Los caminos de la modernización

Reflexiones ante las nuevas tecnologías de comunicación

 

Ligia María Fadul / Fátima Fernández (*)

 

La introducción y expansión de las Nuevas Tecnologias de Comunicación en América Latina presenta peculiaridades importantes. Este articulo se pregunta por sus razones y resultados y concluye la necesidad de una ciencia y unas tecnologias autónomas.

 

A veces resulta entretenido ob­servar que los inventos han servido para cosas muy distin­tas de las que el poder de su época deseaba hacer con ellos: así ocurre con la im­prenta, imaginada por Carlos V como una forma de divulgar el latín y que luego significó la decadencia del emperador. Como usted ve, la ciencia ha de contar con la aptitud de los hombres para integrarla a lo coti­diano. Por eso es importante saber cómo se ins­cribe una tecnología en la sociedad, los casos en que sirve para el desarrollo de ésta, los ca­sos en los que la perjudica y los casos en que no resuelve nada” (1).

La cita anterior nos proporciona un punto de partida inmejorable para iniciar una reflexión acerca de lo que significan las nuevas tecnolo­gías de comunicación para la región latinoame­ricana ‑desde México hasta el extremo sur del continente, incluyendo al Caribe. Así tenemos que ver, de un lado, la situación económica y social en que se encuentra hoy, 1989, América Latina, y del otro, la situación global de la in­fraestructura de telecomunicaciones de los paí­ses que la integran, sus usos y tendencias hacia los próximos años.

Durante las décadas de los cincuenta y se­senta se publicitó el “slogan” de “comunicación para el desarrollo”, no sólo en América Latina sino también en el resto de regiones subdesarrolladas. De esa manera, se intentó hacernos creer que con fuertes inversiones en infraes­tructura de telecomunicaciones, la población al­canzaría los niveles de desarrollo establecidos desde las sociedades económicamente avanza­das.

El discurso modernizador de los años ochenta no ha cambiado en lo sustancial. La informatiza­ción de las sociedades latinoamericanas, es de­cir, la incorporación de las nuevas tecnologías de comunicación e información en todos los ám­bitos de la vida social, se nos ha presentado como la única alternativa viable para alcanzar ese crecimiento. A mayor número de computa­doras, cables de fibra óptica, satélites, bancos de datos y redes digitales integrales, mayor grado de modernización alcanzaremos. Sin em­bargo, los problemas estructurales de América Latina se acrecientan en vez de solucionarse, a pesar de la nueva tecnología.

 

LA SITUACIÓN DE AMÉRICA LATINA EN 1989

 

Estudios de la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, muestran que el 18 por ciento de la población latinoamericana se en­contraba en la indigencia al comenzar el dece­nio de los ochenta y que otro 40 por ciento ha­bía alcanzado niveles de pobreza absoluta. Ocho años después las condiciones de distribu­ción del ingreso han empeorado y los niveles de crecimiento económico han disminuido con­siderablemente. Estimaciones preliminares del citado organismo indican que en 1988 el pro­ducto interno bruto de la región apenas alcanzó 0,7 por ciento, tasa menor que la registrada en 1987 e inferior también a la de crecimiento de la población.

El producto por habitante disminuyó 1,5 por ciento, siendo entonces 6,5 por ciento más bajo que en 1980 cuando el PIB alcanzó su máximo histórico. “En la reducción del ritmo de creci­miento económico influyó especialmente el vir­tual estancamiento de la actividad económica en Brasil y su leve expansión en Argentina y México, países que, en conjunto, generan más de las tres cuartas partes del producto total de América Latina y el Caribe” (2).

Por otra parte, los países latinoamericanos se han convertido en exportadores de capitales. De continuar las tendencias actuales, en 1989 estos países habrán transferido al exterior más recursos que los recibidos a lo largo de la dé­cada pasada. Entre 1981 y 1987 la deuda exter­na de la región duplicó su valor al aumentar su monto de dos veces el valor de las exportacio­nes en 1981, a casi cuatro veces el valor de és­tas en 1987. En ese año, los pagos por servicio de la deuda representaron el 6 por ciento del producto nacional bruto (3).

La historia de la industrialización de América Latina a partir de la Segunda Guerra Mundial se refiere principalmente al papel que han ejercido las empresas transnacionales en la evolución de sectores dinámicos y de alta ren­tabilidad como el de la siderurgia, el automo­triz, el de la agricultura de exportación y el de bienes de consumo intermedio y de aparatos electrodomésticos. Ante la ausencia de políticas nacionales para el desarrollo industrial endóge­no que respondiesen con sus propios recursos a los problemas de la región, la presencia de las empresas transnacionales establece un pa­trón industrial y de consumo acorde con las es­tructuras productivas de sus propios países de origen, en el caso de América Latina con el do­minio predominante de los Estados Unidos.

