Delante de los negocios, detrás de los acontecimientos Nuevos problemas de la sociología de la comunicación de masas en Es‑oaña (1986‑1990)

 

Miquel de Moragas Spá

 

Las transformaciones del sistema comunicativo español determinan las actuales orientaciones de la investigación sociológica en este campo. Recuperar la investigación no finalista sería el objetivo central de una política científica democrática.

 

INTRODUCCIÓN

 

Los estudios de sociología de la comunicación de masas, en nuestro país como en otras partes, se ven fuertemente condicionados por las influencias de su contexto social. En el caso de España, y durante muchos años, fueron las condiciones políticas quienes ejercieron la principal influencia sobre la sociología de los mass media: primero y durante el franquismo, por un estricto control que supeditaba la actividad académica a la defensa de la «doctrina española de la información» (1) y ya en la transición democrática, por la propia novedad y fuerza de sus acontecimientos políticos.

En los últimos cinco años (1986‑1990), a los que aquí haremos referencia, el protagonismo se ha ido desplazando de la política a los propios medios y a sus industrias, determinando así un nuevo finalismo en la investigación sociológica, ya mucho más próxima al marketing que a los grandes objetivos de la sociología de la comunicación y de la cultura.

En este tiempo, la «academia» ha perdido influencia y no sólo porque el finalismo de la investigación ha determinado el secretismo, la privatización del conocimiento sobre los mass media, sino también porque la propia «academia» ha tendido a encerrarse en sí misma, más pendiente de la producción burocrática (oposiciones, concursos, memorias, currículums, etc.) que de la interpretación de la realidad cambiante de la comunicación.

Por su parte, la evolución de los mass media es tan acelerada que incluso eligiendo este corto espacio de tiempo de cinco años, es posible catalogar una larga lista de acontecimientos y detectar importantes cambios estructurales.

 

ESPAÑA ENTRE EL SUR Y EL NORTE

 

Ante esta aceleración, la primera tarea que ha de abordar la sociología de la comunicación de masas es la localización de su propio objeto, cambiante, en el contexto internacional.

 

Nuestro sistema de comunicación participa de la rápida evolución que experimenta este sector en todos los países del mundo, pero con unas características especiales derivadas de su condición de país de la Europa del Sur, de su ubicación entre dos mundos.

 

España recibe una fuerte influencia de otras sociedades más desarrolladas (Estados Unidos y Japón, pero también Gran Bretaña, Francia o Alemania), pero estos países no se limitan a actuar como modelos de nuestro propio desarrollo, sino que procuran recoger los beneficios de sus inversiones transnacionales.

 

Por otro lado, como país puntero entre los de la Europa del Sur (Grecia, Portugal) o en comparación con los países latinoamericanos, España se distingue también de los países subdesarrollados, porque experimenta un gran incremento de las inversiones en nuevas tecnologías y la multiplicación de sus ne­gocios de comunicación.

Por esto, no podemos interpretar las funcio­nes de los mass media o prever su futuro, con la simple transposición de los modelos exis­tentes en los países más desarrollados. Aque­llos modelos sólo deberían ser utilizados co­mo términos de comparación para interpre­tar las funciones y la prospectiva de nuestros mass media.

 

PRINCIPALES PROBLEMAS DE LA TRANSFORMACIÓN DE NUESTROS MASS MEDIA

 

Los estudios comparados de alcance inter­nacional, al referirse a la España de los últi­mos años, se centran en el factor «democra­tización». Éste ha sido, desde luego, un fac­tor crucial y desencadenante de muchos otros cambios. Sin embargo, consideramos que, para interpretar la evolución de los mass media, debería ponerse una mayor atención en otros varios grandes factores:

 

1) El desarrollo económico.

2) La transformación tecnológica y mercan­til de la comunicación.

3) La descentralización o desarrollo de los procesos de autonomía.

4) La integración en Europa y la transna­cionalización.

5) La propia transformación del concepto «información».

 

1. El desarrollo económico y el incremento de los negocios de comunicación

 

El incremento de los negocios de comuni­cación es una variable dependiente de la evolución de la economía en su conjunto y es­to es así, especialmente, por la centralidad que va adquiriendo la publicidad en el de­sarrollo general de la industria de la comu­nicación (2).

En los últimos cinco años la economía es­pañola ha experimentado un importante cre­cimiento. Así, por ejemplo, el producto inte­rior bruto (PIB) ha experimentado un índice de crecimiento superior al promedio de la Comunidad Europea (6 por ciento y 4”5 por

 

ciento en 1988). Las inversiones también han experimentado incrementos considerables (12 por ciento en 1986 y 14 por ciento en 1987). Este crecimiento económico, coincidiendo con la transformación y modernización del país, ha tenido inmediatas repercusiones en el sector de los mass media, que se han con­vertido en una actividad privilegiada del sec­tor de negocios.

