La heterogeneidad progresiva de la recepción: una hipótesis en vías de documentación empírica

 

GABRIEL GONZÁLEZ MOLINA

 

Quisiera reflexionar en torno a la complejidad de la relación medio­/audiencia en la sociedad contemporá­nea. La relevancia es clara: es cierto que la reciente explosión de la oferta comunicacional, la llegada de nuevas tecnologías y su rápida asimilación den­tro del entorno familiar, las innovaciones comunicacionales de una sociedad po­líticamente multipartidista y la co­existencia de complejos sistemas cultu­rales dentro del mismo sistema social han llevado a los investigadores de la comunicación a plantearse que hoy, más que nunca, la intrincada naturaleza de la relación medio‑audiencia rebasa los alcances explicativos de cualquier mo­delo unidimensional.

A esto hay que agregar el tan varia­do repertorio de intencionalidades y funciones atribuibles al flujo comuni­cacional. Actualmente, lo mismo encon­tramos posturas optimistas de quienes afirman que los medios informan, per­suaden, motivan, instruyen, divierten, entretienen, educan y concientizan, que toda una gama de interpretacio­nes pesimistas, las cuales confieren a la comunicación responsabilidad so­bre fenómenos de consumismo, apa­tía, desinformación y en casos extre­mos de pérdida de conciencia. En los últimos años, se ha desarrollado in­clusive un número de estudios que, al margen de los debates sobre la influen­cia de los medios, sugiere, por el con­trario, que éstos son utilizados por las audiencias en términos de sus necesi­dades específicas; aquí se menciona que los auditorios buscan en los medios fuentes de graficación, sentido e iden­tidad.

En general, lo que quiero reportar en esta tribuna es una serie de reflexiones que, en síntesis, conforman lo que he da­do en llamar la hipótesis de la hetero­geneidad progresiva de los auditorios. La investigación empírica de esta hipó­tesis representa el trabajo del Panel de Audiencias del Instituto de Estudios Avanzados en la Universidad de las Américas, Puebla, en México. En su for­ma más simple, esta hipótesis afirma que el crecimiento casi geométrico de la oferta comunicacional (derivado en gran medida del creciente uso de nue­vas tecnologías de recepción), la distri­bución específica de competencias y hábitos comunicacionales de la pobla­ción de audiencias y sus características económicas y sociodemográficas han dado origen a una multiplicidad de re­laciones emisión‑recepción. En forma más específica, esta hipótesis sostiene que los diversos tipos de relación medio‑audiencia están fuertemente aso­ciados a los desniveles generados por la distribución desigual del acceso a la oferta comunicacional, a la estratifica­ción del comportamiento de las audien­cias en algunos ejes analíticos como son los formados por los polos selectividad/ indiferencia, actividad/pasividad fren­te al medio y vulnerabilidad/resistencia a la persuasión, entre otros factores im­portantes.

La documentación empírica de esta hipótesis se inició en 1988, con un estu­dio con usuarios de películas en vídeo. De este estudio fue posible concluir que en algunos segmentos del auditorio, la tecnología del vídeo sustituye a los ca­nales tradicionales de televisión, mien­tras que en otros compite con ellos y los complementa. Asimismo, en algu­nos otros estudios sobre selectividad en la exposición a la televisión, hemos en­contrado que las audiencias con ma­yor escolaridad y alto acceso a la ofer­ta audiovisual ampliada tienden a for­marse expectativas mucho más sofisti­cadas y complejas que las audiencias con baja escolaridad y escaso acceso a la oferta comunicacional. Como con­clusión, las audiencias con mayores ca­pitales comunicacionales son más selec­tivas y activas pero, a su vez, son preci­samente también los segmentos del auditorio que reportan índices más al­tos de satisfacción con el medio tele­visivo.

El potencial de este tipo de reflexio­nes es grande. Actualmente trabajamos al interior de tres zonas de preguntas principalmente: (A) En la primera nos preguntamos por los factores que con­dicionan grados diversos de acceso a la gran oferta. (B) En la segunda nos interesa documentar las formas en las cuales las diversas tecnologías de in­formación compiten entre sí. (C) Por úl­timo, nos preguntamos por el tipo de re­lación medio‑audiencia que se genera por los accesos desiguales a la oferta y por los grados de satisfacción que las audiencias registran a partir de su ex­posición a la televisión. De esta pers­pectiva es posible observar que la crí­tica fundamental a la televisión en los años por venir irá encaminada a resolver si satisface o no a sus audiencias y en qué grado.

 

Pero quizá una de las más grandes contribuciones de esta perspectiva sea la de identificar la naturaleza de los actos de recepción en sus contextos de determinación específica. Con ello ha­bremos de contribuir a desmitificar la concepción de la audiencia masiva, ho­mogénea y unidimensional.

 

NOTA: Si algún lector quisiera comentar algún pun­to expresado en esta sección, o ampliar su infor­mación respecto a la Hipótesis de la Heterogenei­dad Progresiva de la recepción, por favor, escri­ba a: Instituto de Estudios Avanzados, UDLA‑P, AP­DO. POSTAL 100, Santa Catarina Mártir, Cholula, Puebla, México, 72820.