 

El desarrollo científico y tecnológico que ha permitido el surgimiento de tecnologías de pun­ta basadas en la electrónica y los nuevos mate­riales, ha llevado a una modificación sustancial de los procesos productivos. La automatización es una característica sirve qua non de la produc­ción que realizan las empresas transnacionales tanto para producción de bienes como de servi­cios. Aquí, en este nuevo patrón tecnológico, la información actúa no sólo como insumo, sino también como producto. Las nuevas tecnologías de comunicación instaladas en nuestros países están para responder a las exigencias de las empresas transnacionales. Privatizar y moderni­zar las redes de telecomunicación e informa­ción en América Latina es un mecanismo más de la integración regional al modelo dominante de acumulación.

 

TABLA 1

POSICIONES DE LOS PRINCIPALES PROVEEDORES

DEL MERCADO LATINOAMERICANO

EN TELECOMUNICIONES

 

Proveedor

Valor de los contrastos (US millones de 1979) (1)

Participación en el mercado latinoamericano (%)

LM Ericsson

Siemens

ITT (2)

GTE (2)

NEC

Otros

793

722

716

191

164

292

27

25

25

7

6

10

TOTAL

2875

100

(1)   Valor de los contrastos desde principios de los setenta hasta 1979

(2)   Incluye compañías europeas asociadas

Fuente: Telecomunications Systems and Equipment in Latin America. Frost & Sullivan. Marzo, 1980.

 

 

HACIA LA RED DIGITAL DE SERVICIOS INTEGRADOS

 

El comienzo de la expansión de las empresas líderes en telecomunicaciones hacia los merca­dos latinoamericanos se remonta a principios del presente siglo. En México, por ejemplo, la empresa sueca LM Ericsson introdujo el primer sistema público de 500 suscriptores de teléfono, y dos décadas más tarde la ITT norteamericana inició un segundo servicio telefónico.

Para los años sesenta, cinco empresas habían consolidado su liderazgo en productos telefóni­cos, de conmutación, cableado y redes de mi­croondas y terminales de télex en América La­tina: LM Ericsson, Siemens, ITT, GTE y la Nip­pon Electric Company (NEC). La tabla 1 indica el valor de los contratos adjudicados a estos proveedores por parte de los países de la re­gion.

El nuevo discurso modernizador ha generado nuevas expectativas. Desde hace varios años las empresas transnacionales del ramo han di­fundido la idea de que la instalación de la red digital de servicios integrados ‑RDSI‑ (consi­derada hoy como máximo exponente de la alta tecnología en telecomunicaciones) es un impe­rativo ineludible, y será ‑anuncian‑ una reali­dad en todos los países hacia finales de la pró­xima década.

Para lograr el paso de la tecnología analógica a la digital en materia de equipo de conmuta­ción (switching) ha sido fundamental la partici­pación dentro del nuevo mercado de la RDSI. Veamos lo que nos ofrecen las citadas empre­sas en este nuevo sistema: LM Ericsson el AXE; Siemens el EWSD; GTE el GTD‑5; ITT‑Alcatel el Sistema 12 y NEC el NEAX‑61. A éstas se han adherido otras empresas, importantes también en términos de competitividad de sus produc­tos, tales como la AT&T de los Estados Unidos y la Northern Telecom de Japón.

El equipo telefónico suma entre el 80 y el 90 por ciento del mercado latinoamericano de te­lecomunicaciones. En los países más grandes de la región, los aparatos telefónicos son fabri­cados por empresas extranjeras instaladas en ellos (4), y por empresas nacionales. Éstos a su vez exportan a otros países vecinos. Sin embar­go, la nueva tecnología, en particular los siste­mas digitales, son totalmente importados, con excepción de Brasil (5).

¿Qué tipo de problemas resolverán las redes digitales de servicios integrados en la región?

Dadas las características técnicas y de opera­ción de estas redes digitales, a través de las cuales se puede suministrar todo tipo de servi­cios de información, en particular los de valor agregado, podemos afirmar que tales sistemas serán aprovechados sólo por los denominados “grandes usuarios”. Es decir, por aquellas em­presas cuya función primordial es la prestación de servicios: turísticos, bancarios, de seguros, etc., y también por las grandes corporaciones transnacionales, las mismas que por su magni­tud en términos económicos y financieros, son las únicas que pueden realizar las cuantiosas in­versiones en equipo para transmisiones digita­les (6).

