Los beneficios de las telecomunicaciones en zonas rurales:

Una aplicación practica

 

Diego Bader von lagow

 

Una detallada investigación realizada en Asturias muestra los beneficios socioeconómicos deri­vados de la mejora de las telecomunicaciones en zonas rurales. Su metodología permite ulterio­res aplicaciones a otras regiones y paises.

 

Como ya se ha detallado en el _ dossier del anterior número de TELOS, el tema de la inte­rrelación “desarrollo económi­co/telecomunicaciones” ha ad­quirido últimamente una espe­cial relevancia. En el presente artículo se va a describir esencialmente la labor que, coordinada por Fundesco, ha sido aplicada en zonas más marginales de España, en concre­to en determinadas áreas de Asturias, así como en diversos países latinoamericanos, contando para ello con el apoyo del Ministerio de Trans­portes, Turismo y Comunicaciones, y del Princi­pado de Asturias.

 

1. INTRODUCCIÓN‑MOTIVACIÓN

 

Durante las últimas dos décadas se ha lleva­do a cabo a nivel mundial una ingente labor, tanto teórica como empírica, destinada a de­terminar ‑por decirlo de forma simplifica­da‑ la importancia económica y social de las telecomunicaciones, comenzando precisa­mente por su aspecto más básico: los teléfo­nos. Ya hemos visto en el número anterior cómo la Unión Internacional de Telecomunica­ciones (UIT), el Banco Mundial o la OCDE han potenciado esta labor con la puesta en marcha de diversos programas de análisis empírico, así como organizando conferencias y seminarios, reuniendo a expertos en la materia; gracias a ello se dispone en la actualidad de una consi­derable cantidad de estudios relativos a países de condición económica muy diversa, siendo de destacar los realizados en el sudeste asiático (Indonesia, Filipinas...), en otros países de Asia (India...), en economías africanas (Kenia, Egip­to... ), en Latinoamérica (Argentina, Perú, Costa Rica...) y en varios de los países más industriali­zados.

Una vez revisada esta actividad investigadora con fines eminentemente prácticos, y siguiendo algunas sugerencias de la UIT, Fundesco de­cidió hace unos años incorporarse a esos estu­dios y buscar una conjunción a nivel transnacio­nal. ¿Cuál era el fin? La idea era reconocer que los análisis hasta ahora realizados en las dife­rentes economías mundiales abarcan ópticas muy dispares, que contemplan metodologías distintas, y que el grado de fiabilidad en el pro­ceso de cuantificación es extremadamente va­riable.

Ya que Fundesco forma parte de AHCIET (Asociación Hispanoamericana de Centros de Investigación y Empresas de las Telecomunica­ciones), el esfuerzo se encaminó en dirección a lograr una metodología útil para toda el área hispanoamericana, comenzando con una expe­riencia en España que fuera proyectable “allen­de los mares”.

 

1.2. Utilidad del enfoque

 

Parece más que evidente que si se poner. a disposición de los responsables de diferentes naciones datos que justifiquen inversiones en el sector de las telecomunicaciones, éstos pueden contar con un respaldo importante en el mo­mento de presentar su plan de gastos (presu­puesto) anual. A primera vista puede parecer que inversiones en sanidad, educación, comuni­caciones por tierra, etc., son las de primera ne­cesidad; pero si uno se pone a pensar en el tema “telecomunicaciones”, resulta que este sector tiene una incidencia más que importante (no prioritaria) sobre el desarrollo económico de un área.

La variable central que se buscaba en el aná­lisis es el “excedente del consumidor”, definido y explicado más adelante, y para ello se ha de utilizar un enfoque coste‑beneficio.

 

2. EL ANÁLISIS COSTE‑BENEFICIO Y SUS LIMITACIONES

 

Los estudios basados en la metodología cos­te‑beneficio han constituido un campo de in­vestigación destacado desde finales de los años 50. El desarrollo, el impulso que desde enton­ces han venido recibiendo, se ha debido a su utilidad para evaluar proyectos de inversiones públicas en especial, si bien su relevancia no se limita en absoluto a este campo, sino que se extiende a áreas como planificación global de inversiones, políticas comerciales y/o fiscal, y otras; en resumen, a políticas directamente re­lacionadas con la problemática del desarrollo socioeconómico.

