Polonia: Las barreras políticas a las limitaciones económicas

 

Ana Sawisz

 

Antiguamente, en la Polonia comunista, los medios de co­municación tenían que some­terse a la doctrina leninista de la comunicación de ma­sas, doctrina que afirma que IL los contenidos de la comuni­cación están determinados exclusivamente por los intereses de clase social. En el sistema socialista, la función de los medios de co­municación de masas consiste en estimular actividades en apoyo del sistema, educar al hombre nuevo, servir al partido y a la clase obrera, combatir a los oponentes políticos tan­to internos como externos (1).

Al ser llevados a la práctica, estos princi­pios desembocaron en un monopolio partido­/ Estado para la difusión de información. El papel agresivo, político e ideológico de los me­dios de comunicación predominaba clara­mente sobre las exigencias profesionales de objetividad, así como sobre cualquier otra po­sible función.

Diversos grupos sociales se han opuesto durante mucho tiempo a esta situación. Por ejemplo, entre las reivindicaciones plantea­das por los trabajadores de los astilleros en huelga en 1970 y en 1980 figuraban deman­das de apertura, veracidad y libertad de in­formación, así como la abolición de la censu­ra. Este tipo de reivindicación se repitió en diversos documentos hechos públicos en di­versas empresas en huelga en Gdansk y en Szczecin, en un total de sesenta ocasiones. Si se compara esta cifra con las más frecuen­tes demandas de subida salarial (que se re­piten 276 veces), las demandas concernien­tes a los sistemas de asistencia sanitaria (57 veces) y las demandas concernientes a la preponderancia de la ley (22 veces), puede verse que la demanda de cambio9sn los me­dios de comunicación social no ocupaba el último lugar en la jerarquía de necesidades sociales (2).

 

LA PRENSA

 

La Prensa Independiente

 

De hecho, la ruptura del monopolio sobre la prensa por parte del Estado tuvo lugar in­dependientemente de la cuestión de la cen­sura. Tras la experiencia de la II Guerra Mun­dial, durante la cual, bajo la ocupación nazi, se editaron cerca de 2.000 publicaciones di­ferentes, y tras diversos intentos fallidos en­tre 1945 y 1950 y en los años sesenta, la pren­sa independiente comenzó a florecer des­pués de 1976 (las manifestaciones en Radom, la creación del KOR ‑Comité para la Defen­sa de los Trabajadores‑ y, particularmente, después de agosto de 1980. En los años 1980‑81 se publicaron unos 1.500 nuevos títu­los, periódicos y revistas independientes, con la tolerancia de las autoridades. Tuvo lugar un serio retroceso al implantarse la Ley Mar­cial. Todas las publicaciones, incluso las oficiales, fueron prohibidas (muchas de ellas no volverían a aparecer posteriormente), los me­dios de comunicación de masas fueron susti­tuidos por el sistema de comunicación infor­mal: panfletos, consignas y velas encendidas en las ventanas, y ‑enseguida‑ por la pren­sa ilegal. El primer periódico (Noticias) apa­reció el mismo día 17 de diciembre, el primer semanario (El Semanario de la Guerra), el 7 de enero, la primera revista mensual (Kos) también en enero. Lo que sucedió a continua­ción podría llamarse la verdadera socializa­ción de la prensa: las publicaciones eran ela­boradas, copiadas y posteriormente impresas por personas sin ninguna experiencia ante­rior en estos asuntos (por ejemplo, La Voz del Taxista Libre salió inicialmente con 50 y pos­teriormente con 1.500 ejemplares, publicada por los propios taxistas). Asimismo, muchas personas asumieron las tareas de distribución (en febrero de 1982 el movimiento clandesti­no hizo un llamamiento para que la gente lle­vase grandes bolsas, con el fin de hacer más difícil la identificación de los distribuidores). En 1982 se publicaron 776 títulos de publica­ciones de segunda distribución; posterior­mente, dicho número decreció (491 títulos en 1985, 397 en 1986), algunos desaparecieron, algunos otros aparecieron por primera vez. Sobrevivieron unos 200 títulos con varios años de existencia. El número medio de ejempla­res distribuidos giraba en torno a los 25.000, de los cuales un 80 por ciento eran periódi­cos clandestinos de Solidaridad, publicados en 150 localidades (3). Durante esta época, la actividad editorial independiente era objeto de severas represalias por parte del Estado.

