Italia: Pugnas económicas y políticas

Al margen del Estado y de las leyes

 

Giuseppe Richeri

 

Por debajo de los avances y los proyectos de diversificación de los protagonistas de ambos sectores se dibujan batallas políticas y económicas de relieve. Pero el Estado y sus reglamen­tos y sus leyes parecen mantenerse ajenos a estos retos.

 

El tema de la coincidencia de telecomunicaciones y audio­visuales ha asumido en Italia algunos aspectos interesan­tes que casi siempre se de­rivan de la estructura jurídi­ca y de la configuración or­ganizativa del sector. Se trata de una situación que presenta algunas anomalías en relación a la gran mayoría de los países europeos, con características que es necesario aclarar aun­que sea brevemente, para comprender cuá­les son los factores a tratar y cuáles son sus competencias.

 

UNA ESTRUCTURA COMPLEJA

 

En Italia, con el paso del tiempo, las tele­comunicaciones han adquirido una estructu­ra excesivamente compleja, tanto desde el punto de vista jurídico como de organización y gestión.

El Estado ha asumido la responsabilidad to­tal del sector y la ejerce mediante distintos sistemas (gestión directa, concesiones y auto­rizaciones) y mediante distintas entidades (ASST, SIP, Italcable, Telespazio, RAI, priva­das, etc.).

A grandes rasgos podemos decir que el Es­tado gestiona directamente, mediante la Em­presa estatal para los Servicios Telefónicos (ASST) del Ministerio de PP.TT. (Correos y Telégrafos), parte del servicio telefónico na­cional (red y servicios interurbanos) e inter­nacional (red y servicios con todos los países europeos y con siete países de la cuenca del Mediterráneo), el telex y el telégrafo (con al­gunas excepciones).

La implantación y la gestión de otras insta­laciones y servicios se cede en concesión a sociedades privadas (controladas por capi­tal público), como SIP (telefonía urbana y transmisión de datos), Italcable (telefonía, te­lex y transmisión de datos intercontinental), Telespazio (telecomunicación vía satélite), RAI (difusión nacional de los servicios de radio‑televisión).

Las empresas privadas pueden implantar y gestionar instalaciones de radiodifusión de ámbito local (pero esta actividad está a la es­pera de una reglamentación definitiva), pue­den estar autorizadas para instalar y gestio­nar repetidores de señal de radio‑televisión emitidas por entidades extranjeras y nacio­nales, pueden incluso obtener autorización para instalar y gestionar redes de teledistri­bución monocanal por cable local. Pero en este último caso, la legislación es tan suma­mente restrictiva que ninguna entidad priva­da ha solicitado autorización para la teledistribución por cable.

Para completar esta exposición, hay que añadir que están en fase de debate parlamentario dos importantes iniciativas que se refieren respectivamente a la reglamenta­ción de la emisión privada y a la reestructu­ración del sistema de concesiones de insta­laciones y servicios de telecomunicación, atribuyéndole a la SIP, por consiguiente, las actividades de ASST y las concesiones de Italcable.

Como puede comprobarse, en Italia, más que en otros países europeos, existen distin­tas entidades que operan simultáneamente en la gestión de la instalaciones y servicios de telecomunicación y que, por lo tanto, es­tán en posición de desarrollar un papel diná­mico respecto a las posibles convergencias entre telecomunicaciones y audiovisual. Los sectores más interesados en las posibles con­vergencias son las empresas de gestión que mantienen una relación directa con los usua­rios abonados. Para éstos, en mayor medida, la convergencia aporta nuevas oportunida­des para crear negocio, ampliando el abani­co de servicios e introduciéndose en nuevos mercados y en nuevas fuentes de financia­ción para las instalaciones.

En el ámbito italiano, las entidades priva­das por ahora no han mostrado una especial atención por este tipo de perspectivas, pero pronto podría convertirse en un tema de ac­tualidad, dado que los grandes grupos económico‑financieros, como el grupo Berlus­coni, se están preparando para entrar en el sector de la pay‑TV e incluso existen peque­ñas emisoras que han anunciado ya el des­pegue de iniciativas en este sector.