En el sector de las telecomunicaciones es es­pecialmente difícil la evaluación de la rentabili­dad de proyectos, puesto que ‑al igual que pasa con algún otro sector, como el de la ener­gía o el de los transportes públicos‑ los servi­cios se ofrecen generalmente a precios que no reflejan los costes, ya que las tarifas incluyen complejas subvenciones cruzadas. Esta afirma­ción es válida tanto para países en vías de de­sarrollo como para los más industrializados.

¿A qué nos referimos si hablamos de “subvenciones cruzadas”? A que determinados ser­vicios subvencionan de una forma más o menos obvia a otros (por ejemplo, en el caso de los te­léfonos, la descompensación entre tarifas urba­nas e interurbanas).

Un análisis estricto de la situación de partida requiere, en principio, por lo tanto, un detenido estudio de las estructuras de costes, lo cual ge­neralmente no se realiza por el desconocimien­to de éstas. Este desconocimiento no afecta úni­camente a las instituciones ajenas a las empre­sas explotadoras, sino a éstas mismas. Ello con­lleva globalmente el peligro de que se rechace un proyecto por considerarlo excesivamente costoso, cuando es en el fondo realmente la po­lítica tarifaria la que está distorsionando la eva­luación final.

Otro problema se plantea al intentar cuantifi­car en su totalidad los efectos que las  Inversio­nes en el sector de las telecomunicaciones tie­nen sobre el desarrollo económico de una zona/ región o de un país. Así, ya es limitadamente posible medir el excedente del consumidor, pero esta variable cuantifica efectos económicos y difí­cilmente puede abarcar también aspectos socia­les; además, las repercusiones macroeconómi­cas, tanto sobre el total de la región en la que se analizan los efectos de las telecomunicaciones como sobre el entorno social en que ésa se ubi­ca, son muy difícilmente cuantificables. Esta afirmación es válida al menos para estudios que se realizan en un espacio de tiempo relativa­mente limitado. Además, un ánalisis coste‑be­neficio como el que aquí se plantea tiene su mayor sentido en zonas menos desarrolladas, y en ellas se dispone, por lo general, de informa­ción estadística de base muy limitada. Todas estas dificultades aquí enumeradas no son ade­más sino algunos ejemplos de una más amplia lista que podría establecerse.

Si bien es verdad que existe, por lo que aca­bamos de mencionar, toda una serie de incon­venientes en el momento de intentar cuantificar con precisión, mediante el enfoque aquí plan­teado, la incidencia de las telecomunicaciones, en el desarrollo socioeconómico de una zona, la experiencia obtenida a nivel internacional indi­ca que estudios más macroeconómicos (vía ta­blas input/output, comparación internacional en­tre la relación Producto Interior Bruto de una zona económica y disponibilidad/uso del teléfo­no en esta región, etc.) aún ofrecen resultados menos clarificadores, por lo que una aproxima­ción microeconómica parece ser la más ade­cuada. Así se ha actuado en este caso, estimándose unos excedentes del consumidor, que, en todo caso, pueden ser criticados por estar ses­gados a la baja, analizándose qué beneficios aporta la fácil disponibilidad del servicio de telecomunicaciones, qué tipo de otras activida­des económicas son las directa e indirectamen­te más favorecidas, cuáles son los ahorros que se consiguen mediante ese servicio en compa­ración con la ausencia de éste (como gastos de desplazamiento, tiempo requerido, etc.).