Este proceso se concreta en los importan­tes incrementos de las inversiones publicita­rias, que han pasado de los 105.000 millones de pesetas en 1980 a los 684.000 millones en 1988 (3).

En este desarrollo del sector comunica­ción‑culturacultura destaca la importancia que mantiene el sector prensa, que represen­ta un 32 por ciento de los negocios, frente a un 16,3 por ciento que representa el subsector audiovisual, aun por detrás de la edición, que representa un 17 por ciento, y ya claramen­te por delante del deporte y espectáculos, que representan el 15”6 por ciento del volu­men de negocio global del sector.

No debe extrañarnos que la investigación sobre economía de la empresa de comunica­ción sea una de las parcelas más desarrolla­das en el conjunto de las ciencias de la co­municación en España (4).

 

2. La transformación tecnológica y « mercantil» de la comunicación

 

Las primeras publicaciones españolas so­bre nuevas tecnologías y sus implicaciones en los medios de comunicación apenas supe­ran un lustro; sin embargo, disponemos ya de suficiente perspectiva para afrontar y com­prender que esta implantación se desarrolla de forma lenta y desequilibrada.

Es fundamental reconocer de nuevo que la implantación de estas nuevas tecnologías no podrá ya producirse de la forma general y casi instantánea que se produjo con la im­plantación de la televisión herziana en los años sesenta en España.

Pero con esta misma distancia y perspecti­va también se comprende que la transforma­ción que están experimentado los medios no es únicamente tecnológica, sino que conjun­tamente con la transformación del mercado de la comunicación varían sus ofertas y, con ellas, los usos de comunicación.

Expresamos esta circunstancia en términos económicos, precisamente porque una de las principales características de estos procesos es que la iniciativa transformadora corres­ponde a la oferta de comunicación y no a la demanda. La oferta se transforma, precisa­mente, en función de la rentabilidad de sus formas de producción y de la competencia (diversidad) del mercado.

Es cierto que se producen algunas transfor­maciones propiamente tecnológicas que con­llevan una serie posterior de consecuencias en la «ecología» o sistema comunicativo. Vea­mos algunas de ellas:

 

1. Aparecen las primeras antenas para la recepción de televisión vía satélite, que experimenta una expansión limitada y sectorial. En 1989 se calculaban unas 20.000 antenas parabólicas distribuidas de forma muy concentrada en zonas tu­rísticas y hoteles.

2. Se implantan las primeras redes de te­levisión por cable, aunque de forma ru­dimentaria sin legislación previa y con una limitada oferta y capacidad de ca­nales. Estas experiencias se desarrollan muy especialmente en la zona sur del país, sobre todo en Andalucía, y consti­tuyen una experiencia única y singular en Europa, que se ha llegado a denomi­nar «le cable du pauvre» por la limitada oferta de canales y el carácter casi ar­tesanal de estas instalaciones, que pue­den alcanzar ya una audiencia cercana a los 400.000 receptores.

 

Como consecuencia de la confluencia de las dos anteriores tecnologías, se desarrollan unos primeros sistemas mixtos cable‑satélite, muy especialmente en las ya mencionadas zonas turísticas. Debe considerarse el hecho de que el turismo representa en España has­ta el 10 por ciento del PIB (4 por ciento en la CEE)

3. Escaso desarrollo de las tecnologías te­lemáticas. El Teletexto (5) experimenta índices de penetración muy limitados y los proyectos de videotexto no consi­guen superar una expansión de carác­ter profesional, siguiendo, por tanto, un modelo prácticamente opuesto al que se ha desarrollado en Francia con el MINI­TEL.

4. «Viejas nuevas tecnologías». No debe­mos dejar de destacar que los principa­les cambios se producen en lo que podemos denominar, algo eufemísticamen­te, «viejas nuevas tecnologías». Veamos algunos ejemplos:

 

       La prensa se adapta a la transforma­ción tecnológica y consolida su pro­ceso de reconversión (6). Esta recon­versión o modernización no es tam­poco únicamente tecnológica, sino que tiene sus principales dimensio­nes en las opciones de carácter mer­cantil, con una progresiva diversifi­cación y especialización de la ofer­ta, siguiendo con ello la experiencia de los países más desarrollados, al­gunas de cuyas empresas, como, por ejemplo, Hachette o Bertelsmann, fa­cilitan este proceso al instarlarse en España.