 

La prensa oficial ‑ La cantidad

 

En 1988 se publicaban en Polonia 97 títulos de periódicos (publicaciones de información general) y 3.031 cabeceras de otro tipo de pu­blicaciones. La tirada medida individual, en miles de ejemplares, ascendía a 10.045 en el caso de los periódicos; 45 de ellos eran dia­rios; entre las restantes publicaciones, 144 se publicaban de 1 a 6 veces por semana, 110 de 2 a 3 veces por semana, 626 una vez al mes, 230 una vez cada dos meses; 520 eran revistas trimestrales, 604 se publicaban una vez al año, y 699 lo hacían con periodicidad irregular (4).

 

La prensa oficial ‑ Monopolio dentro del monopolio (CEO ‑ Cooperativa

Editorial de Trabajadores)

 

Otra lamentable expresión del monopolio del partido‑Estado sobre la prensa ha sido ‑y todavía es‑ la existencia de la Coopera­tiva Editorial Obrera «Prasa‑Ksiayka‑Ruch» (Movimiento de Prensa y Libros), que a par­tir de ahora denominaremos CEO. Este ex­traño híbrido, con estatus oficial de coopera­tiva, se desarrolló a partir de la apropiación, a menudo ilegal, de otras instituciones edito­riales.

El secreto del éxito de la CEO reside en el hecho de que su principal accionista, aparte de algunas organizaciones juveniles oficiales, era el Partido Obrero Unificado Polaco. Así, de hecho, la CEO es una asociación de apo­yo del POUP y disfruta de numerosos privi­legios.

La CEO es la empresa del 75 por ciento de los trabajadores de prensa. Publica 264 títu­los, en su mayoría periódicos diarios u otros títulos de gran circulación. Supone un total del 83‑85 por ciento de toda la prensa editada en Polonia. En el año 1990, a la CEO le ha sido asignado un 37 por ciento del total del fondo de papel prensa disponible (un 3,7 por cien­to fue asignado a venta libre) (5). Pese a las controversias e intentos de defender a la CEO (en su favor hay que admitir la publicación de 129 títulos deficitarios: ahora parte de ellos tendrán que encontrar otro editor), es obvio que la estructura actual de la prensa, fuerte­mente dominada por la CEO, es insostenible.

 

Ley de Prensa

 

La codificación de la situación de la pren­sa se inició en el período de restauración, 1980‑81, junto con los trabajadores sobre la Ley de Censura. La implantación de la Ley Marcial interrumpió este trabajo, y la ley co­rrespondiente, la Ley de Prensa (el título se refería al decreto del año 1938) no fue apro­bada hasta el 26 de enero de 1984, evidente­mente en una versión menos liberal. (El artí­culo 1 afirma que la prensa ha de servir al «desarrollo de las relaciones sociales socia­listas».)

 

La Mesa Redonda y evolución posterior

 

El subcomité de medios de comunicación social decidió que, después del registro del NSZZ/Sindicato Autónomo Independiente/ Solidaridad, podían salir a la luz los semana­rios de dichas organizaciones. Asimismo, du­rante el período de la campaña electoral se publicaría un periódico diario, que posterior­mente se transformaría en un diario de infor­mación.

Se llegó a un acuerdo sobre la orientación de los cambios en la Ley de Prensa: la reti­rada del sistema de autorización de periódi­cos y la implantación de un sistema de regis­tro.

Se acordó que los representantes de la opo­sición tendrían acceso al Consejo de Prensa y que dejarían de producirse represalias con­tra los editores de estas últimas publicacio­nes.

Se planteó la exigencia de un mecanismo de mercado libre en el comercio de papel prensa a partir del 1 de enero de 1990, así co­mo la libre importación de papel y de maqui­naria de impresión, con reducciones fiscales aduaneras y fiscales; venta de valores y bo­nos, apoyo a las empresas mixtas con capital extranjero, creación y libre asociación de pro­ductores de papel, reducciones fiscales pa­ra empresas editoras de nueva creación, etc. El partido de oposición Solidaridad planteó la necesidad de que el nuevo orden informa­tivo no coincida con el monopolio de la CEO, pero cualquier cambio en esa dirección fue rechazado por el Gobierno (6).

 

Las decisiones de la Mesa Redonda se han implantado sólo en parte. Se fundó un diario de Solidaridad, Gazete Wyborcza (su primer número apareció el 8 de mayo de 1989, a par­tir de su segundo número incluía la publica­ción del «Foro Libre», en el que también po­dían expresar sus opiniones los opositores no pertenecientes a Solidaridad), el semanario Solidaridad reanudó su publicación (su núme­ro 1/38 apareció el 2 de junio de 1989), así co­mo el semanario Solidaridad de los Agricul­tores (número 1, 1‑3 septiembre 1989) y di­versos semanarios de otros sindicatos regio­nales.

