fren­te a ambos proyectos, el consorcio privado continuó siendo el depositario principal de las ventajas sustanciales de esta innovación tecnológica» (10).

De esta forma, en plena crisis global de nuestra sociedad México, se inserta acrítica­mente en el patrón industrial propuesto por los países industrializados. Esto implica que no sólo se introduce pasivamente en la zona estratégica de las finanzas internacionales de mediados de los ochenta, sino que fortalece dependencias culturales externas e internas que son muy peligrosas para los momentos que vive el país (11).

Así, frente a este proyecto se confirma, por una parte, la fuerza del monopolio para im­poner al conjunto de la sociedad mexicana sus programas privados de expansión; y por otra, se constata la debilidad del Estado pa­ra otorgar sus mandos nacionales a los inte­reses monopólicos. Ante ello, podemos pen­sar que el Estado, como expresión de lo pú­blico, parece haber cedido sus prerrogativas y en este sentido, haber sido reemplazado por intereses privados. En la medida en que lo privado se confunde con lo público, resul­ta lógico que se produzca también un vacío de política estatal en el campo de la investi­gación y desarrollo, que deberían apuntar a dar satisfacción a las necesidades colectivas (12).

Es dentro de este contexto que nos pregun­tamos, ¿cómo puede hablar el Estado mexi­cano de rectoría e independencia nacional en materia de comunicaciones?

 

2. La deficiente negociación del          proyecto

 

Frente al proceso mediante el cual el go­bierno de la República negoció por conducto de la SCT la fabricación, el lanzamiento y la colocación espacial del SMS, es muy im­portante destacar que el Estado se ató solo las manos, al no explotar las ventajas bilate­rales que ofrecía su realización. Es decir, co­mo popularmente se dice: colocó todos los huevos en una sola canasta.

Esto es, debido a la gestión inicial que el consorcio privado Televisa tramitó a finales del gobierno anterior con la Cía. Hughes Communications International para producir un satélite de transmisión directa que poste­riormente sería substituido por el de difusión doméstica, el Estado no buscó otra forma de reiniciar la creación de este proyecto y, per­diendo la visión del conjunto del país, siguió el camino que ya había trazado el consorcio particular. De esta manera, el gobierno no su­po negociar o buscar otras alternativas y con­trató con seis compañías americanas (la Hug­hes Aircraft, la Mc. Donnall Douglas, La NA­SA, la Comsat General Corporation, la INS­PACE y el EXIMBANK) y con una japonesa (la Nipon Electric Co. de Tokio), la elaboración de esta medular infraestructura satelital pa­ra el desenvolvimiento del país durante los próximos catorce años.

De esta manera, al no tener en cuenta el ejemplo de otros países de la región como Brasil, que mucho tiempo antes diversificaron en forma estratégica la producción de su pri­mer satélite de comunicaciones internas, el gobierno mexicano entregó la casi total edi­ficación de su programa espacial a un con­junto de monopolios estadounidenses, sin ob­tener ninguna ventaja recíproca a cambio.

 

3. La pérdida de soberanía y la dependencia política de la nación

 

Durante el transcurso de la planeación del SMS por los organismos especializados, se su­brayó en el ámbito oficial que la obtención de este apoyo espacial contribuiría de manera sustancial a reforzar la soberanía y la inde­pendencia nacional, ya que se podrán mane­jar y enviar las señales internas a toda la Re­pública de acuerdo con los intereses priori­tarios de la Nación. De esta forma, se reiteró insistentemente que con el SMS el Estado co­locaría sus servicios de comunicación bajo la propiedad y la rectoría nacionales (13). Con ello se incrementaría su independencia al reafirmar el dominio del gobierno sobre los medios de comunicación y obtener mayor autonomía en materia de telecomunicaciones y se disminuiría la dependencia de Intelsat, pues una vez construidos y orbitados en el es­pacio, los dos satélites serían completamen­te nuestros y formarían parte de la infraes­tructura del gobierno federal. Por ello, se piensa que una vez puesto en operación el SMS, México sería plenamente autosuficien­te en materia de comunicaciones internas (14).

 

Sin embargo, pese a la nutrida difusión de la ideología anterior, pensamos que lo que di­rectamente se derivó de la forma como fue planeado y negociado la construcción, orbi­tación y mantenimiento del Sistema Morelos de Satélites, fue el enorme acrecentamiento de la dependencia política del país del exte­rior, y en particular, de los Estados Unidos de América.

En suma, podemos afirmar que una vez que se ha abandonado la Red Federal de Mi­croondas y se ha pasado a utilizar la infraes­tructura satelital, el destino de la soberanía nacional está en juego al poder ser aprove­chado el SMS como otra eficientísima arma de presión política hacia México. Ante ello, es importante considerar que el SMS no es el único recurso de presión con que cuentan los EE. UU. para intimidar a México. Sabemos que existen muchos otros como la emigración de los braceros, la deuda externa, la inver­sión extranjera, etc., pero el complejo de Sa­télites Morelos, por su naturaleza de sistema nervioso central de las comunicaciones nacionales, potencialmente, se ha convertido en uno de los elementos más estratégicos para influir en nuestra autodeterminación interna y externa.

