Usos sociales de la tecnología de la información

De los telecentros escandinavos al Teletel francés

 

Olaf Rieper, Régis Blais, Anders Larsen

 

El modelo escandinavo del telecentro y el francés del Teletel consiguen objetivos y resultados muy diversos. Un análisis de sus experiencias permite vislumbrar la posibilidad de una coexis­tencia entre ambos.

 

Este artículo se basa en una in­vestigación sobre 13 telecen­tros de Dinamarca, Noruega y Suecia y sobre el sistema fran­cés de videotex, el Teletel. El telecentro (también llamado "centro telemático" y "cabaña electrónica") es un lugar provisto de equipos in­formáticos y de telecomunicaciones, dirigidos normalmente por un asesor informático.

El objetivo principal del telecentro es fortale­cer la empresa y el mercado de trabajo a nivel local, promoviendo la vida comunitaria en la lo­calidad. De este modo, los telecentros tienen un papel significativo en el desarrollo regional, para el que el conocimiento y la utilización de las posibilidades de las nuevas tecnologías de la información se considera un factor crucial.

Se describen los distintos fines y funciones de los telecentros y del sistema Teletel, así como el número y características de los usuarios. Sin embargo, es muy pronto para ofrecer resulta­dos de una evaluación de los telecentros, pues muchos de ellos no llevan funcionando ni si­quiera un año. Se comentan las futuras tenden­cias de los telecentros, y en especial las ten­dencias hacia la especialización.

Para comparar el concepto global del tele­centro con un servicio telemático especializado hemos analizado el Teletel francés. En otoño de 1987 había más de tres millones de terminales instalados en hogares y empresas de todo el país.

La distribución de los usuarios de Teletel parece más discriminatoria, desde el punto de vista social, que la de los usuarios de los tele­centros, pero se necesitarían más datos para demostrar esta hipótesis preliminar. El número de empleos creados en torno al Teletel, en toda Francia, se calcula entre 10.000 y 30.000.

Estos dos modelos de utilización de las nue­vas tecnologías de la información coexisten de hecho, y hay que prever un desarrollo en para­lelo tanto en Escandinavia como en Francia.

 

INTRODUCCIÓN

 

Durante las últimas décadas se ha producido un tremendo desarrollo en la informática en ge­neral, y en las tecnologías de la información en particular. Disponemos de máquinas y técnicas impensables hace 20 ó 30 años: equipos de vi­deoconferencias, videoteléfonos, teléfono sin hi­los, teléfono celular para automóviles, telecomu­nicaciones por satélite, redes informáticas con acceso a bases de datos de todo el mundo, vi­deotex, etc. Además los precios han caído a ni­veles tales que.", algunos de estos aparatos nos son ofrecidos ya como bienes corrientes.

Pero antes incluso del desarrollo concreto de estas tecnologías, y en paralelo con su apari­ción, han ido apareciendo una serie de visiones futuristas sobre "el mundo de la era electrónica" o la "sociedad informatizada". Podemos encon­trar una imagen pesimista en la clásica novela de Orwell (1948), mientras que Toffler (1980) y Naisbitt (1983) representan la "ola" optimista.

Este trabajo no refleja ninguna de estas visiones. Su propósito es avanzar más lejos, analizando dos desarrollos concretos en el campo de la tecnología de la información que pueden llegar a tener un impacto en la sociedad: los telecentros escandinavos y el sistema de videotex francés, el Teletel. Omitiremos detalles que son de índole muy técnica para centrarnos en la naturaleza, implicaciones y futuro de estos dos "modelos", el escandinavo y el francés.

Para realizar este estudio se han utilizado sobre todo dos métodos de acopio de información: un repaso de publicaciones y documentos de trabajo, y una serie de entrevistas con informantes claves en las dos zonas. Los informantes franceses fueron entrevistados por teléfono, mientras que en Escandinavia se pudieron celebrar reuniones personales con responsables del proyecto de los telecentros. Se visitó un total de 13 telecentros escandinavos, 5 en Dinamarca, 5 en Noruega y 3 en Suecia. Para elegir estos telecentros se utilizaron dos criterios: 1) debían ser representativos de los distintos tipos de telecentros existentes en Escandinavia, y 2) debían estar en funcionamiento o a punto de entrar en funcionamiento.