El Parlamento todavía no ha modificado la Ley de Prensa, pero una serie de disposicio­nes ejecutivas entraron en vigor el 6 de junio de 1989, y desde dicha fecha hasta el 1 de diciembre de 1989 se registraron 355 nuevos títulos, patrocinados principalmente por orga­nizaciones y asociaciones (también estructu­ras de Solidaridad), así como sociedades de responsabilidad limitada y entidades priva­das. Aproximadamente un 30 por ciento de los nuevos títulos son típicamente comercia­les, publicados con fines de entretenimiento; algunos otros abordan problemas locales. La mayoría de los títulos registrados no han ini­ciado todavía su publicación. Las ediciones propuestas oscilan entre los 10.000 y los 500.000 ejemplares (7). Solamente cuatro de los nuevos títulos registrados han sido crea­dos por la CEO.

Parece que las barreras políticas contra el desarrollo de una prensa libre en Polonia han dejado prácticamente de existir. Las normas aprobadas en la Mesa Redonda, que ya han entrado en vigor y que quedarán codificadas en la nueva Ley de Prensa (la entidad respon­sable del registro, después de la abolición de la Oficina de Censura, será el juzgado de dis­trito), han creado ya las bases tanto para la regionalización como para la internacionali­zación de la prensa polaca.

No obstante, las barreras políticas han sido sustituidas por obras de tipo económico. El precio del papel ha aumentado de forma sus­tancial y, por ese motivo, el Gobierno ha de­cidido controlar su distribución durante un año más, con el fin de impedir la total comercialización de las empresas editoriales. Se ha producido una cierta reducción de los dere­chos de importación sobre el papel y la ma­quinaria de impresión, pero el duro progra­ma de Balcerowicz no estipula ninguna re­ducción fiscal o crediticia para ningún tipo de actividad. Numerosos títulos deficitarios han dejado de publicarse, algunos otros han dis­minuido su periodicidad. Solamente algunas de las publicaciones que la CEO no desea publicar serán subvencionadas por el Minis­terio de Cultura. El sustancial incremento de los precios de las publicaciones tuvo como re­sultado una dramática disminución de las ventas en el mes de enero. Se calcula que al­rededor de un 30‑50 por ciento de los perio­distas serán despedidos de sus trabajos este año, debido a la quiebra de varios centena­res de publicaciones (8).

Resulta difícil encontrar patrocinadores en una situación económica tan incierta. Los po­tenciales inversores extranjeros (por ejemplo, Maxwell y Murdoch), durante sus visitas a Po­lonia en enero, expresaron un interés mera­mente formal respecto al desarrollo de nues­tra prensa y mostraron una actitud de espe­rar y ver.

 

RADIO Y TELEVISIÓN

 

Monopolio parcial

 

La situación, en lo referente al monopolio, era en este caso más compleja que en el de la prensa. Por una parte, los problemas téc­nicos hacían más difícil romper el monopolio dentro del país, mientras que, por otra parte, desde el período de posguerra existían diver­sas emisoras extranjeras que emitían en po­laco y eran ampliamente escuchadas en Po­lonia. La actitud de las autoridades comunis­tas respecto a la escucha de estas emisoras evolucionó desde la más estricta prohibición en los años 50, acompañada de sanciones que incluían penas de varios años de cárcel, hasta la simple interferencia, que fue final­mente abandonada en 1988.

En los años 1980‑81, Solidaridad planteó la exigencia de acceso a la radio y la televisión, pretensión a la que las autoridades se resis­tieron. Las únicas concesiones fueron la trans­misión de la misa dominical (ésta fue una de­manda de los trabajadores de las astilleros en huelga) y la invitación de representantes de Solidaridad a los estudios. No obstante, las declaraciones de estos últimos seguían sien­do editadas, manipuladas, sacadas de contex­to, etc. Algunos de los empleados de radio y televisión (de hecho, un 30 por ciento de ellos eran miembros de Solidaridad) comenzaron a rebelarse contra esa situación y más en ge­neral contra el monopolio del Estado). El Co­mité de Radio y Televisión (generalmente de­nominado Radiocomité) ‑consejo de direc­ción de la comunicación audiovisual‑ era for­malmente una institución gubernamental. En la práctica, existía el llamado mando manual: las directrices concernientes a los programas de radio y televisión salían directamente del edificio del Comité Central del Partido Obre­ro Unificado Polaco.

