Numerosos interrogantes de futuro

Servicios, usos y actores permanecen diferenciados

 

Jean Luc Iwens (*)

 

En la evolución de tecnologías y servicios, en los usos, los agentes económicos y sus es­trategias, hay indicios de integración presente o futura entre telecomunicaciones y audio­visual. Los elementos de separación son, no obstante, importantes e impulsan a un cierto escepticismo.

 

TECNOLOGÍA

 

Si bien los problemas tecnoló­gicos y de desarrollo no su­ponen el tema principal de este artículo, resulta difícil no hacernos la pregunta: ¿La tecnología constituye un ele­mento que lleva a las teleco­municaciones y a los campos audiovisuales hacia la integración? De hecho, esta pregun­ta le corresponde más al proceso de trans­misión y a las funciones de transmisión, que uno se encuentra en las telecomunicaciones y en las actividades audiovisuales. En pocas palabras, parece que dos evoluciones tecno­lógicas favorecen la integración sectorial: los desarrollos de las redes de digitalización y transmisión.

Los mismos equipos de las redes ya están acostumbrados a transmitir señales de tele­comunicaciones o audiovisuales, como los ca­bles coaxiales o los de fibra óptica. Pero, has­ta el momento, estos componentes de las re­des son partes de redes separadas. Incluso, los satélites para las telecomunicaciones uti­lizados para las comunicaciones telefónicas, la transmisión de datos o las transmisiones te­levisivas no son, realmente, partes de la mis­ma red, sino sólo componentes de las redes para usos compartidos.

Será distinto con las llamadas redes de ser­vicios integrados. La digitalización constituye el primer paso necesario para obtener dicha red; es la codificación digital de todo tipo de información, voz, dato, textos e imágenes, que permite el empleo de una sola red auxiliar. Actualmente, en los casos de redes de ban­da estrecha, la digitalización de los equipos de transmisión y conmutación no plantea nin­guna otra interrogante.

Sin embargo, estas redes de banda estre­cha no consiguen la capacidad necesaria pa­ra transmitir señales de televisión. Sin duda, la capacidad de las redes de banda estrecha son de 2 Mbitios/s como máximo, mientras que las señales de vídeo necesitan unas ca­pacidades de 34‑216 Mbitios/s para la tele­visión «normal» y de 140 Mbitios/s hasta 1 Gbitios/s para la televisión de alta definición (TVAD). (1).

Ya existen algunos equipos de transmisión de banda ancha, mientras que los equipos de conmutación aún no están totalmente desarro­llados. Las investigaciones en este campo ha­cen progresos, principalmente en el marco del programa de la comisión del RACE (In­vestigación y Desarrollo en Tecnologías Avanzadas de la Comunicación para Europa). La transmisión y la conmutación ópticas son tecnologías que pueden emplearse con éxi­to para las redes de banda ancha y, actual­mente, ya no existen grandes problemas pa­ra la transmisión óptica. No es el caso de la conmutación óptica, pero en este campo, igualmente, se están haciendo profundas in­vestigaciones. De cualquier forma, las redes de banda ancha no requieren, necesaria­mente, una conmutación óptica.

 

SERVICIOS

 

Por otra parte, la tecnología sólo es un ele­mento de la evolución de los sistemas de co­municación, y no podemos confundir las «re­des soporte» y las «redes de servicios». ¿No es a partir de este nivel cuando podemos, realmente, empezar a hablar sobre integra­ción? Pero, en el campo de la comunicación, más que en otros, la existencia de una de­manda social representa una condición cru­cial para la viabilidad de los nuevos servicios. ¿Cuáles serían estos servicios integrados de telecomunicaciones‑audiovisual?

En primer lugar, no entendemos muy bien por qué los servicios de telecomunicación po­drían adoptar las características de los actua­les servicios audiovisuales. Sin duda alguna, la principal diferencia, desde el punto de vis­ta del servicio, radica en la interactividad de los primeros. Si las telecomunicaciones van por el camino de los audiovisuales, ello sig­nificaría, consecuentemente, un empobreci­miento de sus posibilidades.

Por otra parte, adoptar esta interactividad, típica de las telecomunicaciones (2) supon­dría un enriquecimiento para los servicios audiovisuales. Además, los servicios audio­visuales lnteractlvos se convertirían en unos servicios más individualizados, lo que cami­na por la vía de la actual tendencia general, como la que nos muestra el desarrollo del transporte individual, las lavadoras, el aho­rro‑vivienda, la teleseguridad, etc.