 

 

EL MODELO ESCANDINAVO: EL TELECENTRO COMO HERRAMIENTA DE DESARROLLO REGIONAL

 

Conceptos y objetivos

 

La filosofía de los telecentros escandinavos tiene sus raíces en el movimiento danés de la " Folkeskole" (escuela popular), que data del siglo XIX. Eran "escuelas" pensadas para los adultos, y a las que acudían principalmente los jóvenes agricultores. Estas escuelas se basaban en las ideas del pensador danés N. F. S. Grundtvig, y su finalidad era fomentar la conciencia religiosa, social, nacional y política de la juventud, utilizando el método del debate en grupo más que la enseñanza formal. El movimiento fue importante para la creación de cooperativas agrícolas en las últimas décadas del siglo XIX, y en ese sentido lo fue también para el proceso de modernización de la producción agrícola danesa.

La intención inicial del movimiento de los telecentros es básicamente la misma, es decir, ayudar a la  población a entrar en la sociedad de la información, reuniendo a la gente y haciéndoles ver la forma de aprovechar al máximo las nuevas tecnologías de la información. En la nueva sociedad que está emergiendo, la información se asocia con el poder. En la idea de los dirigentes del movimiento de los telecentros, la tecnología de la información está en condiciones de dar acceso a este "poder" a todo el mundo, sin importar dónde viva (Telestugor, 1987). Y el telecentro se considera el medio ideal para este fin.

En términos prácticos, un telecentro, o un centro telemático, como a veces se denomina, es un local, cuyo tamaño varía, equipado con ordenadores y equipos de telecomunicaciones, por ejemplo equipos de producción para televisión local, un estudio para teleconferencias, instalaciones para formación en informática, juegos de ordenador, instalaciones para trabajo a distancia, conexiones para consultas a bancos de datos, teleservicios, etc.

Los telecentros existentes tienen diversos objetivos. Pero éstos pueden dividirse en tres categorías generales: 1) fortalecer las empresas y el mercado de trabajo locales, 2) promover la vida comunitaria a escala local, y 3) ensayar y probar nuevas tecnologías de la información.

Hasta ahora, en los proyectos escandinavos han predominado los objetivos de tipo económico y empresarial. El telecentro está considerado como una herramienta estratégica de las políticas de desarrollo local y regional. Se los ve como una de las piedras angulares de una nueva infraestructura de comunicaciones llamada a enlazar las zonas rurales y poco pobladas con las grandes ciudades y los centros industriales y financieros. Más concretamente, el objetivo empresarial y laboral se persigue básicamente por dos medios: en primer lugar, ofreciendo a la fuerza de trabajo local una formación adecuada para el uso de las nuevas tecnologías, y en segundo lugar, ofreciendo a las empresas locales la posibilidad de utilizar equipos de alta tecnología para mejorar la planificación, la gestión, la producción y las ventas.

Obviamente, el segundo objetivo, es decir, fomentar la vida comunitaria, no es del todo independiente del objetivo económico, pero comprende muchas otras dimensiones. En primer lugar, los telecentros pueden apoyar actividades y servicios locales en ámbitos como la cultura, la vida social, los deportes y la salud. Con un mejor acceso a la información que se necesita, las nuevas tecnologías de la información pueden ayudar a la administración local a planificar sus actividades en forma más eficaz.

En segundo lugar, el uso de las tecnologías de la información puede mejorar la calidad de vida de la población, reduciendo los tiempos dedi­cados a la rutina diaria y facilitando nuevos con­tactos sociales y posibilidades de entreteni­miento.

Finalmente, los telecentros pueden servir de lugar de encuentro en el que los ciudadanos entran en contacto con las tecnologías de la in­formación, ensayan nuevos equipos informáticos y reciben orientación y ayuda en la definición de sus propias necesidades, pudiendo incluso pedir que se les confeccionen nuevos produc­tos informáticos (programas y equipos) específi­cos. En este sentido, la idea del telecentro en­cierra ambiciosos objetivos de democracia lo­cal, pues pretenden influir en el desarrollo de la tecnología de la información, sobre todo en materia de programas y de organizaciones del uso de estas tecnologías.

En todos los países escandinavos se confía en que los telecentros ejerzan un papel central en la promoción de la vida comunitaria y en el de­sarrollo regional. En Dinamarca, sin embargo, es donde más se ha insistido en esta utilización de las nuevas tecnologías de la información para el desarrollo regional y local. Esto se debe a un acuerdo parlamentario de los principales partidos daneses, en el sentido de facilitar la igualdad de acceso a las redes de alta capaci­dad entre zonas céntricas y zonas periféricas del país. Según este acuerdo, el gobierno debe apoyar financieramente a las zonas rurales que deseen poner en marcha proyectos piloto sobre usos innovadores de las nuevas tecnologías de la información.

