La experimentación social de las Nuevas Tecnologías de la Información en Escandinavia

 

Lars Qvortrupp

 

Los Centros de Información y de Servicio de la Comunidad (C.I.S.C.) creados en Noruega, Di­namarca y Suecia pueden tener valoraciones muy diferentes. Potencialmente, sin embargo, son instrumentos vitales para la renovación cualitativa de la sociedad.

 

Los objetivos de este artículo son:

1. Presentar al lector una creación escandinava de org­ware (sistemas de organiza­ción): el “Centro de Informa­ción y de Servicio de la Co­munidad”;

2. Responder a la pregunta acerca de la me­dida y el modo en que estos “Centros de Infor­mación y de Servicios de la Comunidad” pue­den ser considerados como “experimentos so­ciales con tecnologías de la información”.

 

1.   EL CENTRO DE INFORMACIÓN Y         DE SERVICIO DE LA COMUNIDAD. ESTRUCTURA Y FUNCIONES

 

En Suecia, Noruega y Dinamarca se han ins­talado (o están instalándose) una serie de llama­dos Centros de Información y de Servicio de la Comunidad (CISC). Su principal objetivo consiste en proporcionar a las comunidades rurales aisladas acceso a los servicios de telecomunica­ción. En lugar de enlazar casas particulares con una red, los grupos de trabajo encargados de estos proyectos han optado por concentrar ins­talaciones de T.I. (tecnología de la información) en “telecasas” especialmente diseñadas que se encuentran dotadas de equipo de vídeo y E. D. P., que de este modo queda a la disposi­ción de todas las comunidades locales afecta­das. Las instalaciones tienen como finalidad su uso tanto comercial como privado, con receptor de televisión por satélite, telecompra, servicios, interactivos de Consejo al Ciudadano, etc.

Evidentemente el suministro público de insta­laciones de T.I. pretende en parte dotar a las comunidades rurales más pequeñas y a las em­presas aisladas de una infraestructura informáti­ca que exigiría una inversión demasiado eleva­da para hacerse individualmente. Pero también pretende en parte reforzar tecnológicamente a esas comunidades con el fin de ayudarlas a elu­dir las amenazas gemelas de la estagnación económica (resultado en otro caso inevitable de la centralización comercial y administrativa), y del empobrecimiento cultural (como resultado de la centralización cultural y la sustitución de las actividades culturales locales por el consu­mo aislado del pasivo ocio de la televisión).

 

1.1. DEFINICION DE TRABAJO PARA EL CONCEPTO DE CISC

 

El CISC fue inventado en Dinamarca y su concepto evolucionó a partir de un llamado “teleproyecto” en el distrito rural de Lemvig. La versión inicial del primer proyecto de CISC fue bosquejada en diciembre de 1984. Sin embar­go, la inspiración del mismo derivaba de pro­yectos que en muchas otras partes del mundo se encontraban informados por ideas semejan­tes. Por ejemplo, en los EE.UU. ya se habían realizado experimentos con los llamados “Cen­tros de Información Comunitarios” durante los años setenta (cf. Manfred Kochen y Joseph C. Donohue, eds., Información para la comunidad, Chicago, 1976).

El CISC puede definirse como un centro en el que se ponen aparatos de N. T.I. (nuevas tec­nologías de la información) a la disposición de los ciudadanos de una comunidad local concre­ta cuya típica situación geográfica es marginal, con el fin de dar un uso común a las instalacio­nes disponibles. El objetivo del CISC es contra­rrestar ciertas desventajas geográficamente de­terminadas que la comunidad local afectada se había visto obligada a padecer, ya fueran de naturaleza económica, educativa o cultural, o ya se refirieran al empleo, a los servicios o a otras instalaciones de infraestructura.

Sin abandonar los límites de una definición de este tipo, es evidente que los diversos CISC disponen de organizaciones muy distintas. Pero por lo general todas (o la mayor parte de) las “telecasas”, como se las llama coloquialmente, ofrecen los siguientes servicios básicos:

- existe un servicio de información a la disposi­ción de la población local, con acceso a infor­mación municipal o comercial, a catálogos de bibliotecas y a otras bases de datos tanto na­cionales como internacionales;

‑ la gestión cotidiana del CISC se encomienda a un asesor de N.T. I., que ayuda a los comer­cios y organizaciones locales a sacar el mejor partido del equipo disponible;

- las instalaciones se acondicionan para el tra­bajo a distancia, y el suministro por el CISC de un número de estaciones de trabajo próximas entre sí permite a los trabajadores man­tener la sensación de lugar de trabajo.

