EDITORIAL                                                           

25. Punto y seguido

 

Por más que uno sea escasamen­te proclive a la fascinación de las numerologías que  pueblan el es­pacio posmoderno, algún leve buen augurio parece sugerir la materializa­ción de esta vigésimo quinta entrega de TELOS. Y no sólo por las connotaciones amables con las que parece estar re­vestido el número 25, sino, sobre todo la vivencia que suscita esta, por otra par­te modesta trayectoria, en un país don­ de la mortalidad infantil de las publica­ciones suele ser devastadora.

Hace ya más de seis años que Fundesco concibió y puso en marcha el proyecto de la revista y desde entonces lo ha venido realimentando activamente en la convicción de que los supuestos que hicieron plausible la iniciativa siguen todavía vigentes y en plena maduración. También con la seguridad de que, más allá de la mera tozudez de la supervivencia, TELOS ha ido cumpliendo, queremos suponer que de manera apreciable, una buena parte de los objetivos previstos en su planteamiento inicial.

Hoy, aun más que entonces, la virtualidad transformadora del desarrollo tecnológico genera una poliédrica relación con casi todas las disciplinas y realidades sociales. Y ahora, como hace seis años, persiste la consecuente necesidad, terca y obvia, mírese desde el ángulo ideológico o metodológico que se mire, de afrontar reflexivamente este fenómeno, de manera muy especial en las áreas de la información y la comunicación.

La revista TELOS ‑incardinada en la labor general de la Fundación‑ nace con el reto (que era y sigue siendo más un compromiso que una conquista) de convertirse en uno de los ejes del incipiente debate social sobre las tecnologías de la información y la comunicación, sus aplicaciones y consecuencias. Para ello intenta ser no sólo un foro movilizados del debate sino también uno de los cauces más estimulantes de esa nueva corriente de pensamiento, desde una posición tan alejada del luditismo impenitente como de las monsergas líricas al uso sobre las tecnologías.

Desde el principio la revista articula este debate en dos niveles profundamente imbricados, pero distintos en cuanto a perspectiva y alcance. En el plano más general, pretende sentar las bases para contribuir a la creación de un discurso crítico e interdisciplinar que desentrañe y formalice ese terreno cada día más amplio de intersección de las tecnologías con otros campos científicos, sociales, políticos o culturales. Un discurso teórico innovador, orientado a rastrear las grandes líneas de futuro, pero, en la medida de lo posible, curado de tentaciones eutrapélicas por un intenso compromiso con el entorno. Esta voluntad se traduce en la exigencia de que una parte sustancial de los trabajos ensayísticos seleccionados para la revista sean producto de investigaciones y experiencias, y nos conecta con un segundo plano mucho más tangible, dentro del debate generalista: esa veta de discusión y análisis que contempla las condiciones específicas en que se produce la selección de opciones tecnológicas y la adecuación de esas tecnologías a las necesidades reales y a la situación socioeconómica propia de cada país.

En estos años, TELOS ha ido echando su cuarto a espaldas ‑de una manera que se ha pretendido abierta y rigurosa‑ en todos y cada uno de los debates sectoriales que han ido irrumpiendo en España o en el ámbito cultural hispánico, con particular referencia al mundo de las tecnologías de la información y la comunicación. La revista se ha esforzado en activar estos debates actuando, al propio tiempo, como medio de expresión de los distintos planteamientos y posiciones, tanto en el terreno de la pura información, más o menos contextualizada, como en el de la discusión, y, sobre todo, en el del ensayo en profundidad sobre los temas.

Casi ninguno de estos debates se encuentra hoy clausurado, aunque en ciertos casos (como el de la TV privada, entre otros), la dinámica de los hechos vaya ya por delante una vez más. El diseño de una política tecnológica general, y sobre la información y la comunicación en particular, constituye un proceso continuado que se realimenta y arroja otras muchas cuestiones para la reflexión y el intercambio de ideas. TELOS va a seguir abordando ‑más aún, excitando‑ estas cuestiones y todas aquellas que contribuyan a que las políticas y las decisiones en el ámbito de la tecnología y la comunicación estén encaminadas a un mayor y mejor desarrollo económico, pero también social y cultural. O dicho por activa: que este desarrollo se haga a la medida de la sociedad y del hombre y no al revés, para lo cual debe incorporar indefecti­blemente resortes accesibles a la críti­ca y al control social.