El tercer objetivo de los, telecentros, poco ha­bitual en los proyectos escandinavos actuales, es el ensayo de nuevas tecnologías de la infor­mación antes de su lanzamiento a gran escala. Se trataría de ensayar productos, tanto progra­mas como equipos, en el mundo real, fuera del laboratorio en que han sido diseñados y de­sarrollados. Además se ofrecería a los po­sibles compradores la posibilidad de pro­bar el producto antes de tomar una deci­sión.

En principio, el telecentro ideal debería cum­plir estos tres objetivos, sin limitarse a una tarea concreta como pudiera ser el trabajo a distan­cia o la formación en informática. En realidad, los telecentros escandinavos incluyen estas tres funciones en muy distinto grado, según los inte­reses de las personas que participan en cada proyecto.

 

Resultados

 

El concepto del telecentro es bastante re­ciente en Escandinavia, y los telecentros crea­dos son aún muy jóvenes. En el verano de 1987 la Federación de Centros Locales de Tecnolo­gía de la Información de los Países Escandina­vos (FILIN) contaba con 27 miembros en repre­sentación de alrededor del 75 por ciento de los telecentros existentes, pero la mitad de éstos se hallaban aún en fase de planificación. El telecentro más antiguo funciona desde 1985, y la mayoría ha empezado a funcionar en 1986 y 1987.

La característica general de los telecentro: existentes es que son todos distintos. Sin em­bargo, es posible dividirlos en dos amplias ca­tegorías: telecentros auspiciados y financiado; a nivel local, y telecentros creados y financia­dos por el gobierno con algún apoyo de organi­zaciones locales.

 

1. Telecentros de iniciativa local

 

Siete de los 13 centros de los que hablamos en este artículo (tres en Suecia y cuatro en No­ruega) son resultado de esfuerzos de administraciones y empresas públicas locales y regio­nales. Están situados todos ellos en zonas rura­les o en pequeñas poblaciones en las que, con una sola excepción, se da un retroceso demo gráfico y una situación económica en declive Uno de estos proyectos está situado en Vardo Noruega, pequeña población en el extremo norte de la Península Escandinava, sobre e Océano Ártico. Este contexto geográfico y social, caracterizado por las grandes distancias se refleja en el objetivo central de todos los proyectos: fomentar la economía y el empleo a escala local mediante el uso de las tecnología: de la información.

Más allá de esta finalidad global, los telecen­tros tienen otros objetivos y actividades más es­pecíficos. Algunos telecentros se han especial¡zado en un tipo de actividad (por ejemplo, la te­leventa), mientras que otros mantienen un aba­nico más amplio de servicios. Entre estos servi­cios, y haciendo una lista incompleta, podemos citar: tratamiento de texto, contabilidad para pequeñas empresas, televentas, servicios de gestión para empresas y organismos públicos, servicios de asesoría, traducción, supervisión electrónica de factorías, exposiciones de pro­ductos informáticos, etc. Los telecentros tienen

el equivalente de dos a cuatro personas traba­jando a tiempo completo. Según nuestras obser­vaciones, esta variedad parece reflejar los inte­reses y talentos concretos de los iniciadores del proyecto. La capacidad de los responsables del proyecto para agrupar a todas las partes poten­cialmente interesadas parece constituir un fac­tor importante.

Se espera que estos telecentros creados con financiación local puedan ser autosuficientes a largo plazo, financiándose con la venta de sus servicios. El presupuesto anual de un telecentro en 1987 variaba entre los 100.000 y los 700.000 dólares.

 

2. Telecentros de iniciativa nacional

 

El segundo grupo de telecentros es el de los creados por entidades u organismos guberna­mentales (ministerios, empresas nacionales de teléfonos, etc en colaboración con las autorida­des locales y con la finalidad de realizar expe­riencias sociales. Esto significa que los proyec­tos en cuestión tienen una vigencia determina­da, durante la cual su financiación es indepen­diente de los ingresos debidos a posibles clien­tes. Se realiza una evaluación sistemática de cada proyecto, por lo que no está garantizada su continuidad una vez concluido el experimen­to para el que fuera concebida. Los proyectos de esta categoría que aquí se recogen son cin­co telecentros daneses y cuatro noruegos.

Los telecentros daneses. forman parte de un gran experimento de tres años que incluye 16 proyectos en materia de tecnologías de la infor­mación, proyectos de distinta envergadura y a los que el Estado danés, la Comunidad Econó­mica Europea y otros organismos públicos da­neses aportan un total de 4, 3 millones de dóla­res. Los telecentros daneses aquí estudiados tienen un presupuesto total de unos 400.000 dó­lares. Están situados en dos zonas rurales de Jut­landia, el "far west" danés, región donde se re­gistra una disminución de la población y un au­mento del paro. El objetivo de estos proyectos es utilizar la tecnología de la información para revitalizar estas comunidades locales desde el punto de vista tanto social como económico.