Las cifras obtenidas permiten una compara­ción con los costes macroeconómicos, que supo­ne la extensión de la red de servicios de tele­comunicaciones hasta aquellas zonas a las que éstos aún no llegan; una vez finalizado este pro­ceso de evaluación es más fácil argumentar so­bre la oportunidad de ampliar el servicio den­tro del marco de las políticas económicas y de desarrollo de un país. Por éstos y otros puntos creemos que el análisis coste‑beneficio resulta oportuno y útil, y esto podría quedar demostra­do con los capítulos que siguen, que además de indicar un ejemplo práctico de utilización de una metodología precisa y detallada, que cree­mos puede servir de base a posteriores traba­jos en otras áreas/zonas y países, especifican unos resultados muy concretos, que muestran que el “excedente del consumidor” es 1o sufi­cientemente elevado en la zona estudiada como para poder provocar que se adopten allí medi­das especiales para el desarrollo de las teleco­municaciones.

Este resultado, por otra parte, puede ser ex­trapolado a otros zonas geográficas de caracte­rísticas similares y contribuir así a confirmar la importancia de las telecomunicaciones para el desarrollo de las áreas rurales.

 

3. EL CASO ANALIZADO EN ESPAÑA

 

Cada país miembro de AHCIET eligió una o varias zonas para la realización de los pertinen­tes estudios. En el caso de España, la decisión recayó sobre la región de Asturias por tratarse de una Comunidad Autónoma con una orografía muy accidentada, con zonas rurales bastante aisladas unas de otras, y donde la penetración telefónica es aún relativamente baja. Hay que añadir que aunque la región tiene un tamaño pequeño ‑10.565 Km”, lo que representa úni­camente el 2,0 por ciento del territorio nacio­nal‑, pueden distinguirse en ella cuatro áreas perfectamente delimitadas que responden a las características siguientes:

 

a) Zona llana del litoral, hábitat disperso y predominio de la actividad agraria.

b) Zona llana del área central de la región, próxima a la capital de la región y a im­portantes núcleos urbanos, aunque el sec­tor agrario continúa siendo la principal ac­tividad económica.

c) Zona de media montaña, hábitat disperso, baja densidad demográfica y predominio de la actividad agraria.

d) Zona de alta montaña, hábitat muy disper­so, muy baja densidad demográfica y una agricultura, en general, típica de subsis­tencia.

 

Por otro lado, cabe señalar que en la elec­ción de Asturias como zona de estudio ha influi­do también notoriamente el hecho de disponer­se allí de una base estadística bastante más completa y fiable en los diferentes niveles terri­toriales (región, municipios, parroquias y enti­dades de población) que en otras zonas del país.

La labor de campo se dividió en dos trabajos que, aunque diferenciados en cuanto a tiempo y contenido, estuvieron encauzados hacia el logro del objetivo principal perseguido por la presente investigación: la cuantificación de los beneficios económicos y sociales que es capaz de generar la telefonía rural. En este sentido, se ha realiza­do una encuesta suficientemente representativa a abonados y usuarios del teléfono público (TPS) en cuatro municipios de la zona de estudio y, por otro lado, se cumplimentaron por los usua­rios dos formularios en ocho TPS previamente seleccionados de la misma zona de estudio.

En relación con el trabajo de campo, parece oportuno señalar, por una parte, el importante trabajo que es necesario desplegar en la fase previa al lanzamiento definitivo de la encuesta y los formularios y, por otro lado, el gran esfuerzo organizativo que es necesario llevar a cabo en labores de verificación y control durante la fase de recogida de datos y, posteriormente, en el tratamiento informático más adecuado de los mismos. El objetivo fundamental que con todo ello se perseguía era depurar al máximo la me­todología existente y garantizar además la fiabi­lidad de los resultados empíricos obtenidos, de modo tal que esta aportación pudiera servir de base para la realización de posteriores estudios en otros países o zonas.