‑ se ofrecen cursos de educación en T.I. (cur­sos de introducción a los ordenadores, por ejemplo), y por medio de las T.I. (C.A.L., C.A.T. y tutorías del tipo “Universidad Abier­ta”, por ejemplo);

‑ se ofrecen instalaciones de telecomunicación que permiten a los ciudadanos locales comu­nicarse con el resto del mundo, ya sea dentro o fuera de las fronteras nacionales, utilizando, por ejemplo, terminales de teletexto o telefax;

‑ el CISC desempeña un papel en la vida polí­tica y cultural de su comunidad, fundamental­mente por medio del suministro de espacios e instalaciones para reuniones, pero propor­cionando también información municipal y provincial y permitiendo a los ciudadanos lo­cales contemplar juntos programas de televi­sión nacionales e internacionales, etc., etc.

 

1.2. LOS CISC EN LOS PAISES ESCANDINAVOS: PANORAMA GENERAL

 

En el momento de escribir este artículo se han proyectado y se están instalando CISC en tres distritos rurales de Dinamarca: en Lemvig (donde se están construyendo tres), en Egvad (se han proyectado cinco) y en la pequeña isla de Fejo, en el distrito rural de Ravnsborg (un CISC). Recientemente el gobierno danés ha aprobado la concesión de 11 millones de coro­nas para subvencionar el coste de estos experi­mentos. En Noruega se han proyectado CISC en Vardo y Hamarey (en la parte septentrional del país) y en Gjesdal, cerca de Stavanger. En Suecia, el primer CISC plenamente equipado que se ha abierto ha sido el de Vemdalen, pe­queño pueblo del distrito rural de Hárjedalen, y se han proyectado otros tres más en la misma demarcación para los pueblecitos de Sveg, Hede y Funásdalen.

 

Dinamarca

 

Como ya he mencionado, la idea original del CISC cristalizó inicialmente a finales de 1984 en el distrito rural de Lemvig, en el noroeste de Jutlandia, como elemento angular de un proyec­to que pretendía respaldar el desarrollo global, tanto cultural como social y económico de la zona. Existen planes para abrir tres “telecasas”: uno en Fjaltring, pueblo cercano a la costa oes­te de Dinamarca que cuenta con un total de 150 viviendas en el pueblo mismo y en los distritos de las afueras; otro en Norre Nissum, centro agrícola local, 20 kilómetros al nordeste de Fjal­tring y 10 al este de Lemvig, que tiene cierto número de instituciones educativas y unos 1.400 habitantes; y otro más en el mismo Lem­vig, capital de la provincia, que cuenta con más de 7.000 habitantes. En el momento de escribir el presente artículo estos tres CISC están sien­do plenamente equipados y se encuentran a punto de ser operativos. La relativa proximidad que los une facilita una estrecha colaboración técnica, lo que significa que ‑en tanto que los tres poseen el mismo equipo básico‑ cada uno de ellos también puede albergar a su vez su propio equipo especializado en beneficio de los otros dos. A la vez, sus condiciones sociales particulares son lo suficientemente distintas ‑el pueblo remoto, el pequeño pueblo y la capital provincial‑ como para garantizar la explora­ción del potencial total que encierra el concep­to de CISC.