Antes de proseguir, debemos decir que ya existen servicios audiovisuales que emplean la telecomunicación. Podríamos citar, por ejemplo, la transmisión de señales de televi­sión entre emisoras nacionales o internacio­nales, la tele‑compra..., de la misma manera que los servicios de telecomunicación utilizan técnicas propias del audiovisual; videocon­ferencias, teléfono móvil... (3). Pero, una vez más, estos servicios siguen siendo caracterís­ticos de su sector original, y en estos casos no existe una verdadera integración de los mismos.

De manera que los únicos servicios audio­visuales que podemos imaginar en las redes de telecomunicación son los de distribución y los de acceso de los canales de televisión a las vídeo‑bibliotecas.

La distribución de los canales de televisión en las redes de conmutación de banda ancha no sería verdaderamente un servicio nuevo por sí mismo. Las actuales redes de cable son redes de distribución de televisión. No obs­tante, está claro que las redes de banda an­cha añaden posibilidades en términos de ca­pacidad (ya no hay limitaciones en la canti­dad de canales distribuidos), de control (por ejemplo: la televisión de pago no requiere ya transmisiones codificadas) y de calidad. En­tonces, la innovación principal tiene relación con el ilimitado número de canales de tele­visión accesibles. Luego la pregunta es: ¿Existe un mercado para una cantidad tan grande (3) de canales de televisión?

Desde el punto de vista de la demanda, de­ben tomarse en cuenta dos consideraciones. La primera es que el creciente número de ca­nales de televisión no hace que aumente, ma­yormente, el tiempo que la gente pasa delan­te de la pantalla. «La experiencia belga de­muestra que el tiempo dedicado a mirar la televisión se incrementó en apenas trece mi­nutos entre 1970 y 1985, si bien la mayoría de los hogares han estado conectados al cable durante unos quince años, y aunque el núme­ro de canales suministrados es de al menos dieciocho» (4). No obstante, parece evidente que existe una demanda para una mayor elección (no relacionados estrictamente con la cantidad de canales, como sucede en al­gunos países).

El punto donde convergen la oferta y la de­manda depende del precio de los servicios y, por consiguiente, del modo en que se fi­nancien estos eventuales nuevos canales. Es­ta financiación puede venir de la publicidad, pero el mercado de la publicidad no es infi­nito, y parece ser que dentro de algunos años varios países tocarían techo en este aspecto. Además, la experiencia demuestra que la fi­nanciación de la publicidad no incide, auto­máticamente, en la diferenciación de los pro­gramas. Los abonados podrían ser otra fuente de financiación, pero aquí también existen lí­mites: hace falta un mínimo de abonados pa­ra financiar un canal de televisión, y no pa­rece muy probable que haya muchos usua­rios dispuestos a convertirse también en abo­nados.

Por lo tanto, incluso sin tener una informa­ción estadística precisa, no parece que las clásicas redes de distribución de la televisión (que pueden tener una capacidad de más de 80 canales) vayan a saturarse rápidamente.

El otro servicio audiovisual en red de ban­da ancha que se contempla es el de acceso a las vídeo‑bibliotecas. Esto significa que ca­da usuario puede ver el programa audiovi­sual (ficción, documentales, informativos, programas educativos, etc.) que desea y cuan­do lo desee.

Obviamente, esto ofrece un campo de se­lección más amplio para el usuario, toda vez que el acceso a las vídeo‑bibliotecas es algo así como un servicio de vídeo club por «con­trol remoto». La competencia en este aspec­to ‑principalmente por parte de las casas videográficas‑ estará basada en el precio. Evidentemente, las tarifas de los servicios de banda ancha están todavía por definir; pero, considerando la diferencia de tarifa entre el acceso base y el primario, en la banda estre­cha de las redes digitales de servicios inte­grados, está claro que la tarifa para banda ancha será mucho más elevada que diez ve­ces la de las actuales tarifas telefónicas. In­cluso manteniendo esta proporción, ver una película (correspondiente a una llamada lo­cal de 90 minutos) costaría más de 20 ecus. ¿Se podría desarrollar un mercado de estos servicios en base a tales precios?

Las palabras anteriores no ofrecen una vi­sión demasiado optimista para desarrollar los servicios audiovisuales en las redes de tele­comunicación. Pero, para ser precisos, debe­mos recordar que, en el campo de las comu­nicaciones, los usuarios casi siempre desvían el propósito para el que originalmente se con­ciben algunos proyectos. El teléfono, que fue inicialmente pensado para realizar transmi­siones de ópera, o el reciente Minitel, diseñado como simple directorio electrónico, só­lo son dos ejemplos. Por lo tanto, podrían sur­gir dos salidas para usos sociales no previs­tos por los creadores, por quienes trazan la política o por los que hacen previsiones so­bre la economía.

