América Latina: Dilemas en la enseñanza de Nuevas Tecnologías

 

HERNAN URIBE

 

La irrupción de las llamadas Nuevas Tecnologías (NT) ha planteado en la so­ciedad latinoamericana un debate que no parece tener fin y que incluye, por cierto, el problema de la ‑enseñanza de aquella temática en las facultades y escuelas de comunicación social y periodismo.

En 17 países de la región ‑que mu­chos denominan aún Iberoamérica‑ pro­liferan 206 establecimientos de educación superior que en su mayoría nacieron en la década de los cincuenta como escuelas de periodismo y luego, desde finales de los sesenta ampliaron su órbita al área de la comunicación, o como más pomposa­mente se le apellida, a las ciencias de la comunicación.

Ciento treinta de dichas entidades se agrupan en la Federación Latinoamerica­na de Facultades de Comunicación Social (FELAFACS), donde coexisten escuelas estatales y privadas en procura de una suerte de integración regional para la en­señanza de la comunicación‑información. No es ésta una meta fácil ‑aún al mar­gen de las tecnologías‑ si consideramos el hecho de que hasta hoy no se logra un perfil preciso y adecuado del comunica­dor social y, con ello, de los curricula.

Un marco de referencia general nos ayudará a comprender los conflictos que en esa materia afrontan hoy teóricos y educadores. Para empezar, son mayoría los estudiosos convencidos de que la in­troducción y expansión tecnológicas en Latinoamérica corresponden a las necesi­dades de un modelo económico sustenta­do en los intereses de las empresas trans­nacionales y en la concentración monopólica del capital. Esto, naturalmente, no contribuye al desarrollo real e indepen­diente.

Participa de esa tesis, por ejemplo, el chileno Fernando Reyes Matta: "Más que responder a una necesidad surgida de la dinámica del desarrollo económico de los países latinoamericanos, la importación de tecnología obedece, en muchos casos, a un afán modernizador que pretende lo­grar una capacidad competitiva a costa de un endeudamiento y dependencia cada vez mayores" (1).

Por nuestra parte, hemos escrito que las naciones de la región, al convertirse en receptores pasivos de la informática, devienen también en simples mercados o en usuarios pasivos, y que en consecuen­cia, la transferencia tecnológica que reci­ben es meramente operativa y no creati­va. En teoría, pues, las NT constituirían una réplica adecuada a las necesidades del mundo contemporáneo, pero si las observamos con la mira latinoamericana, ellas emergen al mismo tiempo como un caso‑tipo de las contradicciones origina­das en la desigualdad del planeta y de. sus habitantes (2).

Con fines de precisión, necesario es abrir aquí un paréntesis que sólo aparen­temente tiene connotación semántica. ¿Es correcto el término "nuevas tecnologías" adoptado un tanto mecánicamente del in­glés new technologies? Safar y quien es­cribe estas líneas coinciden al afirmar que el vocablo se usa en forma equívoca y que una real definición está pendiente. En rigor de verdad, muchos adelantos tecnológicos se cimientan en antiguos des­cubrimientos, léase la fotografía, la radio, la televisión. El vídeo, apunta Safar, tiene ya dos décadas, pero ahora se le tilda de "nuevo" nada más porque ha entrado en una etapa de comercialización (3). En nuestra opinión, trátese de satélites, com­putadoras, videotape, fibras ópticas, rayos láser, telemática, etc., resulta más apro­piado hablar de informática, neologismo que puede ser descrito como la actividad humana que se relaciona con el registro y tratamiento de información en forma auto­matizada.

De regreso al tema del marco de refe­rencia, es de suyo relevante constatar el impacto de la informática en las culturales nacionales y regionales. Aquí, el meollo del asunto radica en la circunstancia de que las tecnologías avanzadas no constitu­yen todavía un bien de la humanidad. Por ello, la producción semimonopólica de ellas y su uso en beneficio predominante de círculos económicos determinados, lleva en los hechos al cuestionamiento de conceptos y realidades históricas como la democracia, la soberanía nacional y el pluralismo informativo, para sugerir algu­nos ejemplos.

El alud de producción "cultural", de cor. te idéntico y bajo nivel intelectual, conlle­va el peligro de desarraigar los valores culturales nacionales y latinoamericanos (el idioma castellano es el ejemplo más claro en ambas esferas). En la misma me­dida, la informática aplicada al torrente publicitario crea en nuestros países "ne­cesidades" consumistas que a su vez ori­ginan economías ficticias o de élites, y si­multáneamente propician desfasamientos en el comportamiento de quienes viven en la pobreza.

Desde otro ángulo asimismo relevante, la creciente utilización de los variados sis­temas informáticos incrementa el dese­quilibrio informativo en el campo del pe­riodismo. Dicho de otro modo: en esta re­gión, la tecnología no cambia por sí mis­ma el contenido de los mensajes noticio­sos, sino que, al revés, posibilita una ma­yor difusión de aquellos que no ayudan al desarrollo ni a la culturización. Tapio Va­ris lo ha dicho justamente en relación a estas latitudes: "La industria informativa ya no es considerada sólo como un instru­mento económico para superar la crisis prevaleciente, sino también como instru­mento político en la crisis de valores y del comportamiento" (4).