Es evidente que con RDSI se privilegian los servicios privados de telecomunicaciones ya que permite al capital moverse a través de las fronteras en búsqueda de más ganancias con mayor rapidez. Entre tanto el servicio público de telefonía, y más aún el de telefonía rural, no encuentran mayor eco en los planes de expan­sión de las empresas telefónicas.

Dentro de este panorama, no podemos dejar de mencionar que la euforia con que se ha di­fundido la telefonía celular en los países nórdi­cos, varios países europeos y los Estados Uni­dos a principios de los 80 se ha comenzado a extrapolar a la región latinoamericana. En efec­to, este nuevo uso de la tecnología, que aprove­cha frecuencias y las repite en distancias muy cercanas una de la otra, se desarrolló en aque­llos países con una densidad telefónica más alta: Suecia, con 86 aparatos telefónicos por cada 100 habitantes, seguido por los Estados Unidos y Suiza, con 79 y 76 teléfonos respectiva­mente.

En el caso de América Latina, la densidad te­lefónica es de 15,6 teléfonos por cada 100 habi­tantes (7), es decir, de alrededor de 25 millones de aparatos para 390 millones de habitantes (ci­fra de 1985), de los cuales podríamos decir que un 80 por ciento está concentrado en las capita­les y ciudades intermedias de la región. México y Colombia utilizan la telefonía celular con tec­nología NEC. El primer país comenzó en 1981 y el segundo en 1985, con 2.600 y 1.250 usuarios respectivamente, hacia 1986 (8). Las seis em­presas (9) proveedoras de la telefonía celular en el mundo han comenzado a promover esta tecnología, aprovechando el discurso moderni­zados (anteriormente fue llamado desarrollista) de los gobiernos latinoamericanos, y la coyuntu­ra económica de privatización que se está con­solidando en la región. Por ejemplo, el gobier­no de México está ofreciendo “docenas de oportunidades de concesiones en el negocio de teléfonos. Motorola Inc., American Telephone and Telegraph, así como otros productores pe­queños están interesados en las concesiones para explotar la telefonía celular” (10).

 

LA FÓRMULA TECNOLÓGICA: REDES DIGITALES INTEGRADAS­ SATÉLITES‑FIBRAS ÓPTICAS

 

La industria electrónica, como una de las ra­mas más importantes del nuevo patrón tecnoló­gico, está instrínsecamente relacionada con la industria espacial. Si bien, esta última tuvo en sus orígenes intereses exclusivamente militares ‑y los adelantos científicos y tecnológicos de los países que encabezaron la era espacial con­tinúan permeados por objetivos militares en pri­mera instancia‑, las potencialidades de trans­misión y cobertura que permiten los satélites los han convertido en instrumentos idóneos para las comunicaciones comerciales.

 

TABLA 2

PENETRACIÓN DEL MERCADO LATINOAMERICANO POR LOS PRINCIPALES PROVEEDORES DE ESTACIONES TERRESTRES PARA LA RECEPCIÓN INTERNACIONAL DE SEÑALES VÍA SATÉLITE

Proveedor

De 1968 a 1971

De 1972 a 1975

De 1976 a 1979

NEC (Japón)

 

 

 

 

CTE (EU)

 

 

STS (Italia)

ITT (EU)

Northop Pag (EU)

 

Siemens (Alemania)

E-Systems (EU)

 

 

Scientific

Atlanta (EU)

Spar (Canadá)

Comtech Labs (EU)

 

México

 

 

 

 

Chile

Venezuela

 

Argentina

Colombia

Panamá

Brasil

 

 

 

 

 

 

Ecuador

Nicaragua

 

 

 

Brasil

República

Dominicana

Argentina

Brasil

Bolivia

Colombia

Guyana

Paraguay

Perú

Brasil

Chile

Republica Dominicana

 

 

 

 

El Salvador

Colombia

México

 

 

El Salvador

Haití

Belice

 

Cuadro elaborado con base en los datos aparecidos en: Fadul L.M. “Las comunicaciones vía satélite en América Latina”. La industria cultural en América Latina. México. Cuadernos del TICOM, UAM-X Nº31, y Telecomunicaciones Systems and Equipment Market in Latin America. Frost & Sullivan. March, 1980.