       Se multiplican los canales de tele­visión herziana y aparecen los nue­vos canales de televisión (pública) autonómica y los nuevos canales de televisión privada.

       Moderada implantación del parque de magnetoscopios, que alcanza una cobertura cercana al 30 por ciento de la población. Esta cifra debe con­siderarse importante desde el punto de vista de las inversiones, que im­plica tanto los equipamientos como la venta y alquiler de cintas, pero que­da aún muy lejos de representar una generalización de este medio en la sociedad española.

 

Todo este conjunto de nuevas ofertas, im­pulsada, desde luego, por la participación de grandes empresas multinacionales, facilita la introducción de nuevas prácticas en la edi­ción o producción audiovisual, en la oferta de comunicación. Esta oferta, comercialmente «agresiva», se caracteriza por ser una «pro­vocación» a la demanda, adelantándose a ella gracias a una compleja red de estímulos, des­de la publicidad a las nuevas fórmulas visua­les y géneros narrativos.

Ante todo ello, la principal laguna de la so­ciología de la comunicación de masas se si­túa claramente en la carencia de estudios so­bre la demanda social de comunicación. No disponemos de conocimientos suficientes so­bre esta demanda, y no sólo por lo que res­pecta a cuestiones relativas al bienestar so­cial o a los usos gratificantes de los medios, sino, en términos más generales, respecto de la relación existente entre demanda (necesi­dades) de información e interés social de la mayoría, efectos en la participación democrá­tica, en el desarrollo, la identidad cultural o en el equilibrio económico.

 

3. La descentralización o desarrollo de los procesos de autonomía.

 

Un análisis comparativo de las políticas de comunicación en los doce Estados de la Co­munidad Europea pone de manifiesto otro de los aspectos más interesantes de nuestro sis­tema de comunicación en transformación: el alto nivel de desarrollo de los medios de co­municación de carácter autonómico o regio­nal.

Esta realidad, fruto de la propia diversidad lingüística, cultural y política del país, ha im­pulsado el desarrollo de estudios sobre polí­ticas de comunicación, muy especialmente en los centros académicos de las autonomías históricas que han dispuesto del apoyo insti­tucional de los correspondientes gobiernos autónomos.

Después de la larga etapa franquista, de fé­rreo centralismo, las primeras televisiones autonómicas corresponden a las naciones his­tóricas; a ellas siguieron, en un rápido pro­ceso de expansión, las autonomías regiona­les: ETB, del País Vasco, inició sus emisiones en enero de 1983; TV3, de Cataluña, lo hizo en enero de 1984, y TVG, de Galicia, en julio de 1987; posteriormente, les habrían de se­guir las televisiones de Andalucía, Valencia y Madrid.

Esta tensión por la descentralización, de claros orígenes políticos y culturales, se ex­tiende, aunque sin ningún apoyo de la legis­lación, por el sector de la televisión local, constituyendo un modelo único en Europa (7).

Es interesante destacar que estas experien­cias de carácter local y autonómico no se han visto reducidas o sometidas a revisión como consecuencia de la entrada de España en la Comunidad Europea, sino que ha sucedido, más bien, todo lo contrario.

Estas circunstancias han permitido el desa­rrollo de un enfoque específico en los estu­dios sobre políticas de comunicación que puede constituir una de las aportaciones más genuinas de nuestra investigación sobre los

 

4. La integración en Europa y la nacionalización

 

El Estado, como conjunto, mantiene un sis­tema comunicativo propio y envolvente, su le­gislación homogeneizadora afecta todavía y muy fuertemente al desarrollo de los mode­los descentralizados. La ley de televisión pri­vada constituye un ejemplo básico de la per­manencia de este centralismo en la política de comunicación española.

Efectivamente, el Estado no ha renunciado a ejercer su poder sobre los espacios de co­municación. En realidad, lo que sucede es que se establece una nueva y más compleja relación en la que intervienen cuatro princi­pales espacios de «distribución» y de compe­tencias comunicativas:

 

‑ El ámbito internacional: donde la nueva política europea intenta controlar la expansión del mercado norteamericano y japonés y propone una propia unifica­ción, cultural y de mercado.

  El ámbito estatal: que permite espacios de comunicación autonómicos, pero que se reserva para sí la circulación de co­municación en el interior de todo el te­rritorio.

  El ámbito regional: que pugna por de­sarrollar un espacio propio de represen­tación cultural, de representación polí­tica, de circulación de información y, en su caso, de normalización lingüística de las lenguas minorizadas.