Los telecentros cuentan con varios ordenado­res personales con sus impresoras, modems y programas, y con instalaciones de vídeo. Están dirigidos por personal a tiempo parcial (direc­tor del proyecto, experto en tecnologías de la información, secretarias, etc.), que trabaja en conjunto el equivalente de cuatro jornadas de tiempo completo. En el momento de realizar nuestras entrevistas los proyectos tenían sólo unos meses de vida, por lo que sus horarios to­davía eran reducidos, y los servicios ofrecidos eran sobre todo cursos (informática, tratamiento de textos, proyección de costes, utilización de bases de datos, etc.) y la llamada "tienda infor­mática", abierta algunas horas por semana y en la que la gente puede probar gratuitamente los equipos informáticos.

El telecentro noruego de Jevnaker, peque­ña población al norte de Oslo, difiere de la ma­yoría de los telecentros por su fuerte acento en la parte técnica. Subvencionado por la compa­ñía de teléfonos y el Ministerio de Comunica­ciones, el proyecto forma parte de un amplio experimento que incluye la radio, la televisión por cable, la videocomunicación y la transmi­sión de datos. Dentro de este experimento, el objetivo del telecentro es ensayar la organiza­ción y servicios de un típico centro telemático, con el fin de utilizar el conocimiento y las expe­riencias obtenidos para el eventual desarrollo de otros telecentros en Noruega. Entre los ser­vicios ofrecidos está la teletienda, en la que la gente puede alquilar o comprar equipos de te­lecomunicaciones, instalaciones para teleconfe­rencias con posibilidades de transmitir imáge­nes, un estudio para la producción de progra­mas de radio, videoteléfono, etc.

 

Usuarios de los telecentros

 

De los telecentros analizados en este estudio, son pocos los que llevan un registro serio del número y características de sus usuarios. Pero ni siquiera los telecentros que llevan este regis­tro han hecho análisis de sus datos. Por tanto, la información de que disponemos sobre los usua­rios está basada en la opinión de los responsa­bles de los telecentros. La información que si­gue se refiere a una pequeña muestra de tele­centros y no es completa. El telecentro de Eg­vad (Dinamarca) ofrecía 11 cursos a un total de 130 clientes en el otoño de 1986 y la primavera de 1987. El telecentro noruego de jevnaker ha atendido en exhibiciones y demostraciones a unos 500 visitantes, y hay cinco establecimien­tos que lo utilizan regularmente. En el telecen­tro de Vamdalen (Suecia) están siguiendo cur­sos 150 personas por semana, y en 1986 se atendió personalmente a 30 usuarios sobre te­mas de contabilidad. Otro telecentro sueco, el de Stugun, da servicio habitual a 70 pequeñas empresas.

Evidentemente, las características de los usuarios reflejan los objetivos básicos de cada telecentro. Pero la impresión general de los responsables de los telecentros es que se trata de una clientela muy heterogénea, sin que des­taque ningún grupo de edad o capa social. Si esta información es correcta, tendería a indicar que los usuarios del telecentro son más hetero­géneos que los usuarios del Teletel en Francia, lo que reforzaría las pretensiones "democráti­cas" de los telecentros escandinavos. Pero para probar esta hipótesis se necesitaría una infor­mación más sistemática.

 

El futuro de los telecentros

 

El concepto del telecentro es todavía bajo, y sus resultados modestos y variados. En muchas de sus actividades los telecentros compiten con otras organizaciones públicas y privadas: em­presas privadas de consultoría (servicios de contabilidad, ventas y gestión), tiendas de infor­mática (exhibición y venta de productos infor­máticos), bibliotecas públicas y centros cultura­les (conocimientos generales de informática), centros de servicios tecnológicos financiados con fondos públicos (servicios varios relaciona­dos con la tecnología), etc.

¿Cuál es, entonces, el futuro de estos telecen­tros? Tras esta primera fase de implantación y ensayo son posibles varias líneas de desarrollo. En primer lugar, y a pesar de la amplitud de sus objetivos iniciales, los telecentros podrían especializarse, como ya han hecho algunos, convirtiéndose simplemente en negocios autó­nomos o en departamentos de grandes empre­sas, centrándose en la oferta de servicios no sa­tisfechos por otras entidades (por ejemplo, ase­soría y formación en informática). La segunda posibilidad es que, una vez pasado el primer período de prueba, los telecentros desaparez­can como tales, traspasándose sus actividades a otras organizaciones.