Mientras tanto, los dos protagonistas reales que ahora se enfrentan al problema de la competencia entre telecomunicaciones y audiovisuales son: la SIP, que, junto a la ges­tión de la telefonía urbana, detenta también la exclusiva de las relaciones con los usua­rios para los distintos servicios de telecomu­nicación, y la RAI, que, además de gestionar actualmente en exclusiva el servicio de ra­diodifusión a escala nacional, es también pro­pietaria de la red de distribución de la señal. En ambos casos están empezando a adquirir consistencia las expectativas y los temores de que las tradicionales barreras técnicas, jurí­dicas y de gestión entre los respectivos sec­tores de competencia se amplíen o se reduz­can con la posibilidad de una desviación re­cíproca.

 

LA DESVIACIÓN DE LA RAI HACIA LAS TELECOMUNICACIONES

 

La RAI es una sociedad constituida en su totalidad por capital público; desde el final de la Segunda Guerra Mundial ha gestiona­do la radio en monopolio, a partir de 1954 la televisión italiana y desde 1976 ha tenido que hacer frente a la competencia de las emiso­ras privadas. En base a la ley vigente (n. 103 de 1975) la RAI ejerce en monopolio el servi­cio de difusión a escala nacional de tres pro­gramaciones radiofónicas y tres programa­ciones de televisión, con la posibilidad de emitir, simultáneamente o por separado, pro­gramaciones de ámbito regional.

Dicho servicio está realizado con redes de transmisión y repetidores de señal, son propiedad de la misma RAI y cubren todo el te­rritorio nacional. La red de radio y televisión lleva la señal a más del 99 por ciento de la población italiana, salvo el tercer canal de te­levisión, que cubre sólo el 86 por ciento.

A principios de los años 80, a la RA1 se le presenta la posibilidad de aprovechar su completa y ramificada infraestructura de transmisión de señales de radio‑televisión, para ofrecer nuevos servicios, distintos de los audiovisuales tradicionales, servicios que se desvían hacia el campo de las telecomunica­ciones, que siempre han sido competencia de la SIP.

La Convención de 1981, renovada en 1988, por la que el Estado italiano establece el ám­bito de concesión del servicio de radio‑tele­visión, atribuye a la RAI la posibilidad de rea­lizar el servicio de teletexto, que toma el nom­bre de Televídeo a partir de 1984.

Actualmente el servicio de Televídeo, que afecta a casi cuatro millones de televisores, opera con cuatro líneas de producción dife­rentes:

 

-                          Información periodística aplicada en más de 100 páginas, producida en una redac­ción de la RAI;

-                          Índices de servicio con actualización va­riable realizados por la propia RAI o difundi­dos por cuenta de otras entidades que pro­porcionan la información (information provi­ders), como entidades locales, ministerios, fe­rrocarril del Estado, Bolsa de Valores, etc.;

-                          telesoftware, consiste en la transmisión vía radio de programas o datos para ordena­dor con un interface determinado;

-                          subtítulos en programas televisivos pa­ra telespectadores sordos.

 

Al abrirse esta posibilidad, la RAI se ha da­do cuenta del enorme potencial comercial y de transmisión de su propia red.

Mediante una gestión incisiva y dinámica, la dirección de Televídeo, apoyada por el sis­tema de marketing de la RAI, está promocio­nando la comercialización de las funciones de telecomunicación de la red, lo que podría suponer para la RAI la «gallina de los huevos de oro» de los años 90. Actualmente la RAI, sobrepasando sus funciones tradicionales dentro de la actividad audiovisual, desarro­lla funciones de carrier, es decir, de porta­dor de señales de telecomunicación para ter­ceros. Éste es el caso de los information pro­viders, que pagan a la RAI para que transmi­tan su información mediante el Televídeo, ya sea el gran público, ya sea a grupos cerra­dos. El ejemplo más significativo lo encontra­mos en la Bolsa de Milán, que para informar diariamente de las cotizaciones de las accio­nes y de los títulos financieros a los agentes, bancos y otras entidades acordadas, ha abandonado la SIP en favor de la RAI, ya que en este caso puede ofrecer un servicio de transmisión de datos de mayor calidad y me­nor costo.

Otra área de posible desviación de la RAI hacia ámbitos gestionados por sociedades concesionarias de servicios de telecomunica­ción es el relacionado con los satélites. La RAI ha obtenido la concesión para utilizar en exclusiva en transmisiones de prueba un ca­nal del Olympus, el satélite para la difusión de la televisión directa (DBS) de la Agencia Espacial Europea.