Todavía en Jutlandia, y aproximadamente 75 kilómetros al sur de Lemvig, se encuentra el distrito rural de Egvad ‑de nuevo escasamen­te poblado según los parámetros daneses‑, predominantemente agrícola y con un desem­pleo superior a la media. Aquí se han proyecta­do cinco CISC que deberán realizar ‑entre otras cosas‑ experimentos relacionados con el suministro y los servicios de información, inclu­yendo un servicio de biblioteca conectado a las instalaciones de biblioteca ya existentes. Se lle­varán a cabo otros experimentos adicionales mediante el suministro de un servicio de aseso­ría comercial para las industrias locales de fa­bricación, agrícolas y de servicios; y el trabajo a distancia también ha sido previsto. Las autori­dades locales del distrito rural se encuentran interesadas en mejorar sus servicios a los ciu­dadanos de las zonas más alejadas utilizando los CISC como “oficinas municipales descentraliza­das”, y esperan poder suministrar, con ayuda de los mismos, medios de educación más efica­ces tanto para adultos como para niños. Entre otras cosas, se han planeado cursos para am­pliar la preparación que ya se posee y de nue­va formación, además de talleres abiertos de ordenador. Finalmente, los CISC del distrito ru­ral de Eqvad deben proporcionar el armazón para proyectos sanitarios de prevención y de cuidados inmediatos mejorados, facilitando una estrecha colaboración entre médicos, enferme­ras del distrito, asistentes familiares y trabajado­res sociales, quienes tendrán acceso inmediato a hospitales, dispensarios médicos y oficinas de la seguridad social.

Por último, en Dinamarca, un proyecto de CISC ha abandonado ya el tablero de dibujo para pasar a su realización en una pequeña isla llamada Fejo, situada hacia el sur de Zelandia. La habitan 700 personas, pero a lo largo de los últimos 20 ó 30 años se ha producido una nota­ble disminución del número de isleños local­mente empleados en actividades necesarias para el normal mantenimiento en ella de un ni­vel de vida razonable. Instituciones pública­mente subvencionadas, como la escuela, el asi­lo de ancianos, correos y la práctica médica lo‑. cal, siguen intactas, pero su permanencia se ve amenazada por tener una clientela tan limitada. Así, el experimento del CISC de Feje pretende ser un intento de disminuir o solucionar los pro­blemas del aislamiento geográfico a que se ven sometidos los habitantes de muchas de las 483 islas que ‑junto con la península de JutIan­dia‑ constituyen la actual Dinamarca. Se han proyectado servicios de asesoría agrícola y co­mercial, de ampliación de la educación, así como otros servicios públicos a través de las N. T. I.

 

Noruega

 

También en Noruega, como mencioné ante­riormente, hay tres proyectos de CISC en el ta­blero de dibujo. Se abrirán dos de ellos en las zonas más septentrionales del país, dentro ya del Círculo Ártico: uno en Varde, en el extremo nordeste del país, y otro en Hamaroy, una de las islas Lofoten más próxima a la tierra firme noruega. Vardo cuenta con un total de aproxi­madamente 3.300 habitantes, y Hamardey tiene más de 2.000, pero las poblaciones de estas dos regiones están decreciendo debido a su aisla­miento geográfico y a la falta de trabajadores técnicamente cualificados. No obstante, a pesar de haber abandonado muchos de sus habitan­tes más jóvenes estas regiones para buscar tra­bajo en el sur, siguen padeciendo una elevada tasa de desempleo, que en la actualidad sólo puede remediarse recurriendo a proyectos al­ternativos de empleo públicamente subvencio­nados. Así, los dos CISC del norte de Noruega han sido proyectados fundamentalmente como centros experimentales de trabajo a distancia, con estaciones para procesamiento de datos y de textos. Se espera, no obstante, que también cumplan cierto número de funciones para los servicios públicos.

El tercer experimento noruego de CISC está previsto que tenga lugar en el otro extremo del país ‑en la región del suroeste‑, en Gjesdal, distrito rural que hace frontera con Stavanger. En Gjesdal existen industrias agrícolas y de fa­bricación, pero allí lo que el CISC pretende ofrecer fundamentalmente son instalaciones de trabajo a distancia para los que antes se despla­zaban desde Stavanger.

 

Suecia

 

El primer CISC plenamente equipado que se abrió en Escandinavia fue el de Vemdalen: “Härjedalens Telestugá”. Situado no lejos de la montañosa frontera noruega, Vemdalen es un pequeño pueblo rural de 800 habitantes. Se en­cuentra a 125 kilómetros de la ciudad grande más cercana, Ostersung (de 50.000 habitantes) y 400 kilómetros al oeste de Estocolmo, capital de Suecia.