Al imponerse la Ley Marcial, la radio y la televisión fueron militarizadas y los emplea­dos quedaron sometidos a un veto político cuyo resultado fue la expulsión de 700 a 1.500 personas (400 en la propia Varsovia) (9).

Y posteriormente ‑al igual que sucedió en el campo de la prensa‑ se produjeron los primeros intentos ilegales de socializacio­nes de la radio y la televisión. En Semana Santa, en abril de 1982, se emitió en Varso­via el primer programa de Radio Solidaridad, previamente anunciado mediante panfletos. Unos minutos después, en respuesta a la pe­tición de sus locutores para verificar su nivel de audiencia, la ciudad vibró con miles de luces que se encendían y se apagaban. El Servicio de Seguridad emprendió una feroz lucha contra esta radio (el máximo castigo eran cuatro años y medio de cárcel). A pe­sar de la pérdida de varios transmisores, la radio emitía su programa con bastante regu­laridad. De modo que comenzaron las inter­ferencias. Pero los conspiradores aprendie­ron a emitir en la misma frecuencia de soni­do del principal programa de la televisión es­tatal, interfiriendo a su vez los programas pro­pagandísticos con un texto y más tarde inclu­so con imágenes (breves consignas como «Solidaridad sigue viva»). En general, durante siete años se emitieron cerca de 300 progra­mas en más de 20 ciudades polacas. El últi­mo programa de despedida se transmitió el 30 de junio de 1989 (10).

No obstante, a medida que se desarrolla­ba esta práctica ofensiva, podía apreciarse una cierta liberalización en los medios oficia­les, impulsada por el clima político y por el desarrollo tecnológico. La aparición de las técnicas videográficas suscitó un considera­ble interés en la sociedad polaca (en 1984, en Polonia había alrededor de 400.000 aparatos de vídeo, y en 1989 unos 700.000, a pesar de sus elevadísimos precios y de su práctica ine­xistencia en el mercado). Esto desembocó en una privatización de la recepción y en una in­dependencia respecto del distribuidor cen­tral, y jugó un importante papel tanto en la es­fera cultural (se desarrolló una red de prés­tamo de fondos videográficos, a través de la cual podían obtenerse películas de Europa occidental), como en la esfera política (diver­sos editores ilegales, nacionales y extranje­ros, empezaron a distribuir cintas de vídeo so­bre cuestiones políticas, e incluso, en 1987, co­menzó a funcionar la primera productora le­gal de películas de vídeo, bajo el patrocinio de una oficina diocesana de Gdansk) (11). Tras un período de resistencia inicial, en 1986 las autoridades comenzaron a conceder auto­rizaciones para que ciudadanos privados ins­talaran antenas de televisión por vía satélite.

El monopolio en esta parcela de radio y te­levisión se ha ido rompiendo lentamente y por diversos medios. Pero queda por resolver una cuestión fundamental: el funcionamiento de la Radio Televisión Polaca.

 

El nuevo sistema político y el futuro de la radio y la televisión

 

La derrota electoral del partido anterior­mente gobernante no ha desembocado en una rápida transformación de la radio y la te­levisión. La existencia del estudio dedicado a Solidaridad se prolongó de manera infor­mal, comenzaron a aparecer nuevas personas y nuevos contenidos, pero todo ello dentro del antiguo sistema. Incluso desde el nombramiento, por parte del Primer Ministro, de un nuevo presidente del Radiocomité, Andr­zej Drawicz, un intelectual independiente, el 23 de septiembre de 1989, el progreso ha si­do muy lento. Este nuevo presidente declaró que no organizaría «cazas de brujas» y, sal­vo algunas excepciones, no despidió a los viejos periodistas, sino que se limitó a cam­biar al personal del programa informativo y propagandístico más importante, la prime­ra edición de los informativos de televisión. El nuevo jefe de los informativos anunció «una total renuncia a los comentarios políticos en favor de la presentación de los puros he­chos» (12).

Según los acuerdos de la Mesa Redonda, los periodistas despedidos de su trabajo du­rante la Ley Marcial podrían volver a la ra­dio y la televisión. No obstante, la situación fi­nanciera de la institución es muy mala (hay 215 cámaras a disposición de la televisión, pe­ro 120 de ellas no funcionan, la institución ne­cesita 21 millones de dólares en inversiones básicas), de forma que el número de emplea­dos se verá sustancialmente reducido en 1990. Según las declaraciones de su presi­dente, «el único criterio será la capacidad profesional del empleado» (13).