 

CARACTERÍSTICAS DE USO

 

No obstante, el surgimiento de usos socia­les integrados entre las telecomunicaciones y el audiovisual dependerá del grado de convergencia de sus propias características de uso. Pero éstas no influyen en la oferta. El uso es, sin duda, un punto de encuentro en­tre la demanda y la oferta (lo que puede su­poner que se realicen mutuas adaptaciones).

Solamente para sustentar algunos criterios, en la siguiente tabla puede apreciarse que estas características sobre los usos de las telecomunicaciones, por una parte, y de los audiovisuales, por otra, son verda­deramente diferentes, al menos en estos momentos.

A estas consideraciones podríamos añadir que los sectores de las telecomunicaciones ‑desde el invento del teléfono‑ y de los audiovisuales ‑desde el invento de la radio‑ han tenido historias autónomas con di­ferentes repercusiones sobre el tipo de re­gulación, el papel de agentes industriales o políticos, el desarrollo de las infraestructuras y también sobre los usos.

Pero, conforme dijimos anteriormente, pa­rece ser que las evoluciones presentes o fu­turas pueden disminuir estas diferencias. Por ejemplo, el acceso a las vídeo‑bibliotecas de las que ya hemos hablado ha dejado de ser un servicio de difusión (radiodifusión); exis­te una comunicación punto a punto interactivo entre el usuario y el sistema de ví­deo‑biblioteca. Las telecomunicaciones han dejado de ser «muchas pequeñas comunica­ciones» sobre líneas fijas arrendadas, e infe­riores desde el punto de vista de la onda por­tadora. Las inversiones en los sistemas de transmisión son cada vez más importantes pa­ra las actividades audiovisuales: satélites, re­des de cable, infraestructuras de microon­das... Con el desarrollo de la televisión de pa­go, el tema de la seguridad se convierte en una cualidad necesaria también para los ser­vicios audiovisuales, etc.

Se podrían multiplicar los ejemplos; no obs­tante, parece ser que, si existen algunas con­vergencias referidas a las características de uso entre las telecomunicaciones y el audio­visual, estas convergencias están relacio­nadas, principalmente, con actividades de transmisión. Pero, si la transmisión es una ac­tividad crucial para las telecomunicaciones, sólo es una actividad periférica para el audio­visual en relación a la producción de pro­gramas.

 

ORGANIZACIÓN SECTORIAL

 

En los últimos años tuvieron lugar importan­tes cambios en la organización sectorial de las telecomunicaciones y el audiovisual. Es­tos cambios están esquematizados en las fi­guras 1, 2, 3, y 4, de acuerdo con nuestro te­ma. Lo que queremos subrayar con estas fi­guras es la dramática fragmentación de los dos sectores.

Aunque están muy poco simplificadas, las figuras correspondientes a las telecomunica­ciones intentan poner de relieve la separa­ción existente entre las funciones de transmi­sión y de conmutación, por una parte, y la provisión de los servicios, por otra parte. (En la estructura tradicional, la provisión de los servicios era muy limitada.) Verdaderamen­te, este proceso de fragmentación es mucho más importante de lo que pueda parecer a simple vista, ya que en el pasado:

 

-                  El usuario estaba en contacto solamen­te con la compañía portadora de las transmisiones, las conexiones, el servi­cio de abastecimiento, así como del su­ministro de equipos, como terminales, módems, instalación automática privada PABX, etc.

-                  Los actores para cada función eran mu­cho menos numerosos; generalmente, había una sola compañía, mientras que ahora son muchas las que trabajan en la misma actividad (British Telecom y Mercury, por ejemplo), o en diferentes actividades (teléfono tradicional, servi­cios de valor añadido, teléfono móvil, etc.). Lo mismo sucedió con los provee­dores de equipos, toda vez que las re­laciones privilegiadas entre los provee­dores nacionales y el monopolio de los transportistas tienen cada vez menos fuerza.

 

Igualmente, existe una fragmentación dra­mática en la estructura audiovisual. Esta frag­mentación se debe, principalmente, a la se­paración orgánica de las funciones de pro­ducción de televisión, programación y radiodifusión. En el anterior modelo general, es­tas tres funciones estaban de hecho monopo­lizadas por uno o varios organismos integra­dos, que a veces eran públicos. Prácticamen­te no había productores independientes, ni operadores de cable (o los existentes sólo di­fundían la programación de las televisiones establecidas). Además, el proceso de libera­lización permitía multiplicar la cantidad de actores por función, como ocurrió en el sec­tor de las telecomunicaciones, y surgió una considerable cantidad de nuevas televisio­nes privadas hertzianas, vía satélite o por ca­ble. En segundo lugar, el desarrollo del sub­sector del vídeo ha complicado aún más las interrelaciones con el audiovisual, como pue­de verse en la figura 4.