La idea es aprovechar esta oportunidad pa­ra experimentar todos los tipos de transmisio­nes y servicios capaces de generar benefi­cios económicos para la RAI. En realidad, se trata de descubrir y crear para los DBS nue­vos mercados junto al televisivo «tradicional», que ya está muy sobrecargado en Italia y en el resto de Europa, en espera de la televisión de alta definición, sobre la que todos van a lanzarse. Es evidente que ante esta perspec­tiva se presentarán múltiples ocasiones de progresar en el ámbito de las telecomunica­ciones con una iniciativa institucional destina­da al tema audiovisual. Por otra parte, todos estos aspectos, que, como veremos, encuen­tran reciprocidad en la SIP, ponen claramente en evidencia que ahora ya las distinciones jurídicas y operativas entre los dos sectores son mínimas y cada vez más artificiales.

Sólo una parte, todavía limitada, de la alta dirección de la RAI, la más estratégica, diná­mica y con perspectiva, ha comprendido la dimensión de estas transformaciones y las grandes implicaciones que poseen respecto al desarrollo competitivo de la RAI. Uno de los directivos de la RAI, consciente de los fe­nómenos actuales, nos ha informado duran­te una conferencia, que los ojos de la RAI es­tán puestos en Berlusconi, considerado como la competencia más peligrosa; pero va sien­do hora de que esos ojos empiecen a mirar a la SIP, de donde durante los años 90 pue­den llegar muchas y desagradables sorpre­sas en relación con la competencia.

 

EL AUDIOVISUAL EN LOS PROYECTOS DE LA SIP

 

Hoy día la SIP se está enfrentando con grandes dificultades a dos problemas prin­cipales: uno de orden cultural y de organiza­ción, otro de orden financiero y técnico. El primer problema consiste en abandonar la si­tuación de monopolio en la que cómodamen­te se encontraba, para prepararse a afrontar el mercado con otras entidades nacionales y extranjeras que están accediendo al campo de las telecomunicaciones, y con las nuevas y diversificadas exigencias de los usuarios.

El segundo problema consiste en recupe­rar el retraso de unos seis‑siete años, respec­to a los principales países europeos, en cuan­to a la calidad de las redes (sobre todo la con­mutación electrónica), y en especial las redes numéricas integradas en los servicios (RNIS) de banda estrecha y banda ancha.

En este ámbito la SIP ha obtenido ya algu­na experiencia en el sector audiovisual, cuan­do se han puesto en marcha proyectos de ca­bleado y de vídeo‑comunicación. Al tener el monopolio de las comunicaciones urbanas de transmisión por cable, cada vez que se han emprendido proyectos de televisión por ca­ble, necesariamente se ha tenido que contar con la SIP. Así ha sucedido cuando distintas entidades públicas y privadas se han reuni­do para lanzar la «Lombardía Cablata», que hasta ahora ha sido el único proyecto serio de la televisión por cable que en Italia se ha puesto a punto en los últimos años. Tras un profundo estudio que implicaba entre otros a la Región de Lombardía, el Ayuntamiento de Milán, la RAI y la SIP, ésta ha consegui­do poner el proyecto en crisis, porque, en base a sus parámetros de rentabilidad, el proyecto resultaba ser un fracaso. En reali­dad, parece ser que la SIP, consciente de las perspectivas que plantea una red de vídeo­comunicación en una zona tan rica como Mi­lán, ha preferido «deshacerse» del resto de las entidades y prepararse para realizar el proyecto por sí sola. A1 proceder en plazos más prolongados respecto a sus proyectos de desarrollo y a sus disponibilidades financie­ras, la SIP podría gestionar la operación en posición de líder y no como parte integrante con otras entidades tan exigentes y conflicti­vas como la RAI, que tienen la intención de asumir parte de los servicios remunerados ofrecidos por cable.

Pero dejando a un lado este aspecto del te­ma, la SIP prevé llevar a cabo, a mediados de los 90, la realización de redes de vídeo­comunicación (RNIS en banda ancha), desti­nadas también a la distribución audiovisual.

El plan estratégico de algunos de los máxi­mos directivos de SIP, a los que hemos en­trevistado, es el de crear la gran infraestruc­tura de los años 2000, que llevará al usuario final todos los servicios de telecomunicación, incluidos los de radio‑televisión. La SIP ten­drá la propiedad y la gestión de la red bási­ca, que alquilará a entidades públicas o pri­vadas para realizar distintos servicios, entre ellos la radio‑televisión. La intención es la de reservarse el monopolio de la telefonía bási­ca y su gestión, en competencia comercial con otras posibles entidades, de todos aque­llos servicios que se consideran idóneos pa­ra garantizar la recuperación del ingente ca­pital invertido en las nuevas redes.