  El ámbito local, especialmente el ámbi­to urbano: que con el soporte de las nue­vas tecnologías vía cable adquiere una nueva competencia en la creación y ren­tabilización de espacios o redes de co­municación.

 

Esta multiplicación de ámbitos permite la penetración del capital internacional en la es­tructura de los medios de comunicación en España, de forma diversa y singularizada, y no solamente gracias a las tecnologías «trans­nacionales», como los satélites de comunica­ción, sino también gracias a las tecnologías «locales», tales como las redes cable o la pro­pia televisión herziana.


de fusión y de concentración de empresas, así como la creación de grupos «multimedia; pero aquí también debemos destacar el ca­rácter de grupos «multiespacio», grupos que ocupan y negocian en todos los espacios, desde el transnacional hasta el regional y lo­cal.

 

5. Transformación del concepto información»

 

A los problemas anteriores, y para com­prender la complejidad de fenómenos que debe abordar en nuestros días la sociología de la comunicación, aún debemos añadir la transformación de carácter general de lo que se denomina, y creemos que con acierto, «so­ciedad de la información».

No podemos extendernos en este comple­jo cruce de transformaciones. Pero sí debe­mos destacar el hecho de que con ello se transforma uno de los conceptos clave en la historia de la investigación sociológica sobre comunicación y opinión pública: el propio concepto de «información».

La información que hasta ahora habíamos llamado «de actualidad», de claras funciones y contenido político, va quedando reducido a un flujo marginal en el conjunto de la nue­va «información» que orienta las inversiones y la expansión de las telecomunicaciones.

Este nuevo fenómeno obliga a la sociolo­gía de la comunicación a una nueva forma de comprensión de la información y de la socie­dad, muy especialmente a realizar un gran esfuerzo por comprender qué lugar ocupa su objeto específico (el que podemos seguir re­lacionando con la opinión pública) en el con­junto de la transmisión de información.

Las lógicas que determinan la evolución o el control de la información han‑ cambiado con la transformación tecnológica. La lógica interna del propio sistema de comunicación social ya no es suficiente para comprender su propio desarrollo, que ha de explicarse en el contexto más general de la centralidad ad­quirida por las tecnologías de transmisión de información en nuestra sociedad.

Es por esto que el sector de las telecomu­nicaciones, como ha sabido entender muy adecuadamente la línea editorial de TELOS, ha de ser considerado un sector básico de nuestra propia investigación sociológica so­bre la comunicación de masas.

 

CONCLUSIONES SOBRE EL ESTADO DE LA INVESTIGACIÓN

 

Ante todos estos problemas, ¿qué papel realiza o puede realizar la investigación so­bre la comunicación?

Consideraría inicialmente las siguientes ca­racterísticas:

 

1. Investigación aplicada

 

Se impone, sobre todas las otras especiali­dades, la investigación aplicada a rentabili­zar los proyectos de inversión de las nuevas empresas multimedia, especialmente de las empresas multinacionales que pretenden describir y localizar la potencialidad de Es­paña como escenario de sus inversiones.

 

2. Investigaciones de mercado

 

Se desarrollan espectacularmente las in­vestigaciones de mercado aplicadas al con­sumo de comunicación, estudios de audien­cia y de recepción publicitaria. Como contra­partida y por su propio carácter competitivo, los resultados de estas investigaciones per­manecen secretos en las oficinas de las em­presas de comunicación.

 

3. Investigación burocrática

 

La investigación pública, o de carácter «académico», parece más motivada por los procesos burocráticos (oposiciones y títulos) que por las necesidades de las nuevas de­mandas de comunicación.

Este hecho debe relacionarse con el con­junto de la política científica de nuestro país y ello en un momento especialmente impor­tante: el de la puesta en marcha del Plan Na­cional de Investigación. Este Plan parece in­vertir adecuadamente sus fondos en los pro­yectos de investigación y desarrollo, pero ha dejado sin resolver los grandes problemas de la investigación sobre ciencias sociales y humanas, perjudicando así los proyectos de investigación de la comunicación (9).

La creciente conciencia sobre la importan­cia que para el futuro de la política cultural tiene la protección de su industria audiovisual ‑las declaraciones del ministro de Cultura, señor Semprún, han sido ya muy explícitas­no se ha sabido trasladar a acciones concre­tas de política científica.

 

5. Falta de investigación básica

 

La investigación básica se convierte en un bien escaso en los ámbitos académicos y no sólo por la falta de investigaciones propias, sino por la carencia de referentes internacio­nales en los que apoyar la reflexión sobre los grandes cambios de la comunicación y de la cultura modernas.