Esta fragmentación, tanto de las estructu­ras industriales de las telecomunicaciones co­mo de los audiovisuales, preparó el terreno para la multiplicación de puntos de encuen­tro ‑o puentes‑ entre las dos ramas. La si­tuación es más o menos la misma que la de hace unos años, cuando dichos puentes sur­gieron entre las telecomunicaciones y la in­formática.

Dos de esos puentes eran las terminales y los servicios. Estos últimos, por ejemplo, pro­vocaron el surgimiento de la llamada telemá­tica.

Aparentemente, uno de estos puntos de en­cuentro entre las telecomunicaciones y el audiovisual también pudiera ser el de las ter­minales. Las investigaciones en las termina­les multimedia son, además, gestionadas en varios programas europeos, como el ESPRIT (Programa de Investigación Estratégica en el Campo de las Tecnologías de la Información), el RACE (Investigación y Desarrollo en Tec­nologías Avanzadas de la Comunicación pa­ra Europa) o el EUREKA.

Otro de los puentes de los que ya hemos hablado tiene que ver, lógicamente, con las funciones de transmisión/retransmisión. Al­gunos servicios «nuevos», como el videotex o el teletexto, incluso están situados en la frontera de tres sectores: telecomunicacio­nes, audiovisual e informática.

Resumiendo, la evolución de las estructu­ras sectoriales en las telecomunicaciones y el audiovisual, fuertemente relacionadas con los cambios institucionales, como desregula­ción/liberalización/desmonopolización/pri­vatización:

 

-                            desintegra ambos sectores,

-                            permite la entrada de nuevos agentes económicos,

-                            y, por consiguiente, ofrece la oportuni­dad de interpenetración de los actores tradicionales en ambos sectores, prin­cipalmente en estos puntos de encuen­tro intersectoriales.

 

ESTRATEGIA DE LOS AGENTES

 

La estrategia de agentes económicos y po­líticos podría mostrarnos interesantes indica­ciones relacionadas con la integración sec­torial entre las telecomunicaciones y el audio­visual.

Como señalamos anteriormente, las consi­deraciones históricas juegan un papel impor­tante en este juego; por lo tanto, parece una tarea arriesgada el tratar de sacar conclusio­nes generales de una situación específica. No obstante, también parece evidente que estas situaciones nacionales serán más o menos (según el país) armónicas en el futuro, debi­do a la creciente transnacionalización de am­bos sectores (otro impacto de desregulación) y, en Europa, al papel ‑el más importante interpretado por los servicios de la Comisión o por el Consejo de Europa (5).

Hasta ahora, y en términos generales, pa­rece que los agentes industriales y, por re­gla general, los económicos, siguen siendo específicos para los dos sectores. Últimamen­te, constatábamos que ninguna empresa de telecomunicaciones deseaba introducirse en nuevos canales privados en Holanda, Fran­cia o España. De la misma forma, ninguna fir­ma audiovisual ha comprado parte de British Telecom o de la japonesa NTT.

Posiblemente, lo que sucedió entre los sec­tores de las telecomunicaciones y de la infor­mática ha llevado a que las empresas actúen con cautela. Mientras las consideraciones ob­jetivas trabajaban a favor de la integración de los sectores de las telecomunicaciones e informática (una conexión de conmutación es, más o menos, una computadora específica, ¡pero muy específica!), parece ser que, des­pués de un período con intentos de interpe­netración, estamos presenciando un reenfoque de los oficios tradicionales de cada uno. Véase la experiencia de IBM con SBS (Siste­ma para los satélites de empresas), luego con Rolm o de AT&T, Ericsson, ITT, tratando de penetrar en el sector de la informática. Has­ta la telemática ‑como es llamado el matri­monio entre las telecomunicaciones y la informática‑ se convirtió, cada vez más, en una actividad especializada más que en una integrada.

De cualquier forma, los «oficios» son muy di­ferentes en el sector de las telecomunicacio­nes y en el del audiovisual. Por una parte, es una cuestión de instalación, y, por otra par­te, de la producción de programas y de la programación. Incluso las nuevas actividades en los límites entre los dos sectores no em­plean una «mezcla» de los oficios originales de cada sector, sino, más bien, nuevos ofi­cios. Tomando un ejemplo de la telemática, la prensa ha comprendido rápidamente que presentar una noticia en telemática no con­siste únicamente en «traducir» un periódico a las páginas de la pantalla. Realmente se tra­ta de un nuevo producto que necesita nue­vas ocupaciones cualificadas.