Härjedalens Telestuga” se encuentra equipa­do con aparatos de teleimpresión y envío de facsímiles, videotex interactivo y quince orde­nadores personales. A finales de 1986 el PTT sueco, “Televerket”, instalará equipo receptor de televisión por satélite, así como de comuni­cación por vídeo con acceso por microenlace de dos vías a la universidad local, situada en Ostersung, y a la administración municipal de Sveg, que se encuentra a 60 kilómetros de dis­tancia. En total, la “telecasa” de Häárjedalen de­berá proporcionar a la comunidad del pueblo seis servicios básicos:

         1. Obtención de información. La población lo­cal puede obtener información de la admi­nistración municipal, de la biblioteca local y de bases de datos nacionales e internaciona­les.

         2. Servicio de consultoría. Se emplea un consul­tor a tiempo completo. Proporciona un servi­cio de asesoría a las pequeñas empresas de la comunidad, programas de ordenador para diseño de trajes o sastrería, etc. El consultor es también el director del CISC y da cursos de preparación y de ampliación de la forma­ción para adultos en E. D. P. y TI

         3. Trabajo a distancia. El CISC de Vendalen proporcionará instalaciones de trabajo a dis­tancia para los trabajadores locales. Cuando se vive en Vendalen a menudo hay que re­correr de 50 a 100 kilómetros para llegar al lugar de trabajo (y las cifras de desempleo superan con mucho la media). Pero en un fu­turo se instalará en la “telecasa” cierto núme­ro de estaciones de trabajo administrativo. Por consiguiente, es condición previa que el trabajo a distancia no lo sea “en casa”, pero se trata de una actividad común que sirve de apoyo a un compañerismo laboral. También es requisito previo que los sindicatos acep­ten las condiciones de trabajo, salarios, etc. En la actualidad se han creado cuatro pues­tos de trabajo en los CISC, y a finales de 1986 existirán ocho estaciones de trabajo.

         4. Formación y educación. Aun antes de la apertura oficial del CISC de Vendalen, el 10 por ciento de los 800 habitantes de esa loca­lidad había finalizado en su “telecasa” un cur­so de introducción a los ordenadores. En una etapa posterior el CISC ofrecerá paquetes educativos a grupos de estudio, en los que se combinarán la formación asistida por or­denador e instalaciones de comunicación por vídeo con el acceso a la universidad de Os­tersund.

         5. Comunicaciones nacionales e internaciona­les. Todos los habitantes locales de Venda­len pueden utilizar en el CISC aparatos de teleimpresión y envío de facsímiles para co­municaciones nacionales e internacionales. Se considera que es importante para las pe­queñas firmas locales, que no pueden permi­tirse la compra de aparatos privados. Pueden utilizar su “telecasa” como oficina de correos electrónica ‑enviando mensajes o usándola como buzón de correos común.

         6. Un ayuntamiento electrónico. Härjedalens Telestugá” no se dedica únicamente a las  ac­tividades comerciales y de educación.

Pretende también convertirse en un centro para la vida cultural y política de la comunidad. En la primera fase existe acceso interactivo por videotexto a información de la municipalidad y de la biblioteca local. Pero en una etapa poste­rior, a finales de 1986, el PTT sueco, “Telever­ket”, instalará equipo de recepción de televi­sión internacional por satélite. La gente podrá reunirse entonces en la sala de Telestuga para ver la televisión, discutir la política local (con acceso a la información relevante), y arreglar citas por vídeo a larga distancia con grupos de interés de toda la comunidad rural de Härjeda­len o de cualquier otro lugar de Suecia. Así pues, “Härjedalens Telestuga” pretende operar como verdadero ayuntamiento electrónico de la co­munidad de Vendalen.

 

2. EL CISC: ¿VERDADERO EXPERIMENTO SOCIAL CON TECNOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN?

 

Una vez presentados los CISC escandinavos desde un punto de vista funcional, quisiera cen­trarme en la cuestión de la medida y el modo en que verdaderamente puede considerarse que estos CISC son “experimentos sociales con tec­nologías de la información”. Por lo tanto, no se trata de las funciones prácticas que cumple para la comunidad local: también se han de va­lorar las perspectivas sociales del experimento de los CISC.

 

2.1. ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA EXPERIMENTACIÓN SOCIAL CON T.I.