Por ahora la SIP está padeciendo las des­viaciones de la RAI hacia un territorio consi­derado de su exclusividad, pero paulatina­mente y a largo plazo se prepara para tener las manos libres y desplazarse de la telefo­nía a la radio‑televisión, sin que se vea obli­gada a repartir el negocio con nadie. Aten­ta, sin embargo, al espacio que puede ocu­par mientras la RAI como portadora de se­ñal por su red y como gestora de nuevos ser­vicios post‑audiovisuales, la SIP está desarro­llando, como ya veremos, una actividad inten­sa para neutralizar a la RAI en este campo.

 

LA POLÉMICA ACTUAL

 

Estos hechos que los observadores aún no han valorado en su dimensión e importancia real, contribuyen a alimentar una polémica que hasta ahora se ha desarrollado más o me­nos entre bastidores, pero que muy pronto va a aparecer con todo su peso y complejidad. dentro del debate político.

El principal enfrentamiento se está manifes­tando en relación a la RAI y a su propiedad de la red de difusión de la señal de radio‑te­levisión. En torno a este problema se está for­mando un frente que aglutina entidades y personas con objetivos diferentes. Entre ellos está la SIP, una parte del Ministerio de P.T.T. y segmentos de distintos partidos políticos (socialistas, democristianos, republicanos, li­berales).

Resumiendo, las razones que aduce cada uno de los miembros de este frente pueden plantearse como sigue. La SIP no quiere que la RAI, manteniendo la propiedad y la ges­tión de su red, «se pase» y se extienda hacia el terreno de las telecomunicaciones. El Mi­nisterio de P.T.T. querría mantener el control de la gestión de una red de telecomunica­ción, que sería de su competencia, pero que se le escaparía con una RAI que está hoy de hecho sometida a la lógica de los partidos y que sólo a ellos responde.

Los segmentos de los distintos partidos mencionados anteriormente se mueven en base a motivos complejos que no siempre responden a motivaciones claras y razona­das. Para algunos la RAI no debe ser favore­cida respecto a las entidades privadas, por lo que ha de ser un Estado imparcial el que posea y gestione las redes, poniéndolas a dis­posición en iguales condiciones del servicio radio‑televisión público o de las entidades privadas. Para otros, se trata sencillamente de debilitar a la RAI para poder someterla a los intereses de los partidos. Incluso hay otros que piensan que se trata de eliminar un precedente en el que la RAI podría basarse para justificar una posible ampliación de su propiedad y gestión a otros sectores de las transmisiones, como el del satélite, o a otras empresas relacionadas con la programación, como las electrónicas.

También hay quien ve la sustracción de la red a la RAI como un primer paso indispen­sable para posiblemente reducir el número de canales de la televisión pública.

El frente opuesto que une la parte de los directivos de la RAI más autorizados y autó­nomos respecto a las pautas de los partidos, junto a otros segmentos del panorama políti­co italiano, quiere evitar que la RAI quede re­ducida a un papel de protagonista secunda­rio dentro del ámbito audiovisual italiano. Pa­ra lograrlo, considera indispensable que la RAI se extienda fuera del campo de la pro­gramación radio‑televisiva, que participe ple­namente en otros campos del mercado de las comunicaciones que ofrecen perspectivas de negocio y/o que ofrecen un claro beneficio, que se internacionalice empleando los méto­dos más idóneos, adquisiciones, creación de filiales, etc.

Bajo esta perspectiva, la red que posee la RAI puede convertirse en una palanca o una orientación de su propia expansión, asumien­do de esta forma un papel estratégico irre­nunciable.

La situación que afecta a la convergencia entre audiovisual y telecomunicación está en movimiento desde hace poco tiempo. Los principales protagonistas tienen la intención concreta de aprovechar de la mejor manera esta situación de competencia para crear nuevas perspectivas de negocio o para con­figurar y garantizar en mayor medida las con­diciones de rentabilidad de las inversiones futuras. Todas estas transformaciones pare­cen ajenas al Estado, que se limita a amonto­nar reglamentos y leyes al margen de la ac­tualidad de los problemas que hemos planteado.

 

Traducción: Pilar Puente Ruiz