 

Descripción del trabajo de campo

 

El trabajo de campo desarrollado en la presen­te investigación se dividió en dos partes perfec­tamente diferenciadas en el tiempo y conteni­dos. La primera parte consistió en la realización de una encuesta a usuarios del teléfono que permitió conocer y evaluar, entre otras cuestio­nes de interés, las múltiples relaciones que se establecen por la utilización de este medio, además de la identificación y características so­cioeconómicas de los propios usuarios. En suma, con la realización de la encuesta a una muestra representativa de la zona elegida se trataba de determinar los beneficios económicos y socia­les que se esperan del teléfono, así como otros impactos cualitativos y cuantitativos de la infraes­tructura de comunicaciones y de información. A este respecto, cabe señalar que se diseñó meti­culosamente un cuestionario, efectuándose tam­bién determinados trabajos encaminados al tra­tamiento informático posterior de los mismos; a continuación, se constituyó el equipo de en­cuestadores, cuidándose una correcta forma­ción y coordinación de todos los miembros del equipo.

Después de efectuar un “pretest” del cues­tionario durante quince días se llevó a cabo el trabajo de campo propiamente dicho. El total de encuestas válidas ascendió a 200, distribu­yéndose las mismas entre cuatro municipios de la región previamente seleccionados de acuerdo con los criterios expuestos anterior­mente. La muestra fue distribuida aleatoria­mente en 10 localidades de los municipios de Llanes, Las Regueras, Somiedo y Tineo, lo que permite representar a la población total de los cuatro concejos mencionados con un nivel de confianza del 95,5 por ciento y un error inferior al ±7 por ciento para el caso más desfavorable en que p/q = 0,5/0,5.

En el municipio de Llanes se contabilizaron sesenta encuestas a abonados de localidades incluidas en las denominadas Nuevas Zonas Ur­banas (NZU) constituidas en el año 1983.

Además de las encuestas a abonados ‑es decir, usuarios que tienen teléfono en su propio domicilio‑, se realizaron 140 encuestas a usua­rios del Teléfono Público de Servicios (TPS), los cuales no disponen de teléfono en su domicilio y precisan desplazarse hasta un determinado local donde está instalado este servicio; las po­blaciones que utilizaron TPS se corresponden con las áreas rurales de la región, siendo, en este caso, ocho localidades pertenecientes a los concejos de Las Regueras, Somiedo y Tineo en donde se había procedido a la instalación de TPS durante 1984. Cabe abundar en el alto gra­do de significación de la muestra, señalando, a tal efecto, que en las Nuevas Zonas Urbanas el número de encuestados sobre la población total de las localidades consideradas alcanzó un 8, 7 por ciento y en las zonas con Teléfono Público de Servicios este porcentaje se elevó al 23,3 por ciento.

La segunda parte del trabajo de campo se basó en las respuestas dadas por usuarios de TPS exclusivamente a dos formularios que se elaboraron con los fines descritos posteriormen­te. Pero en primer lugar se tuvo que seleccionar previamente los ocho TPS objeto de posterior encuesta, los cuales deberían cumplir, al me­nos, las dos condiciones siguientes:

 

a)         Pertenecer al mismo ámbito territorial de la encuesta realizada anteriormente, por obvios motivos de coherencia en la inves­tigación.

b) Garantizar la plena colaboración del con­cesionario del TPS, ya que en el mismo lo­cal se entrevistaría a todos los usuarios del teléfono, los formularios deberían estar a disposición del público y el propio conce­sionario controlaría su correcta contesta­ción.

 

Una vez seleccionados los TPS, y adiestrados los concesionarios en el manejo y utilización de los dos formularios, comenzó la fase de encues­tación que se extendió durante ocho semanas. Hay que subrayar que, en este caso, el grado de representatividad de los formularios es, lógi­camente, incuestionable al recabar los datos a toda persona que realizó una llamada.

 

4. RESULTADOS OBTENIDOS

 

El llamado “excedente del consumidor” se mide vía diferencia entre el coste de realizar una llamada y el gasto de desplazamiento en el que incurre un usuario desde su domicilio hasta el local del TPS, coste este que a su vez está compuesto no solamente por los gastos de transporte ocasionados por el traslado personal al TPS, sino adicionalmente por el valor del tiempo empleado en el trayecto.