La disminución de la investigación de ca­rácter básico tiene una raíz en la propia polí­tica científica, pero también obedece a fac­tores exógenos. La sociología de la comuni­cación en España se encuentra huérfana de la influencia de teorías globales, que, hasta la fecha, siempre se habían encontrado en escuelas internacionales. La crisis afecta a la comunidad internacional en nuestra época; estamos muy lejos de las confianzas que an­taño generaban las visiones globales del mar­xismo, del estructuralismo de la escuela de Frankfurt u otras escuelas.

 

6. Los estudios como nuevo negocio

 

Aparece un nuevo e importante sector de negocios, muy relacionado con la experien­cia y las capacidades de las empresas de co­municación y de publicidad: la prestación de servicios «inmateriales» a las empresas, en­tre los que destacan los estudios de mercado y de opinión, las asesorías en materia de imagen y estrategias (o «ingeniería) de co­municación.

 

7. Prominencia de los estudios aplicados a la publicidad

 

Entre los estudios de carácter finalista, ex­perimentan un especial desarrollo todos los relacionados con las estrategias publicitarias: estudios de audiencia y de contacto, tests y post tests de eficacia de los mensajes.

Esto está determinando la consolidación de un gran desequilibrio de las fuentes estadís­ticas sobre los usos de los mass media, que ya se inició en los años 7*; desconocemos los usos sociales de la comunicación de los gru­pos que no coinciden con un objetivo del mercado y podemos conocer, con el máximo lujo de detalles, todas las circunstancias de la recepción comunicativa cuando ésta está relacionada con el impacto publicitario. Pue­de incluso decirse que las agencias de pu­blicidad se han convertido en los principales agentes en la investigación en materia de so­ciología de la comunicación.

Recuperar la iniciativa de una investigación no finalista en el sector de la comunicación de masas constituye un objetivo central de la política científica en una sociedad democrá­tica. Posiblemente, en una sociedad, la de «la información» en la que podrá medirse la jus­ticia social y la democratización valorando los objetivos y finalidades de su política de inves­tigación científica y técnica.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

(1) Moragas, M de (1984), Teorías de la Comunicación, G. Gi­l¡, Barcelona.

(2) Diversos estudios se han centrado en estas materias, tanto por lo que respecta a la prensa como por lo que se refiere al conjunto de la industria de la comunicación y de la cultura. Bus­tamante, E. y R. Zallo (1988). Las industrias culturales en Espa­ña. Akal, Madrid. De Mateo, R. (1989). La empresa periodística en los 80, La Vanguardia. Barcelona. Nieto, A. y J. M. Mora (1989). Concentración informativa en España, EUNSA, Pamplona. Zallo, R. (1989), Economía de la comunicación y de la cultura, Akal, Madrid.

(3) Fundesco, Comunicación Social 1989/Tendencias, Fundes­co, Madrid.

(4) Para un completo resumen de estos estudios: Jones, Daniel E. (1989). .Aproximación a los estudios sobre economía de la co­municación en España», en Análisis, Universitat Autónoma de Barcelona, Barcelona.

(5) Alonso, et. alt. (1988), El teletexto, RTVE, Madrid.

(6) Canga Larequi, J. (1989). La prensa y las nuevas tecnologías. Ediciones Deusto, Bilbao. Díaz Nosty, B. et. alt. (1988), La nueva identidad de la prensa, Fundesco. Madrid.

(7) Moragas, M. y M. Corominas (1989), Local Communication in Catalonia, Diputació de Barcelona, Barcelona, 1988.

(8) Garitaonaindia, C., et. alt. (1989). La comunicación en las naciones sin estado, UPV, Bilbao. Gifreu, J. (1989),Comunicació i reconstrucció nacional, Pórtic, Barcelona. Gifreu, J. (1989), .La investigació de la comunicació a Catalunya», en Análisis, Uni­versitat Autónoma de Barcelona, Barcelona. Idoyaga, J. V. (1988), La descentralización de la televisión en el Estado español. Te­sis doctoral, Universidad del País Vasco. Moragas. M. (1989), Es­pais de comunicació, Barcelona.

(9) España se propone aumentar sus inversiones en investiga­ción, actualmente 0”8 por ciento del PIB, para alcanzar la cota del 1”2 por ciento, aún muy por debajo del promedio de la CE, calculado en un 2 por ciento. Moragas, M. de (1989), »La comu­nicación ausente» en Fundesco. Comunicación Social 1989/Tendencias, Fundesco, Madrid.