Ante fases de tensión en las relaciones mexicano‑norteamericanas o seísmos como los de 1985, lo único que quedaría al Estado sería asumir resignadamente las presiones de los monopolios, para que las empresas es­paciales norteamericanas volvieran a restau­rar nuestro principal sistema nervioso de co­municaciones al costo económico y político que éstas señalaran. Debemos tener presen­te, por ejemplo, que siguiendo la intensa ten­dencia de reordenación, diversificación y re­monopolización que en estos momentos vive la economía transnacional del capitalismo norteamericano, la Cía. Hughes Air Craft Company (que construyó los dos satélites Mo­relos, parte de las estaciones terrestres y es el séptimo proveedor militar más grande del Pentágono), acaba de ser adquirida por la empresa más fuerte de los EE. UU., la Gene­ral Motors, que encabeza la lista de las 500 compañías más poderosas del país del nor­te, controlando el 23 por ciento del mercado mundial de automóviles y cuyas ventas anua­les superan los 96.400 millones de dólares, es decir, más que todo el Producto Interno Bru­to de Suiza, Pakistán y los países de África del Sur (15).

De igual forma hay que considerar que la General Motors se encuentra en tratos en es­tos momentos para diversificarse en el terre­no financiero y comprar la Cía. American Ex­press con una inversión aproximada de 22 mi­llones de dólares (16).

En síntesis, no comprendemos ¿por qué si con el SMS se pretendía reducir la depen­dencia tecnológica e incrementar la indepen­dencia nacional, se contrató mayoritariamen­te a consorcios norteamericanos aumentando con ello nuestra subordinación a los EE. UU.?

Un segundo ejemplo lo localizamos si refle­xionamos por un momento cómo vamos a con­tar con más soberanía con el SMS como lo han declarado los funcionarios de la adminis­tración en turno, si el propio astronauta mexi­cano Rodolfo Neri Vela reconoce que «es im­posible evitar que toda la información que cir­cule por el Morelos I y II sea conocida por otros países, especialmente los EE. UU.» (17).

Un tercer ejemplo lo localizamos si pros­pectivamente pensamos que al término de sus nueve años de vida el sistema satelital tie­ne que ser substituido por otro, ante lo cual, las transnacionales norteamericanas posee­doras de esta tecnología se encuentran en la posibilidad de negar la venta de un nuevo servicio, si el país no satisface los intereses que éstas determinen. Este hecho podría sig­nificar la paralización económica de México pues para estas fechas la mayor parte de la infraestructura de las comunicaciones nacio­nales ya estará satelizada con estos modelos y será imposible cambiar de golpe a otro sis­tema de comunicación.

De esta forma, pensamos que las modifica­ciones jurídicas que el Congreso de la Unión realizó a los artículos 11, 20, 45, 55 (fracción III), 66 y 127 de la Ley General de Vías de Co­municaciones, que señalan que «serán funcio­nes exclusivas del Estado el manejo de las áreas estratégicas de la radio‑telegrafía y la comunicación vía Satélite», son medidas total­mente insuficientes para proteger la sobera­nía nacional. Si bien es cierto, que dichas ini­ciativas legales le dan cuerpo más definido a la política espacial del gobierno mexicano, también es verdad, que tales reformas cons­titucionales no pueden corregir la deficiente negociación inicial del proyecto que nos ha colocado como nación en un mayor nivel de vulnerabilidad soberana.

Hay que subrayar que la relación de pro­piedad jurídica sobre estos sistemas tecnoló­gicos no garantiza el control real sobre los mismos. La ausencia de conducción de éstos genera una dependencia tecnológica que se está convirtiendo en la infraestructura de to­das las otras relaciones de subordinación in­dustrial, comercial y financiera hacia los cen­tros capitalistas (18).

De igual manera sabemos que no contamos con el necesario «Know How» de la tecnología espacial en general, y de la fabricación de satélites en particular. Los técnicos mexi­canos formados en los EE.UU. y entrenados en la Hughes, a decir verdad, son únicamen­te aprendices de brujos (19).

En síntesis, podemos decir que en 1985, año en que se conmemoró el 175 aniversario de la independencia nacional, el gobierno creó las bases tecnológicas para producir la ma­yor subordinación económica y política de que se tenga noción en la historia moderna de México. Es por ello, que ésta es una de las más altas prioridades de reflexión sobre la seguridad nacional que urgentemente debe encarar el Estado Mexicano y la sociedad ci­vil en su conjunto.

 

4. La incierta expansión de los servicios de telecomunicaciones

 

Los sectores oficiales han considerado que el sistema satelital mexicano revolucionará, entre otras realidades, las telecomunicacio­nes nacionales, al transformar los sistemas vi­gentes de conducción de información. Se di­ce, por ejemplo, que la infraestructura terres­tre será utilizada con más eficiencia, pues la Red Federal de Microondas podrá ampliar al­gunos servicios que ahora presta, e incluso quedará capacitada para proporcionar nue­vos apoyos debido a que los satélites trans­mitirán algunas señales que ahora la saturan y congestionan.