Con todo, las tecnologías avanzadas se han instalado de una u otra manera en esta América al sur del Río Bravo e inclu­sive han dado origen a serios conflictos económico‑diplomáticos, como ha sucedi­do con la represalia estadounidense ante la actitud independiente de Brasil al ela­borar una política informática nacional ajena a la producción transnacional. Res­pecto de aquéllas, no cabe pues satani­zarlas ni sacralizarlas, sino profundizar su investigación y abordar objetivamente su inserción en la enseñanza.

"Lo real ‑sostiene Neira‑ es que la extensión de los sistemas de comunica­ción se ha dado en América Latina, sin que nuestras Facultades hayan tenido la más mínima participación". Según este au­tor, la formación del comunicador en rela­ción con la informática ha estado contami­nada por la actitud del humanista frente a la tecnología. El enfoque humanista, re­calca, se expresa hoy en la articulación de propuestas de enseñanza que privile­gian la formación teórica sobre la forma­ción práctica (5).

Afirmación discutible, apuntamos noso­tros, porque, verbigracia, la relativa mar­ginación de la informática en los planes de estudio no radica tanto en la falta de interés como en la carencia, a veces ab­soluta, , de infraestructura instalada dentro de las universidades. Este rasgo tiende a agudizarse, puesto que es visible que los productores superan constantemente su propia tecnología y puede suceder enton­ces que cuando logre ser dominada en los países en desarrollo, aquélla ya sea arcaica.

En el Seminario Latinoamericano sobre Educación, Comunicación e Informática realizado en Caracas (20‑23 octubre 1986) se hizo un significativo análisis cuyas con­clusiones conforman en alto grado un jui­cio colectivo, latinoamericanista, de los maestros participantes.

La reunión subrayó la tendencia hacia una incorporación indiscriminada de nuevas tecnologías, "sin tomar en cuenta nuestra realidad social y nuestras necesi­dades en materia de información y comu­nicación". La transferencia tecnológica deriva también en muchos casos en ma­yor dependencia y eventualmente en el abandono del desarrollo de tecnologías propias, expresa otra conclusión.

A propósito de la enseñanza, el semina­rio adujo que "las escuelas de comunica­ción social deben adoptar políticas y estra­tegias adecuadas para la formación crítica de los comunicadores sociales respecto de las nuevas tecnologías, entendiéndolas como parte de un posible desarrollo, pero a la vez advirtiendo los peligros que ellas encierran". Luego afirmó: "Las Es­cuelas deben ser cuidadosas al reformu­lar sus curricula frente al peligro de asu­mir las nuevas tecnologías como la solu­ción social" (6).

Otros enfoques de interés registrados en el documento final señalan que even­tuales programas de estudio deben orien­tarse hacia el establecimiento de una comprensión reflexiva de las nuevas tecno­logías y no tanto hacia el uso práctico, y reiteran que "las nuevas tecnologías de­ben ser consideradas en la justa dimen­sión histórica como un proceso irreversi­ble que debe ser asumido críticamente, desde la academia, desde la investiga­ción y desde su concreción social" (7).

En este intento por establecer los linea­mientos didácticos en que debe cimen­tarse la incorporación de las tecnologías en la enseñanza se percibe un regreso a la antigua disputa sobre el carácter de la formación de que nos habla Neira (supra). "Finalmente ‑manifiesta el brasileño Erasmo da Freitas‑, nosotros, comunica­dores sociales, somos usuarios y no manipuladores de equipos" (8), en tanto que el chileno Luis Torres coincide en que el abordaje de las tecnologías por el comu­nicados no puede significar que asuma éste los conocimientos y oficios del inge­niero o del físico. Agrega este investiga­dor que el avance tecnológico ha agudi­zado en los hechos la problemática que hoy padece la formación del comunicador social en estas latitudes y ello "porque aún no somos capaces de decir de qué profesión se trata' (9).

Si alguna opinión mayoritaria ha surgi­do de la discusión que hemos reseñado, es la de que las tecnologías avanzadas deben investigarse y enseñarse en el universo de sus profundas implicaciones so­ciales, aserto interrelacionado con otra formulación de consenso de los semina­ristas caraqueños: "El beneficio de las tecnologías es medido, en primer lugar en (con) una óptica económica, donde el hombre, sus necesidades y su cultura quedan siempre en segundo plano".

 

NOTAS

 

(1) Reyes Matta, Fernando. Nuevas estrategias y nue­vo orden informativo. México, Primer Seminario Latinoamericano sobre periodismo y nuevas tec­nologías, FELAP, 1986.

(2) Uribe, Hernán. El periodismo ante las nuevas tec­nologías (por encargo de Unesco, inédito), 1986.

(3) Safar, G., Elizabeth. 'Nuevas Tecnologías", Infor­mación y Comunicación, en Comunicación Améri­ca Latina Buenos Aires, DECOM, n.° 18, octubre, 1987.

(4) Varis, Tapio, El impacto de las nuevas tecnologías en los procesos comunicacionales. Caracas, 1986, mecanografiado.

(5)     Neira, Walter. Problemas de la enseñanza de la comunicación social y las tecnologías avanzadas. Caracas, Memoria del Seminario sobre Educa­ción, Comunicación e Informática, 20‑23 oct. 1986.

(6) Seminario, op. cit.

(7) Ibídem.

(8) Da Freitas, Erasmo. La incorporación de las nuevas tecnologías en escuelas de Comunicación So­cial. Caracas, Memoria, op. cit., 1986.

(9) Torres, Luis. Citado por Da Freitas, op. cit. To­rres es director del Instituto Superior de Arte y Ciencias Sociales, de Santiago de Chile.