 

El mercado de sistemas de satélites de co­municación en países con economía abierta está dominado por empresas de los Estados Unidos. El líder mundial en venta de satélites es la Hughes Aircraft, la cual cubre cerca del 30 por ciento del mercado civil en su país de ori­gen, ha obtenido cinco de los siete contratos adjudicados por el consorcio Intelsat para las distintas generaciones de satélites internaciona­les, y ha vendido sus productos espaciales a di­versos países, entre los que se cuentan Brasil y México. Éstos se convirtieron en los primeros clientes para satélites nacionales de comunica­ción en América Latina, al comprar a dicha em­presa los sistemas Brasilsat y Morelos, puestos en órbita a mediados de la presente década.

Los satélites de comunicación en nuestra re­gión han sido efectivos instrumentos de expan­sión de la televisión comercial y de la publici­dad transnacional, (11) no sólo en los dos países mencionados sino también en aquellos que rentan canales a Intelsat, como son Argentina, Chi­le, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Vale la pena destacar que en algunos de ellos, como en Colombia y Perú, el segmento espacial con­tratado se ha utilizado también para telefonía rural.

Desde mediados de los sesenta, cuando los países latinoamericanos comenzaron a utilizar satélites para comunicaciones internacionales, las empresas que hasta ese momento se encar­gaban de los equipos para telefonía, redes de microondas y demás servicios, penetran al mer­cado de la región con la venta de antenas y equipo para la recepción y transmisión de las señales satelitales. En la tabla 2 se puede apre­ciar esta situación, en la cual destacan las acti­vidades de empresas como NEC y GTE por ser las de mayor demanda entre dichos países.

Ningún país de la región, con excepción de Brasil (12) cuenta con una industria endógena de equipo terrestre para las comunicaciones nacionales por satélite. Las redes de estaciones terrenas instaladas en los países mencionados son totalmente importadas y proliferan las ante­nas vendidas por Scientific Atlanta y Harris, de los Estados Unidos, Telespace de Francia y la japonesa NEC.

América Latina es un mercado potencialmen­te muy amplio para las empresas transnaciona­les de equipos y servicios de telecomunicacio­nes. Hoy en día más abierto aún por las tenden­cias a la privatización de tales servicios y de mayor apertura a la inversión extranjera, con­trariamente a lo que señalaban las propuestas de políticas nacionales de comunicación que no llegaron a conectarse. Pero sí par‑a la próxima década estarán a disposición de los países lati­noamericanos diversos satélites de comunica­ción, con la consiguiente amplia oferta de cana­les de televisión (13), los canales para transmi­sión de datos y servicios de información no se­rán menores. La convergencia de las telecomu­nicaciones, la informática y la microelectrónica permitió que abrieran nuevas industrias: la de software y sistemas y la de servicios de proce­samiento de datos y de información, con la con­siguiente proliferación de empresas prestatarias de los mismos.

“Bajo el paradigma de producción en masa, en el cual la productividad y rentabilidad de­pendían del crecimiento de mercados masivos para productos idénticos, la presión hacia la uniformidad en los patrones de consumo era condición. del crecimiento económico. En esen­cia era necesario que la demanda se adaptara a la oferta. El nuevo modelo invierte esa rela­ción. El carácter programable de los equipos, su creciente compatibilidad y modularidad crean las condiciones para que la diversidad en la de­manda final multiplique las oportunidades de crecimiento de la oferta” (14).

Los nuevos servicios se publicitan dentro de una nueva forma de pensar el desarrollo, es de­cir, con criterios de eficiencia, de velocidad, de capacidad de integrar redes y sistemas inteli­gentes”. El resultado en América Latina son los planes para la instalación de redes digitales in­te,rales, de satélites con bandas de frecuencias diversas para transmitir señales de todo tipo, y de sistemas de fibra óptica que multiplican con eficiencia los canales de transmisión para voz y dato:.

¿A qué necesidades responde toda esta nue­va infraestructura que se planea comenzar a instalar en la región para que al inicio del siglo XXI ya no existan sistemas con tecnología ana­lógica? Es indiscutible el hecho de que las exi­gencias de las empresas transnacionales han sido un factor determinante en la moderniza­ción de la red informática en América Latina. La presencia extranjera en el sector servicios en la región ha venido acompañada de una gran presión para liberalizar la inversión y el comercio en dicho sector. “La instalación de pa­raísos fiscales y financieros en los países del Caribe fue posible gracias a las nuevas tecnolo­gías de comunicación e información, y a una política interna que permite el libre flujo de da­tos transfrontera” (15).