Asimismo, se asegura que contará con su­ficientes canales de televisión y miles de cir­cuitos para telefonía con capacidad para transmitir millones de bits de información por segundo (20).

De igual forma, se ha apuntado en las de­pendencias gubernamentales que con la adquisición y puesta en órbita del SMS, Mé­xico dará un paso importante en el abatimien­to de grandes rezagos nacionales en materia de telecomunicación pues podrá distribuir­se la información hasta los rincones más apar­tados e inaccesibles de nuestro territorio na­cional. Con esta nueva tecnología no sólo se mejorará considerablemente la difusión de informaciones hacia zonas hasta hoy insospe­chadas, sino que se cubrirá toda la Repúbli­ca Mexicana con señales de voz, imagen y datos (21).

No obstante la circulación de estas imáge­nes oficiales ante nuestras mentes, pensamos que las afirmaciones anteriores sólo pueden ser consideradas parcialmente verdaderas por las siguientes razones;

 

a) El primer obstáculo que existe para que en la actualidad se amplíen los servicios de comunicaciones a través del sistema Morelos es que se requiere la existencia completa de una infraestructura terrestre de estaciones rastreadoras que permita aprovechar al má­ximo de su capacidad las prestaciones que ofrece esta tecnología espacial. Sin embargo, en estos momentos, el país no cuenta con di­cha red terrena, ya que para explotar el Mo­relos desde su origen al 100 por ciento de su potencialidad, se requiere la presencia de 850 estaciones receptoras y en la actualidad sólo operan 198 plataformas terrestres. Para cubrir este déficit de 650 estaciones, se ha fi­jado un mínimo de cuatro años. En 1988 el Es­tado Mexicano apenas habrá instalado 500 es­taciones del segmento terrestre con una in­versión adicional de 25 mil millones de pesos (28).

De esta forma, en una estimación global en función al porcentaje de construcción de es­taciones terrenas, podemos decir que des­pués de haberse instalado el Sistema More­los de Satélites, su panorama de aprovecha­miento, ha sido y será el siguiente: en 1985, sólo fue empleado un 24 por ciento de su ca­pacidad, cubriendo la televisión privada, cul­tural y educativa el 19 por 100 del total de di­cha cifra. En 1986 se utilizó el 25 por ciento hasta mediados de año y ascendió al 40 por ciento al final del mismo, con la participación de la banca nacionalizada, Notimex, la Secre­taría de Educación Pública, algunas cadenas de transmisión sonora, empresas de televi­sión regional, el Hospital Infantil de México y el periódico El Nacional. Para 1988 se ocu­pó el 65 por ciento, del cual 18,5 por ciento se distribuyó para Teléfonos de México, el 9,4 por ciento para televisión, el 6,6 por ciento pa­ra telefonía y televisión rural, el 10 por ciento para redes privadas y bancos de datos, el 12 por ciento para redes públicas y el 8 por cien­to para diversos servicios.

Para 1989, el Satélite Morelos I se empleó en un 70 por ciento y el Morelos II en un 10 por ciento. En 1990, el 31 por ciento se desti­nará para televisión, el 45 por ciento para te­lefonía y el 20 por ciento para transmisión de datos. Finalmente, hasta 1994 el uso de los dos satélites ocupará un total de 133 por ciento, lo que significa que hasta esa fecha se habrá saturado totalmente el Morelos I y el 33 por ciento del Morelos II (23).

Por ello, puede pensarse que como mucho, los satélites sólo ampliarán una porción muy reducida de los servicios actuales de teleco­municaciones. Por ejemplo, la telefonía rural no podrá ser desarrollada sino hasta que los Morelos hayan consumido cinco años de vi­da útil, y esto en un porcentaje mínimo.

 

b) El segundo obstáculo que impide la ex­pansión de los servicios de las telecomunica­ciones a todas las regiones del país, es que la poca planeación realista que se efectuó so­bre las necesidades del país, provocó que los costos de utilización de dicho satélite sean tan caros que son inaccesibles para la mayoría de los usuarios ideales que en un principio se pensaron. Por ejemplo, de los 18 canales de capacidad que posee el Morelos I para transmitir las señales de televisión, sólo se es­tán empleando 3, cuando las televisoras es­tatales, especialmente los sistemas locales de radio y televisión, tienen urgencia de apro­vechar este apoyo. Sin embargo, dichas instituciones no lo pueden emplear pues por ocho horas de renta al día de un transpondedor hay que invertir dos millones de pesos diarios lo que arroja un promedio de 60 mi­llones al mes, más doscientos millones extras que se requieren para subir la señal al saté­lite (24). Situación que saca del mercado a las pequeñas cadenas y favorece notablemente la expansión de los grandes consorcios audio­visuales públicos y privados del país.

De igual forma, para la transmisión de da­tos nos encontramos con fuertes impedimen­tos, pues para transmitir la información se re­quiere la adquisición de un equipo de capta­ción y utilización de datos que cuesta 8 millo­nes de dólares, y por ley, la factura de com­pra debe endosarse a favor de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes sin ingre­sar, por consiguiente, al activo de las empre­sas. Además de estas realidades se han pre­sentado algunas otras que han colaborado al desperdicio de la infraestructura satelital co­mo las fallas que se registraron siete días an­tes de inaugurar el Campeonato Mundial de Fútbol, al quemarse una planta de energía que estaba destinada para las transmisiones televisivas del evento deportivo (25).