La tercera línea de desarrollo es la que co­rrespondería a las ambiciones iniciales de algu­nos líderes de este movimiento, es decir, que los telecentros se conviertan en un lugar donde se faciliten distintos tipos de actividades y ser­vicios relacionados con las nuevas tecnologías de la información. En este último caso, para al­canzar esos ideales se necesitarían más recur­sos de los actuales disponibles. Por tanto, el posible impacto de los telecentros en las comuni­dades locales y en el desarrollo regional de­penderá de las líneas de desarrollo que deci­dan los responsables de los telecentros.

 

EL MODELO FRANCES: TELETEL

 

Teletel es el sistema nacional francés de vi­deotex, controlado por el Ministerio de Co­rreos, Teléfonos y Telégrafos (el "PTT") y que funciona con la red pública de teléfonos. Se tra­ta del famoso Minitel, por el nombre del termi­nal de pantalla y teclado del que se sirven los usuarios para conectar con el sistema. El Tele­tel se ha desarrollado en un período inferior a 15 años.

 

La fase de desarrollo

 

Los primeros experimentos técnicos con el videotex se iniciaron en Francia a principios de los años 70. Se estudiaron dos líneas de desa­rrollo. La primera consistía en diseñar una guía de teléfonos electrónica para sustituir las guías impresas. La segunda línea consistía en desa­rrollar un servicio público de videotex. Los en­sayos técnicos llevaron a la creación de una se­rie de equipos y programas, entre ellos un pe­queño terminal de vídeo polivalente, distinto de los monitores normalmente utilizados en los sis­temas de videotex de otros países, y que se co­nectaría a la red de teléfonos.

Entre 1981 y 1983 se hicieron una serie de experimentos, siempre respaldados por los PTT, con el fin de probar estos nuevos sistemas sobre el terreno. Se distribuyeron 4.000 termi­nales en Ille‑et‑Vilaine, Bretaña, para interesar a la población y así comprobar las posibilida­des de una guía de teléfonos electrónica a gran escala. Los resultados de este estudio fueron concluyentes a juicio del ministerio. Al mismo tiempo, en otras regiones se lanzaban una serie de ensayos sobre aspectos técnicos y de servi­cio del videotexto. Se colocaron terminales en lugares públicos como las estaciones de ferro­carril, las oficinas de correos, las oficinas públi­cas, etc., aunque la mayoría se situaron en do­micilios privados. De todos estos proyectos, el más decisivo para el futuro del videotex en Francia fue la experiencia Teletel 3V, con la instalación de 2.200 terminales en domicilios particulares. Se ofrecían básicamente dos tipos de servicios: información de carácter general (transportes públicos, servicios bancarios, servi­cios municipales, horarios de programación de TV, oferta local de entretenimiento, etc.) y co­rreo electrónico, en el que la gente podía en­viar y recibir todo tipo de mensajes.

Aunque no todos los proyectos tuvieron éxito, estos primeros experimentos ayudaron a las or­ganizaciones públicas y privadas a descubrir el potencial del videotexto y la forma de utilizarlo para promover sus servicios. Sin embargo, y al contrario de los telecentros escandinavos, las experiencias francesas no incluían el objetivo de fomentar la economía y el empleo a nivel lo­cal o de promover la vida de la comunidad. Los beneficios económicos y sociales serían un sub­producto del desarrollo técnico del videotex.

Como resultado de estos experimentos, en 1982 se lanzó la guía electrónica nacional de te­léfonos, combinada con una reducida selección de servicios de videotex. En 1984 quedaron abiertos al público y a los profesionales cente­nares de servicios: el ministerio distribuyó gra­tuitamente cientos de miles de terminales (los "minitel"). A partir de ese momento el sistema Teletel superaba la fase experimental y se con­vertía en un servicio comercial.

En 1985 y 1986 se distribuyeron más termina­les y se ofrecieron más servicios. Pero la popu­laridad del Teletel creció con tal rapidez que en junio de 1985 la red de comunicaciones que­dó saturada y se vino abajo. Hubo que instalar nuevos equipos para hacer frente al aumento de la demanda.

 

El Teletel actual

 

En la actualidad, Teletel es el servicio públi­co de videotex más importante del mundo en función de muchos criterios: número de terminales, cobertura geográfica, cantidad y varie­dad de servicios. En el otoño de 1987 había más de tres millones de minitels instalados en domi­cilios particulares y en empresas de toda Fran­cia. El Ministerio de Correos, Teléfonos y Telé­grafos pretende distribuir en los próximos ocho años, gratuitamente, otros siete millones de ter­minales, a razón de unos 80.000 mensuales.