Otro ejemplo de la dinámica de las empresas extranjeras se encuentra en el desarrollo de la industria maquiladora (16) en la frontera norte de México. Los parques industriales estableci­dos para ello cuentan con la tecnología de co­municaciones más avanzada, instalada no sólo por los organismos públicos encargados de las telecomunicaciones en este país, sino principal­mente por las empresas maquiladoras. La pros­peridad de las maquiladoras en el norte han hecho de la frontera un polo cercano para el comercio y el trabajo. Más hacia el sur un “valle de silicón” en miniatura ha sido creado en Gua­dalajara, a 250 millas al noroeste de la capital, con Hewlett Packard, Wang, IBM y Unisys en­samblando computadoras y compitiendo fuerte­mente para exportarlas” (17).

La discusión en torno a la red digital de ser­vicios integrados está en un momento propicio para que los países de América Latina (y no sólo las transnacionales que operan en ellos) expresen su propia definición y su particular punto de vista acerca de las necesidades que eventualmente podría satisfacer la RDSI así como la capacidad y el ritmo de cada país para construirla. Cabe la posibilidad de que una vez realizado un estudio exhaustivo e interdiscipli­nario se concluya que la región latinoamericana no se suma a los lineamientos que en esta mate­ria sugiera el Comité Consultivo Internacional de Telegrafía y Telefonía (CCIT) de la Unión In­ternacional de Telecomunicaciones (UIT).

Esta propuesta de realizar una investigación interdisciplinaria y prospectiva sobre la RDSI, además de que exhibiría con toda claridad los mecanismos de “destrucción creadora” de las empresas transnacionales en América Latina antes de que se pusieran en marcha, ayudaría a poner en su sitio las propuestas de la UIT que, bajo una cobertura de ayuda al Tercer Mundo, lo que están impulsando es su integración acríti­ca a los nuevos sistemas digitales en las condi­ciones planteadas por las empresas transnacio­nales.

 

Decisiones y posiciones ante áreas estratégi­cas para cualquier país, como son ésta de la RDS1, la del libre flujo de información (18), la relacionada con el desarrollo de sistemas y equipos tecnológicos de vanguardia como las fi­bras ópticas, la utilización de satélites de radio difusión directa, y otras más relacionadas con nuevas tecnologías, no pueden dejarse en ma­nos de instancias extraregionales.

Ante la realidad presente, la perspectiva de la región tiende a plantearse como un dilema: desarrollar su infraestructura para acrecentar la dependencia o permanecer al margen y que­dar a la zaga. La inviabilidad de ambas alterna­tivas obliga a proponer una visión de largo pla­zo en la que coincidan la necesidad de solucio­nar los problemas básicos de 535 millones de latinoamericanos hacia fines de siglo, con la inexcusable determinación de desarrollar una ciencia y tecnología autónomas. Ante este reto, la integración y cooperación latinoamericanas (19) se plantean como condición indispensable para lograrlo.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

(1) Mitterrand, François. Aquí y ahora Barcelona, Argos Vergara, 1981, 2. ed.

(2) Rosenthal, Gert. “Balance preliminar de la economía latinoa­mericana en 1988”, 1ª parte. Comercio Exterior. Vol. 39, N ° 2, febre­ro 1989. De acuerdo con Fernando Fajnzylber (1983). Brasil, cuya transformación y modernización industrial lo coloca en una posición de liderazgo en la región, muestra indicadores de pobreza más agu­dos que el conjunto de la región latinoamericana: el 35 por ciento de la población urbana y el 73 por ciento de la rural se sitúan balo la línea de pobreza, mientras que en la región en su conjunto los por­centajes en su conjunto son el 25 y el 62 por ciento. En México, el otro país latinoamericano de rápida industrialización, los indicadores correspondientes están por debajo del promedio para el conjunto de la región, pero a una distancia pequeña de los mismos. En: La industrialización trunca de América Latina. México, ed, Nueva Ima­gen, 1983.

(3) Arriaga, Patricia Los sistemas de comunicación en la pers­pectiva del año 2000: México y el Caribe . México, CEESTEM, 1989.

(4) En la mayoría de los países latinoamericanos las empresas se­ñaladas mantienen filiales mediante modalidades de diversa índole, desde el sistema de “riesgos compartidos con los gobiernos o los sectores privados de los países anfitriones, hasta la de invertir el 100 por ciento del capital en nuevos proyectos.