 

c) Finalmente, un último factor que ha co­laborado a la inutilización de dicha infraes­tructura, es la desadecuación de los usuarios. Es decir, el gobierno federal a través de la SCT primero decidió construir los satélites y posteriormente reflexionó para qué podían servir. Por ello, sólo algunos meses antes de ser lanzado al espacio el primer Morelos, la SCT inscribió a sus remotos clientes con el fin de darle contenido y sentido a este implani­ficado proyecto.

En síntesis, podemos decir que los More­los se adquirieron sin tener más usuario se­guro que la televisión comercial privada; y se descartó la posibilidad de continuar alquilan­do transpondedores a Intelsat mientras el país encontraba la mejor opción de uso del satélite (26).

Todas estas situaciones han provocado que el Sistema de Satélites Morelos haya sido acentuadamente subutilizado, pues después de puesto en órbita, cuando más, sólo se ha empleado entre el 10 y 15 por ciento de su capacidad. Esto ha provocado dentro de la austeridad económica que vive el país un despilfarro diario de 20.548 dólares, lo que suma en los primeros trece meses de su vi­da una pérdida de 8.116 millones de dólares, según se deriva del costo del equipo y su tiempo promedio de duración que es de nue­ve años (27).

 

5. El cuestionable desarrollo del país

 

A lo largo de la construcción del SMS, la SCT ha definido la idea de que con la puesta en órbita de dicho complejo satelital, Méxi­co será uno de los primeros países del mun­do ‑después de la India, Indonesia, EUA, Brasil y Canadá, entre otros‑, que contará con un avance sin precedente en la historia de las telecomunicaciones. Con esta innova­ción se podrá ampliar cuantitativamente la red de telecomunicaciones actuales con lo que se conducirá a todos los rincones de la República Mexicana de manera más expedi­ta, las señales de telefonía, telegrafía, telein­formática, télex y televisión (28).

Mediante este apoyo, el Estado mexicano contará con una gran palanca de desarrollo del país, desde el momento mismo en que apoyará los programas de educación, cultu­ra, salud, vivienda, agricultura, industria, pes­ca, comercio, energía, transportes, meteoro­logía e investigación científica y tecnológica. Esto promoverá, con mayor celeridad, nues­tro crecimiento y ampliará, casi ilimitadamen­te, nuestras posibilidades de desarrollo, ge­nerando enormes cambios favorables para la nación (29).

Incluso, en la valoración de dicha novedad se ha ido tan lejos que se ha llegado a subrayar reiteradamente, por sectores públicos y privados, que la incorporación del SMS no só­lo significa el ingreso de México en la era de las telecomunicaciones y la modernización de su base informativa, silo que, representa un parteaguas de nuestra historia, pues con dicha tecnología el país marca un nuevo mo­mento de su evolución: ¡Ahora es posible ha­blar de un México anterior y posterior al SMS! ¡Ahora dejamos de ser un país subdesarro­llado! ¡Ahora estamos de pie en el espacio ex­terior! ¡Ahora somos capaces de dejar atrás el viejo complejo de pequeñez que la crisis nos ha provocado! (30).

No obstante la difusión de estas formulacio­nes oficiales, creemos que para apreciar ob­jetivamente estos juicios debemos tener en cuenta las siguientes consideraciones:

 

a) Primero, antes de analizar las conse­cuencias que provoca el SMS sobre el mode­lo de crecimiento del país, debemos tener presente que el empleo de esta infraestruc­tura espacial y las próximas que estarán por instalarse en el futuro en conjunto con las nue­vas máquinas de información que se están in­troduciendo al país, acercan un poco más a algunas áreas de sociedad al patrón de país informatizado. Es decir, nos ubica más acer­ca del tipo de economía que para la realiza­ción de sus sistemas productivos y de sus ser­vicios, emplea tecnologías intensivas en mi­croelectrónica y no en mano de obra.

Esto significa que la sociedad mexicana acelera su paso para incorporarse a una nue­va reconversión industrial, cuya característi­ca central es la altísima automatización de to­dos sus procesos internos y externos. Ello im­plica, por una parte, que las actividades que se efectúan vía estas nuevas tecnologías se realizan de manera más rápida. y eficiente, pero al mismo tiempo, por otra, que despla­zan gran cantidad de mano de obra, engro­sando el desempleo nacional.

Es por ello que la adquisición del SMS no sólo debe verse como una iniciativa de mo­dernización de la infraestructura de teleco­municaciones, sino a largo plazo debe ser comprendida como un problema de cambio de modelo de economía industrial en el país.

Por esta razón, dicha decisión no debe ser to­mada por un grupo aislado de administrado­res en el seno de las principales organizacio­nes de la sociedad mexicana: ¿A qué costo y bajo qué estrategia México debe incorpo­rarse a la gran Tercera Revolución Industrial que está naciendo en el mundo contemporá­neo? ¿Quién debe decidir esta trascendental decisión para el futuro de la sociedad mexi­cana y por qué?