Asimismo, es significativo el cambio de ac­titud respecto al control sobre el Radiocomi­té. El partido que en la Mesa Redonda plan­teó la exigencia de subordinación de la ra­dio y la televisión al Parlamento, una vez en el poder cambió de actitud y defendió la pos­tura de que la institución debe estar com­puesta en base a criterios organizativos y bajo el control del Gobierno (14). En la declaración antes citada, Andrzej Drawicz justificó este cambio en base al hecho de que «la actitud del Gobierno está en consonancia con las opi­niones de la mayoría de la sociedad». Sola­mente se han creado posibilidades de acce­so a la radio y a la televisión. En la actuali­dad, hace uso de ellas principalmente la Igle­sia Católica, sobre la base de la Ley sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado, del 17 de mayo de 1989, y del acuerdo con el Ra­diocomité, del 28 de junio de 1989 (emisiones radiofónicas regulares desde el 3 de septiem­bre de 1989, y emisiones por televisión des­de el 26 de octubre de 1989). Estaba previsto un programa informativo semanal sobre los partidos políticos fuera del Parlamento, pero ninguno de ellos se mostró interesado al res­pecto (15).

A pesar de los escasos cambios reales que se han producido hasta la fecha (el Parlamen­to, ocupado en la solución de los problemas económicos, no tiene tiempo para abordar los decretos sobre el Radiocomité y las comuni­caciones), la forma futura de la radio y la te­levisión sigue siendo objeto de animados de­bates y, además, se han llevado a cabo de­terminadas medidas prácticas.

En esta discusión, cuyos participantes a me­nudo se refieren a soluciones de otros países ‑la BBC, la República Federal, Yugoslavia ­surge el siguiente modelo social: organiza­ción estatal, pero «socializada», autónoma, di­rigida por un organismo colectivo responsa­ble ante el Parlamento pero constituida por diversas fuerzas políticas y posiblemente por un representante del Gobierno.

El verdadero pluralismo quedaría garanti­zado en el futuro con nuevas leyes que hicie­ran posible la creación de nuevas emisoras de radio y televisión, incluidas las emisoras privadas (16).

En espera de la nueva ley sobre comunica­ción (la anterior de 1984 no permite la crea­ción de emisoras no estatales), se han orga­nizado grupos para la puesta en marcha de nuevas emisoras. A grandes rasgos, existen diez grupos de radio (por ejemplo, sobre la base de la clandestina Radio Solidaridad se creó el Comité Organizativo de Radio Solida­ridad en la región de Mazowsze, con sede en Varsovia, y la Fundación de la Comunicación Social de Cracovia estableció la Radio Malo­polsk, que gracias al apoyo de uno de los senadores ya emite programas de prueba) y un grupo de televisión de Wroclav. La nueva ley debe definir los principios para la autoriza­ción de emisoras radiofónicas y decidir un nuevo orden del espacio de emisión, porque la banda de frecuencia 88‑108 MHz asignado a Polonia por el Plan de Ginebra en 1984, que tiene cabida para 500 emisoras, ha sido co­pado muy eficazmente por emisoras de la ra­dio oficial polaca. Las normas internaciona­les siempre son necesarias (en la actualidad la instalación de una nueva emisora de radio en Polonia requiere el permiso de ocho paí­ses) (17).

Un nuevo foco de interés es el CATV que podría reunir las virtudes de descentraliza­ción, regionalización e internacionalización (retransmisión de programas vía satélite). En este sentido, en diciembre de 1989 se fundó una empresa mixta llamada CATV Polaca, el 70 por ciento de cuyas acciones son propie­dad de la American Holding Association Cha­se Enterprise, mientras que un 30 por ciento es propiedad del Servicio de Correos, Radio y Televisión de Polonia y de las autoridades municipales de Varsovia y Cracovia. El pago mensual de 8,5 dólares permite la recepción de 18 canales. En el área de la cooperación internacional hay que señalar el acceso de Polonia al programa Eureka Audio‑Visuel (18) y la apertura de las oficinas de Voice of Amé­rica y Free Europe en Varsovia. Asimismo, han comenzado a emitirse los primeros pro­gramas conjuntos de la Radio Polaca con Voi­ce of América y la BBC.