A la cifra de coste de transporte es preciso añadir el tiempo empleado de ida y regreso a su domicilio por el usuario del TPS, siendo la  valoración monetaria de esta magnitud lo que constituye el coste de oportunidad. Para proce­der a la consiguiente valoración se han adopta­do dos hipótesis:

 

a)         Que el nivel medio de ingresos de la po­blación residente en el área servida por los TPS fuese 1,5 veces superior al salario mínimo interprofesional (44.000 pesetas mes), siendo ésta la hipótesis 1.

 

 

CUADRO 1

COSTE MEDIO DE OPORTUNIDAD

Hipótesis 1

 

Propósito de la llamada

Pesetas

Social

Familiar

Otros

Negocios

Salud humana

Trabajo

Salud animal

Estudios

Emergencia

122,90

105,69

102,96

100,22

98,00

93,11

76,24

58,40

50,00

TOTAL

101,95

 

 

b) Que el nivel medio de ingresos fuese dos veces superior al salario mínimo interpro­fesional, constituyendo esta la hipótesis 2.

 

Parece oportuno indicar que, a nuestro juicio, ambas hipótesis tienen un carácter mínimo en el sentido de que la población ocupada predo­minante, en las zonas circundantes a los TPS se­leccionados, está constituida por empresarios individuales y trabajadores autónomos y, proba­blemente, el nivel medio real de ingresos du­plicaría sobradamente al salario mínimo inter­profesional.

Todo este proceso permitió, finalmente, de­terminar el valor unitario del excedente del consumidor, que adoptando la hipótesis 1 se cifra en 70, 78 pesetas como media, y tomando la hi­pótesis 2 resultó ser de 93, 21 pesetas.

 

Cuadro 2

COSTE MEDIO DE OPORTUNIDAD

Hipótesis 2

 

Propósito de la llamada

Pesetas

Social

Familiar

Otros

Negocios

Salud humana

Trabajo

Salud animal

Estudios

Emergencia

149,94

128,94

125,61

122,27

119,56

113,59

93,01

71,25

61,00

TOTAL

124,38

 

 

 

De esta forma, y reduciendo a minutos para efectuar los cálculos subsiguientes, el coste de oportunidad queda fijado en cinco pesetas por minuto para la hipótesis 1 y en 6,1 pesetas/mi­nuto para la hipótesis 2. Operando de esta ma­nera, el coste total de oportunidad para la hipó­tesis 1 y la hipótesis 2 queda establecido en 168.730 y 205.851 pesetas, respectivamente.

Igualmente, y aplicando los supuestos ante­riores, el coste medio de oportunidad‑coste de oportunidad por llamada realizada se establece para la hipótesis 1 y 2 en 101,95 y 124,38 pesetas, respectivamente. En los cuadros 1 y 2 pue­de observarse ‑para ambas hipótesis‑ que las llamadas de tipo social y familiar superan holgadamente la cifra del coste medio de opor­tunidad, mientras que, por el contrario, las lla­madas relativas a salud animal y estudios se co­locan muy por debajo de aquella cifra media.

 

5. RESULTADOS MÁS SIGNIFICANTES

 

Las conclusiones más relevantes derivadas de la exploración de la encuesta y de los for­mularios se pueden recoger muy resumidamen­te en los siguientes puntos:

 

a)          La utilización del teléfono motivada por asuntos relacionados con el trabajo de­sempeñado por los encuestados alcanza una elevada significación en la zona de estudio: el 68, 5 por ciento de los mismos declara utilizar el teléfono con ese fin. La población más joven, así como los empre­sarios agropecuarios y los trabajadores por cuenta propia son los mayores utiliza­dores del teléfono por motivos laborales. Por otro lado, la valoración del grado de importancia de esta cuestión es netamen­te positiva, dado que el número de res­puestas adscrito a la rúbrica “mucha im­portancia” supone un 60,6 por ciento del total; además, esta consideración se re­fuerza habida cuenta de que los encuesta­dos que atribuyen al asunto escasa o ninguna importancia y no responden sólo re­presentan el 20,1 por ciento de las res­puestas totales.