Por ello, antes de seguir anexando nuevas tecnologías de producción y de información como el SMS a nuestro ámbito nacional, es ur­gente que el Estado mexicano diseñe un pro­grama global de incorporación racional de éstas en función a las principales necesida­des de crecimiento social de la población y no en base a los requerimientos de expansión de los grandes monopolios nacionales y transnacionales que operan en la República. Para esto, y como punto de partida, debe mo­dificarse el criterio tradicional de adquisición de la técnica que señala que la mejor tecno­logía es aquella que aporta mayor producti­vidad, por el nuevo criterio que indica que la mejor tecnología es aquella que crea más empleos, sin menoscabo de la productividad. Por lo tanto, el eje de la adquisición tecnoló­gica debe girar alrededor de la generación de trabajo y no de la supresión del empleo. Debe sustituir la primacía de la utilidad y la rentabilidad, por la primacía del empleo creativo y expansivo (31).

No debemos olvidar que las sociedades al­tamente industrializadas han entrado en una trampa, pues para resistir la competencia del mercado nacional e internacional, han reque­rido mejorar la tecnología, y la superación de ésta cada vez más ha requerido utilizar más capital y no mano de obra, lo cual cada vez más ha producido mayor desempleo. De es­ta forma, el trabajo ha dejado de ser el eje de la producción y el consumo. Con ello, la economía se ha desvirtuado y nos hemos vuelto esclavos de la tecnología. Por ello, te­nemos que esforzarnos por invertir esta rela­ción y sujetar ahora a la tecnología para que incremente el empleo y no lo reduzca (32).

Dicho programa debe contemplar, entre otras, las siguientes preguntas; ¿ante los ac­tuales componentes de la sociedad mexica­na, donde uno de los elementos que abundan es la mano de obra, el modelo de altísima automatización de sus principales institucio­nes y sectores económicos, es el patrón que más le conviene al proyecto de desarrollo del país? ¿Por qué el Estado mexicano acepta re­modernizar al sector industrial vía la introduc­ción de la microelectrónica y no el sector agrario, cuando de ser un país exportador de granos, en la actualidad nos hemos converti­do en una nación importadora de nutrientes? ¿Qué genera más empleos para la población económicamente activa, la Red Federal de Microondas o el Sistema Morelos de Satéli­tes? ¿Cómo armonizar el vertiginoso avance científico‑técnico que se está gestando en las zonas altamente industrializadas del mundo con las necesidades de desarrollo social de nuestro país, sin volver a cometer los errores sufridos durante la industrialización nacional en el período de 1940 y 1980? ¿Cuáles son las áreas económicas, políticas y administrativas del Estado y de la sociedad que deben ser modernizadas con la incorporación de alta tecnología y cuáles son las que deben reno­varse con la absorción intensiva de mano de obra? ¿Cuántos de los 18 millones de empleos que, en este marco de crisis económica y la­boral, requiere formar la sociedad mexicana para el año 2000, va a generar el SMS o cuán­tas va a suprimir por la introducción de la al­ta tecnología en el ramo estratégico de las te­lecomunicaciones nacionales? ¿La utilización de las cuatro posiciones geoestacionarias en el espacio que México ha ganado ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), es más conveniente que sean utilizadas para la ubicación de satélites domésticos y de transmisión directa o para satélites de te­ledetección que benefician directamente a la agricultura y a la extracción que son algunos de los sectores de la economía nacional más atrasados?

 

b) Segundo, pensamos que es muy aventu­rado afirmar, a priori, que con el auxilio de esta tecnología de punta se alcanzará un nue­vo grado de desarrollo del país. Debemos desmitificar la concepción muy extendida de que a mayor adquisición de tecnologías per­feccionadas (con mucho hardware), mayor desarrollo social.

Creemos que es fundamental tener en cuenta que las nuevas tecnologías de información, por más sofisticadas que sean, por sí mismas no impulsan el progreso de ninguna nación, sino que es el uso social que cada comunidad les da lo que define si promueven el creci­miento o la involución de un país (33).

Si en función de esto se considera que el proyecto de aprovechamiento y uso del sis­tema elaborado por distintas dependencias del aparato del Estado ha sido anárquico, apresurado, coyuntural, improvisado, retóri­co y ajeno a toda discusión pública, se pue­de pensar que el verdadero desarrollo del país, por medio de esta infraestructura espa­cial, está muy lejos de lograrse.

Una situación muy distinta prevalece en los medios privados de televisión, que han soste­nido una línea estratégica bien definida que muestra tener muy claro los objetivos que de­sea alcanzar mediante el uso de satélites. Pa­ra ejemplificar el caso, no hay más que recor­dar, por una parte, que Televisa ha ganado el espacio principal y la garantía de uso de sa­télite al proporcionar al gobierno apoyos finan­cieros suficientes para la construcción de la red satelital de estaciones terrenas. Por otra, esta empresa «podrá transmitir su programa­ción sin necesidad de trámites o subordina­ción formal ante la SCT y sin límites geográfi­cos o culturales que eventualmente pudiera reclamar el Estado mexicano» (34).