Otro elemento crucial para los agentes eco­nómicos es, lógicamente, el de las finanzas. Aquía también las características de cada sector, sus propias historias, reglamentacio­nes, etc. han orientado de muchas y diferen­tes formas la financiación del audiovisual y las telecomunicaciones. Dicho de una mane­ra más concisa, las entidades de la telecomu­nicación venden sus servicios directamente a los últimos consumidores, mientras que las empresas de televisión se los venden al Es­tado (en el caso de la televisión pública) o a los anunciantes (en el caso de la televisión co­mercial). Incluso si se comparan solamente las empresas públicas de los dos sectores, de sobra es sabido que las autoridades públicas ofrecen subvenciones a las televisiones pú­blicas (salvo unas pocas televisiones que úni­camente están financiadas por la publicidad), mientras reciben dinero de compañías públi­cas de telecomunicación.

El surgimiento de las televisiones de pago va camino de una cierta homogeneización desde el momento en que, en este caso, los consumidores están pagando directamente to­da la programación, o un programa científico («pague por lo que quiera ver»). A este res­pecto, se puede advertir que, probablemen­te, el cobro será competencia de los operadores de cable, lo que nos demuestra, una vez más, el creciente papel del punto de en­cuentro «transmisión/retransmisión».

Por lo tanto, si aparentemente los agentes económicos no trabajan intensamente por una integración rápida y total entre los sec­tores de las telecomunicaciones y el audio­visual, deben destacarse algunos intentos de interpenetración mutua en estos puntos de encuentro. Son muchos los ejemplos que nos lo demuestran:

 

En Estados Unidos, AM es una de las sociedades que más trabaja por desa­rrollar investigaciones en la Televisión de Alta Definición (HDTV), junto con Ze­nith, el último fabricante norteamerica­no de televisores;

-   En el proyecto de la TVAD de EUREKA (n. ° 95), nos encontramos con el OCETT, el Instituto Heinrich‑Hertz (del DBP) y el British Telecom, además de Bosch, Phi­lips y Thomson;

-   British Telecom en el Reino Unido, Fran­ce Telecom en Francia, los BOC en Es­tados Unidos, etc., todos están trabajan­do o están interesados en las redes de cable;

-   La Compagnie Générale des Eaux, sub­sidiaria de OGE, al igual que Alcatel NV, está interesada en la red de cables en Francia, España... y tiene como sub­sidiaria propia a Générale d”Images;

-   British Telecom está asociada en cana­les vía satélite;

-   Lyonnaise des Eaux es accionista de la televisión francesa M6, e igualmente tie­ne un gran interés en la red de cables; etcétera.

 

Todos estos ejemplos nos muestran que los agentes económicos permanecen concentra­dos principalmente en su propio oficio, aun­que desean estar presentes, de una forma prudente, por lo menos en algunos de estos puntos de encuentro. No obstante, tenemos que señalar que, de los ejemplos que cono­cemos, hay otros intentos más de los agentes de telecomunicaciones para penetrar en el sector audiovisual, que viceversa.

Retomando el tema de la financiación, y an­tes de terminar, debemos mencionar la cre­ciente implicación de los bancos y otras ins­tituciones financieras, tanto del sector de las telecomunicaciones como del audiovisual.

 

 

NOTAS

 

(*) Colaboracion. José María Álvarez Monzancillo. Traducci, a: Hossana Abela.

 

(1) Para TVAD de 1.125 ó 1.250 líneas. Pero en la actualidad no existe acuerdo para el establecimiento de una norma inter­nacional, y además algunas empresas están desarrollando sis­temas de 2.000 o más líneas, lo que implicaría una ampliación de la capacidad de transmisión de las redes.

(2) Lo que en la actualidad se entiende por TV interactiva, en realidad supone una pequeña y supuesta interactividad. Esta in­teractividad indudablemente tiene una pequeña influencia so­bre la programación, pero todavía no supone una base para crear una programación propia.

 

(3) Es interesante señalar que las telecomunicaciones cada día más se conforman utilizando la transmisión hertziana, mientras que el audiovisual se orienta hacia el cable.

 

(4) E. de Bens, M. Knoche: Impact of New Communications Technologies on Media Industry in the EC‑Countries; Fast Oc­casional Papers (FOP). N.° 160; ECC; Brussels, 1987.

(5) Ver el Libro Verde de la Comisión sobre las Telecomuni­caciones, el informe sobre Televisión sin Fronteras, las Directi­vas subsiguientes y la Propuesta del Consejo de Europa.