b) Los beneficios económicos, tanto en el ámbito familiar como en el laboral u pro­fesional, derivados del uso del teléfono son incuestionables: el 77,0 por ciento de los entrevistados se manifiestan categórica­mente en este sentido; las opiniones con­trarias únicamente suponen el 16,0 por ciento. La valoración más favorable co­rresponde a la población menor de 25 años (90,9 por ciento), así como a los tra­bajadores por cuenta ajena y a los traba­jadores por cuenta propia, que conceden una valoración positiva del 94,7 por ciento y 91,7 por ciento, respectivamente, del to­tal de cada grupo. Las respuestas favora­bles aumentan paulatinamente con el ni­vel de ingresos declarado por los encues­tados.

c) Profundizando en la cuestión precedente, al objeto de señalar algún aspecto en el que esos beneficios económicos se con­cretan de un modo especial, el ahorro de traslados ‑y su consiguiente contraparti­da en disponibilidad de tiempo y de di­nero‑ fue el extremo más citado y valo­rado por los entrevistados. En este senti­do, un 80 por ciento considera que la afir­mación “el uso del teléfono me ahorró traslados, lo cual me generó economías en tiempo y dinero” es totalmente cierta, mientras que el número de quienes la identifican como falsa es prácticamente irrelevante (2 por ciento). La valoración positiva de la frase de referencia des­ciende progresivamente a medida que avanza la edad de los encuestados, sien­do los trabajadores por cuenta propia y los empresarios agropecuarios los que conceden las cualificaciones más favora­bles.

d) El uso del teléfono proporciona induda­bles beneficios sociales, entendidos éstos en su más amplia acepción ‑incluyen a la propia persona, entorno familiar, círcu­lo de amistades, actividades culturales, recreativas, etc.‑, ya que el 96,5 por ciento de los entrevistados así lo expre­san.

Este resultado es más positivo aún que el correspondiente a los beneficios econó­micos, que ‑como se ha dicho antes‑ se establece en el 77 por ciento del total de las respuestas. AL considerar las variables de edad y actividad laboral no se obser­van variaciones significativas respecto a la media, aunque, por el contrario, la per­cepción de beneficios sociales derivados de la utilización del teléfono crece a me­dida que aumenta el poder adquisitivo de los usuarios. Entre los diversos aspectos que conforman los beneficios de índole social, el tener un mayor acceso a la aten­ción médica es el punto más destacado por los encuestados, acaparando el 67 por ciento de la totalidad de las respuestas en primera mención.

e) El grado de satisfacción del usuario por la utilización del teléfono trata de medir la relación entre este hecho y los problemas que previamente a la instalación de este medio de comunicación aquél considera­ba como susceptibles de solución.

En este sentido cabe, afirmar que el grado de satisfacción del usuario es realmente elevado, ya que el 89 por ciento de los encuestados manifiesta inequívocamente que esos problemas encontraron adecua­da solución.

AL caracterizar el resultado global ante­rior, se pone de relieve que el mayor nú­mero de respuestas positivas se obtiene en el grupo comprendido entre los 25 y 50 años de edad (92,4 por ciento) y que todas las categorías laborales encuesta­das superan el valor medio, excepción hecha de los empresarios industriales o de servicios; además, se constata que las personas encuadradas en los estratos de ingresos declarados de 43.000 a 129.000 pesetas mensuales superan claramente la media del total.

f)         La primera conclusión que se desprende de los datos contenidos en los formularios cubiertos en los TPS seleccionados es que la mayoría de las llamadas entrantes tiene por causa un motivo familiar, y que el modo de efectuar el aviso de la llama­da se hace generalmente andando o en el propio local del TPS, siendo, además, muy destacable el elevado grado de tra­mitación de todas estas llamadas,

g) El número de llamadas con origen en los TPS cuadruplica a las entrantes, desta­cando también claramente el componente familiar sobre los demás motivos. La valo­ración que el usuario otorga a la impor­tancia de la llamada es alta, puesto que el 46 por ciento de las respuestas se agrupa en torno a las categorías de imprescindi­ble, muy importante e importante.