Más allá de esta preocupación por los referentes inmediatos, TELOS pretende seguir profundizando, muy obstinada­mente, en su dimensión de revista de pensamiento, dedicada a formular un discurso integrador de esas dos cultu­ras (la científico‑técnica y la social y hu­manística), que, siguiendo un reparto secular muy necesitado de revisión, continúan circulando en sentidos casi siempre opuestos por una carretera de una sola dirección.

Este esfuerzo de aproximación viene haciéndolo la revista desde sus inicios, mediante un planteamiento plural e in­terdisciplinar encaminado a los militan­tes de uno y otro discurso que vayan cuando menos acercando posiciones de cosmovisión y lenguaje, a ser posi­ble por el inmediato procedimiento de la práctica intelectual en las páginas de la propia publicación.

Desde el principio, la composición del Consejo de Redacción que rige TE­LOS constituye una prueba fehaciente del modelo de revista que hacemos: en él, hay acreditados ingenieros y cientí­ficos, pero también ilustres comunicó­logos, economistas, sociólogos o juris­tas. Esta diversidad de disciplinas ‑y aun de sensibilidades ideológicas‑, queda patente asimismo en los corres­ponsales, editores asociados en el ex­tranjero y en los cerca de 400 colabo­radores, nacionales e internacionales, que a lo largo de este período han pu­blicado sus aportaciones en TELOS.

Este modelo, basado en la pluralidad y el equilibrio interdisciplinar, se ex­tiende a todos los demás ámbitos de la revista, incluido el temático como es ló­gico, y ha conferido a TELOS un cierto estatuto de singularidad, casi diríamos insularidad, dentro de las publicaciones españolas. La consideración ha depara­do sin duda ciertas ventajas, junto a al­gunas servidumbres nada anecdóticas.

Gracias a esta originalidad en el en­foque de los temas y en su tratamiento formal y visual, pero sobre todo al alto nivel de calidad proporcionado por esos varios centenares de colaboracio­nes ensayísticas, estrictamente valora­das por el Consejo de Redacción, cree­mos que la revista ha ido adquiriendo un minoritario pero sólido prestigio en distintas esferas intelectuales de la vi­da española, y también, en alguna me­dida, en Latinoamérica y Europa. La inevitable hibridez que impone, sin em­bargo, su empeño en relacionar esas dos culturas, hace crecer ciertas resis­tencias entre quienes están acostum­brados a las convenciones temáticas de las llamadas revistas de pensamiento tradicionales, que tienden a considerar­la una publicación científica o técnica, y a sensu contrario entre técnicos de consolidados esquemas, que prefieren ignorarla aplicándole sin más el remo­quete de revista de letras.

Esta difícil identificación por parte de alguna audiencia, que produce en oca­siones el efecto un poco mareante aun­que banal de situarse en tierra de na­die, para nada empaña la perspectiva marcada por la revista antes y después de este episódico punto y seguido. Sólo la consecución de un nivel más eleva­do en el alcance y calidad de los con­tenidos, y de un mayor espectro de interés que nos permita llegar a públicos más amplios, inspiran las novedades que vamos introduciendo. La incorpo­ración de nuevas secciones y autores; el incremento de la proyección interna­cional, muy volcada hacia Latinoaméri­ca, renovando y reforzando la red de corresponsales y editores asociados; la exploración de nuevas experiencias ar­tísticas en las páginas centrales de la re­vista; la puesta en marcha de iniciativas y debates paralelos, como conferencias internacionales de carácter anual, son algunos de los campos de actuación pa­ra el próximo futuro.

Dialécticamente instalada en esa lí­nea de conexión entre los dos discur­sos clásicos, TELOS va a proseguir en su empeño de consolidarse como una revista de pensamiento moderna, en el sentido, enunciado por Foucault, de que el desarrollo científico y tecnológi­co no está hecho de simples descubri­mientos, «sino que articula un nuevo ti­po de discurso en el área del poder y en las formas de conocimiento».

Si no sonara demasiado petulante, di­ríamos que TELOS va a situarse cada vez más en esa punta de lanza, proyec­tada hacia el futuro, en la que la inno­vación tecnológica debe confluir nece­sariamente con un mismo grado de in­novación social y cultural.

 

O. Martín Bernal