 

El concepto de “experimentos sociales con tecnologías de la información” fue acuñado en Francia. En diciembre de 1976 el presidente Giscard d'Estaign pidió a Simon Nora, alto fun­cionario del Ministerio de Finanzas francés, que preparase un informe “para estimular el pensa­miento acerca del modo en que debía llevarse a cabo la informatización de la sociedad”. Nora publicó en unión de Alain Minc L'informatisa­tion de la société (1978), que pronto se convirtió en un éxito de ventas. Por supuesto, Nora y Minc fueron plenamente conscientes de las im­plicaciones económicas que encerraba una po­lítica gubernamental para la informatización. Pero para ellos eran las cuestiones políticas más amplias las que presentaban la máxima im­portancia:

“Los efectos sociales de la telemática”, escri­bieron, “son sin duda más importantes que sus efectos económicos, pues sumergen en el de­sorden los tradicionales juegos del poder” (op. cit., p. 49). El gobierno debía intervenir, subra­yaban, contrarrestando por ejemplo la tenden­cia a las redes y bases de datos centralizadas.

El informe provocó una rápida y preocupada respuesta de Giscard d'Estaign en la que se in­cluía un plan para la construcción de un red de cable de fibra óptica en Biarritz a la que dio sus bendiciones un año y medio después de la pu­blicación del informe. El posterior gobierno so­cialista encabezado por el presidente Mitterrand también consideró que los experimentos con T.I. constituían una respuesta a las nuevas res­ponsabilidades sociales creadas por la nueva tecnología de la información. Y en octubre de 1982 el Instituto IDATE de Investigación de Montpellier organizó una conferencia interna­cional sobre “l'expérimentation sociale en télé­matique”. Louis Mexandeau (por entonces mi­nistro del P.T.T. francés) manifestó su entusias­mo declarando que los experimentos sociales con T.I. debían responder al menos a tres exi­gencias:

‑ deberán solucionar las deficiencias que pre­sentan los tradicionales estudios de mercado para la tecnología (no se puede predecir la demanda de unos servicios electrónicos a los que el público no ha tenido acceso con ante­rioridad).

‑ deberán proporcionar una base común de diálogo entre técnicos y científicos de lo so­cial, cuya colaboración es esencial para un próspero desarrollo de sistemas de informa­ción viables.

‑ y deberán tener lugar en contextos claramen­te definidos, permitiendo una supervisión, un control y un análisis científicos más sencillos, y reduciendo de ese modo los costes sociales así como los riesgos de inversión.

 

2.2. HACIA UNA CLASIFICACION ANALITICA MAS PRECISA DE LOS ACTUALES EXPERIMENTOS SOCIALES CON T.I.

 

Desde 1982, el concepto de “experimentación social con T.I.” ha prestado su nombre a estrate­gias sociales y comerciales muy distintas y que representan intereses y tendencias sociales muy diferentes, de tal modo que hoy el concep­to no ofrece una definición muy clara. En mi opinión, una clasificación analítica más precisa de la actual experimentación social con T.I. de­bería comenzar por lo tanto con el reconoci­miento de (al menos) las tres distinciones que existen entre los diferentes intereses sociales que defino a continuación.

 

Experimentos sociales: instrumentos de planificación gubernamental

 

Los experimentos sociales con T.I. han sido utilizados como herramienta para la planifica­ción por parte de los gobiernos de sistemas de T.I. Antecedente de ello es la voluntad política de reforzar la capacidad de la sociedad de que se trate para desarrollar y emplear de un modo socialmente aceptable el potencial latente de las nuevas T. I. La consecuencia ha sido que los experimentos sociales con T. I. han llegado a ser considerados como actividades modelo. Si se selecciona un “territorio social” concreto y se define como “laboratorio social”, pueden llevar­se a cabo proyectos de investigación muy deta­llados para valorar las consecuencias positivas y negativas de un sistema específico de T.L, y modificar posteriormente el modelo hasta po­der ampliarlo a toda la nación.

 

Experimentos sociales: instrumentos para los movimientos sociales populares

 

Los experimentos sociales con T.I. también han sido utilizados como herramienta de movi­mientos populares y de otros tipos. En cierta medida constituyen una respuesta a la predic­ción de Nora y Minc según la cual un desarrollo no regulado de las T. I. daría lugar a redes y ba­ses de datos muy centralizadas y en manos de compañías privadas. Se argumenta que no pue­de confiarse en los gobiernos nacionales para que entreguen a sindicatos, movimientos popu­lares, partidos minoritarios, etcétera, el poder que les otorgan las nuevas T.I. Por consiguiente, estos movimientos han adoptado medidas para iniciar por su cuenta organizaciones informáti­cas con el fin de cubrir necesidades concretas de intercambio de información y divulgación popular. Un ejemplo en Dinamarca es “Folkeda­tá”, “la Organización de Proceso de Datos del Pueblo”, y por toda Europa existe cierto número de casos semejantes.