h) Considerando los costes, cabe subrayar que la factura telefónica que el usuario del TPS satisface resulta más elevada en las llamadas producidas por razones de estudios, familiares y sociales ‑en este orden‑ que en el resto, habida cuenta de las cifras de coste medio calculadas para cada uno de los motivos de las lla­madas.

i) El coste medio de transporte hasta los TPS de las llamadas de negocios, estudios y sociales supera holgadamente la cifra de coste medio del conjunto. Por otro lado, al analizar la valoración monetaria del tiempo empleado para ida y regreso a su domicilio por el usuario del TPS, o, lo que es lo mismo, considerando el coste medio de oportunidad de las diferentes clases de llamadas, se comprueba que las de índole social, familiar y de negocios ocupan, por este orden, las primeras po­siciones.

j) Sumando al coste medio de transporte el coste medio de oportunidad, se deduce que el coste medio total de desplaza­miento de las llamadas de carácter social y de negocios se coloca bastante por en­cima del coste medio total; el de las rela­tivas a familia, salud humana y trabajo, a un nivel similar; mientras que para las lla­madas motivadas por razones de estudios o salud animal se obtienen valores consi­derablemente inferiores a la media. Y esto es válido para las dos hipótesis de trabajo adoptadas.

k) Relacionando el coste medio total de des­plazamiento con el coste medio de las lla­madas efectuadas desde los TPS, cabe subrayar que el cociente entre ambas va­riables es de 2,04 en la hipótesis 1 y de 2,37 en la hipótesis 2; esto significa que el coste que al usuario le representa despla­zarse personalmente desde su domicilio hasta el local del TPS para realizar la lla­mada duplica sobradamente el abono que ha de efectuar a Telefónica de España por el servicio telefónico.

l) Los resultados de la investigación indican claramente que el excedente del consu­midor ‑definido como la diferencia entre el coste de desplazamiento y el coste de las llamadas realizadas‑ alcanza valores medios muy elevados, ya que adoptando la hipótesis 1 se cifra en 70, 78 pesetas como media y tomando la hipótesis 2 su­pone 93,21 pesetas.

m) De la relación del excedente del consu­midor por llamada con el coste medio de las llamadas se deduce, igualmente, el elevadísimo beneficio potencial derivado de la telefonía rural en el área de estudio. Efectivamente, tanto en el caso de la hi­pótesis 1 como en el supuesto de la hipó­tesis 2, el excedente del consumidor por llamada representa el 104 por ciento y el 137 por ciento, respectivamente, del cos­te medio por llamada.

 

6. A MODO DE CONCLUSIÓN

 

Finalmente, hay que destacar cómo los datos y las consideraciones expuestos a lo largo de la presente investigación muestran la enorme can­tidad de beneficios económicos ‑y de todo orden‑ susceptibles de ser generados por la te­lefonía rural y la indudable incidencia positiva de ésta en el entorno socioeconómico. Cabe volver a resaltar que los resultados se han obte­nido utilizando unas hipótesis que pueden ser consideradas como excesivamente prudentes, puesto que los ingresos medios reales de las áreas analizadas son sin duda superiores, con lo que la relación beneficio‑coste realmente es aún más positiva.

En todo caso, los resultados conducen a la formulación de una recomendación, en el senti­do de indicar la necesidad de una expansión del sistema telefónico en las áreas rurales y de que, en la concreción de esta expansión, sean contemplados otros criterios además de los es­trictamente empresariales. Sobre este particu­lar sería conveniente y necesario arbitrar los oportunos cauces alternativos de financiación, donde deberían desempeñar un relevante pa­pel las diferentes Administraciones Públicas, puesto que los beneficios económicos y sociales para la colectividad residente son obviamente incuestionables.