En noviembre de 1987 había unos 7.000 sumi­nistradores de información y de otros servicios, tanto públicos y privados, cubriendo todo el país y hasta los territorios de ultramar. El Tele­tel se ha convertido en un supermercado elec­trónico.

Básicamente, los servicios ofrecidos entran en tres grandes categorías. En primer lugar está la guía electrónica nacional, que contiene los números de todos los abonados franceses. En el segundo tipo de servicios tenemos distin­tas variantes del correo electrónico, que permi­te a grupos de personas con intereses comunes intercambiarse mensajes. El tercer grupo de servicios, el más heterogéneo, permite a los usuarios jugar con el ordenador, hacer pedidos comerciales, hacer reservas (hoteles, trenes, aviones), obtener todo tipo de información (noti­cias, anuncios por palabras, decretos municipa­les, horarios de los cines, restaurantes, avisos prácticos, etc. ), realizar transacciones financie­ras, etc.

Una de las peculiaridades del Teletel es el sistema de tarifas. A diferencia de las llamadas a larga distancia, el coste de utilización del Te­letel no está relacionado con la distancia de la llamada, sino únicamente con la duración de ésta. Por ejemplo, las llamadas se cobran a tan­to los 45 segundos de uso. Además, la mayoría de los servicios del Teletel son gratuitos: los usuarios sólo pagan la comunicación telefónica. Por otro lado, algunos servicios, sobre todo los de tipo profesional, tienen una cuota de abono. Los consumidores pagan sus servicios de video­tex en la cuenta de teléfonos, y a su vez la ad­ministración del sistema paga a los suministra­dores de servicios.

Durante los seis primeros meses de 1986 se registraron 13 millones de horas de conexión al servicio Teletel. El servicio más utilizado, con mucho, es la guía electrónica, seguido por el correo electrónico y los juegos. Un sondeo rea­lizado en la primavera de 1986 entre 1.700 usua­rios a domicilio muestra que el 83% de los en­cuestados están satisfechos o muy satisfechos de la utilización de sus terminales (Direction Générale des Télécommunications, 1986).

Pero no todo es perfecto. En primer lugar, el 46% de los usuarios considera los servicios de Teletel caros o muy caros. En segundo lugar, el consumo de servicios se debe sobre todo a una pequeña minoría de usuarios frecuentes: la ma­yoría de los terminales sólo se utilizan una vez a la semana o menos, y sólo el 6% se utiliza a diario (Le Monde, 1986). En tercer lugar, el Minitel no tiene una utilización igualitaria en la socie­dad francesa. Por ejemplo, dos tercios de los usuarios son menores de 40 años, y la mitad procede familias de clase media y alta. La pro­porción del grupo de edad entre los 10 y los 40 años sobre el total de la población francesa es del 45 por ciento, y la proporción de familias de clase media y alta es muy inferior al 50 por ciento. Desgraciadamente, y a la vista de los datos actualmente disponibles, es imposible concluir si esta distribución de los usuarios es más o menos discriminatoria desde el punto de vista social que la observada en los telecentros escandinavos.

El Teletel ha tenido un gran impacto econó­mico e industrial en Francia. Con la construc­ción de esta red de videotex, el Ministerio ha inyectado en la industria electrónica francesa más de 1.100 millones de dólares. Se han crea­do muchas empresas. Se ha puesto a la venta gran cantidad de nuevos productos, desde pro­gramas de aplicación y equipos adicionales hasta accesorios especiales, por ejemplo mue­bles especialmente diseñados para el Minitel. El número de empleos creados gracias al Tele­tel se calcula entre 10.000 y 30.000. Como no parece haber un estudio a fondo, estas cifras sólo pueden ser orientativas. Además se ignora el resultado neto, es decir, los empleos creados menos los empleos perdidos. En 1986 el Minis­terio de Correos, Teléfonos y Telégrafos tuvo unos ingresos por este concepto de cerca de 100 millones de dólares, a los que hay que aña­dir otros 130 millones entregados a los suminis­tradores de servicios. Finalmente, el Teletel ha tenido un gran éxito también en el mercado ex­terior, pues son varios los países que han adqui­rido la tecnología francesa de videotex: en el otoño de 1986 se habían exportado ya más de 70.000 terminales.

 

Las razones del éxito

 

Aunque muchos otros países han intentado, y en cierta medida conseguido, desarrollar siste­mas públicos de videotex, ninguno se acerca al éxito del sistema francés. Las razones de este éxito son múltiples. La más importante, con toda probabilidad, es el papel rector desempeñado por el gobierno francés a través del Ministerio de Telecomunicaciones, el PTT. Esta organiza­ción adoptó una estrategia global, apoyando la investigación inicial, definiendo las normas téc­nicas, desarrollando el sistema, e invirtiendo grandes cantidades de dinero. El sistema, ade­más, está controlado en todo el país por la mis­ma compañía de teléfonos, lo que elimina pro­blemas de compatibilidad técnica y organizati­va.