 

c) Tercero, es necesario reflexionar que con la simple presencia de esta tecnología conductora de información, no se alcanzará ningún nuevo grado de desarrollo de la so­ciedad mexicana. Será la relación que se es­tablezca entre los tipos de usuarios, los da­tos que se transmitan y la recuperación que se haga de éstas, lo que determinará si se promoverá mayor desarrollo o incluso retra­so de los grupos sociales.

Por ejemplo, debemos considerar que en las grandes ciudades del país como el D.F., Guadalajara y Monterrey están inundadas por océanos de información que diariamen­te transmiten los medios impresos y electró­nicos de comunicación, y paradójicamente, en estas tres ciudades es donde se encuen­tran con mayor agudeza los mayores proble­mas de avance social. Es decir, por sí misma la mera distribución de gran cantidad de in­formación en el país, no libera ningún muni­cipio, estado o región de su situación de sub­desarrollo histórico. Incluso, por el contrario la difusión irracional y en abundancia de la información, puede generar bloqueos en las conciencias que impiden la comprensión ob­jetiva de los principales problemas que ato­ran su desarrollo, y por lo mismo, obstaculi­zan el avance social de los grupos. Por ejem­plo, mediante el SMS podemos acceder du­rante varias horas a la realización de la ope­ración más sofisticada de transplante de corazón, mientras por todo el país la causa principal de difusión de los mexicanos sigue siendo las simples enfermedades gastrointes­tinales. Por consiguiente, la información per­tinente que debería de transmitirse por este apoyo espacial al contexto nacional, debería ser la extensión de los conocimientos sobre la higiene personal y nutricional (35).

 

CONCLUSIONES

 

Por ello, antes de anunciar cualquier victo­ria alcanzada a través del SMS, debemos pre­guntarnos: ¿nuestro problema de crecimien­to como sociedad se debe a la ausencia de más información en abundancia o a un atra­so en la formación de la conciencia nacional en cada una de las diversas áreas de expan­sión del país? ¿Cuál es la información colec­tiva que requieren conocer las diversas zo­nas de la República para impulsar su mode­lo de desarrollo? ¿La distribución de estas cargas informativas era posible lograrla con las infraestructuras tradicionales como la Red Federal de Microondas y los Satélites Intel­sat o es rigurosamente indispensable la pre­sencia del SMS para alcanzar dicho objetivo? ¿Qué particularidades para el crecimiento nacional agrega la inauguración de SMS, que no pudieran cubrir las redes tradicionales de conducción de información en la República Mexicana? ¿Cuál es la evidencia de que el uso del satélite propiciará la descentraliza­ción de la vida nacional y una sociedad más igualitaria si el 50 por ciento del total de las líneas telefónicas y el 97 por ciento del par­que de las computadoras se concentra geo­gráficamente en la ciudad de México, Gua­dalajara y Monterrey? etc. (36).

Ante estas situaciones el Estado debe des­pertar de su letargo demagógico e irrespon­sable que ha alimentado, pues de lo contra­rio, a mediano plazo, con la introducción de las nuevas tecnologías de información, podrá per­der buena parte de la rectoría de la Nación que hoy conserva con muchas dificultades.

Por todo lo anterior, creemos que éste es el momento propicio para que las ciencias so­ciales retomen, en forma prioritaria, el análi­sis de dicho problema y se creen las prime­ras reflexiones conceptuales que desaten la discusión de éstas en el seno de la sociedad civil mexicana y nos permitan crear las ba­ses de un proyecto nacional de apropiación de estas nuevas tecnologías. En estos momen­tos, es urgente adquirir conciencia política de que estamos frente a un momento coyuntural en el que se están definiendo las raíces y el rumbo de esta nueva mutación nacional. En los próximos veinte o treinta años ya no ha­brá nada que hacer, salvo subordinarnos a la feroz dinámica que se habrá impuesto al de­sarrollo económico, político y cultural de Mé­xico, para ubicarnos en una posición geomé­tricamente más dependiente que la que aho­ra experimentamos.

Creemos que lo más apasionante de esta circunstancia histórica que ahora nos toca vi­vir, es que en la medida en que los investiga­dores produzcamos y difundamos el análisis y la conciencia sobre esta problemática, ten­dremos opción para pasar de espectadores del fenómeno a gestores políticos del mismo. Hay que considerar que el peso del pensa­miento científico de las sociedades depen­dientes siempre tiene la posibilidad de pro­vocar un cambio favorable para nuestros pro­yectos de desarrollo. Es necesario entender que, aunque dichas tecnologías poco a poco se impondrán en nuestras vidas, también pueden ser controlables.

No debemos olvidar que si en siglos pasa­dos, por falta de claridad histórica y política, no estuvo en nuestras manos la posibilidad de moldear el rumbo que adoptaron la Primera y Segunda revoluciones industriales en Mé­xico, en esta ocasión sí está a nuestro alcan­ce el definir cómo emplear la riqueza que aporta la Gran Tercera Revolución Industrial para construir un país más humano.

 

 

NOTAS

 

Agradecemos a la Universidad Autónoma Metropolitana y a la Universidad Iberoamericana las facilidades proporcionadas para la publicación de este trabajo. Esta es una versión sintética de un informe más amplio.