(5) UNCTC. “Data Services in Latin America . New York, UNCTC, 1985,

(6) México por ejemplo, a través de la empresa paraestatal de te­léfonos ha comenzado a desarrollar una red superpuesta para aten­der a grandes usuarios, de servicios de telecomunicaciones. Dicha red, que quedará instalada a finales de 1989 en las principales ciu­dades del país está compuesta por centrales digitales y cableado de fibra óptica. Las centrales digitales han sido adquiridas a LM Erics­son y Alcatel, mientras que los equipos conductores de los enlaces digitales se comprarán a la ATT, a NEC o a Telettra. Telmex ha cla­sificado los grandes usuarios en cinco segmentos instituciones finan­cieras, industrias de exportación y servicios, turismo, industria ma­quiladora y gobierno.

(7) Más del 80 por ciento de la población no cuenta con servicio telefónico. La densidad promedio de la región es superior a las ci­fras de los países “más avanzados” Brasil, 6,9; Argentina, 11 y Méxi­co, 7,5 (UNCTC, nota 5). Aunque estos datos son de 1981, la situación no ha variado. Peor aún, en México la densidad se redujo a 4,9 lí­neas telefónicas por cada 100 habitantes (New York Times, abril 3, 1989).

(8) Economic Commission for Europe “The Telecommunication industry Growth and estructural cuange . New York, UN, 1987

(9) Las empresas son Ericsson, Motorola, ATT, NEC, NTI, y Sie­mens.

(10) Baker, S, y E. Wienner. One Touth ‘hombre’: can Carlos Sali­nas remake México? Business Week. April 3, 1989.

(11) Sobre la publicidad transnacional véase: Janus, Noreen y Ra­fael Roncagliolo. “Publicidad transnacional, medios de comunicación y educación en los países en desarrollo”. Perspectivas. UNESCO, Vol, X, N.° 1, 1980.

(12) Brasil desarrolló una industria nacional de antenas receptoras de señales satelitales. Avibras es la principal industria brasilera de esos productos, pero además es una importante fabricante de armamento.

(13) Desde mediados de 1988 está en operación el satélite PAS‑1 del sistema panamericano de satélites, PANAMSAT, que dirige un empresario estadounidense que estuvo a la cabeza de la cadena de televisión en español SIN durante dos décadas. El PAS‑1, que enlaza América Latina con Europa, Nueva York y Miami “será clave en la transmisión de vídeo, voz y datos a lo largo de toda la región”. Uno de los proyectos de Anselmo es crear “una red cultural” sudamerica­na. Sería cultural y una ayuda para derrotar el analfabetismo, co­menta el director. Tomado de América Economía, año 2, N.° 21, no­viembre 1988. Por otra parte, España anunció la puesta en órbita de un satélite iberoamericano para 1992.

(14) Pérez, Carlota. Las nuevas tecnologías una visión de conjun­to”, En: La tercera revolución industrial. Impactos internacionales del actual viraje tecnológico, Argentina, Grupo Editorial Latinoamerica­no, 1986.

(15) Arriaga, P op. cit.

(16) La industria maquiladora se instala en países subdesarrolla­dos para aprovechar el uso intensivo de la mano de obra y los bajos salarios. En México el número de empresas maquiladoras va en cre­ciente aumento, siendo “as empresas matrices tanto de Estados Uni­dos como de Japón y algunas europeas, en las ramas electro elec­trónicas, automovilística, del vestido y de servicios.

(17) Business‑Week, op. cit.

(18) La libre circulación de la información es sólo un “slogan” de las empresas vendedoras de productos de percepción remota por satélite, contra cualquier acción que tienda a regular el flujo de da­tos generado por dicha actividad. Por ello los esfuerzos realizados en los organismos de las Naciones Unidas para lograr acuerdos han fracasado, ya que no puede regularse una actividad que está a car­go de empresas privadas.

(19) Algunos intentos de cooperación latinoamericana se han ve­nido planteando por ejemplo con la Red Latinoamericana y de el Caribe de microelectrónica ‑REMLAC‑‑, o con la Red Latinoame­ricana de Biotecnología ‑RELABIOTEC‑. En el área espacial, el Grupo Interdisciplinario de Actividades Espaciales de la Universi­dad Nacional Autónoma de México, promueve el desarrollo de tec­nología endógena para el aprovechamiento del espacio con fines pacíficos.

 

(*) Las autoras agradecen la invaluable colaboración prestada por Enk Salas Klint para la elaboración de este trabajo