 

Experimentos sociales: un servicio para las compañías privadas

 

Finalmente, los experimentos sociales con T.I. han sido utilizados como herramientas para la defensa de los intereses de compañías priva­das. Son muchos los experimentos iniciados por los proveedores de sistemas de T.I. (o para ellos) a fin de poner a prueba la eficacia de la tecnología en unas condiciones sociales “realis­tas”, con la intención de proceder a su modifica­ción y mejora posterior.

 

2.3. EXPERIMENTOS SOCIALES: TALLERES DE FUTURO FRENTE A LABORATORIOS SOCIALES

 

En parte como reacción ante esa función con­ceptual, la Comisión de la Comunidad Europea para el programa FAST estableció en 1985 una red de investigación europea sobre experimen­tos sociales con tecnologías de la información, cuya tarea consistiría en recoger información acerca de los experimentos realizados en los países europeos: para elaborar una definición normativa y para valorar las perspectivas socia­les y económicas de la estrategia de experi­mentación social.

La definición normativa que se propuso para el concepto de experimentación social con tec­nologías de la información fue la siguiente:

Los experimentos sociales con tecnología de la información son formas específicas de aplica­ción de la T.I.

- en las que el objetivo fundamental consiste en establecer nuevas formas de organización social que las utilicen;

‑ en las que las actividades y los consiguientes productos socio‑técnicos puedan utilizarse como modelos para una aplicación más am­plia ‑si bien necesariamente modificada en lo contextual‑ de otros sistemas de T.I. simi­lares;

‑ y en las que, a estos últimos efectos, los in­vestigadores independientes describen y va­loran el proceso de aplicación de que se tra­te, así como sus resultados.

 

Sin embargo, con posterioridad los investiga­dores europeos concretaron aún más su defini­ción insistiendo en la clara distinción entre, de una parte, “talleres de participación” (o, en pa­labras del distinguido futurólogo Robert Jungk, “talleres de futuro”), y por otro lado, “laboratorios sociales”. De acuerdo con esta clasificación los experimentos sociales caen bajo la categoría de “talleres de futuro” cuando se trata de institucio­nes mediante las que la sociedad en su conjun­to (y no simplemente las compañías directa­mente implicadas) puede promover vías social­mente beneficiosas para el empleo de la nueva tecnología informática. Puede defenderse que una condición previa de ello es que todas las partes involucradas en el desarrollo del sistema T. I. de que se trate ‑o influidas por él‑ parti­cipen en pie de igualdad en la toma de decisio­nes sobre la organización social y la aplicación del sistema en cuestión. Si éste no fuera el caso ‑como, por ejemplo, si el principal sujeto del experimento social es el fabricante de hardwa­re o de software, o un tercero ‑el experimento social no conferirá mayor categoría que la de “laboratorio social”.

 

2.4. LOS CISC ESCANDINAVOS: ¿LABORATORIOS SOCIALES O TALLERES DE FUTURO?

 

El trasfondo económico frente al que han sur­gido las iniciativas de CISC en Dinamarca, No­ruega y Suecia es una tendencia general hacia la centralización y la concentración de capital. En el distrito rural de Lemvig, por ejemplo, ese problema económico lo padece especialmente el sector agrícola, que refleja la tendencia ge­neral en Dinamarca. En 1950, 465.900 personas fueron empleadas en el sector agrícola en todo el país, pero en 1980 la cifra sólo alcanzó los 162.880. Y si las tendencias actuales continúan sin modificación, en 1990 sólo quedarán unas 30.000 granjas plenamente dedicadas. Con tan pocas granjas repartidas por toda el área rural de Dinamarca, serán muchos los servicios tradi­cionales pero vitalmente necesarios para los pequeños pueblos (tiendas locales, artesanos, escuelas, bibliotecas públicas, oficinas de co­rreos, etc.) que desaparezcan.