 

CONCLUSIONES

 

Polonia ha dado los primeros pasos en el camino que conduce, desde una política típi­camente totalitaria y monopolista en lo con­cerniente a los medios de comunicación so­cial, hacia una situación que puede conside­rarse normal, en la cual, además de las insti­tuciones estatales, se garantice el libre acce­so a la transmisión de información por parte de los restantes protagonistas de la vida so­cial: organizaciones, asociaciones, administra­ciones locales o personas individuales. Se es­tán sentando ciertas bases para la internacio­nalización de los medios de comunicación de masas. Los pasos realizados son todavía pe­queños y la velocidad del cambio no es tan rápida como sería de desear, pero, para las personas que viven en este país, hace sólo unos meses semejante metamorfosis era ini­maginable.

 

 

Traducción: Antonio Fernández Lera

 

 

NOTAS

 

(1) Pisarek, W, «Marksistowsko‑leninowska teoria i metodolo­gia badan prasoynawczych», Zeszyty Prasosnawcze 1976, nr 4; Michalowski J., «Obieg informacji w podzielonym swiecie», Kiw. Warazawa 1986.

(2) Cálculo en base a los datos incluidos en: Krzemisnki, l., «Czego chieli, o czyn mysleli? Analizy postulatow robot nikow Wybrzezy z 1970 i 1980 r.».

(3) Bober L., «Bibula», Tygodnik Solidarnosc nr 1/38/, 02.06.89.

(4) Roczgnik Statysticzny (Anuario Estadístico), GUS, Warsza­wa, 1989.

(3) Gielzynski W , Fikus D., .Moloch‑Politruk», Gazeta Wyborcza 6‑8.10.89, y Zycie Warszawy 30.11; 01.12; 21.12.89.

(8) Establishments, p. 71‑75 y 78.

(7) Olsyewska, B., qPrasowa karuzela», Polityka 06.01.90. Tiene un especial interés la primera revista para homosexuales de Polo­nia, que se distribuye por correo privado. Hay varios periódicos diarios, cf. Bikont, A., «Nie masz jak dziennik», Gazeta Wyborz­ca, 11.12.89.

(8) Entrevista con M. Ilowiecki en Zycie Warszawy, 21.11.89. en esta discusión se calcularon los costes totales de creación de un periódico diario en 3 billones de zlotys (con salarios medios de unos 400.000 zlotys).

(9) Gazeta Wyborzca, 3.10.89.

(10) «Sierkiera motzka...», Gazeta Wyborcza, 23‑25.06.89; gell­berg A., «Emiter na dachu», 7ygognik Solidarnsc, 10.11.89.

(11) Kusmierczyk S., «Vídeo z Gdanska», Tydognyk Solidarnosc 08.09.89.

(12) El Centro de Investigación de la Opinión Pública sobre Ra­dio y Televisión reveló que, después de un mes de emisiones, la información de la nueva televisión no está mucho mejor consi­derada que la antigua (Gazeta Wyborcza, 15.12.89).

(13) «Ojalá consigamos la normalidad para nosotros mismos», conversación con A. Drawicz, Zycie Warszawy 09/10.12.89. En la actualidad hay en Polonia 7 centros de emisión de radio y televi­sión y 14 emisoras de radio, con un total de 11.275 empleados, entre ellos 1.746 periodistas. En Varsovia este Centro prepara el 80 por ciento de los programas y tiene un personal de 6.641 em­pleados, entre ellos 1.094 periodistas. El llamamiento de vuelta al trabajo de las personas despedidas por motivos políticos fue

respondido por 476 personas, 59 de ellas volvieron a ser emplea­das en televisión y 32 en la radio. Olszewsk B., HRuch w TV», Po­lityka, 27.01.90.

(14) Entrevista con la portavoz del Gobierno, M. Niezabitows­ka, Gazeta Wyborcza, 29.09‑01.10.89.

(15) .Nie chca dostepu do telewizji?», Gazeta Wyborcza 14.11.89.

(16) Respuestas al cuestionario a¿Qué radio?, ¿Qué televisión? «en Gazeta Wyborcza, 11‑20.09.89; también Strezeszewski M., «I”e­lewizja panstwowa czy publiczna», Tydodnk Solidarnosc, 01.12.89, así como entrevistas con L. Rywin y K. Jakubowicz, Zycie Wars­zawy, 20.12 y 28.12.89.

(17) Kilian K. Reszczynski W, «Manifest radiowy. Demokracja takze w eterze», Gazeta Wyborzca, 28.12.89.

(18) «Wizje telewizji ‑ ekran Europy», Zycie Warszawy 21‑22.10.89.