La estrategia adoptada por el PTT, una estra­tegia de orientación comercial, ha sido un factor significativo del éxito. Uno de los pasos clave fue la distribución gratuita de cientos de miles de terminales, lo que garantizó de partida un amplio mercado a cualquier empresa que qui­siera vender sus servicios a través del videotex. Se rompió así el círculo vicioso de otros países, en los que la gente se resiste a comprar el ter­minal de videotex en tanto no existan buenos servicios, mientras que las empresas vacilan en lanzarse al negocio del videotex al no contar con un número amplio de potenciales clientes.

Basándose en los primeros experimentos lo­cales se hicieron una serie de recomendacio­nes sobre las condiciones indispensables para que el sistema de videotex resultara satisfacto­rio para el público (Départment des Landes, 1986). Son las siguientes:

 

‑ servicios variados y en constante renova­ción.

‑ diseño de los mensajes adaptado al nuevo medio, sin limitarse a transferir la versión impresa en papel.

‑ servicios centrados en las expectativas y necesidades locales (uno de los principios que subyacen en los telecentros escandi­navos), en lugar de servicios dirigidos a una población indiferenciada.

‑ actualización y exactitud de la información.

‑ posibilidades de interacción, de forma que los usuarios puedan resolver con rapidez sus problemas de información.

 

El Teletel parece reunir todos estos requisi­tos, aunque esto no quiere decir que se haya desarrollado teniéndolos expresamente en cuenta. Por ejemplo, los actuales servicios de Teletel no parece que se estén creando sobre la base de estudios sistemáticos de las necesi­dades del público, sino más bien con la simple idea de que "hay mercado" para ellos. Cuando el mercado no existe, el servicio, simplemente, desaparece.

 

¿QUÉ MODELO ELEGIR?

 

El sistema francés de videotex, el Teletel, es un sistema muy avanzado y con buenas pers­pectivas de futuro. Dado su éxito, parece evi­dente que responde a las necesidades del pú­blico, o al menos a una importante demanda.

Por su parte, los telecentros escandinavos son relativamente nuevos y su futuro no es seguro. ¿Habrá que concluir que el modelo escandina­vo, el telecentro, es un fenómeno meramente transitorio, que durará hasta que cada persona y cada empresa tenga acceso directo a la tec­nología de la información que necesiten, más o menos como sucede en el modelo francés?

La respuesta es, probablemente, no, pues los dos modelos de utilización de las tecnologías de la información tienen algo distinto que ofrecer. Un sistema de videotex como el Teletel es pro­bablemente mejor para uso "individual", para obtener un servicio o información relativamente barato y fácil de obtener personalmente (por ejemplo, consultar una base de datos, enviar mensajes personales, realizar transacciones pri­vadas, etc.). Por otro lado, los telecentros pue­den ofrecer servicios que el sistema de video­tex no ofrece o que resultan muy caros: prue­bas y demostraciones de nuevas tecnologías, formación y asesoría en el uso de equipos o programas concretos, alquiler de equipos caros (por ejemplo, estudios de radio y TV, conexión con bases de datos muy caras o complicadas), posibilidad de mutuo aprendizaje, posibilidad de influir colectivamente en el desarrollo de las tecnologías de la información, etc.

Se puede imaginar incluso una utilización combinada de ambos modelos. Por ejemplo, en países en donde las tecnologías de la informa­ción no estén muy desarrolladas, los telecentros pueden servir para iniciar a la gente y ayudar­les a elegir el tipo de tecnología que necesitan, que puede ser el propio videotex. Del mismo modo, se podría utilizar el videotex para rela­cionar a personas con intereses comunes, las cuales podrían reunirse luego en un telecentro para planear y realizar actividades y proyectos comunes.

En suma, parece perfectamente posible vis­lumbrar un desarrollo paralelo de ambos mode­los. De hecho, esta coexistencia es ya una reali­dad tanto en Escandinavia como en Francia. Aunque a escala aún reducida, existen en Es­candinavia varios sistemas de videotex que ofrecen servicios similares a los del Teletel (por ejemplo, consulta de bases de datos, operacio­nes bancarias, correo electrónico, etc. ). En Di­namarca, por ejemplo, se calcula que en 1990 habrá unos 30.000 usuarios de sistemas videotex (Sepstrup and Olander, 1986).