En Suecia puede detectarse una tendencia semejante. Allí el sector económico predomi­nante en las áreas rurales ha sido el forestal. Pero a causa de ciertos cambios estructurales y de los aumentos de productividad que se han registrado en esa industria en general, la indus­tria turística se ha convertido en la fuente de in­gresos más importante para una serie de distri­tos rurales del centro del país. Esto, al igual que en los distritos rurales de Dinamarca, ha hecho crecer las cifras de desempleo muy por encima de la media nacional. Y, como consecuencia adicional, nos encontramos con la pérdida de la identidad cultural del pueblo pequeño. La red social, con sus hogares y sus instituciones co­merciales, sociales y culturales, ya sean forma­les o no, se desmorona.

Por consiguiente, los objetivos declarados de los CISC escandinavos consisten en contrarres­tar, o en todo caso mitigar, algunas de las con­secuencias negativas de esas tendencias so­cioeconómicas aparentemente irreversibles. A través del suministro de servicios diseñados para servir de respaldo a las actividades co­merciales locales ‑servicios de asesoría e in­formación y de mejora de las telecomunicacio­nes‑ y proporcionando instalaciones de tra­bajo a distancia, se espera que los CISC pue­dan paliar algunos problemas económicos y de empleo a que se enfrentan las regiones margi­nales y crecientemente despobladas de las na­ciones escandinavas. A través del suministro de medios de educación (tanto por medio de las N. T. I. como en lo que se refiere al estudio de las mismas) y haciendo más inmediato el acce­so a la información de interés público desde centros de la administración regional y nacio­nal, los CISC pretenden solucionar algunas de las desventajas educativas y políticas a que se enfrentan las poblaciones socio‑geográficamen­te marginales. Y proporcionando servicios de biblioteca y recepción de televisión por satélite ‑y suministrando instalaciones para reuniones y conferencias 'los CISC pretenden mitigar al­gunas de las desventajas culturales inherentes a la vida en lugares remotos.

En la medida en que, no obstante, el CISC escandinavo es únicamente un intento de volver a poner el reloj en hora ‑un intento solamente de dar vida artificial a un cadáver, por así de­cirlo; o en la medida en que se trata de un in­tento más o menos deliberado de solucionar los problemas de la masificación urbana convirtien­do antiguos pueblos en ciudades‑dormitorio del extrarradio a un coste muy reducido para el contribuyente; y, en tercer lugar, en la medida en que el CISC es un experimento realizado so­bre las cabezas de la población de que se trate por parte de forasteros interesados; ya sea por alguna de estas razones o por otra cualquiera­no podremos evitar la conclusión de que los CISC escandinavos no alcanzan más categoría que la de “laboratorios sociales”. Como tal, el CISC es una institución de reactivación que sólo pretende reducir o aliviar las consecuencias negativas de unas tendencias socioeconómicas, pero que no pretende proporcionar ninguna al­ternativa cualitativa a las mismas. La perspecti­va se convierte entonces en frenar la despobla­ción, en lugar de repoblar; evitar que cierren las escuelas, bibliotecas y negocios, pero no en atraer nuevas actividades o proporcionar biblio­tecas o educación nuevas o mejoradas.

En un contexto semejante, los llamados “nue­vos” elementos que se pretendía que introduje­ran los CISC escandinavos ‑el servicio de con­sultoría para negocios, por ejemplo, o los cursos para adultos de ampliación o renovación de la formación, acompañados de instalaciones de trabajo a distancia, o la televisión por satélite­ no se funden en un proyecto total cuya pers­pectiva sea la creación de alternativas sociales. Por el contrario, el peligro muy real consiste entonces en que los valores, normas y estilos de vida de los centros de población mayores se impongan a las poblaciones marginales cuya propia vida cultural y económica se verá “adaptada” por fuerza y equiparada a la de la metró­polis: en términos socioculturales, el último pue­blo que quede será convertido así, involuntaria­mente, en otra ciudad‑dormitorio del extrarra­dio más. No puede negarse que la tendencia a reducir los CISC a laboratorios sociales es muy real: es innegable que en realidad algunos de ellos son experimentos de autoridad pública re­mota iniciados desde el exterior a partir de un interés más o menos burocrático por el proble­ma de ver si los problemas sociogeográficos de las comunidades rurales contemporáneas pue­den solucionarse de un modo más económico introduciendo las N.T.I...