(1) Fadul, Ligia Ma., Fernández, F. y Schmucler, Héctor. Satéli­tes de Comunicación en México, Rev. Comunicación y Cultura N° 13, México, DE marzo de 1985, p. 29.

(2) Fernández, F.; Comunicación, Crisis Nacional y Regional, IV Encuentro Nacional del Consejo para la Enseñanza e Investi­gación de las Ciencias de la Comunicación (CONEICC), Univer­sidad Iberoamericana, León Guanajuato, 19 de marzo de 1986, p. 9.

(3) Fernández, F.; Interrogantes sobre el llhuicahua: Satélite Mexicano en 1985, Documento sin referencia, pp. 6 y 9.

(4) Fernández. F; ¿Pasajero de carga útil? La jornada, 26 de noviembre de 1985, p. 6.

(5) Muy poco claros los objetivos del sistema Morelos, Los co­municadores Opinan (II), Computer Wold, México, 13 de mayo de 1985, p. 6; El Sistema de Satélites Morelos fuera de órbita, In­forme Especial, Revista Expansión, Año XVII, Vol, XVII, N° 421, México, D.F, agosto de 1985, p. 51; Fernández. F.; La Democracia en los tiempos de la fibra óptica, Revista Nexos N° 101, mayo de 1986, p. 41.

(6) La democracia en los tiempos de la fibra óptica, obra cit., p. 40.

(7) Ibid., p. 40.

(8) López Dávila, Juan; El Satélite «Morelos» entregado por el Gobierno a Televisa, Revista Por Esto N° 107, mayo 3 de 1984, México, D. F. p. 4; López Dávila, Juan; El Pueblo Exije Respues­tas Veraces, Revista Por Esto, n° 109, 17 de mayo de 1984, Méxi­co, D. F., p. 15; y La Secretaria de Comunicaciones al Servicio de Televisa, Revista Proceso, N° 408, México, D. F, pp. 20‑25.

(9) Fernández Christhiels, Fátima; Nuevas Tecnologías de In­formación en México. III Encuentro del Consejo Nacional de En­señanza e Investigación de las Ciencias de la Comunicación (CO­NEICC), Guadalajara, jalisco, México, 1984, p. 4.

(10) ibid, p. 7.

(11) Interrogantes sobre el Ilhuicahua, obra cit., p. 8.

(12) Satélites de Comunicación en México, obra cit., p. 30.

(13) Sistema Morelos de Satélites en la órbita de las Teleco­municaciones, Revista Expansión n° 393, Vol. XVI, 20 de junio de 1984, México, D. F, p. 28; Sánchez Ruiz, Miguel y Elbert, Bru­ce; Mexico”s First Domestic Satellite, Documento especial de Hughes Aircraft Company, Diciembre de 1983, EUA, p. 9.

(14) Kleiman, Nelson, Casi la mitad de las señales del sistema de satélites servirá a redes comerciales de telefonía y televisión, El Día, México, D. F., 31 de diciembre de 1984, p. 15 e Ingresará México a nueva era en la comunicación con el Sistema Morelos. Novedades, México. D. F. 15 de enero, p. 8.

Crespo, Ad, Félix Valdés a 20 mujeres la nueva organización de la SCT ha permitido la integración del sector», El Día, Méxi­co, D F, 27 de octubre de 1983, pp. 1 y 6; El Sistema de Satélites Morelos comunicará a México entero», Tiempo Libre N° 246, Mé­xico, D. F., 25 al 31 de enero de 1985, p. 56; Aprueba López Porti­llo a la SCT la realización de su propio satélite, El Sol de México, México, D. F, octubre de 1981, p. 3‑A, El sistema de satélites per­mitirá autonomía tecnológica», El Heraldo, 20 enero 1986; Podrá México alcanzar autonomía tecnológica con el control del Siste­ma de Satélites Morelos, Novedades, 20 de enero de 1986; En Materia de Telecomunicaciones el país logró independencia: SCT, El Sol de México, 23, enero de 1986; Garantiza la sobera­nía nacional el Sistema de Satélites Morelos: León, Excelsior, 14 de nov. de 1985.

(15) Adquirirá General Motors a la Firma Hughes Aircraft, Ex­celsior 12 de julio de 1985; Lulú is Home Now: GMBugs Hughes and Heads For the 21 st Century Rev. Time, june 17 de 1985, pp. 30‑33; Portafolios, Excelsior, 15 de abril de 1986; Las Transnacio­nales, Sector Impredecible, Excelsior, 15 de febrero de 1986 y Los Consorcios yanquis: Tendencias monopólicas, José Luis Ce­ceña, Excelsior, 14 de mayo de 1986.

(16) General Motors piensa adquirir a American Express, Ex­celsior, 5 de marzo de 1986.

(17) Será imposible evitar que EU conozca la información del Morelos: Neri V, La jornada, 23 de julio de 1985 y No pondrá en juego la soberanía la comunicación espacial: Neri, Excelsior, 23 de julio de 1985.

(18) Alberto Montoya Martín del O, Problemas de informatiza­ción del Estado mexicano, p. 103.