A su vez, en Francia existen muchas organi­zaciones aparte de Teletel que se ocupan de las tecnologías de la información. Tenemos, por ejemplo, la red X2000, creada en 1984 y a la que en 1986 estaban abonados 125 centros tele­máticos repartidos por todas las regiones de Francia. Los principales objetivos de los centros X 2000 son bastante similares a los de los tele­centros escandinavos: informar al público sobre las nuevas tecnologías de la información, ofre­cer formación profesional, realizar experiencias en el campo de la informática y la tecnología de la información.

Por tanto, no habría que plantear la cuestión en términos de qué modelo de tecnología de la información sería mejor. Lo más razonable sería reconocer el valor de ambos modelos para preguntarse a continuación cuál de ellos es más adecuado en un contexto concreto o en función de los objetivos que se persiguen.

 

CONCLUSIÓN

 

El desarrollo de la tecnología de la informa­ción puede asumir varias formas. Lo que aquí hemos llamado los modelos escandinavo y fran­cés son solamente dos de las formas posibles. Sea cual fuere el modelo, su éxito hay que juz­garlo por dos criterios, que no se excluyen uno a otro: rentabilidad comercial y utilidad pública. En ambos casos se necesita una adecuada eva­luación.

Aunque puede tener muchas facetas, la ren­tabilidad comercial se puede valorar de mane­ra bastante directa utilizando criterios objetivos: por ejemplo, en el caso del Teletel, el total de las inversiones públicas, el número de equipos instalados y el total de la facturación del Minis­terio y de los suministradores de servicios. La utilidad pública y las ventajas sociales, implíci­tas en los objetivos de muchos telecentros (pro­mover la vida de la comunidad, ayudar a la gente a incorporarse a la sociedad de la infor­mación), son mucho más difíciles de valorar. Para poder demostrar su valor en este punto, los telecentros,(y también el Teletel, ¿por qué no?) deberían ser más rigurosos en la definición de sus objetivos, de los medios utilizados para alcanzarlos y de los métodos de evaluación a utilizar. Si no logran cumplir con estos requisi­tos, los telecentros escandinavos, como ha ocu­rrido con los primeros proyectos franceses de videotex, tendrán que adoptar el criterio de rentabilidad comercial para poder sobrevivir.

En Dinamarca, por ejemplo, se han lanzado recientemente proyectos sumamente ambiciosos sobre el uso de las nuevas tecnologías como instrumento de desarrollo regional. Aparte de los experimentos sociales en el campo„ de las nuevas tecnologías de la información, de los que ya hemos hablado, están en marcha otros dos proyectos. En el invierno de 1987/88 se ha puesto en marcha en Jutlandia del Norte un proyecto relacionado con las nuevas tecnolo­gías de la información, respaldado por la CEE, y con una financiación de unos 200 millones de coronas (30 millones de dólares). A comienzos de 1988 se pondrá en marcha otro gran proyec­to regional en el sudeste de Dinamarca. Ambos proyectos serán seguidos y evaluados por so­ciólogos.

En cualquier caso, la evaluación de las tecno­logías de la información, debido a la rapidez de su desarrollo, será siempre un esfuerzo proble­mático. Es como tratar de fotografiar un objeto en movimiento: si la técnica no es rápida y exacta, lo único que se obtiene es una imagen borrosa y de escasa utilidad.

 

REFERENCIAS

 

Départment des Landes: Les petites communes el l'informatique, présentation de neuf expériences. Collection "Décentralisation", se­rie Techniques locales. Paris, La Documentation Française, 1986.

Direction Générale des Télécommunications: Enquéte sur l'utilisation de Télétel en France. La lettre de Télétel, n 9, 10‑13, Paris, PTT, Télécommunications, 1986.

Le Monde. Télématique. Suplemento del número 12952, 19 de septiembre de 1986.

Naisbitt, john: Megatrends: Ty nye tendenser aendrer vores liv. Chr. Erichsen, Copenhague, 1983, 303 p.

Orwell, George: 1984. Glydendal. Copenhague 1975 (edición on­gmal de 1948). 245 pp,

Sepstrup, P. y F Olander Forbrugerinformation i de elektroniske medien

NEK‑rapport. 1986:6. Nordisk Embetsmannskomité for konsu­mentsporgsmal. Cóteborg, 1986.

Telestugor i nordisk og globalt perspektiv: en konferencerapport.

Fóreningen av Informationstechnologiska lokalcentra i Norden (FI­LIN). Ostervad, 1987.

Toffler, Alvin: The third wave.

Bantam Books. New York, 1981. 537 pp.