Si, no obstante, el CISC escandinavo ha de al­canzar el título de “taller de futuro (o participati­vo)”, no puede ser simplemente de reactiva­ción. Tiene que procurar algo más que agarrar­se obstinadamente al status quo ‑tanto si se trata del que prevalece en un pueblo aislado o en la nación industrializada moderna en su con­junto. En otras palabras, debe ser socialmente de proactivación, o, como dirían los futurólogos, genuinamente “anticipador”. Desde ahora, la­mento decir que sólo muy pocos CISC de los proyectados en Escandinavia alcanzan la cate­goría de “experimentos sociales con T.I.” en el sentido más auténtico y pleno del término ­como “talleres de futuro”: en otras palabras, sólo el reducido número de los que ostentan con jus­ticia el nombre de “telecasas” o “ayuntamientos electrónicos”; nombres estos que las poblacio­nes locales utilizan con afecto sintiendo que los CISC les pertenecen en tanto que propiedad común, y que expresan una gratitud verdadera por el creciente compañerismo y la mejora so­ciocultural cualitativa que su CISC les ha traído.

Ello porque para el efecto socialmente antici­pador del CISC es requisito sine qua non que los experimentadores sociales ‑y esto quiere decir todos aquellos cuyas vidas se vean afecta­das por el experimento‑ adopten una actitud positiva hacia los cambios cualitativos del status quo predominante. El trabajo a distancia, por ejemplo, podría ayudar a romper la rígida dis­tinción entre trabajo y tiempo libre que agobia a nuestra sociedad. De modo semejante, el CISC, al proporcionar instalaciones comunales de taller además de estaciones de trabajo a dis­tancia, podría trascender la distinción tradicio­nal entre trabajo productivo remunerado y no remunerado. Una vez más, el CISC podría en­derezar radicalmente los desequilibrios socio­políticos y culturales que han prevalecido hasta ahora entre el centro y la periferia de las mo­dernas naciones industrializadas, pues podría convertirse en instrumento popular para enfren­tarse a los monopolios informativos previamente detentados por la metrópolis. Y, finalmente, no puede caber duda de que el CISC alterará el pensamiento tradicional acerca de las T.I., en el sentido de que hasta aquí todo el aparato de las mismas ha llegado a considerarse estrictamente como propiedad privada, y de que su próspera utilización ha dependido hasta un cierto punto de una onerosa dirección especializada o de la adquisición de paquetes de programas están­dar hechos de antemano.

Son, claro está, las más amplias perspectivas de este tipo las que hacen de los CISC escandi­navos algo que es en potencia enormemente enriquecedor en términos anticipativos. Pero no es menos importante darse cuenta de que estas perspectivas proactivas pueden muy bien coe­xistir con las visiones más reaccionarias que primero impulsaron estos experimentos sociales, si es que no derivan de las mismas. Ciertamen­te, en nuestros más prometedores experimentos sociales escandinavos con CISC existe un so­brio realismo que se da la mano con el entu­siasmo anticipador. Ello porque resulta por su­puesto falaz valorar el CISC exclusiva y conde­natoriamente en función de una tendencia so­cial específica que prevalecía en el momento de su concepción. Sería abortivo, si no suicida ‑(o, como tan adecuadamente lo describe la sabiduría popular, sería como cortarse la nariz para escupirse en la cara)‑ desconsiderar el CISC basándose simplemente en que original­mente fue concebido como herramienta de los tradicionales grupos de interés económicos y políticos y en que, como tal, forma parte de la actual economía formal de la sociedad.

El CISC escandinavo representa a la vez la visión de un nuevo movimiento social en favor de una organización autónoma de la vida comu­nitaria de reducidas dimensiones, visión que se enfrenta a las tradicionales líneas de los par­tidos y a los actuales cismas socioeconómicos y culturales que suponen. La consecuencia lógica de una plena toma de conciencia del potencial anticipativo que posee el Centro de Informa­ción y de Servicio de la Comunidad escandina­vo es que se convertirá en un centro de organi­zación vital para la renovación cualitativa de la economía social y política de la comunidad lo­cal así como de la sociedad más amplia dentro de la que se ha creado.