(19) Fernández. E., Nuevas tecnologías de información en Mé­xico. Obra cit., p. 6 y Mendoza, Andrés, El sistema de Satélites Morelos, Programa transmitido en la serie La Noticia Internacio­nal, Radio UNAM, 21 de junio de 1985.

(20) Landeros Ayala, Salvador y Neri Vela. Rodolfo; Sistemas Morelos de Satélites, Teledato, 176‑III‑1984, Revista de la Direc­ción General de Telecomunicaciones, México, DF, pp. 23‑24.

(21) Vigilará el Congreso las reglas, Excelsior, 18 de diciem­bre de 1984, México, DE, p. 26. La SCT firmó convenio para la asistencia del sistema satelital, Boletín Interno de Noticias de la SCT, N° 3, Año XI, primera quincena de febrero de 1983, Méxi­co, DE, p. 2.

(22) Explicación del ingeniero javier jiménez Spriu, al Lic. Mi­guel de la Madrid, Ceremonia de Inauguración del Centro de Control Espacial Walter C. Buchanan, Iztapalapa, junio 3 de 1985, México, DE

(23) Spriu Jiménez, Javier, Comunicación mediante satélites, Subsecretario de la Secretaría de Comunicaciones y Transpor­tes, Simpósium Evaluación y Perspectivas de la Era Espacial en México, grupo interdisciplinario de actividades espaciales, GIAE‑UNAM, 19 a 22 de mayo de 1986, México, DE; Los More­los al 25 por ciento de la capacidad, Excelsior, 14 de julio de 1986; Trabajará a124,5 por ciento de su capacidad el Morelos 1, El Na­cional, 26 de julio de 1985; Esta madrugada el Discovery pondrá en órbita al satélite Morelos, El Universal, 7 de junio de 1985; y Estará subutilizado dos años el Morelos 1, La jornada, 3 de julio de 1986; Elías Guzmán, Alejandro, Diálogo de sordos, desapro­vecharemos el satélite Morelos, Tiempo libre, N° 249, del 15 al 21 de febrero de 1984, México, D.F, p. 58.

Todos estos datos contrastan fuertemente con las informacio­nes presentadas por el mismo Lic. Javier Jiménez Espriu al Pre­sidente Miguel de la Madrid durante la ceremonia de inaugura­ción del Centro Espacial Walter C. Buchanan el 3 de junio de 1985.

(24) Testimonio del Lic. Javier Ovando, Director del Sistema Mi­choacano de Radio y Televisión, Programa Reflexiones: La tele­visión regional, canal 11, 29 de junio de 1986; Que modifiquen el cobro del sistema Morelos, Excelsior, 26 de abril de 1986, y Desaprovecha México el 70 por ciento de la capacidad del sis­tema Morelos, El Sol de México, 29 de abril de 1986.

(25) El sistema Morelos: Un proyecto subutilizado que emplea el l5 por ciento de su potencial, El Financiero, 30 de julio de 1986 y ¿A quién beneficia el satélite Morelos? Punto, 17 de junio de 1985.

(26) Preguntas (sin respuesta) sobre el satélite Morelos, El Uni­versal, 14 de junio de 1985, y El Morelos 1 hasta hoy sólo objetivo de publicidad, Rev. Proceso 24 de junio de 1983, p. 33.

(27) El sistema Morelos: Un proyecto subutilizado que emplea apenas el 15 por ciento de su potencial, obra cit.

(28) Pérez, Ramiro; El sistema Morelos únicamente será ope­rado por el Estado; El Día Económico, 22 de enero de 1985, p. 8; y Curiel, Fernando, Satélite Morelos: cuenta regresiva, Uno Más Uno, México, DE

(29) Preparan la orbitación del satélite Morelos, Excelsior, 18 de febrero de 1985.

(30) José Cabrera, P; Satélite Morelos: Porteaguas de nuestra historia, Excelsior, 17 de junio de 1985, México inició una nueva etapa en 7blecomunicaciones: DLM, Uno Más Uno, 19 de junio de 1985; Nueva Era en Telecomunicaciones, El Nacional 19 de junio de 1985; A volar.. Mexsatélite El Nacional, 18 de junio de 1985; y Con el sistema Morelos telecomunicaciones modernas y confiables, El Día, 18 de mayo de 1985.

(31) Raúl Olmedo, ¿Desarrollo para qué? Excelsior, 30 de di­ciembre de 1985, y Raúl Olmedo, Elegirla 7bcnología, Excelsior 6 de enero de 1986.

(32) Raúl Olmedo, Lo importante es trabajar, Excelsior, 15 de

enero de 1986; Raúl Olmedo, Sujetar ala tecnología, Excelsior,

22 de enero de 1986. (33) Los satélites de comunicación y el caso de México, p. 110. (34) Fernández, F; Interrogantes sobre el llhuicahua, Docu­mento mimiografiado, p. 7.

(35) Mendoza, Andrés; El sistema de satélites Morelos, Radio UNAM, 21 de junio de 1985.

(36) Alberto Montoya Martín del Campo, Políticas de Informa­tización del Estado Mexicano, Obra cit., p. 97.